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martes, 18 de septiembre de 2012

Y ESTE SIN FUMAR




Es como si la última luz del sol se lo llevara todo, como si las mismas nubes fueran tras él, temerosas de la oscuridad y el frío de la noche, donde cualquier cosa puede ser cualquier cosa. El mal no tiene forma, pero sí mucho fondo.

Pasan los días y los años, seguirán pasando siglos y milenios, pero siempre que alguien contemple el ocaso del sol se hará las mismas preguntas: "¿amanecerá mañana? ¿volverá otra vez?". Que uno no hace tal cosa sin una buena razón para hacerlo.

Deben de haber pocas cosas más trágicas que estar viendo como te abandonan los últimos rayos del sol.

Mira como se van las nubes, están tan lejos que parece como si se arrastraran: todo va despacio a la distancia adecuada.

Debes tener perspectiva, alejarte para darte cuenta. No será su verdadera naturaleza, ¿pero a quién le importa cuando es la única manera de hacerlo sin caminar por el alambre? Aunque tuvieras la Verdad frente a tus narices no la comprenderías por el temor a caer. Es mejor observarla a lo lejos, casi sin que se dé cuenta, como si no existieras, sin molestarla, alguna razón importante ha de tener para esconderse tanto.

¿Por qué todo lo grande está quieto o se mueve despacio? ¿qué más da que algo viaje a la mitad de la velocidad de la luz si nadie puede verlo? y si puede no entenderá nada.

Ninguna verdad viaja deprisa. O, al menos, no debe aparentarlo.

Todo se está yendo, pero volverá, como olas que vienen y van, sin origen ni destino conocido, ¿pero tú qué sabes?, tal vez vengan de donde tienen que venir y vayan a donde tienen que ir, como esta música del Preludio, siempre estuvo ahí, hasta que llegó Wagner y la descubrió para los demás.

¿Cuanta música por componer? ¿cuantos libros por escribir?

Todo estará por hacer mientras tengamos que vivir en la noche.

Se va, se va...apenas queda nada por aquí abajo, ya solo alumbra lánguidamente el cielo, ¿donde se fue tu azul? Siempre, todo, se va, y siempre, todo, regresa.

Ya casi ni veo, apenas logro diferenciar lo que voy escribiendo, pero mi mano tiene buena memoria, incluso más que la cabeza: hace todo lo que puede hacer, no como otras, cobardes y traidoras.

Solo queda pasarlo a limpio, a la máquina para que otros lo lean, sino...¿para qué?

Uno no escribe para sí mismo, o solo para sí mismo, uno escribe más para los demás, o pensando en los demás, para verse en los demás, después de todo...si estás solo estás muerto. Y si te sientes solo estás lo siguiente.

Ya se va todo...se acabó el día...llega la noche...me voy a la calle...


Lo vuelvo a colgar. Ya es otra buena noche para hacerlo:

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