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viernes, 31 de agosto de 2012

AMOR OBSOLETO




La verdad es que saltaba (con pértiga) a la vista que no estaba bien. Bueno, ni medio bien, siquiera medio-medio bien, o no demasiado mal: ese tío estaba realmente jodido.

Tenía una pinta tal que una de esas máquinas defectuosas que giran y giran en el sentido correto la columna del manicomio en "El expreso de medianoche", o siendo benévolos, y quizá más ajustados, podría haber pasado sin dificultad alguna el casting para "Alguien voló sobre el nido del cuco", pues no era un desharrapado como aquellos, aunque su huidiza mirada revelaba tamaño cacao mental que bastaba para tenerlo por enfermo de la quijotera: eso estaba tan claro como el azul radiante de una de esas calurosas mañanas de verano de las que hablaba el drugo Álex.

Estaba casado con una tipa que siempre me ha recordado a Bonnie Bedelia, la mujer de Willis en "La jungla de cristal", un tanto más bastorra, por supuesto, pero tampoco su marido era el gran Bruce, que si no ninguno de los dos estaría con el otro, pero en muchas ocasiones las parejas solo se forman tras decenas de malos descartes y muecas de disgusto, como si jugaras con una baraja del uno al mil y sin figuras, entonces te conformas con tus dos treses y vas con lo último que te queda, aburrido y mareado. Y a palmar.

Era una extraña pareja que desprendía el mismo amor que pueda haber entre una musaraña y una pompa de jabón, pero eso es casi la norma en quienes llevan más años casados que solteros y solo los mantiene unidos el fuerte pegamento del deterioro físico, pues imaginan que nadie deseable puede desearlos ya, y así se quedan, el uno junto a la otra, hasta que la Despegadora Universal llegue con su guadaña y los separe por toda la Eternidad, que otra cosa sí será pero no delicada, lo mismo le vale una pareja de treses que una de ases: todos los comodines son suyos.

Pero el pegamento de estos dos no lo era tanto, por lo visto, y aunque él estaba más acabao que la Falange ella todavía tenía un polvo, o dos, o diez, que todos estamos más salíos que Kunta Kinte sin cadenas, así que le ha dado puerta: no estaba dispuesta a pasar los quince o veinte años activos que le queden con un tío que mira a la gente como si llevaran máscaras de carnaval en Ciudad Juárez, más aún ahora que puede follar lo que quiera sin pensar en si fallará el condón, o la pastilla, o el DIU, o la marcha atrás, o la oración a Santa Rita.

Y se ha agenciado a un ciclado, un treintañero con cara de gañán y casi tan nervioso como su ex, parece que le va el desquicie, siempre que al menos durante un rato se le ponga duro algo más que la cabeza.

Una cuarentona que acaba de dejar a su cuarentón busca zumo de nabo como otros al monstruo del Lago Ness, pero aparte de porque lo quiere y desea también está que la vean; como aquello de Dominguín y Ava: ¿de qué sirve si no puedo contarlo?. Y por esto va con este a los mismos sitios a los que iba con el otro.

La veo tranquila, relajada, aunque también la veía así cuando estaba con el otro, siempre me pareció una walkyria, con esas piernazas y esas tetazas colganderas, solo le faltaba el casco de cuernos, pero estoy por asegurar que se lo cedió a su ex durante unos cuantos años, una melenaza como esa hay que enseñarla, además "¿no estás prejubilao? pues al menos lleva esto. ¿O tampoco puedes?".

Así que ¡¡¡AYATOOOOOOO!!!

Que una acaba hasta el moño de que Charlie no le haga surf como Dios manda.

Y el otro...espero que al menos encuentre su columna y tenga una buena reserva de calzoncillos limpios.





jueves, 30 de agosto de 2012

TODAVÍA TIRANDO CAÑAS




Era un tipo bajito, pero eso de las medidas sigue siendo bastante relativo, pues si nos guiamos por la dictadura del número no hay pasado que supere al presente ni este que haga lo mismo con el futuro: las cosas (y más aún las personas) hay que medirlas con relación a su tiempo. Un metro de hace cien años no es un metro de ahora aunque mida los mismos cien centímetros, creo que esto no es algo difícil de comprender.

Así que mejor hay que decir que era de estatura normal, poco más de metro sesenta, o sea, más o menos la media de los españolitos que nacieron pocos años después de acabada nuestra inolvidable Guerra Civil.

No era de aquí y ahora no recuerdo de donde, puede que murciano, no sé, pero el caso es que llevaba el tiempo suficiente como para ser tenido por uno de los nuestros, algo especialmente complicado en un lugar como La Mancha en el que aquello de es un hijoputa...pero es nuestro hijoputa funcionaba bastante bien. Y escribo en pasado porque ahora es al revés: cualquiera que venga de fuera es bastante probable que sea un hijoputa, que la desconfianza la llevaremos en los genes por los siglos de los siglos...pero será mejor que nuestros hijoputas. En esto, como en tantas otras cosas, La Mancha es el fiel reflejo de España: ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. "El signo de los tiempos" o Zeitgeist que dicen los lamparillas. O colgando curas de las farolas o saliendo en procesión, o con Franco o con los socialistas, o la pierna quebrada y en casa o tonta eres si follas dos veces con el mismo.

Pero el mejor siempre será el equipo local. Que siempre es el que gana.

La memoria no es como la Kodak de la policía nacional en la que todos salimos con la misma cara inexpresiva, nuestra memoria recuerda a cada persona del pasado, a las que hace tiempo no vemos o no volveremos a ver, con su expresión más característica, ya fuera de seriedad, de temor, de ridiculez o, como en este caso, de alegría: en mi foto siempre sale riendo, ni siquiera sonriendo. Riendo.

Claro que cuando yo lo veía siempre era en el bar, con el botellín o el larios con cocacola en una mano y el pito en la otra, voceando, contando chistes, jugando a los chinos o a los dados, y normalmente si a alguien le gusta todo eso es uno que gusta de la risa y el cachondeo, pues en caso contrario estaría en la biblioteca leyendo a Sartre y preguntándose en silencio qué coño ha hecho toda su vida y donde se podría comprar una maroma lo bastante resistente, o haciendo footing mientras piensa en que alineación sacará su equipo esa noche, o echando un polvo, que también los hay.

Algunos, los menos, beben bastante pero no tanto como para perder de vista a la próxima copa que les puede joder. Entonces se marchan a su casa con la cabeza un tanto entumecida pero sobre los hombros. Otros, la mayoría de los que beben, no tienen la misma lucidez del último momento y siguen y siguen hasta que se van a casa con la cabeza en el culo. Si estás solo no pasa nada, pero si tienes mujer e hijos es un problema: y ese tío era de los últimos y tenía estas dos cosas.

Y al final, a veces, la cagaba bien cagada con su mujer.

Los maltratadores siempre estuvieron mal vistos, la gente les daba de lado, al menos en el círculo donde me crié, "a las niñas no se les pega" era frase repetida por nuestros mayores cuando durante algún juego se nos escapaba alguna galleta o capón y las hacíamos llorar, éramos niños, pero aquel que reincidía se llevaba una buena azotaina. Y no volvía a hacerlo. Entre nosotros podíamos pegarnos lo que quisiéramos (dentro de un orden, claro), que para eso éramos chicos, pero no a las chicas. Y si no podíamos jugar juntos, cada uno por su lado. Algún tiempo después escuché otra frase cuando algún cliente del bar comentaba que fulanito o menganito caneaba a su mujer: "un hombre que pega a una mujer no es un hombre". O también otra muy socorrida, "a ése lo que le pasa es que no se le pone dura".

Recuerdo una anécdota sobre él que me contaron tiempo después.

Era uno de esos críos que iba de capea en capea por los pueblos con el afán de ser torero, y en una de ellas estaba presente Domingo Ortega. Para quienes no lo conozcáis os diré que Enrique Ponce será considerado más o menos de la misma forma cuando lleve unos cuantos años retirado, es decir: un Maestro que conocía a los toros como si fueran sus hijos.

Paulino, que así se llamaba el protagonista de la historia de hoy, se enteró y se tiró a la arena para "comerse a la vaquilla", pues según decían valor no le faltaba, y después de dar unos cuantos trapazos y ser revolcado innumerables veces se fue a donde estaba Ortega y con todo el descaro de la juventud y de su carácter le preguntó:

- "Maestro, ¿qué le ha parecío?"

Y Domingo Ortega le respondió con tranquilidad:

- "Chico...lo tuyo es poner ladrillos"

Tal bajada le pegó que no volvió a torear, o al menos intentarlo, aunque no se dedicó a juntar ladrillos.

Puede que recordara esto cuando aquellas noches llegaba borracho a su casa y su mujer no hacía lo que él deseaba. Y puede que cuando le cruzaba la cara viera la del Maestro que le dijo la verdad, quién sabe, pero el caso es que para salvar lo que quedaba de su matrimonio dejó su negocio y se fueron del pueblo, ya se sabe que la culpa nunca es de uno mismo, sino de los otros. No los he vuelto a ver.

Esta mañana, mientras paseaba escuchando Radio Clásica, han puesto a un inglés del siglo XX que me ha hecho recordar a los grandes del pasado, cuando solo lo realmente bueno, destacable, tenía una oportunidad.

Y ahora que estamos en el XXI, cuando cualquiera puede pasarse la vida intentándolo con la esperanza de recibir una palmadita de aprobación en la espalda, es tan enorme el ojo de la aguja que a veces pienso si no lo hacen más para que les dejemos tranquilos que por cualquier otra razón: "que se entretenga con eso, así nos dejará en paz, a lo nuestro..."

Sí, quizá así sea mejor, que nadie te diga que no vales un duro, que continúes soñando tus sueños de adolescente, o de joven, o de pureta, o de viejo, que los sueños no tienen edad...después de todo uno no hace caso del primero que llega.

A no ser que se llame Domingo Ortega.






miércoles, 29 de agosto de 2012

EN LA CHURRERÍA




No, yo no soy de esos que funcionan con un café hasta el mediodía, entre otras cosas porque me sienta mal, lo dejé porque me subía la tensión, esa gorda amante de nucas y globos oculares, se pone ahí, planta su culazo y no se mueve en todo el día, la muy zorra, hasta que das con lo que le gusta, dejas de tomarlo y se va a joder a otros. En ocasiones echo de menos el café, me gustaba, pero no tanto como para pagar el precio de un infarto...aunque luzcas una bella figura, porque otra cosa no, pero el hambre te la quita, que todavía me acuerdo de mis desayunos estudiantiles: un buen vaso del café de madre y un buen canuto de camino al instituto. Una mañana, a primera hora, y mientras un caraflán hablaba y hablaba sobre Kant le pegué tal patada a mi pupitre que se quedaron blancos, "¿te pasa algo, Kufisto?", "no...nada...es que se me ha ido la pierna...perdón...", las cinco o seis chicas y el otro chaval que junto a mi componíamos el pequeño grupo de Letras Puras se rieron de buena gana, no por nada yo ya estaba clasificado como alguien excéntrico, otro espécimen de rebelde sin causa, y algo como aquello entraba dentro de lo posible viniendo de mi. Recogí la mesa, los papeles, y en el recreo triunfé con una de mis compañeras, a las chicas le gustan esa clase de tipos, pero yo no lo era aunque lo intentara: había dicho la verdad. Se me fue la pierna.

Normalmente me levanto con el hambre hecha, que se dice por aquí, soy muy capaz de comerme lo que sea, pero suelo conformarme con un gran vaso de zumo de naranjas, un limon y una buena cucharada de miel acompañado por un montadito de fiambre, o unas galletas, o unas nueces, algo que te dé energía, pues uno no puede andar por ahí, subiendo cerros, con un vaso de leche desnatada y unos copos de avena o cualquier parida de esas, que más que comer parece que te están comiendo de lo hipocalóricas que son.

Las naranjas nos la trae un murciano que se recorre una buena parte de España vendiéndolas en su furgoneta, es un tipo enorme que siempre va con prisas, como escapando de algo o de alguien, aparte de Hacienda, como todos, que factura ni Dios que lo soñó, "DIÉ KILO, CINCO EURO", están cojonudas, grandes y llenas de zumo, también lleva melones, sandías, ciruelas, tomates, malacatones...en fin, lo que toque en temporada, "tómate algo", "DAME UN RÉ BUL", y se lo bebe en 0´2 antes de salir cagando leches por ahí, puedo imaginarlo parando de bar en bar, "DIÉ KILO, CINCO EURO", otro red bull, a tope, como la locomotora del infierno, yo me bebí dos con whisky una noche y me puse malo, pero malo de cojones, esa mierda huele a clamoxyl, a medicina, a veneno, pero a cada uno le va bien lo que le va bien.

El verano no es época de naranjas, al menos de las buenas, así que lleva unas semanas sin aparecer, y si quieres naranjas tienes que comprar las malas, las que venden en las grandes superficies. O en los pequeños súper de barrio.

Voy a uno que está cerca de casa a pesar de que esté un poco más lejos que el Mercadona, pero es que este sitio me da mucho por culo, de verdad, con esas niñatas con aspecto de castingeras para Gran Hermano, y es que todo lo que me recuerde a Telecinco y su putamadre me saca de quicio y más allá, no puedo soportarlo, prefiero oler a naftalina, rodeado de viejas, que ver a esas petardas, carne de todo lo que no me gusta.

El encargado del súper es uno de los tipos más siesos que he conocido en toda mi vida, luego está el carnicero, un tipo con cara de resaca perpetua, me cae bien, una pureta que anda de aquí para allá y que conoce a todas las viejas por su nombre, y una cajera fea, peluda y treintañera, con la boca empezada, a la que siempre que veo imagino comiendo pollas, pero ayer no estaba, andará de vacaciones en Cuba o en Torremolinos, así que me atendió el encargado, y ¡oh, sorpresa! me preguntó qué tal me iba, estuvo especialmente amable, ¡hasta me cambió la bolsa de las naranjas cuando me di cuenta que una estaba enmohecida!, "espera un momento que te la cambie", y se fue a por otra y pensé en como tiene que estar el asunto para que hasta ese intente hacerse el simpático.

Naranjas demasiado pequeñas y nueces demasiado pequeñas...al verlas me he acordado de la churrería que me encuentro todas las mañanas. Y no he desayunado en mi casa por primera vez en muchos años.

Tantos que mientras iba de camino he pensado en como pedir los churros, ya no me acordaba, "¿churros o porras?...las porras son los grandes, ¿no?".

La parroquia estaba compuesta por cuatro personas, apenas eran las siete de la mañana, conocía a un basurero que me encuentro todos los días, un tipo de barba cuidada con aspecto de trabajar en cualquier otra cosa menos en eso, de hecho ha sido el único en dignarse a responder mis buenos días, ha amagado con dejarme sitio en la pequeña barra pero le he dicho que no se molestara, que me iba a sentar en una mesa alta, al rato ha salido el churrero, un chico joven y con pinta de churrero, le he pedido un chocolate y dos porras y me he sentado a mirar el percal: uno leyendo el periódico, el basurero terminando su breve parada y los otros hablando de sus poblemas...

"¡Joder qué porras!" he pensado al verlas: enormes como cuello de pavo, "me he pasao tres pueblos", recién hechas, calentitas, el chocolate estaba delicioso, en su punto, ni claro ni espeso, me he puesto de buen humor con solo darle el primer sorbo, me encanta el chocolate, lo comería a diario, a cualquier hora, no entiendo como pueden llamar postre a algo que no lleve chocolate, de verdad, eso de pastel de queso o pastel de carne o pastel de cualquier cosa...¿de qué coño me estás hablando?, pero también es de los que lleva a doña Tensión Alta del brazo, así que me corto bastante, una vez a la semana, cumplir años es descumplir otras muchas cosas, pero qué le vamos a hacer.

Pero las porras...¡ay, las porras!. Tan huecas como corazón de especulador: solo tenían el envoltorio, quizá hubiera podido usarlas como catalejo, "¿por qué? ¿por qué?". Y he pensado que si las hacen así es porque le gusta a la gente, menos pesadas, menos calóricas. "Puedes comer churros, pero de esta manera, así no engordarás". Qué obsesión.

Prefiero no comerlos, o hacerlo una vez al mes, antes que me den gato por liebre: esos churros merecerán el aplauso de dietistas y cantamañanas que cocinan vestidos de negro y con una gorra de colores sobre sus cabezas. Pero no el mío.

Otra cosa a no hacer.

Entre los años y los gilipollas cada vez se ponen más difíciles las cosas para nosotros.

Aquellos a quienes se nos iban las piernas

martes, 28 de agosto de 2012

UNA VERDADERA HAMBURGUESA




No veo la televisión, al menos en mi casa. Después de la lavadora (siete años y aún virgen) debe ser el electrodoméstico que menos utilizo, aunque no es que tenga muchos, la verdad, también hay una licuadora que compré hace unos veranos, creo que la utilicé tres veces, le echaba de todo, pura vitamina, me parece que fue por lo de las resacas, para mitigarlas naturalmente sin recurrir a las aspirinas, ibuprofenos, paracetamoles y demás amigos, pero no funcionó, así que la abandoné. Setenta y nueve euros menos para mi y setenta nueve euros más para el del Corte Inglés, que siempre anda muy necesitado, el pobre. Si echara cuenta de todo el dinero desperdiciado en cosas absurdas o que no me han aportado nada, o muy poco...no sé para qué coño compramos nada.

En el bar, sí, es inevitable, tiene que estar encendida siempre, desde que abres hasta que cierras, con volumen o en silencio, pero que se vea. Un bar sin televisión es sospechoso de cualquier cosa. Estamos tan acostumbrados a él, a su continua presencia, que es tal que si algo nos faltara, algo importante, cuando lo vemos apagado. Un técnico de televisores es alguien importante en nuestra sociedad, muy por encima de fontaneros, albañiles o pintores, estos pueden torearnos, lo suyo puede esperar, pero la sola idea de pasar un solo día, una sola tarde, sin la compañía del televisor hace que mucha gente se ponga muy nerviosa, aunque rara es la casa que no tenga dos, tres, cuatro o los que hagan falta: nadie tiene un frigorífico de más, o una lavadora, o un fregaplatos, o un lo que sea, pero televisores...que no falten. Lo único que le falta al water es un televisor, pensarán muchos que vivan con otros y otras. El paraíso huele a mierda. Pero, al menos, es tu mierda.

Una vez cada dos semanas cocino para mis padres y hermanos, voy a su casa y les preparo un buen arroz, soy un Maestro, pero ayer les hice un marmitako que se le había antojado a uno de mis hermanos, hacía tiempo desde el último, y no porque algo sea bueno, muy bueno, hace que eches el ancla en él, hay que variar, probar de todo, o eso dicen, yo soy bastante monomaníaco, pero también pinto menos que un mono. A mi me sigue gustando lo que siempre me ha gustado. Nunca me gustó hurgar por ahí, si me lo encuentro, bien, y si no...pues lo de siempre. Lo que me funciona. Por cierto que el marmitako me salió de putamadre a pesar de los años pasados: es difícil olvidarse de algo que hiciste bien.

En la casa de mis padres hay un televisor en la cocina, televisor que siempre está en marcha aunque estén cocinando, o poniendo una lavadora, o fregando cacerolas, o, sobre todo, comiendo, son incapaces de hacerlo sin su compañía, y de lo malo siempre escogen lo peor, la jodida telecinco, la mierda de telecinco, cosa que me pone especialmente enfermo, "¡no sé como podéis ver esta mierda!", lo último es un programa donde no hacen más que chillarse para ver quien tiene la razón, si el marido que reclama ver a sus hijos o la mujer que grita por el retraso de su pensión, un auténtico pandemonium, una verdadera bazofia, algo capaz de ponerte de los nervios, algo más que suficiente para cortarte la digestión. Ellos se ríen y yo procuro concentrarme en mi plato y terminar rápido, "¿no quieres postre?", "NI DE COÑA".

He acabado por ponerla mientras cocino. Una vez me pillaron escuchando Radio Clásica y el silencio fue tan espeso que no lo volví a hacer, pero al menos encontré a Colombo aunque tampoco esto era suficiente, "¿cómo ves eso tan antiguo?", lo veo porque me cuenta una historia sin pretender lavarme la cabeza, de esto me encargo yo, aunque no duró mucho: poco después lo cambiaron por McGyver y me di cuenta que el rollo políticamente correto lleva en marcha más años de los que pensaba.

Ayer encontré un canal de documentales, trufado como no podía ser de otra forma por innumerables cortes publicitarios durante los cuales te bombardean despiadadamente con continuas soflamas sobre lo bien, lo feliz y lo molón que vas a ser si vives de acuerdo a lo que hoy nos toca, pero yo, que soy un anormal, vuelo como alma que llevan mil diablos hacia el mando a distancia, botón mute, aunque a veces no puedo evitar encontrarme el careto de la Machi y sus putos yogures, o el de Vázquez y sus putos yogures, o el de uno que no sé su nombre pero me da un asco indecible y sus putos yogures...

Era una comunidad de negros en el África, no recuerdo el país, África es África, miseria sobre miseria, el nombre de sus países es tan indistinto como el de los reyes godos o el de los escritores mozárabes de Al-Andalus: si vas a ver algo de África ya sabes lo que te vas a encontrar con un pequeñísimo margen de error. Llegaba una nube de mosquitos, mejor dicho, un cielo de mosquitos, una verdadera plaga, ¿y qué hacía la negritud, que diría el maquiavélico Ansón? pues comérselos, ¿o qué esperabais?. Podías ver a los habitantes de la aldea jugando al tenis con cacerolas y sartenes pero sin pelotas ni red, así lo cazan, aunque cazar quizá no sea la palabra correcta, para cazar hay que hacer un esfuerzo y ahí simplemente había que mover el recipiente como si fuera una raqueta para pillar miles de ellos. "¿Pero cómo se quedan atrapados?" mojando los chismes para que los bichejos se queden pegados, Kufisto, que tienes menos luces que un negro come-mosquitos. Después se los llevaban al cocinero, el más viejo de ellos, con unas manazas que daban grima verlas, y los amasaba sobre una piedra formando una especie de plasta negra que cortaba en circulitos y asaba en una sartén con grasa que supongo sería de coco, o de cojón de mico, o de lo que fuera, pero en ningún caso aceite de oliva, que no se veía ninguna botella etiquetada por ahí.

Y se las comían. "Son muy nutritivas, es un bocado con muchas proteínas en un lugar donde escasean" decía el narrador.

Me levanté, fui a la vitrocerámica y pinché una patata, "ya está". Aquello olía a gloria bendita.

Y todavía nos cabreamos porque vengan a Uropa, esa vieja alzheimírica.

Los mosquitos que se los coma don Fly.

¿O no harías tú lo mismo?

domingo, 26 de agosto de 2012

HORA DE CIERRE




Salí a fumar un cigarrillo, "creía que habíamos hecho más pasta" le dije a mi hermano pequeño, acababa de hacer caja y se me hacía poco, claro que pensándolo, repitiendo la jugada en tu cabeza, podías certificar que ni habían sido tantos ni habían bebido tanto, si algo tiene un camarero es memoria fotográfica, al menos yo: si hace quince años, cuando no quedaban más narices que ser una puta máquina, al final de la noche me hubieran preguntado por lo que había tomado el tipo de la fotografía no habría dudado ni 0´2 en dar con la respuesta correcta, al igual que con las otros trescientos o cuatrocientos seres que hubiera atendido esa misma noche, aunque esa fuera su primera vez allí. Un buen camarero, uno como lo fui yo, toma nota de las comandas por no mirar a los ojos de la gente. La libreta no es sino otro McGuffin, elemento un poco menos indispensable que el oxígeno para la vida civilizada.

No, decididamente habíamos hecho lo justo, pero pasa que la cosa está tan jodida que cuando tienes un rato bueno, después crees que ha sido mejor. Hasta que haces números. Entonces te das cuentas que no fue para tanto. No hay nada como tener buena memoria para poner las cosas en su justo valor, el cual, si eres honesto contigo mismo, casi siempre es menos de lo que imaginabas en un principio. Y, sobre todo, en un final.

En fin, que la noche estaba hecha, solo faltaba que se fueran los tres últimos, un matrimonio y su amigo, clientes detodalavida, que ya andaban por el duodécimo copón de cerveza, el de la casa. Me senté en un taburete, junto al quicio de la puerta, y esperé a que uno de ellos me diera la última tabarra del día, todo lo relajado que pueda estar el sobrio dueño de un garito con las puertas abiertas a las tres y pico de la madrugada de un domingo.

Esta vez fue el marido, casi siempre es él, a veces pienso que es una cuestión de comodidad la razón por la que no dejamos que nuestras mujeres pasen algunas noches con cualquiera, sobretodo cuando se chispan, pero nos las fumamos por no aguantar los comentarios de los días que vayan viniendo: si a nadie le importara una mierda la vida de los demás todo sería más sencillo, más llevadero, pero vivimos más para los otros que para nosotros.

Nunca se me han dado demasiado bien las relaciones sociales, quizá por eso he bebido tanto, es más, no consigo recordar la última vez que necesité hablar con alguien sin estar de por medio el trabajo o el alcohol. Para mi la gente es un estorbo, no sé hacia qué, pero lo son, y por malos de mis pecados he de vivir con ellos y de ellos. El único pecado del hombre es no vivir como hubiese querido.

Me habló de su casa, tan grande como un palacio según me la describió, pero parece ser que paga una barbaridad en gasoil para la calefacción y está dándole vueltas a transformar la caldera para que en lugar de petróleo funcione con huesos de aceituna, nosequé-masa, no me acuerdo como coño se llama pero si que solo necesita aceitunas, sus huesos, para que él, su mujer, su hija y su suegra pasen calentitos los inviernos...

- "¿Qué años tiene tu hija?"
- "Trece"
- "Poco le falta para echar el vuelo..."
- "Sí..."

Eso era. Diana.

Me pasé a la barra, hice como que hacía algo y se fueron.

Vi como se alejaban, ella buscando la mano de él, de camino a casa...

Y no me dio ninguna envidia.

Nin-gu-na.

sábado, 25 de agosto de 2012

ESTA ES LA MEJOR




Sí, también yo me sonreí al verlo, "anda con Dios...", últimamente utilizo mucho esas coletillas religiosas, utilizamos, mejor dicho, nos reímos con ellas, aquí la cuestión es reír, reír al precio que sea, reírse de quien sea, reírse de lo que sea. Estamos tan vacíos, tan podridos, tan hartos de nada, que cada día necesitamos una vuelta más, aunque el tope saltó para muchos hace mucho tiempo, pero ahí siguen, dele que dele, en una vuelta sinfín...yo todavía no. Sé que estoy podrido, bastante, pero hay una diferencia: me doy cuenta.

Iba a dormirme, o por lo menos a acostarme, cuando en el último vistazo a la Red he dado con una noticia donde se contaba que el personal anda de peregrinación a Borja (¡válgame Dios!, ¡y encima se llama así el pueblo!) para fotografiarse ante el Ecce Mono de Cecilia, esa vieja que hemos conocido todos aquellos que pasamos una cierta edad, una vieja-vieja, como Dios manda, arrugada, beata y con aroma a Lagarto, de esas que rezan el Rosario a diario en lugar de irse a bailar el último tango en Benidor (eres más inútil que la m de Benidorm), de esas que son el prozac de los sacerdotes, esos cobardes, pues sin ellas nada tendría sentido para ellos: eso por lo bien que lo habéis hecho desde la Subida de Sotana II, capullos. Ahora os jodéis.

Y ahí estaban, todos sonrientes cuando no rientes, jóvenes en su mayoría, vestidos tal y como si fueran al Viña-Rock, algunos niños con sus madres, el Ecce Mono detrás y el Ecce Homo al fondo, ni puto caso, ellos estaban allí para reírse no para adorar a ningún Dios, me he acordado del cura, "¿donde cojones estaría ese gilipollas?", y venga fotos, en pandilla, en pareja, a solas, ¡qué risa, joder!...

He apagado el ordenador y me he tirado en el colchón, al menos hoy podría dormir sin la compañía del aire acondicionado: mejor cuanto más solo.

Pero no he podido.

La imagen de esa vieja, de esa pobre mujer, ha llegado a mi cabeza para quedarse. Era una foto de ella al borde del llanto y una alcachofa de un perioputa en la boca, es de hace un par de días o así porque también he leído que ha sufrido una crisis de ansiedad y está en cama.

Vale, la ha cagado, ha destrozado una pintura, un fresco...que estaba a punto de desaparecer ante la indiferencia de los demás, pero al menos ella lo intentó.

Bueno...ahí podía haber quedado la cosa, "Ay, ja mía...que se t´a io la mano". Cosas entre vecinos de un pueblo perdido en España, y aquí paz y después Gloria.

Pero no: trending topic mundial. "¡Mirad lo que hacen en España!". Spain is different. 

Supongo que los directores de las cadenas de telemierda andan como locos para llevar a esta mujer a sus pocilgas, supongo que los dominicales de esta semana le dedicarán portada y varias páginas al asunto, supongo que el chorreo y choteo del infinito gilipollerío patrio irá de peregrinación a la de este domingo en ese pueblo (también es casualidad...) para echar el día y unas risas entre auténticos paletos y tal...

Si yo fuera el alcalde de ese pueblo cortaba las carreteras, pero seguro que los recibirá con los brazos abiertos, a ellos y a sus dineros, que la comarca está muy deprimida y tal...tal que el mafioso Adelson y su Europutas en chez Madame Aguirre o el otro de Cataluña.

Si yo fuera el cura de esa iglesia me plantaba en la puerta y no dejaba entrar a nadie que no conociera, pero seguro que los recibirá con los brazos abiertos, a ellos y a sus limosnas, que todo es bueno para el convento...

Y si yo fuera censor...se acababa el cachondeo. Pero rápido.

En una memorable secuencia de la segunda parte del Padrino, Fedro justifica su inocente traición gritándole a su hermano que quería algo para él, para él solo, y Michael le dice que siempre había mirado por él...y entonces aquel le espeta: "¡¡¡CLARO...EL HERMANO PEQUEÑO MIRANDO POR EL MAYOR...!!! ¿¡TE HAS PARADO A PENSARLO POR UNA SOLA VEZ!?"

Aquí los podridos de alma nos reímos de los viejos que no están, ni estuvieron, ni estarán tan podridos como nosotros, porque no os equivoquéis, la gente no se ríe del fresco, sino de quien lo ha "restaurado", es esa vieja, la vieja beata y catolicona de la eterna España en blanco y negro, la que causa el jolgorio general: si eso mismo lo hubieran hecho unos críos, o unos gamberros, o incluso un restaurador profesional, no habría pasado de noticia en página par del periodicucho comarcal (subvencionado, por supuesto).

Pero es una beata, una mujer prehistórica que caricaturiza inmejorablemente al enemigo público número 1: la iglesia católica.

A mi me la suda tanto la iglesia como el resto, estoy podrido...pero me doy cuenta.

Y he conocido a muchas viejas así.

Y solo les hacía falta jabón de Lagarto.

Ya veremos que necesitamos los demás cuando cumplamos los ochenta.

Si eso...

Quedad con Dios.

Y que siga la Fiesta.




jueves, 23 de agosto de 2012

¿UN PURITOOO?



- "Joder...¡si es que somos la puta polla!...pon otra ronda, Kufisto, haz el favor...escuchar, escuchar...¡escucharme, coño!...he estao en Marbella de vacaciones, dos semanas, una con mi señora e hija y otra a mi bola..."
- "Esas son las buenas..."
- "Joder, pues claro...estuve con un amigo, un tío de pasta, de los de verdad, fuimos a unos clubs...no de putas y eso, que también, sino a sitios de copas de nivel, la pasta sigue corriendo como el agua, ni crisis ni pollas, lo que pasa es que la siguen teniendo los de siempre, quizás más que nunca...en fin...si vierais que tías...de revista, de verdá...¡y con unos vejestorios!...les da igual, no son gilipollas ni lo han sido nunca, saben que están con ellos por su dinero, ni amor ni leches, pero les suda el nabo...a ver, ¿qué me vale una tía de esas? ¿mil euros al día? pues mil euros al día, o dos mil, o los que sean, ¡será por dinero!..."
- "Seguro que ni se las follan. Aunque se coman un kilo de viagra..."
- "¡Pero eso es lo de menos, tonto! lo hacen para fardar, para que los vean, para que babee el personal...les tocan el culo, quizá se la chupen...pero da igual...el tema, lo importante, es que esas tías están con ellos y siempre estarán con ellos, con los que tienen pasta...¿que luego se follan a otros, a otros machitos jóvenes y con el rabo como las piedras? seguro, pero también saben que basta una llamada de teléfono para que dejen al otro a medio follar y se vayan con ellos, con papito, con el que le paga los vicios...quien tiene el dinero tiene el poder, y no hay más...pero bueno, a lo que iba...estoy con un amigo en un restaurante al que voy mucho, el jefe es un figura, está ahí ná más que cortando jamón, del cinco jotas, tiene una gracia, es más salao, más golfo...aunque ya está más calmao, los años pasan para todos...bueno, total, que voy a pagarle un plato de jamón y unas cervezas, ¿qué te debo, Antonio?, estás invitao, ¿ah, sí? ¿y quién me invita?, ya sabéis soy de esos que les gusta saber quien les invita, más que nada para devolver el detalle, que siempre ha habido clases, y me dice: ¿ves a ese alemán de la esquina?, sí, ¡pues ese te va a invitar!..."
- "Jajaja...¡qué bueno, coño!"
- "Si es que es así..."
- "Anda y se jodan..."
- "De tanto retorcer el pescuezo de la gallina la vamos a joder...que la gente no es gilipollas..."
- "Pero si les da igual, coño...¿o que van a hacer? ¿irse a veranear con los moros, a coger cualquier cosa? ¿irse al Sudeste asiático para follarse a una niña? ¿irse al Caribe para tirarse a un cubanito? todo eso y más lo tienen aquí, en España...aquí pueden hacer lo que quieran, lo que les salga del nabo, o del coño, solo hay que pagarlo...y todo a una hora de avión, al lao de casa, en Europa...¡pues claro que saben que los tangan, pero lo hacen a gusto! en ningún sitio van a hacer lo que aquí, por eso vienen...¿habéis leído el periódico de hoy? julio ha sido el mes con mayor afluencia de turistas de la historia"
- "Sí...a todo el mundo le gusta España. Menos a los españoles"
- "¡Pero esos son cuatro amargaos, coño! ¿que se quieren ir? que se vayan. A la mierda. ¿Quién cojones va a ir al puto País Vasco? ¡ni Blas! El personal quiere lo de siempre: paella, sangría, sol, mar y fiesta. Lo de siempre, como siempre, ¡si tó está inventao!...pues a aprovecharse, que para algo fuimos el Imperio más grande que vieron los siglos..."
- "Ese fue el mongol"
- "¿De qué?, ¿de desiertos? vete a tomar por culo...pon otra..."
- "Al final nos vamos a chispal..."
- "Como decía un tipo que conocí, uno que se pillaba unas mierdas como pianos: mañana me confieso y limpio..."
- "Sí, somos diferentes"
- "Somos como somos. y al que no le guste que se joda"
- "A veces pienso que somos católicos, al menos de boquilla, por lo fácil que es serlo"
- "Pues claro...hagas lo que hagas basta con decirle al cura que te arrepientes y la conciencia tranquila, mejor si les das dinero, entonces hasta son capaces de sacarte bajo palio..."
- "Ay, España..."
- "Pues he leído por ahí que los chinos están hasta la polla de nosotros, que están hartos de los sablazos, por lo visto les meten unas clavadas de escándalo..."
- "Pero hay muchos, los que no vengan por los que vendrán, hacerme caso..."
- "Escuchar, escuchar...llega un alcalde y convoca un concurso para arreglar la fachada del Ayuntamiento, se presenta un rumano y le dice: Io se lo hago por sincuenta mil euro. Pasa un panchito y le dice: Ay, síiii...yo se lo hago pol sien mil, seniol, polque le voy a embelleser los balcones y voy a hasé eto y aquello y lo demá allá...Y llega un español y le dice: yo te lo hago por ciento cincuenta mil. ¡Pero estás loco! le dice el alcalde, ¿como te voy a pagar esa cantidad si el rumano me lo hace por la tercera parte y el sudaca casi por la mitad?. Y le dice el español: escúchame...cincuenta mil pá ti, cincuenta mil pá mi, y cincuenta mil pá el rumano que lo va a pintar..."
- "Jajaja..."
- "Y es que es así"
- "Ni más ni menos"
- "Por algo estamos como estamos"
- "España es un enorme palacio de los Leguineche"
- "Hasta que llegue el de Hacienda...o la Merkel"
- "Bah...le damos un Montecristo, doscientos euros y a los toros"

Y bebimos más y terminamos pedos.

¡Confesión, confesión...!

miércoles, 22 de agosto de 2012

DUNHILLS Y GAULOISES




Una de las mejores partes de la última novela de Houellebecq es aquella en la que padre e hijo se reúnen en la casa de este para la cena de Nochebuena.

Habitualmente, nos cuenta Michel, era algo que hacían en algún buen restaurante, aunque no tanto como para que el viejo se olvidara de que lo era, no tanto como para que se sintiera lo suficientemente a gusto como para dar respuesta a algunas preguntas que habían torturado a su hijo durante toda su vida. Uno no puede hablar de nada importante, decisivo, si está rodeado de extraños, así que todas esas nochesbuenas terminaban como otra noche más.

Pero en esa que sería la última que pasarían juntos el hijo decide hacerla en casa ante la enfermedad de su padre: un cáncer que le ha traído un ano de plástico junto a la promesa de una muerte más que próxima.

Y allí, los dos solos, después de dar buena cuenta de una cena por encargo, el padre le pide cigarrillos a su hijo, "no tengo, voy a buscarlos", y sale corriendo a la nevada noche desierta y encuentra un sitio abierto, compra Gauloises y Dunhill, regresa a casa, se los da al viejo y este los va fumando entre copazo y copazo de coñac, "llevo treinta años sin fumar...no entiendo porqué la gente ha dejado de fumar...qué bueno está...". Y después, hasta las lágrimas, le cuenta a su hijo todo lo que quería saber. Y más.

Decía Cervantes en una de aquellas frases que deberían grabarse a fuego por las esquinas que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno. Cambia "libro" por "nada" y comprobarás lo que realmente quería decir.

El tabaco y el alcohol no son malos, ellos simplemente están ahí, como cualquiera. Eres tú, el uso que hagas de ellos, quien decidirá si son más malos que buenos o viceversa: si te fumas sesenta pitos y te bebes diez cubalibres normalmente dirás que son demonios, a no ser que seas de hierro, pero si calibras tu medida (algo que debe hacerse con todas las cosas) gritarás que son ángeles. Y de los que no se cayeron (o los cayeron)

La gente, el personal, está obsesionada con la muerte, una obsesión enfermiza, malsana, por la que, llegada cierta edad, la inmensa mayoría se aparta de ella todo lo que puede, tal vez con la esperanza de que así los olvide durante el mayor tiempo posible. Hacen ejercicio, comen cosas con nombre de medicinas pero que los que saben aseguran que son buenas, huyen del tabaco, del alcohol, de cualquier tipo de droga mala, y se echan en los brazos de los médicos, los sacerdotes de nuestro tiempo, este tiempo tomasino en el que todo aquello que no se puede ver con los ojos es, cuando menos, dudoso.

Y lo que te hace dudar es malo.

Sí, un fumador tiene más posibilidades en desarrollar un cáncer de pulmón que otro que no lo sea, y un bebedor lo mismo con el hígado, y un loquesea igual con un deloquesea, pero eso no asegura nada, no deja fuera del círculo a quien por narices tiene que estar dentro de él, porque si estás fuera es que estás muerto, y si estás dentro lo estarás fuera, más tarde o más temprano, porque aunque no quieras, aunque huyas, aunque te tapes los ojos, también a ti te tocará salir de la partida, que nadie tiene tantas fichas para seguir jugando eternamente. Aunque te llames Howard Hughes y vivas en una burbuja. También llegará allí.

El miedo a la muerte, el terror paralizante ante la sola idea de que vendrá a por nosotros, hace que sea la muerte quien gobierna la vida, nuestra vida, vivimos en función de ella y, paradójicamente, para ella. No deberíamos olvidar que quien huye de algo vive con ello más que con ninguna otra cosa.

No hay nada tan malo que no tenga algo bueno...yo también he leído por ahí que la nicotina activa partes del cerebro relacionadas con no sé qué historias pero que son buenas para la mente, que te hacen ver mejor con los ojos que no tienen nariz donde columpiarse, esos que tenemos dentro de la cabeza, los que están a lo que tienen que estar, pero esto es algo que jamás verás en los telediarios, esos sitios donde está clarísimo lo que es malo y lo que es bueno, quienes son los malos y quienes son los buenos. Aunque habría que preguntarse el porqué anatemizan ciertas cosas, ir a la esencia de ellas para ver lo que realmente son, que dijo aquel filósofo.

Nos cuenta Houellebecq que en ciertas culturas es una norma desenterrar a sus muertos una vez que lo llevan quince días, sentarlos a la mesa, y cenar en su presencia. Después otra vez al hoyo y a los dos meses otra vez fuera para la misma ceremonia, y a los seis...y hasta el año.

No sería muy divertido, al menos al principio, pero estoy seguro que si viéramos lo que seremos, y no solo una vez, si no varias y a cada cual peor, nos dejaríamos de muchas gilipolleces y viviríamos de otra manera, con más calma, creo yo...

Y es en la tranquilidad, y en ningún otro lugar, donde se encuentra aquello que llamamos felicidad.

Ninguna comida del mejor tres estrellas sienta mejor que la que haces en tu casa, a solas o con tu gente, sin miedo a nada.

Ni a encender veinte Marlboros y beberte una botella de whisky.

Ni a llorar si hace falta o a hablar de lo que hace falta.

Pero sin pasar ningún examen de desconocidos.

Donde hay confianza...da gusto.

Aunque termines llorando, quizá sea por eso.

¿Qué prueba mayor de amor que ver llorar a alguien y no salir corriendo?


martes, 21 de agosto de 2012

A LA SALUD DEL JAMÓN DE YORK




Desperté empapado en sudor, me levanté y miré el reloj de la mesa, eran las cinco y cinco, recordaba haber apagado la luz a eso de las tres y media, así que con un poco de suerte había dormido una hora.

- "Tendría que haber puesto el aire..."

Sí, hubiera de haberlo hecho, en ese caso todavía estaría durmiendo, me despertó el calor, este maldito calor que no se va nunca...Encendí el aire acondicionado, bajé la persiana, cerré las ventanas y pensé que antes de volver a intentarlo no me vendría mal un cigarrillo mientras hacía tiempo para que se refrescara el salón, y liándolo estaba cuando recordé el sueño, mejor dicho: lo vi.

Es curioso pero cuanto peor duermes mejor los recuerdas, aunque no por mucho tiempo, no permanecen en la memoria. Uno no puede recordar lo que soñó hace un año, o diez, o veinte...bueno, yo aún recuerdo uno de hace más de veinticinco o treinta, pero eso lo tengo más por una señal, por un destino, que por cualquier otra cosa: noche de invierno, farolas de luz anaranjada y una casa al final de una calle a la que sé que no debo entrar, pero no me queda más remedio y hacia ella voy acompañado por alguien que intenta tranquilizarme y no sé quien es. Y ahí acaba todo. Al menos mi parte.

En el de hoy estaba con mi gente, discutiendo con todos, ni ahí puedo dejar de ser yo, siempre yo...nunca me he visto de bombero o astronauta, o estrella del rock o del porno, o héroe que rescata a la chica, o cualquier jodida cosa que requiera un poco de imaginación: no tengo, nunca la he tenido. Tampoco gasto de eso.

Estaba a punto de conseguirlo, de dormirme por segunda vez, cuando el gato me ha mordido el dedo gordo de un pie, es lo que hace cuando tiene hambre y me tiene a mano, morderme, así se asegura que no haya errores de interpretación; le he soltado una coz, me he cagado en su puta madre y he pensado que debía haberle echado otra loncha de jamón York, hace días que no se alimenta de otra cosa, hace días que se acabó su comida seca, la que evita las mordeduras traicioneras, mejor esta mierda que jugarme una coz...recuerda cuando casi te saltó un ojo...ya se despertará...Aquel día me comieron los remordimientos, le dejé el ojillo derecho el doble de grande que el izquierdo, pero a la mañana siguiente ya le había bajado la inflamación y poco después desapareció totalmente. Respiré. Hambre y sueño, mala mezcla para uno y letal entre dos. O casi.

- "Tengo que comprarle los Brekkies para gatos esterilizados..."

Ya no había nada que hacer, ya no había otra oportunidad, quien pierde un segundo pierde una eternidad...he enchufado el ordenador, he encendido otros cigarrillos y he esperado que amaneciera. Con la primera luz (muy tarde ya) me he hecho un zumo de naranjas con miel y he salido a pasear: al menos fuera correría el aire, al menos fuera podrías vivir un par de horas sin aire acondicionado, esa mierda que tanto odio pero sin la que no puedo funcionar en estos días sin noches, días de 24 horas donde los árboles parecen fotografías. Que no veas al responsable de tu mal no significa que no continúe jodiéndote.

No sé porqué pero enseguida me ha venido a la cabeza el tipo de anoche, ya os escribí una vez de él, fue el último alcalde franquista de nuestro pueblo, estuvo ayer con su hija, hacía meses que no le veía, no tiene mal aspecto a pesar de sus ochenta y tantos, habla poco y bebe algo, tampoco anda mal y conduce su coche al ralentí, no sé qué más se puede pedir a esa edad, la verdad...

Y al recordarlo me ha venido a la cabeza una loca idea, de esas que te vienen cuando te faltan cosas, como por ejemplo sueño, pero suele pasar que son buenas ideas, es como si el cerebro marchara con la reserva, sin cinturón, a punto de quedarse tirado en cualquier sitio...en esos momentos, cuando estás al límite, lo das todo, tanto lo bueno como lo malo, es el exceso de cualquier cosa lo que embota tus sentidos, lo que te convierte en una momia: uno no puede hacer nada a derechas si está harto de comer, o de beber, o de follar, o de dormir...El ingenio nace de la escasez, de las ganas de salir de allí.

La idea era que la próxima vez que lo vea le diría que me gustaría hacerle una entrevista sobre su vida, su infancia, su juventud, la posguerra, la alcaldía, su familia, sus hijos, la Transición, la gente, el futuro...yo que sé: todo. Podía ver su despacho, yo con mi blog de notas, un croquis para no perderme ni olvidarme de nada, una grabadora que lo recogiera todo para después poder moldearlo a mi gusto y escribir un libro, un buen libro, sé que me saldría bien, solo es necesario lo demás, el resto, todo...Quizá pudiera inventármelo...pero no, nunca he sido bueno inventando cosas, no sé mentir.

La noche previa a esta me leí de un tirón la última novela de Houellebecq, sin duda la peor aunque tiene algunas cosas buenas, está haciéndose viejo, cosa que no es mala, pero sí la pereza y la desidia: creo que come y bebe demasiado. Y parece que se ha retirado de follar. Es más cansado que lo otro.

Yo todavía tengo hambre, y sed, y sueño, y tantas ganas de follarme a cualquiera como dientes para advertir que estoy cabreado.

Yo lo haría mejor. Y lo haré.

También yo tengo culo.

Y mucha mierda en las tripas.


sábado, 18 de agosto de 2012

DON SENTIMIENTOS




Si no me lo he leído entero, de pé a pá, poco le faltará; quizá me haya saltado algunos párrafos o páginas pero...lo que os digo: entero.

Se trata del Cossío, una edición que vendió por entregas semanales (inseparablemente, eso sí, a su bazofia dominical) el Mundo de Piter Chota. El donde estarán aquellos números del comecabezas que se acuesta (supongo) con ese esperpento de mujer está bastante claro: abono para las habichuelas, no más. Pero la colección de la biblia taurina que inseparablemente se vendía con aquellos papeles para limpiarte el culo o envolver pescado o churros, seguro que tuvo (tiene) un futuro mucho más agradable. A veces pasa, muchas veces diría yo, más aún hoy en día, que lo mejor de la moto que te quieren vender es la pegatina que lleva en el guardabarros.

Yo lo tengo regado por ahí, como no podía ser de otra forma, algunos de sus 30 tomos de unas 600 páginas apilados de malas maneras, otros en cajones, cajas o cajitas, aquellos en una estantería apropiada para la cosa que tiene más polvo que la tumba de Quincoces...pero hay uno que siempre está de guardia en el cuarto de baño, aunque no sea el mismo, voy rotándolos de vez en cuando, quizá meses, y es que mi culo es de esos que son incapaces de ponerse en acción a no ser que mis ojos lean algo, aunque sea el Diccionario, libro que por cierto también me leí de A a zuzón, pero eso fue hace muchos, muchos años.

La razón principal por la que me lo leí es más el cómo que el qué, como también pasa en muchas ocasiones: está bien escrito. Claro que en una obra tan grande, con tantas manos diferentes, existen los altibajos, partes que te gustan más o menos, pero no recuerdo ninguna que me causara el vómito habitual, salvo los posteriores añadidos hasta llegar al 2007, se nota esa enfermedad de nuestros juntaletras contemporáneos que consiste en que ante todo debe quedar claro que son tan políticamente corretos como el que más.

De todos los que ahí escribieron hay dos que me gustan por encima de los demás: Cañabate y Corrochano, este último especialmente, sus crónicas taurinas se transforman en literatura. Estoy convencido de que las disfrutaría hasta un antitaurino sin anteojeras y con gusto por la lectura. Yo mismo lo haría si algo que odiara estuviera bien escrito, aunque fuera la hagiografía de Paolo Vasile. Uno se da cuenta enseguida, en la primera página, si merece la pena seguir hasta la segunda. A veces ni eso: sobra con la primera frase.

Resulta bastante sintomático, enormemente revelador, que la inmensa mayoría de los artistas españoles, de los genuinos, de los verdaderamente grandes del siglo pasado, vieran en los toros (y en los toreros) algo para celebrar: ya fueran más rojos que un vómito de sangre o más de derechas que el grifo del agua fría, si coincidían en algo era en su pasión por ese mundo atávico y primitivo, ese planeta rojo, el de los toros, que está, ¡ay!, a 0´2 de ser arrasado por el imparable meteorazo de la blanca (incolora, mejor) posmodernidad.

Las causas son muchas y los responsables otros tantos, tal vez más que nadie los propios taurinos, los que manejan el cotarro...tal vez no, seguro. La mafia siciliana es Cáritas comparada con empresaurios, apoderados, ganaderos y toreros...pero en fin, eso es otro rollo, otra historia que no tiene cabida en esta.

Esta es en honor de Sentimientos, que así se hacía llamar un cronista taurino del siglo XIX...por cierto, que los seudónimos que estos utilizaban entonces estaban llenos de gracia, como sus artículos: Erman Zulu, K. Ch. T, Antón y el Tío Paco, Bou-Amema, El Defensor de Granada, Paco Media-Luna, Toribia, Onésimo Casca...

Lo que vais a leer a continuación, tal cual fue escrito, es obra de la mano de Sentimientos.

No digo más ná...:


...Era de noche y sin embargo salia Monterito, colorado y cornalon, de buenos piés.
La noche habia tendido su negro capuz.
No nos veiamos los unos á las otras.
Se oia pasar al toro como si fuera á algun mandao, y los lidiadores corria, y los picadores se perdian en las sombras.
¡Que poesia!
- Otra, pues, que redios -gritaba un aragonés que estaba á mi lado-, esto no es ver toros, que es olerlos; bien podian enfilar con la luz manética de la Puerta del Sol este edificio de plaza.
José clavó una vez, rodó y perdió un caballo, todo de incógnito. Manuel tambien le pinchó una vez.
Yo no ví mas.
Armilla y Valentin adornaron al bicho, segun luego dijo él mismo, con dos pares cuarteando, segun se cree, y Galindo que durante la tarde anduvo vestido de magenta y plata, y supongo que continuaria lo mismo al oscurecer, acabó la fiesta con ocho pases al vapor, y una estocada, cuya trascendencia no pudimos apreciar las personas...


El Globo, 30 de Septiembre de 1878.

viernes, 17 de agosto de 2012

DEL SUEÑO A LA PESADILLA




Ciertamente, nunca me ha gustado hablar mal de nadie (más aún si lo conozco) ni que otros lo hagan delante de mi, en eso soy muy verdegabaniano, no sé...así como tampoco hablar o que hablen bien de alguien: me molesta, me siento incómodo y enseguida trato de cambiar a otro tema o a quitarme de en medio. Hablar de alguien que, inevitablemente, no está presente, cuchichear, siempre me ha causado vergüenza ajena. Un sentimiento muy enojoso para mi.

Tengo en gran opinión a los toreros pese a que cuando he conocido a algunos de ellos (torerillos del tres al cuarto) me han parecido unos chulos muy pagados de sí mismos y sin ninguna formación aparte de su oficio, es decir, gente muy aburrida, gente como esa ola baja y débil que ves venir desde lejos.

Amigos míos que conocieron a primeras figuras (Manzanares padre, sin ir más lejos) me han confesado que son insoportables, unos juerguistas borrachines, puteros y pendencieros que trataban como si fueran mierdas con piernas a los sufridos camareros que los padecían en sus paradas y fondas veraniegas en placejas de tercera categoría. Eso del torero-monje, el torero-asceta cuando está de temporada, es otra jodida mentira. Al menos cuando van a sacar los cuartos con similar toro a los paletos de los pueblos de España: se ponen hasta las trancas. Recuerdo que Bronstein, un ajedrecista ruso, decía que no había nada de meritorio en alguien que llevaba años jugando a nivel profesional las principales aperturas del juego, no había misterio, no había magia, no había auténtica belleza: era algo tan rutinario como sacrificar pollos con una descarga eléctrica. Algo parecido pasa con los toreros: lo que a nosotros, aficionadillos, nos parece una muestra de valentía no es más que un juego de espejos: a los hombres hay que juzgarlos por el rival al que se enfrentan. Y un tío que lleva matados más de mil toros puede jugar como si de un gato se tratara con esos erales que echan en el 75 % de las plazas españolas. Oficio, eso es todo. "¡Pero a Paquirri lo mataron en Pozoblanco!". Tengo dicho que las Matemáticas no son cosa de hombres.

Todo esto no hace más que confirmar mi teoría de que es mejor no conocer a quien admiras, no sea que dejes de hacerlo por algo que no tiene nada que ver con lo realmente importante para ti. Dicen que José Tomás es diferente, como su toreo, pero lo admiro tanto, le tengo tanto respeto, que sería muy difícil de mantener si pudiera tratarlo...si de verdad estimas a alguien por su arte, ¿para qué conocerlo?. No hay tantas cosas buenas en tu vida como para ir con las tijeras de podar por la calle: si algo te gusta de verdad no podrá gustarte más.

Un verdadero artista, uno consciente de su valor, debe tener algo de misterioso, de inaccesible...tal vez por esto quienes más me han gustado no eran de los que van firmando autógrafos por un Carrefour cualquiera, o conceden entrevistas pactadas y públicas, o aparecen en la tele en algún estúpido programa de debate rodeado por imbéciles que no saben ni hablar ni, sobre todo, callar. No: un artista se revela, se desnuda, con su trabajo. Después, a su castillo. Y que hablen (o ladren) los otros. El que sabe quiere que el misterio permanezca; solo los agathachristianos necesitan que todo esté claro. Y eso es algo de lo que me di cuenta hace mucho, mucho tiempo...tanto que aún creía en la eterna victoria de los buenos.

Sin misterio, sin tinieblas, esto sería un eterno y jodido anuncio de tampones.

Me vi vestido de torero, estaba en un hotel del pueblo, bajaba al hall, todo ufano, sonriente, confiado...vi a a un amigo de la infancia que ahora me parece gilipollas, "¿ahora eres torero?", "pues claro, ¿o crees que me visto así para irme de copas?". Llegaban las cuadrillas, vi al Juli y comencé a ponerme nervioso, "¡a la plaza!", nos metimos en una furgoneta donde no conocía a nadie, todos en silencio, sentí como el miedo iba apoderándose de mi y llegamos a la plaza. Terror. El Juli me miraba de soslayo, serio, como diciendo "este no sale", me sentí realmente mal, quería irme de allí...pero estaba en mi pueblo, con mis jodidos vecinos, todos me conocían, y si daba la espantá iba a quedar peor que Cagancho en Almagro, iba a certificar ante todos esos capullos que no era sino otro cobarde, pero tenía tanto miedo que no me dejaba pensar en nadie más que en mi: todo y todos los demás no existían, pedí un cigarrillo con la voz temblorosa, nadie tenía, ahí solo había pánico...y era todo mío. Y cuando estábamos a punto de salir al ruedo, cuando abrieron los portones y entró toda esa luz me dije: "esto no puede ser...esto tiene que ser un sueño..."

Y desperté.

Pocas veces he ido a trabajar de tan buen humor como esta tarde.

Y después de contárselo a un cliente entre grandes risas pensé que quizá pase lo mismo cuando estés a punto de morir, cuando tus miembros no obedezcan a tu cabeza, cuando muevas los labios y no puedas oír tu voz, cuando por más que abras los ojos veas como la luz se va, y se va...y cuando estés a punto de entrar en la eterna oscuridad, muerto de miedo y pidiendo perdón hasta al Tato, esto no puede ser...esto tiene que ser un sueño, el espermatozoide que fuiste fecunde otro óvulo y todo vuelva a empezar otra vez, realidad y sueño, verdad y fantasía, alegrías y tristezas, valentías y miedos...

O quizá despiertes dando saltos sobre verdes praderas festejando que ya nunca más tendrás la regla.

Lo que sea con tal de volver a ver la luz.

jueves, 16 de agosto de 2012

OTRO DÍA DE LA VIRGEN...MENOS




No sé si es que me habrá picado un bicho o que no tengo nada mejor que hacer, pero llevo unos días durmiendo tanto como hacía años. Muchos.

Me duermo tarde, nunca antes de las cinco, despierto cuando empieza a clarear la habitación (a eso de las 9) y en lugar de calzarme las zapatillas y salir a pasear como de costumbre, bajo la persiana, me vuelvo a la cama y, cosa rarísima, no tardo ni 0´2 en coger el sueño. Así hasta el mediodía, entonces como algo, echo un pito, miro la Intenné y otra vez al sobre, otra vez KO, aunque quizá tarde quince o veinte minutos, no más, pero esta vez me pongo el despertador para ir a trabajar...Y cuando, extrañamente también, me despierta él antes que yo, aún siento que podría dormir un poco más, quizá toda la tarde, tal vez hasta la mañana siguiente, no sé...hasta hace cuatro días tiraba con cuatro horas bien dormidas.

Anoche me dormí pensando en un balneario, nunca he estado en uno, imaginé chorros de agua a diferente presión y temperaturas, grandes bañeras solitarias, algún masaje en la espalda, "¡cómo tienes esto...!", "¡ME HACES DAÑO!", "normal...relájate y déjame hacer a mi". Recordé a una tipa con un culo perfecto que salía en una película erótica italiana, hacía de chacha de un viejo que padecía priapismo, era un poco puta, iría en el sueldo, supongo, llevaba un vestidito rojo con grandes lunares blancos, a veces se agachaba y le enseñaba todo el culamen a su señor, sin bragas, ese felpudo peludo, ella se volvía y le miraba sonriendo mientras pasaba la bayeta por algún sitio...pero de quien realmente estaba enamorada era del hijo del viejo, un veinteañero alto y delgado, con barbita de varios días, media melena y bien parecido, que odiaba con todas sus fuerzas a su padre, no recuerdo bien si se la tiraba o no podía hacerlo ante la idea de que el otro se la zumbaba habitualmente...había algo de una herencia por allí, la madre muerta y tal...creo que terminaban con una inmensa orgía en la playa, pero no en plan porno, todo muy S...aunque no puedo asegurar si la cosa era real o soñada. Pero eso es algo que no tiene importancia, como bien nos enseñó Kubrick en su testamento.

Hemos pasado la tarde en la terraza, una joven pareja con su angelical hijita (jamás he visto unos ojos más azules) y un amiguete que ya estaba medio borracho cuando llegué, aunque aquel no estaba mucho más acá, iba de coca, "¿quieres un tiro, Kufisto?", "no...", yo solo me meto cuando voy muy pedo con gente que se mete, después estoy dos días sin dormir, paranoico, así que nunca hemos sido muy buenos amigos. Ni regulares, siquiera.

Pues ahí estábamos, los cuatro y el ángel, ellos hablando como cotorras, el padre de la criatura medio gritando que desde que está en el paro no soporta que ensucien la casa, ahora solo ella trabaja fuera, "¡¡¡NO AGUANTO LAS MANCHAS DE AGUA EN EL CRISTAL, KUFISTO, LA PASTA DE DIENTES ABIERTA, EL PEINE TIRADO POR AHÍ...!!!". He pensado que muchos trabajan para no ponerse demasiado, para tener un freno que ellos no pueden accionar por sí mismos: si tienes un trabajo te colocas el fin de semana, si no...a diario. También he pensado que ojalá y el ángel de los ojos azules no encuentre una bolsita con un polvo blanco cuando curioseé en los bolsillos del papito durmiente. Porque estos duermen mucho cuando no están puestos.

Después los guindillas se pusieron calle arriba a hacer un control de tráfico: las siete de la tarde. Atraco legalizado para alimentar a la exhausta bestia.

- "¡Pero qué hijosputas!" acordamos en seguida.

Dos coches y dos motos, los paraban de dos en dos, el tercero se libraba, mis compañeros los avisaban a voces, silbando, "¡¡¡NO SUBAS, NO SUBAS...TUERCE...LA POLI...!!!". Muchos les hacían caso una vez que se daban cuenta del tema y pitaban agradecidos, o hacían un gesto con la mano, sonriendo...pensé que la mayoría pensamos que los polis no son de los nuestros, sino de ellos, que son su policía, no la nuestra, que quizá hoy más que nunca esté justificado el miedo a la policía, aunque ellos no tengan la culpa, cumplan órdenes, y a fin de cuentas ellos también tienen familia, y vicios, y todo cuesta, y no hay más que rascar, y jode hacerlo pero hay que hacerlo...atracar a quienes dicen proteger.

Al final se fueron todos, colgados y borrachos, la poli y sus víctimas, también la pequeña angelita rubia de los ojos azules, siempre sonriente...pero yo me quedé unas cuantas horas más, viendo pasar coches y gente, arriba y abajo, arriba y abajo...de vez en cuando despachaba alguna cerveza...vi empezar el partido de La Roja...así lo quería mi último cliente, un soltero sesentón que se pone de cerveza y fútbol...cada uno se coloca como puede y le han enseñado. Hay que matar el tiempo...y luego nos quejaremos de qué corta es la vida.

Lo miré un rato...después pillé el teléfono y me escribí un mensaje con alarma para las doce del mediodía que está por venir: "IR AL BANCO".

Pero ahora me voy a pasear.


lunes, 13 de agosto de 2012

MEDALLA DE COLIFLOR




Por fin se fue el calor, el puto calor africano, su jodida ola seca...lo primero que hicimos al bajarnos del árbol fue largarnos de allí, de esa putamierda olvidada de la mano de Dios, esa sucursal de Lucifer, sol y moscas, como en los toros, pero sin Tomás que admirar, solo mierda seca de elefante y meadas admonitorias de leones, hacia el oro, de camino al oro del Rin, que le den por el culo a la cuna de la vida. Sombra. El que inventó la rueda lo hizo porque tenía frío.

Amo al sol, tanto o más que las tipas al scotch-brite, pero mejor el primaveral, el invernal, el de otoño ya es lo máximo...verlo salir es lo mejor para mi. Es como las mujeres, lo mismo, cuando empiezan a serlo sin darse cuenta, cuando aún desconocen su poder...hasta que se ponen en plan aquí estoy yo. Entonces la cosa resulta insoportable, entonces lo mejor es cobijarte donde haya aire acondicionado. O irte de putas.

Pim, pam. Y fuera.

Acabaron los Juegos Olímpicos. Gracias a Dios. Me he tragado una buena porción de ellos, el personal no quería ver otra cosa. A lo mejor estaba viendo un documental del canal Historia sobre extraterrestres y llegaba uno, "¿no pones los Juegos? ahora navega Juliana Morón, puede ganar medalla...", y lo ponía aún sin tener ni puñetera idea de lo que estábamos viendo, no entendíamos ni el nombre del jodido deporte, "¿pero qué tiene que hacer?...¿cual es la nuestra?..."

Uy, ahhh, ohhh...

¿Dónde estarán mis marcianos?. Y todo por unos malditos cafés.

Yo iba con todos los que fueran contra España, sobretodo en los deportes de equipo, aunque no decía ni mú, claro está, que la gente se pone muy patriótica cuando unos criajos en calzoncillos se envuelven en la bandera nacional...es curioso: yo, que ante todo soy español, yendo con los coreanos, o los italianos, o las rusas, o las brasileñas...solo ayer fui con los nuestros, con la Ruth Beitia, esa tía que es más fea que un tiromierda, supe que era su última oportunidad de ganar una medalla olímpica y la veía tan fea, tan monstruosa, que la animé de corazón:

- "¡¡¡VAMOS, COÑO...SALTA!!!"

Estuvo a punto, pero se quedó la cuarta. "La medalla de chocolate" dijo.

Aparte de la gimnasia y sus rusitas (¡ay mi pequeña Mustafina...qué no daría por tenerte una noche conmigo!) y la natación y sus cuerpazos nazionalsocialistas, es decir, los verdaderos Juegos Olímpicos, aquellos donde no hemos ganado una mierda (excepto la excepción de poeiano nombre, bendita seas), lo único que ha llamado mi atención ha sido la halterofilia y el masai de los ochocientos, el tipo que batió el récord del mundo, no recuerdo ni su nombre, pero fue una exhibición tal, corrió de semejante manera, que será lo único que recuerde de éstos cuando lleguen mis últimos Juegos: de principio a fin, en cabeza, solo, a toda hostia pero como si estuviera flotando, como si no le costara, tan elegantemente, con esa naturalidad mientras los demás iban echando el bofe...eso solo lo hago yo al respirar mientras duermo. ¡Qué cosa más hermosa, joder!.

Cosa rara, pero lo único que de verdad ha visto con verdadero interés el personal (más allá del capullo de Bolt y su circo para espídicos) cuando ningún españistaní participaba ha sido a los levantadores y levantadoras de pesas. Le pillé la hora, era sobre las diez en Eurosport, una vez que ya había terminado la jornada de atletismo, y era ponerlo y ponerse la gente a verlo: es sencillo, solo se trata de levantar esas bestialidades, un asunto de fuerza, no necesitas un intérprete que te traduzca de qué cojones se trata, como en el 70 % de las medallas que hemos ganado en deportes donde no compite ni el Tato...los españistanís siempre hemos sido unos chicos listos. Demasiado. Así estamos como estamos.

Pues nada, que salían a la tarima esas bestias de la naturaleza con el último chute de amoníaco que su entrenador le restregaba por las narices, los veías bufar, gritar, tal vez cagándose en Dios, o en Alá, o en Yahvé, o en quien coño creyeran, o en su puta madre...miraban la barra llena de discos y no de los Hombres G, concentrados como ajedrecistas, "¡POR MIS COJONES...POR MI COÑO...!", y le echaban manos a la barra, mirando al frente, las venas a punto de estallar, "¡¡¡VENGA, VENGA, VENGA...!!!", les gritábamos unos mancheguitos a un iraní, a una kazajistana, a un ruso, a una china, "¡¡¡AY...UY...BIEEEN...MECAGOENLAPUTA...!!!", hubo un alemán que casi se escornó, le cayó la barra sobre el cuello, casi 200 kilos, el tipo gritaba como un toro furioso, hicieron falta cinco o seis ciclados para quitárselo de encima...luego lo vimos en los bastidores, estaba bien, estaba vivo, levantó el dedo...todos respiramos. Pero no volvió a salir.

Por primera vez en mi vida me he tragado las dos ceremonias, la de inauguración y la de clausura, y no por ver el maldito espectáculo, odio todo aquello donde el bulto sea necesario, sino porque al ser la Cosa en Londres esperaba que hicieran un buen repaso a lo único que me gusta de ellos, a su música, al rock and roll...sí, vaaale, lo inventaron los negratas, de acueeerdo...pero lo han sublimado los hijos de la Gran Bretaña, ni siquiera los yanquis, los putos ingleses.

Ciertamente no esperaba que le dieran mucha cancha a los Zeppelin, a fin de cuentas el testigo olímpico lo recogió Jimmy junto a la Leona Lewis en Pekín con aquella espantosa versión del Whole lotta love, su cupo estaba más que cubierto, y también esperaba la orgía de los putos Beatles, estaba tan claro como el caldo de un asilo, no los soporto, creo que será porque fue lo primero que me gustó siendo niño, los putos Beatles, los mono-Beatles, cuando el estéreo era Paco Martínez Soria en la ciudad...que les jodan.

Pero también tienen a los Stones, y sí, son unas momias, pero fueron tan grandes, hicieron tantas buenas canciones, son tan poco peligrosos...¡joder, si hasta su reina bruja los hizo sires, o lores, o lo que sea!. Ya no son peligrosos, de hecho nadie es peligroso cuando le cortan las uñas, ¡si hasta los Pistols fueron el momento cumbre de la inauguración!. Aunque no tuvieron huevos a pinchar el God save the queen.

Por eso ayer esperaba su actuación, no sé, al final, el último momento, el círculo del Triángulo quedaría cerrado: los Zeppelin, los putos Beatles y los Stones. En la Red lo aseguraban, "cierran los Stones".

Claro que no esperaba ninguna sorpresa. En las dos o tres canciones que pensaba iban a tocar no imaginaba el Wild horses, ni Sister Morphine, ni Time waits for no one, en las fiestas, en las celebraciones, la gente quiere marcha, música marchosa, que dicen las viejas, es decir, música para olvidar en cuanto termina: lo bueno del arte, lo mejor, está en el dolor, y miles de chicos y chicas jóvenes que se han privado durante tanto tiempo de tantas cosas tan malas como buenas lo único que quieren es pasárselo bien: para dolerse siempre hay tiempo. Pero no cuando cae el telón de su función.

Aún así podrían bailar el puto Satisfaction, o Brown sugar, o Tumbling dice, canciones para cantar, para bailar, para reír...pero no salieron, en su lugar pusieron a los moñas de Queen, esa paella recalentada para desayunar, no me lo podía creer, yo ya estaba medio borracho, fumando en cadena a puerta cerrada junto a un hermano y a un amigo, "es imposible...no puede ser...no puede ser..."

Pero fue.

Como venganza, cuando ya vimos que no había tutía, encendí el equipo y puse a toda hostia el Sweet Virginia.

Otras tres horas al cubo de la basura. Ya ni grapándolas como Homer.

Maldita sea.






martes, 7 de agosto de 2012

ENCIENDE UNA CERILLA




Phelps mea en la piscina, a Bolt le apasiona el dominó y ese tipo, el español matamolleras de la Gran Manzana del Imperio, dice que le encanta escuchar merengue para motivarse.

Anoche, muy de madrugada, leí una loa a Franco en el día de su muerte escrita por uno de nuestros más preclaros hombre-corcho, el Ónega, ese viejo que sigue teniendo cara de niño que se chiva a los mayores, y la verdad es que no me sorprendió: siempre pensé mal de él.

No tengo piscina donde bañarme, ni me metería en alguna donde cualquiera haya podido bañarse, pero suelo mear cuando me baño en mi bañera.

No entiendo que a alguien pueda gustarle el dominó existiendo el ajedrez, pero eso es algo que ya no me preocupa.

No sé porqué tendría que pagarle a alguien para contarle mis penas, pero en cierta manera lo llevo haciendo con vosotros desde hace dos años y pico aunque, al menos, no tengo que ver vuestras miradas.

Una vez, siendo un niño, me chivé de un mayor que vi fumando. Al día siguiente me cogió por banda y me sopló dos leches. No he vuelto a cometer tal estupidez.

Él era idiota, al menos tanto como lo sigue siendo, pero que fumara o no era asunto suyo. No está bien pedir para que otro reciba.

Cada uno debe limpiarse su culo.

Y tirar de la cadena, no sea que la próxima cagada también salga del tuyo.

En ocasiones el apretón te pilla en cualquier sitio, y un hombre puede resistir mucho en muchos momentos pero no está entre ellos cuando la mierda aporrea su puerta.

Son cosas que pasan al salir de tus cuatro paredes.


Esto no es merengue. He abandonado la idea de tomar parte en cualquier competición que necesite algo de lo que carezca:






domingo, 5 de agosto de 2012

A DINAMITAR, PITUFINES




La verdad es que no tenía pensado escribir nada, anoche tocó borrachera estratosférica, casamos a una prima de las buenas, es más una hermana para nosotros, así que al menos estuvo justificada: en ocasiones no emborracharte es signo de mala educación. Y al subir en el coche de mi hermano para ir a la iglesia me di cuenta de que no había escapatoria posible, por si pensaba lo contrario. Por cierto, que no duramos ni cinco minutos de gori-gori, los suficientes para darme cuenta que mejor nos íbamos fuera, él ya andaba cagándose en la madre del señor cura y me hizo temer que se lo dijera a voces, cosa de la que es muy capaz. Aparte que tenía razón: ese tío era otro gilipollas. Al bar de enfrente.

Y es que el mundo está lleno de ellos. De gilipollas, digo, aunque también de bares. El mundo está lleno. De todo. Y se hace ver más lo malo que lo bueno.

Pues eso...que estaba tirado en el colchón, bajo el aire acondicionado, a diecisiete y porque no tiene menos, que se joda el cambio climático, escuchando una y otra vez el Comes love de Meschiya, cuando en uno de los levantamientos para el replay (todavía no sé como hacerle un sinfín a los vídeos de Youtube) he dado en dar con una noticia sobre el Valle de los Caídos, noticia que no he leído, me interesaban más los previsibilísimos comentarios de la mayoría de ceporros y ceporras que allí escriben, y ciertamente no me han decepcionado: DINAMITA. Habló el pueblo. Habló el puto pueblo.

Muchos siguen siendo niños a pesar de que ya se les haya caído el pelo, y esto es algo realmente catastrófico cuando el sistema, su funcionamiento, se basa en la dictadura de la mayoría, como si el número más grande siempre tuviera la razón, como si el número más grande alguna vez haya tenido la razón. Mirad los vídeos más vistos de Youtube y decidme a la cara que no son una enorme mierda. ¡Ah...como canta mi Meschiya...!

La solución final que dan a ese monumento, a esa obra de arte que no he visto pero me gustaría ver (y sentir), es su destrucción, como cuando a un niño no le gusta algo: no es que pase de ello, es que no quiere que nadie lo encuentre. "Si no es para mi, no es para nadie". Despreciar lo que no entiendes. Odiar aquello para lo que no tienes capacidad de amar.

He colgado un comentario preguntándoles sobre qué deberíamos hacer con las pirámides de Egipto, esas construcciones hechas a sangre y fuego para mayor gloria de algunos de los tiranos más grandes que en el mundo han sido, y como esperaba no he recibido respuesta, solo un montón de negativos. No esperaba menos, claro está.

Recuerdo la emoción que me embargó cuando vi por primera vez El Triunfo de la Voluntad, esa obra maestra del arte cinematográfico dirigida por una artista que simpatizaba con el movimiento nazi: aquello era tan hermoso, tan jodidamente magnífico, que alguien sin el gusto en el culo solo podía maravillarse ante tan descomunal muestra de talento, aunque su intención, su meta, fuera convencer a cuantos más ceporros y ceporras mejor. El Arte por encargo tiene ciertos vasallajes, pero no es cosa de importancia si está bien hecho. El artista desprecia los números grandes: sabe que solo son un uno repetido muchas veces. Tantas que ya ni recuerda si lo fue alguna vez.

Sí, Sócrates era un degenerado y Cervantes un chuloputas, pero también aquel hizo que le escribieran El Banquete y éste escribió El Quijote, esas cosas sin importancia que pueden hacerlas cualquiera, esas cosas que tanto las puede escribir uno como dos a cuatro manos. Como dejó dicho Ibsen: "Habría que apedrear a quien destaque".

El Arte es cosa de enfermos mentales. Un hombre normal, un ciudadano ejemplar, no puede ser más que eso, o aparentarlo al menos. Es la libertad que te da un papel en blanco, una roca a desnudar, un lienzo virgen o una partitura sin siquiera la clave, lo que te anima a mostrarte como eres realmente, no como deberías ser. Aunque sea por la mano de otro, o en honor del duque que te mantiene, o para mayor gloria de un tirano que se cree divino, o de un iluminado que necesita mayor espacio vital para su maldito ego: es el Arte, estúpido.

Así que sí, dinamita.

Pero en vuestros culos.

Sigue cantando, Meschiya...tú nunca serás trending topic.

Ni puñetera falta que te hace.

sábado, 4 de agosto de 2012

NO LA BUSQUÉIS EN LA WIKI




Uno cree que sabe algo de alguna cosa hasta que da con alguien que sabe más que él.

Hace unos días que me la pasó un buen amigo (un auténtico crack en lo musical, entre otras cosas) junto con un montón más de material raro y que apenas puedo clasificar, cosa que me gusta, bastante rutinaria es mi vida como para querer lo mismo de su banda sonora: llegaría a asegurar que vivo un eterno Día de la Marmota si no fuera por la música que voy escuchando.

Se llama Meschiya, se apellida Lake...y no sale en la Wiki. Ni tiene página web.

Os dejo el vídeo con la canción que más me gusta, aunque deberíais mirar los enlaces del final, aquellos en los que salen tocando a pelo por las calles de los Estates: una delicia.


miércoles, 1 de agosto de 2012

ELLOS




¡Qué calor, coño, qué calor...!

Este calor hijoputesco, este calor maldito, este calor que no te permite hacer otra cosa que cagarte en él, es capaz de conseguir que un hombre se disfrace de HAL9000, agarre un saco de pañales sucios y se vaya al último estreno de Almodóvar para lanzarlos desde el gallinero al grito de mecagoenvuestrasjodidasmadres. No, no me gusta Peeeeedroooo, ni su sempiterna película, ni su gran bocaza, ni su ancho culo, el mismo que hace que dudes de su condición gay viendo lo hinchado está que su ego, a ese tipo es imposible que le hayan abierto el ojal: es él quien los rompe. Quítate el puto tapón, mamón, como decía el prota de El péndulo de Foucault, esa buena novela.

Bueno, hay que escribir, tengo que escribir, he pensado hacerlo sobre los subnormales mientras recogía la mierda del bar, después de todo estuve a punto de ser uno de ellos, no quería salir del vientre de mi madre ni con sacacorchos, y cuando lo hice las monjitas me llevaron a la capilla para que no me fuera al limbo: me moría, me moría...pero no, aunque quien me sacó dejó en mi un recuerdo perenne, inolvidable, el sello del diablo dirían los antiguos, otros decían que era algo divino...yo solo sé que mejor hubiera sido con el habitual, sin notas al margen. O no. Uno es como debe de ser.

Hay un chaval por el bar...tendrá cerca de los treinta, es tan serio como solo puede serlo un enfermo mental, quizá una depresión severa, o un problema con las drogas, algunos de mis clientes lo conocen y saludan...pero lo evitan al menos tanto como él a ellos, yo no les pregunto, no quiero saber nada, nunca he querido saber nada de nadie. Es mejor.

Es delgado, alto, de facciones afiladas, parece una estrella maldita del rock, de esas que tanto le gustan a algunas mujeres, de las que verás como te saco del hoyo en el que estás metido...pero es tanta su seriedad, tanto su mutismo, tan gordo el marrón que le corroe la cabeza, que nadie pasa del saludo. A mi me cae bien, siempre me han caído bien los tipos serios, callados y que no montan ningún número, apenas hablamos de nada pero si lo hace con alguien es conmigo, comentarios sueltos, nada de busco darte la tabarra, ayer me fijé en el tiempo que estuvo removiendo el café, no por nada sino que simplemente me llamó la atención ver como seguía dándole a la cuchara al tiempo que yo había atendido a otros seis o siete clientes...estaba tirando las cañas de los siguientes y le miré porque lo tenía delante, ahí seguía, dale que te pego, la mirada fija, sin mover un solo músculo, miré el reloj atómico...calculé cinco o seis minutos hasta que se decidió a echarlo en el vaso con hielo.

Media hora después pagó, le devolví el cambio, se despidió, me despedí, y lo vi marchar con su bolsito al hombro.

Quince minutos después regresó: "creo que te has equivocado con el cambio...", "espera un momento", yo andaba atendiendo un pedido, "no jodas, ¿éste es de esos?" pensé:

- "Dime..."
- "Me has dado diez euros de más"
- "No jodas"
- "Sí"

Y me devolvió un billete de diez euros.

- "Gracias, tío..."
- "Iba pensándolo...no tenía ninguno de veinte...solo tenía uno de diez...pero me di cuenta después...cuando iba por la calle..."
- "Te lo agradezco, amigo, es rarísimo encontrar a alguien honesto en estos días..."
- "Sí...pero no tenemos que ser como ellos"

No le pregunté quienes eran ellos. Los conozco.

- "Tómate algo"
- "No...mañana me invitas al café"
- "Por supuesto"

Y se marchó no sin antes volver a nombrar a ellos, a que no hay que ser como ellos.

Y entendí de lo que estaba hablando.

No, ninguno de los dos somos subnormales, quizá estemos por encima de la media, recuerdo que cuando el matamolleras del colegio nos hizo el test de inteligencia les dijo a mis padres que yo estaba muy por encima de la media, aunque eso fue algo de lo que me enteré muchos años después: mis viejos solo querían que fuera como todos. Normal. Como ellos.

¿Y los subnormales, Kufisto?

Uno nació el mismo día que yo, casi a la misma hora, salió bien, al contrario que yo, sus padres eran vecinos de mis abuelos y se crío con toda la chavalería del barrio hasta que nos fuimos dando cuenta que no era como nosotros...No es que lo humilláramos ni nada de eso, simplemente sus viejos lo quitaron de la circulación, porque aunque no era (no es) demasiado subnormal no era como nosotros, no era como ellos, así funcionaban las cosas entonces.

Sigo viéndolo muy de allá pá cuando, está metido en algo de deportes, tampoco es de los que va con la baba colgando, aparte de que eso es bastante difícil cuando siempre estás sonriendo, "¿cómo estás, Kufisto?", "bien, Jose, bien...¿y tú?", "bien, Kufisto, bien...¿y la Real?", "mejor que tu puto Madrí". y nos reímos.

Nada me despierta más ternura, más ganas de ser Dios, que cuando veo a esta gente, que diría Dersú.

Pero ellos, la mayoría, siempre están sonriendo, mientras que nosotros, sus ellos, solo a veces reímos como monos. Y aquí, casi siempre, del otro. Así que bien está eso de que los caminos del Señor son inescrutables.

Jamás olvidaré...jamás olvidaré...una tarde en la terraza del antiguo bar, yo todavía era un crío que andaba por allí, con ellos, cuando vi a la típica mujerona dominguera salemisasdelasocho sentarse en una mesa con su hija, una chica de mi edad que al verla hizo que mi nabo pasara su estado habitual, el de follarse a la bragueta, al de emergencia, esto es, meterse en mi ombligo. Me quedé petrificado.

- "Buenas noches...tardes...¿qué vais...qué quieren tomar?"

Y la salemisas dijo no sé qué, y entonces le preguntó a su hija, "¿qué quieres?", y a ella se le descompuso la cara con esa sonrisa característica bajo esos ojazos azules...y yo me quedé más loco que todo el sitio de Zaragoza, y fue de esos momentos en los que te quedas en blanco, tan blanco como la camiseta del puto Madrí...

- "Doctor Necessitter...métame en un tarro" que le dijo el doctor Hrufuhrurr...

Kathleen estaba tan buena...pero era tan mala..."Más hielo...me quemo por dentro"

Y a Trautman que lo porculeé Almodóvar, otro con toda la cabeza en la polla a sus sesentaitantos.

Yo, al tarro.

O a la bañera.

También nosotros ardemos por dentro.

Y seguro más que ellos.

Es lo que tiene la buena educación, Peeedrooo Porculero.