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jueves, 30 de mayo de 2013

NÚMELO OCHO...BUUURRRP




Uno no puede irse a la cama inmediatamente después de escuchar dos veces seguidas el Preludio y Lieberstod de Tristán e Isolda, por no hablar de la coda en forma de vídeo del segundo tema en la voz de Birgit Nilsson: no creo que exista una versión mejor. Eché la lágrima y me fui a acostar, todavía podía verse la luz del sol. Abrí el tomo del profesor Tragacanto y no tardé cinco minutos en cerrarlo, lo habré leído más de diez veces. Y no es que me guste mucho, sino que no me disgusta nada.

Pero anoche tuve que levantarme a fumar un cigarrillo, llevaba unas cuantas sin hacerlo, no sé...alguna hay que cierro los ojos sin apenas creer que se haya ido todo un día. Después los abro, veo la oscuridad y vuelvo a cerrarlos antes de echar números de todos los que he gastado así, sin darme cuenta. Es de locos abrir los ojos cuando estás a oscuras y solo en la cama.

Realmente no tenía ningún motivo especial para buscar esa música, había sido un día como cualquier otro, solamente se trataba de hacer algo de tiempo hasta que llegara su noche, que si no es bueno vivir en ella tampoco debe serlo dormir antes que desaparezca la luz del sol, está yéndome bien desde que mis horas son las suyas, poco más o menos, aunque bien, lo que se dice bien...a ratos. Y siempre cuando las paso a mi manera. Pero recordé que la semana pasada se cumplió el bicentenario del nacimiento de Wagner, y también me acordé que esa mañana me perdí Todas las mañanas del mundo, sólo oí el resumen final, lo suficiente para enterarme de la efeméride y del especial que le habían dedicado. Pinché el podcast, me tumbé en el sofá y escuché su música mientras veía como la pared iba dejando de ser blanca.

No esperé hasta el final, salí después que llegaran al Tristán del principio y entré en Youtube, lo busqué y encontré uno dirigido por Karajan. Y he de decir que algo tienen todas las aguas que fueron bendecidas. Casi siempre.

Y también digo que no conozco música más fuera de nuestro tiempo que la de este hombre.

Me dormí un poco más tarde de lo que va siendo habitual y desperté un poco antes, incluso que el sol, que ya le queda menos para su gran día, aunque más es nuestro que suyo, claro, ya me dirás tú si le importa un huevo a él, como si no fuera suficiente con mantener flotando a su alrededor a toda su tropa, pero somos como fuimos, y si la Tierra ahora no es el centro de todo no es cosa que cambie mucho nada que nos importe demasiado: quien mide, manda.

Universo infinito y nosotros ná más que midiendo y pesando. O alguien miente o está equivocado.

Hay despertares en los que enseguida caes que no van a ir derechos, como si tus días se cocinaran en el sueño y se sirvieran durante la vigilia. Creo que eran los samuráis quienes vivían para dormir bien. Y lo primero que hacían al despertar era meditar sobre su muerte.

Bueno, yo encendí un cigarrillo y miré el ordenador. No es la mejor forma de empezar el nuevo día, pero alguno hay en el que basta cualquier cosa para hacer lo que no tienes que hacer, como por ejemplo...no me acuerdo.

Y todo ha transcurrido bajo la primera impresión, que si en ocasiones falla, otras acierta, y en fin, todo es impresionante, tan impresionante que se te quitan las ganas de compartir impresiones, que no por mil veces sentidas dejan de serlo, al contrario, que nada es si no se repite, cuanto más mejor, una y otra vez, lo suficiente para tener forma y fondo. Al menos para mis ojos.

A dormir, que hoy ya está tó visto.

lunes, 27 de mayo de 2013

EL HORROR ESTÁ EN EL VIENTO




"¿Pero qué cojones estás haciendo?" me dije al darme cuenta que no había hecho otra cosa durante la última hora, la que llevaba andando de la mañana dominical. Intenté fijarme un poco en la canción, Since I´ve been loving you, una de mis favoritas, pero ni por esas. La fantasía que me sorbía el seso tardó 0´2 en darle un pescozón, ni el arrebatador punteo de Jimmy ni los desgarradores alaridos finales de Robert pudieron con ella.

"Y si entonces él me dice esto yo le respondo así...o no, mejor así, tranquilo...Y si busca el apoyo de sus palmeros yo pasando de ellos, mirándole a él, nada más que a él, sí...esa el clave...sí...Y hablando con calma, socráticamente...por mucho que se crea es otro majagranzas, sí...Sí...MAJAGRANZAS...¿qué me has dicho?, majagranzas...Seguro que no sabe lo que significa, jajaja...ya estoy viéndole con las venas hinchadas, la mirada asesina, con deseo de saltarse la barra, pero es tan viejo a pesar de cuidarse tanto...¿Y si lo intenta?, ¿le dejo hacer o le estampo una botella en la cabeza?...casi mejor dejarle, que viniera la policía, meterle un buen puro, sacarle las perras, tiene demasiadas...¡Oh, síiii...!...Responder a sus previsibles insultos describiendo su cara, tienes la boca demasiado grande para ser una buena persona...Y esa nariz...como de buitre, que más parece estar para olerse que para oler...Qué bueno, sí..."

Todo por seis euros y una pastilla de la alergia.

El viernes me hizo un simpa, no le di mucha importancia, más bien ninguna, se los cobraré cuando venga dentro de dos meses, que esa es su frecuencia desde que estoy yo por las mañanas

- "¿Qué te debo?" dirá con displicencia
- "Tanto, más seis euros de la última vez que viniste"

Supongo que hará algún comentario chorra, responderé con cara de tonterías las justas y si terquea...Me saltaré la barra y le arrancaré el corazón. Sólo soy socrático cuando estoy drogado. Sócrates fue un mal decadente desde el momento en que prefirió la plaza de cualquiera a la casa de su mujer.

Y mal decaído estuve todo el día, malditas pastillas, ¡como las odio!...Es para replantearse si conviene dejar de estornudar para estar poco menos que lobotomizado. Sí, vivir estornudando es un infierno, pero hacerlo como si estuvieras muerto es una estupidez. Nuestra medicina tiene más de carnicería que de sanadora.

De ella estuve hablando en la soledad de la incipiente tarde con una extraña pareja, gente que nunca pude soportar pero que ahora no evito cuando vienen a nuestro bar, me recuerdan a la pareja de viejos de La semilla del diablo, aunque con un par de décadas menos. Es curioso...¿me habrán hechizado?

Fumé de sus cigarrillos apoyado en una mesa de la terraza, ellos estaban sentados junto a la fachada, resguardados por el toldo de la intermitente lluvia, esa que de vez de en cuando caía sobre mi cabeza, "está poniéndose feo" dije, "sí -contestaron-, viene tormenta" Pero sólo llegó cuando se fueron. Antes me regalaron unos cuantos consejos naturales. Como le dijo él a ella: "¿Como era eso...más sabe el cura por...?", "Más sabe el diablo por viejo que por diablo"

Él mira como si nada deseara más que verlo otra vez y ella como si nada deseara más que hacerlo otra vez.

Vino la tormenta y salí a verla con el ciego fumador, aunque no tardó en sumarse un elemento indeseable, un chico joven con semblante de vicioso que acompañaba a una parejita de pijos tontos. No me gustan un pelo quienes hablan de una cosa y miran de otra.

Poco duró el granizo, algo más la lluvia, a ratos fuerte y otros débil, como a arreones, como los cobardes.

Llegó un tipo bestial, embrutecido, uno que no ha aprendido nada, y lo hizo junto a su mujer y su insoportable hijita, un ser demoníaco por maleducada, y durante una hora tuve que tragarme a estos y a aquellos. Tu tiempo no es el del reloj. El buen tiempo no necesita relojes.

Todos se fueron y otros vinieron que casi los hicieron mejores; dos pre-jubilados de edad medio borrachos, domingueros, gente de dinero, dinerillo, el uno me entró malamente, quizá no fuera para tanto, pero ganas tuve de saltarme la barra y arrancarle el corazón, no se dio cuenta, yo tampoco mucho más, pasó al water y salió bastante más tarde de lo necesario, el otro permanecía callado, mirando a cualquier parte que no tuviera ojos, como pensando en lo que iba a seguir contándole a su amigo, siempre está con lo mismo, con el amor, dice estar enamorado de una petarda que no me valdría ni para una noche de resaca, una cuarentona sin sustancia alguna, "...pero sigo queriendo a mi mujer..."

¡Pero qué ridículos son todos estos que viven como si la vida fuera una serie de Telecinco!

He amanecido siguiendo uno de aquellos consejos naturales, uno que ya utilicé durante algún tiempo, ya sólo me fío de lo que me fié, pero la cosa alérgica estaba en todo su esplendor, otra pastilla...Es el puto viento quien remueve toda la mierda del mundo: dos meses he estado tan campante, paseando entre el veneno, y no he necesitado nada. Pero es llegar él y soliviantar todo lo que tiene que seguir dormido. Al menos para mi. ¿Qué importa lo demás si sólo quieres estar tumbado?

Una carta certificada del ayuntamiento estaba esperándome en Correos, y mientras iba para allá he pensado en continuar dándole plantón, seguro que no era ningún premio, pero no he tenido tiempo para decidirme cuando ya estaba dentro, detrás de una tía que parecía la gallina Caponata y que de vez en cuando se volvía para ver si estaba mirándole el culo, algo que finalmente he hecho a la cuarta o quinta vez, era una pena de culo, enseguida le ha tocado.

Mientras esperaba me he dado cuenta de quienes recogían la correspondencia en sus apartados de correos, sobretodo de un viejo que debe ser un Rey Mago, le he visto partir sonriente y estaba a punto de pensar algo cuando me han llamado.

La vieja gafillera del culo gordo se ha pasado de lista, siempre que me ve es por lo mismo, y casi me han dado ganas de saltarme el mostrador y arrancarle el corazón, pero por no verla menear su asqueroso culo en busca de la mala nueva he mirado hacia uno que estaba sentado pasando cartas y mierdas de esas por un lector de esos, uno de los que certifican que sí, que es bueno, que lleva el número de la bestia, estaba como ordenándolas o lo que sea para lo que ha opositado.

No tendrá ni treinta años y ya tiene cara de haberlos pasado todos sentado sobre esa silla, sin moverse ni para afeitarse ni peinarse, ya no digo pelarse. A su lado Robert Smith es El Fary...¡Ay, Dios! ¿pero como puede uno presentarse en el trabajo como si lo hiciera ante el espejo de su cuarto de baño?

Me han dado ganas de decirle algo, me he quitado hasta los auriculares para verlo mejor, pero enseguida ha vuelto la otra, "firma aquí, tu nombre ahí, tu DNI...", "ya, ya..." Y pensar la ilusión que me hizo al ser fichado de niño...La vida está del revés.    

Como yo, que me tienen medio gilipollas para que no estornude.

Maldito viento.

Y lo peor es que no tiene corazón que arrancar.

Con lo a gusto que debe quedarse uno...

viernes, 24 de mayo de 2013

THE VERY BEST...




Lo peor que puede pasarle a quien ha vivido como la Iglesia manda es llegar a la prórroga convencido de que ha sido gracias a un milagro.

No sé si son del Opus, o de los Kikos, o de los Legionarios, o de quien sean, pero de otros son, fijo. Y sabiendo su edad me decanto por los primeros.

Siempre fueron igual de raros, de suyos, que se dice por aquí, aunque una cosa es ir a tu aire y otra estar seguro que no hay otro como el tuyo.

Creo que son dos sus hijos; creo no, son, que estudiaron conmigo en los curas...Bueno, sólo él y con mi hermano, que entonces la cosa estaba segregada: las monjas por su lao y los monjes por los demás. Aunque recuerdo haber jugado una vez al Saboteur en su casa. Una, que no hubo más visitas sorpresa. Después de todo no era más que el hijo de su camarero, "industrial" ponía mi padre en la hoja donde cada año renovábamos la plaza escolar, cosa que no me gustaba, creo que alguna vez le pregunté el porqué no ponía camarero, no sé si hubo respuesta...Un pequeño pecadillo venial. Y en puridad muy puridada lo era: teníamos a Manolo. Pero mi viejo, como mi abuelo, siempre ha creído en Dios a pesar de no haber pisado más que por obligación la que llaman su casa. Y eran tan diferentes como el día y la noche. Como lo soy yo de mi padre.

Son de la misma quinta, se conocen desde siempre, casi en plan Overlook, como se conoce en los pueblos, y tal vez sea por eso que de tanto verse, de tanto no perderse de vista, hasta la presunta amistad tiene un aire malsano, como de caserón que ya más desea dejar de soportar durante un rato a algunos de sus inquilinos que recibir a otros nuevos: siempre será menos malo lo mismo que lo extraño. Cosas de la tierra de don Quijote...y Sancho Panza.

Aquí todavía se cree mucho en Dios, no tanto en la Iglesia y en sus diferentes guijarros, aunque menos en estos: aquí todavía no se cree mucho en quienes quieren pasarse de rosca. Pero se soportan porque son del agrado del amo de la botella. Cosas de verla casi vacía.

Hará unos cinco o siete años, ¿o diez?, (no lo sé con seguridad, que desde que cumplí los veinte todo ha pasado como si no) que el hombre de la pareja sufrió una enfermedad de esas que arramblan con el 80 % de quienes caen en ella, y digo ochenta por no decir noventa, o noventa y cinco, que no me acuerdo de otro que se haya escapado, y si fue así era porque tenía la mitad de años y se la pillaron a tiempo, y tal...La de gente que se me ha ido para siempre siendo mejores y mucho más jóvenes. Lorena no llegó a los treinta...

Este la superó con la ayuda del dinero y de Dios, y si antes te miraban como un periscopio desde entonces lo hacen como si fueran en helicóptero, como ese de aquella peli de Romero, la de los zombis, sí...

Pero hay que tomar tierra para repostar, que ni los cobetes llegan al cielo ni uno va a ser arrebatado antes de tiempo, todo está escrito menos lo que vas escribiendo, y entonces viene al bar y mea con la puerta abierta...

- "¿Te has fijado en que mea con la puerta abierta?"
- "Sí...le he visto alguna vez"

Supongo que vivir como la Iglesia manda es hacerlo sin cerrojos. Imagino que nunca los habrá habido en su casa, esa en la que estuve una vez cuando era niño y tuve la sensación de sobrar: perdí la partida y me fui a la mía.

La misma que no tuvo más cerrojo que el del water hasta que nuestros viejos pusieron uno en su habitación cuando ya teníamos la edad suficiente como para pillarlos de marrón. Y fue con sentido, pues vinieron dos más. Poco después, todos creciendo, sólo faltó ponerle uno a la nevera. Y cuando los dos mayores nos bajamos a la planta baja...aquello fue Fort Knox.

Bueno, la vida no deja de ser un chiste, y los dos hijos de este santo varón no dejan de serlo de este perro mundo, y sé de más de uno que se folló a la niña de sus ojos y me dijo que era más puta que la Gran Puta, y ahora está casada con un lamparillas con pinta de opusino, que nadie como padre, y el otro anda misioneando a una que mira como si la vida fuera un perpetuo Carnaval, y a mi lo disfraces como que no. Prefiero los cerrojos.

Los mismos que echaba al principio de estar en mi casa.

"¡Pero Kufisto...si estás solo!"
"Ahhh...síiii..."

Ahora sólo los pongo cuando estoy fuera. Como siempre.

Y al dormir, que si uno lo hace solo no sobra ninguna ayuda.

A pesar de los pesares...creo que siempre les he gustado.




MEJOR UNA VIDA TRANQUILA QUE NORMAL




- "Yo no podría estar con una pareja de derechas, de verdad os lo digo..."

Bueno, habría que verla si un George Clooney le tirara los tejos, que todos sentenciamos no sin saber de la misa la mitad, ni siquiera si tenemos el libro del derecho o del revés, a fin de cuentas sólo hay que repetir lo que otro dice para no ser expulsado, o murmurar si no lo entiendes, o callar, que uno callado más parece por exceso que por defecto si lo hace bien, pero llevar la contraria por ser incapaz...Como que no vale.

Es una mujer que está a punto de cerrarse las puertas de salida por voluntad propia, en el caso de que esto siga siendo posible en un mundo que huye del silencio como si fuera la muerte; está con un tío de su misma edad e ideología, pero él la lleva de otra manera, no parece darle tanta importancia, al menos no como para sacar el tema una madrugada de domingo, no son horas ni sitios, pero hay mujeres a las que esto no les importa: es como si permanentemente tuvieran que ajustar cuentas con el pasado que no pudo elegir, mejor si alguien las oye. Y por ajustárselas, sigue viviendo dentro de ellas.

Recuerdo que otra noche la oí hablar del tema sexual con la chica de la otra pareja, ellos estaban de fútbol y tal, acababan de conocerse, pero al fijarme más en el como que en lo que decía me di cuenta de que ahí había una cierta impostura, como si ella misma siguiera creyendo que no son temas para una señorita, como si los rescoldos de aquella educación y costumbres no hubieran sido totalmente limpiados por más lejías y detergentes que haya usado, que ya se sabe que siempre mienten, llevan décadas haciéndolo, "¡aún más blanco!", nada lo está la segunda vez. Y las bacterias sobreviven en el espacio exterior, ¡qué no harán con la lejía Conejo!

Por eso la clave de todo está en la educación que reciben quienes vienen detrás de nosotros. Y por esto los que quieren mandar sin la posibilidad de perderlo todo en el intento prefieren controlar esa parcela antes que tener ejército propio. Incluso que televisión.

A nosotros, los que nacimos cuando Franco se estaba muriendo, ya nos importó poco el tema político, así que ahora, viendo a los que vienen, ni os cuento. Y si alguna vez parece otra cosa es más por no quedarse fuera que por gusto de lo que hay dentro. Afuera están los padres, los enemigos naturales cuando la tuya está en el proceso de cocción a la forma que le dieron. Tiempo, proporción y temperatura. Siempre contesto a quienes me preguntan que para hacer un buen arroz sólo necesitas un reloj, matemáticas básicas y conocer el fuego donde vas a cocinarlo.

Si nuestra norma fue el pasotismo no significa que no hubiera excepciones, claro, pero tengo la sensación que más era porque no podían ser como todos queríamos ser, es decir, populares, de esos que con toda facilidad se llevaban a la chica más guapa que hubiera sin necesidad de haber leído nada, de seguir a un determinado grupo musical o de saber algo de cine del bueno. Para ellos, para los elegidos, eso era tan sencillo como casi nada para el resto. Uno se sale del camino principal porque no lleva el calzado adecuado. Eso es todo.

Pero hay quienes terminan creyendo que el nuevo es el bueno, al menos para ellos, y siendo así puede que también lo sea para los demás, que lo natural deja de serlo cuando el no puedo pasa a significar no es bueno.

A uno de estos, un amigo mío, un profesor, le descubrieron una rara enfermedad hace unos meses. No es que sea mortal, pero sí crónica. Y de las molestas; no tanto por el dolor sino por las precauciones a tomar para no sufrirlo: muchas horas en el hospital cada pocos días.

Al principio se lo tomó bastante bien, es un tío muy animoso, y no hay subidón comparable al sentir como se va el dolor, que llegó jodido a Urgencias, y si enseguida le comunicaron el motivo no lo hicieron de tal manera que le afectara demasiado, que las cosas malas hay que decirlas poco a poco, y las buenas casi que también. Crónico, pero controlable, vida normal...y todo lo demás.

En fin, que cada vez lo veo menos animoso y más preocupado, ni la mitad de la vida y ya con el freno de mano y una marcha metía. Y no es que haya sido un destroyer, al contrario, está muy concienciado de todo y casi que de todos, y lo más curioso es que llevaba un año sin fumar, ahora ha vuelto aunque no debe, pero le hace más bien que mal, como esas embarazadas a las que un buen doctor les dice que mejor se echen tres pitos diarios que estar al borde de la taquicardia.

No sé porqué salen esas cosas, ni puta idea...pero no puede ser bueno estar todo el tiempo intentando demostrar a todos que todo lo que sabían está equivocado. O casi.

Nietzsche probó de todo para curar su mal.

No supo dejarlo a tiempo, como tantos otros.

Hay señales en todos los caminos...

Pero a veces tu música suena tan bien que es como si estuvieran en arameo.


Muy bueno lo nuevo de Sabbath:



 



miércoles, 22 de mayo de 2013

EBASTEL. BIEN FORTE




Si mañana amaneciera un segundo sol en el cielo muchos creerían que el fin del mundo por fin habría llegado, que no son pocos quienes lo desean, más por ansia de venganza que ninguna otra cosa: con todo el miedo que le tienen a la muerte, no es tanto como el deseo de que nadie pueda ser feliz. Aquello que más les mata no es su fin, no, ni que siga existiendo la vida cuando ellos ya no estén...sino que, pese a todo, continúe siendo posible la felicidad. Aunque sólo sea a ratos.

Pero imaginad que tras el descontrol inicial la cosa se estabilizara, es decir, que no fuera a más, simplemente se trataría de otro sol, hay planetas que tienen tres, sólo sería cuestión de acostumbrarse, uno no puede luchar contra una estrella, hay que dejarla.

Pasado el suficiente tiempo (que lo hay de sobra) y las necesarias generaciones terminaría viéndose como algo normal, natural, algo a lo que ya estaría acostumbrado el hombre del año 5000, o lo que sea que llegue allí. Puede que incluso se le ocultara que una vez hubo un sólo sol, ¿para qué necesitaría saber eso? Sólo unos pocos quieren saber, la mayoría se conforma con repetir.

La tranquilidad nace de la costumbre. Por esto la Tradición pierde su importancia al perder las formas: si no la ves, es que ya no está. Es más, ¿estuvo alguna vez?

Si no se puede ver lo que ofreces, al menos vístelo bien. No hay que olvidar que más comemos por los ojos que por la boca.

Llevaba unos días un tanto preocupado, parecía como si esta primavera la alergia se hubiera olvidado de mi por primera vez desde que más o menos tengo uso razón, que uno ya tiene el suficiente pasado a cuestas como para mosquearse por cualquier cambio, aunque aparentemente sea para bien. Como dice el dicho, las gallinas que se van, por las que entran.

Por ejemplo, tengo un bulto detrás del lóbulo de mi oreja izquierda. Pues bien, hace tanto que está ahí (casi ni me acuerdo si no estuvo alguna vez) que me olería a cuerno si no lo encontrara una tarde de estas en las que salgo a la puerta del bar para quemar el enésimo cigarrillo mientras miro como lo nuevo está como siempre. Sólo cambia el fondo, pero yo sólo veo la forma.

No es nada, un abceso de grasa, eso fue lo que dijo mi médico (¿o era médica?) una tarde de hace muchos años en la que fui para cualquier otra cosa, "te lo pueden quitar, sí...pero si no te molesta, déjalo estar" Y lo dejé, aunque de otra en otra lo espachurro cuando empieza a supurar, pero siempre queda algo. No es malo, no me molesta, nunca he pensado ponerme pendientes y no se ve, ¿qué mas da? Pero hubo una chica que se dio cuenta, "¿me dejas que te lo explote?", la muy puta disfrutaba haciéndolo, sentada sobre mi espalda le clavaba las uñas, a pelo, "¡¡¡HALAAA!!!", casi podía verle la cara, los labios mordidos, los ojos apretados, era muy joven y tenía unas piernas que ya las hubiera querido como brazos el Tyson de sus buenos tiempos...qué tía. Pero jamás pudo dejarlo seco. Bien está mientras esté allí.

Sabéis que gusto de pasear por el campo, o más exactamente por sus aledaños, en la periferia de la ciudad, entre el cielo y el suelo, que dirían los Mecano, por siempre moñas: dentro cuando hay pocos y fuera cuando hay algunos.

El caso es que tanta agua ha caído durante estos meses de atrás que nuestra Mancha parece Asturias de tan verde como está, de verdad, nunca la había visto así, y sin haberlo hecho afirmo que es aún más hermosa que Murcia, por muchos especiales pro-caspa y para la casta que financien sus políticos...

No había llegado la primavera cuando ya empezaron con las advertencias, "este año será terrible para los alérgicos", pero yo seguí a mi marcha, me gusta hacerla sin ayuda de nadie hasta donde puedo, y aún así casi prefiero dejar de hacer que seguir haciendo. Casi.

Nacieron esas florecillas que nada valen porque sobran, esas que no necesitan ningún cuidado para ponerse a bailar a la luz del sol de la mañana, de la tarde y de la noche, que todo es sol, y eso que sólo hay uno, de momento, y yo iba paseando junto a ellas, mirándolas entre las malas hierbas que ningún daño me han hecho nunca, y pasaron los días y las semanas y empecé a oler el aroma de aquellas, que los fumadores también olemos lo que hay que oler, y no dejaba de maravillarme que pudiera hacerlo sin llorar, ni estornudar, ni dar a luz mocos, para que luego digan...

Todo ha cambiado esta mañana. Ha sido despertarme después de ¡9! horas de sueño (es lo que tiene la vida tranquila) cuando me he dado cuenta de que la primavera ha llegado para mi ahora que está empezando a recoger sus bártulos, o poniendo sus últimos, mejor, que nada que merezca alguna pena no lo es sino le sirve a quien viene después.

He cogido una pirula perdida antes de salir a caminar, "por si...", aunque ya estaba claro que no iba a haber tutía. Lo malo ha sido que no era una de las mías, sino de la vieja, una dexatavegil (por cierto, una de mis entradas más leídas, aunque más me temo por el título que por otra cosa), una pastillita diminuta, rosita, pero  conocí a alguno que se comió un cuartillo de ajo color de rosa y vio al diablo en el asiento de atrás, "...arrancakufisto..." me dijo mientras intentaba calmarle, "¿Qué?", "¡¡¡QUE ARRANQUES!!!¿¿¿NO LO VES AHÍ DETRÁS???"

Las mías son otras, pero a falta de pan buenas son tortas para embrutecerte.

En fin, que sí, que pá dentro a los tres minutos de estar fuera...

Viendo que iba a ser imposible hacer lo normal he decidido coger el coche y perder la poca mañana que me quedaba en ir al banco, al menos así me quitaba algo malo para cuando esté bien, he ingresado lo justo (¡¡¡NI UN DURO DE MÁS, AMIGOS, NI UN DURO DE MÁS!!! Al menos que sean ellos los que por una vez paguen a los ladrones que quieran quitarnos el calcetín bajo el colchón) y me he ido a casa.

Y un rato después, al bar.

No digo que haya estado como esa tarde de mi primavera que le di tres caladas a un chino de caballo, ya os lo conté, eso fue diferente, era como dormir despierto, demasiado bueno para ser verdad, y no me gusta la mentira, y no estoy seguro que aquella me guste mucho más, pero esto...esto ha sido dormirte vivo, que no es lo mismo.

Al menos sé que no me ha dejado, que ha vuelto y eso, que más voy queriéndolo de cualquier cosa que no, que sigan habiendo chamizos si ya no van a haber castillos.

Lo que no te mata te hace más fuerte...porque no te ha matado.

Así que re-bienvenida, pero mis armas de mañana serán más adecuadas.

Y seguro que sólo por el nombre con el que voy a bautizar esto serás más conocida, ya que no celebrada.

Aunque para mi sea de lo mejor.


Son buenos estos japos...


martes, 21 de mayo de 2013

NO SÉ SI HABRÁ OTRA VEZ PARA MI




A veces es mejor mostrar y callar.

Un poco de músicaaaa...:



Y ya está hecho.

lunes, 20 de mayo de 2013

LA LEY DE LOS FUERTES




Abrieron la primera justo enfrente de nuestro Gran Hotel, uno que lleva cerrado desde primeros de año, cubrieron con placas metálicas a puertas y ventanales en previsión de lo que pudiera pasar, aunque no tardaron ni cero coma en ser pintarrajeadas por nuestra chavalería, que ya hay que ser tonto para gastarse el dinero que le sableas a papa en esas cosas, y más aún si lo haces sobre una superficie ondulada, que ya me dirás tú qué coño puedes pintar sobre las olas, pero en fin, esto es lo que tenemos y estos serán los que paguen nuestras pensiones y todo eso.

La calle es una de las principales del pueblo, adyacente a nuestra Gran Vía, esa que ya casi tiene tantos locales vacíos como ocupados, aunque peor está la cosa en esta de la que os hablo: todo cerrado menos un bareto al que le quedan cuatro días y la frutería abierta por los moros.

No recuerdo que había antes de que llegaran ellos, a pesar de pasar por allí casi a diario. Si estoy dentro del pueblo sólo tengo oídos para mi música. Y piernas.

Pero una mañana crucé el paso ce cebra para no abandonar al sol y casi me cegó el resplandor de las naranjas perfectamente apiladas detrás del escaparate, me gusta el naranja, sería mi color de no existir el verde, pero lo mejor de todo es que estas venían con algunas de sus hojas, miel sobre hojuelas, que si no la he probado sé que quiere decir algo bueno, aunque bien pensando es un tanto estúpido tener por bueno algo que no conoces, así que no sé...mejor galletas María con Nocilla.

De tal manera llamaron mi atención que me quité hasta los auriculares, algo que sólo me pasa cuando lo hago por una tienda de animales donde los perritos apoyan sus patitas delanteras sobre el cristal mientras te miran como pidiéndote por favor que los saques de allí y los gatitos se entretienen con tiritas de papel si no están durmiendo, siempre me voy con una sonrisa. Tanto me gustaron aquellas naranjas que decidí entrar para llevarme unos cuantos kilos, y eso que todavía me quedaba casi media hora de trayecto, pero no fue esto lo que me echó para atrás sino ver que estaba lleno de marujas, es decir, seis o siete, que la tienda es poco más que una de esas soluciones habitacionales, y sólo de pensar en codearme con esas tías bestiales se me quitaron las ganas de naranjas, así que me fui para casa, pillé el coche y se las compré a los franceses. Al menos allí disfrutas de un cierto espacio vital y no tienes porqué hablar ni oír a nadie.

Un domingo, a eso de las ocho de la mañana, vi que tenían abierto y pasé, no había más que una vieja y el moro con bigotes.

- "Buenos días"
- "Buenos días, senior..."
- "¿Tienes alcachofas?"
- "Sí, mire, allí están"

Esquivé a la vieja que estaba toqueteando las manzanas a pelo, como si en alguna de ellas hubiera algo que no fuera manzana, algo como no sé, ¿un vale por cincuenta años menos?, me puse un guante de plástico y escogí unas cuantas, el moro me cobró cuatro perras y se despidió de mi con una gran sonrisa y un que tenga un buen día, senior...

He vuelto alguna otra vez, cambian de moro, el producto está bien y los precios no sé, que yo no me fijo en eso cuando compro, mis gustos son sencillos, pero se ve que deben ser bajos, no hay género pasado para colocar a algún despistado, como en una de esas detodalavida, una del terreno, donde me la metieron todo lo que pudieron y más la primera y última vez que fui.

Hará cosa de un mes que cerró una tienda de muebles que había en mi calle, el dueño o encargado era uno de mi edad, un caraflán con el que sólo he cruzado un hola, ¿qué vas a tomar? un día que se pasó por nuestro negocio poco antes de cerrar el suyo, me quedé a cuadros, ya casi estaba convencido de que nos iríamos a nuestras respectivas tumbas sin habernos dirigido la palabra a pesar de vernos centenares de veces.

Y no hace una semana que vi pegada una cartulina verde en el escaparate de su ex-tienda: Próxima inauguración de Frutería. Miré dentro y vi a unos cuantos moros yendo de acá para alá.

La han abierto hoy, me he dado cuenta al regresar a casa después de un corto paseo a causa de mi mala cabeza, ni siquiera he tenido tiempo para echar las primitivas, todavía no eran las diez, y a muchos españoles les gusta abrir tarde y cerrar pronto, décadas de sopa boba dejan su sello, aunque ahora que recuerdo...sí, han adelantado su horario a las nueve y media, que el asunto va estando jodido hasta para los castillos en el aire, el Deporte Nacional.

He comido por lo que no cené anoche y después me he dedicado durante una hora a enviar por el Wasap fotos cachondas, no han tenido demasiado eco, hoy es lunes, que se jodan. Y finalmente el cocido ha conseguido despertar a mi sueño, no sin que ofreciera una cierta resistencia el gilipollas que que se jugó todos sus ahorros (2600 neuros) a que el Madrí sería campeón de Copa: en tres días ha recibido más visitas que yo en tres años.

Hacía feo cuando he vuelto a abrir los ojos con el último sueño extraño dentro de mi cabeza. Se ha puesto a llover y poco después a granizar, me he levantado del sofá para mirar por la ventana, el gato también, y he visto como un grupo de niños del colegio de enfrente estaban haciendo lo mismo que yo, que no todos los días se ven caer piedras del cielo. Aunque su existencia sea menor que la de un mosquito. Al menos en esa forma.

Como el móvil estaba quedándose sin batería y sólo puedo recargarlo en el ordenador he decidido leer algo en papel, el día no parecía dar para más, y he cogido uno de Baroja, "La lucha por la vida", dos páginas después he añorado el último hilo de Burbuja que estaba leyendo, uno que pedía ayuda para defenderse de los gitanos. Y ya no sabía si comer otra vez o qué.

Finalmente ha llegado la hora necesaria y me he ido a hacer unos mandaos. Ya no llovía y se empezaba a ver el sol, que ciertas cosas en ciertos días es mejor verlas que sentirlas.

He tenido suerte de encontrarme la farmacia abierta, pues esta es de las que nunca estás seguro, estaba el mismo tío triste de siempre, pero esta vez acompañado por su mujer, una reciente cincuentona que las veces que la he encontrado me mira como si quisiera algo, aunque bien puede ser que sean cosas mías, no sé, el caso es que le voy a tirar los trastos como llegue a verla sola, cosa que me extraña bastante. Ha vuelto a pasarse adentro y su marido me ha servido el bicarbonato: casi cinco euros. Los franceses te lo venden a uno y medio.

Una vez validada mi mala suerte he continuado el camino hasta la tienda de golosinas, una que regenta uno de los tipos más estiraos que he conocido en mi vida, pero también vende pan, y como hoy tengo hambre me hace falta algo más que las tostadas integrales, estoy dejándolo, tanto pan embrutece el entendimiento. Solía comprárselo, lo suficiente como para que se animara a visitar nuestro bar una vez cada dos o tres meses para tomarse un cortao, "¿te queda pan?", "no", "vale, adiós" Y he tenido la sensación del que sufre una pequeña venganza. Quizá estuviera abierta esa panadería que atiende una vieja y su cuarentón hijo, ese que parece fantasear con cuerdas y cuchillos, pero no. Ya no son horas para según quién. O quienes.

"¿Venderán pan los moros?" al menos la otra sí lo hace, de muchas clases, ¡hasta se ponen un guante de plástico para cogerlo!

La puerta estaba abierta pero no lo parecía del todo, era como si aún estuvieran dando los últimos retoques que haya que darle a una frutería. Un moro con bigotes estaba justo a la entrada con una bolsa, su empañolada mujer y su hijo, uno pequeño, he asomado la cabeza y he preguntado por lo mío, olía más que a cuquillo, el moro comprador que se iba me ha mirado como miran los moros a los hijos de los vaticanistasegundos, pero el vendedor no, ha sacado la mejor de sus sonrisas americanas y me ha dicho que sí, el otro se ha despedido a lo moro y este le ha respondido algo parecido mientras me alcanzaba el pan.

- "¿Cuanto es?"
- "Treinta y cinco céntimos, senior..."
- "¿Treinta y cinco?"
- "Sí, senior, aquí todo más barato"
- "Vale, gracias"
- "Hasta luego, senior"
- "Hasta luego"

Y después de dejar el material en casa he salido a andar un rato. La tarde estaba limpiándose de las nubes de la mañana.

Iba paseando cerca de la salvaje maleza que rodea al ambulatorio cuando me he acordado de los chinos de Marqués de Vadillo, de algunos de ellos, unos que en dos semanas le dieron la vuelta como a un calcetín a un enorme local que estaba a la entrada de ese barrio ¿madrileño?, fue digno de ver, hubo un domingo que regresábamos medio pedos a las once de la noche y ahí estaba un ejército de chinos trabajando, arriba y abajo, adentro y afuera, sin hablar, sólo se escuchaban las cosas que manipulaban, increíble, parecían de otro planeta, o al menos de otro género diferente al nuestro, aunque ni son extraterrestres ni dejan de ser humanos: sólo son de otro manera. También me he acordado del rumanoide que lleva el único 24 horas que merece tal nombre, los otros no llegan ni a doce, está junto a uno de los peores tugurios, me acuerdo que una noche de diario estábamos allí pedos perdidos, ya eran las cuatro o las cinco, la hez de la hez, y nos dio el hambre negra y fuimos a su tienda a comprarle pizzas y demás basura congelada, le dijimos que se viniera con nosotros pero pasó y siguió allí, en su sitio, esperando...Por no hablar de aquella madrugada de domingo navideño que nos quedamos sin hielo y fui a comprárselo viendo que el de la leyenda local ya había cerrado, "verás como el del rumano está abierto" me dije. Efectivamente: y a la mitad de precio. Y me ayudó a cargar los sacos en el coche.

Y viendo todas esas hierbas que dicen malas he pensado que lo serán, pero también que son mucho más fuertes que las otras: sólo las detiene el cemento. Y apenas necesitan más que caer donde sea y que llueva un poco.

He estado a punto de pisar un caracol, hacía años que no veía uno vivo, estaba arrastrándose por las baldosas en dirección a su Amazonas, puede que el temporal de la media tarde lo hubiera expulsado, pero ya se había ido y él se afanaba por regresar, cosa complicada a ese ritmo y en ese sitio...Lo he cogido no sin cierto asco y con cuidado lo he lanzado donde supongo que quería estar.

Y lo primero que me ha venido a la cabeza después de sacudirme las manos ha sido si no lo fuera mejor haberlo depositado con cuidado. Como si alguien que vive con la casa a cuestas esté en las tontás de quienes han dormido calentitos desde que nacieron.

Casi como sus padres.

Aunque no como sus abuelos.


jueves, 16 de mayo de 2013

TENÉIS UN PROBLEMA




Un tío mío, un hombre que amaba el dinero casi por encima de todas las cosas, tenía una curiosa fobia: no soportaba el jazz.

Y no es que nuestro bar de entonces fuera musical, nada de eso, allí sólo se ponía al ínclito Luis del Olmo hasta que llegaba la hora del telediario. Sí, ya sé que su programa acababa antes, pero a continuación empezaba la desconexión local, las noticias del pueblo y todo eso, y no es que nadie las oyera, pero un bar debe tener ruido de fondo, que tan raro es pasar a uno que esté en silencio como hacerlo a una iglesia y escuchar a Siniestro Total. No, los bares están para darle caña a tus sentidos, para que estén ocupados y te dejen tranquilo, es decir, para olvidarte del nirvana, que eso suena a chino y los chinos, chinos son.

Durante el verano la cosa cambiaba un poco, sobretodo los días fuertes, esos en los que el constante abrir y cerrar del cajón de la registradora atemperaba el quitaeso de rigor, aunque casi nunca les hacíamos caso, tal vez lo bajáramos un poquito, los Maiden y tal al principio y después los U2, estos les disgustaban menos, aunque creo que el resultado habría sido el mismo si nos hubiera dado por Tomás Luis de Victoria: el jevi no se hizo para tus padres. Con todo, nunca olvidaré una mañana de feria que se nos fue de madre, aquello parecía como si el personal hubiera oído la primera trompeta del Apocalipsis, ¡madre mía...!

Ya eran las cuatro y pico de la tarde y el bar seguía de bote en bote, era para ver la cara de mi tío, pálido, sudando, creo que fue la primera vez que le vi hacerlo. Estaba fumándose un pito junto a la puerta de la cocina, recuperando el resuello, cuando uno de nosotros puso el Hey Boy, Hey Girl, a toda hostia, que ya habíamos trucao el radiocedé...

Y aquello se convirtió en un pandemonium.

Creo que también fue la primera vez que le vi bailar. Y despachando copas, pá que luego digan las feminazis...

Pero una calurosa noche, sin saber como ni porqué y ya pasado el rato de jaleíllo, empezó a sonar jazz, y en una de mis llegadas para hacerme el auto-servicio de la terraza me dijo que por favor quitara aquello, estaba sentado en un taburete, una mano en el riñón derecho y la otra sosteniendo un cigarrillo, parece como si lo estuviera viendo, es así como lo recuerdo...

- "¿Y eso?"
- "¡Quítalo!...no soporto esa música"

Yo empecé a escuchar jazz casi al mismo tiempo que a los Zeppelin, esto es, hace cuatro años, cuando estuve hundido por aquello. Pero eran cosas de Billie Holiday, mayormente, me gustaba esa voz tan frágil, tan auténtica, tan dolorida, no sé...Canta como si lo hiciera a solas en la cama. Y con las persianas bajadas.

Una vez que fui regresando a mis cuatro cabales los estiré un poco más, lo suficiente para llegar al jazz puro, al clásico, al instrumental, música difícil de tararear, es más para dejarte llevar, aunque suene tan manido como declaración de futbolista, pero es que es así: tú estás ahí y no le haces mucho caso. Pero tampoco la quitas.

Duró hasta que me puse bien. Y desde entonces sólo la pongo en el bar a la hora del café, ¡pero la de sermones que me tragué del Cifu...!

Esta tarde no ha sido la excepción, que desde que vimos la luz con Spotify, versión pagana, se acabaron muchos de nuestros problemas, y como de costumbre estaba en modo Radio, sección jazz, cosa que no les ha importado demasiado a la cuadrilla de bastorros que me han salvado (¡y bien!) la tarde, ellos andaban de reconciliación y tal, son de otro pueblo, uno con tanta corteza como pueda tenerla el árbol que más la tenga, pero la cosa estaba controlada porque entre ellos estaba el jefe, mi cliente, uno que sabe estar en cualquier sitio que merezca la pena estar, tiene una buena historia...

En fin, que les he dejado a su marcha y me he ido con el ordenador, sección Intenné, que eso es el mayor invento desde que el primer mono necesitó de unas gafas, y yendo de acá para allá he dado en caer sobre un diamante que han vendido por 20 millones de euros, "el diamante perfecto", y una vez que he spameado la noticia la he leído, y lo he visto, y era tan jodidamente hermoso que sólo de imaginarlo entre mis manos se me ha puesto morcillona, de verdad, es para verlo, y me importa un cojón el dinero, y tal...Pero si yo hubiera tenido ayer 21 millones de euros no estaría hoy escribiendo esto.

Me he ido a otro lao y un rato después he vuelto, quería verlo otra vez, y no ha sido ninguna mi sorpresa al leer los comentarios siguientes al mío, no por nada es un periódico concienciado, que ya me dirás tú, y ni te cuento sus conciencios, hoy estaban de fiesta porque han salvado a una perra en no sé donde, creo que en la China, siempre la China, y cuando digo perra me refiero a su primera acepción, nadie se equivoque...Así que en vista del festival de insultos al capitalismo que hace de una piedra lo más perfecto he escrito otro en el que decía no extrañarme porque haya alguien capaz de todo para conseguir algo así, que si a mi el capitalismo me suda el nabo más que a ellos no por eso tengo que renegar de lo bello, y después de poner mi segundo huevo me he vuelto a ir, y según donde lo dejes poco tarda en recibir la visita de los comegüevos, y este ha sido uno que ha dejado una nota que decía:

- "La simetría es la belleza de los tontos (Pablo Picasso)"
- "Y lo asimétrico es del gusto de lo monstruoso (Yo)" he dejado como respuesta.

Poco después se han pasado para adentro mis azacanes de hoy, salvado sea el dicho, hacía fresquito y ni ellos son como sus padres, que la raza degenera, como dice Pepe Isbert, y ha sido que la última incorporación ha tardado 0´2 en pedirme por favor que quitara esa música, que pusiera cualquier otra, que le ponía nervioso...

Bueno, no era Miles Davis en su etapa "ida de olla", a mi también me pone igual, aunque hasta entonces lo hizo bastante bien, pero he aceptado su ruego con una sonrisa y he pinchado una carpeta de los setenta que empieza con el Maggie May de Rod Stewart, tampoco le han hecho mucho caso, ¿pero quien se lo hace a algo cuando estás bebiendo y no hay mujeres por medio? 

Y que viva Dalí.

Coño.


miércoles, 15 de mayo de 2013

LA HAMMER EN EL BAR




Las momias, como los zombis, sólo pueden atrapar a sus víctimas si estas están completamente drogadas, o son idiotas o, simplemente, suicidas, que las hay, nunca olvidaré aquella escena de Aguirre en la que una mujer se adentra tranquilamente en la selva para ser comida por los salvajes, prefería eso a continuar compartiendo aquel desquiciado viaje con el asesino de su marido, el inimitable Kinski...

Salvando esas excepciones (que hoy, como siempre, son la norma) basta con no frecuentar sus lugares de reunión y sus entretenimientos para continuar a tu marcha, que sí, que ninguna es la verdadera y tal, que todas merecen un respeto y consideración, sí, vale, lo que digas...adiós. Y ya está: nunca discutas con uno de ellos. Un buen sistema para encontrar lo que te conviene es saber qué les aburre, que es casi todo.

Esta mañana hemos recibido la visita de tres de nuestras momias más reconocidas, tres momias que ya no cazan ni gusanos de seda, tres momias enrolladas en papel higiénico Elefante, nada de mariconadas, pero pese a estar sin usar no pueden evitar un cierto olor a cuquillo de imposible disimulo por más Floÿd o Varón Dandy que se echen: la vejez se huele más que se ve.

Hay una que mira como si estuviéramos en 1978, me recuerda a uno que salía en Crónicas de un pueblo, uno con cara de nariz arrugada; luego está otra a la que le ha dado por ponerse sombrero, mira tú, me temo que llegará el día en que la vea con monóculo; y finalmente está la Gran Momia, que hasta las hormigas tienen clases, es la más vieja de todas y, poco sorprendentemente, la que mantiene una cierta dignidad, de hecho es la única hacia la que siento respeto y, porqué no decirlo, un cierto interés.

De la primera no he sabido su nombre hasta hace un cuarto de hora, a la segunda la conozco detodalavida, siempre casada con otra que haría atractiva a la actual Bardem y con dos o tres vástagos (y aunque fueran siete daría igual) que ya con quince años se parecían a Florentino Pérez, así que ahora no sé, ni quiero saberlo, supongo que tendrán aspecto de Eustaquio Habichuela. La tercera, la Grande, se asemeja a un busto romano, aunque conserva mucho de la Esfinge de donde procede: es quien calla cuando las otras lamian.

Pero ladrar, ladrar (que eso significa el neologismo que me ha salido de las pelotas. ¡Hurra!) lo hace la segunda con las oportunas muestras de reconocimiento de la primera, del tipo sí señor, ¡qué razón tienes!, es una vergüenza, y tal pascual.

La cosa iba hoy como ayer, o hace veinte años, es decir, izquierda mala, derecha buena, y el abecé esto y la razón aquello, y el telediario de antena3 y el gato al agua de intereconomía, que si no lleva tanto tiempo parece como si lo estuviera desde el 7-3 de Glasgow, y no fuera nada si todo esto lo escuchara al ponerles los vinos de rigor mortis y el pincho tócamelosgüevos, pero el caso es que estaba en el otro extremo de la barra y los oía como si estuvieran comiéndome la oreja, y coño, que es la una del mediodía, que todavía no ha empezao el telediario...

En fin, que mi viejo, viéndola venir, se ha salido de la barra para hacerle un comentario a la Gran Momia (un viejo amigo suyo), una chanza para cambiar de canal, ella le ha seguido el juego y se ha terminado el mítin, que las momias también discurren un tanto si ven que la jefa abre complacida la boca a otro cuando hasta ahí la había tenido cerrada mientras miraba el servilletero.

Peor es saber mal que no saber, ni punto de comparación. Pero explícale tú a una momia que todo lo que cree no vale ni el papel en el que va envuelta: antes muerta del tó que reconocer su error.

Y entre momias y zombis es mejor hacerse el muerto.


VIVIR PARA CONTARLO, NO PARA CONTAR




En dos ocasiones estuve quince días sin fumar; o sea, que durante mis últimos veinticinco años sólo un mes lo he superado sin ayuda del tabaco.

Recuerdo bien la segunda. Y digo que no la he olvidado porque jamás lo haré de la sensación que me entró por el cuerpo al dar la primera calada del cigarrillo que me ofrecieron: es lo más cerca que he estado de correrme por la cabeza. Casi me mareo del gusto. Más o menos como con aquella puta que se lo tragó todo sin acuerdo previo. Es el factor sorpresa quien te lleva un punto más allá.

Muchos son los beneficios cuando se abandona el fumeque, dicen, y con el loco correr de quince o veinte años, aseguran, tus pulmones recobran el aspecto que deberían tener, es decir, que en el caso de que al acabar esto decidiera dejarlo, los míos podrían confundirse con los de cualquiera nacido en el 73 y que no hubiera fumado en su puta vida. Bueno, contando que para entonces tendría cerca de sesenta palos no sé para qué cojones me iba a servir. Quizá para aguantar mejor la respiración al rebuscar comida en los contenedores hispañistanís.

Conozco a bastantes que lo han dejado en serio alguna vez, pero son más quienes han vuelto. Dentro de los que no, hay un caso curioso, y es el de un bon vivant que le tiene un miedo horroroso a la vejez y aún mayor a la muerte. Lo dejó poco antes de cumplir los cuarenta, a pelo, y fue porque la tipa que estaba follándose le dijo que le oía como un pitido, que ya es oír en ese trance, por mucho que las mujeres guarden la mitad de su potencia sensitiva en el oído, pero logró darle tan mal rollo que se la cortó, quisir, la cadena de la nicotina. Y se machacaba tres paquetes diarios. Pues bien, más de una, de dos y de tres veces me ha dicho que él no se muere sin volver a fumar, que cuando la sienta cerca, volverá. Claro que tiene una gran ventaja para soportar la espera: su vida es agradable y no le falta nada más que el tabaco. Y es que sólo teniéndolo casi todo uno le puede hacer frente a lo poco que queda fuera.

También sé de quien tuvo que dejarlo porque no le quedaba más remedio, era eso o morir pronto, y sólo acababa de entrar en la cincuentena, así que se quitó. Y aún hoy, pasados casi veinte años de aquello, sigue confesando que a veces siente unas ganas terribles de echarse un cigarrillo, y eso a pesar de que ya tendrá los pulmones como cualquier otro nacido en los cuarenta y que no haya aspirado más humo que el de los coches, las fábricas y las hogueras de San Antón.

Quiero decir...aquel mes mío, aquel mes que duró varios años, lo viví pensando una sola cosa desde que me despertaba hasta que me dormía: no fumar. Y eso sin contar lo que soñara, que si lo recordara no sería difícil de adivinar. Y será sano para el cuerpo, pero no para todo lo demás. Y como dicen aquí si no tienes lera, tienes cagalera, que viene a significar que cuando se va algo malo es que algo parecido está al llegar.

Todavía no he recibido ningún ultimatum, cosa complicada si tengo cerradas casi todas las conexiones, y tampoco soy alguien con uno de los platillos de su balanza tan pesado que pueda contrarrestar al de sesenta winstons diarios, no...Y yo no fumo tanto.

Ando, como nueces, no abuso de las grasas, huyo de los azúcares, abomino de los fritos y de vez en cuando me chispo bien.

Y qué queréis que os diga...Para vivir contando los días que han pasado y el dinero que te has ahorrado desde el último cigarrillo...

Pues menuda mierda.

martes, 14 de mayo de 2013

ECOS




Fue en uno de mis cumpleaños, creo que el 12º, sí...Estábamos en la casita de campo que teníamos, era pleno verano, recuerdo muy bien la alberca, muy azul, y la pequeña arboleda, y el pozo que había en el centro, sí...Lo tapaba una trampilla de forma cuadrangular, roja, oxidada, un pequeño candado la guardaba, sí...Alguna vez intentamos abrirlo. Pero no lo conseguimos. Aunque no creo que hiciéramos mucha fuerza.

Aquella tarde parecía ir bien, regalos y todo eso, besuqueos molestos y tal, pellizcos en las mejillas, supongo, sí...Después hubo una discusión, estaban bebiendo, y yo me senté encima del pozo y me eché a llorar mientras hablaba en voz alta, sólo me oyó mi hermano, creo...hace tanto tiempo.

Dos años después, una tarde en la que el cura intentaba enseñarnos a declinar rosa, rosae, escribí sobre el libro que si esos eran los mejores años de mi vida, como serían los peores. Me acuerdo perfectamente porque jamás he escrito sobre un libro, apenas subrayaba si lo ordenaban, ni siquiera doblaba las hojas para saber por donde iba, las memorizaba, aún lo hago así, sí...

Una noche, poco antes de mi primera retirada de la parodia pública (no tenía los dieciséis), llegué borracho a casa poco antes de que mis padres salieran de paseo, era temprano, salíamos pronto, me echaron la bronca y se fueron, me quedé extrañamente solo, éramos tantos...Me senté en una de las dos sillas que habían frente a la escalera. Y durante un buen rato me quedé allí, mirando la barandilla.

Tumbado en el sofá, solo, fumándome un puro barato y bebiendo una lata de Mahou de cinco estrellas, acabo de oír como alguien lloraba en la calle.

Y no he logrado certificar si era un niño o un gato.

Pero no me he asomado a la ventana.

Miento...una vez no cerraron bien el candado y lo abrimos para ver qué había dentro.

No había nada que pudiésemos ver.

Aunque sí oler.





domingo, 12 de mayo de 2013

4 DE 7




Una de las terapias de choque para aquellos que han conseguido hacer un drama del alcohol consiste en tomarse una pastilla que causa sus mismos efectos sobre el cuerpo pero conservando la lucidez mental. Tú estás ahí, tambaleandote delante de un espejo, cayéndote al suelo e intentando levantarte sin conseguirlo mientras los médicos te dicen que así has llegado hasta ellos, o te han llegado, que quienes lo hacen es porque tienen a alguien detrás, que esta vida no es tanto quienes tienes delante como los que están a tus espaldas. Desde que nací hasta que murió fui amigo de un borracho solitario, un hombre excepcional, que jamás llegó a pisar una clínica de esas: quienes tenían que estar empujándole estaban demasiado lejos. Y él, viéndose solo, se dejó ir, que los problemas son muy jodidos cuando la solución parece recordar tu existencia nada más que cuando se aburre. Como dicen de Dios en su libro, ese tan lleno de todo pero de nada tan terrible como eso de...y de estos se olvida Dios. Tremendo.

Supe de aquello porque me lo contó un cliente refiriéndose a un compañero de trabajo que además era su amigo, algo que no tenía porqué decírmelo, que yo no soy de esos que te pregunta si tienes algún amigo alcohólico mientras te tira la caña, no...No está bien ir contando algo que no deberías, pero quizá sea peor confiarte en cualquiera que no lleve tu misma sangre, esa que pase lo que pase fluye como un torrente cuando se entera de tu mal.

Los amigos, en la niñez. Después todo es una película gonzo.

Estaba casado, tenía dos hijas y un empleo seguro, de por vida, erección garantizada incluida, que dijo el Evaristo, y si no fue él sería otro parecido, que todo está más visto que una columna de Martín Ferrand, ese marianocavia. Yo lo conocía de traídas, que era de otro pueblo y sólo venía cuando lo hacía en compañía del otro, de su amigo, de mi cliente, de mi no pedido contador particular, pero soy camarero y tengo un bar. Y es lo que hay.

Recuerdo que una noche de viernes llegó pasadísimo, solo, se ve que se vio con la suficiente confianza como para hacerlo así, pero yo estaba sobrio, y cuando tienes que bregar con un borracho ves por dos, que no es lo mismo que ver doble, y no sería tanto si no hubiera nadie más, pero eso es algo infrecuente, normalmente has de hacerlo por cinco, por diez, por veinte o por mil: por los que sean. Y uno no es una mosca...

Estuve a 0´2 de echarlo a la calle malamente, y si no lo hice fue porque estaba mi madre delante y en fin, era el amigo de uno de nuestros mejores clientes...Y tal.

Se fue con su coche y creo recordar que se pegó una hostieja. Y días después, tal vez un tanto arrepentido por haber quedado mal, su amigo me contó que la había liado tan parda que ya fue lo suficientemente negra como para que la mujer le obligara a ingresar en una clínica de desintoxicación.

He recordado a este porque esta tarde he visto bien borracho por primera vez a un colega, quisir a uno del gremio, uno que no es mal tío, tendrá mi edad y no mucho menos de lo que yo no tengo, pero le han dado el fin de semana libre porque tenía comunión, o bautizo, que para el caso es lo mismo, que no hay como un camarero quemao por fuego ajeno con tres días libres (le he llegado a entender que tiene la coda de mañana) para que se pille en una continua todas las mierdas que se ha saltado, más aún si no tiene mujer con la que cumplir e hijos a los que llevar al parque para darle cuatro patadas al balón de reglamento que le compraste con lo ganado poniendo el culo en tu orgullo, que si no llega a órgano será porque estos no son tan importantes como piensa casi todo el mundo civilizado, el mismo que tiene al cuerpo donde debería estar el espíritu. O el alma, ya que estamos en ello.

A lo que voy...llevaba una mierda del dieciséis. Y medio.

- "¡¡¡KUFISTOOOO!!!" ha entrado como si hubiera conos en lugar de baldosas.
- "¡¡¡SEIS GINTONICS!!!"
- "¿De qué ginebra?"
- "La que sea...Anoche cerré con tu hermano..."

Y me ha contado lo demás.

Se ha salido a la terraza con l@s otr@s, iban bastante mejor que él, seguro que están acostumbrados a estarlo. Después llegaron sus dos hermanos, algo de lo que me he enterado hoy, que ya es curioso cuando con el mayor (el que celebraba la fiesta) me agarré algunas de mis mayores melopeas de chaval, hacía tiempo que no le veía, no ha hecho más que apartar copas para que su hermano no las tirara mientras en dos tragos se bebía su cubalibre antes de llevárselo a la última parada, "está desatao, Kufisto...", "ya..." ¡Lo que nos reímos hace veinte años...!

Pero aquello sólo fue otro espejismo.

Lo jodío es comprobar que detrás del espejo no había nadie más que tú.

sábado, 11 de mayo de 2013

HEY...¡JA!




Anoche acabé realmente cansado. Por segundo día consecutivo me había excedido con mis paseos matutinos, lo que unido a que amanezco tan temprano como el sol (llevo tres semanas bastante centrado) provocó que las dos últimas horas del trabajo se me hicieran aún más largas de lo habitual, que no es tanta la pesadez de tu oficio si tienes quehacer como cuando no. De todos modos decidí que esa noche no iba a haber paseo nocturno, tampoco nada que escribir, ni siquiera fumarme un puro: cenar algo, quemar un par de pitos y echarme en el sofá para leer cualquier cosa hasta que se cerrara la noche. Y viendo que tardaba más de lo que deseara puse la tele, el partido de baloncesto, sin volumen, aunque lo mirara tantas veces como la bragueta antes de salir a la calle. Faltaban ocho minutos de su reloj para que terminara cuando vi que ya no quedaba ni el rastro del sol. Apagué el televisor y me fui a la cama.

Bajé la persiana hasta sus topes, me arropé y poco después me quité hasta la sábana, tenía calor, pensé en levantarme para fumar el último medio cigarrillo que suelo dejar en previsión, casi nunca ve la mañana, a veces incluso varios de sus hermanos, pero al hacerlo me di cuenta de que no había dejado la muestra, no lo recordaba, casi ni se me ocurrió rularme uno, regresé a la habitación, volví a tumbarme y decidí que hoy no saldría a pasear. Apagué el teléfono donde había estado leyendo por encima el Protágoras y me pasé al Rompetechos, el último, el escatológico, tiene viñetas absolutamente antológicas, como esa en la que ya muy cabreado por un aciago despertar confunde su periódico con el vestido de la portera que está recogiendo con el culo en pompa la basura del pasillo, "¡Y ENCIMA EN EL PERIÓDICO VIENE LA FOTO DE LA FOLKLÓRICA ESA QUE NECESITA UN AFEITADO!", es para ver la cara que pone la pobre mujer...¡¡¡PTAF!!!

Desperté un poco más tarde de lo habitual, no mucho y no muy descansado, que esa es la prueba del nueve en lo referido al paso de tus años. No es que no puedas hacer lo que hacías, que puedes si te pones y no hace demasiado de ello, sino que no te recuperas igual; y si verdad es que quien manda es la mente, también tiene su parte el cuerpo, y aunque sepas que una buena ducha seguida de un desayuno semejante consigue llevarte a la marcha suficiente no es para tanto que te haga olvidar tu horizonte diario, ese que está subyugado al trabajo, y entonces aquella se lo piensa mejor recordando como se durmió, que casi todo está olvidado al despertar, y concediendo el inevitable prólogo se replantea el inicio de la historia de todos los días, "hoy, lo que acordé ayer".

Si la vida es una no se debe empezar cada nuevo capítulo como si nada hubiera pasado: no existe más memoria que la tuya.

Con todo, pasé de quedarme en casa tirao como un lagarto, o como mi gato, que tampoco es manco, pero yo soy un hombre, y lo que es bueno para los animales no tiene porqué serlo para mi, y al contrario también, cosa tan sencilla y evidente como difícil de comprender para muchos que viven en un sueño inducido por los que están bien despiertos, que otra cosa no, pero el peor de todos nosotros es un ángel si está durmiendo. Así que pillé el primer libro del que no recordara nada, las llaves del coche y demás apichusques, y motorizado me fui a un sitio al que llego andando todos los días.

Hacía una buena mañana, apenas eran las nueve y ya picaba el sol, me senté en el banco y abrí el libro, Las aventuras de Tom Sawyer, creo haberlo leído hace muchos años, tantos que ya ni me acuerdo, aunque sí de otros. Tres hojas y al asiento del acompañante, entre las botellas de plástico vacías de agua.

Puse radio Clásica en el teléfono y eché a andar viendo por donde iba a volver. Entré al cementerio y llegué a la casilla de salida en menos tiempo que el cuarto movimiento de la sexta sinfonía de un noruego que me ha dicho menos que Iñaki Saez. Me resenté e intenté tumbarme a la manera en que lo hacen los vagabundos, no había nadie, o al menos cerca, o que yo lo viera, pero si daño me hacía en la espalda no era tanto como en el cuello, y entonces visualicé que ellos suelen ponerse su hato debajo de la cabeza haciendo funciones de almohada, durante un segundo busqué en la mía por si llevara algo parecido en el coche, pero era una gilipollez, y me incorporé justo al mismo tiempo que daba comienzo un concierto para laúd de un inglés del siglo XVI...

"Esto es demasiado"

Y me puse el Rock n´roll  de los Zeppelin, que curro en un bar y no montando bombas.  

Arranqué el coche y llegué a casa con D´yer Maker en las orejas.

Comí bien y descansé un poco más, que hoy es sábado y ayer fue 10, día de cobro para los parados, que ahora ese es el día uno para nuestras cuentas, es decir, el fin de semana fuerte y tal, pero Mayo es mes de comuniones y bautizos, y si nadie tiene un duro sí pesetas, que los restaurantes se ponen de bote en bote para celebrar tales eventos, como escriben los snobs, pero nosotros no lo somos, ni esto ni aquello, así que el mediodía se ha ido como si nunca lo hubiera estado, esto por lo que se refiere al tema económico, pero no tanto al musical, pues no sé porqué (mientras estaba haciendo el arroz de todos los días y del que ha sobrado las tres cuartas partes) me ha venido al magín la música de los Beatles, normalmente canturreo algo al mismo tiempo que cocino, y de pronto me he sorprendido haciéndolo con uno de sus temas, ahora no recuerdo cual, pero el caso es que he ido al ordenador y he puesto su recopilatorio 62-66, el primer vinilo que abrasé, y me ha dado muy buen rollo, tanto que después he pinchado el 67-70, hasta mi viejo ha canturreado algunas de las canciones, sobre todo al principio, cuando todavía estábamos a tiempo de echar una buena mañana, pero al llegar la hora del azul ya estaba claro que no lo iba a ser, y ya no ha habido tarareo por su parte, que si de Fraga dijeron que era un animal político, mi padre es un animal trabajador, y lo primero, tras su familia, es el negocio, y después creo que si hay algo se la suda bastante; aunque no ha perdido la ocasión de contarle a un cliente que él los vio en Las Ventas en 1964, cosa que nunca me ha contado a mi pero se la he oído contar decenas de veces. En ese momento todavía giraba el rojo, ¡y nada menos que con She loves you!

Estábamos recogiendo y ha sonado el Hey Jude, y ha sido...ha sido como si por un momento tuviera claro, de manera impepinable, que no ha ha habido ni habrá otra banda como esa. Los más grandes, los eternos, son aquellos que le dan la forma correcta a la masa inventada por otros: no es tanto ser el primero como serlo en saber qué hacer con ello.

Luego llegó la tarde, y mientras preparaba, pletórico de fuerzas, todo lo necesario para que no me pillara en bragas el previsible aluvión, le he dicho a un amigo que probablemente no iba a serlo tanto, que no hay como esperar algo para que llegue alga, pues no parece sino que los antiguos griegos estaban pensando en los camareros cuando dijeron aquello de "si quieres hacer reír a las dioses cuéntale tus planes", es más, creo firmemente que estamos entre sus payasos de preferencia...Y efectivamente: el esperado geiser ha devenido en gaseosa de La Casera.

A veces pienso que nos miran, "a ver como está hoyyyyy...jodío. Pues tralla" Pero como lo estaba en superabundancia, übernosequé, que cansinearía Federico, pues no: "¿Está estupendo? pues me busco a otro"

Nadie se lo pasa bien viendo como otros lo hacen.

Y de esta manera la masa de hoy no ha pasado de churro con poco azúcar y sin chocolate.

Y mi superabundancia se ha ido por el sumidero de Marianico el Corto, Belenes Estebans, clones de Alfreder Lander y borrachos que ríen antes de irse al water para llorar.

Poco de todos. Tanto que me ha dado demasiado tiempo para reparar en ellos.

Mucho menos del que he tardado en moldear esto con unas cuantas latas de Mahou y una indecible superabundancia de tabaco.

Pero no creo que acabe comiendo mi mierda.

Soy lo suficientemente amado y creo lo suficiente en Dios como para saber que un caballo no es más que un caballo.

Y como dice mi vieja...si no te gusta, vete a vivir debajo de un puente

O a las montañas nevadas, con la abeja Maya y Gusy-Luz.

Los leones no viven en las alturas.






jueves, 9 de mayo de 2013

CIELO GANAO




Uno no conoce mejor a la gente por trabajar de cara al público, eso no es verdad; un joven japonés de esos que durante años se encierran en su habitación puede conocer a alguien lo mismo que la verdulera de la esquina. Digo conocer, no saber si bebe, si le pega a la mujer, si juega al bingo o si se va de putas. No, eso es accesorio, eso es tan revelador como si no lo hiciera. Y bien mirado, que uno haga algo no significa que lo sea: una golondrina no hace verano. Ni cien.

Los únicos que podrían jactarse de conocer al personal de verdad son los curas. Que para ver bien los toros hay que hacerlo desde la barrera, como hacen los mismos grandes maestros antes de pisar el albero: sólo los inconscientes, o los desesperados, se van a porta gayola. Y no ha habido buen torero que reconozca haber realizado su faena soñada. Esa sólo la sueñan los apologetas taurinos, y en ti está creerlos o no.

La ventaja que tenemos quienes trabajamos en los bares estriba en el tiempo que los clientes pasan con nosotros, nada más, no se trata de un sexto sentido y tal, bastante tenemos con cinco. El personal va a cualquier comercio, compra algo y se va. Pero en un bar es diferente: van porque quieren, no porque tengan que ir. Y si es el suyo enseñan la patita, pero nada más. Hay que ser tan tonto como un cerdo para creer que basta con verla.

He tratado a miles de personas durante todos estos años, pero no puedo decir que haya conocido a ninguna. Lo único que puedo certificaros es que como vienen, se van; por mucho que alguna vez hayas creído lo contrario. Y si no...nada cambia: date tiempo.

Seguro, seguro...la madre que te parió.

Yo, estando bien, me fijo, como los buenos toros, y sin decir ni mu paso de ir a por la muleta, como los malos. Es lo mejor para uno como yo.

Recuerdo que en aquellos malos tiempos, cuando vivía en resaca permanente, estuve a punto de mandarlo a la mierda unas cuantas veces, por menos de la mitad lo hice con unos cuantos, pero no fue este uno de ellos. Y mira que tenía el taco entero...

Acaba de entrar en la cincuentena, se conserva bien, es muy educado, viene de una de las familias nobles del pueblo, en su juventud tuvo que ser un pijo del copón, un follarín. Bien parecido, siempre sonriente, con esa seguridad que tienen quienes han vivido las cosas en sus tiempos, sin meterse en ninguna raya que no fuera aceptable, como en ese estúpido deporte, el curling, tal que quien tirara sus piedra hubiera sido un experto jugador, y ni te cuento los de las escobillas, sobre todo estos...

Ejerce una profesión liberal, palabro que suele recordarme al Clima de mis primeras pajas, había una tía buena (al menos ponían su foto aunque en verdad fuera la abuela jevi) que contestaba las preguntas y ofrecimientos de los viciosos de mediados de los ochenta, todos ellos con los ojos tapados, pero no así sus nabos, o las tetas caídas de su cuarentona mujer, o el felpudo peludo de una vieja guarra...Tenía un amiguete que me decía, "Kufisto...yo me la meneo más leyendo eso que viendo las fotos"

Pues eso, profesión liberal, es decir: los callos, a la madrileña. Si eso.

Dentro de su estereotipo es bastante excéntrico, cosa que a mi entender le da valor al adjetivo, que soy de los que están convencidos que de vivir hoy aquel célebre grupo surrealista todos serían miembros de los kikos, y además en serio, pues no debe haber como que tu vieja te presente a su novio que podría ser tu colega de borracheras para irte al primer cura-shop que esté abierto y pillarte un rosario.

Este de quien os hablo es de esa clase de tipos que todavía se cree lo que dicen los periódicos de papel, los suyos, que también es de los que piensan que hay izquierdas y derechas y toda esa mierda...Es de estos últimos, evidentemente.

Llega de Madrid a eso de las seis de la tarde, "Buenas tardes, Kufisto", "Hola, Apolodoro", me pide un gintonic o una cerveza, "¿quieres pincho?", "sí, por favor, que soy de los que comen poco pero muchas veces", y no me da tiempo a coronársela cuando ya me está hablando del último escándalo, o golfada, o similar. Yo no digo ná, o poco, y menos cuando hay clientes desconocidos, pero sé que él no lo hace por malmeter, su educación se lo impide, más pienso que es cosa de que cree que esto es Inglaterra, o como nos la cuentan, un lugar en el que discutir desapasionadamente sobre cualquier asunto, será que alternar durante tantos años por los buenos sitios de los madriles te quita un par de puntos en el equilibrio espacial, no lo sé, pero esto es España, La Mancha, ná menos, y aquí, desapasionadamente, el curling. Y según la hora.

Como no lo son de aluvión (prácticamente ninguna lo es desde que se acabó el cuento de Pepel y Gretel) y menos de alcohol corriendo por las venas y soy el rey del pollo frito, nadie le hace ni caso, incluso yo, que ya van cinco años con la misma historia, y cinco años follándote a la misma acaba por cansarte, aunque sea miss Universo, ni te cuento si se trata de nuestros salvadores de la patria.

Pero a él le da igual, él abre el puto Mundo, o el incalificable ABC, y empieza a comentar en voz alta la jugada del día, entre sonrisas, es un cachondo, sí, pero aún peor que aquel encargao de Pesadilla en la Cocina versión Chicote, el que tenía un bar en Madrid con una cocinera tan religiosa como retarded, una tipa que era capaz de abrasar los calamares congelados para rezar a San Antonio en el office, que ya eran la hora, y mientras tanto el caraflán dándoselas de gracioso en el comedor de arriba con una cuadrilla de golfingers en despedida de soltera, "mi verdadera vocación es el monólogo" decía ante las carcajadas de ellas...

A veces, viendo que me suda la polla la cotización de Pescanova, me comenta chismes del pueblo, o de otros cercanos, que no tiene fronteras:

- "Kufistooo...¿sabes lo que le ha pasado a...?"
- "No..."
- "¿Lo conoces, no?"

Yo no conozco a nadie

- "No"
- "¡No me fastidies! ¡Si no conoces a este, no conoces a nadie!"

Soy muy malo para las caras y los nombres que me importan un jorgejaviervazquez.

- "Pues no, Apolodoro, de verdad te lo digo..."
- "¡Joder!...¿pero conocerás a su padre, a...?"
- "¡Ah, sí, a ese sí..." le digo para que no me describa a la abuela.
- "Pues el otro día..."

Y le escucho asintiendo.

Una tarde reciente me explicó sobre una servilleta el problema que está subyugando a España, "dame un boli, por favor, Kufisto" Me convenció lo suficiente como para escabullirme a la cocina en cuanto pude para mirar los ingredientes del comino, aunque él me ayudó al recibir una llamada que le empujó a salirse del bar, "échale un ojo al ordenador, Kufisto, por favor", "claro..." Ni medio. Estábamos solos y no creo que estuviera siguiendo el Torneo de Candidatos.

Pero lo más de lo más fue cuando le vi sacar de su cartera de trabajo una lupa tamaño melocotón de Calanda para leer el periódico...

- "Me niego a comprar unas gafas de doce euros" me confesó sin que le preguntara a la quinta o sexta vez que le vi hacerlo.

Una tarde de viernes estaban mis colegas, ya medio puestos, y aunque se cortaron un tanto al verme no lo fue tanto como para que a Apolodoro se le pusiera la mosca detrás de la oreja, que no sé en Madrid, pero aquí hay que estar ciego y sordo.

Se ha comprado unas que no utiliza, pero ya ha jubilao la lupa.

Ha venido esta tarde, he encendido la luz de la barra, "una cerveza helada, Kufisto, por favor...", "¿quieres pincho, Apolodoro?", "sí, que soy de los que come poco pero muchas veces"

- "¿Has visto lo de Maleni?" me ha preguntado sin dejar de mirar el nauseabundo Mundo
- "No"

Y me ha empezado a soltar su discurso, como si estuviera oyendo el del Rey en Nochebuena, pero hoy nos acompañaban otros dos, y aunque uno no tenía peligro el otro sí, y lo peor es que es un gran amigo mío, y más aún que es más rojo que un vómito de sangre y no se calla ni durmiendo, estoy seguro, y antes que fuera a más me he ido a la cocina, y porque no podía irme más lejos, y pronto se ha dado por vencido sin que el otro dijera ni esta boca es mía para taparte la tuya...

Y mientras contaba los dientes de la sierra que corta el papel de cocina ha llegado mi hermano.

Y me he ido con una gran, gran, gran...SONRISA




miércoles, 8 de mayo de 2013

MAGDALENAS CON CHICHARRAS




- "¡Kufistooooooo...!"
- "¡Mortimeeeellll...!"

Ha llegado con el hato, es miércoles, al menos iba a merendar algo bueno...

- "¡MADALENASSS...!"
- "¡RICAAASSSSSS...!"

Pero él llevaba lo suyo aparte, envuelto como si fueran pasteles; me ha dao la bolsa, venían cinco, somos tres y lo sabe, no le he dicho ná.

- "Para luego"
- "Ponme un café descafeinao con leche, que yo voy a merendar ya..."
- "Y no hará dos horas que te habrás comío una puta vaca..."
- "Macarrones con chorizo y queso. Y huevo"
- "¿Huevo?"
- "Sí. Cuezo un huevo y se lo troceo por encima...¿pasa algo, tragasopas?"
- "Me cago en tu puta calavera..."
- "Jajaja..."

Me saca una cabeza y peso veinte kilos más, y eso que poco más o menos estoy en el mío. Casi todos se cambiarían por él sino fuera tan feo. Y muchos lo harían: al menos comerían hasta hartarse sin engordar. Aunque le confundieran con Pérez-Reverte sin capitán que valga un ardite.

Le he puesto el café y he salido a fumarme un pito, mirando como deshacía el lazo de su bandeja, mañosamente, yo le habría pasado la llama del mechero y a la mierda, ha aparecido una napolitana de chocolate, su compañero pastelero las hace realmente buenas, y he pensado que mejor hubieran sido tres de esas que cinco magdalenas con virutas de chocolate. Pero no le he dicho nada más que cabrón, nos hemos insultado un poco y le he dejado tranquilo, aunque no sin darme cuenta que come a grandes bocados, pero masticados muy lentamente.

En el tiempo que ha tardado en hacerlo y pedirme su primer cubalibre han pasado dos clientes amigos que serían los últimos de las tres horas que estaban por venir, que si uno no esperaba mucho tampoco se la hubiera jugado a tan poco, y más ahora que empieza a hacer bueno, aunque las nubes siguen ahí, tapando el sol las muy cabronas, que ya van tres días, y calor nublado es peor que frío sin nubes, mucho peor, ¡donde va a parar!, como todo lo que es un sindiós...

- "Hoy he visto una panadería que no conocía..." le he dicho por hablar de algo más que no fuera ponernos finos.
- "¿Cual?"
- "A la espalda del Banesto, una portá...tenía un letrero, El auténtico pan artesanal..."
- "Ah, sí...la de Petronilo. El peor pan del pueblo"
- "Joder"
- "Haz la prueba"
- "No, no...si ya casi me he quitao del pan"
- "No jodas"
- "Sí...Voy a merendar"

Me he servido un gran vaso de una botella de leche que he tenido en mi casa durante dos semanas, justo cuando pillé el último catarro, "para la garganta...con miel y eso", no tomo leche, tampoco esta vez. La he devuelto como me la llevé: virgen. Aunque mucho más fría.

- "Dile al hijoputa de tu compañero que están buenísimas" Me he comido dos. Alguno de mis hermanos se comerá una.

 Bueno, uno puede estar un rato viendo como bebe el otro, pero si no hay más dios que los dos y por mucho que te asomes al balcón no ves sino gente fea paseando perros, pues como que te dices qué coño, que ya hace casi media hora de la leche y le habrá dado tiempo a transformarse en otra cosa, que diría Bender, y habiendo base ya puedes echarle algo más fuerte, que leche y magdalenas es cosa de maricas, pero mejor cagar antes que después. Tu sangre y tu culo te lo agradecerán.

He dudado un poco, pero finalmente me he decidido por el whisky. No era cuestión de pegarle al vino cuando todavía me quedaban dos horas y media, y menos al gintonic, esa agua con burbujas. Así que mejor algo fuerte para beberlo con una cierta calma, el mejor sistema para quien no la tenemos a la hora de privar: vaso ancho, tres buenos cubos de hielo y hasta la mitad de Johnnie. Pero después de dejarlo enfriar un buen rato entre mis manos y echarle un sorbo he decidido rebajarlo con agua de Vichy. Todavía tenía demasiado tiempo.

- "Madre mía como está la cosa..."
- "Joder, Kufisto..."

He visto llegar a un chino y he apagado la tragaperras.

- "¿Lota?"
- "Sí"

Se ha ido y he vuelto a encenderla.

- "Estos hijosputas...reventando el comercio y los sueldos, sin dar empleo a ningún español, sacando toda la pasta a su jodido país de mierda, comprando los mejores locales del puto pueblo..."
- "El sábado pasao, cuando venía para acá, pasé por el restaurante que tienen en la plaza. Hasta arriba, Kufisto. Y los bares de alrededor vacíos"
- "Por cuatro perras te hinchas. Dos veces he estado en uno de esos, las dos invitao, y borracho, pura bazofia..."
- "¿Te acuerdas esa vez que fuimos al Burguer King...?"
- "¡La madre que me parió...estuve tres días sin cagar! Hijosputas"
- "¿Como podrá la gente comer esa mierda?"
- "Y yo qué sé"
- "Están apollardaos..."
- "Es cosa de los de arriba, de la maná de hijosputas que nos gobiernan...Si tuvieras Internet te enterarías de qué va la vaina, de lo que están haciendo, de la mierda que nos llevan inoculando desde hace tiempo...No cinco años, ni diez, no...Toda esta mierda viene desde el final de la II Guerra Mundial. O antes, mucho antes...Me cago en la puta, Mortimer...¿te acuerdas cuando me dejó...?"
- "Como no me voy a acordar si estabas hecho un eccehomo...aunque tu hígado se acordará más"
- "Sí, bueno, a veces no me explico como sigo vivo, pero a lo que iba...Dos meses después se presentó la vieja en mi casa con un ordenador, venía con mi tío, el jevi, ¿lo conoces, no?, pues ese me lo instaló. Mi pobre madre pensaba que así estaría entretenido, que al menos no andaría por ahí de aquella manera, y aunque tardé un año y pico en volver a mis cabales me enganché enseguida, que es cojonudo eso de ver lo que quieres cuando quieres, de verdad, deberías ponértelo en tu casa ahora que te has quedado solo con tu madre, hazme caso...Es la única manera para saber de donde viene toda esta mierda, te lo aseguro..."
- "Pues sí...¿sabes lo que me dijo mi madre el otro día?"
- "¿Qué?"
- "Que Franco tendría sus cosas...pero se vivía mucho mejor"
- "Joder...¿te acuerdas cuando éramos niños? Tú eres un poco mayor que yo, no mucho, pero vamos...te hablo del ochenta o por ahí...¿te acuerdas de la tienda que tenía mi tía Eulalia?"
- "Jajaja...sí hombre, claro que me acuerdo...¿todavía vive?"
- "Y tanto. Noventa y uno, creo, y vive sola"
- "Esas mujeres eran de hierro, Kufisto"
- "De lo siguiente, Mortimer...¿pero te acuerdas de la tiendecilla? una habitación, ná, pero había de todo...A veces iba yo a comprarle algo para mis abuelos, pasaba y no había nadie, "¡¡¡TÍAAAA!!!", "Voooyyy", y mientras venía, que no era volando, yo veía dinero sobre el mostrador, "¿y esto?", y cuando ella llegaba lo cogía y lo metía en el cajón, que ni había registradoras ni dios que lo soñó, y era que las vecinas llegaban y viendo que no estaba la llamaban, "¡EULALIA!", "Ahora no puedo que estoy tendiendo la ropa. Cógelo tú", y las mujeres pasaban y cogían lo que necesitaran, "¡AHÍ TE DEJO EL DINERO!", o si no lo llevaban encima se lo decían luego..."
- "Sí que era así, sí...hazlo ahora. O dejar la puerta abierta toda la noche para que entrara el fresquito...Hace unos meses, con mi padre todavía vivo pero de aquella manera, llamaron a la puerta y abrió mi madre, eran dos que decían ser de no sé qué historia, yo estaba en mi habitación escuchando aquellos cedés que me grabaste de los Zeppelin...Pues bueno, que acaba uno de los temas y oigo voces que no conozco. Me levanto, bajo y salieron corriendo en cuanto me vieron, eran dos mujeres, dos extranjeras me dijo después mi madre, que venían a hacer la revisión de no sé qué...Te juro que si llego a pillarlas las reviento. Hijasputas"
- "Sí...muchos merodean los barrios de los viejos para saber quienes viven solos y darles el palo..."
- "Como no les pasa ná se aprovechan...Si les dieran una buena solfa de hostias..."
- "Esa gente no entiende otro lenguaje que el suyo, el del más fuerte. Es de imbéciles pensar que pueda ser de otra manera. Si metes una manzana podrida en el mismo cesto que las demás no se cura, las pudre"
- "Aquí lo que hace falta es un tío con dos cojones, me da igual el color, rojo o azul, pero orden"
- "Toda esa gentuza que vive gorroneando...¡Bastantes mierdas tenemos que fumarnos como para tragarnos a la morralla de los demás! Aquí solo viene la bazofia del culo del mundo mientras se nos van los mejores. Esta democracia es un invento de los bancos, y mientras el que levanta la voz es un facha. Porque son ellos los que están hundiendo a la clase media, los que están llenando Europa con la jena del resto del mundo para convertirnos en eso, en esclavos que se contentan con un jodido plato de arroz y un chamizo mientras puedan colocarse y follar, como bestias, como estúpidos...¿pero es tan difícil darse cuenta que con la excusa del maldito racismo están hundiéndonos en la miseria? ¿qué historias me cuentas, traidor, si lo único que te importa es el dinero, sino tienes decencia ni la has conocido, si te dedicas a envenenar a la juventud para que cuando la pierdan no sean más que leones de circo, bastardo hijo de la gran puta? ¿tan difícil es acabar con los botellones, con las drogas a las puertas de los colegios, con el vive como si siempre fueras a tener quince años, que nosotros siempre seremos tus colegas, no como tus padres? Y estos acojonaos por parecer de otro tiempo..."

Me cambié al vino, sin remedio, llegó un moro con su negocio a cuestas.

- "¡AMIGOOO!"
- "¡LARGO!"

Estaba fumándome el enésimo cigarrillo cuando pasaron dos gitanos mayores

- "¿Y el jefe? ¿está muerto?"
- "No, todavía estoy aquí"

Pasé a la barra.

Uno tenía pinta chunga, es decir, más chunga. Alto, seco, bigotillo, corbata estrafalaria y traje en consonancia, seguro que se cree el no va más.

- "Juan Vargas"
- "Kufisto Wayne"
- "Quillo...tengo ordenadores portátiles a cien euros..."
- "No, estoy servido"
- "Ipads, teléfonos, colonias, jarseys buenos...ponme un café, marqués. Corto y en vaso, si pué ser"

Se lo puse y me contó que era de Las Barranquillas, pero que andaba de visita porque tenía una tía enferma y patatín, patatán, que vivió aquí muchos años, que tuvo un kiosko, que tenía no sé cuantas hijas y catorce nietos, que ahora está todo emputecío, que a las suyas les sacaron el pañuelo como está mandao, que unas cuantas varas les crujío en los lomos para que no se equivocaran, que gitanos y payos están enviciaos...

- "¿Qué te debo, marqué?"
- "Uno veinte"
- "Bueeno...¿seguro que no quiere ná...un cigarrillo?"
- "No, hoy estoy fumando demasiado..."
- "Te invito a un chino de caballo...De primera"
- "Paso"
- "Adió, don Kufisto..."
- "Adiós"

- "Y que esta mierda ande por la vida como si fueran algo...mecagoentó"
- "Antes sabían cual era su sitio..."
- "Antes..."

Llegó mi hermano y nos fuimos un tanto colocados, aunque con la suficiente claridad mental como para irnos a nuestras casas. Uno va aprendiendo.

Salí a pasear para despejarme un poco antes de escribir.

Vi a un tío feo hablando a un metro de distancia de una tía fea, pensé que estaban midiéndose para echar un clavo, también vi a los negros de la peluquería que trafica con cocaína tirados en el banco, rascándose los cojones, fumando y riendo con sus putas, andé un poco más y me pasaron dos jóvenes indios con sus ridículas bicis y sus gorras del revés, el más alto escupió fuerte antes de que no me sonara a insulto, me cagué en sus putos muertos para mis adentros...

Y poco más adelante, en el paseo, vi tal panorama entre los míos que sólo me fijé en sus putos perros.

Y me vine para casa.




martes, 7 de mayo de 2013

TOCATA...¡Y FUGA!




Dicen que la música de Mozart es tan del agrado de las vacas que escuchándola aumentan tanto la cantidad como la calidad de su leche,  nada he leído sobre su carne pero es bastante probable que aquellos castratis mutilados para tal menester sean mucho más tiernos y sabrosos que los que nos sirven en bandeja de petróleo, que más parecen haber crecido atronados por Kreator y King Africa de lo duros e insípidos que son. La batalla alimentaria es asunto perdido desde que se dejó el mando en manos de los avariciosos, como tantas otras; sólo nos queda rezar y comer poco para que no nos toque el bicho.

También se asegura que algunas de las composiciones del genio salzburgués son beneficiosas para los enfermos mentales, especialmente entre los epilépticos más graves, que ven reducida muy significativamente tanto la frecuencia como la intensidad de sus crisis.

Iba dando un extraño paseo (no muy bueno pues no me he despertado bien, será cosa del abandono de los antibióticos o de la alergia que ya está aquí) cuando he dado en caer a un colegio público para niños pequeños. Es el último que ha entrado en funcionamiento, está a las afueras, no tiene nombre porque es un número, el 8 creo, algunas veces me he parado a leer su cartelería y, en fin...lo peor de lo peor.

Era la hora de entrada, cosa de la que me dado cuenta antes de llegar, no por mirar el reloj sino porque me han pasado varias madres en sus coches con sus hijitos, algo que me ha entretenido un tanto al verlas tomar una de esas absurdas rotondas que ZP se sacó de la manga al final de su mandato, o lo que aquello fuera, que hay cada que no se le ocurriría ni al que asó la manteca, y esta no es de las peores pero no está muy lejos. Invariablemente la tomaban bien, es decir, por su derecha. y me he acordado de las veces que yo he pasado por allí en coche o en bicicleta: siempre, o casi, lo he hecho por mi izquierda, siguiendo la trayectoria natural, no la artificial, que eso más parece una joroba que ninguna otra cosa. Y de eso se trata, de jorobar tanto al personal que anden por la vida mirándose los pies.

El caso ha sido que había muchísima gente, eran las nueve en punto, me he fijado en una grúa que sobresalía entre todos ellos, están rehaciendo no sé qué mierda por todo el pueblo, aunque más parece como cuando éramos pequeños y le decíamos a madre que íbamos a estudiar en la habitación y nos dedicábamos a leer el Mortadelo: sólo era necesario tener el oído atento para oír sus pasos y guardarlo bajo la almohada, "muy bien, hijo mío" decía con una gran sonrisa, "sí, mama" contestabas con cara de un cierto sufrimiento. Y se iba y volvía lo bueno. Como nosotros con Europa. Pero a veces te pillaba, a veces no hacía ruido porque había oído risas, y uno no se ríe cuando estudia. Y se enfadaba. Como se enfadarán quienes nos tienen cogidos por los huevos, que una cosa es ser tonto y otra parecerlo.

Pero lo que ha llamado mi atención no han sido ni las madres ni los escasos padres, no miro a nadie en según qué sitios, sino el estruendo que provenía del interior, algo ensordecedor, tanto que más podía eso que el Brahms de mis auriculares (por cierto, otro que no me dice gran cosa) y echando un rápido vistazo al pasar al otro lado de la puerta de entrada he visto a los enanos como formando malamente antes de entrar a clase, o como ahora se llame, dando botes y riendo, bailando esa jena, gritando como si estuvieran en un after, ante los risueños ojos de las madres que en grupos se dividían, tal que si estuvieran animándolos a seguir haciendo el mono, que no hay como ver a tu madre reír para saber que lo estás haciendo bien...Coño, aquello era un jodido pandemonium.

He doblado la esquina y me he encontrado a una que llegaba tarde, un tanto acelerada ha hecho bajar a sus dos hijitos, iba tan arreglada como si fuera un sábado noche, incluso con tacones, seguro que el tío de la grúa ha babeado al verla, pero yo no.

La tercera B del triunvirio estaba empezando a cansarme, lo he quitado y he puesto mi música, enseguida ha saltado la primera y su famosa tocata y fuga, y menos he tardado en recordar la opinión que tenían de esa música las mujeres que me criaron, "eso parece la música de Drácula", o "quita al fantasma de la ópera ese...pon algo marchoso, algo para bailar..."

A la gente le gusta la música sólo si es para bailar o reír, aunque no le hagan ascos a echar una lágrima si quien la causa es lo suficientemente guapo y le canta al desamor como lo haría un pastel de chocolate a quien lo hizo...pero yo no.

Ya lo suficientemente lejos, concentrado en la música, he recordado un vídeo del tema en el que un ordenador dibuja en diferentes colores las miles de notas al mismo tiempo que van sucediéndose, algo mágico, es como si vieras la música, como si te hablara el sol que hoy, ¡ay!, se ha tomado el día libre.

Y he recordado a aquellas sabias vacas, y la mezcla me ha hecho pensar si algunos no descenderemos de ellas y los toros, que más embisten por los pasodobles que por las muletas y los cuchillos, seguro, y cayendo en los monos me he convencido de que nada tengo de ellos, que un mono es capaz de bailar y reír escuchando reggaeton, pero seguro que se pone a sacarse los mocos si le pinchan a Wagner, cuando no le ataque a su profesor. O profesora.

¿O sólo porque anden medio erguidos ya tenemos que descender todos de ellos?

No. Yo vengo de la vaca.

Y doy mi mejor leche cuando estoy lejos de los monos.