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martes, 11 de septiembre de 2012

NO TODOS LOS PINGÜINOS SON TAN TONTOS COMO PARECEN




Si alguien quiere joderme, pero joderme de verdad, lo mejor que puede hacer es llevarme a una concentración de moteros, aunque más que llevarme tendría que secuestrarme: muy bueno debería ser el premio para que fuera por mi propia voluntad. Algo así como hacerse cargo de los 23 años que me quedan de hipoteca. Y no me bajaría a menos. Solo de imaginarme en mitad de la Pingüinos y me entran los sudores de la muerte...

Odio el ruido casi tanto como amo la música, siempre he sido un hombre de orden, el caos tiene poco que rascar conmigo. Si creo en Dios, o en algo de parecido nombre y profesión, es más por negar que todo lo maravilloso que hay en el mundo sea obra de un loco pedo cósmico en lugar de una mente ordenada. No puede ser. Se cree a la contra. Así es como se cree.

Claro que por muy bien amueblada que tengas la cabeza no puedes estar en todo, así se explica que existan cosas como Telecinco, el Universo es muy grande, tanto que la Tierra no representa más que un grano de arena de todas las playas del mundo y tal, o alguna burrada parecida, que eso es lo que nos dicen quienes saben del tema, y tenemos que hacerles caso a los que saben del tema, de cualquier tema, aunque a veces tengan más peligro que un mal ácido, de esos que echan el freno de mano en la cabeza de quien se los mete dejándolos con la mirada ida por el resto de su vida, he conocido a unos cuantos, el domingo estuvo uno de ellos en el bar, lo conozco desde que se quedó y más atrás, ahora tiene treinta y cinco y se dedica a ir de bar en bar, siempre solo, bebiendo copas de anís y jugando a la tragaperras con toda la atención de la que es capaz, estoy seguro que piensa que la máquina tiene un sistema, unas reglas, solo es necesario saber el código, y probablemente tenga razón y así sea, y entre melones, ciruelas y cascos de vikingo, en el ORDEN en el que aparezcan las jugadas esté la verdad y puedas destriparla, tal que si fuera nuestro ADN...sí, hasta las tragaperras están ordenadas. Pero el abracadabra solo lo conocen los chinos, esas máquinas con culo, y este del que os hablo es manchego de pura cepa, así que...

- "¡¡¡Bufff...menos mal!!!...cámbiame estos veinte euros, Kufisto...he ganado cinco al final...creí que los perdía..."

Y me lo dijo sudando como un puto pollo, como si hubiera estado picando durante ocho horas cuando solo era que había jugado en quince minutos lo que otros se juegan en tres. Ganó, por esta vez. Y se fue con su vida a otra parte. Treinta y cinco años y te dedicas a beber anís y a jugar a las tragaperras. Mal ajo aquel. Jamás entenderé a quienes se ponen de LSD cuando apenas hace dos telediarios que lo hacían con el Cola-Cao. Jamás entenderé a los que beben anís, ese monstruo del averno que me desvirgó para el tema del bebercio. Menos mal que no es necesario entender nada para vivir tu vida. O poco más que las cuatro reglas.

A los moteros les gusta el ruido, yo lo odio, así que difícilmente podríamos hacer buenas migas, siquiera unas gachas mal follás, pero los caminos de la vida se juntan y separan con poco sentido, al menos para que los desconocemos el Libro de los Códigos, y en esas idas y venidas, en esos cruces de caminos, tienes que tratar a gente con la que no tienes nada o poco que ver y menos oír, pero así son las cosas, que diría Manolo Torreiglesias, otro que sin duda tuvo que ser motero. En mi caso la razón fue que tanto a mi hermano como a sus amigos les gustaban las motos, y ya se sabe, los amigos de mis amigos son mis amigos, yo no diría tanto, lo dejaría en no son mis enemigos, todavía más cuando tu hermano es uno de los cabecillas de la banda, así que a mi me dejaban estar en las pocas ocasiones que me iba con ellos. No entendía porqué les gustaba tanto aquello y ellos tampoco entendían nada o poco de lo que me gustaba a mi, así que bebíamos y nos nivelábamos, luego cogíamos las vespinos, o las cadys, tal vez alguna de 75, y nos íbamos por ahí a quemar el asfalto, sin casco, por supuesto, que eso era de mariconas, todavía no me explico como no nos matamos ninguno: personalmente, entre mi falta de pericia y el exceso de alcohol y de canutos raro era el finde en el que no me estrellaba; recuerdo un hostión contra unas cepas que me dejó la cara como el fantasma de la ópera durante casi un mes, al menos me libré de ir a una jodida boda familiar, eso que gané. Al orden por el caos y vuelta a empezar.

Es curioso, pero todos aquellos chavales que fuimos, y mi hermano más que ninguno, ahora somos gente de orden, lo que no significa que vayamos a misa los domingos, que a eso aún no hemos llegado aunque quizá solo sea cuestión de tiempo, como todo lo demás, pero la mayoría están casados o emparejados de años, algunos tienen hijos, trabajos estables...pero el fin de semana hay que salir y tomarse algo con los amigos, puede que hasta meterse alguna loncha que otra, y cuando llega el verano y los jefes te dan las vacaciones siempre hay tiempo para hacer una escapada con la moto gorda, en pandilla, pero ahora ya sí con casco, y mono de los buenos, y maletines donde no falte nada de lo necesario. Sí, seguro que es más seguro, pero también es seguro que no se divertirán como antes: se pasa de ser más feliz que una lombriz en el estómago de un burgerkingfílico con cuatro birras, un par de canutos y una vespino del diablo a ser un poco menos triste que los tigres del trabalenguas con un viaje programado en compañía de tu pareja por Centroeuropa. O quizá no, pero lo parece. Que te diviertas no quiere decir que seas feliz, después de todo quien busca diversión, quien ya no se la encuentra, es porque no lo es. Sí, mejor pensado sí los veo mejor que antes.

Hace cosa de un par de meses, un viernes que estaba a punto de cerrar, apareció uno de ellos, solo, no recuerdo si me dijo que había discutido con su chica o que estaba de viaje o lo que fuera, en fin, no importa, el caso era que estaba allí, un poco tocado, y me preguntó si daba tiempo a tomarse la última. Le dije que sí, claro, a fin de cuentas solo tenía la compañía de un cansino que es de los tíos más asesinables que he conocido en toda mi puñetera vida y cualquiera que no fuera un broncas era bien recibido, todavía más este, que era el único que de verdad me caía bien de todos aquellos que hace más de veinte años quemaban el asfalto del pueblo y la tierra de los caminos.

Y salió el tema de la política...

Como con todo, cada uno es de su padre y de su madre, pero quienes te moldean son los años que si no esto sería tan divertido como jugar a las tres en raya, así que me sorprendió un tanto, bastante, la cultura y el conocimiento que tenía de lo que hablaba el que yo creía otro motero con menos luces que Orcasitas, más aún cuando el subnormal del otro empezó a darnos una conferencia sobre la situación de América Latina, pues no por nada a él lo había engatillado una hija del antiguo Imperio durante el tiempo suficiente para pillar los papeles y traerse a toda su prole para la Puta Patria, estaba claro que conocía aquello lo mismo que yo: lo que dicen los periódicos. Nada. Y es que no por haber estado un mes en algún sitio sabes mucho más que quien no lo haya hecho: sin el tiempo suficiente, sin la cabeza suficiente, ya puedes estar donde sea que no te enterarás de nada.

Mi amigo le paró los pies y le dijo (nos dijo, que yo tampoco lo sabía) a lo que se dedicaba: era representante de una gran empresa y solía viajar a menudo por allí, de negocios, y de tal forma habló, tan razonadamente nos explicó como funciona de verdad el asunto por aquellas tierras, que al otro no le quedó más remedio que hacer lo mismo que yo estaba haciendo desde un principio: escuchar.

Y yo me quedé tan sorprendido como avergonzado por haber esperado nada de alguien que sabía mucho más que yo de algo que jamás lo hubiera pensado.

Ser motero no significa ser gilipollas, es solo que le gusta el ruido. Un rato.

No como otros que no pueden dejar de ser lo que son aunque le gusten las motos tan poco como a mi:

Un lorito real al que una negra zumbona se la metió doblada.

Al menos no me equivoqué cuando hace tanto tiempo pensé que era el mejor tío de todos aquellos que querían ser moteros.

Del orden al caos. Y del caos al orden.

¡Ay, Señor, que al final acabaremos dándonos la paz en cualquier iglesia del pueblo!

Qué vida esta...

2 comentarios:

  1. Es lo grande de la vida, siempre hay algo o alguien que te sorprende.

    Me acuerdo en mi epoca de revisor de bares (esto es, con los amigos poniendonos finos), en un bar donde teníamos mucha confianza con el camarero (Carlos, un gran tipo con mala suerte y tal vez demasiada tristeza encima). Alguna vez habíamos visto a otro parroquiano habitual, de los que apuraban la hora de cierre y el tipo nunca me pareció una lumbrera.

    Eso, hasta que un día justo quedábamos 4 en el bar, y nos pusimos a hablar cubata en mano (en esa época le daba al ron negrita con cola). Fue uno de esos momentos en los que abres los ojos más cuando el otro te cuenta experiencias, conocimientos y tal. Cosas que por prejuicios o por mi propia estupidez nunca le habría supuesto a ese tipo. Me sorprendio ciertamente, y para bien además, albricias.

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    1. "Revisor de bares"...joder, Ogro.

      Uno nunca sabe donde va a saltar la liebre, aunque sí que hay más posibilidades en la tierra que en el mar. Hasta ahí. A no ser que lleve un equipo de submarinista, que bien podrá ser cuando la Evolución siga su curso otros 500 millones de años. Pero vivamos en nuestro tiempo, que bastante tenemos con él.

      Un saludo, amigo.

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