el blog de kufisto
jueves, 16 de mayo de 2013
TENÉIS UN PROBLEMA
Un tío mío, un hombre que amaba el dinero casi por encima de todas las cosas, tenía una curiosa fobia: no soportaba el jazz.
Y no es que nuestro bar de entonces fuera musical, nada de eso, allí sólo se ponía al ínclito Luis del Olmo hasta que llegaba la hora del telediario. Sí, ya sé que su programa acababa antes, pero a continuación empezaba la desconexión local, las noticias del pueblo y todo eso, y no es que nadie las oyera, pero un bar debe tener ruido de fondo, que tan raro es pasar a uno que esté en silencio como hacerlo a una iglesia y escuchar a Siniestro Total. No, los bares están para darle caña a tus sentidos, para que estén ocupados y te dejen tranquilo, es decir, para olvidarte del nirvana, que eso suena a chino y los chinos, chinos son.
Durante el verano la cosa cambiaba un poco, sobretodo los días fuertes, esos en los que el constante abrir y cerrar del cajón de la registradora atemperaba el quitaeso de rigor, aunque casi nunca les hacíamos caso, tal vez lo bajáramos un poquito, los Maiden y tal al principio y después los U2, estos les disgustaban menos, aunque creo que el resultado habría sido el mismo si nos hubiera dado por Tomás Luis de Victoria: el jevi no se hizo para tus padres. Con todo, nunca olvidaré una mañana de feria que se nos fue de madre, aquello parecía como si el personal hubiera oído la primera trompeta del Apocalipsis, ¡madre mía...!
Ya eran las cuatro y pico de la tarde y el bar seguía de bote en bote, era para ver la cara de mi tío, pálido, sudando, creo que fue la primera vez que le vi hacerlo. Estaba fumándose un pito junto a la puerta de la cocina, recuperando el resuello, cuando uno de nosotros puso el Hey Boy, Hey Girl, a toda hostia, que ya habíamos trucao el radiocedé...
Y aquello se convirtió en un pandemonium.
Creo que también fue la primera vez que le vi bailar. Y despachando copas, pá que luego digan las feminazis...
Pero una calurosa noche, sin saber como ni porqué y ya pasado el rato de jaleíllo, empezó a sonar jazz, y en una de mis llegadas para hacerme el auto-servicio de la terraza me dijo que por favor quitara aquello, estaba sentado en un taburete, una mano en el riñón derecho y la otra sosteniendo un cigarrillo, parece como si lo estuviera viendo, es así como lo recuerdo...
- "¿Y eso?"
- "¡Quítalo!...no soporto esa música"
Yo empecé a escuchar jazz casi al mismo tiempo que a los Zeppelin, esto es, hace cuatro años, cuando estuve hundido por aquello. Pero eran cosas de Billie Holiday, mayormente, me gustaba esa voz tan frágil, tan auténtica, tan dolorida, no sé...Canta como si lo hiciera a solas en la cama. Y con las persianas bajadas.
Una vez que fui regresando a mis cuatro cabales los estiré un poco más, lo suficiente para llegar al jazz puro, al clásico, al instrumental, música difícil de tararear, es más para dejarte llevar, aunque suene tan manido como declaración de futbolista, pero es que es así: tú estás ahí y no le haces mucho caso. Pero tampoco la quitas.
Duró hasta que me puse bien. Y desde entonces sólo la pongo en el bar a la hora del café, ¡pero la de sermones que me tragué del Cifu...!
Esta tarde no ha sido la excepción, que desde que vimos la luz con Spotify, versión pagana, se acabaron muchos de nuestros problemas, y como de costumbre estaba en modo Radio, sección jazz, cosa que no les ha importado demasiado a la cuadrilla de bastorros que me han salvado (¡y bien!) la tarde, ellos andaban de reconciliación y tal, son de otro pueblo, uno con tanta corteza como pueda tenerla el árbol que más la tenga, pero la cosa estaba controlada porque entre ellos estaba el jefe, mi cliente, uno que sabe estar en cualquier sitio que merezca la pena estar, tiene una buena historia...
En fin, que les he dejado a su marcha y me he ido con el ordenador, sección Intenné, que eso es el mayor invento desde que el primer mono necesitó de unas gafas, y yendo de acá para allá he dado en caer sobre un diamante que han vendido por 20 millones de euros, "el diamante perfecto", y una vez que he spameado la noticia la he leído, y lo he visto, y era tan jodidamente hermoso que sólo de imaginarlo entre mis manos se me ha puesto morcillona, de verdad, es para verlo, y me importa un cojón el dinero, y tal...Pero si yo hubiera tenido ayer 21 millones de euros no estaría hoy escribiendo esto.
Me he ido a otro lao y un rato después he vuelto, quería verlo otra vez, y no ha sido ninguna mi sorpresa al leer los comentarios siguientes al mío, no por nada es un periódico concienciado, que ya me dirás tú, y ni te cuento sus conciencios, hoy estaban de fiesta porque han salvado a una perra en no sé donde, creo que en la China, siempre la China, y cuando digo perra me refiero a su primera acepción, nadie se equivoque...Así que en vista del festival de insultos al capitalismo que hace de una piedra lo más perfecto he escrito otro en el que decía no extrañarme porque haya alguien capaz de todo para conseguir algo así, que si a mi el capitalismo me suda el nabo más que a ellos no por eso tengo que renegar de lo bello, y después de poner mi segundo huevo me he vuelto a ir, y según donde lo dejes poco tarda en recibir la visita de los comegüevos, y este ha sido uno que ha dejado una nota que decía:
- "La simetría es la belleza de los tontos (Pablo Picasso)"
- "Y lo asimétrico es del gusto de lo monstruoso (Yo)" he dejado como respuesta.
Poco después se han pasado para adentro mis azacanes de hoy, salvado sea el dicho, hacía fresquito y ni ellos son como sus padres, que la raza degenera, como dice Pepe Isbert, y ha sido que la última incorporación ha tardado 0´2 en pedirme por favor que quitara esa música, que pusiera cualquier otra, que le ponía nervioso...
Bueno, no era Miles Davis en su etapa "ida de olla", a mi también me pone igual, aunque hasta entonces lo hizo bastante bien, pero he aceptado su ruego con una sonrisa y he pinchado una carpeta de los setenta que empieza con el Maggie May de Rod Stewart, tampoco le han hecho mucho caso, ¿pero quien se lo hace a algo cuando estás bebiendo y no hay mujeres por medio?
Y que viva Dalí.
Coño.
miércoles, 15 de mayo de 2013
LA HAMMER EN EL BAR
Las momias, como los zombis, sólo pueden atrapar a sus víctimas si estas están completamente drogadas, o son idiotas o, simplemente, suicidas, que las hay, nunca olvidaré aquella escena de Aguirre en la que una mujer se adentra tranquilamente en la selva para ser comida por los salvajes, prefería eso a continuar compartiendo aquel desquiciado viaje con el asesino de su marido, el inimitable Kinski...
Salvando esas excepciones (que hoy, como siempre, son la norma) basta con no frecuentar sus lugares de reunión y sus entretenimientos para continuar a tu marcha, que sí, que ninguna es la verdadera y tal, que todas merecen un respeto y consideración, sí, vale, lo que digas...adiós. Y ya está: nunca discutas con uno de ellos. Un buen sistema para encontrar lo que te conviene es saber qué les aburre, que es casi todo.
Esta mañana hemos recibido la visita de tres de nuestras momias más reconocidas, tres momias que ya no cazan ni gusanos de seda, tres momias enrolladas en papel higiénico Elefante, nada de mariconadas, pero pese a estar sin usar no pueden evitar un cierto olor a cuquillo de imposible disimulo por más Floÿd o Varón Dandy que se echen: la vejez se huele más que se ve.
Hay una que mira como si estuviéramos en 1978, me recuerda a uno que salía en Crónicas de un pueblo, uno con cara de nariz arrugada; luego está otra a la que le ha dado por ponerse sombrero, mira tú, me temo que llegará el día en que la vea con monóculo; y finalmente está la Gran Momia, que hasta las hormigas tienen clases, es la más vieja de todas y, poco sorprendentemente, la que mantiene una cierta dignidad, de hecho es la única hacia la que siento respeto y, porqué no decirlo, un cierto interés.
De la primera no he sabido su nombre hasta hace un cuarto de hora, a la segunda la conozco detodalavida, siempre casada con otra que haría atractiva a la actual Bardem y con dos o tres vástagos (y aunque fueran siete daría igual) que ya con quince años se parecían a Florentino Pérez, así que ahora no sé, ni quiero saberlo, supongo que tendrán aspecto de Eustaquio Habichuela. La tercera, la Grande, se asemeja a un busto romano, aunque conserva mucho de la Esfinge de donde procede: es quien calla cuando las otras lamian.
Pero ladrar, ladrar (que eso significa el neologismo que me ha salido de las pelotas. ¡Hurra!) lo hace la segunda con las oportunas muestras de reconocimiento de la primera, del tipo sí señor, ¡qué razón tienes!, es una vergüenza, y tal pascual.
La cosa iba hoy como ayer, o hace veinte años, es decir, izquierda mala, derecha buena, y el abecé esto y la razón aquello, y el telediario de antena3 y el gato al agua de intereconomía, que si no lleva tanto tiempo parece como si lo estuviera desde el 7-3 de Glasgow, y no fuera nada si todo esto lo escuchara al ponerles los vinos de rigor mortis y el pincho tócamelosgüevos, pero el caso es que estaba en el otro extremo de la barra y los oía como si estuvieran comiéndome la oreja, y coño, que es la una del mediodía, que todavía no ha empezao el telediario...
En fin, que mi viejo, viéndola venir, se ha salido de la barra para hacerle un comentario a la Gran Momia (un viejo amigo suyo), una chanza para cambiar de canal, ella le ha seguido el juego y se ha terminado el mítin, que las momias también discurren un tanto si ven que la jefa abre complacida la boca a otro cuando hasta ahí la había tenido cerrada mientras miraba el servilletero.
Peor es saber mal que no saber, ni punto de comparación. Pero explícale tú a una momia que todo lo que cree no vale ni el papel en el que va envuelta: antes muerta del tó que reconocer su error.
Y entre momias y zombis es mejor hacerse el muerto.
VIVIR PARA CONTARLO, NO PARA CONTAR
En dos ocasiones estuve quince días sin fumar; o sea, que durante mis últimos veinticinco años sólo un mes lo he superado sin ayuda del tabaco.
Recuerdo bien la segunda. Y digo que no la he olvidado porque jamás lo haré de la sensación que me entró por el cuerpo al dar la primera calada del cigarrillo que me ofrecieron: es lo más cerca que he estado de correrme por la cabeza. Casi me mareo del gusto. Más o menos como con aquella puta que se lo tragó todo sin acuerdo previo. Es el factor sorpresa quien te lleva un punto más allá.
Muchos son los beneficios cuando se abandona el fumeque, dicen, y con el loco correr de quince o veinte años, aseguran, tus pulmones recobran el aspecto que deberían tener, es decir, que en el caso de que al acabar esto decidiera dejarlo, los míos podrían confundirse con los de cualquiera nacido en el 73 y que no hubiera fumado en su puta vida. Bueno, contando que para entonces tendría cerca de sesenta palos no sé para qué cojones me iba a servir. Quizá para aguantar mejor la respiración al rebuscar comida en los contenedores hispañistanís.
Conozco a bastantes que lo han dejado en serio alguna vez, pero son más quienes han vuelto. Dentro de los que no, hay un caso curioso, y es el de un bon vivant que le tiene un miedo horroroso a la vejez y aún mayor a la muerte. Lo dejó poco antes de cumplir los cuarenta, a pelo, y fue porque la tipa que estaba follándose le dijo que le oía como un pitido, que ya es oír en ese trance, por mucho que las mujeres guarden la mitad de su potencia sensitiva en el oído, pero logró darle tan mal rollo que se la cortó, quisir, la cadena de la nicotina. Y se machacaba tres paquetes diarios. Pues bien, más de una, de dos y de tres veces me ha dicho que él no se muere sin volver a fumar, que cuando la sienta cerca, volverá. Claro que tiene una gran ventaja para soportar la espera: su vida es agradable y no le falta nada más que el tabaco. Y es que sólo teniéndolo casi todo uno le puede hacer frente a lo poco que queda fuera.
También sé de quien tuvo que dejarlo porque no le quedaba más remedio, era eso o morir pronto, y sólo acababa de entrar en la cincuentena, así que se quitó. Y aún hoy, pasados casi veinte años de aquello, sigue confesando que a veces siente unas ganas terribles de echarse un cigarrillo, y eso a pesar de que ya tendrá los pulmones como cualquier otro nacido en los cuarenta y que no haya aspirado más humo que el de los coches, las fábricas y las hogueras de San Antón.
Quiero decir...aquel mes mío, aquel mes que duró varios años, lo viví pensando una sola cosa desde que me despertaba hasta que me dormía: no fumar. Y eso sin contar lo que soñara, que si lo recordara no sería difícil de adivinar. Y será sano para el cuerpo, pero no para todo lo demás. Y como dicen aquí si no tienes lera, tienes cagalera, que viene a significar que cuando se va algo malo es que algo parecido está al llegar.
Todavía no he recibido ningún ultimatum, cosa complicada si tengo cerradas casi todas las conexiones, y tampoco soy alguien con uno de los platillos de su balanza tan pesado que pueda contrarrestar al de sesenta winstons diarios, no...Y yo no fumo tanto.
Ando, como nueces, no abuso de las grasas, huyo de los azúcares, abomino de los fritos y de vez en cuando me chispo bien.
Y qué queréis que os diga...Para vivir contando los días que han pasado y el dinero que te has ahorrado desde el último cigarrillo...
Pues menuda mierda.
martes, 14 de mayo de 2013
ECOS
Fue en uno de mis cumpleaños, creo que el 12º, sí...Estábamos en la casita de campo que teníamos, era pleno verano, recuerdo muy bien la alberca, muy azul, y la pequeña arboleda, y el pozo que había en el centro, sí...Lo tapaba una trampilla de forma cuadrangular, roja, oxidada, un pequeño candado la guardaba, sí...Alguna vez intentamos abrirlo. Pero no lo conseguimos. Aunque no creo que hiciéramos mucha fuerza.
Aquella tarde parecía ir bien, regalos y todo eso, besuqueos molestos y tal, pellizcos en las mejillas, supongo, sí...Después hubo una discusión, estaban bebiendo, y yo me senté encima del pozo y me eché a llorar mientras hablaba en voz alta, sólo me oyó mi hermano, creo...hace tanto tiempo.
Dos años después, una tarde en la que el cura intentaba enseñarnos a declinar rosa, rosae, escribí sobre el libro que si esos eran los mejores años de mi vida, como serían los peores. Me acuerdo perfectamente porque jamás he escrito sobre un libro, apenas subrayaba si lo ordenaban, ni siquiera doblaba las hojas para saber por donde iba, las memorizaba, aún lo hago así, sí...
Una noche, poco antes de mi primera retirada de la parodia pública (no tenía los dieciséis), llegué borracho a casa poco antes de que mis padres salieran de paseo, era temprano, salíamos pronto, me echaron la bronca y se fueron, me quedé extrañamente solo, éramos tantos...Me senté en una de las dos sillas que habían frente a la escalera. Y durante un buen rato me quedé allí, mirando la barandilla.
Tumbado en el sofá, solo, fumándome un puro barato y bebiendo una lata de Mahou de cinco estrellas, acabo de oír como alguien lloraba en la calle.
Y no he logrado certificar si era un niño o un gato.
Pero no me he asomado a la ventana.
Miento...una vez no cerraron bien el candado y lo abrimos para ver qué había dentro.
No había nada que pudiésemos ver.
Aunque sí oler.
domingo, 12 de mayo de 2013
4 DE 7
Una de las terapias de choque para aquellos que han conseguido hacer un drama del alcohol consiste en tomarse una pastilla que causa sus mismos efectos sobre el cuerpo pero conservando la lucidez mental. Tú estás ahí, tambaleandote delante de un espejo, cayéndote al suelo e intentando levantarte sin conseguirlo mientras los médicos te dicen que así has llegado hasta ellos, o te han llegado, que quienes lo hacen es porque tienen a alguien detrás, que esta vida no es tanto quienes tienes delante como los que están a tus espaldas. Desde que nací hasta que murió fui amigo de un borracho solitario, un hombre excepcional, que jamás llegó a pisar una clínica de esas: quienes tenían que estar empujándole estaban demasiado lejos. Y él, viéndose solo, se dejó ir, que los problemas son muy jodidos cuando la solución parece recordar tu existencia nada más que cuando se aburre. Como dicen de Dios en su libro, ese tan lleno de todo pero de nada tan terrible como eso de...y de estos se olvida Dios. Tremendo.
Supe de aquello porque me lo contó un cliente refiriéndose a un compañero de trabajo que además era su amigo, algo que no tenía porqué decírmelo, que yo no soy de esos que te pregunta si tienes algún amigo alcohólico mientras te tira la caña, no...No está bien ir contando algo que no deberías, pero quizá sea peor confiarte en cualquiera que no lleve tu misma sangre, esa que pase lo que pase fluye como un torrente cuando se entera de tu mal.
Los amigos, en la niñez. Después todo es una película gonzo.
Estaba casado, tenía dos hijas y un empleo seguro, de por vida, erección garantizada incluida, que dijo el Evaristo, y si no fue él sería otro parecido, que todo está más visto que una columna de Martín Ferrand, ese marianocavia. Yo lo conocía de traídas, que era de otro pueblo y sólo venía cuando lo hacía en compañía del otro, de su amigo, de mi cliente, de mi no pedido contador particular, pero soy camarero y tengo un bar. Y es lo que hay.
Recuerdo que una noche de viernes llegó pasadísimo, solo, se ve que se vio con la suficiente confianza como para hacerlo así, pero yo estaba sobrio, y cuando tienes que bregar con un borracho ves por dos, que no es lo mismo que ver doble, y no sería tanto si no hubiera nadie más, pero eso es algo infrecuente, normalmente has de hacerlo por cinco, por diez, por veinte o por mil: por los que sean. Y uno no es una mosca...
Estuve a 0´2 de echarlo a la calle malamente, y si no lo hice fue porque estaba mi madre delante y en fin, era el amigo de uno de nuestros mejores clientes...Y tal.
Se fue con su coche y creo recordar que se pegó una hostieja. Y días después, tal vez un tanto arrepentido por haber quedado mal, su amigo me contó que la había liado tan parda que ya fue lo suficientemente negra como para que la mujer le obligara a ingresar en una clínica de desintoxicación.
He recordado a este porque esta tarde he visto bien borracho por primera vez a un colega, quisir a uno del gremio, uno que no es mal tío, tendrá mi edad y no mucho menos de lo que yo no tengo, pero le han dado el fin de semana libre porque tenía comunión, o bautizo, que para el caso es lo mismo, que no hay como un camarero quemao por fuego ajeno con tres días libres (le he llegado a entender que tiene la coda de mañana) para que se pille en una continua todas las mierdas que se ha saltado, más aún si no tiene mujer con la que cumplir e hijos a los que llevar al parque para darle cuatro patadas al balón de reglamento que le compraste con lo ganado poniendo el culo en tu orgullo, que si no llega a órgano será porque estos no son tan importantes como piensa casi todo el mundo civilizado, el mismo que tiene al cuerpo donde debería estar el espíritu. O el alma, ya que estamos en ello.
A lo que voy...llevaba una mierda del dieciséis. Y medio.
- "¡¡¡KUFISTOOOO!!!" ha entrado como si hubiera conos en lugar de baldosas.
- "¡¡¡SEIS GINTONICS!!!"
- "¿De qué ginebra?"
- "La que sea...Anoche cerré con tu hermano..."
Y me ha contado lo demás.
Se ha salido a la terraza con l@s otr@s, iban bastante mejor que él, seguro que están acostumbrados a estarlo. Después llegaron sus dos hermanos, algo de lo que me he enterado hoy, que ya es curioso cuando con el mayor (el que celebraba la fiesta) me agarré algunas de mis mayores melopeas de chaval, hacía tiempo que no le veía, no ha hecho más que apartar copas para que su hermano no las tirara mientras en dos tragos se bebía su cubalibre antes de llevárselo a la última parada, "está desatao, Kufisto...", "ya..." ¡Lo que nos reímos hace veinte años...!
Pero aquello sólo fue otro espejismo.
Lo jodío es comprobar que detrás del espejo no había nadie más que tú.
sábado, 11 de mayo de 2013
HEY...¡JA!
Anoche acabé realmente cansado. Por segundo día consecutivo me había excedido con mis paseos matutinos, lo que unido a que amanezco tan temprano como el sol (llevo tres semanas bastante centrado) provocó que las dos últimas horas del trabajo se me hicieran aún más largas de lo habitual, que no es tanta la pesadez de tu oficio si tienes quehacer como cuando no. De todos modos decidí que esa noche no iba a haber paseo nocturno, tampoco nada que escribir, ni siquiera fumarme un puro: cenar algo, quemar un par de pitos y echarme en el sofá para leer cualquier cosa hasta que se cerrara la noche. Y viendo que tardaba más de lo que deseara puse la tele, el partido de baloncesto, sin volumen, aunque lo mirara tantas veces como la bragueta antes de salir a la calle. Faltaban ocho minutos de su reloj para que terminara cuando vi que ya no quedaba ni el rastro del sol. Apagué el televisor y me fui a la cama.
Bajé la persiana hasta sus topes, me arropé y poco después me quité hasta la sábana, tenía calor, pensé en levantarme para fumar el último medio cigarrillo que suelo dejar en previsión, casi nunca ve la mañana, a veces incluso varios de sus hermanos, pero al hacerlo me di cuenta de que no había dejado la muestra, no lo recordaba, casi ni se me ocurrió rularme uno, regresé a la habitación, volví a tumbarme y decidí que hoy no saldría a pasear. Apagué el teléfono donde había estado leyendo por encima el Protágoras y me pasé al Rompetechos, el último, el escatológico, tiene viñetas absolutamente antológicas, como esa en la que ya muy cabreado por un aciago despertar confunde su periódico con el vestido de la portera que está recogiendo con el culo en pompa la basura del pasillo, "¡Y ENCIMA EN EL PERIÓDICO VIENE LA FOTO DE LA FOLKLÓRICA ESA QUE NECESITA UN AFEITADO!", es para ver la cara que pone la pobre mujer...¡¡¡PTAF!!!
Desperté un poco más tarde de lo habitual, no mucho y no muy descansado, que esa es la prueba del nueve en lo referido al paso de tus años. No es que no puedas hacer lo que hacías, que puedes si te pones y no hace demasiado de ello, sino que no te recuperas igual; y si verdad es que quien manda es la mente, también tiene su parte el cuerpo, y aunque sepas que una buena ducha seguida de un desayuno semejante consigue llevarte a la marcha suficiente no es para tanto que te haga olvidar tu horizonte diario, ese que está subyugado al trabajo, y entonces aquella se lo piensa mejor recordando como se durmió, que casi todo está olvidado al despertar, y concediendo el inevitable prólogo se replantea el inicio de la historia de todos los días, "hoy, lo que acordé ayer".
Si la vida es una no se debe empezar cada nuevo capítulo como si nada hubiera pasado: no existe más memoria que la tuya.
Con todo, pasé de quedarme en casa tirao como un lagarto, o como mi gato, que tampoco es manco, pero yo soy un hombre, y lo que es bueno para los animales no tiene porqué serlo para mi, y al contrario también, cosa tan sencilla y evidente como difícil de comprender para muchos que viven en un sueño inducido por los que están bien despiertos, que otra cosa no, pero el peor de todos nosotros es un ángel si está durmiendo. Así que pillé el primer libro del que no recordara nada, las llaves del coche y demás apichusques, y motorizado me fui a un sitio al que llego andando todos los días.
Hacía una buena mañana, apenas eran las nueve y ya picaba el sol, me senté en el banco y abrí el libro, Las aventuras de Tom Sawyer, creo haberlo leído hace muchos años, tantos que ya ni me acuerdo, aunque sí de otros. Tres hojas y al asiento del acompañante, entre las botellas de plástico vacías de agua.
Puse radio Clásica en el teléfono y eché a andar viendo por donde iba a volver. Entré al cementerio y llegué a la casilla de salida en menos tiempo que el cuarto movimiento de la sexta sinfonía de un noruego que me ha dicho menos que Iñaki Saez. Me resenté e intenté tumbarme a la manera en que lo hacen los vagabundos, no había nadie, o al menos cerca, o que yo lo viera, pero si daño me hacía en la espalda no era tanto como en el cuello, y entonces visualicé que ellos suelen ponerse su hato debajo de la cabeza haciendo funciones de almohada, durante un segundo busqué en la mía por si llevara algo parecido en el coche, pero era una gilipollez, y me incorporé justo al mismo tiempo que daba comienzo un concierto para laúd de un inglés del siglo XVI...
"Esto es demasiado"
Y me puse el Rock n´roll de los Zeppelin, que curro en un bar y no montando bombas.
Arranqué el coche y llegué a casa con D´yer Maker en las orejas.
Comí bien y descansé un poco más, que hoy es sábado y ayer fue 10, día de cobro para los parados, que ahora ese es el día uno para nuestras cuentas, es decir, el fin de semana fuerte y tal, pero Mayo es mes de comuniones y bautizos, y si nadie tiene un duro sí pesetas, que los restaurantes se ponen de bote en bote para celebrar tales eventos, como escriben los snobs, pero nosotros no lo somos, ni esto ni aquello, así que el mediodía se ha ido como si nunca lo hubiera estado, esto por lo que se refiere al tema económico, pero no tanto al musical, pues no sé porqué (mientras estaba haciendo el arroz de todos los días y del que ha sobrado las tres cuartas partes) me ha venido al magín la música de los Beatles, normalmente canturreo algo al mismo tiempo que cocino, y de pronto me he sorprendido haciéndolo con uno de sus temas, ahora no recuerdo cual, pero el caso es que he ido al ordenador y he puesto su recopilatorio 62-66, el primer vinilo que abrasé, y me ha dado muy buen rollo, tanto que después he pinchado el 67-70, hasta mi viejo ha canturreado algunas de las canciones, sobre todo al principio, cuando todavía estábamos a tiempo de echar una buena mañana, pero al llegar la hora del azul ya estaba claro que no lo iba a ser, y ya no ha habido tarareo por su parte, que si de Fraga dijeron que era un animal político, mi padre es un animal trabajador, y lo primero, tras su familia, es el negocio, y después creo que si hay algo se la suda bastante; aunque no ha perdido la ocasión de contarle a un cliente que él los vio en Las Ventas en 1964, cosa que nunca me ha contado a mi pero se la he oído contar decenas de veces. En ese momento todavía giraba el rojo, ¡y nada menos que con She loves you!
Estábamos recogiendo y ha sonado el Hey Jude, y ha sido...ha sido como si por un momento tuviera claro, de manera impepinable, que no ha ha habido ni habrá otra banda como esa. Los más grandes, los eternos, son aquellos que le dan la forma correcta a la masa inventada por otros: no es tanto ser el primero como serlo en saber qué hacer con ello.
Luego llegó la tarde, y mientras preparaba, pletórico de fuerzas, todo lo necesario para que no me pillara en bragas el previsible aluvión, le he dicho a un amigo que probablemente no iba a serlo tanto, que no hay como esperar algo para que llegue alga, pues no parece sino que los antiguos griegos estaban pensando en los camareros cuando dijeron aquello de "si quieres hacer reír a las dioses cuéntale tus planes", es más, creo firmemente que estamos entre sus payasos de preferencia...Y efectivamente: el esperado geiser ha devenido en gaseosa de La Casera.
A veces pienso que nos miran, "a ver como está hoyyyyy...jodío. Pues tralla" Pero como lo estaba en superabundancia, übernosequé, que cansinearía Federico, pues no: "¿Está estupendo? pues me busco a otro"
Nadie se lo pasa bien viendo como otros lo hacen.
Y de esta manera la masa de hoy no ha pasado de churro con poco azúcar y sin chocolate.
Y mi superabundancia se ha ido por el sumidero de Marianico el Corto, Belenes Estebans, clones de Alfreder Lander y borrachos que ríen antes de irse al water para llorar.
Poco de todos. Tanto que me ha dado demasiado tiempo para reparar en ellos.
Mucho menos del que he tardado en moldear esto con unas cuantas latas de Mahou y una indecible superabundancia de tabaco.
Pero no creo que acabe comiendo mi mierda.
Soy lo suficientemente amado y creo lo suficiente en Dios como para saber que un caballo no es más que un caballo.
Y como dice mi vieja...si no te gusta, vete a vivir debajo de un puente.
O a las montañas nevadas, con la abeja Maya y Gusy-Luz.
Los leones no viven en las alturas.
jueves, 9 de mayo de 2013
CIELO GANAO
Uno no conoce mejor a la gente por trabajar de cara al público, eso no es verdad; un joven japonés de esos que durante años se encierran en su habitación puede conocer a alguien lo mismo que la verdulera de la esquina. Digo conocer, no saber si bebe, si le pega a la mujer, si juega al bingo o si se va de putas. No, eso es accesorio, eso es tan revelador como si no lo hiciera. Y bien mirado, que uno haga algo no significa que lo sea: una golondrina no hace verano. Ni cien.
Los únicos que podrían jactarse de conocer al personal de verdad son los curas. Que para ver bien los toros hay que hacerlo desde la barrera, como hacen los mismos grandes maestros antes de pisar el albero: sólo los inconscientes, o los desesperados, se van a porta gayola. Y no ha habido buen torero que reconozca haber realizado su faena soñada. Esa sólo la sueñan los apologetas taurinos, y en ti está creerlos o no.
La ventaja que tenemos quienes trabajamos en los bares estriba en el tiempo que los clientes pasan con nosotros, nada más, no se trata de un sexto sentido y tal, bastante tenemos con cinco. El personal va a cualquier comercio, compra algo y se va. Pero en un bar es diferente: van porque quieren, no porque tengan que ir. Y si es el suyo enseñan la patita, pero nada más. Hay que ser tan tonto como un cerdo para creer que basta con verla.
He tratado a miles de personas durante todos estos años, pero no puedo decir que haya conocido a ninguna. Lo único que puedo certificaros es que como vienen, se van; por mucho que alguna vez hayas creído lo contrario. Y si no...nada cambia: date tiempo.
Seguro, seguro...la madre que te parió.
Yo, estando bien, me fijo, como los buenos toros, y sin decir ni mu paso de ir a por la muleta, como los malos. Es lo mejor para uno como yo.
Recuerdo que en aquellos malos tiempos, cuando vivía en resaca permanente, estuve a punto de mandarlo a la mierda unas cuantas veces, por menos de la mitad lo hice con unos cuantos, pero no fue este uno de ellos. Y mira que tenía el taco entero...
Acaba de entrar en la cincuentena, se conserva bien, es muy educado, viene de una de las familias nobles del pueblo, en su juventud tuvo que ser un pijo del copón, un follarín. Bien parecido, siempre sonriente, con esa seguridad que tienen quienes han vivido las cosas en sus tiempos, sin meterse en ninguna raya que no fuera aceptable, como en ese estúpido deporte, el curling, tal que quien tirara sus piedra hubiera sido un experto jugador, y ni te cuento los de las escobillas, sobre todo estos...
Ejerce una profesión liberal, palabro que suele recordarme al Clima de mis primeras pajas, había una tía buena (al menos ponían su foto aunque en verdad fuera la abuela jevi) que contestaba las preguntas y ofrecimientos de los viciosos de mediados de los ochenta, todos ellos con los ojos tapados, pero no así sus nabos, o las tetas caídas de su cuarentona mujer, o el felpudo peludo de una vieja guarra...Tenía un amiguete que me decía, "Kufisto...yo me la meneo más leyendo eso que viendo las fotos"
Pues eso, profesión liberal, es decir: los callos, a la madrileña. Si eso.
Dentro de su estereotipo es bastante excéntrico, cosa que a mi entender le da valor al adjetivo, que soy de los que están convencidos que de vivir hoy aquel célebre grupo surrealista todos serían miembros de los kikos, y además en serio, pues no debe haber como que tu vieja te presente a su novio que podría ser tu colega de borracheras para irte al primer cura-shop que esté abierto y pillarte un rosario.
Este de quien os hablo es de esa clase de tipos que todavía se cree lo que dicen los periódicos de papel, los suyos, que también es de los que piensan que hay izquierdas y derechas y toda esa mierda...Es de estos últimos, evidentemente.
Llega de Madrid a eso de las seis de la tarde, "Buenas tardes, Kufisto", "Hola, Apolodoro", me pide un gintonic o una cerveza, "¿quieres pincho?", "sí, por favor, que soy de los que comen poco pero muchas veces", y no me da tiempo a coronársela cuando ya me está hablando del último escándalo, o golfada, o similar. Yo no digo ná, o poco, y menos cuando hay clientes desconocidos, pero sé que él no lo hace por malmeter, su educación se lo impide, más pienso que es cosa de que cree que esto es Inglaterra, o como nos la cuentan, un lugar en el que discutir desapasionadamente sobre cualquier asunto, será que alternar durante tantos años por los buenos sitios de los madriles te quita un par de puntos en el equilibrio espacial, no lo sé, pero esto es España, La Mancha, ná menos, y aquí, desapasionadamente, el curling. Y según la hora.
Como no lo son de aluvión (prácticamente ninguna lo es desde que se acabó el cuento de Pepel y Gretel) y menos de alcohol corriendo por las venas y soy el rey del pollo frito, nadie le hace ni caso, incluso yo, que ya van cinco años con la misma historia, y cinco años follándote a la misma acaba por cansarte, aunque sea miss Universo, ni te cuento si se trata de nuestros salvadores de la patria.
Pero a él le da igual, él abre el puto Mundo, o el incalificable ABC, y empieza a comentar en voz alta la jugada del día, entre sonrisas, es un cachondo, sí, pero aún peor que aquel encargao de Pesadilla en la Cocina versión Chicote, el que tenía un bar en Madrid con una cocinera tan religiosa como retarded, una tipa que era capaz de abrasar los calamares congelados para rezar a San Antonio en el office, que ya eran la hora, y mientras tanto el caraflán dándoselas de gracioso en el comedor de arriba con una cuadrilla de golfingers en despedida de soltera, "mi verdadera vocación es el monólogo" decía ante las carcajadas de ellas...
A veces, viendo que me suda la polla la cotización de Pescanova, me comenta chismes del pueblo, o de otros cercanos, que no tiene fronteras:
- "Kufistooo...¿sabes lo que le ha pasado a...?"
- "No..."
- "¿Lo conoces, no?"
Yo no conozco a nadie
- "No"
- "¡No me fastidies! ¡Si no conoces a este, no conoces a nadie!"
Soy muy malo para las caras y los nombres que me importan un jorgejaviervazquez.
- "Pues no, Apolodoro, de verdad te lo digo..."
- "¡Joder!...¿pero conocerás a su padre, a...?"
- "¡Ah, sí, a ese sí..." le digo para que no me describa a la abuela.
- "Pues el otro día..."
Y le escucho asintiendo.
Una tarde reciente me explicó sobre una servilleta el problema que está subyugando a España, "dame un boli, por favor, Kufisto" Me convenció lo suficiente como para escabullirme a la cocina en cuanto pude para mirar los ingredientes del comino, aunque él me ayudó al recibir una llamada que le empujó a salirse del bar, "échale un ojo al ordenador, Kufisto, por favor", "claro..." Ni medio. Estábamos solos y no creo que estuviera siguiendo el Torneo de Candidatos.
Pero lo más de lo más fue cuando le vi sacar de su cartera de trabajo una lupa tamaño melocotón de Calanda para leer el periódico...
- "Me niego a comprar unas gafas de doce euros" me confesó sin que le preguntara a la quinta o sexta vez que le vi hacerlo.
Una tarde de viernes estaban mis colegas, ya medio puestos, y aunque se cortaron un tanto al verme no lo fue tanto como para que a Apolodoro se le pusiera la mosca detrás de la oreja, que no sé en Madrid, pero aquí hay que estar ciego y sordo.
Se ha comprado unas que no utiliza, pero ya ha jubilao la lupa.
Ha venido esta tarde, he encendido la luz de la barra, "una cerveza helada, Kufisto, por favor...", "¿quieres pincho, Apolodoro?", "sí, que soy de los que come poco pero muchas veces"
- "¿Has visto lo de Maleni?" me ha preguntado sin dejar de mirar el nauseabundo Mundo
- "No"
Y me ha empezado a soltar su discurso, como si estuviera oyendo el del Rey en Nochebuena, pero hoy nos acompañaban otros dos, y aunque uno no tenía peligro el otro sí, y lo peor es que es un gran amigo mío, y más aún que es más rojo que un vómito de sangre y no se calla ni durmiendo, estoy seguro, y antes que fuera a más me he ido a la cocina, y porque no podía irme más lejos, y pronto se ha dado por vencido sin que el otro dijera ni esta boca es mía para taparte la tuya...
Y mientras contaba los dientes de la sierra que corta el papel de cocina ha llegado mi hermano.
Y me he ido con una gran, gran, gran...SONRISA
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