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domingo, 27 de febrero de 2011

AND THE OSCAR GOES TO...¡PAPÁ PITUFO!





Los Oscars son como la religión: te los crees hasta que empiezas a buscar por tu cuenta.

Siendo premios de la industria (que poco me gusta esta palabreja para un arte que quiero tanto) es normal que premien aquello que más la potencia, eso sí, para que cuele como "excelencia" las películas galardonadas tienen que tener un cierto toque "artístico". Por lo tanto, los premios Oscar tienen poco o nada que ver con el Arte.

Considero el cine como un arte; y al DIRECTOR como un artista, como un arquitecto, como un escultor. Lo importante es el director, no los actores, esos egomaníacos infantiloides que al salir del útero materno ya estaban preguntándole al médico si habían llorado bien. Un buen cineasta, o documentalista, podrá rodar una maravilla sin que aparezca un sólo ser humano. Los mejores actores del mundo, sin un buen director detrás, harían algo parecido a lo de Almodóvar en "Pepi, Luci y Boom...": un concurso para ver quien la tiene más grande. El ego en este caso. Hitchcock lo definió bien: "A los actores hay que tratarlos como ganado".

El cine es imagen en movimiento, nada más; ergo, el cine puro, básico, es el mudo.

Todos los grandes clásicos de la época dorada de Hollywood remitían a los maestros del mudo cuando les preguntaban por tal o cual "hallazgo": "eso ya lo hizo Griffith", "¿emotividad? mira a Eisenstein". Desde entonces todo es manipular lo que aquellos pioneros, esos inventores de un nuevo lengüaje (¡casi nada!), dieron al mundo: la forma de contar una historia con imágenes de tal modo que la gente se emocionara viéndola. Es como lo que dicen de Platón, "toda la filosofía posterior es un comentario a su obra".

Y es que el valor de los iniciadores, de los que abren el camino, es incomparablemente mayor a cualquiera de los que vengan después. Éstos podrán hacer obras más perfectas, más celebradas, incluso mejores, pero siempre quedarán bajo la sombra del que se atrevió a dar el primer paso. Por muy buen polvo que eches, el que seguro no olvidarás jamás será el primero. Aunque desde luego no fuera el más placentero.

Hoy en día decir que ves y que admiras el cine mudo es, más o menos, como confesarte coprófago: nadie lo entiende.

Lo que yo no entiendo es como alguien puede ver una película en la que el plano más largo dura tres segundos y a eso llamarlo "ritmo"; o que al uso indiscriminado del primer plano lo llamen "expresividad"; o que toda la acción se desarrolle entre bombas, explosiones y malabarismos para "dotar" a la historia de "gancho"...

Eso no es cine. Eso es como las drogas o la pornografía, cada vez necesitas sensaciones más fuertes para saciar tu inmenso vacío espiritual o afectivo. Eso es MIERDA.

Hay una secuencia en "Vértigo" (mi película favorita, porque considero "2001" como otra cosa) en la que Jimmy Stewart sigue a Kim Novak por las calles de San Francisco, y durante quince o veinte minutos no se dice ni una palabra. Ese impresionante ejercicio de estilo, en las manos de un director catalogado como "comercial", no lo hace hoy ni el más "arriesgado" de los gominolos posmodernos que casi necesitan paralizar un país y movilizar un ejército para rodar una jodida escena. Con esa maravilla, Hitchcock vuelve a demostrar de donde viene, cuales son sus orígenes, el por qué era de los pocos que sabían rodar sin que los loros hablaran: porque había empezado su carrera en el mudo, porque conocía el secreto: el cine es imagen en movimiento, lo demás es circunstancial. Que la "Academia" (¡hay que joderse con las palabras...!) pasara por alto el trienio mágico hitchcockiano, el que va de "Con la muerte en los talones" a "Psicosis" pasando por "Vértigo", sólo confirma una cosa: que, por lo general, los premios nunca los ganan quienes de verdad los merecen, sino quienes más convienen.

El cine ha pasado de ser un Arte ha convertirse en Propaganda. Esa es la función del cine actual. Hay excepciones, ¡cómo no!, pero básicamente es así.

Cuando algo como "Avatar" se convierte en un fenómeno planetario y arrambla con no sé cuentos Oscars, quizá es que ha llegado el momento que estaban esperando: la televisión no nos ha dejado una neurona viva y ya pueden convencernos de lo que quieran; el Nuevo Oden Mundial de Lobotomizados está preparado.

Eso (Avatar) es la mayor mierda que he tenido que ver (¡ay!) en toda mi vida, el mayor comecabezas realizado desde "El Triunfo de la Voluntad" de la grandiosa Leni Riefensthal. Pero algo vomitivo ideológicamente, como lo son ambas, al menos puede rodarse con talento. Y ahí está la gran diferencia; mientras que el encargo de Adolfito se convierte en una obra de arte (llena de basura, pero increíblemente hermosa) en manos de una artista, el engendro azul no pasa de una versión actualizada de los pitufos, donde Gargamel es todo aquello que nos ha traído hasta aquí, y papá Pitufo es el nuevo gurú de la Pacha Mama, paraíso de mosquitos, ratas y demás seres subterráneos, todo ello rodado igual que si Gloria Fuertes hubiera vuelto "ex profeso" del Infierno para ponerse tras la cámara: "el Futuro está en que os conforméis con poco, dejadnos lo demás para Nosotros, un nuevo Movimiento que os liberará de las cadenas del deseo, de ir un paso más allá, ya no hay nada por descubrir, somos muchos y hay que portarse bien con la Pacha y eso...vosotros a follar y a ver la tele".


Lástima de mundo donde el ¿pensamiento? fuertiano ha vencido a la ACCIÓN fordiana.


Todos:

Doña Pito Piturra
tiene unos guantes;
Doña Pito Piturra,
muy elegantes.
Doña Pito Piturra
tiene un sombrero;
Doña Pito Piturra,
con un plumero.
Dona Pito Piturra
tiene un zapato;
Doña Pito Piturra,
le vino ancho.
Dona Pito Piturra
tiene unos guantes;
Doña Pito Piturra,
le están muy grandes.
Doña Pito Piturra
tiene unos guantes;
Doña Pito Piturra,
Lo he dicho antes.


- "¿Duke?"
- "Dime papi..."
- "Parece que estos idiotas nos han ganado..."
- "Parece..."
- "Anda y que les jodan...¿qué más nos da? además, ¡estamos muertos!"
- "Como ellos papi..."
- "Oye...¿O´Hara ya anda por aquí?"
- "Pues no lo sé..."
- "Podríamos llamarla y hacer la segunda parte de "El hombre tranquilo..."
- "¿Para qué? lo que se tuvo que decir se dijo..."
- "Pues también tienes razón...¿nos emborrachamos?"
- "Vale..."

- "Oye Duke..."
- "Dime John..."
- "¿Te la tiraste?"
- "¿A quien?..."
- "¡A la pelirroja, coño!"
- "Viejo verde..."
- "Si me hubiera pillado con treinta años menos..."
- "Llena las copas...voy a buscar a Lee"

miércoles, 23 de febrero de 2011

UN DESASTRE





- "Abuelo...¿cómo fue la guerra civil?"

Se calló un momento y sin dejar de mirar el televisor me dijo:

- "Un desastre"

Eran mediados de los ochenta, yo tendría unos once años y no recuerdo por qué se lo pregunté. Estábamos de vacaciones estivales, no había colegio, supongo que vería algo por la tele y se me ocurrió preguntárselo. Sentí que no debía preguntar más; mi abuela me echó una mirada y continué cenando aquel tazón de leche con sus correspondientes 30 galletas María; cuando la leche no estaba enriquecida con mil soplapolleces, cuando todas las mañanas el vaquero iba con su furgoneta por el barrio para venderla recién ordeñada, cuando las galletas María sabían a gloria y no a ladrillo.

Algunos días después, una noche que mis abuelos estaban tomando el fresco, él se retiró un poco antes, no se encontraba demasiado bien y subió a acostarse, así que nos quedamos mi hermano, mi abuela y yo. Entonces ella nos contó algunas cosas que no sabíamos del abuelo; creo que el frescor de la madrugada, después de otro día de calor infernal, actuó como narcótico en su cabeza.

Nos contó que el abuelo había luchado en la guerra, que fue hecho prisionero y que cuando los hacinaron en una plaza de toros, como animales, logró sobrevivir sin apenas comer ni beber durante semanas. Nos contó que muchos de sus compañeros murieron por beber agua estancada, de lo desesperados que estaban. Nos contó que a consecuencia de aquello le apareció su úlcera de estómago, con la que tuvo que convivir el resto de sus días, y nos contó, también, que una vez hecho prisionero se dió cuenta de que uno de los que estaban en el otro bando era su hermano. Habían estado pegándose tiros durante días sin saberlo.

Después de hacernos jurar, quizá arrepentida, que nunca se lo diríamos nos fuímos a dormir.


Mi abuelo tenía 18 años cuando estalló la guerra; tres después, y aún dando las gracias por seguir vivo, reabrió la taberna de su padre, se casó y creó una familia.

El negocio (me da la risa emplear esta palabra referida a aquellos años) fue para arriba y consiguió que a su familia, y a las de otros muchos, no le faltara comida, ropa y una cama donde dormir. Mi padre dejó los estudios cuando vió que aquello no era la suyo y se puso a trabajar en lo que ya era un bar.

Cuando mi abuelo notó que su enfermedad no le permitía trabajar se retiró. Acababa de cumplir los 50 y su hijo ya estaba preparado para ponerse al frente de lo que en breve se transformaría en marisquería. Se fue a su casa y no volvió a aparecer por el negocio; era un hombre disciplinado, durante 50 años se alimentó a base de arroz hervido, leche, alguna galleta y algo de fruta. Un hombre sobrio. Así que el resto de su vida lo empleó en pasear, ver fútbol y tenis por la tele, dar de comer a los pájaros y, con el tiempo, cuidar de sus nietos. Recuerdo que en ocasiones lo acompañaba a comprar la fruta, íbamos a un almacén grande donde la tenían extraordinaria; de camino siempre teníamos que pararnos un montón de veces para charlar con cualquiera que se cruzara con nosotros. Todos le conocían, todos le querían y todos querían saber de él, qué hacía, qué tal estaba, como le iba todo...yo no podía entenderlo, tenía a mi abuelo por un hombre muy serio, solitario, un tanto huraño, y no comprendía como era posible que tanta gente lo quisiera. Le hablaban con un respeto...y mi abuelo a todos les sonreía, les preguntaba por la familia, les decía amables palabras, se despedía, y otra vez a caminar y otra vez a parar y otra vez lo mismo...


Años después, con trece o catorce, empezamos a ayudar a nuestro padre durante los veranos. Conocíamos a todos los clientes, nos habían visto crecer y se divertían viendo como nos esforzábamos por hacer las cosas bien. Era bonito.

Yo les echaba una mano en la terraza, mesas fáciles al principio, pero cuando el trompo se líaba y no dábamos abasto atendía lo que fuera, eché los dientes rápido.

A primera hora de la tarde colocaba las mesas, con toda la solanera; después los viejos clientes del bar se sentaban y yo con ellos, a la espera de que llegara la gente.

Hablaban de toros, de fútbol, me preguntaban por mi abuelo, contaban batallitas y la mayor parte del tiempo permanecían en silencio. A veces me sentaba en los barriles que dejábamos en la calle (todavía se podía dejar un barril entero de cerveza sin miedo a que te lo robaran) y observaba como podían estar toda la tarde sin hablar, simplemente fumando caldo de gallina, bebiéndose un café y mirando en derredor. Ahora pienso que sólo hablaban cuando yo estaba delante. ¿De qué vas a hablar cuando ya está dicho y hecho todo?. Es mejor estar acompañado, pero no de capullos que con 80 años todavía tienen que hablar como cotorras para sentir que alguien les hace caso.

Cuando ya está todo dicho no hay nada mejor que el silencio.


De todos aquellos hombres que conocí ninguno me habló de la guerra civil. Lo más que decían era una pena, una calamidad, un DESASTRE.

Ellos, los que de verdad pelearon entonces, no tenían nada que decir porque no había nada que decir. Y menos a un mocoso con una esponja por cabeza a la que cualquier comentario estúpido la habría empapado de odio y rencor sin razón alguna.

Ellos, los que de verdad pelearon entonces, rojos y azules, no tenían nada que decir porque hacía mucho tiempo que se habían perdonado y no querían recordar la época más triste de su vida, la que debería haber sido la mejor, la de su juventud.

Ellos, los que de verdad pelearon entonces, no tenían nada que decir porque tenían la suficiente sabiduría y experiencia como para saber que la mierda no hay que removerla.


Son sus hijos y sus nietos los coprofílicos, quienes hablan y rehablan de todo aquello como si les fuera la vida en ello, como si alguna vez se hubiera podido dar marcha atrás en el tiempo para no cometer errores fatales, como si ellos fueran más listos que sus mayores.

Son sus hijos y sus nietos los coprofílicos, quienes han hecho de este país un eterno ring de boxeo, de pegadores de chichinabo, de estúpidos leídos que no saben nada de nada, de amargados que culpan a la historia del fracaso de sus vidas, de renacuajos de pecera con linaje de tiburón blanco.

Son sus hijos y sus nietos los coprofílicos, quienes corrompen la sociedad entera recordando una y otra vez que hace 70 años, cuando ninguno había nacido, nuestros mayores se liaron a tiros porque unos tipos decidieron que había que matarse entre hermanos, entre amigos, entre compatriotas.



No sé cuando coño dejarán de remover la mierda, cuando uno se aficiona a algo es difícil parar, y más en esta sociedad desquiciada, repleta de abogados y matamolleras, donde aquellos dicen que te resuelven los problemas que tengas con los demás y estos como resolver los que tienes contigo mismo, donde aquellos te obligarán a mentir si es necesario y estos a que le cuentes todo lo que se te pasa por la cabeza para "ayudarte", donde aquellos se forrarán con tu desgracia y estos creerán ser el quinto beatle en comparación con un desgraciado como tú.


Y todo para que aquellos te digan que no tienes ni puta idea de como va el juego y estos que no tienes ni puta idea de lo que es la vida.

Para que aquellos te digan como debes vivir si no quieres meterte en líos y estos te digan como tienes que salir de tus líos.

Para que aquellos te digan que tienes suerte de contar con ellos y estos te digan que lo que de verdad siempre has querido es matar a tu padre y follarte a tu madre.


¿Y qué son nuestros políticos sino unos picapleitos jodemadres?


Sois vosotros, y no nosotros, los que estáis mal jodidos.


Y mal paridos.



Para todos aquellos viejos que me enseñaron a no remover la mierda.



Y para mi abuelo. El hombre más recto que he conocido.



Espero que te hayas enterado de que fuímos Campeones del Mundo.



Sí, abuelo...España es Campeona del Mundo.



A pesar de está maná de hijos de la gran puta.

martes, 22 de febrero de 2011

NO QUIERO EL SALAMBÓ





Ya os conté por qué me hice socio del Círculo de Lectores, ese McDonalds literario, así que no lo repetiré. Únicamente os digo que me voy a dar de baja; bueno, ni eso, simplemente no voy a comprar nada más: ni juguetes para mi ahijada, ni películas para mí de las que habré visto una de cada cinco. "¿Pero eso no es de libros?". Sí, también. O más exactamente, libros-basura. Que también los hay. Por miles.

En todos estos años el único libro que les compré y me gustó fue "La posibilidad de una isla" de Houllebecq, uno de los escritores contemporáneos que hay que leer, cosa de la que ellos tampoco tienen ningún mérito porque ya lo conocía de antes e iba a caballo ganador. ¿Los demás? BASURA.

Cuando me hice socio tuvieron el "detalle" de regalarme dos libracos, best-sellers de esos, tenías que escogerlos de una lista de veinte, no os vayáis a creer que podías elegir el que tú quisieras, no..."escoge entre los que NOSOTROS queremos". Bien. Una PUTA MIERDA. Los dos. Uno de ellos estaba escrito a cuatro manos, lo que es aún más imposible que la cuadratura del círculo. Cuatro manos que, supongo, durante la redacción de esa bazofia estaban entregadas a meneársela mientras la escribía la nariz. O narices. De pena. Y eso lo compran miles de personas. Estupendo.

Esta drástica decisión la tomé anoche, mientras hojeaba su última hoja parroquial. En portada, ¡cómo no!, venía el típico mindundi, me niego a llamarles escritores a estos tipos, el tal Javier Sierra, el televisivo Javier Sierra...no he leído nada de él ni pienso hacerlo; con esa cara y esos temas (todo a lo grande, conspiraciones, secretos que sólo él conoce y ahora revela al resto de la estúpida Humanidad...) no puede salir nada bueno. Con los años uno desarrolla el olfato y rechaza un montón de cosas "al toque", puede que te equivoques algunas veces, pero la mayor parte de ellas aciertas. Ya he perdido demasiado tiempo leyendo mierda y no quiero seguir haciéndolo.

Al ver a la Sierra Mellada en portada puse pie y medio fuera del Círculo de Vacas, pero lo que consiguió que sacara el otro medio, y aún la sombra, fue topar en la página 13 (no podía ser otra) con la cara de un tiparraco más feo que un tiromierda y leer la reseña de su última OBRA.

El imbécil encargado de tan nauseabunda tarea no tiene empacho alguno en comparar el cuento inicial del ladrillo con "El ángel exterminador", esa obra maestra del genio de Buñuel. Ni más, ni menos. Este truco está muy visto, "la obra de tal tiene reminiscencias de este o del otro (siempre grandísimos artistas) tapizadas por el hábil manejo de atmósferas y personajes de...". Y una mierda. Estáis más vistos que el tebeo. No me lo creo, piqué algunas veces, las suficientes como para no volver a creer en las comparaciones con los dioses. No me lo creo.

Despues, en la reseña biográfica, te enteras que ese feto de la vida, ese ser que te mira como si fuera el gran Homero, ese Oráculo de los Capullos, tiene como novela más destacada una ambientada en la Guerra Civil (¿esperabas otra cosa?) que "le valió los premios Nacional de la Crítica y el prestigioso Salambó"...Pues mira, macho, quédate con tu jodida Guerra Civil, con tu jodido premio NACIONAL, y con el prestigiosísimo premio Salambó, pero este que escribe no va a leer una apestosa línea tuya.

Y no me mires con esos ojos que te prendo fuego.

Cada vez estoy más convencido que un escritor no debe dejarse fotografiar; estoy harto de tipos que te miran como si estuvieran en un pedestal, serios, PROFUNDOS, estupendos...no hombre, no. Si me pillaran en un momento de debilidad y me convencieran de la necesidad de hacerme una foto para publicitar mi última OBRA, cedería bajo una condición: que sería la que yo escogiera. Me pondría una peluca punki, me vestiría con el mejor traje que encontrara, un buen peluco de oro, una rubia recauchutada besándome la mejilla derecha y yo con una sonrisa de oreja a oreja.

Una miserable fotografía puede conseguir que quien te tiene que leer no lo haga.


Realmente Internet es lo mejor que nos ha podido pasar a quienes nos gusta escribir. Siendo un poco listo puedes conseguir que te lea mucha gente sin necesidad de intermediarios, ni de editores, ni de andar lamiendo almejas pasadas o chupando pollas azules por la viagra. Muchos picarán una sola vez y no volverán, pero otros encontrarán entretenido leerte. Y te darán lo máximo que se le puede dar a otra persona: su tiempo.


Gracias.

lunes, 21 de febrero de 2011

LA CACEROLA AZUL Y LOS PENDIENTES DORADOS





Las manazas del viejo temblequeaban como si tuvieran un cubilete; pero no estaba con sus amigotes, en el bar, echando unos vinos, fanfarroneando y jugándose la ronda a las carreras...estaba delante de una chica que podría ser su biznieta, intentando abrir una pequeña cartera para pagar el importe de una gran cacerola azul y un par de cosillas más.

Detrás de él su mujer. O lo que quedaba de ella; toda de negro, encorvada, con dos muletas y el pelo blanco, casi amarillo, recogido en un moño. No le he visto la cara. Tampoco lo he intentado. Me he fijado en sus pendientes dorados, colgando de unas orejas blandas y retorcidas...pendientes dorados en orejas de ochenta años...

Las temblorosas manazas del viejo han logrado extraer un par de pequeñas tarjetas, de esas de descuento, la chica las ha cogido, las ha pasado por la máquina y esta ha vomitado el resultado final. Si lo dice la máquina será la verdad. Después el viejo se ha echado mano al corazón, por dentro, ahí tenía su segunda carterita, la operación ha durado algo menos de un minuto, casi ni se veía entre sus desobedientes dedazos, han logrado abrirla y han extraído un hermoso billete de 100. Acto seguido ha metido su manaza en el bolsillo derecho del pantalón, cerca de donde años atrás tenía la polla, y ha sacado un monedero, lo ha abierto, lo ha volcado sobre su manaza izquierda y ha comenzado a elegir los céntimos necesarios para completar el importe de la gran cacerola azul. Como ha visto que sus dedazos eran incapaces de coger esas cosas diminutas, ha terminado por volcarlas sobre la bandeja. En silencio la chica ha cogido las necesarias, un silencio imposible, también existe el silencio dentro del ruido, de hecho era lo único que había allí: silencio.

A todo esto la mujer miraba a su hombre desde atrás, sin moverse, clavada sobre sus cuatro piernas, viendo como el mismo hombre que sesenta años atrás le hizo ver las estrellas durante su gran noche de bodas tardaba unos cinco minutos en pagar la cacerola azul, el mismo hombre que trabajaba de sol a sol en el campo, el mismo hombre que después era capaz de comerse medio cordero y beber una arroba de vino, el mismo hombre que cuando llegaba la noche y no había otra cosa que la cama con su candil y con su cristo cumplía sin fallo el sacrosanto deber conyugal, el mismo hombre que la preñó nueve veces, el mismo hombre que le reventó las narices a un chulo que la estaba mirando mal en la verbena de la Paloma del 52...

Los he visto marchar: él tirando del carro con la gran cacerola azul y ella siguiéndole a duras penas. Sesenta años atrás era ella quien tiraba del carro.


Y dentro de ese carro iba su primogénito.


Hoy se tiene que conformar con los pendientes dorados.


Los mismos que le regaló su hombre en aquella noche de bodas.

martes, 15 de febrero de 2011

¡OOOH, OOOH...WAKA, WAKAAAA!





Despiertas.

Estás a oscuras pero sabes que es de día. No enciendas la luz. Sube la persiana.

Sólo nubes y lluvia. Mueca. A la ducha.

El agua sobre tu cabeza. Canta algo. Aquella de la tribu caníbal. En el cine de verano. Cuando eras un niño. ¿Por qué no la has olvidado?.

Aféitate con cuidado. Las heridas. Eso es. Ahora limpia tu cara.

Ése eres tú.

Cada vez más blanco el pelo. Cada vez menos. ¿Ves las ojeras?. Están ahí. Contigo. Ya no te abandonarán. Hay maquillaje para disimularlas. No te mientas. Son las canas del corazón. Algo le habrás hecho. Mal enemigo. Es el único al que nadie venció jamás.

Mírate. ¿Ya?.

Ése eres tú.


Come algo, no hay mucho tiempo, un paseo por la Red, es mejor por la calle pero "hoy no hace bueno"...te equivocas otra vez, nadie se muere por un poco de agua sobre su cabeza, acabas de comprobarlo, eres tú quien no está bueno, afuera siempre ahí una oportunidad, aquí no hay nada, creéme, elegir es aburrido, hay que encontrar.

¿No los ves?...

La inmensa mayoría están enfadados; los titulares de las noticias, los comentarios, los blogs, los chats, los chots...¿te hace bien leer eso? ¿eres más feliz después de hacerlo? No, ¿verdad?...entonces, ¿por qué lo haces? ¿también tú estás como ellos? ¿también tú te das por vencido en la búsqueda de la felicidad? sabes que aquí no está, no eres tonto...pero es más facil dejarse vencer por el desánimo que seguir peleando por encontrar lo que perdiste, lo que perdimos...es más cómodo. Y Comodidad es el nombre de la nueva Diosa. Los tiempos están cambiando, que decía aquel. No para mejor. La Red está llena de Nada.

Un rato en el sofá. En silencio. Con el gato. Será el penúltimo ser que hoy busque tu mano. Trátalo bien. Escucha como ronronea. Mira que cara pone. ¿Te das cuenta?. Ahora mira por la ventana. Continúa lloviendo lentamente, pesadamente, contra el suelo, contra el cristal, contra todo...¿otra vez tienes sueño?, está bien, duerme un rato más, pero no le retires tu calor al animal, recuerda que será el penúltimo ser que lo busque hoy...así, duerme un poco, todavía tienes algo de tiempo...si pudieras no te moverías de ahi en todo el día, ¿verdad?...deja de pensar...duerme...duerme...¡EL PUTO TELÉFONO!. Es el fijo. Nadie de los que aún te quieren llaman ahí. No lo cojas. Sólo quieren tu dinero. Pasa de ellos. Ya les pagarás cuando puedas. Tranquilo...pero te han cortao el rollo. Hay que levantarse. Tienes que ir a TRABAJAR. Tienes que alimentar a la BESTIA.


¡Sorpresa!. Al ciego le han dado el alta. Te alegras, lo saludas, le das la mano, la última que te buscará hoy, "¿qué tal estás?"...si cuando lo conociste te hubieran asegurado que un día ibas a alegrarte por encontrarlo no te lo hubieras creído, ¿recuerdas?. Así es la vida, así de extraña. Si la única ciencia exacta que hemos descubierto son las Matemáticas es que todavía no tenemos ni zorra idea de qué va el juego. "Esto es para tí". Te regala un cd. ¿No lo recuerdas? ¡Te lo prometió!. Pues ahí lo tienes: Scorpions "Love at first sting", "Madre de Dios...". Ponlo.

Hace más de veinte años que no lo escuchas, pero es oír los primeros cinco segundos y recordarlo entero, no te gusta, te parece ridículo, vuelves a preguntarte por qué el tiempo tiene que ensuciarlo todo, por qué es tan guarro, tan cerdo, tan puerco...si el chaval que fuístes te viera escribir esto seguro que te soplaba dos hostias. "No hay que tomarse las cosas tan a pecho..." le dirías. Error. El secreto es creer en algo, en lo que sea, defenderlo ante todo y ante todos; ¿por qué te crees que todos estos años apenas han dejado poso en tí? porque no crees en nada, de verdad, no crees en nada...y como no crees en nada no eres feliz, te has vuelto un comodón, un burguesito decimonónico, aunque no te lo creas, un pichafloja. Lo único que quieres es que te dejen en paz. Y cuando todos te dejen en paz descubrirás que no puedes soportar en lo que te has convertido. Todavía tienes tiempo. Cree. En lo que sea. Y LUCHA POR ELLO.

Salte a fumar un pito con él, deja que te agarre del brazo, eres su lazarillo, ¿ves?, escucha lo que te dice, míralo mientras te habla mirando al suelo, es una extraña sensación ¿verdad?...presta atención, te dice que te lo ha grabado porque es la música que más le gusta, ¿y sabes por qué?, porque cuando veía era lo que escuchaba; después, cuando se le apagó la luz, no hubo nada, únicamente recuerdos. Y un chico de 18 años que pierde la vista solo se encuentra en sus recuerdos. Han pasado treinta y sigue escuchando lo mismo, sigue escuchando lo mismo que cuando "tenía el pelo rubio y rizado", ahora casi todo es blanco y lacio, pero él siempre se recordará con su salvaje melena rockeando al son de los chicos de Schenker. Ahora te explica como diferenciar en el mismo paquete un Marlboro duro de un Camel duro; lleva de los dos y los mezcla, pero sabe cual es cual porque "el Marlboro es un poquito más largo", tú los miras y los remiras pero no ves la diferencia, te parecen iguales...le haces la prueba varias veces: no falla. El que no ve sabe cual es cual. Tú no. Tú no tienes tacto. Nunca lo has tenido. Te cuenta que su padre todavía no sabe que ha salido del psiquiátrico, "han ido mi hermano y mi madre a por mí esta mañana. No le han dicho nada...le voy a dar una sorpresa..." y ves como sonríe mientras lo dice, "hace frío. Vámonos para adentro" y te agarra fuerte del brazo, te agarra como alguien que viene de un mal sueño, de un mal viaje, pero que está de regreso a casa, con los suyos, con quienes lo quieren, te agarra y sientes como tu corazón bombea algo más rápido, eso es lo que le mueve, lo que le mantiene joven, lo único que puede retrasar la aparición de las canas y mitigar las ojeras...sentir otra sangre cerca de la suya, sangre amiga, sangre compatible, del mismo grupo sanguíneo, del único que hay: del género humano.


Se va. Nada después.


Por una extraña razón ahora recuerdas aquella fotografía del tipo cayendo en picado desde las torres gemelas. Desesperado por no morir abrasado se lanzó al vacío...¿recuerdas como caía?...sin hacer aspavientos, como si fuera un paquete, no como en las películas, casi puedes asegurar que caía en silencio, sin gritar...¿para qué?. En esos últimos segundos de vida ese hombre era la viva imagen del Amor, del amor a su mujer, a sus hijos, a sus padres, a sus amigos, A LA VIDA. Da por seguro que cuando ese hombre caía de aquella manera no albergaba ni una gota de odio en su corazón; ni para Bin Laden, ni para Bush, ni para Cheney, ni para Jorge Javier Vázquez...en ese último instante, en ese último aliento, en ese momento trascendental, irrepetible, único, en lo único que pensaba era en lo feliz que había sido queriendo y querido, en lo maravilloso que había sido nacer y vivir rodeado de gente así.


Quizá todos necesitemos una temporada en el psiquiátrico, o un 11-S en nuestros corazones para darnos cuenta de lo que en verdad es importante.


Esa es la Verdad.


Aunque ahora sólo tengas cabeza para la canción de la tribu caníbal.


Mañana se te pasará.


Duerme.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL HUEVO CUADRADO. FINAL





No recuerdo apenas nada de aquellos días. Es curioso, una año antes hicimos un viaje a Ordesa, a tiro de piedra de la frontera, y lo tengo tan vivo en la memoria como si hubiera sido hace una semana...pero una cosa es viajar por placer y otra viajar para penar.

He buscado en la Wiki información y fotos de Álora: parajes, costumbres, gastronomía y tal...nada, no recuerdo haber estado en ninguno de esos maravillosos lugares, ni haber hablado con ningún lugareño (excepto el estrambótico camarero del que os hablé), ni haber comido nada fuera de lo normal o memorable...nada.

Así que para mentiros mejor no decir nada.

Nada más que un par de cosas, claro.


El día antes de marcharnos recé por primera vez en cinco años.

La madrugada había sido horrorosa, como de costumbre; a eso de las 8 de la mañana nos fuímos a dormir, yo estaba tan cansado que no atinaba a quitarme las jodidas botas de seguridad (creo que no pude hacerlo), me metí en la cama, dolorido, asqueado, hasta los mismísimos cojones de todo, cuando oí al viejo decir:

- "¿Tienes novia?"

Yo me quedé estupefacto; en un primer momento pensé que ya estaba soñando, pero no:

- "¿Qué?"
- "¡Que si tienes novia, coño!"

Llevábamos casi un mes durmiendo en la misma habitación y eso fue lo primero que me dijo en todo ese tiempo, aparte del "buenos días", "entro yo primero al baño", "no pases todavía que acabo de cagar" y cosas así.

- "Ahora no...lo dejamos hace unos meses..."
- "Eso no son novias ni ná...tengo nietos...con sus amigas como dicen ellos...hoy pico aquí y mañana allí...degeneraos...llevo cuarenta y cinco años con la misma mujer y nunca la he engañao...no he querío a otra ná más que a ella...lo que os pasa a vosotros es que no sabéis ná...ni sabéis lo que queréis, ni sabéis ná de ná...tanto libro y tanta polla...¿pá qué?"

Yo no decía nada.

- "¡Qué ganas tengo de llegar a mi casa y echarle un par de polvos sin sacarla!"

Le creí, el viejo era un tipo duro, pero en ese momento le dí las buenas noches, o días o lo que coño fuera, me dí media vuelta y me dispuse a dormir no sin antes rezar un padrenuestro rogando que ese tío no fuera sonámbulo.

Sólo faltaba que me dieran por el culo.


Aquella era la última noche en Álora. Fue la peor de todas.

Entramos a trabajar una hora antes, a las ocho, con un frío increíble, con un frío así o trabajas o te mueres, creo que lo habían contratao para espabilarnos aún más, en lugar de proporcionarnos "soma" o cocaína para terminar por convertirnos en bestias de carga prefirieron el frío, es más barato y así no te atontas. ¡Muévete, coño!.

Nuestra parte del trabajo terminaba bajo un puente; íbamos a buen ritmo, deseosos de acabar cuanto antes, de largarnos de ese infierno de hierro y piedra, de perder de vista toda aquella basura en honor al progreso de la sociedá, más trenes, más rápidos, más seguros, más cómodos, más más más...¡MÁS QUÉ, HOSTIAS! ¡ID ANDANDO!

Cuando llegamos al puente...ni las ratas de las alcantarillas han olido algo así. Había un perrazo muerto, lo que quedaba de él, descomponiéndose, piel y huesos, un hedor absolutamente insoportable, ahí no se podía meter nadie que fuera humano.

Pero a nosotros nos quedaba muy poco de humanos.

El capataz, ese grandísimo cabrón, se volvió loco: "¡¡¡SI NO ENTRÁIS AHÍ...DE AQUÍ NO SE VA NI DIOS!!!. ¿Queréis dejarlo para mañana? Por mí bien...que vengan los de la recogida de animales, que lo retiren y que se aireé un poco...¡PERO ESTA NOCHE OS QUEDÁIS!"

Era nuestro último día antes de las vacaciones navideñas, nadie quería quedarse uno más allí, soportando a ese loco, a ese energúmeno, a ese hijo de la grandísima puta.

Fuímos a por el perro. Entre todos. Rápidamente. A palazos lo sacamos como pudimos, conteniendo la respiración, la ira, el hastío por nuestras miserables vidas...lo echamos fuera, por el terraplén. Asco de perro. Puta muerte.

Reanudamos la tarea, no hicieron falta los látigos de cuero, los de ahora son de papel: hipotecas, letras del coche, facturas de la luz, del agua, del gas, del aire, de la vida...son más seguros, más fiables, más convincentes.

Andábamos sacando piedra, oliendo la muerte, con el invernal frío prenavideño (¿de verdad Estuvistes por aquí?), cuando ví que el viejo se incorporaba: se fué unos pasos más allá y potó un buen rato, oíamos sus tremendas arcadas pero seguíamos dándole a la pala. Cuando echó fuera todo lo que llevaba dentro regresó al tajo, sin decir ni mú, lívido, yo no me lo podía creer, ahí estaba el tío dándole duro a la piedra, con un par de cojones, creo recordar que todos nos echamos a reír, estábamos a punto de volvernos locos...estábamos locos.


Terminamos a las diez y media de la mañana. Nos metimos en la furgoneta e hicimos el camino de regreso hacia nuestros hogares. Me coloqué como pude en la parte de atrás, puse el walkman, una cinta con lo mejor de U2, los rayos del sol entraban por todos lados, se agradecían, también salía para nosotros...


Mientras dejábamos atrás Álora, ese precioso pueblo de la luminosa Andalucía, comenzó a sonar "A sort of homecoming", más o menos sabía lo que Bono cantaba, el regreso a casa, al hogar, con tu gente, a tu tierra...el valle iba quedando atrás, lo miraba sin pensar en nada, escuchando la canción, el sol en mi cara, sonreí. Por fin.


Jamás olvidaré ese momento mientras viva.


No volví a trabajar en esa mierda. Aquellas navidades me pulí todo el pastón que gané en esos dos meses.


Y más que hubiera habido.


El huevo cuadrado prefirió seguir tirando cañas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

EL HUEVO CUADRADO. SEGUNDA PARTE





Uno no sabe lo que es la luz hasta que va a Andalucía.

Llegamos al mediodía de un lunes de Noviembre. Casi todo el trayecto lo hice durmiendo, cuando desperté estábamos a unos cinco kilómetros de Álora, miré por una de las ventanillas de la furgoneta y tuve que cerrar los ojos, me quedé cegado, había tal resplandor que parecía como si acabaran de lanzar una bomba atómica, me puse las gafas de sol y volví a mirar, a lo lejos se veía el pueblo, todo blanco y radiante, como una novia en su boda...pero los que llegábamos éramos nosotros: un hatajo de bestias pardas que no estaban invitadas a la fiesta, como mucho a recoger la basura.

O para hacer lo que hacíamos.

Paramos a la entrada del pueblo, nuestra pensión estaba allí, en el culo del lugar, era un sitio pequeño, limpio, con un bar que daba comidas, todo pensado para que no nos moviéramos de allí, para que tipos como nosotros no fueran a husmear más allá de donde debíamos estar, en el culo, apartados de todos, lo nuestro era trabajar, estábamos allí para currar, nada más, ya se encargarían los capataces de que no nos quedaran fuerzas ni para mear.

Las habitaciones eran dobles, a mí me tocó compartirla con el viejo de hierro, no pareció hacerle mucha gracia, y menos cuando me vió sacar unos cuantos libracos de la maleta:

- "¿Lees la Biblia?"
- "No...son novelas..."
- "¿Novelas de quién?"
- "De un ruso...Dostoyevski..."
- "¿Para qué las lees?"
- "Me gusta..."

Durante un instante me echó una mirada de absoluto desprecio, después empezó a liarse un cigarrillo y ya no hablamos más. Yo no era uno de ellos. Yo lo sabía y ellos lo sabían. Pero ahora no estaba en Madrid, durmiendo en el acogedor pisito de mi tía. Ahora estaba a tomar por culo de cualquier sitio y tenía que convivir con ellos. La cosa cambiaba. Y mucho.

Bajamos para comer. En cuanto ví al tipo que llevaba el bar supe lo que iba a pasar. Era un enano cuarentón, feo, cabezón, fofo, con mirada de vaca y horrible dentadura; para colmo siempre iba con la bragueta abierta, padecía de próstata o algo así y cada dos por tres tenía que ir a mear...en fin, carne para la picadora. Cuando nos vió a toda la cuadrilla sólo le faltó ponerse a llorar. Una vieja nos sirvió la comida, el léjia le tocó el culo, estaba buena, la comida quiero decir, no acabó demasiado mal la cosa.

Trabajábamos por la noche, en un turno que empezaba a las nueve y, en teoría, terminaba a las seis de la mañana. Estábamos en Andalucía, sí, la tierra del sol y del calor, sí, pero de madrugada, en pleno mes de Noviembre y en mitad de un valle también hace un frío de cojones, así que si no querías quedarte congelado tenías que mover el culo. Y a buena marcha.

Nos colocaron como capataz a uno de los mayores hijos de la grandísima puta que he conocido; la obra necesitaba avanzar y él se encargaría de hacerlo, de motivarnos, de jodernos vivos para que sus jefes estuvieran contentos, le dieran una palmadita en la espalda y lo ascendieran a supervisor en jefe de cualquier otra soplapollez. Me recordaba a los generales de "Senderos de Gloria", ¡maldito cabrón!. Era un tío bajito, escuchimizado, treintañero, de ojillos pequeños y malvados, color ceniciento, pelo rubio y lacio, parecía como si padeciera del hígado, tenía cara de mala persona, de lo que era...la primera noche acabamos a las ocho y media de la mañana, casi doce horas de trabajo con una parada de treinta minutos para comernos un bocadillo, yo no sabía ni donde estaba, nos fuímos a dormir pero ni podía cerrar los ojos del agotamiento que tenía encima. Desperté tarde, estaba anocheciendo, se trataba de darse una ducha y comer bien, recuperar fuerzas, me arrastré hasta el baño, el viejo seguía durmiendo, miré en el espejo y no me reconocí, ¿qué mierdas estaba haciendo allí?, ¡a mí no me hacía falta como a los desgraciados de mis compañeros!, no tenía que mantener a nadie, no tenía mujer, ni hijos, ni hipoteca, ni coche, ni hostias...lo único que tenía era una familia y un montón de amigos a un millón de kilómetros de distancia. Me dieron ganas de hacer la maleta y largarme, dejarlos a todos allí tirados, olvidar esa mierda, regresar a mi casa, con los míos, con mi gente, a mi historia...tenía dieciocho años, tenía que divertirme, beber y follar, viajar, conocer mundo, gente interesante, lugares exóticos, las jodidas pirámides...¡¡¡QUÉ COJONES ESTABA HACIENDO ALLÍ!!!...

Me metí en la ducha y estuve un buen rato dejando que el agua golpeara mi nuca. Decidí continuar. Ese cabrón no iba a poder conmigo. Yo tenía 18 años y unos huevos del tamaño de Júpiter.


Y mi orgullo era mayor que La Vía Láctea.


Cuando se es tan joven siempre estás intentando demostrarte cosas, comprobar si puedes, si eres capaz, si eres lo suficientemente hombre para hacerlo, si tienes lo que hay que tener...si entonces hubiera sabido lo que sé ahora habría cogido la maleta para largarme a casa. Sólo los tontos tienen que estar poniéndose a prueba constantemente.


Y yo era uno de los más grandes.

EL HUEVO CUADRADO. PRIMERA PARTE





Era una fría y lluviosa noche dominical de Octubre cuando llegué a Madrid.

Había conseguido trabajo como peón en una sub-contrata y al día siguiente empezaba a trabajar en Villaverde Bajo, así que lo primero que hice fue buscar una pensión donde dormir.

Salí de Atocha y caminé calle arriba. Entré en la primera que ví, tenía un luminoso vertical de color azul, no recuerdo el nombre.

- "Buenas noches...¿tiene alguna habitación libre?"
- "Sí."
- "Ahh...bueno...hasta la noche del jueves...la mañana del viernes me iré..."
- "2.000 pesetas diarias, ducha incluída; 1.500 sin ducha."
- "Con ducha, por favor."
- "Déjame el dni. El pago por adelantado. Son 10.000 pesetas."

Era un tío gordo, calvo, sonrosado, de ojos azules y brillantes, miraba fijamente, no parpadeaba, muy serio...no me gustó un pelo, pero ya era tarde, la noche estaba horrible y no tenía ni ganas, ni fuerzas de patearme las calles cargado con la maleta para encontrar otra cosa que pudiera ser hasta peor.

Pagué y cogí la llave.

Subí a la habitación, dejé la maleta, eché un vistazo y bajé a la calle para cenar algo y llamar a casa.

En "El Brillante" me comí un bocadillo de calamares mientras veía el fútbol, recuerdo que jugaba el Madrid en El Molinón, era el partido del plus, en el descanso llamé a mi madre, le dije que todo estaba bien y que me iba a dormir.

Regresé a la pensión, me puse el pijama, me hice un canuto y me lo fumé mirando caer la lluvia a través de la ventana que daba a un oscuro patio interior. Después me metí en la cama y puse la radio, en una emisora estaban poniendo el "I still haven´t found..." de los U2, entonces me gustaban mucho...antes de que terminara me quedé dormido.

Era 1993 y yo tenía 18 años.


Desperté a las 6, desayuné en la estación de Atocha y fuí a comprar el billete del cercanías para Villaverde.

- "Buenos días"

El tío me miró sin decirme nada.

- "Para Villaverde Bajo, por favor."

El hijoputa seguía sin dignarse a responder. Después de soltarle la pasta él soltó el billete. Me cabreé. Subí al tren, otra vez dí los buenos días a los ocho o diez que allí estaban y otra vez no oí respuesta. Era como si estuviera solo. Estaba solo. Primera lección de la Capital del Reino: NO HAY QUE DAR LOS BUENOS DÍAS CUANDO ANDES EN EL TRANSPORTE PÚBLICO. Únicamente los locos, los pobres, o los estúpidos dan los buenos días dentro de esas máquinas. No lo hice más.


Nuestro trabajo consistía en quitar y poner raíles, quitar y poner traviesas y quitar y meter piedra. Todos quitábamos, todos metíamos y uno iba empalmando los raíles.

El extraño grupo lo formábamos un viejo de hierro, varios cuarentones alcohólicos, un ex-legionario más tocao que el sitio de Zaragoza, un padre de familia numerosa que estaba hasta los cojones de la vida a pesar de no haber cumplido los 30, una bestia humana que era el soldador, un andaluz en el tipo y quien esto os escribe. En los descansos solíamos juntarnos los 4 últimos, fumábamos canutos y nos bebíamos unas litronas, el andaluz contaba chistes (lo siento, pero era así) y echábamos unas risas, siempre estaba cantando a los Camela, ¡la madre que lo parió!, casi nadie los conocía cuando tuve la desgracia de descubrirlos.

- "¡Eh, Kufis! ¡ESCUCHA LA LETRA!". Y ponía el puto loro a toda hostia, con esas vocecillas y esos infames teclados...terminaron gustándome. Cuando uno está atrapado termina apreciando lo que aborrece.

Era el más joven y el más nuevo, así que tuve que tragar con algunas putadas, nada serias, sobre todo de los cuarentones, pero cuando tienes 18 años te molesta hasta el vuelo de un mosquito, así que a veces me rebotaba, pero nunca pasó nada, cuatro voces y fuera, a seguir doblando el lomo.


A la semana siguiente fuí a vivir con una tía mía que había regresado de sus vacaciones. Vivía sola aunque por entonces tenía a su madre en casa, en el barrio del Pilar. No sabéis como lo agradecí. Terminaba de trabajar, iba a su casa, me daba un estupendo baño, cenábamos bien y charlábamos un rato; es una mujer cojonuda, extraordinaria, se ha pateado el mundo entero y me gustaba escucharla contar cosas de sus viajes, después te quedabas dormido antes de pasar la primera hoja del libro que leías, me llevé mil, como buen gilipollas que era, entonces andaba líado con Dostoyevski...ridículo.

El trabajo resultaba agotador, echábamos diez horas diarias, a buena marcha, con un frío de mil demonios, media hora para almorzar y una para comer, y aún así no éramos los que peor estábamos: a veces nos cruzábamos con cuadrillas que iban metiendo traviesas a destajo, de las gordas, sin parar ni a mear, las cogían entre seis tíos, con unas enormes tenazas metálicas, eso era para verlo, auténticas bestias de la naturaleza...recuerdo a uno de ellos, no pegaba en el grupo, supongo que se habría quedado en la puta calle (también aquella era una mala época) y no le quedaría otra opción que meterse a currar como un animal entre animales: alto, con barba cuidada, no muy fuerte...iba congestionao, podías verle las venas de la cabeza a punto de estallar, yo pensaba que le veríamos dándole un infarto. No lo vimos. Tenemos más agüante del que imaginamos.

Algunas tardes, si no estaba muy cansado, salía a pasear por la ciudad, por el centro y eso, lo típico. De todo lo que ví lo que más me llamó la atención fue ver a los mendigos durmiendo sobre los bancos, a plena luz del día, mientras a su alrededor pasábamos centenares, miles de personas, a pocos metros de cientos de coches que circulaban a toda hostia: humo, ruído, sol...y los tíos durmiendo. A veces me sentaba en alguna terraza y los miraba. No se movían. Era como si estuvieran muertos, a nadie les importaba, si se hubieran levantado creo que nadie los hubiera visto a no ser que se hubieran puesto a gritar. Alguno ví que se levantó. Pero ninguno gritó. Eran invisibles. Son los hombres invisibles de Wells sin necesidad de beberse una extraña pócima. Les sobra con el vino barato.


Durante la comida uno de nosotros se tenía que quedar cuidando el material. Casi siempre era yo, no me importaba, me comía mi bocadillo y me fumaba un canuto tumbado sobre una traviesa de las gordas, al sol, era fantástico.

Una tarde estaba así, a mi puta bola, cuando oí voces extrañas:

- "¡Eh, colega...tienes fuego!"

Abrí los ojos y pensé que me había muerto; dos seres que parecían extraídos del mismo infierno se encontraban delante de mí. Eran junkies. Había visto unos cuantos, con alguno había tenido más que palabras, pero dos como esos no los había visto en mi vida ni los he vuelto a ver. Eran altos, entre los dos no pesaban lo que yo, llevaban tanta mierda encima que no se distinguía bien si iban vestidos o desnudos, olían...olían...qué sé yo. Me incorporé, les dí fuego, yo también llevaba un globo considerable, nos sentamos y empezamos a charlar y a fumar, me dijeron que vivían debajo de un puente, "allí cerca, ¿lo ves?", "sí", "allí tenemos el chabolo tronko", los porros rulaban y yo fumando del mismo que esas dos bacterias andantes, no me explico como lo pude hacer, no me lo explico, supongo que era lo que TENÍA que hacer, esa gente no vale nada con las manos, pero eran dos y una chirla podría aparecer en cualquiera de esas cuatro zarpas...la verdad es que no pasé miedo, la conversación fue agradable y a fin de cuentas no eran malos chicos: "¿tienes pasta?", "no", "buah...es igual...eres un buen tío". Ahí estuvimos dándole un buen rato, al final se marcharon y poco después llegaron mis compañeros. No les dije nada. Pero al día siguiente comí en el bar.


Así pasamos un mes. La última tarde en Villaverde me despedí de la camarera de la fonda. Era una muchacha guapísima, inocente, tenía quince añitos y ayudaba a su padre, siempre estaba poniéndose colorada, sonriendo timídamente, rodeada de hombres embrutecidos y apestosos:

- "Eres lo mejor que me he encontrado en Madrid"

Ella se puso como un tomate, sonrió y no dijo nada.


Después nos fuímos para Málaga.


Pero esa es la segunda parte de la historia.

sábado, 5 de febrero de 2011

FALSA ALARMA





¿Pero no te das cuenta que estoy mirándote como si fueras la única luz de la noche?

¿Qué debo hacer? ¿Lo que ves en esas increíbles comedias románticas que, supongo, tanto te gustan? ¿De verdad quieres eso? ¿Todavía no te has dado cuenta de que todo aquello que no te ocurre a tí es Mentira?.

Te miro a los ojos, te hablo con ellos mientras te digo lo que a cualquiera, te sonrío como a nadie...te largas.

Podrías ser algo más agradable, poner algo de tu parte, tú también estás sola, estúpida, y el tiempo corre, vuela, desaparece, y tu belleza también lo hará, llegará la noche en la que ni yo te mire, aparecerán otras luces y la tuya se habrá apagado, no eres una Diosa eterna, eres una mujer hermosa que está sola y le da pereza dejar de estarlo, la soledad es más llevadera que la compañía cuando se tiene luz eléctrica, ya nadie tiene miedo a estar solo, lo que hay es pavor a estar con alguien. Casi más que a quedarte solo.

Salgo a la puerta, enciendo un cigarrillo y miro pasar los coches. Todos corren como si fueran a apagar un incendio. Falsa alarma. Otra vez. No hay más fuego que aquel que nos devora por dentro. Y ese lo apagamos con alcohol. Llega un momento en la vida donde sólo estamos a gusto con la gente si tenemos una copa en la mano.

Al final te pegarán un tiro; pero tendrás algo de tiempo para sacarte el chicle de la boca y pegarlo bajo el balcón. No es serio un cadáver con olor a menta.

Aunque ya puestos sería mejor acabar haciendo la última: colocándote una nariz de payaso.

Así terminarás como empezaste:


¡¡¡JODIDOOOOOOOOO!!!

martes, 1 de febrero de 2011

BUEN MOE





Hoy ha sido un día fácil, comilón y dormilón, un día loboestepario.

No tenía pensado escribir nada, es más, la sensación de abandonar el blog por un tiempo, como hice el pasado verano, ha rondado por mi cabeza, pero bueno, ¡qué más dá!, no podía dormir después de la post-lentejera siesta y he cambiado de opinión, siempre estamos cambiando de opinión, no somos disciplinados, un hombre indisciplinado es como la hoja que arrastra el viento, a donde la lleve, acabarás cubriendo una mierda de perro, ninguna tía buena colecciona hojas muertas, en fin...

Nada especial, lo acostumbrado en mi día libre: caminar, música y malnavegar por La Rez; eché el ancla en algunos periodicuchos, comenté algunas noticias y volví a comprobar que hoy escribe (escribimos) cualquiera: obviedades, himno-artículos y "punks de escaparate" (La Polla Records). Luego te acuestas, pones "The Rain Song" modo sin fin para conciliar el sueño, ves que no viene, abres los ojos, ves oscuridad y escuchas el ronroneo del gato, quizá sea el momento de escribir algo. O no.

Entonces te das cuenta de como pasa el tiempo, que ha pasado otra semana, igual de sosa y aburrida que la anterior, igual que la presente y parecida a las futuras: dormir, caminar, trabajar, escribir...una rueda sin fin, dormir, caminar, trabajar, escribir...no sé, no mola, es un aburrimiento, un artículo depradesco, conservador, brasero piconero y orinal bajo la cama, tampoco tú eres ningún Corsario Negro, ¿recuerdas qué aventuras?. Si los críos que fuímos nos vieran ahora llorarían como triunfitos, quizá buscando la cachonda caricia de la Carrá, bastante más sexy que la tonta del culo jeviarra, quien no llora no mama, ya se sabe, es "tan antiguo como el mundo, tan antiguo como la crucifixión" (JFK).


"¿Dónde vamos cuando morimos?" que le decía su pequeña a una amiga mía.


Pues más o menos donde estamos los mayores, preciosa.


Pero tú aún no estás aquí.