i

i

sábado, 29 de septiembre de 2012

GRIS, CASI NEGRO




La noche del regreso al trabajo terminó como si las vacaciones no hubiesen existido. Y eso que me presenté con ciertos ánimos, pero fue entrar al bar y tardar 0´2 en desaparecer, quizá 0´3, pero muy poco más. Tal vez fuera porque sea difícil tener que volver a ver a todos cuando has estado diez días sin necesidad de ver a ninguno, puede que el tiempo, gris y lluvioso, ya son cuatro días seguidos sin ver el sol ni parar de llover, cosa que me obligaría a viajar muy atrás en mi pasado para encontrar un precedente, creo que entonces todavía llevaba la cartera a la espalda y soñaba con ser Arconada, pero de lo que estoy seguro es que me sentía igual de triste, puede que más: hay imágenes de tu pasado que siempre van acompañadas de banda sonora, y esta lleva el toque a muerto de las campanas de la iglesia. La gente se muere más cuando no ve el sol. O puede que tú no las oigas cuando no hay nubes negras sobre tu cabeza.

Desperté igual, con la misma sensación de abatimiento con la que me acosté, no me hizo falta subir la persiana, a veces no es necesario ni abrir los ojos para saber que nada ha cambiado, a veces los ojos no son más que el prospecto de las aspirinas.

En la calle llovía como anoche, más parecían granos de arena que gotas de agua, tan fina y leve se veía al trasluz, cayendo como alas de mosca, o de mosquito, o del bichejo que más pequeñas las tenga, pero no por pequeñas dejan de ser molestas, que todo lo malo empieza siendo pequeño. No hay nada grande que no lo haya sido siempre. O casi.

Compré lo imprescindible, y alguna otra cosa que cada vez lo va a ser menos, y regresé a casa peor de como había salido quince minutos antes. Me hice un cigarrillo y me comí una aspirina.

Y cuando comencé a escribir esto oí unos gritos de mujer que venían de la calle.

Y al asomarme por la ventana y ver lo que había pasado pensé que allí no había más que cuento.

O casi.


jueves, 27 de septiembre de 2012

ISLAMONAÚSICO




Bueno...se acaban las vacaciones y empieza la temporada otoño-invierno, temporada que promete ser terrorífica en lo profesional, aunque más que prometer lo jura sobre la Biblia, o el Corán, si es que con este se puede hacer algo, que parece el licenciado Vidriera cuando no son sus hijos los que dan por culo, así cualquiera, con buena polla bien se jode y tal...y tal.

Por cierto que esta tarde he ido a caer en una página donde te explican como hacerte musulmán, no sé como he llegado a ella, supongo que a través del comentario a alguna noticia, pues la verdad es que no tengo muchas ganas de alistarme a la morería aunque no me han hecho nada especialmente malo, ni tampoco bueno, por supuesto, pero es verlos entrar al bar con su puestecillo a cuestas y cambiárseme la cara, tanto que los largo sin contemplaciones, no así a sus hermanos negros, esos a los que miran como lo hará el Gran Maestre del Pijo Frito de Oriente al lamparillas que acaban de iniciar, a aquellos los dejo hacer la inútil intentona, son buenos chicos y no cansinean, al contrario que los otros que terquean y terquean sin educación alguna, aparte que cuando los echas se van como si fueras tú el okupa, como el que se molesta al ver a su ex con otro, con quien la tuvo antes que él, como si eso le hiciera de menos y le convirtiera en un mierdón, en alguien no lo suficientemente bueno, en una especie de pichafloja...no, no me gustan los moritos. Y menos cuando vienen a mi casa con la suya a cuestas, que yo pago por tenerla aquí, como pagaron mis padres y pagaron mis abuelos, que ahí termina mi genealogía conocida, que uno no desciende de linajes que se pierden en la noche de los tiempos para acabar encontrándose con el primo Hassan e intercambiar comisiones del petróleo por aperturas de puertas para toda la chusma que le hace fea a su jodida Teocracia, la misma que es capaz de cortar el cuello al infiel que ose dibujar a su profeta, la misma que cuelga de lo alto de las grúas a quienes les da por el culo, la misma que apedrea hasta a morir a una mujer por puta, la misma que...La misma que quiere hacernos ver las estrellas cuando, afortunadamente, hace algún tiempo que pusimos en su sitio a nuestros seculares porculeros, aunque estos tienen la excusa de todo el mayúsculo Arte que floreció bajo su yugo, pero vosotros...¿qué tenéis vosotros si odiáis hasta la música? ¡Ah, petróleo...! la piedra aceitosa, la que mueve el mundo material, el falso bálsamo de Fierabrás que transforma en villano al noble y en poderoso al patán. Y en miserables a todos los desgraciados que ven la luz en vuestros dominios.

La cosa es fácil, solo hay que recitar una movida, mejor en presencia de otros iniciados, así no puedes hacerte el longuis después, y ya está, ya eres otro hijo de Mahoma, el petrolero. No hay intermediarios, ¡para qué!, desde nazis y comunistas sabemos que no hay mejor vigilancia que la realizada por los mismos vigilados, que todos sospechen de todos, así todos tendrán miedo y ninguno se saldrá del tiesto, no sea que al hacerlo, tu propio hijo te estrelle la maceta en la cabeza porque así lo dice la ley, traidor.

Tal vez sea esta la razón, el motivo por el que las élites que nos pastorean dejan crecer el problema, porque lo es desde el instante en el que quien se invita a tu casa ordena que te conduzcas como él, que por lo visto estaba equivocado todo lo que nos ha traído hasta aquí, pero no sería tan malo cuando en un siglo hemos doblado la esperanza de vida, aunque esto sea una mala noticia para quienes buscan morir cuanto antes para follarse a las cien vírgenes prometidas y dejar de hacer el cabrón en este mundo impío lleno de infieles e infielas que, si no cien vírgenes, se tiran a tó lo que se menea.

Ahora que habíamos salido de Málaga...nos meten en Malagón.

O tiramos al chófer otra vez al río...

o Highway to Hell

Pero al chungo, no al de Bon





miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL ENGAÑO DE LO PRECONCEBIDO




Hace algunas semanas, una noche de sábado como casi todas las demás, recibí la visita de una pareja que no puedo calificar como habitual, pues como la mayoría de las que van por libre y no en grupo suelen ser de poco trasnochar, aunque cuando lo hacen siempre vienen a nuestro bar, que ellos me lo dicen y yo lo veo, cosa que por otra parte es lo natural: ¿dónde va a ir a tomarse unas copas una solitaria pareja de recientes cuarentones que, por simple derivada, no son ni George Clooney ni Mónica Belluci? pues adonde suelen ir porque están a gusto, tranquilos, y seguros de que sus cubatas no los prepara uno de los infinitos hijos de los Borgia, que no hay tantas leyendas como la gente cree.

En muchas ocasiones mucha gente cataloga a las personas según su oficio, si este se dedica a esto le tiene que gustar eso y no aquello, incluso a mi me pasa sin conocer en que trabajan, solo recordando como eran de chavales, como si nadie cambiara con el tiempo, que los hay y muchos, pero otros no, otros digievolucionamos como Pokemons, y cambiamos y mejoramos, que quieras o no lo más parecido a la sangre es el vino, y este suele mejorar con el paso de los años.

Así que me sorprendió un tanto bastante algunas de las cosas que me contó, pues no lo esperaba de él siendo un simple guindilla, pero me habló con tanta propiedad de su admiración por Italia, su cultura, gente y costumbres que no pude hacer otra cosa que escucharle con atención, más aún alguien como yo que lleva años sin salir de su pueblo y jamás de su país, además que el antiguo Imperio y uno de nuestros padres (creo que Grecia sería la madre) es uno de los lugares que me gustaría conocer, sobretodo Roma, claro, aunque mi amigo dijo que prefería Florencia, una ciudad mágica en palabras suyas, ha viajado bastantes veces allí y conoce un montón de sus grandes ciudades, y de todas dice cosas interesantes, curiosas, y de tal manera y con tanta pasión como jamás esperarías de un policía municipal de un pueblo perdido en La Mancha.

Y es que la pasión es importante para todo, hasta para mear. Estoy convencido que si alguien me hablara de parecidas formas sobre su gusto por la decoración, o por los sudokus, o por la recogida de la aceituna, lo escucharía con agrado e interés, como hice con este al notarlo emocionado hablando de las tiendas de ropa de Milán, cosa que nunca me importó una mierda, la moda, digo, pero basta con que alguien lo sienta de verdad y sepa expresarlo para que el otro, sino es un zamuzo, le atienda con gusto, que uno ya no puede más con tanta furbo, tanta crisis de los cojones y tanta bazofia de maldita política, de verdad...

Aunque lo mejor fue cuando me descubrió su pasión por la música clásica, en especial la ópera italiana, se declaró un rendido admirador de Puccini, y como a mi cada día me gusta más (la Gran Música, quisir) enseguida cogí el guante, que ahí sí voy sabiendo algo, al menos lo suficiente como para situar en su siglo con un pequeño margen de error música desconocida hasta entonces para mi, o fallar muy pocas veces cuando algo que escucho por primera vez me recuerda a Mozart, así como con otros, aunque no tanto como con Wolfgang Amadeus. Pero entonces, al abrirse este melón, el monólogo se transformó en diálogo, y como de costumbre cuando hablo (ya sea de lo que me gusta o de lo que no) metí una marcha más con la bebida y el tabaco, que ya iba haciéndose tarde y quedábamos los justos, "¿podemos fumar ya, Kufisto?" es la pregunta que nunca falta en esas noches.

Enseguida me di cuenta que no hablaba con un snob, con uno de esos que leen libros como "Las mil cosas que debes saber para no quedar como un capullo en una conversación cultural", no...ese tío sabía de lo que hablaba porque lo amaba de verdad. Y cuando se juntan dos que inesperadamente descubren raras aficiones en común pasó que nos emocionamos, pude ver como se le erizaban los pelos de la cara hablando de Puccini y sus óperas, y yo sentí lo mismo en la mía con Mozart y su música, y así, entre más cubatas, más cigarrillos prohibidos y más charla extraordinaria nos tiramos un buen rato, que a su mujer la había enganchado un cansino histórico no peligroso y la estaba durmiendo con sus tontás, cosa que a la siguiente ocasión que los vi, y entre grandes risas, nos hizo jurar que no volviéramos a hacer, aunque al menos ese no la cansineará más: al irse ellos aquella noche se quedó él todavía un rato más, ya era el último, y empezó a terquearme con la política de las narices, y yo que ya iba subío en los caballitos terminé por mandarlo a tomar por culo en lugar del habitual "modo pasando del tema ON", cosa que le llegó al alma y consiguió que de momento haya cumplido su palabra: no ha vuelto. Y a no ser que la noche esté fatal no le echo de menos.

Durante estas vacaciones que, ¡ay!, terminan mañana, he tenido tiempo hasta para dedicarme a ver óperas en Youtube, claro que empezando por lo mío, por Mozart y su Don Giovanni, la más representada en la actualidad, y he de decir que me gustó como no podía ser de otra forma, muy especialmente el que hacía de Leporello, uno que luego supe se llamaba Laszlo Pólgar y del cual se me quedó el nombre porque es igual que el del padre de las Polgar, las ajedrecistas húngaras. También me gustó el que hacía de don Juan, Rodney no sé qué, daba el pego de macho bribón y embaucador, y una cosa que me sorprendió fue que quien yo creía era Cecilia Bartoli (doña Ana) hacía en realidad de doña Elvira, y es que de los dos papeles principales femeninos este fue el que más me había gustado, así que di en la diana correcta con los ojos vendados, que es como sienta mejor, pues la italiana está considerada como una de las más grandes. Y con razón.

También he visto La Flauta Mágica, con la increíble Damrau en el rol de Reina de la Noche, aunque no en la versión que una madrugada de hace un par de años me dejó clavado a la silla, estuve viendo una y otra vez su aria más famosa hasta que noté dormidas mis piernas, pero también esta era buena, puede que incluso mejor interpretada vocalmente, pero la imaginería, vestuario y maquillaje de la otra eran tan soberbios, tan perfectos, tan ideales...por increíble que pueda parecer la forma lograba estar a la altura del enorme, inaudito, fondo.

Y anoche, para variar un poco, busqué en la Red las óperas más famosas y tal, las más representadas, y vi que entre las diez primeras solo había italianas, exceptuando tres del salzburgués, y entre ellas varias de Puccini, el ídolo de mi amigo, así que me decidí por La Boheme, que me sonaba bastante y de la que estaba convencido reconocería algunas partes. La cosa empezó bien, ¡nada menos que Pavarotti!, pero...solo vi los primeros quince minutos, hasta el primer corte, pues así está subida, no me estimuló a más: todo había sido parloteo y parloteo, y...como que no. Y menos ayer, que estaba jodío aunque no tanto como ahora, seguro que será una obra maestra y terminaré por verla completa, pero hay días y días, casi tantos como longanizas, pero también se acaban aunque parezca imposible cuando las ves todas colgadas del techo, pero...no hay secadero tan grande como para desear que no lo hubiese sido más, mucho más.

Regresé a Mozart, Las Bodas de Fígaro, y fue oír su famosa (y para mi ahora con nombre) introducción y cambiarme la cara, llegar la sonrisa, como un niño que deja a un lado el juguete nuevo que no le gusta tanto como romper las burbujas de aire del envoltorio que lo protegía...

Y cuando acabó el primer acto, tres cuartos de hora sonriendo, me pregunté si no habría que inventar una palabra diferente a genio para referirse a unos pocos, que ahora se le llama así hasta a alguien como Adriá, y con todos mis respetos (pocos en este caso) no hay comparación posible entre algo que por muy bueno que esté en tu boca terminará tres o cuatro horas después en cualquier cagadero y la música de alguien que por más siglos, milenios, o años luz que pasen seguirá causando en el afortunado que la oiga una alegría tan sana y natural que le llevará a pensar si fueron dioses aquellos que una vez habitaron la Tierra.

O al menos ese tipo.

El que fue capaz de componer algo tan maravilloso.


Os dejo el vídeo que me dejó, me deja y me dejará clavado:

martes, 25 de septiembre de 2012

SAN INTERNET



Al contrario que el de los Simpsons, el estreno de South Park fue casi clandestino, pues aunque por entonces yo aún era una víctima más de los mass-media (a bajo nivel, por supuesto) no me enteré de su estreno ni lo hubiera hecho de su existencia de no haberla sintonizado un domingo por la noche mientras cenaba y zapeaba después de una jornada más tirando cañas en el bar. Algo así hoy sería imposible, porque a pesar de que el poder de adoctrinamiento de sus medios sigue siendo grande, o cuando menos mayor de lo deseable, no lo es tanto como lo era hace unos años, que, directamente, lo que no salía a través de ellos no existía. Y esto se lo debemos a Internet, amigos, no lo olvidéis y no permitamos que nos la cambien por muchos fantasmones terroristas que nos quieran vender. ¿O alguien se imagina que los movimientos en contra del trágala que como el que no quiere la cosa quieren implantar se hubieran producido, siquiera planteado, con el antiguo estado de las cosas? Podrás o no estar de acuerdo con ellos, o con parte de lo que dicen, podrás sospechar si detrás de ellos estará este o aquel, podrás sospechar de sus intenciones, cosa buena en sí misma, dudar mejora al mono que aún llevamos dentro, pero lo quieras o no son los únicos que están dando la cara, los únicos a quienes se la pueden partir, porque toda esta mierda que nos estamos comiendo debería haber sido empezada por los que ni todavía la han probado, ni la probarán. Así que duda, eso es bueno, que diría Homer, pero aún más debes dudar de ellos. No lo olvides.

La verdad es que no resulta raro el ninguneo que sufrió la serie de Parker y Stone, y no lo es no por su lenguaje soez y de mal gusto (palabros que me hacen tiritar), a fin de cuentas eso está a la orden del día y sin gracia alguna en la cadena de televisión más vista de España, sino porque su leitmotiv no era tan manejable como el de los Simpsons, serie que es como una de esas bombas inteligentes y a la que solo engrandece Homer, o engrandecía, mejor dicho. Cartman y compañía eran como una bomba tonta que tantas veces puede acertar en el blanco como fallar. Y eso es lo que más teme el que las tira, no sea que una destroce su jodida casa.

Y esto era así porque estereotipos absolutamente intocables y que están en la cabeza de todos salían como puta por rastrojo en la serie canadiense: allí sí que no se salvaba ni Blas. Todos, y cuando digo todos son todos, se llevaban su merecido, no solo los de siempre sino también los de nunca, cosa absolutamente novedosa y estimulante: por primera vez el Coyote atrapaba al Correcaminos. Ya era hora, coño, ya era hora, que uno acaba hasta los cojones de tanto bip, bip. Y no olvidemos que su rampa de lanzamiento fue, como no, doña Internet, que sin ella no la hubieran emitido ni por Aravaca Televisión.

El carácter feísta del dibujo animado en South Park no representaba ningún problema, al menos para mi, es más, lo prefiero cuando se intenta decir algo, así no te pierdes con qué bonitos y demás gilipolleces para estar en lo que tienes que estar.

Yo crecí con el antiguo Jueves, aquella revista donde dibujaban (y sobretodo escribían) tipos como Ivá, uno para el que la viñeta era algo a rellenar de palabras, palabras para decir tus cosas, no las que otros quieren que digas, y de fondo dibujar cuatro monigotes pero más como excusa que como razón de ser: lo bueno era como decían lo que decían. Y no es pequeña maestría conseguir que la gente piense después de haber reído, sino todos al menos algunos, que muchos son los que se quedan con las hojas del rábano, y no es que se llegue a la Verdad por la risa, pero no es poco lograr que los demás vean que la verdad entre comillas también es mentira. La peor de todas, la que se hace para sacar provecho de la ignorancia. Si Ivá viera el Jueves de nuestros días convertido en otro champú para calvos se cagaba en él. Fijo.

Tengo un amigo, un buen amigo, que siempre va vestido con camisetas (el día que lo vea con una camisa sabré que el fin del mundo está a las puertas), unas de bandas casi desconocidas, otras con personajes cinematográficos diciendo alguna frase característica, y algunas con leyendas sobreimpresas. Y una de estas (aunque no sé si será un grupo musical...tengo que preguntárselo) dice lo siguiente: Desconfianza Mutua.

Petrossian, un campeón mundial de ajedrez, enseñaba a sus alumnos que confiaran, pero que comprobaran.

No le puedes pedir a un genio del ajedrez que también lo sea de la vida, eso sería demasiado, pero no iba mal encaminado, aunque el vivió en un mundo que ni se podía imaginar la que se le avecina al nuestro.

Desconfía y comprueba

Vale que seamos los feos, los desgraciaos, los chándalas...pero somos más, estamos cabreados y puede que lleguemos a perder el miedo cuando apaguemos el frigo para no gastar luz, porque enfriar aire es propio de tontos y de científicos locos que quieren ser los amos del mundo.

Y algunos, muchos, no somos ninguna de esas dos cosas.

Así que amigos, tan lejos de todo el buen gusto de quienes nunca han tenido que alimentarse de mierda, gritad conmigo el mandamiento southparkiano que resume todos los demás:

¡¡¡PERO QUÉ HIJOS DE PUTA!!!

CONMIGO HASTA LA PRIMAVERA




Al igual que la primavera del cursi, el resfriado ha llegado y nadie sabe como ha sido, aunque yo sí sé cuando se marchará de mi sufrida posada: con la venida del pólen primaveral. Cosas de fumador.

Claro que no será constante, tendrá semanas con ganas de marcha y semanas de tregua, que hasta las bacterias necesitan parar sino quieren acabar como el lagarto de Jaén, pero bastará con un descuido en forma de camisa por fuera del pantalón mientras me fumo un pito en la puerta del bar para que vuelvan a montar su rave particular con la música de mis estornudos, toses y maldiciones varias, que creo que son las que más les ponen: no hay nada como oír las penas de otro para aumentar el subidón y regresar a la fiesta.

Cuando uno se despierta preguntándose si se habrá resfriado es que se ha resfriado: esa es la única pregunta de la vida con una sola respuesta. Y ya puedes hacerte un zumo de naranjas, un vaso de leche caliente con miel y un chorreón de coñac, atiborrarte a clamoxyles, frenadoles, desenfrioles, y demás cuantacuentos que lo tendrás que pasar, que nada lo cura, aquí no curamos ni un jodido resfriado, solo alivian el dolor, a veces ni eso, pero cinco o seis días de flojera general no te los quite ni dios, con el consiguiente cabreo, que entre pitos y flautas no haces más que el cabrón durante tu vida, que es leer esas noticias científicas asegurándote que pasas, no sé, tres años de tu vida cagando y te preguntas cuanto tiempo pasas haciendo algo realmente bueno, porque vale, sí, cagar está bien, y cagar bien mejor, ¡pero coño!...

Hay más fórmulas aparte de las de madre, la abuela o los laboratorios farmaceúticos, que el mundo está  tan lleno de fórmulas como de culos, y quizá una de las más conocidas sea la naturista, Hitler fue uno de ellos, aunque yo tengo poco de nazi, que un nazi español es poco más o menos como un nazi negro o un nazi judío, pero...dejadme que os cuente algo.

Vaya por delante que soy un fidelísimo devoto tanto de las cebollas como de los ajos, le pese a la Beckham, al Sostres, o a cristo bendito; raro, rarísimo, es el plato en el que no los utilizo siquiera por separado, aunque casi siempre juntos, que casan tan bien o mejón que las columnas en el Tetris, ese ajedrez para ciclados que beben Burn y se empastillan porque fumar y beber alcohol es muy malo para la salud.

Pero una cosa es una cosa y otra vivir como si Fleming no hubiera existido, que uno no es testigo de Jehová, que yo solo lo soy y lo seré de madre, padre y, un poquito, de José Tomás.

Una tarde en la que estaba en casa de mi ex (o lo que es lo mismo, una tarde en la que no estaban sus padres en el pueblo) aburrido y a punto de estallar ante la sesión continúa de Telecinco (Telemierda), decidí echarle mano a cualquier libro antes que seguir soportando aquello, me hubiera leído hasta el Corán en árabe, que hay cosas que son superior a mis fuerzas, pero la alternativa no era otra que la de siempre: discutir. Y discutir siempre, no de vez en cuando, contra una pared es de locos, de locos de remate, poco más o menos que hacerlo con tu pareja sobre el porqué le gusta la mierda, el porqué le gusta ver a la gente cagando...hay cosas que nunca entenderé ni aunque me las explique el mismo Jesucristo.

Ese piso (tenían muchos más) de los padres de mi novia era tan particular como el patio aquel, no tanto porque no se mojara cuando lloviera sino porque parecía un búnker, un búnker de finales de los 70, no tanto por su seguridad aunque sí por su aspecto, sino por la cantidad de latas de conserva y alimentos enlatados que guardaba la cocina, la despensa y hasta el mismo salón, creo que los armarios de las habitaciones eran los únicos que se salvaban, pero esto es algo que no me jugaría al gane. De verdad que era sorprendente de ver, al menos al principio: te sentías como si estuvieras en la casa de Norman. Luego te acostumbras, que tampoco eran trofeos de víctimas descuartizadas, uno se acostumbra a lo que sea, creo que con el tiempo y tu seguridad garantizada uno se acostumbraría hasta a compartir piso con Jeffrey Dahmer, si aún viviera, que ya se encargó un compañero negrón de hacerle ver las estrellas. Y no porque le abriera al culo, que fue la cabeza.

Y de ella estaba la vieja de mi ex, a mi siempre me lo pareció, y más aún con el paso del tiempo, era de esas que puedes imaginar dando saltos de alegría al oír que la III Guerra Mundial ya ha comenzado, quizá lo de las latas era por eso, no sé, pero sí que de buena me libré: siempre, siempre, siempre...Deo gratias, aunque no lo cojas a la primera. Sí, endeluego...Loado sea el Señor.

En fin...el libro anti-Telecinco, Kufisto, el libro...

Era un tomo de una enciclopedia de la medicina natural, que buenos libros tenían cuatro, pero estúpidos cuarenta veces cuatro, de esos de cómo tal para vivir cual, 100.000 consejos para ser feliz, una queja es un regalo, y en ese plan. El que pillé estaba dedicado a las cebollas, supongo que también a los ajos y demás familiares, pero no pasé de las primeras, que aquello te ponía mal cuerpo con solo leerlo, como Alex y el experimento Ludovico: no era justo, ¡NO ERA JUSTO!, que sintiera naúseas leyendo cosas de mis amadas cebollas. Pero las sentí.

¡Y cómo no sentirlas si para curar un simple resfriado necesitabas la producción cebolleril de una hectárea!, kilos y kilos de cebollas hervidas para beber, para inhalar, para emplastar, puede que para embadurnarte...un asco, una pena.

Le pregunté a mi ex si alguna vez se había curado así y me respondió que ella nunca había estado mala, cosa que pensándolo un poco era verdad, la conocía desde hacía años y jamás la había visto enferma a pesar de fumar y beber como cualquiera que le guste, que le guste de verdad, como si fuera La Protegida de Shalayman...vale que era más joven que yo, bastante, pero aparte de algunas malas reglas que superaba a pelo y que apenas le hacían variar su ritmo vital no recuerdo nada más. Nada. Yo creo que era cosa de la madre, de algún hechizo o pacto, o un rollo de esos...no es normal no ponerte malo.

Y yo ahora lo estoy, más que cuando empecé a escribir esto, que hice una parada para comer una sopa con fideos y merluza, exquisita, y media botella de Ramón Bilbao, glorioso, más la reglamentaria siesta. Por cierto que aquella llevaba su sofrito, como está mandao, con su ajo y su cebolla, pero...

en su medida.

Como todo para los que no somos protegidos.

Gracias al cielo.

Una ducha y a la calle. A por Desenfrioles, "lo mejor", que me lo dijo un amigo médico.

Y una Bonoloto, y un paseito tranquilo, ¡qué cojones!, que hay que hacer aquello que decía el tío Victoriano: "si te duele algo no pienses en ello. Verás como se te pasa"

Jamás recibí consejo mejor.

Para cualquier tipo de dolor.

lunes, 24 de septiembre de 2012

ES UNA TONTÁ...¡PERO ME GUSTA!




Nosotros queríamos un saco para darle puñetazos, eso era todo. Bueno, y patadas también, si se terciara, o incluso mordiscos, o cabezazos, o rodillazos, o...lo que fuera, que cuando eres joven no te das de hostias porque no puedes dártelas bien, tal es la superabundancia de fuerza, que diría Nietzsche.

Se lo dijimos a padre y, como de costumbre, nos derivó a madre, quien también como de costumbre se negó a semejante tontá, que hay una edad en la que no piensas más que en tontás, pero para eso (entre otras infinitas cosas) están las madres: para decir NO a tus tontás. Y menos aún cuando es necesario hacer agujeros en SU casa. Así que aquella tontá durmió el sueño de tantas otras, aunque no había como salir a la calle para hincharte de ellas, lejos de los antitontás.

Pasaron los años, me tocó la Bonoloto y me metí en un piso con una cómoda hipoteca a treinta años, que a fin de cuentas no son sino diez más que veinte, y como dice el tango estos no son nada, así que...veinte, treinta, ¿qué más da si dentro de cien todos calvos? pero en lugar de 800 pavos al mes me lo saco por unos 300, cinco menos en esta última revesión del Euribor: pago menos ahora que cuando empecé hace siete años.

Tenía un cliente habitual que era el encargado de una tienda de deportes, y una tarde en la que andaba por el bar con sus amigos me acordé de la vieja tontá, después de todo el piso era mío, ya podía hacerle a placer todos los agujeros que quisiera que nadie podría prohibírmelo, que esa es una de las cosas buenas de vivir solo, que no todas las noches son Nochebuena, y esta la sigo pasando en la casa familiar, en mi casa también, porque esta no lo será ni aunque me muera aquí dentro de cincuenta años: esto es un...un...un...sitio donde cagar sin el temor de que otro lo haya hecho poco antes. Aunque sea tu padre.

Estoy seguro que si ese chico no hubiera estado en el bar en ese momento ahí habría quedado la cosa, que yo soy de esos que igual que me llegan se me van: dame una noche para pensarme algo y no lo haré. Pero estaba. Y hablé con él.

Me dijo que no tenía, pero que podía encargarlos, "pídeme uno", "¿de cuanto?", "y yo que sé...¿50?", "eso es mucho, uno de 25 te iría bien", "como tú lo veas" Y ahí quedó la cosa, tanto que pasaron los días y las semanas, y ya que casi lo había olvidado me llamó para decirme que pasara a recogerlo cuando quisiera, y bueno, uno tiene que cumplir, pero como que ya me daba igual, como que ya no tenía edad para tontás, que una tarde tonta es solo una tarde tonta, pero un encargo es un encargo, además a un buen cliente que iba con otros muchos buenos clientes, no La Tienda en Casa o El Corte Inglés, de esos puedes olvidarte porque nunca te darán de comer, "no sé de qué me habla, yo no pedí nada" y fuera. Y fui.

Un amigo me preparó una especie de escuadra metálica fijada a la pared por 6 grandes tornillos con sus no menos hermosos tirafondos, del extremo de ella colgaba un gancho y ahí era donde se colgaba el saco, "yo creo que aguantara", "eso espero", y una vez que lo vi colgao pensé que porqué no liarme a puñetazos con él, que aunque ya no quedaba ni rastro de aquella superabundancia tampoco me iba arrastrando, ni aún ahora que ya pasaron otros cinco años, todavía queda algo, todavía queda...

No tardé en darme cuenta que mis muñecas iban a tardar 0´2 en abrirse si le zumbaba a calzón quitao, por lo que compré vendas y guantes de boxeo, y entonces sí, presto y dispuesto que diría Butanito, di inicio a mis solitarias sesiones de boxeo, porque lo eran aunque tu rival solo fuera un estúpido saco, pero puede hacerte daño si te despistas, la verdad es que cualquier cosa puede hacerte daño si te despistas, que este mundo no es el de los Teletubbies, aquí quien no puede morder te tira la dentadura postiza a la cabeza, así que despistes, los justos.

Y aquello me funcionó, me funcionó de verdad, no como las maquinitas de los anuncios, chismes que por otra parte nunca he probado, pero era estupendo liarte a hostias con el saco durante veinte minutos, gradualmente, claro, nada de a lo loco, eso es para negras zumbonas y uno es tan blanco como el primero de los españoles, al menos eso, aunque creo que coincidimos en bastantes más cosas inconfesables para él. Os puedo asegurar que cuando terminaba había tal charco de sudor en el parqué que ni todo el equipo de Jackass hubieran podido con él ni aunque les prometieran un año de gratis en el Caesar´s Palace de Las Vegas. La hostia, te quedabas nuevo, ya podías haber agarrado la noche anterior la borrachera del milenio que solo necesitabas veinte minutos y una ducha. Ni aspirinas, ni ibuprofenos, ni cocacola helada, ni un botellín del tiempo, ni bloody marys, ni la madre que parió a todos los aconsejan métodos anti-resacas: puñetazos al saco. Ese el único método válido, hermanos.

Aparte que físicamente, y también mentalmente, te sentías mucho mejor, más fuerte, más seguro, más decidido...no es que fuera por ahí buscando bronca, no soy tan imbécil, pero como que el aumento de la producción de testosterona hace que disminuyan los temores, reales o infundados, pero si uno está débil de cuerpo también lo está de mente, y esto es lo peor. Recuerdo que una mañana al salir de casa me encontré con el vecino de abajo y su mujer, unos listillos, salían de la cochera, "ven un momento" me dijo sobrado sin bajarse del asiento de copiloto, "dime", " a ver si haces menos ruido con el martillo...", "es un saco de boxeo" le dije muy tranquilamente, mirándole a los ojos, y volviendo la suya hacia el parabrisas dijo "bueno...que hagas el favor de..." Y seguí boxeando a la misma hora de siempre, que no eran las tres de la mañana ni las diez de la noche, sino las once o doce del mediodía, una hora en la que se permiten hasta los asesinatos múltiples, ¿y no veinte minutos de bailar un saco de 25 kilos? No me molestó más.

Ni yo mucho más a él, porque poco después se me vino abajo la historia, que le pegué un mal hostión y se desprendió de la pared dejando un hermoso boquete en la escayola, y como de costumbre no lo arreglé, yo no arreglo nada, siento como que no valiera la pena arreglar algo roto, ni siquiera intentarlo, no sé, es como si fuera un aviso de mal fario, algo inconsciente, o simplemente dejadez, incapacidad, pereza...si los alemanes del 45 hubieran sido como yo se hubieran ido de allí.

Así hasta que hace dos sábados, durante la boda de infausto recuerdo, ametrallando a hablar a mi tío "el manitas" como solo lo hago cuando voy de aquella manera, entre recuerdos, risas, meteduras de gamba y demás, le dije que a ver si podía echarme una mano con el saco, volverlo a colgar, es curioso que me acordara de él en ese momento...y sintomático. Recordaba que había aceptado, pero como pasaban los días y no daba señales de vida supuse que terminé por meterla hasta el corbajón y que se había "olvidado" del tema. Hasta que ayer me llamó, "bueno, qué, ¿hacemos eso?", "cuando quieras", "mañana a las seis, ¿te viene bien?", "claro"

Y hay solución, que si los alemanes del 45 hubieran sido como mi tío ya estaría toda Europa hablando alemán, y no a las puertas. "Necesito una barra de hierro, de metro sesenta y unos cinco centímetros de diámetro, porque lo vamos a hacer así...cuando la tengas me llamas" A la orden.

He llamado a un colega que si lo mandaran en un viaje en el tiempo con los alemanes del 45 todavía estarían dando botes, de fiesta, entre las ruinas, pero aparte de eso es un tío a lo Keitel en Pulp Fiction: si no te lo arregla él conoce a quien lo arregla, "¿puedes conseguírmela?", "claro, mañana te llamo por la mañana...¿qué tal las vacaciones?", "tranquilas...¿y las tuyas?", "como un delincuente"

Sí, quiero hacer al saco bailar. Otra vez.

Y que esta caiga yo antes que él.

Pero al menos que sea cuando haya terminado de pagar la hipoteca y venda mi cagadero privado para fundirme la pasta en el Caesar´s Palace de Las Vegas como un jackass de La Vida.

Y cuando se me acabe...dirección desierto, al fondo a la derecha, bajo el cactus que mira al Norte.

¿Qué más dará donde?


domingo, 23 de septiembre de 2012

¡CORRE, KUFISTO, CORRE!




No hay mejor pintura del cielo que cuando se aproxima la tormenta.

Me senté a verla venir después de mucho dudar en fumarme el pito bajo un puente, en la parte de arriba del terraplén, frente a la vía, quizá pasara algún tren, pero el viento era tan fuerte que desistí. Había obedecido mi deseo de la tarde, pero no tanto como para dejarse graduar a mi antojo.

Caminé un poco más, ahora hacia el ocaso, y entonces me di cuenta: "¿lo estás viendo, Kufisto?"

Parecía como si en cualquier momento fueran a aparecer los extraterrestres con sus naves.

Oí a uno de los chiquillos que iban en sus bicicletas gritarle al otro que si estaba viendo el cielo, excitado, quizá fuera la primera vez que lo veía así, yo tampoco lo he visto tantas veces, no las suficientes como para no sentarme en un desvencijado banco de un fantasmal parquecillo infantil, uno de esos que continúa esperando a los promotores como aquellos dos a Godot, encendí el cigarrillo, pensé que sería un buen momento para Shine on your crazy diamond, el mp3 estuvo de acuerdo y me la sirvió a la siguiente, a veces pasa lo que deseas si no pides un imposible, y de esa manera tan de mi agrado vi venir a la tormenta.

Cuando acabó la intro de la canción, al mismo tiempo que el cigarrillo, me levanté, detrás de mi los chicos seguían mirando el cielo que se oscurecía por segundos, y eché a caminar lentamente, mirando a la tierra, las cagadas de los perros, las bolsas rotas de plástico entre la maleza, los árboles agitados como animales ante un peligro, como animales antes de la tormenta...enseguida, sin prisa, alcancé el cemento, no sin antes pasarme la mano por la cara, como leí a Zaratustra que hay que hacer cuando uno regresa a la realidad, pero no tanto como para no dejar huella, que la cosa había sido muy intensa, y vi a cincuentones intentando correr, y a viejas luchando porque el viento no les robara sus paraguas, y niñ@s reír nerviosamente, y tan ensimismado iba aún que al principio ni noté las gotas de lluvia, sentía como pinchazos en mis piernas pero no pensaba que las responsables fueran aquellas, eran ardientes, te quemaban, hasta que miré al suelo y vi que solo era agua, gotas grandes, veloces, que caían con la fiereza de quien se inmola confiado en la Promesa, y mientras caminaba las primeras calles vi más gente resguardándose entre risas y voces, que así es como se hace cuando tienes donde y con quien hacerlo, y creo que también yo me sonreí, y poco después, en una calle nueva, me cambié a la acera donde más llovía para no perderme nada del espectáculo que había arriba, y entre medias de las nubres negras y naranjas se abrió un claro de un azul como de mediodía, y parecía tan irreal como pueda llegar a ser lo real, y vi a una mujer joven acercándose penosamente a mi, tirando de un carrito, y cuando estuvimos más cerca vi que dentro iban dos gemelos y que ella continuaba con su brega, intentando protegerles de la lluvia, pero sonriendo, sonriendo..."¿te ayudo?", "no, gracias" dijo sin temor, y yo también sonreí, ya sin que me hiciera falta ninguna mano por la cara, y veinte pasos después me volví y vi que ya no estaba, que ya había llegado a su casa...

Paró de llover, pasé cerca de la iglesia más fea del pueblo, vi bajarse de un coche a una cincuentona toda emperifollada, de verde, con un perfume demasiado bueno para ella, y mientras la miraba dirigirse al templo vi a sus pobres en la entrada, eran tres, creo que había una tía, pero para diferenciar a estos tienes que acercarte, y vi como el viejo se llevaba las manos a la espalda, quieto, firme, como si fueran a pasarle revista, y entonces llegó la mujer verde y el otro le abrió la puerta, y vi que ella no le dio nada de lo que quería, y pensé que si yo fuera Dios me daría vergüenza que se acordaran de mi de esa manera.

Y cogí el teléfono y vi que mi madre me había llamado, y la llamé yo, y me dijo si podía hacer la comida de mañana, y le dije que sí, y después de preguntarme sus cosas nos despedimos, "¿quieres venir a cenar?", "no, tengo que acabar una cosa", y nos dimos un beso y se puso a llover otra vez, con más fuerza, pero yo no cambié de marcha...

Justo hasta la esquina de mi casa.

Cuando el mp3 me dijo que tocaba "On the run"

Y eché a correr.

Y me pareció que lo hice como el masai de los 800 en las Olimpiadas de Londres.

Se lo debía.


BIENVENIDO, BIENHALLADO




Como el viento que viene barriendo las moscas y demás seres inmundos.
Como la fuerte lluvia que trae nuevos y buenos aires.
Como el frío que acaba con todo aquello que no puede vivir un año completo.

Así debes verlos, como amigos que hacen el trabajo que tú no puedes hacer, que el mismo sol no puede hacer, pues la vida sin la muerte sería el peor de los infiernos.

¿Acaso hubo alguien que limpiara de moscas el verano hasta no dejar ninguna?
¿Acaso hubo alguien con tal ventilador capaz de limpiar los malos vapores de la sequía?
¿Acaso hubo alguien que mereciera nuestra admiración sin poderle a un solo invierno?

¿Echas de menos a las moscas, al aire viciado, a la flor que te ahoga?

¿No recuerdas todo lo malo de ellos? ¿tan poca memoria tienes? ¿o te entristeces y lloras porque sabes que te quedan menos inviernos?

Pero nada es bueno por solo compartir tu destino, nada es memorable porque haya pasado un rato contigo, nada te conviene por el mero hecho de no ser venenoso.

Has de amar a la Buena Muerte aún cuando no entiendas todas sus decisiones, piensa que estás mucho más cerca de no saber nada que de saberlo todo.

Se acerca el Otoño, viene ajustando las cuentas del Invierno, y quien no pueda pagarlas ya sabe lo que le espera.

Ya habrá tiempo para desear a la Primavera y su explosión de vida para todo lo que puede vivir.

¿Y odias al Gran Examinador, al Justo, al que solo permite pasar de curso a quien lo merece?

Sí que hay Justicia en el mundo, pero también muchos injustos.

Y es que el desconocimiento de la Ley no exime de su cumplimiento.

Hola, Otoño, me alegro de volverte a ver.


sábado, 22 de septiembre de 2012

UNA FOTOGRAFÍA PARA RECORDAR




Me quité los auriculares poco después de iniciar el descenso, no podía soportarlo más, la siesta había sido tan pesada que desperté más zombi de lo normal, es lo que te pasa cuando lo haces con la comida y casi que con el vino: la sangre está más en el estómago que en la cabeza. Y uno deja de ser persona. Creo que por eso nos atiborran de comiduza. Es el sistema menos molesto para debilitarnos y controlarnos. Lo hacemos nosotros mismos por ellos.

Así que viendo el panorama que me esperaba (fumar tumbado a lo bartolo) tomé la determinación de salir a pasear, que todavía no lo había hecho a esas horas (eran las seis) ningún día de las vacaciones, sigue haciendo demasiado calor, ayer leí que ha sido el cuarto verano más caluroso desde que se tiene noticia, yo no me acuerdo de los otros tres, no escribí sobre ellos, pero este ha sido especialmente cabrón, y aunque el otoño ha llegado al calendario aún no lo ha hecho a nuestra tierra, que es donde tiene que llegar, no a una jodida hoja de papel en el congelador, mi ventilador continua trabajando casi a plena potencia, incluso de noche, y porque darle caña al aire acondicionado se está convirtiendo en una temeridad por obra y gracia de nuestros sin pares políticos, que si no...

Pero me embargaba tal sopor, tamaño aburrimiento, que pasé de escuchar Radio Clásica o mi música y busqué algo diferente en el dial. Caí en los deportes, ya no me acordaba, y ahí lo dejé después de comprobar que en el resto de emisoras musicales no había más que mierda, así que me quedé con Ares y sus desquiciados mariachis, una bazofia monumental, pero ya os digo que yo era poco menos que un walking dead, aunque no tanto como para aguantarlos más allá del cuarto de hora, cuando mi sangre comenzó a repartirse por sus diferentes ríos, y entonces me fui con los de Punto Radio, que como tienen menos posibles son menos para gritar, que aquí hay que gritar para que los demás sepan lo que tienes, según parece, y allí me quedé hasta el principio del relato, preguntándome de vez en cuando cómo es posible que solo los idiotas tengan micrófonos. Sí, es otro buen sistema.

Hacía bastante que no oía el sonido del campo al atardecer, tan inspirador para poetas y demás almas en pena, lástima que la sed no me dejara prestarle atención, pues la botellita de agua más era ya caldo que ninguna otra cosa, que no me dio tiempo a enfriarla ante lo imprevisto de la salida, y tuve que concentrarme en pensar el trayecto más corto hasta el avituallamiento más cercano, que siendo sábado tarde es bastante complicado, "quizá el kiosko aquel..." Pero del kiosko aquel no quedaba ni la muestra cuando llegué quince minutos después, que se lo han llevao, y aunque había varios bares cerca no quería pasar a ninguno, además que se me había antojado un bote de cocacola, un bote de cocacola bien fría y una botella de agua para hacer base, que con esa sed hay que hacerlo así, y recordé la máquina expendedora de un restaurante a poco más de cinco minutos, y hacia allí me fui, cruzándome con niños que jugaban al fútbol en la hierba donde cagan los perros ante la atenta mirada de sus abuelas, parejas de puretas discutiendo el camino a seguir para pasear al perrazo y lolitas de piernas tostadas y pechos en flor, pechos en perpetua primavera, pechos vivos y crecientes, pechos todavía llenos de sangre caliente, sangre que fluye como el agua de esas atracciones, alegre por hacerlo donde lo hace...sí, yo también estaría contento si fluyeran conmigo, sí...pero todavía más si tuviera un bote de cocacola en la mano.

El restaurante estaba cerrado, no sé si parasiempre como tantos otros pequeños negocios, no me he fijado, estaba a diez minutos de casa pero no podía irme sin beber un bote de cocacola, ya era una cuestión de salud mental, "¿y el kiosko del parque infantil, el de los helados...ese tiene que estar abierto ya, no?", otros diez minutos de camino, y ahora entre la gente y sus hijos, y sus perros, y sus bicicletas, y sus balones, pero ya me daba igual, cuando el deseo aprieta todo te da igual.

Me ha dado tiempo a toparme con un amigo de la juventud que hacía siglos no veía e iba empujando un cochecito de bebé, solo, con tal cara de asqueamiento que me ha hecho sentir bien, no en vano aún recuerdo una jugarreta que me hizo, una nimiedad, sí, pero aquí la mayoría no andamos firmando tratados internacionales o estudiando la manera de expandirnos por Asia y joder al rival, aquí nos movemos por cosas como llévame hasta allí con tu coche, no puedo..., ¡sera hijoputa! ¡será hijo de milputas! ¡cuando hace dos días te dejé el mio para que te tiraras a aquella zorra!

A veces la necesidad te obliga a ir a sitios donde no quieres ir, como era el caso, que la propietaria del kiosko también nos hizo una mala jugada hace muchos años, y aquí hablo en plural, no le salió del coño darle unas pajitas a mi hermano pequeño que había ido de mandao del bar a por ellas, a pesar de que éramos uno de sus mejores clientes de verano, con todo ese rollo de los helados y granizados...tan mal nos sentó que no le volvimos a comprar a pesar de que vino a pedirnos disculpas, a aclarar el malentendido, pero uno puede aguantar carros y carretas, no que le chuleen, que a nosotros siempre nos molestó el vuelo de un mosquito, así que por unas pajitas se fue a la mierda una relación de décadas, que los de pueblo somos así, y los pueblerinos manchegos más.

Pero tal y como esperaba no estaba ni ella ni él, que ese kioskillo es peccata minuta para ellos, y sí una chica que tenía toda la pinta de ser su hija, demasiado joven para conocerme, me ha vendido lo que buscaba y me he ido de allí, de aquella marabunta, de aquel infernal lugar donde Jesucristo sería feliz, con una sonrisa de oreja a oreja. He cruzado la avenida en busca de un banco donde estar tranquilo, y mientras iba de camino me he bebido casi toda el agua, dejando un poquito para el final, que como diablejo sé más por viejo que por serlo.

Después de dejar atrás el último obstáculo, unos barbudos veinteañeros y todavía con gorrilla y patinete haciéndose los malos que me han incitado a pensar en el grado de su gilipollez, he alcanzado mi meta: un solitario banco desde donde se podía ver perfectamente la puesta de sol. Nadie en cuarenta metros a la redonda, más allá todos los demás. El paraíso.

Que diga lo que quiera quien sea, que si veneno que si alquitrán, que si limpiatornillos que si destroza estómagos...me ha dejado como Dios.

He encendido el cigarrillo de guardia, me he quitado el sombrero y las gafas de sol, y viendo su diaria muerte he tenido la misma sensación de felicidad, de calma, que la otra noche ante la iglesia.

Es curioso, pero uno tiene más consciencia de la fuerza del sol cuando se va que cuando llega, es como si amaneciera más despacio, como si su luz llegara más lentamente que cuando se marcha, que parece una lámpara de esas que se van apagando poco a poco pero no tanto como para no darte cuenta. Quizá no es tan diferente a nosotros, remolones hasta que entramos en acción, y quizá por eso se marcha a toda hostia, cansado de vernos, como nosotros con quienes nos rodean desde hace demasiado tiempo, pero él está con gente diferente todas las noches y nosotros con los mismos, o contigo mismo, que ya es más que suficiente para seguir matando moscas.

Me doy cuenta que esto son más fotografías para leer que literatura, pero releyéndolas algunas noches recuerdo que estuve allí, que a veces la memoria no basta, y aunque lo pasado no es gran cosa sí es lo suficiente como para seguir escribiendo de lo que vaya viniendo.

No sea que un día lo olvides todo y, entonces sí, te quedes sin nada.

DÍA DE CIERRE




No sé, pero hay momentos en los que tu vida parece una serie española de televisión, una de aquellas de los 90, tan entrañables todas ellas, tipo Farmacia de Guardia o esa otra que protagonizaba Emilio Aragón junto a leche Pascual y vino don Simón, que para mi eran los que estaban mejor, contenidos, sin sobreactuar, como a mi me gusta, aunque debo reconocer que no era muy fan, no...no, la verdad es que no...Emilio Aragón...Emilio Aragón y suputamadre...Emilio Aragón y el Garrote Vil...Emilio Aragón y La Doncella de Hierro...Emilio Aragón y los picolos del crimen de Cuenca...

Iba con la idea de hacer la primera parada en el súper del barrio, cierran hoy, definitivamente, el miercolés estuve hablando con el carnicero resacoso y me dijo que no lo podía entender, que últimamente las cosas iban mejor, pero la Empresa...es una franquicia de esas, de esas para los que el carnicero resacoso no es más que un nombre en una nómina, de esas para quienes la vida es una cuestión de números, de esas que les ocurre algo parecido a los del bosque de Shalayman, que se ponían malos con el color rojo, aunque no creo que estos hayan aguantado hasta ese extremo: basta con que los números buenos no lo sean tanto.

Pero me lo he pensado mejor, primero a por la Primitiva y el papel de fumar, del corto, que llevo dos días fumando con el normal y me obliga a consumir más, y no era plan de ir cargado con la carne, tenía pensado hacer una gran compra, la última gran compra, que todos nos ponemos muy estupendos cuando se muere el otro, así que mejor a la vuelta. No se me iban de la cabeza los alones de pollo, no sé porqué pero me he levantado pensando en ellos, llevo años sin comerlos, "sí, para la cena de mañana, que primero tengo que terminar el pescado que compré ayer, los mejillones y el atún para ahora, una buena paella, esta noche la pescadilla, y para comer mañana el filete de pez espada y tres huevos fritos...sí, y por la noche los alones..." De vacaciones y pensando como las madres. Creo que necesito una buena hostia, o mejor aún, darlas, algo de acción no vendría mal, no...

He topado con un montón de conocidos gilipollas durante el corto trayecto al estanco, y allí estaba un cliente-amigo que no veía desde que empecé las vacaciones, tampoco hace un año, apenas una semana, pero nos hemos saludado efusivamente, quizá demasiado, aunque no he dejado de tener la sensación de que fuera de mi barra no soy tan importante, tan kolegón...quien quiera amigos que se compre...algo sin voluntad propia.

En la administración de lotería estaba la chavalita aquella, llevaba una cosa roja sobre los hombros, como un pañolón, o una bufanda, no sé, nunca he sabido el nombre de las ropas si quitas pantalón, camisa, calzoncillos y bragas, no entiendo de eso, tampoco he puesto mucho interés la verdad, pero le quedaba de putísima madre, he exclamado un ligero wow que ha oído y le ha hecho sonreír, después nada, pero nada de nada, ni un duro, he pagado una múltiple de siete para esta noche y adiós, creo que ni ha respondido, había una friki al lado voceando como una energúmena, una de esas que les venden lotería a cambio de un pequeño porcentaje, quería que el jefe le enseñara un antiguo billete de mil pesetas que estaba expuesto, "¡¡¡RICAS PESETITAS...!!!", todos dicen lo mismo, hasta las obesas mórbidas con tres dedos en la mano izquierda. Hasta yo, que los tengo todos.

Solo faltaba la última parada, la carne y el pésame al personal, iba imaginando a las viejas clientas con sus jorobas a ruedas, esos carritos personales e intransferibles que todavía existen, ellas nunca se sacaron el carnet, bastante tuvieron con lechar a sus múltiples hijos y aguantar cuernos y carretas, seguro que estaban emocionadas, es normal, les queda tan poco tiempo...y que te cierren algo tuyo, porque lo es para estas mujeres, es morir un poco más rápido, ¿adonde irán ahora?, sí, parezco el moña de Mercero, pero hay días en los que no queda otro remedio. Y cada vez más.

No había mucha gente, cosa que me ha sorprendido, pues ya se sabe que somos con los tiburones, más que nada por lo que nos gusta el olor a sangre ajena, pero sí he visto a unos cuantos que no eran habituales, cenizos profesionales, gente para la que un buen día es la desgracia de algún conocido. En fin, a lo tuyo, Kufisto, a por los alones, y unos filetacos de ternera como los que te vendió el otro día, y unas hamburguesas de las mixtas, pechugas de pollo, filetes de cerdo, pichos morunos, ¡de los adobaos!, quizá unas chuletitas de cordero, ese queso en aceite tan rico...Pero la carnicería estaba petadísima de viejas y viejos, hasta arriba, no menos de media hora de espera, y eso con suerte...marcha atrás, mecagoenlaputa...El pan para la paella y unas latas de cerveza, he estado un buen rato mirándolas antes de decidirme, de todas tengo en el bar, gratis y en botella, pero no tenía ganas de pasarme por allí, como si tuviera que abrir las puertas por haber entrado, que los autónomos tenemos muy mala conciencia cuando estamos de vacaciones, que parece que estamos robando algo, que no estamos haciendo lo que tendríamos que estar haciendo...Mientras miraba marcas y tamaños se me ha acercado un viejo bajito y he tenido la misma sensación que cuando estás meando en los servicios del parque y se te pone uno al lao, quizá por haber visto esta mañana lo del cura polaco que como iniciación a las niñas que ingresan en su colegio les hace lamer nata montada de sus rodillas, ellas a cuatro patas y él con un palo en la mano...sí, una iniciación perfecta, una novatada perfecta, una broma perfecta...perfecta para un mil veces maldito hijodeperra. Pero yo ya no tengo trece años, y no creo que ese viejo todavía tenga ganas, ni hablemos de empalmes, aunque esto no es necesario para los psicópatas, les basta con su jodida cabeza. Al final han sido seis latas de Mahou Clásica, que yo no cambio ni de cerveza.

Curiosamente tenía el importe exacto en monedas, creo que es la primera vez que me pasa, "vaya, el último día y el primero que lo tengo justo", la cajera no ha dicho nada, estaría con lo suyo, con el qué va a hacer ahora sin trabajo y con esos años, esa cara y ese culón caído, como para estar con los juegos de palabras del tío raro con sombrero blanco. "Adiós, suerte", "gracias"

Al llegar a casa he visto a mi mendigo, que yo también tengo uno, como las viejas, estupendo Kufisto, hacía semanas que no le veía, hemos echado manos y contado algunas cosas, lo de siempre, como nos iba la vida, el fútbol y eso, "hoy no tengo guita", "no importa", al darme la vuelta para entrar en mi piso ha reparado en la bolsa que llevaba, "cierran hoy", "ya, me lo dijo el carnicero...", "Juan", conocía su nombre y yo no, me ha chocado. Y cuando subía en el ascensor he pensado que hubiera estado bien darle una lata de cerveza, o dos, aunque tenga que bebérselas del tiempo, no creo que eso suponga problema alguno para alguien que está tirado por las calles. Otro momento Mercero total. Va a ser que necesito volver a trabajar y dejarme de vacaciones, que eso no se hizo para los kufistos.

Se jodió la cena del domingo. Una pizza de embutido estará bien, ¿no?

Menos mal que solo me queda una semana, que si no me veo tirando del carrito de la compra.

Y no es plan.

Todavía.

LA BANDA MÁS GRANDE DEL ROCK




Led Zeppelin en directo, su último concierto en Londres 2007, todavía no los había enganchao, por entonces estaba congelado, no sé...creo que no me gustaba nadie.

Hasta el verano de 2009, escuché Whole lotta love en algún sitio y me quedé loco, ahora no está ni entre mis diez primeras, hace tiempo de ello, pero ese riff inicial, esa entrada a compás del bajo, esa voz chillona que parecía de tía (creí que era Janis Joplin) y ese bestial porrompompón de Bonham es algo para la Historia (con Mayúsculas) del Rock.

Prácticamente no escuché otra cosa durante los dos años siguientes, querían matarme mis clientes-amigos, creo que hasta diseñaron un plan, pero excepto las noches de viernes y sábados, en las que metía algo entre medias para las chicas, todo lo demás era Led Zep. Y que se jodiera quien no le gustara. O que no viniera.

Me bajé toda la discografía oficial por la Mula, canción a canción, no sabía hacerlo de otra manera y sigo sin saber hacerlo, de hecho mandé la Mula al matadero una noche que me dio por borrar todo lo que pillara, como si así pudieras cambiar algo, que a veces pasa, como las violadas que no dejan de bañarse porque se sienten sucias, así, pero no hizo que me sintiera mejor, tampoco mucho peor, pero algo era algo, y más durante aquellas noches.

Con el tiempo fui haciéndome con rarezas, material que apenas escuché, eran descartes, o tomas incompletas, o versiones inéditas...cosas de ese estilo, aunque jamás pagué un duro, que esto de lo que os hablo me lo grabó un repartidor de la Mahou, una fuerza de la Naturaleza, un tío estupendo, "te lo grabo a ti, Kufisto, pero ni se te ocurra grabárselo a nadie más, ¿vale?", ¿y a quién coño se lo iba a grabar?. A veces cumplimos juramentos porque no podemos romperlos.

Una de las joyas que me bajé por mi cuenta fue la película, The Song Remains the Same, pero en versión restaurada, con una calidad de imagen y sonido realmente apabullantes, no había comparación: eso lo pones en un buen televisor con una buena señal de audio y estás dentro, os lo juro, impresionante. Tardé dos meses enteros en bajármelo, tostando día y noche, eran casi 9 Gigas de extensión, una locura...pero mereció la pena. Como agradecimiento se lo pasé a mi colega, el de la Mahou, pero no pudo verlo ni mucho menos extraerlo. Vale que no es Gates, pero habló con gente que tenía algo más de idea y no pudieron, no sé, tal vez lleve cien mil códigos, "muy bien, por cansino te lo vas a bajar, pero no podrás pasarlo a DVD, ni verlo en ningún otro ordenador que en el que te lo bajaste. Cabrón, pesao..."

La mayoría de los fans de Led Zep prefieren sus cuatro primeros discos, y yo supongo que esto se debe a que los escucharon de jóvenes y tal, cuando tocaba, pero mi caso fue diferente, yo los descubrí con 36, los huevos bien negros, y enseguida me decanté por su etapa media, la que va del III al Physical, y ahí sigo, o seguía, que no es como antes, pero ya sabéis que soy un puto monomaníaco del copón.

En mi opinión su mejor disco es el Physical Graffiti, aunque cosa rara, ninguna de sus canciones está entre mis cinco favoritas, que luego os las diré, pero en general lo considero su trabajo más completo, su obra total, la definitiva, es muy variado pero muy rockero, y escuchándolo tengo la sensación de que todo el hard-rock que vino después (en especial el yanqui) viene de ahí. Una piedra angular, sin duda.

Claro está que, como en todo, tienes rachas que te gustan más unas canciones que otras, que la música es más particular que el patio de cualquier casa. Sin ir más lejos, esta noche he disfrutado por primera vez de I´m gonna crawl, llevaba todo el puto día escuchando música clásica, incluso me he visto la mitad del Don Giovanni mozartiano, pero en la pausa he bajado a tirar la basura de la cena (sardinas y gambas, que no es cosa de apestar la cocina) y hacía una noche tan buena que me he decidido a salir de paseo cuando un minuto antes no lo pensaba, a la mierda la ópera, quiero rock, quiero Zeppelin, que sí, que Mozart es la polla con cebolla y su Giovanni me estaba gustando, pero...de tó se cansa uno. Por cierto que el paseo ha sido una ful de Estambul, no por nada es viernes, viernes de crisis, también, pero por poco que haya te joden la magia. Ayer se quedó donde se quedó.

Primero está Stairway to heaven, de la que no diré nada y os aconsejo tengáis cuidao con lo que decís, después Since I´ve been loving you, y tampoco digo nada más que lo de antes como con las otras tres que faltan, que escribir sobre tus canciones favoritas es como el loco que se volvía aún más por no meter dos litros de agua en una botella de litro, Rock n´roll, The Rain Song y, aquí tengo más dudas...pongamos How many more times, a ser posible en la versión de la BBC. Sin olvidar a mis joyitas, muy personales e intransferibles, como Bron Yr Aur, D´yer Maker, Tea for One...

Pues eso, que sacan DVD  y esta vez sí me lo voy a comprar, y no es que me sobre la pasta, al contrario as usual, pero se merecen algo de mi dinero, que se lo han ganao bien ganao.

¡Ah! y espero que no se les ocurra volver, que los dinosaurios son venerados porque ya no existen que si no  tardábamos 0´2 en borrarlos del mapa. Su tiempo pasó, pero su memoria será eterna. y no es cuestión de joderla como otros.

Y viendo el trailer del próximo lanzamiento (de muy buena factura, eso sí) no puedes evitar recordarlos en su apogeo. Lástima que fuera cuando todavía no había nacido, que uno casi siempre tiene la sensación de haberse perdido lo mejor de todo.

Con todos vosotros...


¡¡¡LED ZEPPELIN!!!




viernes, 21 de septiembre de 2012

YO IRÍA A ESTA MISA




Anoche tuve un paseo de los buenos, de esos que te ayudan a conocerte mejor, por si lo habías olvidado, a aceptarte un poco más, por si todavía quieres cambiar...Sí, revelador, y eso que cuatro horas antes tuve que regresar a casa deprimido, hasta recordé algo especialmente triste que acabé interiorizando, pero entonces la calle estaba en su apogeo de gente y coches, ruidos y pasos de cebra, perros y perras, todos juntos, todos gritando su existencia, y es que no puedo con eso, de verdad, no puedo con la multitud.

Uno tiene que salir a la calle cuando los demás se van, no hay otra, es la única manera, aunque sea más tarde o más temprano, no importa, que ellos se queden con las mejores horas del día que las mías serán cuando no tenga que verlos ni oírlos.

Las calles son otras cuando las caminas tú solo, o solo con la puntual compañía de otros tan solitarios como tú que no te molestan; las casas, los edificios, los gatos callejeros tan libres como tú de los jodidos perros...todo te da que pensar y a todo le sacas jugo, es como si en esos momentos comprendieras muchas cosas, como si te dijeras "vale, sí, ya lo entiendo, está bien" aunque luego llegues a casa y lo olvides. Pero el poso queda, no lo dudes.

La coda fue absolutamente inesperada, pues iba vagando sin dirección, aunque ya de vuelta a casa, pero al toparme con la iglesia del colegio donde estudié fue más un encuentro que aquello, que no siempre uno topa con la iglesia, y fue como si la viera por primera vez.

Me acerqué al panel informativo que está junto a la entrada (en algo bueno se tiene que gastar nuestra pasta el maldito Ayuntamiento) y leí su historia, una historia que se remonta a más de tres siglos atrás, es decir, una verdadera historia, esas piedras han visto pasar a muchos y nos pasarán a nosotros si a ningún cafre con poder para hacerlo le da por destruirla para construir centros cívicos o alguna pollada similar, que también puede ser, pero mientras tanto ahí sigue: magníficamente plantada.

Estuve mirándola un buen rato mientras oía a los Pink Floyd, a diferentes distancias pero siempre de frente a la gran puerta central, y me di cuenta que es absolutamente simétrica, algo que me gustó, amo la simetría en el arte, y también me fijé que justo encima de la gran puerta, en una ventana, las luces que iluminan el Edificio sombreaban un falo perfecto, porque no otra cosa era aquello, que a uno no le van más nabos que el suyo, pero la verdad es la verdad aquí y en Antequera: aquello era una enorme polla apuntando al cielo. Y mirando hacia arriba, hacia lo más alto, se vislumbraba la cruz bajo el cielo negro, que la luna anda de bajada, podías ver un montón de estrellas, y fue especialmente hermoso, emocionante...hasta que mi estómago, cabrón, me sacó de ese estado contemplativo y, un tanto aturdido, retomé la marcha hacia el hogar.

Lo he recordado esta mañana mientras paseaba por el campo escuchando Radio Clásica, sol y cielo azul, ligera brisa, la perfección o alrededores, y he pensado que resulta increíble el vacío de las iglesias teniéndolo todo como lo tienen.

Lo único necesario es creérselo, porque es como si los mismos curas no se lo creyeran.

No hay funcionario más perro, vago, pasota que el sacerdote, lo tiene tan seguro que se la suda lo demás. Y así pasa, que ni las palomas van ya a las iglesias, detalle, por cierto, que fue lo único que no me gustó de la de anoche: en todos los alfeizares hay como cristales o alambres para que no se posen en ellos las ratas voladoras. Vale que joden la piedra con sus cagadas y tal, pero digo yo que habrá otro sistema, cualquier sistema, que el mundo está lleno de sistemas, incluso se podría dedicar a ello un cura ocioso, no sé, con la escoba, alguna manera habrá, pero esa solución para el Templo de Dios, esos clavos puntiagudos y amenazantes...más le da aspecto de iglesia de satán que de otra cosa. Seguro que le gustaría al capullo de Marylin Manson.

Llevo veinticinco años sin entrar a una iglesia a no ser cuestión de fuerza mayor, aunque hace poco intenté pasar a una y me echó para atrás el hedor a muerte, a decrepitud, a derrota que te envolvía con solo abrir la puerta. La semana pasada estuve en una boda que casi acaba conmigo, aunque a la iglesia solo pasé al final, que antes estuve de cañas, solo, en un bar al que nunca iría bajo ninguna otra circunstancia, y cuando pasé y me senté atrás y vi y escuché al cura no tuve que esperar mucho más para certificar que ese era otro gilipollas, otro que no sabe con quien se está jugando los cuartos, un jovenzuelo kolegón y tal, como el tonto que se arrima al grupo de chicos listos para ser como ellos y suerte tiene si vuelve con los calzoncillos a casa de papá, igual. Hoy en día las misas de las bodas deberían tener la duración del matrimonio medio, es decir, un pispás, "yo os declaro marido y mujer" y fuera, a chisparse, a comer hasta reventar, a colocarse y a ver si se pilla cacho, por lo menos que te la chupen. En esas misas la gente no está a lo que tiene que estar, que ya es triste cuando al menos cubres la mitad del aforo, pero es así y no se puede cambiar. Así que rapidito y humo, que como dijo el gran Curro refiriéndose a su negativa a torear en Pamplona sentenció que hay dineros muy amargos. Verdad.

Otra cosa son las misas diarias, ahí sí que se podrían hacer cosas si los perros que las entierran se pusieran a ello...Tienes el sitio, tienes la música, tienes la acústica...¡joder, pero si las iglesias fueron las primeras salas de conciertos! Te haces con un buen estéreo, hablas con un profesional, un tipo que sepa de lo que va el tema, "oye, quiero un equipo de sonido como si fuera para el Budha, no repares en gastos, este año se joden los negritos que hoy es más necesario salvar almas que estómagos, además que cuando crezcan llegará el moro y se pasará con ellos o les harán el cuello..." Una vez instalado te curras unos cuantos cedés, déjate de hostias de lamparillas aburriendo a las guitarras y tal, ni siquiera Lennons o Dylans, esos demonios, tú tienes la Música, coño, tú tienes la Gran Música, tienes al jodido Bach, ese que hace creer hasta a los ateos más recalcitrantes, tienes a decenas de buenos compositores que escribieron misas eternas, misas que te hacen temblar por dentro...No sería necesario ponerlas enteras, solo las partes adecuadas, las ajustadas a tu tiempo, que todo cansa, ¿no tienes monaguillos, caraestaca? pues en lugar de que estén tocándose mientras ven a la de las tetas gordas coges el dos y le escribes un croquis: "mira, manolito, cuando llegue al minuto 5:35 subes el volumen hasta el seis, así, despacio, y cuando llegue al 6:45 lo bajas al tres, despacio también, ¿lo ves?" Y eso sí, nada de que suban las viejas a mal leer la Palabra de Dios, o los niños y sus estúpidos deseos de pazzzz mundial y tal, no...arriba no sube ni dios, allí no habla ni Blas, nadie más que tú, que eres el que entiendes, el profesional, y para eso cobras, déjate de rollos patateros, caraflán. Y seleccionas un texto de la Biblia, el que quieras, y lo lees como lo haría un buen poeta, sin afectación pero sin dormirte, metiéndote en el papel pero sin sobreactuar y después lo comentas al rebaño, explicándoselo, envuelto por el sonido de la música, suave, que no la joda manolito...y ya lo tienes.

Por supuesto que si alguien no se comporta como debe, o no va vestido como hay que ir, a la puta calle, sin contemplaciones, fuera, y si se ponen chuscos llamas a la policía, "desalojen a esos señores", y la misa se para hasta que todo esté en orden, aunque termine a las doce de la noche. Y que ladren. Publicidad gratis para ti, que nunca es mala.

Una a las ocho de la mañana y otra a las ocho de la noche, que eso de hacerlo a cada hora es propio de Jesulines de Ubrique, que da mil mantazos y ninguno bueno, hay que hacerlo como José Tomás: pocos pero bien. Y mira donde está el uno y donde está el otro.

Y solo con esto, que no es tanto, ya veríais como las iglesias se llenaban, o casi, que la gente tiene mucho tiempo libre y más miedo a la muerte, y va por ahí dando tumbos con cualquier sacacuartos, de Guatemala a Guatepeor.

Tenéis el Sitio, tenéis la Música, tenéis la Historia, tenéis la Tradición, y si no tenéis la Verdad al menos sois quienes más lo parece, que estáis apoyados en hombros de gigantes, capullos, y los enanos están a punto de cortaros el cuello por lo acarajotados que estáis.

Y si no tenéis güevos, o afán, o ya no os lo creéis ni vosotros mismos...al menos tened la dignidad de haceros un buen hara-kiri.

La Misa del Gallo sería un buen momento para ello.

Gualtrapas.


Con la emoción de ser un nuevo Lutero olvidé la banda sonora...esta la pondría a la entrada de las Autoridades en la iglesia durante las fiestas de guardar:

jueves, 20 de septiembre de 2012

HISTORIAS POR NO DORMIR




Durante muchos años fui un fiel oyente de García, de Supergarcía, aunque creo recordar que empecé a escuchar la radio nocturna con de la Morena, cosas de las frecuencias, aquí no llegaba la de Butanito (creo recordar que todavía estaba en Antena 3) o puede que sí llegara y pasara de él, que no le recuerdo bien, pero el caso es que al principio me alisté en las exiguas filas del vizconde de Brunete, quizá por aquello de estar en el bando débil, y la verdad es que me gustaba, era otro tono, otro estilo, otros tiempos, yo tenía diecisiete o dieciocho años y ya entonces García, Supergarcía, estaba considerado poco menos que un dinosaurio, todavía el macho-alfa, sí, pero ya le quedaba poco: era como los Zeppelin cuando sacaron In through the out door, aunque estos tuvieron la suerte de que se les muriera Bonham para evitar el declive público, cosa que con García, Supergarcía, no pasó.

Poco tiempo después empezaron a cambiar las cosas, el vizconde subía como la espuma entre continuas puyas a butanito, yo a veces cambiaba el dial para ver si le contestaba pero nunca lo hacía, ya sabéis aquello de que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, pero la cosa era tan escandalosa, tan imparable, que al final García entró a saco, como Gabilondo con Losantos, y fue ahí cuando se produjo el sorpasso definitivo, y también mi cambio de emisora: ahora quien perdía era el otro.

El Súper sería lo que fuera, que lo era, pero hay que reconocer que sabía trabajar, era un profesional sin serlo, como suele acontecer con los más interesantes, gente que no ha tenido tiempo, o ganas, u oportunidad de estudiar para algo y luego supera a los licenciados porque sabe más de lo que hay que saber, de la gente, que eso no se estudia en los libros sino en las calles, y como conocía al personal sabía lo que le gustaba y, más importante aún, lo que le disgustaba, que en periodismo vende más lo que te disgusta que lo que te gusta, para eso están tipos como Castellote (segundo de García por entonces) que aburría hasta a las ovejas de lo centrado, lo equilibrado que era: a mucha parte de la peña le molan aquellos que dicen, o gritan, lo que ellos quisieran decir. Y para saber eso no hace falta un máster en Harvard, no...

Pero el caso es que García jamás volvió a recuperar el cetro radiofónico, al menos en cuestión de audiencia aunque quizá sí mantuviera el de influencia, pues como buen mafiosete tenía a muchos cogidos por las pelotas y las primeras entrevistas o lo que fuera importante siempre se lo llevaba él, pero tampoco es mucho cuando a la noche siguiente estaban con el otro. Y así, poco a poco y entre continuas campañas contra el Imperio del Monopolio, Supergarcía se fue desinflando. Luego llegó su catastrófico fichaje por Telefónica y aquello de que ahora si voy a poder luchar en igualdad de condiciones, creo que no duró ni dos años, era tan triste y divertido a la vez oírlo publicitar Coronitas..."¿Quieres una Coronita?" decía, y parecía como si lo dijera con la actitud de reventártela en la cabeza. No, lo suyo no era hacer publicidad. Y la puya final fue cuando se metió con el Don Florentino, ahí no supo medir sus fuerzas y lo echaron, aunque tal vez lo buscó ante la imparable decadencia, que el Súper siempre fue listo, muy listo, pero...todo tiene su fin. y el suyo fue bastante patético.

Claro que uno no podía dormirse así como así después de escucharle, tanta tensión no es el mejor relajante, y para intentarlo solía escuchar el programa que venía después, uno de llamadas, de esos que la presentadora hacía una intro proponiendo el tema para que llamara la gente contando sus experiencias, creo que estaba María José Bosch en la Cope y la Nierga en la Ser, que esas parecen ser cosas de mujeres, y yo normalmente escuchaba el de la última porque era tal la obsesión de butanito que alargaba y alargaba sus programas para rascar algo más, sin miramientos por sus compañeros, más aún cuando lo repetían de madrugada, y así había noches que si el Súper acababa a las dos y cuarto ("perdón a María José pero la actualidad lo demandaba...) esto le suponía a la Maripepa una hora y media menos de programa, que no es moco de pavo, pero tenía que tragar, que García era chiquitino, sí, pero joder que mala leche gastaba.

Normalmente llamaba gente depresiva, fuera cual fuera el tema, que es como si la noche invitara a ello, los fósforos y tal mejor por la mañana, pero de todas aquellas llamadas que escuché, y fueron muchas, hubo tres que todavía recuerdo.

Una era la de un tipo que decía ir a Barcelona para cargarse a otro por encargo, y llamaba para preguntar qué hacía, si iba hasta el final o qué, la presentadora estuvo a punto de cortarlo, como si fuera una broma pesada o algo parecido, pero de tal manera lo contó, tan sincero parecía, que lo tuvo un buen rato en antena, no recuerdo como acabó la cosa pero sí que el resto del programa fueron llamadas para decirle que no lo hiciera, como era de esperar, quizá todo estaba preparado, que la mierda viene de lejos, pero fue divertido escuchar a todos aquellos insomnes dar consejos a alguien: ¿pero qué consejo va a dar uno que ni siquiera puede dormir?

Otra fue realmente buena, excepcional, cumbre...un tío que decía ser esquizofrénico y que estaba sufriendo un fuerte brote en ese momento, desesperado hasta las lágrimas, os juro por lo más sagrado que se te ponía un nudo en la garganta, el mismo que tenía la Nierga mientras intentaba calmarle de alguna manera, que podías notárselo, era realmente espeluznante, la pobre mujer le preguntaba por su dirección para enviarle ayuda médica y tal, el tío no sabía ni donde estaba, parecía tan al límite que daba miedo...cuando de golpe y porrazo cambio la voz y dijo que era un actor ensayando su papel, "buenas noches, gracias". Y colgó. Nos quedamos todos, porque a veces puedes sentir a los demás sin verlos, como piedras, como melones...increíble. La otra lo puso devuelta y media, así como el resto del co-starring de aquella noche, pero a mi me pareció algo verdaderamente sensacional, algo inolvidable. Como así ha sido.

Pero la que más trastorne me dejó fue una que pasó desapercibida entre el habitual paisaje de tristeza, ni mucho menos causó las reacciones de estas dos, quizá algún que otro mensaje de apoyo, que siempre hay un roto para un descosido, y poco más. Era una mujer, por la voz debía ser treintañera, que nos contó lo mal que lo había pasado tras el suicidio de su hermano, porque estoy casi seguro que ese era el tema aquella noche, el de las pérdidas inesperadas, naturales o no, y como salir adelante y eso. La verdad es que no parecía reciente, era como si lo hubiera superado, o al menos mitigado lo suficiente, la tía hablaba con tranquilidad, resignada, triste pero entera, hasta que la presentadora le preguntó por los motivos que ella creía le habían llevado a su hermano a quitarse de en medio, y entonces, después de un breve silencio, respondió algo que me dejó clavado, algo que no olvidaré mientras la cabeza me lo permita..."no le gustaba vivir" Y ya está.

Y no sé porqué esta noche, de regreso a casa después de comerme un delicioso bombón de chocolate, me he acordado de esto.

Y todo lo demás ha sido el envoltorio.

Te quedas parado.

¿Eh?

MI TESORO




Existen cosas que deseas existieran y desconoces su existencia: bien pudiera ser que exista todo lo que deseas.

Solo tienes que buscarlo. O encontrarlo.

Y esta mañana, cuando han anunciado la audición del Anillo sin palabras, he encontrado una de ellas.

Si uno lo escucha en su versión original, en alemán, puede resultarle algo cargante, fatigoso, como si al leer el Quijote te encontrarás en otro idioma desconocido los diálogos que van sucediéndose y no pudieras saltártelos, sino que tuvieras que leerlos aún sin entender ni media palabra, provocando un cansancio que no te dejaría disfrutar plenamente la parte en español, la que entiendes.

Aprender alemán ya es poco menos que imposible, o mejor dicho, algo a desechar, que no me va quedando tanto tiempo para según qué cosas, aunque creo haber escrito aqlguna vez que me encantaría leer el Zaratustra en su lengua original, no por snobismo, sino porque es un libro tan hermoso aún en español que leerlo en su lengua original debe ser algo parecido a hacerlo con la Palabra de Dios: otra historia. La Vulgata está bien, pero quizá solo porque desconocemos el original.

Sí, podría agenciarme un resumen del contenido, tal vez el diálogo completo y memorizarlo, pero no creo que funcionara, el oído estaría demasiado en donde no tiene que estarlo, y la música, lo mollar, perdería su magia, porque también la voz es música y hay que escucharla en su tempo, sin retrasos por la traducción...no sé, es complicado.

Así que si no puede entender lo que dice el Quijote prefiero saltármelo, que no por leerlo iba a entenderlo, y eso es cosa de tontos.

El comienzo del Anillo, su introducción con esa música lejana que se acerca aunque no lo demasiado rápido como para aplacar la curiosidad causada, es tan sugerente, tan hipnótico que deseas no acabe nunca, escucharlo para siempre, por toda la Eternidad. Ese fraseo, tal que una letanía sin palabras, como deben hablar los dioses, como ola eterna que solo va y pasa sin resaca alguna, es algo tan indeciblemente bello que atrapa en uno tus cinco sentidos.

Mientras la escuchaba esta mañana he vuelto involuntariamente la vista hacia la tierra del camino, y no para evitar piedras, que iba caminando como un autómata, sino porque esa música te obliga a ello, a bajar la cabeza, que es como uno absorbe lo grande, tal que si estuvieras en presencia de un dios, como si estuvieras delante de Dios.

La música de Wagner es tan grande, tan trascendente, que uno debe estar fuerte para soportarla, o al menos haberlo sido, porque en caso contrario, simplemente, no puedes con ella: es demasiado pesada.

Uno puede escoger una parte y escucharla una y otra vez, pero si te atreves con el todo te aseguro que acabarás tan cansado como para esperar un tiempo prudencial antes de volver a él, que somos fuertes pero no dioses. No hay un solo descanso en el Anillo, no hay tiempos muertos en los que puedas desembarazarte de él durante un rato. Es tal su mayestática continuidad, su perenne fluidez que no puedes ganar la orilla para descansar un rato, porque si lo haces ya no podrás volver al río, ya será otro río. Y lamentarás haber perdido al primero por tu flaqueza.

Tuve que levantar la vista al darme cuenta que había regresado a la ciudad, y al hacerlo solo vi monos y monas, monos en sus coches, monas fumando a la puerta del trabajo, monos gritones y gesticuladores, monas que arrastraban sus bolsas de comida. Pero no fue como otras veces, como cuando tu mono te incita a desear, o a odiar, o a hacer como que pasas de todo, no...yo iba como flotando, tranquilo, relajado, viendo sin mirar, como si fuera la primera y la última vez que pasara por allí, como si todos aquellos monos y monas no pudieran hacerme ni bien ni mal, aunque quisieran, nada, más intocable que invisible, como el fuego, como una llama que anda tranquila, una llama que no sirve para quemar, una llama que no vale para ver, una llama inútil...pero fuego, después de todo.

Duró poco, volví a ser un mono, que las llamas se apagan si no se juntan con otras, y entonces recordé que tenía que comprar el pan, los ajos y el aceite de oliva, que otra cosa no tendremos los monos pero estómago...a veces pienso que es lo único que tenemos.

Encontrarlo y bajar la cabeza, puede que quedarte quieto, tal vez arrancarte los pies...a veces existe lo que deseas.

Maldito estómago.


ODISEA DOS




Si es que no puede ser, joder...si es que uno no puede esperar nada bueno si lo primero que ve tras subir la rampa es uno de sus mayores cenizos, joder, un tipo que no sé qué coño le habré hecho pero que me mira como si le debiera dinero...¡anda y veste a la mierda!

Y mira que lo he pensao, "date la vuelta, Kufisto, déjalo para mañana...", la bici no podía con mi peso, las ruedas no tenían el aire suficiente, el mismo que le sobraba a la noche, que también es casualidad, hoy, precisamente hoy, "déjalo para mañana, Kufisto..."

Pie a tierra, bicicleta en lugar de perro, dos kilómetros de paseo hasta la gasolinera más próxima que disponga de surtidor de aire, que el hijoputa del gasolinero que tengo a 200 metros no da ni los buenos días, aún menos aire y agua, que de lo gratis no gasta el muy cabrón...en fin, la bici iba. De momento.

Me he puesto los cascos, "solo son veinte minutos", no es tanto, y acababa de comerme un sandwich de chorizo acompañado de un buen tercio de cerveza helada, estoy de vacaciones, coño, puedo hacerlo, chorizo y cerveza, aunque aquel pareciera de plástico, no sé qué le han hecho a los embutidos pero no son como los de antes, es como si no alimentaran, como si fueran un dibujo de los que se hacía Carpanta para comer, pero al menos saben a algo, a algo fuerte, como a vinagre, serán los potenciadores del sabor...¿pero qué mierdas de potenciador del sabor tienes que echarle a un chorizo que lo sea?. De todas formas me hubiera comido la bolsa entera, que uno ya tiene el gusto no se sabe donde, y visto lo que había de venir no me hubiera hecho mal...

Es miércoles, son las diez de la noche y aquí eso supone que todo dios está en sus casas o de camino, más bien esto último, coches yendo rápido hacia el refugio, uno no puede dejar la casa sola en estos días que por menos de ná te encuentras una hoja de desahucio a la vuelta, hay que volver deprisa, tenemos que aguantar, hermanos todos, corred, no os entretengáis, yo solo he salido un rato a terminar de solucionar un problema, estoy a punto de conseguirlo, el gato y la periquita se han quedado de guardia, no nos cogerán con vida, solo me falta arreglar la bici...y estoy a punto de conseguirlo dos años después.

En el camino he visto a un grupo de pre-puretas como yo jugando un partido de fútbito en el polideportivo municipal, barrigones la mayoría, otros no, calvos o en proceso unos cuantos, no les he oído, llevaba los cascos, no hace falta...he pensado el tiempo que hace desde mi última vez, quizá cuatro o cinco años después de más de diez, estuve una semana con dolores por todo el cuerpo, era portero, siempre fui portero, había que estar medio loco para ser portero, pero bastaron tres o cuatro estiradas por los suelos para no hacerlo más en el resto del partido, y aún con todo hubo secuelas, no volví, ya no era lo mío, como tampoco ya eran amigos míos quienes me pidieron les hiciera un favor, no sé porqué le hice, supongo que...nada. Ya no puedo jugar de portero, ya no tengo amigos para jugar un partido, ya no quiero partidos ni amigos, ya sé que nunca fui lo suficientemente bueno para destacar en ninguna de esas dos cosas. Y por eso ahora estoy más tranquilo. Sé feliz e intenta ser tú mismo, pero ante todo sé tú mismo (leído en un cuadro de Charlot del bar que patrocinaba nuestro equipo de fútbol cuando éramos chavales)

Alguna que otra pareja paseando, una vieja en bicicleta por delante de un viejo en bicicleta, aquella le hacía gestos, el viento apretaba, el viento aparece cuando menos te lo esperas, y entonces solo quieres estar en casa. Como cuando te encuentras con cualquier cosa que no esperas. Casi nunca es buena.

A lo lejos se veía la luz de la gasolinera, como el motel de Norman, se ha quedado tan sola que atemoriza aún estando encendida, una luz en la oscuridad es casi más inquietante que la oscuridad misma cuando hasta hace cuatro días aquello era casi una feria, la crisis, la maldita crisis cerró la nave nodriza, tan llena de vida, tan llena de historia que parece mentira que haya pasado...sí, es peor haber sido que no serlo nunca.

Un pequeño bar que está entre dos negocios de chinos anda de cierre, un viejo ayuda a un treintañero a recoger la terraza, un crío amontona las sillas, se hace tarde y ya no puede venir nadie que valga la pena, hay que cerrar e irse a casa, mañana será otro día, cuando los chinos abran sus grandes naves y el personal entre a comprar gilipolleces a precio de saldo para nosotros, de oro para ellos, que todo es según te cuesta, tal vez les sobre para un café, quizá una coca-cola, es un buen sitio para estar cuando lo haces entre medias de dos chinos. Al menos te comes las sobras. No es tiempo para más. No tenemos políticos para más.

Llego a la gasolinera (me doy cuenta que paso de pasado a presente, pero estoy cansado y he abierto el Johnnie hace un rato. No pidáis demasiado), están como cerrando, aunque bien pudiera ser que como no hay nadie lo imaginas, pero tampoco les debe quedar mucho, que todos tienen miedo, todavía más los gasolineros: estos no tienen tubos mágicos por donde decir que se ha ido toda la pasta.

Lleno de aire las ruedas, es increíble, increíble...lo he conseguido. Intento poner a cero el chisme que me dice la distancia recorrida, las calorías gastadas, la velocidad media, el tiempo, es una máquina estupenda pero no me obedece, no es culpa suya, no recuerdo las pulsaciones correctas, hace tanto tiempo..."mañana, Kufisto, mañana..."

Me monto en ella y doy pedales, soy feliz, pero no llego a los cincuenta metros cuando al cambiar de piñon oigo un CRASH que me deja seco, parado...lo he oído perfectamente a pesar del Communication breakdown, "ahora sí que la he jodido...la jodí...la jodí..."

Bajo, tres radios reventados, no me lo puedo creer, me dan ganas de llorar, ¿QUÉ HE HECHO MAL?, aquello no anda, no hay manera, estoy tirado, estoy tirado en mitad de un vendaval y con un maldito muerto que llevarme a casa...tan lejos...

Regreso arrastrando la bicicleta a la gasolinera sin saber a qué, el tipo está mirando los contadores, es un oso que se operó de fimosis con cuarenta y tantos, que se lo oí decir en mi bar al médico que le iba a echar mano al pijo, a mi siempre me pareció un poco marica, la verdad, por mucha mujer y par de hijos que tenga...

- "Oye, por favor...¿no tendrás unos alicates...o algo así...para quitar unos radios de mi bicicleta?"

Me mira, me reconoce

- "Sí, hombre...pero sabrás que te vas a cargar la rueda"
- "Es igual"

Me da unos pequeños, pienso que se cachondea de mi, siempre fue muy graciosete, la tiro al suelo y empiezo a retorcer esos putos hierros, o aluminios, o la mierda que sean de lo que están hechos, otra vez a sudar como mil cerdos, otra vez a cagar, a cagarme, a cagarme en todo lo que pueda imaginar...me cuesta un güevo y la yema del otro, en el caso de que todavía ande por ahí, es difícil con esa mierda de alicates, pero no es momento de ponerse borde, cada vez hay menos momentos para ponerse borde, cada vez estás más cerca de pensar que todo lo borde es un error, cuando quizá el error es que cada vez puedes ser menos borde...

Llegan algunos clientes de última hora, nenas que piden lleno, puedo ver sus miradas sin verlas, solo soy un desgraciao con unos alicates y una Orbea, "la que siempre se estropea", no es que rompa a sudar, es que yo soy el Sudor...

Consigo romper los tres jodidos radios, esperando no sé qué, "tal vez ahora...", le devuelvo la mierda de alicates al oso gay y hago la intentona: clavado. No hay manera. No sé como coño he montado la rueda para conseguir eso, pero algo no va bien, que me fijo y veo cosas que me hacen dudar, siempre las dudas, siempre la jena de las dudas...

La levanto por el sillín y echo a andar con mi perro metálico, mudo y cojo, es un verdadero suplicio, esto le pasa a un cura y se caga en Dios, paro junto a un súper, junto a su luz, última intentona, le echo mano a la cadena, me pringo de grasa, el sudor me quita los cascos, no hay manera, no hay manera...tienes que ir así hasta tu casa, Kufisto...ni pienso en dejarla ahí tirada. No puedo pensar...

Vencido, hago lo que puedo hacer, arrastrarla, me pongo los cascos aunque ya no oigo nada, dos chicas del súper van delante de mi, vuelven a casa, supongo que hablando de sus novios, o del cabrón del encargao, o de las vacaciones, o de lo que sea...pero de algo, estas chicas son de las que tienen que hablar cuando andan. Por eso nunca van solas, no por el miedo.

Ahora sí, de verdad, la última, más grasa, soy el hombre que suda en el viento, a ver...¡SÍ, AHORA...! Diez metros. Estoy a punto de poner mis dientes en el Paseo de la Fama de los Mierdas.

Abandono toda esperanza, solo tengo que llegar a casa, como sea, y es en ese momento, al darte cuenta de que no hay otra manera, que no hay solución, cuando coges tu marcha, por mala que sea, y llegas a tu destino sin darte cuenta. La resignación es la señora que saca lo mejor que nos va quedando.

Adelanto a las chicas como lo hubiera hecho Senna a Vettel, y cuando al fin, llego a la puerta de la cochera, de mi cochera, me doy cuenta que estaba oyendo esta canción, y pienso que a veces te gusta lo que nunca te ha gustado.

Solo es necesario que sea la coda de un mal camino. ¿O no tan malo?: