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jueves, 27 de diciembre de 2012

JODEEERRR...




No sabes el frío que hace hasta que sales a la calle. Y entonces es demasiado tarde.

Te pones el gorro, metes las manos en los bolsillos y aprietas el paso, "esto es cosa de un momento...solo hay que entrar en calor", pero no hace tanto que te levantaste de la cama aunque llevaras casi dos horas despierto, todavía es temprano, todavía el sol está bajo, invisible por la espesa niebla, que la luz solo es su sombra: tú quieres verlo.

No llegas a la mitad de tu camino cuando decides regresar a casa. No hay manera, el frío solo te permite sentir frío, pero recuerdas cuando no hace tanto te venías arriba y decías "¿ah, sí? ¿esas tenemos? PUES HOY EL DOBLE", y acababas entrando en calor, ¡vaya que si acababas!, aún a costa de que te cogiera el resfriado. Pero hoy vuelves a casa.

Enchufas el brasero, te echas una manta y pillas el libro que dejaste ayer sobre el sofá, "vamos a darle una oportunidad", y cuando apenas te quedan diez páginas para acabar el segundo y último relato notas que el sueño vuelve a vencerte, que no hay nada mejor para dormir como sentir calor cuando tienes frío, más aún si te ayuda uno de esos libros, y piensas sino será mejor hacerlo en tu cama, donde hay que hacerlo, y durante ese breve intervalo en el que vuelves a ponerte pijama y despertador sientes desperezarte, "no...espera un poquito...", y te metes, y te arropas, y cierras los ojos, y ya no parece tan cerca aunque sigues viéndolo, "espera...espera", y media hora después te despiertas porque recuerdas el sueño, otro mal sueño...no es bueno saber que has dormido porque recuerdas lo soñado. Aunque solo sean quince minutos.

Comes algo, está bueno, terminas el libro y acabas igual o casi que cuando lo empezaste, "¿y este tío es un inmortal de la Literatura?", haces tiempo perdiéndolo mientras miras cosas en el ordenador, y después te duchas y vas a trabajar.

Entras bien, ya se ve el sol, cielo azul, "buenos días", "buenos días", a la faena, a rematar el trabajo que empezaste anoche, y van llegando los clientes, los de todos los días, y bueno, es lo que hay y tú lo haces lo mejor que puedes, y la mañana no va mal y aún parece que la media tarde irá mejor, pero entonces un imprevisto amaga con dar, y termina dando, que los nervios no son buenos ni para bailar tecno, por no hablar de los años y su impepinable paso, y otra vez como tantas otras veces, otra vez discutiendo con quien debiera ser el último por no hacerlo con los primeros, y el mediodía termina sin estos ni aquel, todos enfadados, y te cagas en Alá y su puta madre al tiempo que limpias las huellas de todos en forma de basura.

La tarde marcha, funciona la oferta, gente joven, muy joven, niñas guapas, muy guapas, pero solo eso. Café y copa, café y copa, café y copa...vuelven aquellos, cubalibres y más cubalibres, por un momento, durante un par de horas, eres la puta máquina que fuiste, y al calmarse la cosa te quedas un tanto descolocado, quiero más, ¡venga, coño!, pero no hay más, o no de esa manera, hay que bajar marchas...y no es bueno bajar a sesenta cuando has ido a doscientos cincuenta. Y todavía hay carretera y gasolina para hacerlo.

Terminas deseándolo, te largas casi a la carrera, casi harto, como casi siempre, cansado y hambriento, pero recuerdas que te queda una última cosa, un último servicio, hay que ir a comprar el material para volver a hacer lo de ayer para mañana, que hay cosas que están mejor si las dejas reposar una noche, en verdad todo iría mejor si lo dejáramos reposar una noche...

Directo a la pescadería, carrito de mano, esquivando gente que te ve menos que a un bote de tomate frito, como tú, quizá no tanto, tú eres escritor, tú a veces ves, y es entonces, al ver a todos estos, cuando decides que hoy escribirás algo que merezca la pena, algo bueno, no como aquel inmortal...

Compras lo tuyo y no has visto a nadie que merezca cualquier pena, excepto el honesto pescadero, y mientras le pagas a la fea esclava de turno piensas si no será hoy la noche adecuada para jugarte una múltiple de siete en la Primitiva que te salvoconduzca al soñado Polo, al del Norte, aunque tampoco le harías ascos al del Sur, esa isla Decepción...

o al menos lo suficiente como para no tener que ver a nadie.

Demasiada gente buscando algo parecido, demasiada...no hay tiempo que perder, no te gusta perder el tiempo nada más que a tu manera. A casa, Doroteo.

Ya pueden caer chuzos de punta mañana, ya...QUE HARÁS EL DOBLE.

Y ahora a por el marmitako.





lunes, 17 de diciembre de 2012

TRES GORDAS




La noche del sábado pasado, poco antes de dar inicio al tradicional castigo hepático, estaba navegando con el móvil a cuenta de algún incauto vecino del bar cuando di con una noticia de esas que por estrafalarias solo pueden ser ciertas, que a nadie se le ocurre inventar una mentira pudiendo copiar la realidad, porque de eso se trata la mayoría de las veces: no se miente más porque es más cómodo decir la verdad. Y por esta razón alguien avezado siempre nos pillará cuando intentemos mentir para salir de un apuro, aunque no nos lo revele, bastará con verle. La mentira tiene las patas cortas cuando no las has ejercitado lo suficiente, pero en caso contrario...no alcanzas a ver ni los tobillos.

He de reconocer que siempre me han gustado esa clase de noticias, mejor cuanto más extrañas; recuerdo un periódico de hace años, Noticias del Mundo, o algo así, que estaba lleno de ellas, de mentiras, pero tan burdas que me hacían gracia, que para el humor también soy de brocha gorda (a excepción de los Marx y algún otro, claro, pero con estos rompieron el molde, aunque tampoco pintaban con pincel, precisamente...)

Quizá sea por esto, por mi querencia hacia lo evidente, que rehuyo toda fuente de información seria, es decir, proveniente de grandes periódicos, grandes cadenas de televisión, grandes radios y grandes lo que sean...si lo son, es por algo, es porque saben. Y ese algo me mosquea que te cagas: los megáfonos solo se conectan cuando quien te lo presta sabe que no harás mal uso de él. ¡Y ay de quién se le ocurra lo contrario...! lo menos es que te lo apaguen para mandarte a necrológicas, o a recoger los anuncios de las putas, y lo más...bastará con la cabeza de un ratón sobre tu cama del pisito donde duermen tus hijos. Y si no los tienes no pasa nada: recuerda aquello que cantaba la Simone, la de aquel anuncio, sí...no te pases que ni eso.

En fin, pero hoy no se trata de mi conspiranoia, eso para otro día, o para nunca, ¡quién sabe!, estoy convencido de ello y como dijo Poe quien está convencido no necesita convencer. Hoy vengo a hablar de las tres gordas que comieron en un restaurante de comida rápida en Los Ángeles, California, USA, El Imperio.

Parece ser que al pedir la cuenta de la bazofia que habían devorado vieron en un extremo del ticket que se referían a ellas como lo que eran a simple vista, a brochazo limpio, es decir, unas gordasssss, fat girls, rezaba en la fotografía de la dolorosa que encabezaba la noticia, y claro, se armó el follón, el belén, el pifostio y el sursum corda, "que vale que una esté gorda, vale que sepa que los demás piensan que estoy gorda, ¡pero que encima me lo restrieguen! eso es completamente inaceptable, eso es una humillación intolerable, por mucho que el encargado quisiera engatusarnos con una rebaja del 50 %, eso merece...eso merece...eso merece...¡ya está! ¡lo colgamos en Facebook!" Ahhh, la Red de redes, ese gran invento para pornografiar al mundo entero, conocer amig@s imaginarios...y bajarte música y pelis. Y jugar on-line, con un par.

Evidentemente la reacción no se ha hecho esperar, miles de comentarios apoyándolas y pidiendo el boicot hacia la empresa, y tanto ha sido el eco, tan grande se ha hecho el bolón, que los jefes del negocio han publicado una disculpa pública en su página de Facebook, informando del fulminante despido del malhadado camarero, un compadre, quien sin duda por las prisas y el ajetreo olvidó borrar del infernal ordenador aquel re-bautismo, cosas que pasan, quizá andaba de resaca, o a punto de largarse con sus colegas de fiesta, o pensando en sus trampas...pobre hombre.

Hace muchos años, cuando me hacía una terraza de veinticinco mesas, hubiera sido capaz al final de la noche de responder a la pregunta de qué había tomado tal o cual con solo enseñarme su fotografía, porque uno no conoce el nombre de todo el mundo y uno no tenía numeradas sus mesas porque eso, aquí, es una gilipollez, que la mayoría del personal coge y dispone a su gusto, como si estuvieran en su puta casa, "¿ponemos dos mesas juntas?", "pon tres, que estemos cómodos", "pero mejor allí, que corre más el aire" Al llegar el jaleo eso se convertía en un infierno, tó dios voceando, gritando, y ¡chico! va, ¡chico! viene...me cago en todas sus putas madres.

- "¿Qué te ha pedido este, Kufisto?"
- "Ah, sí, ese hijoputa...dos cervezas, un montado de lomo con tomate restregao que me ha devuelto dos veces porque decía que estaba poco hecho, un café descafeinado de máquina con leche templada (que después han vuelto a calentar) en taza grande y dos de sacarina, y un J/B con coca-cola en copa de balón y con mucho hielo"
- "¿Y esta?"
- "Menuda zorra...un jodido vino blanco que han sido tres, está picao, tú coño sí que está picao, guarra, y tráeme otra tapa que esta no me gusta, ¿pero qué te crees? ¿qué estas en el País Vasco donde COBRAN más por la tapa que por la bebida, o qué? la puta madre que la parió..."

Y no me habría equivocado.

El camarero, el bueno, tiene memoria fotográfica, no se le pasa una, podría cantar la cuenta viendo las caras de los clientes, pero no lo hace porque eso es una pérdida de tiempo, además de molesto, y entonces, mientras le sirven la comanda, va apuntando y sumando para tenerla lista al momento, y si no sabe el nombre de ninguno tiene que bautizarlo, nada más, y como en esos momentos los segundos son tan valiosos como en la F1 escribe lo primero que le viene a la cabeza: Caraflán, Tetas Gordas, Tres viejas, Caramierda, Imbécil, Gominolo, Pintarrajeá, Caraestaca, Mongólico...y sabe quien es quien.

Claro que yo no trabajaba con ordenadores, esos traidores, lo mío era una libretilla, mi libretilla...y esa solo la veía y la entendía yo.

Il tempo cambia que le musita Michael a su Mamma la última vez que lo vemos hablar con ella...

¡Pero cuanta mala leche hay en el mundo, Señor!


sábado, 15 de diciembre de 2012

CATALUÑA Y EL JABÓN




Todo ha empezado por una botella de ginebra.

- "¿Y esta?" No la conocía, baja de forma, como la Hendrick´x, blanco satenado, tapón negro, de tacto extraño, como rugoso, como si fuera algún tipo de plástico en lugar de cristal, los ecologiconoicos acabarán por conseguir su sueño: que nos suiciden en masa...¿Atlantic Galician Gin?

¿Atlantic Galician Gin?

En la etiqueta trasera venía escrito un párrafo en tres idiomas diferentes, como una piedra de Rosetta de la Pradera, en letra inclinada, pretenciosa, primero en gallego, ¡cómo no!, después en español y por último en inglés.

Y como yo soy español aunque no juegue la Selección, he leído el del medio.

Nada del otro jueves, la historia de siempre, que si tierra celta y patatín, patatán, que si las semillas de esto, eso y aquello...artesanalmente...tierra generosa...aromas a nosequé...todavía no he encontrado una que no huela tan mal como para no mezclarla con algo. Quizá la Martin Miller´s, sí...esa ginebra sí que es diferente. Y buena. La mejor.

Y como era de esperar, la palabra España no aparecía por ningún sitio; es más, en el mapamundi punteado sobre el texto no señalaban nuestro país, sino que muy cuidadosamente aparecía resaltada Galicia, ese eterno faro de la Historia Universal.

Por curiosidad he mirado algunas de las decenas de ginebras que tenemos. De un tiempo a esta parte es lo que más se bebe y con muchísima diferencia: inglesas "England", francesas "France", islandesas "Iceland", húngaras "Hungary"...salvo la concesión a la lengua del Imperio todas llevaban el nombre de su país y su pequeña banderita. Me he acordado de la Mare, la catalana, esa que dice llevar aceite de oliva, tomillo, romero, creo que esencia virgen de tomates salvajes...vamos, una ensalada, pero no la tenía. Aunque no creo que vista la rojigüalda, no...

- "Mirad qué ginebra..." les he dicho a los dos que me acompañaban en otra tarde desierta. Ni Navidá ni ná.

- "¿No os parece una paletez?"
- "¿El qué?"

Pues lo arriba contado.

Y como también era de esperar, uno de ellos enseguida ha saltado a la contra, un tipo al que aprecio y respeto pero que es imposible, es el ciudadano perfecto, el sueño de nuestros milnovecientosochentaycuatro, de los apóstoles del Mundo Feliz, siempre que se proclamen de izquierdas, claro, sino no...

- "Ya estás..."
- "¿Cómo que ya estoy?"
- "Pues que sí, que tienes parte de razón, es un tanto ridículo, pero tampoco es para tanto"
- "Pero si yo no digo ná, a mi me suda la polla, solo que es curioso...Y DE PALETOS"

Y entonces, maldita sea, he recordado una vez que le pedí a la charcutera me pusiera esto y aquello, "¿de qué marca?", "cualquiera que no sea catalana", porque sí, porque me salió así, porque estaba, estoy y estaré hasta los cojones de los nacionalistas catalanes, y esa tarde aún más, ella se sonrió, como si no fuera el primero que se lo decía y me puso lo que quiso, que tampoco le pedí que me enseñara la etiqueta, ¡coño ya!, una vez, una jodida vez...yo no puedo entretenerme en esas cosas. No tengo constancia para nada que no sea ir tirando.

- "¡Pues muy mal hecho! ¡le faltaste al respeto!"
- "¿Yo? ¿A quién?"
- "¡A la chica...imagina que es catalana!"
- "¿Y eso qué coño tiene que ver? ¿En La Mancha? ¿Una catalana? ¡No me jodas! Ejercí mi derecho a comprar lo que me salga de la punta del nabo...que le falté al respeto...me cago en Dios..."
- "¡Sí, Kufisto, se lo faltaste!, ¿qué ganas tú con eso, a ver?"
- "¡PERO DE QUÉ COJONES ME ESTÁS HABLANDO!...¡SON ELLOS QUIENES ME FALTAN AL RESPETO CON SU CONTINUO DESPRECIO, CON SU TOCAPELOTEO...ME TIENEN HASTA LOS MISMÍSIMOS COJONES...QUE SE LARGUEN, QUE SE LARGUEN DE UNA PUTA VEZ...! que le he faltado al respeto, me cago en Dios...¡¡¡YO NO LE FALTO AL RESPETO A NADIE QUE NO ME LO FALTE A MI PRIMERO!!! ¡¡¡JODER!!!"

Como no me habrá visto que ha templado gaitas...por primera vez.

No sé, llevo un par de semanas bastante chungas, la verdad, yo no me lío con esas cosas, paso, por uno me entra y por otro me sale, pero cuando encima ha intentado que me sintiera culpable...que me he puesto negro, vaya.

Y poco después ha aparecido uno de verdad, el mejor, Habib, ya os he hablado de él otras veces, yo todavía estaba de mala leche por el amago de discusión, por una gilipollez, con un amigo...

En fin, que ha llegado Habib y hemos estado hablando un rato, más bien él, yo no tenía muchas ganas, pero un amigo es un amigo y tal...hasta que me he dado cuenta de que tenía los ojos casi llenos de agua.

Se va, esta vez sí, el 25, a su país, a Senegal, con su mujer, sus tres hijos y su madre, la que le llama para preguntarle qué pasa que ya no les manda dinero, que si está con mala gente, dándose a la bebida, o a las mujeres, o a las drogas, o al cristianismo...

- "No puedo má, Kufi...sempre vuelta a la cabesa...no puedo dolmí...anoche, onse, a la cama...hata la sinco...a la siete en pie...no tengo dinelo...no hay...findesemana, vente euro...nada...comida...alquilé...lus...agua...no puedo mandá nada, Kufi...nada. No ayuda. Nada. Me voy...el 25...do, tre mese en mi paí y depué a Fransia, Bégica, Italia, Alemania...si en sinco o sei mese no encuentro nada me vuelvo a mi paí y molvido de Europa, Kufi..."

Y me he acordado de los putos moros y sus jodidas mujeres-conejos, pero claro, son primos del yerno de Urdanga, ese que mató a su hermano y ha traicionado hasta a su padre, ese que se lo lleva crudo del crudo, el de las putas medallas y los jodidos collares...¡preguntadles a los negros musulmanes qué piensan de sus hermanos moros!

Los negros son a los moros como nosotros a los judíos. Mierda.

Un chaval como una montaña de grande y la inocencia de un niño...se va porque no quiere hacer trampas pudiendo hacerlas: solo tendría que hacer lo que su madre cree que hace.

Cágon Dios que también a mis ojos ha venido el agua...pero tampoco ha caído.

Me ha pedido que le consiga la receta del jabón para hacerlo en su país, "gente tiene que limpíase...era un palo sempre en el mimo sentido..." Se la escribiré en letras de molde, no tengo impresora, ya le he dado una vuelta a la Red mientras trabajaba...bueno, estaba detrás de la puta barra, porque vaya desastre...vaya desastre...

Agua, aceite usado y sosa caústica. Como nuestros abuelos. Como nuestros hijos.

Al cerrar el bar llovía como si alguien estuviera tirando la ceniza de su canuto sobre todos nosotros.

Era tan bonito...


miércoles, 12 de diciembre de 2012

A NIGHT IN VILLABAJO




Os juro que en bastantes momentos de mi vida hubiera preferido hacer cualquier cosa antes que ir a determinados sitios. No sé...subir y bajar persianas, por ejemplo, pero resulta deprimente haber malgastado tanto de tu tiempo haciendo cosas que no solo no te gustaban, sino que no eran absolutamente necesarias. Ni medianamente.

La inmensa mayoría vivimos en función de los demás, en una relación doy-recibo basada antes en el temor a quedarte fuera y solo que en la generosidad, como el ratón que no abandona su jaula porque la salida suelta una sacudida eléctrica, mejor dentro y vivo, mantenido, que fuera pero muerto, eso lo saben hasta los malditos roedores, pero lo que no saben es que la descarga no es suficiente para matarlos, no es necesario: basta con el temor para preferir las rejas a la libertad.

Con el amor pasa algo parecido, durante algún tiempo todo está bien, ni miras donde está la salida, pero poco a poco (como pasan todas las cosas humanas) va transformándose en algo distinto, ya no es lo mismo, y aunque todavía sea soportable y te engañes con un millón de frases hechas, lo único cierto es que nada volverá a ser como al principio y que la cuesta abajo ha dado inicio. Y entonces miras de reojo la salida, por instinto, todavía casi inconscientemente...mientras tu tiempo continua contando al mismo ritmo que cuando no mirabas los relojes; por eso se te hace más largo: no hay como reparar en algo para darle vida propia.

Una pareja saludable, que aún se quiere, debe estar más tiempo separada que junta, y no por buscar otros abrevaderos, sino para no agotar el común al estilo del que bebe sin ganas, por puro aburrimiento, porque no cuesta ningún esfuerzo.

No es necesario (aunque sí recomendable, digan lo que digan) compartir parecidas aficiones, pero lo que sí es esencial, imprescindible, es no atosigar a la otra parte con tus gustos, porque no hay nada más estúpidamente egoísta que hacer lo que quieres con quien no quiere hacerlo. Hazlo, pero tú solo.

Por esto, cuando ella me dijo que teníamos que ir a ver a los Camela, me dio un vuelco el estómago, "¿pero qué coño hago yo viendo a esa gente?", ella sabía que no me gustaban aunque los escucháramos y cantáramos sus canciones, colocado, por supuesto, que si no de qué...

- "¿Y no podéis ir vosotras dos?"

Mohín. Mal rollo. Morros. Mirada.

- "Vale, vale..."

La puerta estaba abriéndose...pero todavía no lo suficiente para mi. Siempre he sido demasiado gordo para según qué puertas. O puede que las vea desde demasiado lejos.

Era en un pueblo cercano, rival, de esos de odio eterno a causa de no sé qué agravio, rencores de pueblerinos, bestiales, salvajes, australopitecos...cosas de pueblos. Pero mejor no decir de donde eres.

Había bastante gente, o eso me pareció, pero si se trata de gente más de diez son multitud, al menos para mi, y si son de esa clase de gente, de l@s camelistas, ni medio. El Infierno. El Puto Infierno.

Vi la barra y me acoplé en una esquina, "vamos a ver todo esto" dijeron, y se fueron con sus copas mientras yo pedía la segunda a un poligonero que sería incapaz de hacer el cubo de 3, pero que estaba cañón según la opinión de las arrabaleras sudorosas de chocolate y vainilla que se acercaban en manadas a pedirle copas, "estupendo", me hinché a ver tetas y culos. Genial. "Ponme otra", "esto está lleno de golfingers", "tómate una".

Regresaron las mías, al menos una de ellas, "¡¡¡VENGA, VAMOS A PILLAR SITIO, NO TE QUEDES AHÍ PARADO!!!" Y me fui a donde me llevaran no sin antes pedir un cubalibre en el vaso más grande que tuvieran.

El sitio era bastante grande, un tiatro monicipal o algo así, al aire libre, que era verano y aunque de noche hacía un caloruzo de tres pares de cojones, así que a pesar de todo el personal que por allí corría dando alaridos uno se podía mover con cierta facilidad. Vi unas sillas de plástico a un lado, "¿y por qué no nos sentamos allí?" aventuré, y viendo ellas la marabunta de adolescentes que copaban la parte frontal del escenario accedieron a mi ruego no sin un gesto de desilusión, "¡LUEGO NOS METEMOS DENTRO, VANE!"

Nos sentamos, solos al principio, pero poco a poco fueron llegando gitanos y gitanas, jóvenes y mayores, niños y abuelos, todos juntos, más gritos, más escándalo, luego supe que eran familiares de los Camela, me lo dijo una vieja a la que no recuerdo si llegué a ver haciendo ganchillo o lo soñé, pero entre tanto alcohol y tanta grifa hubo un instante en el que me subí a mi nube para no bajar hasta el mediodía siguiente...

- "¡¡¡VAMOS ADENTRO, KUFIS...VAMOS A BAILAR!!!"

Y pallá que me fui, hasta donde pudimos, la cosa estaba en el clímax, las viejas canciones y todo eso. Y en una de esas alguien pisó a un idiota, un genuino ejemplar de paleto, joven y grande, arreglao y bien peinao, en la feria de su pueblo...y se mosqueó y no nos liamos a hostias porque nos separaron nuestras hembras.

- "¡¿PERO DONDE COÑO TE CREES QUE ESTÁS, GILIPOLLAS, ESTO ES UN PUTO CONCIERTO...SI NO QUIERES QUE TE PISEN NO ENTRES!?"

Menudo mamón, como para ir a uno de los Def-Con 2.

Terminó y volvimos a nuestro pueblo, aunque no con el mismo conductor que a la ida, por supuesto.

Y por darle gusto a ella, a mi chica, a mi golfinger, a mi hembra, a mi futura ex-pesadilla me pillé un pedo que me tuvo tres días más muerto que vivo y estuve a punto de perder la cabeza en las manos de un paletón.

Por hacer lo que no quieres cuando la otra parte quiere.

Tiempo después quiso la puerta que yo no quería y se largó.

Y ahí sigo, dentro, esperando no sé qué...

Tendría que sacar la cabeza y mirar por ahí...¿pero y si cae la guillotina?

A lo mejor habría de hacer como Homer cuando lo del riñón para su viejo...

¡¡¡YYYYAAAARRRRRGGGGHHHHH!!!

¿Para donarlo...o escapar?


lunes, 10 de diciembre de 2012

ERA ASÍ, NO ESTABA SUCIA




- "¿Qué coño le pasa a esto...?"

Y te levantabas para mirar si la aguja del toca-discos tenía pelusilla, o polvillo, o cualquier otra chuminá, que los vinilos eran muy delicados, no como los cedés, que son prácticamente indestructibles. Y además ahuyentan a los pájaros...¡ay, del destino de la cultura en las manos equivocadas! Como limpiarte el culo con un ejemplar del Quijote. Alguno lo habrá hecho. Seguro.

Era finales de 1991 y el Achtung Baby! fue el primer disco de U2 que compré en su lanzamiento, apenas llevaba unos meses siguiéndolos, colgadísimo del Joshua, por supuesto, un elepé histórico y...peligroso porque pudo haberles pasado lo mismo que a AC/DC. Pero se reinventaron. Y dieron en el centro de la diana, aunque eso fue algo que la inmensa mayoría supimos tiempo después.

De primeras no le gustó a nadie, quisir, a nadie que conociera, aquellos no eran los U2, se hablaba de traición, de su fin, de tremenda metedura de pata...los fanzines de los fanáticos echaban humo, se cagaban en Bono y su puta madre, ¿y qué era eso de que ya no tocaran Bad en directo, o solo una parte?. SACRILEGIO. La fidelidad hacia algo supone que pierdas la perspectiva correcta; por esto, cuando el ídolo cambia antes que tú, no lo entiendes y dices que ya no es lo que era, o que se ha vendido por un puñado de dólares, o mil patochadas más...y no. Tú no eres el dueño del creador, sino el pagano de su trabajo. Y el que paga solo tiene razón cuando tiene razón.

No era este el caso.

Los U2 de aquellos años estaban en la cima del negocio musical, donde todavía siguen, por otra parte, pero vistas las cosas desde la distancia no es difícil darse cuenta de que les faltaba algo para ser tomados en serio, para alcanzar el último escalón, y ese algo no era otra cosa que dar a conocer algo inesperado y bueno, y si no nuevo, que lo pareciera. Y ese último empujón se lo dio el Achtung.

Por entonces yo leía el Popular 1, una magnífica revista musical, y recuerdo que sacaron un monográfico sobre el disco en el que lo ponían por las nubes y más allá, al nivel (en comparativa a la importancia que iba a tener en su carrera) del White Album de los Beatles y algún que otro legendario más; y creo recordar que quien afirmaba tal cosa era Julián Ruiz. Y bien que me jode reconocerlo...pero tuvo razón desde el primer momento.

La cosa era sencilla: no sonaba a U2 porque los viejos U2 estaban muertos, al igual que los viejos Kufistos o los viejos de entre vosotros que tengáis dos dedos de frente. La vida te cambia, y si no es así mejor deja de leer esto y ponte un episodio de Punto Farlopa: seguro que no te defraudarán.

Los chicos de Bono al fin se habían dado cuenta de que no podían cambiar el mundo, de verdad, y se aplicaron el cuento de aquella memorable frase hewsoniana en "Rejoice", del October, su otro gran trabajo (aunque esta sea una apreciación muy personal y que desarrollaré si llega la ocasión):

No puedo cambiar el mundo...pero puedo cambiar el mundo que hay dentro de mi...

La gira anterior, la del Rattle, la primera como campeones del mundo, la primera defensa del título, los llevó hasta la extenuación, como no podía ser de otra manera. Conocieron mundo, conocieron gente y conocieron cosas solo reservadas a cuatro elegidos, y una vez conocidas se dieron cuenta de algo importante: que la esperanza, mejor cuanto más lejos. Conocer es el primer paso hacia la desesperanza.

Y parieron el Achtung Baby!

Es un disco oscuro, luminoso, trágico, sexual, introspectivo, drogológico, desesperado...y veintipico años después sigue sonando bien, contemporáneo, nada menos que todo un clásico.

Para cuando los vi en el 93, en el Calderón, yo ya me había dado cuenta de ello, pero como esperaba tanto no lo disfruté todo lo que pude haberlo disfrutado, me quedó un poso de "¿y ya está?" al terminar el show con una vieja canción de Elvis, una balada que sucedió a Love is blindness, esa desgarradora canción...Muchas veces tú no te das cuenta, pero no exprimes bien los buenos ratos por esperar algo mejor, por la jodida esperanza que todo lo distorsiona. Y aquella noche en Madrid no lo conseguí porque juré no tomar nada hasta después que acabara, para apreciarlo todo mejor...error. Uno no puede disfrutar un concierto de rock si lo hace como si el estadio estuviera rodeado de picoletos con sus máquinas.

Como diría Nietzsche si hoy viviera...todavía era joshuatrero...demasiado joshuatrero.

Ya no.

Y después de una semana oscura, luminosa, trágica, sexual, introspectiva, drogológica y desesperada lo he escuchado de casualidad al salir a pasear la noche que cayó hace nada...y no le ha dado tiempo a terminar la primera cara cuando ya estaba en casa para escribir sobre algo que tenía que escribir.

Bueno, cara...el teléfono, que ya no tengo delicados vinilos, de esos que los tocabas por los bordes previa lavada de manos, aguantando la respiración, limpia la aguja, impoluta escobilla, aquel líquido, la tapadera para que no entrara nada indeseable...

Ya ni cedés manoseados y espantadores...

en el móvil...

ni los ves ni las recuerdas...

Mejón.

Pero siempre será cojonudo.

Y que zumbe la mosca mientras follamos como los monos del Zoo...

la pelusilla de nuestras agujas, que diría el viejo Federico, El Eccebono que se separó de Wagnedge y perdió su razón por encontrar la del porvenir.

También él tenía su parte joshuatreara...

pero mejor esta, sin duda.

La visión está en la punta de la aguja:


viernes, 7 de diciembre de 2012

ARANCHA



El día que bautizamos a nuestra primera sobrina yo tenía una resaca de diez mil demonios. Y era el padrino.

Y no es que te digan las cosas en el último momento, cuando ya estás invadiendo tus arcenes, que algo así siempre se dice con tiempo, sin sopetones que valgan una excusa...pero no sé qué coño pasa conmigo que por mucho que sepa lo que me espera lo hago peor, cuanto más, mejor. Recuerdo una mañana de Nochebuena, si no la que más una de las más fuertes de todo el año, que amanecí más muerto que vivo, al borde de la hecatombe, no me explico ni como pude levantarme de la cama...cuando el viejo me vio llegar no dijo nada, solo me miró detrás de su bigote, y se fue. Y me la fumé más solo que un puto cero; hubo un momento, varios, que pensé iba a darme algo, a caerme redondo, y recuerdo que me dije, "es igual...hasta que caiga". Y aguanté. La gente, los clientes, no se podían creer que un solo tío fuera capaz de sacar aquello adelante, hacían hasta fotos, pero lo conseguí. Y cuando terminó mi turno volví a chisparme...y todavía quedaba por llegar la maldita noche. Definitivamente, tenemos mucho más aguante del que imaginamos: solo hay que ponerlo a prueba.

Aquella mañana no desperté tan mal, pero casi, además que tuve la ayuda correspondiente al sábado, uno cualquiera, pero con todo lo pasé mal, que uno hace mucho tiempo que no tolera las resacas, y aún así vuelves a ellas, una y otra vez...la piedra de mi camino debe estar hasta los cojones de mi.

El caso era que la bautizábamos en el pueblo de la madre, casi una hora de viaje por carreteras sinuosas y mal asfaltadas, carreteras manchegas, carreteras de cuando Zaratustra perdió al águila y la serpiente...al llegar tenía la cabeza como los bombos de Bonham.

Fuimos a un bareto de su familia para hacer tiempo mientras echábamos unos botellines, mejoré un tanto, y poco después a la iglesia, todos emperifollados, la corbata como una horca, quien la inventó tuvo que ser un completo hijo de la gran puta.

Era un bautismo múltiple, había que esperar y tragar los gori-goris del cura, los llantos de los críos, los cargantes perfumes de todo el personal, los cristos colgados, sangrantes...ideal.

Nos tocó, llamaron a mi hermano y a su mujer, el cura soltó el rollo como quien reza un padrenuestro pensando en lo que se hará para comer el día siguiente, y finalmente pusieron a aquella criatura en mis brazos, tan pequeña, con los ojos cerrados, limpita, toda de blanco...después volvimos al bar, bebimos, y estuve hasta gracioso, tan sociable y molón como para ser contratado por Telecinco. Triunfé.

Tiempo después la relación entre mi hermano y yo dejó de existir, cosas que pasan, y hace tiempo, mucho, que no veo a mi ahijada, ni a su hermana pequeña, la última vez fue en una boda familiar, había crecido una barbaridad, casi no podía reconocerla, y yo venga a darle besos, a cogerla entre mis brazos, medio borracho ya...

Hace media hora que terminé mi paseo de todos los días, había despertado jodío, ayer me pasé un poco, creo que seguía estándolo a pesar de la ducha y el frío de la calle, le he hecho una broma a una vieja que no creo haya entendido, he mentado a las putas madres de la mayoría con los que me cruzaba, y al regresar a casa he ido de cabeza al water, pero uno caga por el culo, no por aquella, lástima...

Una mierda negra, pestosa, de whisky y vino, y mientras me fumaba el primero del día mirando un viejo número del Círculo de Lectores he caído en las páginas infantiles, en esas llenas de libros y chismes con conejitos, elefantes, perritos y leones rientes...y me he acordado de todas aquellas cosas que compré para ella, "le encanta..." me decían sus padres...

Después me he limpiado el culo y he puesto agua a calentar para cocer espaghettis.

Ya están cocidos, no se me han pasado.

Voy a hacer el sofrito.

De ratas y murciélagos.

Me cago en mi puta vida.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

VIEJO REMEDIO




Conocí a un viejo, uno de los mejores, que cuando escuchaba mis adolescentes quejas sobre esto o aquello me decía: "Kufistín...no pienses en ello. Verás como se te pasa"

Y después era yo el que le escuchaba contar sus historias (inolvidable la del barco negrero), sentados en los barriles LLENOS, en la calle, fumando para que no me viera mi padre. El Respeto era el Respeto. Todavía.

Así que cuando esta mañana he despertado como si hubiera pasado resfriado la noche, incubándolo, soñando como solo se sueña cuando empiezas a ponerte malo, me he acordado de él y de su consejo, infalible, solo que él era un hijo de cuando guerreábamos en el Rif y yo uno de la pre-Transición: él sobrevivió y a mi me sobrevivieron. Y ahora ni me imagino lo que vaya viniendo.

En fin...ajo en ayunas, vaso de agua, zumo de naranja, limón y miel, y a la calle, que el exceso de cama nos está convirtiendo en lo que nos está convirtiendo.

"¡Hostia, qué frío!" y he regresado a casa para pillar el gorro. Definitivamente, lo había cogido.

Así que en lugar del habitual paseo buscando el sol que no estaba me he decidido por acortarlo e ir directo al despacho de loterías y a la tienda de la gorda cachonda a por pan integral (cosas de la Red) y manzanas, pero hoy no estaba ella, sino la otra, y también ha estado en plan simpática, que no hay como acostumbrarse para que se evaporen los temores, y una vez conquistados tamaños objetivos me he vuelto a casa sin pasar por la farmacia, que uno está harto de tanto placebo saca-cuartos...basta con decirte que estás bien.

Bastaba para aquellos supervivientes...

Soy de esos que ni malo pierde el apetito, a no ser que la noche anterior haya llenado el estómago con Johnnie Walker, y como hoy no era el caso he comido como siempre, incluso más, "esto es cosa de darle fuerza al cuerpo" y tal...pero no, no estaba como siempre, y hoy a uno le jode no estar como siempre, como si por no estar como siempre fueras a perder tu penúltimo tren cuando no hay otro más que en el que llevas subido desde que viste que para hacerlo no tenías más que plantar tus pies en su escalera mecánica. Funcional. Y cómodo. "Trae un socio y te regalamos una tostadora"

Yo desayuno ajos crudos.

Pero al despertarnos de la siesta (cocidos mi gato y yo por el calor del brasero, sobresaltados, al menos yo, por otro inquietante sueño) he tomado la determinación de ir a la farmacia de guardia, más aún cuando al toser ha salido verde, infección, cosa de antibióticos, ahora sí tenía excusa...ni mi tío Victoriano ni la Red podrían echármelo en cara.

Esto no es Nueva York, pero tampoco lo que era, así que cuando he visto el nombre de la calle con la de guardia no la he reconocido, "me cago en la puta...", pero he recordado que tengo una aplicación en el móvil , una que te sitúa estés donde estés, cosa sencilla conmigo porque siempre estoy en el mismo sitio, no tengo perdida, y milagrosamente he conseguido la trayectoria correta, todavía no me explico como, pero ha bastado con ver alguna que otra calle conocida para reconocerla, "ah, sí...aquella...la de la hijaputa..." Para allá.

No era la tipa de hace algunos años, o no la he reconocido mi memoria, que también puede ser, de hecho no recuerdo el porqué del mal rollo, pero lo hubo, que es una de las que evito si puedo...no, no era aquella perra. Pero a pesar de que eran las cuatro de la tarde no ha podido evitar ponerse nerviosa. No sé qué coño le pasa con mi cara a la gente que no me conoce, pero esa es su primera reacción.

- "Hola, buenas tardes...dame amoxicilina"
- "En cápsulas, en sobres, en comprimidos..."

Cápsulas y comprimidos es lo mismo, ¿no?

- "No sé...pastillas...siempre las tomo igual..."
- "¿500, 750, un gramo?"
- "500 (que ahora sé que es veneno gracias a la Rezzzz)"

Era una mujer mayor, asexual, miedosa, me he dado cuenta de que se le ha ido un poco el tapón cuando ha pasado una chica joven...

- "Tres con quince..."
- "Dame un paquete de Desenfrioles"
- "¿En sobre o en comprimido?"
-  "(Joderrrr) En sobre..."
- "Nueve con siete céntimos"

Le he soltado uno de diez

- "¿No tendrás los siete céntimos?...me harías un favor..."

Todos estos negocios...farmacias, supermercados, ayuntamientos, tienduchas de barrio...yo no les cobro diez si de verdad veo que no los tienen, ¿qué coño son diez céntimos?, claro que así estoy como estoy, goyao, y luego te enteras que tós estos tienen piso en San Juan. O en Manhattan, como el ex-alcalde.

Pero los tenía. Entre la picadura caída del Marlboro. Y la muy imbécil me devolvía otros siete céntimos.

- "Ehhh...creo que tienes que darme un euro..."
- "¡¡¡AH, SÍ...PERDONA!!!"

Siempre he llorado cuando veo al hombre elefante gritar y llorar en aquella estación de tren...

Y ni os cuento cuando se muere.

Me he comido dos pastillas al llegar al bar, y cuando caía la noche un sobrecito de Desenfriol, "lo mejor para espabilarte", como hace años me dijo aquel desquiciado médico amigo mío...

Sí...pero no lo suficiente.

Nada como media botella de vino, tres copazos de San Johnnie Walker y una buena ristra de cigarrillos para olvidar que no estás tan malo.

Lo malo de verdad será cuando no pueda hacerlo.

Hijo de la pre-Transición, sí, esa putarra...

Pero conocí a unos cuantos viejos...

de esos que ni bebían agua, ni comían pastillas.


lunes, 3 de diciembre de 2012

YA TENGO MECHERO




Durante las dos últimas semanas he estado encendiéndome los cigarrillos como un troglodita, o casi, pero en lugar de palos utilizaba mecheros, averiados los dos, uno no tenía gas y el otro no tenía piedra, solo había que juntarlos, nada más, el fuego no necesita mucho, como yo, que se me van fundiendo las lámparas de la casa hasta hacerme vivir en la penumbra, y no es que sea un rata, es solo que nunca veo el momento de ir a una estúpida tienda, con una desconfiada dependienta, para comprarle tres o cuatro, o diez, jodidas bombillas, además que debería llevar las muestras..."quiero una de estas...dos de estas...cuatro de estas..."

Me pongo malo solo de imaginarlo.

Comprar un mechero es como salir a la calle con paraguas, cosa esta última que he empezado a hacer este otoño. Yo, que siempre miré con desdén a los paragüeros, ahora también llevo uno cuando llueve. La primera mañana iba un tanto incómodo, pero pronto me di cuenta de sus beneficios sobre el impermeable, así que ya no solo lo saco cuando llueve, sino con solo la amenaza...espero no acabar abriéndolo para protegerme del sol. La vida es una traición continua a ti mismo.

Y esta tarde he acabado por decidirme a comprar un mechero, con todo el dolor de mi alma, que los mecheros no se compran, se roban, o se descuidan, mejor, solo es un puto mechero, hoy por ti y mañana por mi, pero comprar uno es como comprar aire del Himalaya: cosa de tontos. Pero uno cambia el ritmo del fumeque cuando una simple llama se convierte en una molestia, fuma más rápido para que no se apague, y eso es malo. Es de tontos.

He recordado el 24 horas que hay cerca de casa, uno de esos que ya te engañan desde el nombre, pues de 24 nada, y si alguien te la mete de entrada es que te la llevaras puesta de salida, y bien dentro, que los malos comienzos serán buenos para los gitanos, pero yo no lo soy, ni ganas...le he echado un vistazo a la calderilla, "sí, creo que habrá suficiente"

Es una tienda pequeña, de techo bajo, llena de cosas, casi tienes que andar de lado, con cámaras de vigilancia, ideal para volverte loco, perfecta para reafirmarte en que hay trabajos peores que el tuyo, yo no podría estar metido allí ni diez minutos, o sí, quien sabe...hay que ganarse honradamente la vida. Eso dicen.

La dependienta es gordita, feúcha, de unos treinta años, con unas gafas de esas con montura de color, de mirada veinticuatro horas, es decir, "no te pierdo de vista...y lo grabo todo"

- "Hola...dame papel de Smoking, del corto...y un mechero"

No la he entendido bien a pesar de haberme quitado uno de los auriculares, "Tea for one" de los nuevos kennedys premiados por Obama en el nombre del Imperio...de destrozar hoteles y meter peces en los coños de las groupies a estar sentaditos, formalitos, escuchando sonrientes el discurso del presi...mejor con Nixon, sin duda.

- "¿Qué?" y me he quitado el otro
- "Que cual quieres"

Había dos cajitas, una llena de mecheros blancos y otra llena de mecheros de colores.

- "Dame uno de esos" le he dicho señalando a los de color
- "¿Este?"
- "No, de los otros"
- "¿Este?" y seguía señalando los blancos
- "No, los de colores"
- "¿Este?"
- "No, el otro..."
- "¿Este?
- "Sí..."

Al final no me he llevado el que quería, pero un ¿este? más y hubiera pasado yo a cogerlo.

Clavada. La de hijosputas que se han hecho millonarios vendiendo mierda, mierda barata, la más abundante, vender a dos lo que cuesta a uno, no hace falta que sean millones, "esto vale un euro, pero como no son horas lo vendo a dos. Y pagan" Y poco a poco pasan de vender camisones de casa en casa a poseer tiendas en las Millas de Oro de todas las grandes capitales del mundo...solo hay que ser constante, avaricioso y explotador. Ya habrá tiempo de comprar periódicos para que cuenten lo buen tío que has sido siempre.

Ayer me comentaron algo de un programa para bajarte música a través del móvil, de gratis, claro, y he mirado en el Market, sección gratuitos, decidiéndome por uno que tenía buenas críticas, "downloading...wait" No importa cuanto dure el wait cuando uno va escuchando el Preludio de Tristán e Isolda, que hoy estoy en modo tierno, como siempre me pasa el segundo día después de una buena borrachera.

Downloading completed

A ver...en inglés. Vale, me defiendo, "search" es buscar..."Wagner...Liebestod...¿o era Lieberstod?..."

Un chorro de resultados. ¿Este? no, ¿este? no, ¿este? no...este, con la Meier.

La música del Preludio seguía inundando mis orejas como olas que vienen y van en formación...

Pero no la he bajado, o no la he bajado bien, o no la he sabido abrir, o la puta madre del día en el que Felipe II no nos hizo protestantes y nos perdió para siempre por hacer el cabrón para el papa de Roma...y ahora mirad como están los unos y como estamos los otros. Aunque a estos cerdos herejes les llegará su san Martín, que todo viene y todo se va...la consolación a lo Tertuliano, aquel Padre de la Iglesia, "¡¡¡Y COMO DISFRUTARÉ CUANDO DESDE LO ALTO LOS VEA ARDER EN EL INFIERNO!!!" Somos los chándalas de las religiones.

Youtube, Tutubo, hay que ser imbécil..."Liebestod Wagner" Mil resultados..."¿este? no, ¿este? no...el de la otra vez, el de la vieja gorda en blanco y negro...¡este!" Pero no lo ha cargado. La ruleta giraba y giraba dando vueltas a la bolita, a esa estremecedora bolita aviagrada por la nostalgia para esas noches en las que te sientes tan solo como El Gran Masturbador...

He visto a uno que fue buen amigo jugando a la tragaperras en un barucho, solo, él también me ha visto en el último instante, no he mirado atrás y no he oído a nadie pronunciar mi nombre, y por evitar la posibilidad he dado en caer por donde vivía ella, y una vez dentro me he metido más, como tantas veces hice al principio del final, pero hoy no he quitado la mirada del suelo, aunque mentiría si dijera que no he pensado en oír su ¡Kufisto!, pero no lo he oído, como todas aquellas, innumerables, veces ¿Quién coño dijo que solo hay que imaginarlo?, ¿quien dice que somos máquinas?, que me lo pongan delante para partirle la puta cara...que si tan máquina es, seguro que no le duele. Máquinas...

Al entrar en el despacho de loterías me he cruzado con otro como yo, otro solitario, otro buen tipo, hemos charlado un rato...

- "Dame una de seis apuestas para esta noche"

Seis, el número de la Bestia, estoy hasta los cojones de números y de letras.

Y he vuelto a casa como salí.

Pero al menos ahora tengo un mechero para fumar a mi marcha.

Algo es algo.

¿No?





viernes, 30 de noviembre de 2012

A KIND OF TRATOL




Dijo no se qué del tratol, estaba hablando por el móvil mientras ella se miraba las manos, llenas de anillos dorados y pulseras brillantes.

Me di cuenta nada más pasar al bar, los vi junto al grifo de la cerveza, allí donde se sitúan los no habituales a pesar de tener a su disposición toda la barra: el grifo como burladero para toro y torero.

Saltaba a la vista que él era un azacán, uno del terreno...cara redonda, boca pequeña, pelo casi cortado a tazón y piel tostada, abrasada. Y pertigueaba a la misma vista que ella era una hija del este de Uropa, muy mona, blanquita y delgadita, de esas que puedes jurar ante el cielo y el infierno que no se dignará a mirarte a la cara: el anzuelo estaba ocupado.

Nos quedamos solos pronto, con la compañía del Kind of blue de Miles Davis, ese disco que no te cansas de oír porque suena bien, como cuando Curtis le dice al de los Monthy Python que le hable en ruso mientras están follando: no entiende nada, pero suena bien.

Me senté en un extremo para hojear los periódicos, rápido, sin apenas pausa, Sostres se había cubierto de naftalina, pero bien, creo que está 0´2 de empezar a ir a la misa dominical con su modélica familia...Se habían llevado la hoja de "El País" que chivaba la presumible marcha de Mourinho a final de temporada, cosa que me importa un cuarto de cojón, pero con ella también se fue el crucigrama, el único que merece la pena de toda la prensa que compramos, maldita sea, los demás son para que puedan ser resueltos por lectores diarios del "Marca" y televidentes de Punto y Farlopa..."¿qué hago ahora?"

Observar la extraña pareja...e ir reponiendo a Miles.

La voz cantante era la de ella, hablaba un español casi perfecto, como todas, con ese acentillo tan sensual, dulce, suave, él asentía o mugía de vez en cuando, un tanto incómodo, era como si a pesar del cortezón que lo cubría por completo se diera cuenta de que yo estaba tomándolo por lo que es, cosa que junto a lo reciente del lío (todavía están haciéndose manitas en público, más ella que él, por supuesto, su bota en el apoyo del otro taburete, bajo las pelotas...) lo tenía con un aspecto tal que aquella canción de los Zeppelin, esa que cuenta el infierno de un tío al que su chica lo estaba dejando más seco que un trozo de mojama al sol de julio.

Cuatro o cinco veces la oí mentar al padre de él, y me hizo pensar en qué clase de tía puede ser aquella que pregunta tanto por el papa, y bueno, eso no es cosa que requiera mucha meditación, pero a él le vino bien, así podía dejar de pensar en follársela, ¡y encima hablando de padre, ese gran, gran hombre!, ese tío que lo ha conseguido todo con la fuerza de sus manos y su tratol, o tratoles y unos cuantos ilegales, ese hombrón que no ha parado hasta que a su familia no le faltara de nada, y menos a él, claro, que ya tiene hasta tele en su Gran Tratol, tan plana y fina que hasta da miedo tocarla para cambiar de canal, aunque cambia pocas veces: esta fijo en el contenedor de Mariló, esa perra, y sus clases para vivir...Otro gran hombre, sin duda.

La rumana escuchaba atenta, cogiéndole las manos, "mi padre esto...mi padre lo otro...", imaginé a Miles tocando la trompeta con los ojos cerrados, y pensé que ella era de las que te la chupan mirándote a los ojos.

No entraba nadie, esto hace tiempo que dejó atrás el castaño oscuro para fundirse en negro, muy negro. Acabé leyendo las esquelas de "El País", tan sobrias, esas que ni ponen la Cruz, o la estrella de David, o la efigie de Obama...tonto vivo, tonto muerto. ¡Con los magníficas que son las del ABC!, lo mejor del centenario panfleto de nuestros días.

Más cerveza "en tubo", como la piden los despistados, más él que ella, quien había retomado el mando tras el panegírico paterno, reía un poco más fuerte, sonaron los primeros picos, "de morreoj ná, cái uno delante y yo soy un azacán de La Mancha..." Y más trompeta de Miles, y recordé que al final de su carrera la tocaba de espaldas al público, y pensé que ella era de las que te piden que le des por detrás.

Entonces él dijo algo sobre las horas que llevaban en nuestro bar y ella le regañó cariñosamente, "¡anda! ¿y cuando tú te va con tus amigo a ve el fúbol, qué?, ¡si etás sei o sete hora!" Lo miré, parecía un semáforo en rojo, parecía el semáforo de salida de un Gran Premio de Fórmula 1...Y lo imaginé en "su" bar, con "sus" amigos, viendo al Madrí, bebiendo cubalibres a saco y gritando como un energúmeno, eso sí que estaba bien...pero la rumana también lo está un rato, y ya se sabe que para llevarte la copa y abrir el champán, antes has de dar 80 vueltas al puto circuito, que papa es una buena escudería, pero aún no lo es para ella, aún. Así que te jodes y esperas hasta que ella vea que no has dado ochenta giros, sino cien, cuando no querías dar ni medio...ya puedes abrir la caliente botella que guarda entre las piernas.

Se fueron cuando Miles terminaba por tercera vez su canción de 55 minutos, no sé porqué coño la dividió en cinco partes, supongo que para tener tiempo de meterse un buco, que a veces la vida solo es soportable endrogándote con lo que más a mano tengas.

Como la rumana, esa que imaginé animándole con el ruido de su bisutería todavía barata mientras se la meneaba a muerte para que se corriera de una jodida vez en su cara. Igual que en las pelis.

Cosas de ser hijo de un papa con un Gran Tratol.


jueves, 29 de noviembre de 2012

SOL, FRÍO Y AZUL




Un buen paseo da para mucho, para sentirse un poeta y para sentirse un bienhechor, para ver el baile de las hojas que tiraron del árbol, como poseídas por un espíritu burlón, sobre las aceras, sobre el asfalto, muleteando cochecillos, hay alguna que otra cornada, cosas de ponerse donde José Tomás, los toros obedecen al último toque, las máquinas solo al primero.

No hay como caminar en dirección al sol para olvidarte de todo, sin cristales que debiliten tus ojos, ¡qué bien se ve cuando hace frío de verdad!. Es como si la telilla maligna que empaña la vida de la ciudad se desvaneciera aterida por el viento del Norte, y todo brilla más, todo parece mejor, más claro, más grande, más sano, más fuerte. Todo está como es cuando los pedos del monstruo se congelan conforme salen de su ano. ¡Qué bien respiras dentro del frío y de la luz!

Caminando la tierra húmeda por las lágrimas de la luna nueva, desaparecida ya por el imponente sol que alumbra un azul vivo, en movimiento, como si en una mañana tan fría como esta hasta el color tomara consciencia de su existencia, azuzado por el viento helado, capaz de espabilar lo durmiente y acabar con lo dormido, sientes tus pasos hollar el camino, como acogiéndote, como dándote las gracias por pisarlo, por recordarle que está vivo, porque un camino desdibujado y olvidado, un camino que ya solo transitan los que están hartos de andar sobre cemento y alquitrán, agradece un poco de calor en días como estos.

Dejo atrás el sol y el azul, las piedras y los hierbajos, el frío salvaje por el viento, y vuelvo adentro, a la colmena donde todo está más oscuro y el número aumenta un tanto el calor, pegados los unos contra los otros, como aquellos monos hasta que encontraron el monolito. Pero todavía tengo reservas, he recargado bien la pila, y voy a la tienda de ayer, a la de la cincuentona gorda y caliente que mira con bestial deseo a los clientes jóvenes, acostumbrada como está a viejos arrugados, flácidos y acabados.

Sonriendo, seguro, le pido pan y fruta, y ella me mira mientras escoge las piezas, "¿has dicho esta?", "sí", "¿quieres estas que son mejores?", "vale" Y pesadamente menea su enorme culazo, haciéndose sitio entre la otra dependienta, una cuarentona teñida, de mirada aburrida, como de brasero eléctrico medio averiado, "¿quieres algo más?", "dame unos kiwis", y cuando apunta su precio junto al del resto sobre un cartón, haciendo una suma que me ha quitado treinta años de golpe, veo que quizá no me llegue el dinero, "son caros los kiwis...", "son de los gordos...los mejores", "no sé si tendré", "me lo das otro día" Y veo que tengo más de lo que creía y le pido miel, y entonces sale del mostrador como el Colgate del tubo, casi tira una caja de calabacines, pero la sujeto, "me he enganchado..." y ríe pasando entre los viejos que esperan turno, dirigiéndose al fondo, yo detrás de ella, lo menos pesa ciento veinte kilos, "¿cual quieres?", "no sé...dame la mejor", y escoge el tarro más gordo, "de la Alcarria, natural", "perfecto", y otra vez se mete para dentro, "¿algo más?", "creo que no", "te lo reparto en dos bolsas para que vayas más cómodo...porque vas andando, ¿no?", y es que se me ve en la cara que soy de los que van andando.

- "Quédate con el cambio"
- "No, por favor..."
- "No importa, de verdad, por las molestias..."
- "Pues gracias...para cuando te falte"

Me faltará.

Pero eso será lo único, porque mientras haya sol, cielo azul y viento del Norte tendré lo imprescindible.

Y un culo enorme y volcánico esperándome una mañana cualquiera.

ÚLTIMOS GIROS DE LA VÁLVULA




- "¿Y eso...?" le dije mirando algo con aspecto de DVD que acababa de dejar sobre la barra.
- "Ah...un juego que me he comprado"

Y una vez que hubo recuperado el resuello perdido en su bicicleta de carreras me explicó de lo que trataba, cosa que saltaba a simple vista, no había más que ver la portada...era un juego de guerra para la Playstation 3.

Habló como siempre, es decir, como si los demás no tuviéramos boca, pero un síntoma como ese, quizá el primero de la mala educación, no lo es tal en él, o al menos no de forma deliberada; simplemente tiene un cerebro que se quedó clavado en la quinta marcha: un cerebro a tope calderas.

Es un hombre a un cerebro pegado. Y profusamente señalizado: si todos fuéramos como él, no serían necesarias las cárceles comunes. Bastaría con la que tenemos tras la frente.

Posee una amplia cultura adquirida, de todo sabe y todo lo relativo a ella le interesa, aunque no creo que su delicado trabajo, absorbente como pocos, le deje mucho tiempo, pero una vez me confesó que duerme poco y mal, nunca más de cuatro horas y a saltos, será cosa de ese jodido cerebro, siempre sobre-estimulado por la multitud de cachivaches electrónicos que compra el cuerpo que le transporta, tan insaciable como Ariana Jollee, y eso, como dejó escrito Aristóteles, más es una condena que una bendición: la virtud sigue estando en el medio. Por los siglos de los siglos. Y más allá de Júpiter, también.

He de reconocer que me sorprendió esa nueva, para mi, faceta suya, la de friki de los videojuegos, y no por la responsabilidad de su oficio (he conocido a otros de su misma profesión que no eran frikis, sino frikones, pero además imbéciles, que lo uno no quita lo otro) sino porque no me cuadraba en alguien como él. Pero los cuadrados solo existen en nuestra imaginación.

Todavía más me sorprendió la pasión con la que hablaba, y no por convencer, creo que le importa muy poco lo que piensen de él, de alguien que está absolutamente convencido de todo en lo que cree, y es que como bien dijo Poe "quien está convencido no necesita convencer".

Un hombre cercano a los cincuenta años, un soltero que cuida de su anciana madre, un más que probable superdotado intelectualmente, mata parte de su tiempo jugando a algo que jamás, por convicción, se le ocurriría hacer en la vida real, aún cuando fuera su pellejo el que estuviera en juego, estoy seguro de ello...Y es que si hasta las ollas a presión tienen una válvula de escape, ¡como no la va a tener la cabeza de un hombre! El juego no es real, pero tiene aspecto de serlo. Y así es como la bestia que todos llevamos dentro, la que nos trajo hasta la orilla después de atravesar océanos embravecidos, sacia su apetito, más anoréxico generación tras generación, al menos en esta parte del mundo que fue su faro y ahora no llega a cerilla: ya no es la música, sino la Máquina quien amansa a la fiera. Creadas para servirnos, vamos a terminar convertidos en sus esclavos.

Primer gran error: todo lo que te hace la vida más fácil, te enferma.

Segundo gran error: todo lo que te entretiene, acaba por dominarte.

Uno no viene al mundo para habitar una casa automatizada, o para que le entretengan. O al menos no debería de ser así.

Quizá Unabomber sea un profeta de nuestro tiempo.

No confíes en las máquinas, y menos en quienes las manejan. Todavía.

Se acerca el tiempo de regresar al mar en busca de la otra orilla.

Y volver a vivir. Aunque sea menos tiempo.

¿Pero quien dijo que nuestro destino final fuera transformarnos en tortugas de arena?

Hacia el agua...otra vez.





miércoles, 28 de noviembre de 2012

EN LA CRUZ ROJA (FIN)




Es curioso, y definitivo, como uno no puede dejar de ser uno mismo ni el mundo virtual, aunque quizá sea en este donde más sea yo...quizá no. Seguro.

Empecé esta historia como un ajuste de cuentas, más con la idea de denigrar a una institución en la figura de un capullo integral que por ninguna otra cosa, pero ahora que he decidido acabarla no veo la necesidad ni los motivos suficientes: basta con el intento de recordar las presuntas afrentas que te infringieron para comprobar que ni fueron tantas ni tan graves, pues de haber sido así no las hubiera olvidado, y con algún esfuerzo que otro (tampoco me he devanado los sesos) no ha venido a mi memoria ninguna especialmente hiriente, que los años son los mejores cicatrizadores que existen, todavía más cuando la cosa no llegó ni a arañazos...Únicamente el recuerdo de aquella Nochevieja perdida, idealizada, sin duda, por lo que pudo haber sido, pero después llegaron otras noches, noches en las que ella todavía estaba allí, que se fueron igual que se fue la de aquel Año Nuevo...y el capullo integral no estaba allí para echarle la culpa. A no ser que aquel capullo integral fuera yo mismo.

Durante esos años conocí gente y me pasaron cosas, y ahora que han pasado tantos como los que yo tenía entonces veo que estuvo bien, porque bien está todo lo que puedes recordar, lo que no te mata te hace más fuerte...lo que no te mata es mejor de lo que pensabas.

De todos aquellos con los que me relacioné en la Cruz Roja no conservo ninguna relación, no digamos amistad, y esto no es Nueva York, precisamente...Cuando uno es camarero no tiene amigos, sino clientes que vienen y van, como las hojas muertas del otoño: cayeron y después se las llevó el viento.

No tengo ningún tipo de contacto que no sea el meramente profesional con nadie de mi pasado, mis amigos de ahora son mis clientes de ahora, y se irán y otros vendrán, y con ellos mantendré una especie de amistad, la suficiente como para colocarte cualquier noche que no haya demasiada gente por ahí: la gente de bar, las moscas de bar, armamos demasiado ruido cuanto menos jóvenes somos, tan grande que su eco dura mucho más que el normal. Y lo peor es cuando lo ves en lugar de oírlo; de ahí el antisocialismo: no estar entre nadie que mañana te mire raro y te preguntes porqué. Mosca no come mosca...y si lo intenta siempre se puede tirar de memoria. O de futurología cercana. Cercanísima.

La otra mañana (creo que ya había empezado esta historia...seguro) me crucé con Guyeleto, iba por la otra acera y lo ignoré, creo que él también, seguro...no lo veía desde entonces, y esto continúa sin ser Nueva York...El instante que lo vi fue suficiente para darme cuenta que seguía igual de viejo que entonces, con los mismos andares, parece como si algunos no se desprendieran del tacatá en toda su vida, con esa expresión de no sé qué coño sigo haciendo aquí, como si estuviera despierto para cansarse y no soñar, no sé...¿qué cojones le dices?, ¿qué?, holacuantotiempomealegrodevertequetalteva...eso es una gilipollez, una mentira, y no os engañéis aunque os lo presenten en forma de Ava Gardner con veinte años: lo que era una mierda cuando erais críos sigue siendo una mierda cuando sois mayores. Mentir por una gilipollez es de mierdas. Digan lo que digan.

Ayer fui a coger no sé qué en el maletero del coche, creo que estaba buscando un cuaderno por si se me ocurría algo mientras estaba en el bar, y no lo hallé, pero di con un libro del Anticristo, con uno de los mejores, y si leo algo es a él, aunque sería más exacto escribir releer, pues desde que lo descubrí no he buscado más, que cuanto más lo releo más razón le doy, y miro cosas en la Red de sus desesperados bastardos, y algunos son bastante competentes, al menos para lo que hoy nos toca vivir...y por más verdad que siento, por más que me digo que todo lo que me rodea es una jodida mentira, que la Verdad está desvelada pero no tenemos güevos para aceptarla...no puedo con ella. No puedo.

- "Tienes el techo del coche helado" me ha dicho mi hermano pequeño cuando estaba echándole las llaves al bar.
- "Sí...pues espérate al finde, cuando nos vayamos tarde..."
- "Bueno, tío...hasta mañana"

Y nos hemos chocado las manos como siempre hacemos cuando llega y nos vamos. Aunque tengamos que colgarnos los trastos en la punta de la polla...supersticiones no escritas (ni dichas) entre hermanos.

He dejado toda mi mierda en el asiento de atrás, ese que no se acuerda de la última vez que sintió algún orificio capaz de excretar, y he tirado para adelante con el cristal en modo catarata, es decir, que no veía una polla liá en un trapo, o casi, por la ventanilla he visto como mi hermano pequeño, supongo que al verme, ha hecho lo mismo, calle arriba venían los guindillas, esos mierdones, y yo he metido segunda como si estuviera en el Dakar llevando el coche de Sáinz, esa mosca sin suerte...pero yo soy Kufisto y detrás venía mi hermano pequeño.

Nos hemos despedido con un bocinazo en el último cruce, como siempre, aunque no he oído el suyo, pero eso ha sido culpa del Celebration Day, el último disco de los hijos de los dioses, de los buenos dioses, de los del Anticristo, de aquellos que eran tipo punk, tú también puedes serlo...si tienes lo que hay que tener...

Y esperando estaba a que se abriera la puerta de la cochera cuando un perrillo callejero, feo y lleno de mierda, se ha puesto delante, mirándome..."verás como se mete dentro" Y se ha metido dentro. Y después, con mucho cuidado, he bajado yo..."verás como viene"

Medio metro, no más, tenía algo en el lado derecho del cuello, parecido a una herida, o quizá fuera mierda, no sé..."voy a bajarle algo de comida"

Al tercero, puerta B, rac...raaac, mi gato, "cabrón", más superstición, a la cocina, frigorífico, jamón del gato, "¿donde se lo pongo?", más trastorne, "ah....sí...papel albal...", el Gran Kufisto hace mucho tiempo que dejó de ser el Dios del Pac-Man, ese mismo que acaban de descubrir que se come a Júpiter, o a Saturno, o a uno de los gordos...abajo otra vez, ahora con cuatro lonchas de jamón de York cortesía "El Pozo", esa mierda que acaba con la dignidad de un gato, ese ser reminescente de la Antigua Aristogacia...

Y ahí estaba el perrillo. Esperando que le diera a la luz.

Y le he dado y se me ha quedado como si no, mirándome...

Le he puesto la comida en la cochera del vecino, pero después, mientras desdoblaba las rodillas, he pensado que mejor en la mía, por si se caga y tal, no sé...

Y porque tengo gato, que si no...

Esta puta vida es un sindiós.

Y ahora releeré al Anticristo, no mucho, que me he clavado una botella de vino mientras escribía esto, por no hablar del tabacazo...pero seguirá teniendo razón.

Pero soy tan demasiado humano como tú que me lees.

Sin remedio.

Como aquella Nochevieja en la Cruz Roja...




lunes, 26 de noviembre de 2012

EN LA ROJA CRUZ (V)




La muerte ajena es fría, eso es todo lo que puedo deciros de ella: no es tan diferente como la que se ve en los telediarios mientras te comes los spaghettis.

Llegabas al lugar del accidente, mirabas dentro del coche y veías que estaba muerto, el volante incrustado en el pecho, los ojos cerrados, le tocabas la yugular para asegurarte y esperabas que vinieran los bomberos echando un curioso vistazo a la documentación: nacido en, el día tal, nombre del padre, nombre de la madre, algunas fotografías con su familia...sí, era él. Recuerdo que miré la cinta que llevaba en el radio-casette, era música española, ful de Estambul...se durmió en una recta y se mató.

Otro se cayó de cabeza cuando instalaba las luces para las fiestas de su barrio, una sacudida eléctrica y adiós. Tenía los sesos fuera, o una buena parte de ellos, se los metimos dentro y le vendamos la cabeza, lo llevamos al hospitalillo con vida, parecía increíble, pidieron una UVI para trasladarlo a Madrid, y mientras esperábamos los papeles para irnos llegó uno de sus hijos, un chaval al que conocía de alguna que otra juerga...

- "¡¡¡¿¿¿COMO ESTÁ MI PADRE, KUFISTO!!!???"
- "Bien...bien...tranquilo, se lo van a llevar a Madrid..."
- "¡¡¡DIME LA VERDAD!!!"

¿Como iba a decirle la verdad?

Pasó adentro dando gritos, nos dieron los papeles y nos fuimos. Murió en el trayecto. Desde entonces, cada vez que me he encontrado a su hijo he tenido la sensación de que no queríamos vernos.

A veces llegábamos tarde, o los otros demasiado temprano, que durante una emergencia se llama a todo el que esté disponible, y ese fue el caso con mi vecino Víctor, un chaval algo mayor que yo cuyo padre había sido uña y carne con el mío, unos figuras los dos, y es cosa que suele pasar entre los hijos de los amigos: que lo son durante la infancia, pero al crecer se distancian. Supongo que será otra muestra más de querer matar al padre y follarse a la madre, que diría el matamolleras.

Se habían salido de la carretera, podían verse las huellas del último frenazo a pesar de la tibia luz de la amanecida...el hostión fue de órdago: después supe las vueltas de campana que dieron. Pero la cosa no fue tanto que no pudiera encontrar a simple vista su documentación, que si apareció impoluta la de Atta cuando los ataques terroristas a las Torres Gemelas puede aparecer cualquiera, y eso era un Boeing, un bicharraco de los gordos, como el otro que se estrelló contra el Pentágono dejando un boquete que los mass-media te obligaron a aceptar la posibilidad, la completa seguridad, de que un elefante se la pueda meter a una hormiga; pero para eso están, los medios de masas, digo, para que creas que es posible lo de la manada de elefantes balanceándose en la tela de una araña: más aún si un científico dice que sí, que bien colocados aguanta hasta mil. Pues vale.

Pero en los papeles del coche no salía Víctor, sino su viejo, y entonces sí que me dio un ligero temblor de piernas:

- "Hostiaputa..."
- "¿Qué" me dijo el Pitorra
- "A este tío lo conozco yo..."

Regresamos al puesto y llamé a casa, todavía no existían los móviles, esas máquinas del Averno, se puso mi vieja y se lo conté. Poco después me llamó mi padre. Y un poco más después, llamando a unos y a otros, me enteré de que era el hijo: era el único que seguía con vida, los otros tres estaban muertos.

Regresaban de las ferias de un pueblo cercano...y no hay más que contar.

Murió un par de semanas después, era un tío fuerte, popular, caía bien a la primera, mi recuerdo de él es siempre sonriendo, más aún, riendo, le gustaba a las mujeres, le gustaba a todo el mundo que no estuviera amargado, hasta a doña Muerte, por lo visto, que de vez en cuando mete el hachazo más inesperado, no todo van a ser pollas flácidas, que ella también es mujer...aquello sí me afectó. Como a mucha gente más: durante un tiempo (breve) el personal se cortó un poco con el tema.

Unos años después, no muchos, su padre también se salió de la carretera y se mató. Recuerdo que el mío no se lo creyó, "nadie conducía como él". Y la sospecha aumentó cuando se corrió el rumor de que había un gran seguro...y él estaba arruinado. Y había perdido a su hijo derecho.

Pero también la Muerte tiene sus puntos, que nada es tan malo, sobretodo cuando no conoces al premiado, o premiada en este caso...

Nos llamaron para que fuéramos a una urgencia domiciliaria, recuerdo perfectamente el bloque de pisos aunque no la letra y número, a eso no llego, pero de los más altos, que eso sí que no lo olvidaré...

Fue una de nuestras primeras salidas, o al menos eso creo, o puede que yo tuviera un mal día, o puede que el cabrón del Pitorra quisiera pitorrearse de mi...en fin.

La vieja estaba en su cama, pesaría ciento cincuenta kilos, olía mal, lo cual no es raro entre la gente de su edad, por lo que no resulta un síntoma definitivo...Con los nervios de su hija y del marido de su hija, y de todos los putos críos que por allí correteaban pegando gritos, no nos dio tiempo a nada más que a ver la mala cara que tenía y salir echando hostias para el hospitalillo, pero claro...había que bajarla a la ambulancia, que aunque uno ha tenido veinte años no quiere decir que haya sido el Hércules, poco más que el Díter Zafra, pero conseguimos llevarla a destino con la ayuda del yerno, de nuestro conductor, "sube, cabrón", de Dios y de la madre que nos parió a todos..."cuidao la cabeza, cuidao..." Sí. Cuidao.

- "¡Quédate atrás con ella, Kufis, y hazle la resucitación...!" me dijo el hijolagranputa del Pitorra. Y se subió con el conductor y el yerno.

Yo conocía bien la resucitación, no en vano la habíamos practicado con el jodido muñeco, ese hijo del petróleo, una buena hostia en la boca del estómago, cabeza atrás, dedos en la boca por si hubiera cualquier cosa, un par de boca-boca y quince golpes con las manos entrelazadas y los codos firmes en el esternón, entre las tetas, entre aquellas tetazas flácidas, entre aquellas ubres de las que hacía décadas que no salía ni aire...pero lo peor era la boca, fría como el hielo derretido, fría como la mañana de enero del mendigo sin vino don Simón, fría...

A los cinco minutos, si llegaron, salió Mariano, el médico de guardia, un tipo bajito y coñón, "esta mujer lleva seis horas muerta. Por lo menos"

- "Mecagoendios..." dije

Y ni os cuento las risas del Pitorra y Sly...

La muerte es fría, eso es todo lo que os puedo decir.

Sobretodo cuando nunca has comido con su último cliente.

EN LA ROJA CRUZ (IV)




Las guardias eran de veinticuatro horas; entrabas a las ocho de la mañana y te ibas a la misma hora del día siguiente, a no ser que hubieras recibido un aviso con la amanecida, los peores, los de los últimos estúpidos borrachos de la noche y sus coches, entonces sí, entonces se alargaba un poco más, menudas hostias...

Después tenías dos días de descanso, dos días que la mayoría de las veces no eran tales, pues como bien dijo Pepe Isbert la raza degenera, y no veas como, más aún en la Roja Cruz donde lo normal era que prestaran su servicio a la Patria aquellos que no podían hacerlo en el Ejército, y no por alguna tara física, que  ya entonces andaba de listón caído, sino por falta de carácter y exceso de miedo: encontré algunos, bastantes, que no hubieran pasado el corte del de Jamaica, no te digo ya el de Esparta, pero en fin...esos eran los mimbres del cesto.

Teóricamente, los militares (así se nos llamaba a los que ya habíamos jurado bandera) no tenían porqué hacer las cosas que habían hecho siendo pre-militares, era como si los veteranos del Ejército hubieran de repetir su instrucción con los novatos que iban llegando, absurdo, pero el tipo que se encargaba de hacer el cotidiano trabajo rojacrucero (ir a la capital a por camiones de comida que cargábamos nosotros para después repartirla entre los más necesitados, campañas de recaudación para la causa, cursos de formación...) era un viejo voluntario a quien conocía de toda la vida, un cliente del bar de mi padre, un tipo bueno, de verdad, desinteresado, que tenía un hijo tonto (uno de los más famosos de nuestro pueblo) y uno normal, algo mayor que yo, que era un drogólogo de regional, un imbécil que a mis ojos lo era más que su hermano, porque cuando uno lo es pudiendo no serlo es peor que cuando lo eres porque no puedes ser otra cosa...pero el viejo era un buen tío, su mujer también, y nos conocíamos de siempre. Y me llamaba. Y nunca le dije que no.

Hasta poco antes de que me tocara, las ambulancias las conducían uno de los que estaban de guardia, uno con carnet, claro, que esto no es Marruecos, todavía, pero no recuerdo el porqué eso se acabó y pasaron a conducirlas gente de fuera, creo que eran objetores...no sé, la verdad. Y ahora que lo pienso...ninguno de los dos que estuvieron aquel tiempo con nosotros tenían pinta de serlo: solo eran golfillos como yo, nada más que diez o quince años mayores. De verdad que no recuerdo que cojones eran...tal vez cambiaron lo del carnet...tuvo que ser eso, sí...y lo hacían como penitencia o algo parecido, sí...joder...

Los dos eran drogadictos, es decir, no de los tirados sino de los que les iba el tema, cualquiera mientras no diera mucho cante, que ya tenían un pasado...uno decía que lo había dejado y no hacía más que beber café, diez o doce diarios, parecía familiar de Marty Fieldman, tenía una novia, una putilla, que estaba para reventarla viva, menudo culo...menuda sonrisa. Pero yo me llevaba mejor con el otro, un tipo fuerte y bonachón, un tanto estúpido, al que le estaba amargando la vida su ex, que la cosa viene de más lejos que con ZP...siempre me ha recordado a Stallone, he vuelto a tratarlo de un tiempo a esta parte, está jodío, anda haciendo chapuzas, nunca tuvo corteza de camello, no valía para eso...lo suyo siempre fue ser una bestia de carga como cantaba Jagger.

Bien...que nosotros estábamos en el puesto, recibíamos un aviso cualquiera (un accidente, un traslado de paciente, una urgencia domiciliaria...) y llamábamos al que estaba de guardia para que viniera, porque no estaba con nosotros, no...él venía cuando le llamábamos. Y hubo algunas nocturnas, no muchas y sobre todo con Sly, en las que estaba tan jodido que no podía, y entonces Guyeleto me pasaba el teléfono, "Kufistín...chaval...no puedo...¿puedes llevarla tú?", "claro, tronko, no importa...", "gracias, tío..."

Una de aquellas fue cuando nos llamaron de madrugada desde el juzgado para trasladar a un loco hasta un hospital de la capital, y dio la casualidad de que yo acababa de dormirme si no pedo, sí bastante puesto de petardos y supongo que un tanto de alcohol...

- "Oye, colega, yo también estoy jodido...no me jodas..."

No podía ni balbucear, ni entendí lo que me contestó, así que hice de mi chaleco un sayo y me puse al volante, "¿estás bien?" me preguntó el Pitorra, "claro, colega..." Y nos fuimos pá el juzgao...

Subieron al loco esposado, dos maderos con él, "me voy atrás con ellos, Kufis, por si se pone nervioso...¿estás bien?", "que sí, tío...tranquilo" Y nos fuimos para allá.

¡Qué viaje...! ¡qué viaje...!

Recuerdo ir absolutamente centrado, creo no haber conducido mejor en toda mi puta vida, era el amo de la carretera, con los rotativos puestos, alumbrando los campos que despertábamos a nuestro paso, en silencio, solo...de vez en cuando oía hablar al loco, tranquilamente, sin sofocarse, nadie le respondía, supongo que el Pitorra le dio algo, o se lo habían dado antes...¡qué paz...qué tranquilidad...! Yo, con veinte años y llevando a dos nacionales en el asiento de atrás...

Hubiera conducido mil kilómetros...

pero no llegaron a cien.


(Continuará...)




sábado, 24 de noviembre de 2012

EN LA ROJA CRUZ (III)




Llegó el centinela previsto, un chaval algo más joven que yo, demasiado espabilado, quiero decir, no en el sentido de vivo, de quedarse con las cosas a la primera, o al menos no enteramente, sino en el de activo: no podía estarse quieto, no podía estar sin hacer nada. Algo que para mi dice muchas cosas de una persona.

La cosa estaba clara, él se dio cuenta enseguida de que yo no era tonto y me lo dijo: "Mira, Kufisto, yo no estoy aquí para vigilarte, te lo digo de verdad...lo único que quiero es que hagamos las cosas bien, nada más...si quieres fumar canutos, fúmatelos, si quieres que tus amigos vengan alguna noche al puesto, que vengan, si quieres tirarte a alguna aquí, tíratela...no diré nada, pero cuando salgamos hay que hacer las cosas bien..."

A él le gustaba aquel rollo, era el as de nuestra promoción, creo que terminó siendo profesional, así que, bien pensado, el asunto no se presentaba mal: él sería la cabeza y yo la cola del león. Por mi, cojonudo.

Claro que yo no fumaba tantos canutos como él se pensaba, ni tenía tantos amigos, ni tantas tías con las bragas en la mano llamando a mi puerta, además que todavía era invierno y esas son cosas más del verano, por lo menos las dos últimas, así que enseguida volaron los pájaros de nuestras cabezas: yo no era tan malo y él no parecía un hijoputa. Guyeleto, el tercer hombre, veía la tele y comía dulces. Y se encargaba de coger el teléfono y tener limpio el puesto. Sin duda, hubiera sido nuestro toro maricón, en el caso de haber estado en la Antártida, pero tuvo suerte: aquello seguía siendo La Mancha.

Soy de esa clase de personas que le coge cariño a todo aquello que lleva un tiempo con él y ya no le hace ni bien ni mal, es como si el tiempo que pasas con algo se llevara parte de ti, ya sean unas viejas zapatillas que no volverás a calzarte, un libro que jamás volverás a leer, o un paquete vacío de aspirinas con un número de teléfono escrito sobre él...no es que lo guarde con alguna finalidad, es que no lo tiro a la basura. Pienso que eso sería como tirarme un poco a mi mismo, y yo, señor (como dijo aquel) no he sido tan malo como para no merecer ni una digna sepultura.

En fin, que para llevarse bien con alguien tienes que estar obligado a pasar muchas horas con alguien, y es que el deber difumina lo malo y abrillanta lo bueno y, con el tiempo, te hace ver las cosas más claras, pues no es tan bueno lo que quieres hacer como lo que debes hacer, que ya hace tiempo que dejamos de ser monos, o al menos enteramente, y nuestro componente humano debería predominar, aunque todavía no lo suficiente, y serlo es controlar tus querencias, que no por serlas son las correctas

Quiero decir que la cosa fue bien, y que aparte de alguna que otra juerga, pocas, terminamos por hacer lo que debíamos, que para algo estábamos prestándole un servicio a la Patria, o eso decían. Y tan bien fue que al final fui yo quien le salvó el culo a él, y no al revés.

Era de noche, habíamos terminado de cenar y el Pitorra estaba más agitado que de costumbre, ya os dije que no podía estarse quieto, seguro que fue un niño hiperactivo, de esos de hacen treinta años, cuando esa palabra ni existía, menos aún en la tierra del pan, del aceite, del tocino y de don Quijote..."Kufisto, me voy a mi pueblo a echarle un polvo a mi novia...me llevo la ambulancia", "vale" No era la primera vez, se jactaba de no haberse hecho una paja desde los catorce años, hiperactivo para todo, el chico...se fue.

- "Que dice el Pitorra que te pongas, Kufis" dijo Guyeleto desde la habitación donde estaba el teléfono.

A la novia no sé si la follaría, pero a la ambulancia la jodío bien. Pero bien.

Me dijo que se había liado de trompos con ella, o no sé qué, estaba bastante nervioso, "¡¡¡SE HA QUEDADO SECA, KUFIS...NO TIRA!!!"

Bien, yo ni ahora ni entonces era McGyver, ni la sangre en mi cerebro le provoca más que a divagar sobre esto y aquello, no a encontrar con la velocidad del rayo soluciones concretas a problemas concretos, eso nunca ha sido lo mío: no juego al blitz en ajedrez. No puedo.

Pillé la otra ambulancia, "me voy...si llaman no cojas el teléfono" le dije a Guye, su cara era un poema de Góngora...

Y la de la ambulancia del Pitorra ni os cuento...quemá.

No había más solución que intentar remolcarla, meterla en la cochera, y hacer como si nada hubiera pasado, es decir, algo imposible, ridículo, algo que solo se intenta cuando estás al límite, o cuando eres tan joven, o cuando estás al límite porque eres tan joven, que también puede ser...íbamos a cargarnos las dos ambulancias, nuestros padres iban a pagar una factura de cojón de mico y nos iban a enviar a terminar la puta mili en Algeciras, o en las Canarias, o en las jodidas Filipinas si todavía pintamos algo allí...

Pero Dios, o el Gran Arquitecto, o la madre y el padre que parieron todo esto, estuvo con nosotros aquella noche, y enganchamos la ambulancia enferma, moribunda, al cordón umbilical de la sana, y yo al mando de esta y el otro al mando de la otra llegamos a destino sin cruzarnos con nadie, NADIE...parecía un milagro, recuerdo ir mirando las estrellas, a veinte por hora en una carretera nacional, "que no nos vea nadie, Señor, que no nos vea nadie..."

A empujones metimos en su cama a la comatosa, Guyeleto al borde del llanto, "tranquilo, coño...tranquilo"

Y a la mañana siguiente nos fuimos del puesto tal que los de Resacón en Las Vegas del hotel.

Y, milagrosamente, no pasó nada de lo que todo el mundo menos dos tíos hubieran pensado que iba a pasar.

No recuerdo si pensé en la posibilidad contraria, es decir, que yo la hubiera cagado de esa forma y él me hubiera ayudado de aquella forma, creo que sí, pero tengo la conciencia tranquila, cumplí con mi deber, que a veces no coincide con el formal: el primer y último deber son para con tus compañeros.

Y entre medias están los de los despachos: que paguen ellos.

Y pagaron.

Vaya si pagaron...


(Continuará...)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

EN LA ROJA CRUZ (II)




El definitivo regreso a casa (dicho así parece como si lo hubiéramos realizado después de guerrear en la Indochina) nos aguardaba con una agradable sorpresa, cosa rara, y no era tal sino que los jefes de la Roja Cruz habían decidido que el Pollo y el Kufisto estuvieran en la misma terna, algo que a todos luces no era normal, es decir, no era normal para ellos, así que me olió un tanto a cuerno al horno, no mucho, que yo le daba pocas vueltas a las cosas, pero sí...era raro, raro, raro.

El mundo de entonces andaba por Diciembre, según el calendario juliano, no sé por donde lo haría el indo-chino, aunque me temo que iría por el mes del gusano del año de la Rata, bichos ambos de los que estaba bien surtida la Roja Cruz y que no tardaron en asomar los hocicos para revelar sus verdaderas intenciones, como pudimos comprobar al recibir la notificación de que habíamos sido agraciados con el premio gordo de la Navidad rojacrucera, esto es: que íbamos a fumarnos la Nochevieja, porque sí, sin lugar a apelación alguna en forma de te compro la guardia por diez talegos, que muchas se cambiaron así, no por nada no hay puerta que se resista a la llave del dinero, y si la hay es porque el precio a pagar es otro...pero siempre hay uno para todo.

Era tradición que las guardias de las Felices Fiestas se sortearan entre todos, era la diosa Suerte quien decidía la buena y la mala, como es natural, más aún en el mes de las supersticiones, pero las tradiciones también se rompen por muy tradiciones que sean, y entonces reza porque no te toque a ti estar a la cabeza, porque cuando eso pasa sucede como en el chiste de los dos presos que se fugan por un túnel y al ver la luz de su final se encuentran con que está esperándolos un guardia: el hostión se lo lleva el primero, se vuelve, la mano en la sangrante boca, "¿qué te pasa?" le dice el otro, "sube tú que a mi me da la risa" Pues eso, que mejor no salir del túnel, o como decían las viejas abuelas: tú en el medio, hijo mío, ni de los primeros ni de los últimos...la Sabiduría Popular.

La verdad es que me jodió bastante, aquella noche tenía un buen plan con una chica, quizá la única de la que he estado verdaderamente enamorado, una muchacha con la que hablé bastante antes de abrir la boca, que estas son cosas que entran por los ojos, como si te reconocieras en esa mirada, como si ya la hubieras visto antes, en otro tiempo y en otro lugar, e insinuara que allí había algo bueno, algo que ya te había gustado...los amantes se reconocen así que pasen mil siglos. Pero eso tampoco quiere decir que sea para siempre; simplemente quiere decir que ya estuvisteis juntos. Y que estuvo bien mientras duró.

Pero aquella no iba a ser la noche del reencuentro y, ¡ay!, no la hubo después. Ni hace no tanto, ya no éramos los que fuimos: nuestros ojos ven demasiado bien. Hasta la próxima, pues.

En fin...que al menos nos permitieron cenar con nuestras respectivas familias y comernos las uvas, los besos, los buenos deseos y el champán. Después pillé el coche, encendí un canuto, puse New year´s day a toda hostia y fui a recoger al Pollo y a Guyeleto, la tercera y última pata del banco, un chaval que provocaba en quien lo veía la pregunta si de verdad hay gente que en lugar de sangre tiene horchata, pero era un buen chico, de hecho no podía ser de otra forma, y ya estábamos dos que no lo éramos demasiado, así que bien, estaba bien...y se callaba. Por la cuenta que le traía, sin duda, pero las causas no son gran cosa: lo decisivo es el resultado.

La noche pasó, que también lo malo se va, el Pollo se puso de todo lo que llevaba, pero cuando se comió el ácido no tardó en irse a la cama, cosa que fue bastante pronto, es como si las drogas no hicieran el mismo efecto según el lugar en que las tomes y con quien, yo me quedé con Guyeleto, viendo la tele, fumando y bebiendo, creo que hasta se animó a darle unas caladas y a echarse un par de copas, y es que una noche es una noche, y más que ninguna aquella, sobretodo cuando tenías veinte años, que hace tiempo no deja de ser un gran y enorme coñazo de vieja puta, al menos para mi.

Y poco después, una vez cumplido el taimado castigo, el castigo de los débiles, de esos que no pueden hacer las cosas a la cara, pasó lo que hubiera visto venir hasta ZP: Pollo y Kufisto fueron separados. Pero la vida no se acabó y la Tierra continuó dando vueltas, por la cuenta que nos trae, aunque el resto de todo aquel año nuevo y parte del que estaba calentando en la banda del Tiempo no cambió de mes y número en mi calendario: seguí viviendo en el mes del Gusano del Año de la Rata.

Un mes que duró dieciocho.

(Continuará)

lunes, 19 de noviembre de 2012

EN LA ROJA CRUZ (I)




Algunos de los mayores chupamingas que he conocido en mi vida los encontré en la Cruz Roja, organización en la que presté servicio a la patria durante casi cuatro años, aunque solo uno de ellos en serio, por llamarlo de alguna manera, y fue al regreso de la jura de bandera tras poco más de un mes de instrucción militar, también por llamarla de alguna manera, glorioso momento del cual no conservo testimonio fotográfico alguno, pues aunque allí hubo un tío disparando fotos a todo el que plantaba los morros en la rojigüalda para enviárselas a cambio de dinero a la dirección convenida no fui yo uno de los que le diera la suya, y no por nada, realmente no recuerdo el porqué, aunque sí que estuve a punto de caer rodao durante la ceremonia. Y es que eso de estar quieto rodeado de gente me pone de los nervios. Bien pensado, ni quieto ni en movimiento: la jodida gente me pone de los nervios.

"Vas a hacer la mili en la Cruz Roja" me dijo un día mi madre, un familiar suyo era (y sigue siendo, que aquí nadie se apea del burro si no es con un tiro en la cabeza) el presidente local, y como esto es España, el paraíso de la electricidad continua, entré enchufado en ese chollo, la mili en casa y tal...a mi me daba un poco igual, creo que ni se me había pasado por la cabeza que tuviera que hacerla, yo andaba en otras cosas, no recuerdo cuales, la verdad es que no sé si alguna vez he andado hacia algo más de dos pasos, quizá con esto, realmente siempre me ha sudado el nabo la mayoría de las cosas mientras no me molestaran demasiado. "¿En la Cruz Roja? pues a la Cruz Roja"

Al principio no hacías nada, cursillos por aquí y por allá, algún reparto de alimentos, camillero en partidos de regional, vendedor de lotería del oro del que caga el moro o por una causa justa...en fin, gilipolleces. Y haciendo el gilipollas estuve durante dos años y pico, aunque a veces me lo pasé bien, sobretodo cuando les tocaba guardia de 24 horas en el puesto a los veteranos golferas, entonces me iba con ellos y jugábamos al póker de verdad, fumando canutos y bebiendo como cosacos, terminábamos llamando a las putas que se anunciaban en algún ABC de Madrid que alguno hubiera dejado por allí, había uno de ellos que lo hacía de puta madre, nos partíamos de risa a cuenta de la casa...

El presidente de la cosa, el del enchufe, era uno de esos familiares que lo son porque te lo dicen, yo ni sabía que lo era, y durante el tiempo que estuve bajo sus órdenes, por llamarlo como sea, no lo vi más que una o dos veces en alguna reunión de no sé qué, el tipo era como el mago de Oz, era el jefe que pasaba de sus enanos. Él estaba a lo que el resto de presidentes de este puto país: a llevárselo crudo junto a su amigo el alcalde y demás gentuza.

Así que para lo demás, es decir, para todo, delegaba en un viejo que se encargaba del correto funcionamiento de la cosa, un buen tipo, uno de los pocos, pero el hijoputa que tenía inmediatamente por debajo (uno puesto desde arriba, ¡como no!), el que nos mandaba, era más malo que la droga mala, un miserable, un mierda de esos que disfruta jodiendo a quienes no son como él, siempre pensando en como sacar beneficio propio y mal ajeno, a partes iguales, porque estos piltrafas son equilibrados solo por la cuenta que les trae...supongo que a mi me caló desde que vio mi nombre, cosas de pueblo, y yo lo calé desde que le vi el careto, cosas del instinto.

Sí, yo era el Kufisto, ese sospechoso, pero cuando había que hacer algo voluntariamente, cualquier cosa, ahí estaba, más por respeto a otro viejo, un voluntario de verdad, uno de esos que ciertamente quiere hacer el bien, o al menos lo que el pensaba que significaba aquello, pero para mi era suficiente con tratarme cariñosamente, de verdad, con naturalidad, sin dobleces, y así lo sigue siendo a día de hoy: no soy nadie si me encuentro con alguien bueno. Ni el cabrón de Nietzsche ha podido cambiar eso.

Llegó el momento de cumplir con la patria, paso previo a lo mollar del asunto, y de primeras nos mandaron a Toledo, pero al llegar dijeron que no, que se habían equivocado, que el destino correto era Almagro, que no por nada esto es España, y así, mientras los demás se fueron a comer algo, lejos de los monos aulladores que amenazaban con comernos vivos a las chicas de la Cruz Roja, unos cuantos nos tiramos en una loma cercana al cuartel para fumar más canutos, era una espléndida tarde de noviembre y la vista resultaba inmejorable aunque algún que otro desgraciado continuara aullando a nuestras espaldas, desgañitándose, iba a quedarse con las ganas...

Recuerdo perfectamente cuando llegamos a Almagro, ya era de noche y hacía un frío de mil pares de cojones, un frío de esos que quitan el mayor de los colocones, o casi, "vosotros p´allá", y p´allá que fuimos, como corderos al matadero, aunque algunos más que otros, no por nada eso de las chicas de la Cruz Roja tenía su parte de verdad, había cada...

- "Pollo...¿arriba o abajo?" le di a escoger litera a mi colega del alma.
- "Abajo"
- "Pues arriba"

Llegó uno grupo de veteranos que se licenciaba al día siguiente, puestos hasta las trancas por la patria, y no de canutos, que de eso iba yo y ya por entonces era licenciado en drogología, más por mis amigos que por mi, que por algo ahora sigo con la cabeza sobre los hombros y, sin ir más lejos, el Pollo la tiene por los suelos, el de las Converse cuando éramos chicos, ya os escribí de él hace algún tiempo...

Me vino un recortaete, fuerte, parecía un puto marine del Sargento de Hierro, tenía las comisuras blancas, se le iba la boca, los ojos como Marty Fieldman..."¡¡¡YO...YO...PUTOMIERDA!!!" Y por no reventarme la cabeza y chuparse tres meses de propina en el calabozo se lió a cabezazos con la que iba a ser nuestra taquilla, después me miró, un hilillo de sangre drogada caía sobre su frente, "¡¡¡PUTO MIERDA...MARICÓN!!!" Y se fueron. No hubo ningún héroe. Ninguno tuvo cojones a pasar más tiempo allí, pero algunas de nuestras chicas lloraron un buen rato. Y es que había que verlos...chavales débiles, pueblerinos no, lo siguiente, enmadraos...algunos ni siquiera sabían atarse las botas y lloraban, a uno se las até yo a la mañana siguiente de tan desesperado como lo vi...sí, solo iba ser un mes, pero a algunos se le iba a hacer tan largo como los eones del plastífero Lovecraft, aunque en ocasiones, cuando deja de escribir con la boca llena y el estómago vacío, tiene su momento...

En fin, que a base de pasarles algo de costo y TDK´S de música jevi tuve una estancia bastante tranquila. El cabecilla era un enanillo bragao, todo nervio, terminamos haciéndonos colegas, la droga y el jevi unen, unían...De aquel mes solo recuerdo los pepitos de chocolate de la cantina, al igual que las hemorroides que pillé por comer espaghettis a la cucaracha, para toda la vida. Me asusté al cagar con sangre y a la mañana siguiente un capitán del glorioso ejército español me miró el ojo del culo. El ardor guerrero se había transformado en ardor de estómago. Y ahora ni te cuento. Ahora sería...qué sé yo...¿ardor de pelopicopata?

Se acaba mi tolerancia para seguir escribiendo, es la cuarta copa, me voy a andar.

Fin de la primera parte.