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miércoles, 16 de agosto de 2017

LOS PARÉNTESIS DEL BAR

Todavía estaba fresca la imagen de la mujer del director del banco cuando un viejo llegó y apartando como pudo la cortinilla de la entrada pasó al bar. Había un hueco justo a su izquierda y allí se quedó. Un hombre que estaba a su lado le cedió su taburete y el viejo se sentó. Me acerqué, le di los buenos días y le pregunté qué iba a tomar.

- Una cerveza -dijo mirando como colocar su bastón.
- ¿Grande o pequeña? -le dije. No es algo que suela preguntar a no ser que quien la pida ya tenga una edad.
- ¿Como es la grande?

Le enseñé la copa

- Pues grande -dijo ante mi decepción.

Era un hombre más enfermo que viejo. Tenía aspecto descuidado, sin afeitar, despeinado, de uñas un tanto largas y con algo de roña. Le puse la cerveza y un par de pinchos de los que no necesitan tenedor, aunque añadí un par de palillos a modo de banderillas sobre el asadillo de pimientos en pan tostado; lo otro era un simple trocito de sandwich mixto sin tostar. Blandito.

El bar se vació y nos quedamos solos en compañía de un chaval que lleva unos días viniendo por aquí a diario después de hacerlo de higos a brevas. Más o menos desde que he empezado a hablarle. Ahora está de vacaciones. Trabaja en las oficinas de una mediana empresa; ordenadores y tal. Yo hubiera jurado que era camarero. Es un tipo solitario, callado e introspectivo. No sé por qué me caía gordo. Ahora, después de tratarle un poco, veo que es otro buen chico. Nadie tiene la culpa de ser como es. No es fácil trabajar con tu código genético.

Conoce gente, no es ningún asocial. El otro día, el sábado sin ir más lejos, se saludó con alguien que jamás en la vida hubiese pensado que conocería. Quizá también él tenga su pasado. Y quizá por eso ahora anda solo. También saludó a alguna mujer. Bastante atractiva, por cierto; pero lo hizo de la manera en que suelen hacerlo quienes no saben tratarlas nada más que desde la distancia.

Suele colocarse en el centro de la barra. Cosa rara porque se ve que es un tío de bar y estos normalmente escogen las esquinas. Pide un tercio, sin vaso y sin pincho. Pasa una servilleta por el gollete y bebe a tragos pequeños y frecuentes. Después pedirá otro. Y otro. Y otro. Cuatro es la base, aunque el domingo se le unió un amigo cuando ya llevaba un rato y se pimpló seis. Suelo invitarle al último cuando ya ha pagado, tal y como me enseñaron. No lo desprecia. Fuma tabaco de liar, como yo. Lleva su chivata y una bonita cajetilla metálica donde guarda el papel y algunas boquillas. Una mañana que le pedí un pito me di cuenta de que usamos el mismo papel y las mismas boquillas. Se lo dije y él amplió un poco más su desencantada sonrisa habitual. No estaba malo su tabaco a pesar de parecer seco al tacto. Me dijo que era así, que no llevaba ningún tipo de no sé qué. Y no, no estaba seco.

El viejo sacó el teléfono y empezó a hablar por él. La radio country del Spotify estaba seleccionando casi las mismas canciones de siempre sólo que en diferente orden y ninguno de nosotros se puso a bailar, siquiera a canturrear. Los paréntesis en los bares son así de largos, que ya llega un momento que piensas si te saltaste el de cierre o si alguna vez hubo uno de apertura. Y como la música era una mierda soportable y el viejo se notaba que nunca le había susurrado nada a ningún caballo nos pusimos a escucharle.

Toda la movida se reducía a un candado. Había una casa de campo, puede que una finca, una cochera y un coche. Al otro lado de la línea estaba una mujer. El viejo le preguntaba por una llave. La otra no sabía de qué llave estaba hablando. Salió a relucir la Sagrario. Por la respuesta supimos que al menos había dos con el mismo nombre. El viejo empezó a soliviantarse y colgó. Hablando entre dientes marcó otro número. Miré a Enrique y vi que estaba sonriéndose como yo. Quizá también estuviera recordando a su padre. En el bar se escuchó un clarísimo "soy el último mono" Yo tuve que pasarme un momento a la cocina. Cuando salí, la Sagrario, una de las dos, tampoco sabía decirle al viejo donde estaba la llave que abre el candado de la cochera de su finca. Recuerdo algo de "la alfalfa" y un sonoro "me cago en Dios" Después, el silencio, una mirada al móvil tipo informe médico y un qué te debo.

- El pan está duro -me dijo señalando el del asadillo que se había comido con los palillos.
- Ya, es que lo tostamos -le dije yo
- Ya, pero yo con los dientes...-respondió señalándose la boca.

Se fue.

Eran las doce y media y yo ya tenía una ganas locas de echarme un pito que no tenía. Mi hermano se estaba retrasando y no podía esperar más. Le pedí uno a Quique y me lo fumé en la puerta, tras la cortinilla, charlando amigablemente.

Ninguno mentó al viejo.


No hacía falta.

jueves, 10 de agosto de 2017

DÍA DE TARDE

- ¡Me voy a la vaquilla, Kufisto!
- No jodas
- ¡Sí! Esta tarde -dijo riendo-, con la moto que así controlo más. Ponme un chupito. Llego a casa, como, una buena siesta y me voy con este que acabo de llamar, nos tomamos cuatro cervezas y nos fumamos cuatro porros y para casa, tranquilitos, sin historias...Que luego coges el coche y te bebes cuatro copas y te metes cuatro rayas y te vuelves loco, coño. ¡Pero loco, Kufisto, eh! Mira, estas dos últimas veces que he pillado medio pollo los he tirao a la mitad por el retrete del asco que me estaba dando a mi mismo. Haciendo el subnormal, el payaso, metiéndome en líos...¿para qué?, ¿para qué, coño, para qué? ¡Será que me hace algún bien! Joder, que tengo 31 años y un hijo que sólo puedo ver de higos a brevas...No, se acabó esa mierda...Mi motejo de tranqui, cuatro birras y cuatro petas, unas risas y pá casa. Asco ya de tanta mierda.

Se fue. Salí a la calle y encendí el primer cigarrillo del día. Lo tiré a la mitad y a los cinco minutos estaba acordándome de él. No salí a buscar la colilla como otras veces porque sabía que había más en el paquete que a veces guardamos de reserva en el frigorífico. Bueno, cualquier día de estos será el bueno.

- Hola, Kufisto
- Hola, Pachi
- Ponme una caña
- ¿Qué tal va eso?
- Bien, bueno...que no puedo quedarme solo, jajaja...
- ¿Y eso?
- Ná, que el martes me lié. Tengo a la mujer con los chicos en la costa. Hoy vienen. Yo no me pude ir porque estoy de baja y tal, no sea que la cague otra vez...Pues ná, que estuve por aquí por la noche, con tu hermano, y luego vinieron la Antonia con su novio y, bueno...ya sabes. Venga copas, venga rayas...que nos fuimos para el Birras y joder, ¡estaba aquello lleno, coño!
- ¿Qué hora era?
- Pues no sé, ¿a qué hora me iría de aquí? ¿a las...? joder, no me acuerdo. La una y media o las dos, no sé...Bueno, que hacía siglos que no iba a ese garito. Desde que lo llevaba Alex, más o menos
- Joder, pues como yo
- Pues no veas como ha cambiao la película. Ahora hacen cenas y tal. Tipo montados, pizzas, burguers y todo eso...La gente también es diferente, no es tan, tan...como era antes, de golfos y eso...
- Ya, ya...
- Bueno, pues llegamos allí, bien pasaetes, y llega el Naranjito, el pequeño, ¿lo conoces?
- Claro, muy buen chico
- Pues ese. Y llega y nada más entrar viene a saludarnos y tal, que si esto que si lo otro, que si tal pascual...yo ya estaba cagándome en Dios, pero bueno. Y en esto que nos dice que si íbamos a cenar. ¡Mira! Y ya cojo y le digo que qué cojones le importaba a él si íbamos a cenar o no. ¿Y sabes lo que me dijo?
- ¿Qué te dijo?
- Que bueno, que ¡él era el camarero!
- Jajajaj
- Jajajaj...Me cago en la puta. se quedó blanco el pobre chaval.
- Normal
- Joder...En fin, que en una de las veces que nos salimos al coche volvimos y ya no quedaba casi nadie. Se vació de golpe. Y ná, ya a eso de las cinco nos fuimos ya medio echaos de allí...Y bueno, pues eso. Que no puedo estar solo.

Llegó de trabajar una vieja gloria local y se vino con nosotros. Le puse su tercio de la Mahou y empezaron a cruzarse viejas historias al relance de las últimas brasas de la anterior. Vi su camiseta y conté una anécdota del personaje y su fantástico año 1972 del que no recordaba nada.

- Joder -dijo el portador- eso me pasa a mi con los cinco años que pasé en Madrid en los ochenta. No me acuerdo de nada. Es como no sé, como un paréntesis en negro de mi vida. Todo entripao, todos los putos días...De vez en cuando me he encontrado a alguien preguntándome si no me acordaba de él. "¿Yo qué coño me voy a acordar de ti? ¿quien eres?" Y entonces me decía que era este, que me había conocido en tal sitio, con tal gente, en tal movida...Y ya empiezan a venir algunos fogonazos a la cabeza. O si te metes algo, no ácidos, yo no tomo de eso desde hace mucho tiempo, pero algo...Y es como si el cerebro volviera a coger aquella onda y te entornara un poco la puerta de todo aquello...Joder, la hostia...Pero si estás normal no te acuerdas de ná. Es más, que a muchos los he mandao a la mierda. Alguno se llevó un buen hostión, como aquel pesao en el bar de Pepe que salió por la cristalera. ¡Y menos mal que estaba abierta!
- Jajaja
- Jajaja
- Que sí, que sí, que no soporto a los putos pesaos, que si he dicho que no te conozco es que no te conozco, no me toques más los cojones

Pachi contó algunas buenas historias de sus años perdidos y después se fue.

- Tipo duro el Pachi -dijo
- Joder, y tan duro
- Pocos le han pegao y a muchos ha baldao
- Una fuerza de la naturaleza. Un buen tío con problemas. No llegué a conocer a su padre pero el mío sí y decía que eran iguales. Buena gente mientras los conocieras. El peligro se esconde en el desconocimiento. De aquí vienen todos los malos entendidos.
- Joder...muy profundo eso, Kufisto, muy profundo...Anda, me voy a comer que sino mi mujer me va a estrellar el plato en la cabeza...¿qué hora es? ¡las tres menos cinco! ¡adiós!

Y se fue echando a correr para que me riera.

Uno de mis ciegos preferidos de la ONCE se pasó a verme, tomarse algo y ya de paso colocarme un cupón de los que nunca tocan.

- ¿Como va eso, Domingo?
- Mal, Kufisto, mal -dijo de buen humor, como siempre, tanteando la barra y el taburete. Todavía ve algo, pero el cambio de la luz del día a la del bar le deja momentáneamente ciego total. Se sentó- Dame, dame...¿qué me vas a dar? joder, si es que no puedo tomar ná.
- Ya me dijeron ayer que el martes te sacaron azúcar o no sé qué -desde hace años lleva una lucha constante con sus niveles, siempre descompensados.
- Sí, sí...algo de eso, siempre hay alguna historia. ¿Tienes leche desnatada o semi?
- Nooo
- Pues ponme un cafe con poca leche
- Marchandooo

Le quedan un par de años para jubilarse. Hará doce que empezó a perder visión y tuvo que dejar de trabajar el bar que llevaba junto a su mujer en un lejano pueblo de la ancha Mancha. Se metió a la ONCE y lo mandaron para acá. Los fines de semana va a ver a su familia. Hace poco casó a una hija. Es padre de tres y una de ellas es su tesoro especial, muy especial, y está casado con una mujer que ha caído en una depresión desde hace unos meses. El anterior a la boda de su otra hija estaba tan nervioso que perdió hasta peso. Todo acabó saliendo bien. Él fue quien me hizo la mejor foto que me han hecho en la vida. Fue una mañana en la que yo estaba de resaca criminal. Llegó y pidió algo. Se lo puse y me senté ante el ordenador, mudo. Entonces él, sin decir nada, me hizo la foto.

- Mira, Kufisto
- ¿Qué, coño?
- Miiira, don Cabreos.

De mala gana le cogí el teléfono esperando ver cualquier gilipollez de vídeo. Y entonces me vi. Me vi por primera vez en mi vida en una fotografía. Ese era yo. Ese. Ese y no otro. Le dije que la pasara a mi teléfono y la puse en el wasap. Ese soy yo. Ese seré yo si algún día llegáis a verme. Y es que Domingo, antes de ir perdiendo visión y tener que hacer cosas de ciego, fue un fotógrafo aficionado. Y eso se nota.

- ¿Como ha ido la venta, petardo? -le he preguntado
- Mal, mal...No hay nadie. Está todo el mundo por ahí. Luego dicen que hay crisis
- Pues ya somos dos.
- ¿Y Paco? ¿no ha bajado a tomar café?
- No tardará -dije. Paco es el ciego oficial del bar. Está jubilado y pasa de todo. Si mañana saliera el sol por el oeste él estaría esperándome en la puerta del bar a las siete y cuarto de la mañana, bastón en mano y pito en la boca.
- Pues toma el cupón que me voy. Dale recuerdos al neonazi.
- De tu parte
- Paz y amor
- Dijo el Señor
- Eso

La tarde se iba. Mi día laboral se acababa cuando llegó un buen hombre que sólo viene cuando tiene a alguien muy enfermo. Esta vez es su anciano padre. Ya va para una semana que nos vemos. El sábado pasado cambió su eterno tubo de cerveza por tres Larios con cocacola. El día anterior me había enseñado un mensaje de su ex. Estaba con su "amigo", decía, y no se había enterado hasta ese momento, dos días después. No podía haber dicho que había estado de compras, o de peluquerías, o en un concierto de cámara en Baden-Baden, o vendimiando en la Toscana, no...Tenía que decirle que estaba con su "amigo" Entonces, al relance, que es como pasan las cosas en los bares, me contó que tiene un hijo en la cárcel por "subnormal" (drogas) y otro que "sigue estudiando con 27 años" y al que todavía tiene que mantener.

- ¿Qué tal? -le he dicho
- Bueno...
- ¿Qué te pongo?
- Un tubo, como siempre. Lo del otro día fue el otro día.

El asunto va a mejor. Las pruebas de la alarmante anemia que ingresó a su padre están dando resultados negativos y ya no hay más orificios donde rascar. Todo está medio correcto y probablemente le den el alta este fin de semana. Anemia y cáncer son cosas que suelen ir juntas y parece ser que esta vez ha habido suertecilla.

Estábamos hablando del tema cuando ha llegado Paco dando bastonazos a diestro y siniestro.

- Ahí, Paco, ahí, donde estás -le he dicho
- Ponme un café
- Recuerdos de tu amigo Domingo
- Pues bueno. ¿Qué has comido? -ha preguntado como todas las tardes desde que el mundo es mundo, o eso recuerdo.
- Pues algo que te hubiera gustao
- ¿El qué?
- Tus mejillones a la vinagreta con un bote de judías que he comprado en el moro. No he dejao ni uno.
- ¿Ni uno?
- Ni uno
- Cabrón
- Bueno, tú te comiste diez este mediodía
- Ya, ya...¿Sabes donde va a ir la botella de agua hoy, no?
- Me lo imagino
- Pues eso

De un tiempo a esta parte ha cogido la costumbre de tirar la botella vacía de agua tras la barra. Entonces yo me agacho, la recojo, le digo cabrón y la tiro a la basura. Bueno, no ve nada desde los veinte años, su padre está inconsciente en la cama desde hace ocho y la anciana madre se encarga de los dos. Sus hermanos están pendientes pero tienen sus familias y sus vidas. Ayer vi a uno de ellos y lo reconocí cuando estando en la calle fumándome un pito me saludó de refilón al pasar por la puerta con su rubísimo hijito.

- Hoy me voy de cena con mis hermanos, Kufisto -ha dicho
- Muy bien, Paco
- Vamos a aprovechar que estamos todos por aquí
- Claro...¿Y la mama?
- La mama se queda con el papa
- Bueno, pues nada, a hincharse, figurín
- Y mañana pesaje con la dietista
- Pues a palmar
- Pues que le den
- Haces bien, Paco, haces bien
- Pues claro. ¿Qué te debo?

Paco se fue y el otro se quedó un poco más. Me pidió un par de sandwichs para su padre y su tercer tubo. Y un rato más tarde me quedé solo.


Salí a la calle. La tarde estaba perfecta para dar un buen paseo. Sólo faltaban veinte minutos para el cambio del turno. Consideré el tiempo y la posibilidad de beberme una cerveza helada y fumarme un pito. Dudé un tanto y pasé adentro. Cogí una copa del congelador y me serví una cerveza al gusto. Rulé un cigarrillo del frigorífico y salí afuera. Una mujerona pasó delante de mis narices para sentarse en la terraza que hay en la otra manzana.


Y entonces pasé adentro, pillé una bolsa de hielo, la metí en el coche y esperé un poco más.


Todavía no he olvidado que Johnnie Walker y Golden Virginia siguen esperando que llegue a casa.

domingo, 6 de agosto de 2017

LA CORTINA METÁLICA

Tengo una cortina metálica en la puerta del bar. La pongo cuando llega el tiempo de las moscas y la quito cuando se les acaba. Entonces la enrollo, la meto en una bolsa de basura y la guardo. Ya son muchos años y le faltan algunos eslabones por abajo. A veces, con el paso de los años y de los niños (los únicos que reparan en ella), ha perdido algún hilo que he sustituido por otro de la perenne que tengo colgada a la entrada de la cocina. Al mediodía, con el calor extremo, la estrangulo y cierro la puerta. A veces, con el paso de la gente, tiende a desatarse y tengo que volver a hacerle el nudo. Pero esto es algo que ya pasa muy pocas veces. Que yo recuerde, este año todavía no ha sido necesario. Y no es que haya aprendido a hacer nuevos nudos. Puede que sólo sea que la ato más fuerte. O que alguno de mis hermanos lo haga por mi. No lo sé.

Por ella ha de pasar todo aquel que quiera vernos a mis bebidas y a mi. Ya sea a puertas abiertas o cerradas el roce es inevitable. Y ya sea como sea tampoco te salvas completamente de visitas no deseadas: lo pequeño o momentáneo para nosotros es grande y casi infinito para lo minúsculo. Aunque ya dentro les espere otra trampa en forma de luz incandescente. A veces suena y sabes que algo ha muerto. No deja de ser una buena forma de irse de este mundo: "crucé la cortina y fui hacia la luz" Morir por el odioso bayetazo de cualquiera habiendo una luz que te espera con los brazos abiertos es algo todavía indigno para cualquiera. Esto lo saben hasta las buenas moscas.

Mucha gente ha pasado por mi cortina, mucha...Pasan y se van. Algunos vuelven y otros no. Lo que yo tengo lo tienen muchos otros. Y mis ojos suelen dar para darse una prórroga a casi todo aquel que no sea ciego.

El hombre de ayer ha vuelto a venir hoy. Yo estaba cagándome vivo y ya me iba para hacerlo en casa cuando ha cruzado la cortina.

- ¿Un tubo? -le he preguntado ya con el vaso en la mano y casi que cogiendo el grifo de la cerveza.
- No. Hoy no que vengo hasta los...Ponme un Larios con cocacola.

Y mientras se lo ponía ha empezado a contarme otro capítulo de la odisea con su familia. Yo me he ido y ahí lo he dejado con mi hermano y un par de clientes. Al volver veinte minutos después lo he visto subir calle arriba, las manos en los bolsillos, uno de sus hijos en la cárcel "por subnormal", su ex jodiéndole con mensajitos de móvil y su padre medio muerto en el hospital.

- ¿Y este tío? -me han preguntando entre risas al cruzar la cortina.
- Pues ná -he dicho- Un hombre con problemas.
- Jajaja...

No sé lo que les habrá contado pero sí que se ha bebido tres copas.

Me quedé solo un rato. Después alguien muy cercano me dijo que estaba amargado. Yo dije la verdad, que soy feliz, que estoy como quiero estar y que hago todo lo que puedo para no joder a los demás. Tuve que servirme una copa para aguantar sus embates. Él ya iba por la cuarta y había que hacer algo para mostrar interés:

- No pones la música adecuada, ni la tele, ni ná...¡Joder, pasas de todo el mundo! ¡Esto es un negocio, Kufisto, un negocio, joder!...¡Con lo listo que eres!
- ¡Pero me cago en Dios! ¿qué tengo que hacer, joder? Si me piden fútbol, se lo pongo; si me piden tal música mientras no sea una puta mierda, se la pongo...
- Ya, ya...pero tú antes molabas, joder, te enrollabas con el personal y tal...¿Y ahora, qué? Ahora estás ahí, pasando de todo...
- ¡Pero qué voy a pasar de todo!
- ¡ Que sí, coño, que sí, que pasas de tó, hostia, que ni te das cuenta!
- ¡Y qué tengo que hacer! ¿ponerme pedo todos los días?
- Me cago en Dios...

La conversación estaba empezando a llegar a su cenit cuando una tía atravesó la cortina y con ella cualquier intento de hacer cima. Empezaron a hablar de gilipolleces y desconecté. Será por eso que dicen que estoy amargado. Me serví otra copa y esperé el cercano relevo.

Llegó una de las putas del edificio de enfrente. La pareja se salió afuera para fumar y me fui a hablar con ella.

- ¿Qué tal el finde? -le pregunté intentando hacerme el simpático.
- Bueno...normal. La gente no tiene un duro
- Ya
- Ahora en septiembre, con la vendimia y eso...
- Claro

Lleva un par de meses por aquí. Trabaja en un club de un pueblo cercano ("sala de fiestas" como me dijo el otro día) y aparte hace sus cosas en el piso. A veces viene al poco de abrir el bar, a eso de las ocho de la mañana, toda volada, y se bebe un par de cervezas antes de irse a acostar.

- Venga, vete pá casa a dormir...
- Ya, ya, cariño, ya...

Quiere abrir un garito. Mañana se va a Valencia a no sé qué. Me ha aconsejado algunas mejoras en mi local en forma de tías enseñando cacho y poniendo cocktails. Yo la miraba como si me estuviera hablando un entrenador de fútbol. Le di algunos consejos generalistas con respecto a su paranoia de bar y me serví una cerveza en el vaso más grande que encontré. Salimos a echarnos un pito y se fue.

- Ahora venimos todas -dijo
- Vale -dije yo

Faltaban cinco minutos para las siete. Hora de relevo. Llegó mi hermano y me fui.


Abrí la puerta de mi casa. Me acordé de mi gato muerto. Maldita resaca y maldita vitamina C aguada...


Encendí el ordenador, subí un poco las persianas y abrí un tanto las ventanas.


Funciona cuando sólo eres tú quien tiene el mando.

viernes, 4 de agosto de 2017

AMIGOS PARA SIEMPRE




Éramos muy jóvenes y fuimos buenos amigos. Los del colegio eran eso, del colegio, y los del barrio ya habían quedado atrás. La pubertad había llegado y con ella el ansia por conocer gente nueva, diferente y cercana. La fiebre del fútbol empezaba a dar paso a la musical y este fue el hilo que nos unió. Nos juntábamos en alguna casa disponible y escuchábamos todos aquellos discos con verdadera devoción. Era imposible que hubiese música mejor en el mundo, aunque muy pocos estaban de acuerdo con nosotros, cosa que lejos de desanimarnos nos reafirmaba todavía más. Después salíamos por ahí y jugábamos a ser hombres. Y cuando alguno caía nunca se quedaba solo. Un par de años más tarde empezaron a llegar las chicas, tan diferentes a las que veíamos en las pelis porno, y el grupo comenzó a resquebrajarse: ya no era lo mismo con ellas en medio. Algunos acabaron por dejarlo. Llegaron más drogas que los porros y el alcohol. La música que nos había unido ahora nos tenía encerrados en una jaula. Habíamos vuelto a la casilla de salida. Pero otros no. La partida no empezaba otra vez. La partida seguía. Y ya, casi desde el principio, íbamos a remolque. Me fui cuando las pastillas tomaron el relevo de aquella música que ya estaba dejando de escuchar.

Los años pasaron y las casillas no tanto. Algunos hubo en los que existió la posibilidad de avanzar unas cuantas, pero pudieron más los errores del inicio. Hay quien aprende de los suyos y hay quien los prefiere a los aciertos de los otros. Yo todavía soy de estos.

Antes de ayer vino al bar uno de aquellos buenos amigos con un conocido. Está tan gordo que ha tenido que dejar de trabajar. Me lo contó la última vez que estuvo por aquí, hará un par de meses. Se quedó dormido con el camión y a punto estuvo de matarse. Ahora está viviendo con su madre, siguiendo un plan de adelgazamiento, durmiendo con el oxígeno para su apnea y haciendo de tripas corazón para no salir a la calle con sus amigos. Pero el martes se dio un homenaje. Salió a comer por ahí y después vino a verme para tomarse unas copas y alguna que otra raya. El otro se lío a jugar con la tragaperras cuando vio que empezaba a contarme cosas que él ya había oído. Mi amigo no paraba de hablarme fuerte y de mirarme a los ojos como si fuera a desaparecer. Nos reímos un montón con sus peripecias por Europa. Me sorprendió un tanto su tremenda humanidad escondida bajo esa brutal apariencia que siempre ha tenido. Son muchos años sin apenas contacto de vis a vis, nada más que lo típico de muy allá para cuando y siempre en compañía de otros. Me decidí a echarme una cerveza cuando pidió su segundo gin tonic. Y saqué un paquete de tabaco después de otros cuatro días sin fumar.

- Todo está en la cabeza, Kufisto, todo. Yo voy al dietista y me dice: "Mira, no te voy a volver loco con el tema del pesaje y demás. Lo importante es que tú te lo creas, que sepas donde estás y el problema que tienes, pero no te obsesiones. Lo tuyo es cosa tuya y de nadie más" ¡Me cago en Dios, Kufisto! ¿tú sabes lo que es oír eso después de estar tratando con una jodida zorra de médica que no hace más que decirte que si esto y que si lo otro, como un puto sargento? Que si deje a mis amigos, que si esto, que si lo otro...¡Pero como voy a dejar a mis amigos! ¿y qué hago? ¿me suicido? Yo cumplo, Kufisto, cumplo...Mis verduritas, mis carnes a la plancha y tal, azúcar cero, el tabaco...el tabaco no puedo dejarlo aunque fumo menos, claro, y el alcohol...bueno, soy alcohólico, bueno, medio alcohólico, y a la hora de comer mi vino con sifón y tal, pero nada más. Ni copas, ni chupitos, ni pacharanes, ni cervezas, ni nada...nada ¡Pero coño, el vino con la comida no! Luego me llaman mis amigos; que si vente, que estamos aquí, que esto y lo otro, que tal y cual...Y yo les digo que no. Que no. ¿Entiendes, Kufisto? ¿lo entiendes? ¡Les digo que no y me quedo en mi puta casa con mi madre! Bueno, sí, hoy estoy con este...pero es hoy. Un tío como yo no puede estar encerrado a tutti sin desfogar de vez en cuando, que son muchos años...Yo lo único que quiero ahora es ponerme bien, volver a trabajar ¡y agenciarme una mujer barbuda aunque sea, coño!

Pillé otra cerveza y salimos a la calle para fumar. Él siguió hablando y hablando de toda la gente y sitios que había conocido. Gente y sitios reales, fuera de toda ruta turística. Y para nadie tuvo una mala palabra, al contrario. Sólo para los "coletas" de aquí, como él los llama. Gente que no sabe una puta mierda de nada mientras dictan todo lo que les dictan. Él, un tío que si ha sido de algo es de izquierdas, cagándose en las cabezas de quienes ahora llevan sus riendas.

Llegó mi hermano y me fui. Si él hubiera estado solo me habría quedado, fijo. Pero mejor así. Y nos despedimos con un gran abrazo después de acordarnos de nuestros padres muertos.

Esta tarde ha venido un amigo del barrio. Hacía años que no lo veía por aquí. Casado en su momento, padre poco después, propietario junto a sus hermanos del muy boyante negocio que heredó de su padre...Era bueno jugando al Monopoly. Venía con otro, uno con pinta de pardillo. Después llegaron otros dos. Más copas, más risas bancospaña, más planes llenos de cigalas, gambas de Huelva y putas...Llegó mi hermano y me fui. Ni invitándome a todo eso me hubiese quedado con ellos.


Bueno...en estos casos digo lo que Botvinnik de su mítica partida con Fischer:


- ¿No hubo demasiados errores? -se pregunta en boca de otro
- Ciertamente, los hubo.


Pero ahí está.


Todavía.