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domingo, 5 de mayo de 2013

MAÑANA DE PERROS




Pensé en evacuar los intestinos mientras me curraba el cigarrillo del inminente paseo, acababa de desayunarme el zumo y las cuatro nueces, anoche cené de más para mis costumbres, pero como jiñé antes de meterme en la cama a las once de un sábado noche (ay...) creí que no sería imprescindible repetir la jugada, no hay que abusar ni del culo, así que salí a la calle con Radio Clásica en las orejas y algo todavía no demasiado audible en las tripas, aunque sí lo suficientemente iluminadas como para ir avisando de vez en cuando que el inicio del primer bolo de todos los días estaba próximo. Las mías me recuerdan al Elvis de Las Vegas.

Me felicité al comprobar la buena temperatura a pesar de la sombra por lo temprano de la hora, había acertado al quitarme una capa de cebolla, la más gorda, fue cosa del último momento, "¿no será demasiado?", recordaba haber mirado anoche la previsión del tiempo en mi móvil (ay...) y decía que la cosa va para arriba, las máquinas aciertan si el asunto no es muy complicado, a fin de cuentas las creamos nosotros, bueno, los otros, que vividos los últimos días y las fechas en las que estamos no es difícil predecirlo, más o menos como las brujas echacuervos de la tele, que conocen el futuro de quienes las llaman porque sólo un gilipollas puede hacerlo. Y con decir espera al impaciente, asunto arreglao, siempre habrá tiempo para pillar cuatro en la Primitiva y creer que las Puertas del Cielo están empezando a abrirse para ti. Y cuando no, será que no llamas lo suficiente. Ten fe y esperanza, porque de otra manera acabarás colgado de un perchero, más ahora que ya no hay Dios a quien le importes un huevo. Las buenas brujas son necesarias para el buen funcionamiento de la República Global que viene.

Todavía no había visto un alma (cosa rara) cuando me he topado con la guardia civil, dos coches en una rotonda, ya estaban desplumando a uno, me ha venido la pesca a la cabeza, más correcto hubiera sido el tiro al pichón, se ve que mi sangre andaba atareada por otro sitio, y bien que lo iba oyendo, no sin antes mirar atrás aunque fueran las ocho de la mañana de un domingo extrañamente desierto.

Por fin he llegado de cara al sol, que siempre se agradece, aunque he tenido que escorarme todo lo que podía hacia la derecha, todavía no estaba lo suficientemente alto para poderle a mostrencos inútiles dejados a medio construir con el dinero de nadie, es decir, de nosotros, que el de ellos tiene nombre de cuenta secreta en cualquier lugar que no sea este maldito país, porque hay que estarlo para estar como está cuando fuimos lo que fuimos, que los brujos patanegra no se contentan con tangar a los lamparillas recién salidos del arroyo, eso lo hace cualquiera que no lo sea: jode a quien te jodió, pero no tanto como para no permitirte que lo siguieras intentado. Ellos nunca lo harían.

El querubín que presenta el programa matinal estaba traduciéndonos el lied de presentación que iba a pinchar, audiblemente embargado por la emoción, cuando volví a ver a los guardias, esta vez en sus coches, sería que la caza no estaba dando el fruto apetecido por sus amos. Me pareció Wagner, pero resultó Strauss. Creo que estaba a punto de llorar cuando nos lo reveló.

Y así he seguido mi camino, no recuerdo que ha puesto después, que con esquivar el mar de mierdas caninas tendría bastante sino fuera porque me recordara la que yo empezaba a tener en el horno, más que amasada, y viendo un gato le he dado los buenos días, que ellos no cagan en cualquier sitio, no como algunos, y llegando hacia el final de la avenida he visto que los guardias estaban haciéndola en otra rotonda, esta más pequeñita, que a veces uno pesca más en un riachuelo que en el mar, más aún cuando ya casi ni quedan barcos para navegarlo. Una barquita, una patera, un flotador...todo es bueno para los señores mientras les lleves lo suyo. Pero allí sólo circulaban los primeros viejos que abandonaban el cementerio en sus viejos coches, de estos que no se ponen casco al conducirlos porque todavía no lo han ordenado, y grupos más o menos numerosos de ciclistas a los que sólo les faltaba una bomba de oxígeno en las espaldas. Mala suerte. Tenían que darles el continúe...

No había llegado a la mitad de la siguiente calle cuando he vuelto a verlos pasar en sus coches, esta vez un poco más rápido, como si se les estuviera acabando el tiempo, he recordado a uno que ha tirado la gorra al suelo en el sitio anterior, estaba como de guasa con otros dos números, como de risa tonta, de esas veces que estás asqueado y te dices "qué más da, a tomar por culo, jajaja..." Por un momento he temido que hicieran un trompo y vinieran a mi para pedirme qué se yo, ¿el permiso de circulación?...

Peor iba siendo lo mío con la mía, que ya no sabía que coño pedirle o mirarle para retenerla un poco más, que el humo del cigarrillo es otro acelerador de la combustión, aunque sólo le he dado tres o cuatro caladas antes de permitir que se apagara, y aquello ya estaba empezando a pasar de castaño oscuro, como otra enoooorme mierda que había junto a la puerta de entrada a una casa recién terminada, esa tenía que ser de caballo, por lo menos, y no digo elefante porque todavía no he visto a uno por La Mancha. A uno que no estuviera en un jaula, que es donde debería estar la mayoría de los seres que cagan lo suficiente como para darte angustia.

He alcanzado el banco donde suelo fumarme el cigarrillo mientras miro un poco por debajo del sol, se me ha pasado un tanto pero no lo suficiente como para olvidarme de ella. A pesar del espléndido sol y del no tanto Beethoven, que se me hace muy de nuestro tiempo, muy concienciado, muy...no sé, como un perroflauta universitario. Ingeniero.

Dándome por vencido he levantado el culo del asiento, ni a acabar el pito me ha dado tiempo, y apretando el esfínter y azuzando el paso me he dado de bruces con uno de esos que cagan donde les pilla, uno de los grandes, ladrándome como si estuviera endemoniado, "¡¡¡HIJOPUTEEEERRRR!!!", no he podido evitarlo, el muy cabrón estaba tras la reja, en el asqueroso patio de su amo, no sé qué coño puede guardar alguien que tiene una sombrilla de Cruzcampo por bandera, ni puta falta me hace, aunque sí me he jurado dedicarle a sus putos muertos la que me llevaba tal y como si esperándome estuviera Rachel Hurd-Wood en versión Perfume. Y no me he bajado el pantalón del chandal para dejarle mis respetos porque extrañamente hoy no llevaba papel higiénico encima, siquiera de los mocos. Putos perros.

Ni cien metros después ha dejado de ladrar, de hecho he recordado que ya lo había oído muy antes de sentarme en aquel banco, pero no le había dado importancia, yo estaba con la mía...Y sólo se ha callado al saber que iba a pasar por allí. Hijoputa, hijoputa, hijoputa...

Pues eso, dos minutos andando y seguía oyéndolo a pesar del jodido Ludwig Van, pero he visto a un gatillo acurrucado tranquilamente bajo las ruedas de un coche, pasando de aquel soplapollas, y me ha dado tal alegría que ganas he tenido de darle dos besos. Pero no, los gatos y yo no somos de esos que hacen lo que sea por el gusto de su amo: sólo cuando procede.

He quitado Radio Clásica en busca de "Dogs", el tema de Pink Floyd, esos visionarios, pero no lo llevo en el móvil, yace en el mp3 ya jubilado, aunque estando en la D he mirado por cualquier otra canción, lo que fuera antes que seguir soportando tan nefasta música.

Me ha costado dos llegar a casa y cumplir mi juramento de hoy.

El perro del vecino de abajo está ladrando mientras termino esto.

Todavía me queda un poco más, que todo lo malo siempre se guarda algo.

Va por ti, por la mayoría de vosotros y algunos de vuestros amos.

Hijosputas.





6 comentarios:

  1. A mi me gustan más los días grises, frescos y si cae alguna gota tampoco me molesta...

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    1. Muy de vez en cuando, pero muy, muy, muy...

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  2. Oye, Kufisto, no le faltes el respeto a Beethoven que rompemos las amistades.

    Sí que es cursi como él solo el tío que presenta el programa de Radio Clásica los fines de semana por la mañana. Da grima el pobre.

    Casualmente esta mañana lo he escuchado un rato porque para variar, y hablando de mañanas de perros, el perro de los vecinos ha tenido a bien despertarme a eso de las 8.

    Un abrazo.
    Oswald.

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    1. ;)

      Temo que algún día se rompa en directo: "este MARAVILLOSO lied de..." PUM, CATAPÚM, PUM...

      Perro bueno, perro...

      Abrazo, amigo mío

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  3. Me gustan los perros, pero cada vez mas a menudo tengo que decir aquello de "putos perros y sus putos amos".

    Cagarros por doquier con los que se podrian ladrillos; perros sueltos medio asilvestrados que "tranquilo, no hace nada", pero que molestan; perros de estos como caballos que podrían lo mismo llevar cabalgando a mis hijos, que comérselos de 2 bocados. Hasta los cojones me tienen.

    Porque yo no puedo entender como se permite llevar por la calla, y me la suda el seguro, un perro que genéticamente ha sido criado para ser un hijo de la gran puta, no lo entiendo. El otro día discutí con una del curro al respecto que, oh sorpresa, acaba hablando de los perros como si fuera un ser humano: los cretinos del proyecto simio ahora con proyecto cánidos. Algún día les veré defender los derechos "humanos" de las cucharachas o las ladillas, dios cuanto tonto de los cojones.

    Putos perros y sus putos dueños.

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