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lunes, 6 de mayo de 2013

LA RESPUESTA ESTÁ EN TU ORIGEN




Todos nacemos, salvo monstruosas excepciones, con los mismos órganos, que no por ser hijo de Rey lo hace sin culo, y todos somos traídos a este teatro de las maravillas con parecidas capacidades mentales, exceptuando a quienes tanto por arriba como por abajo son definidos como anormales: es la cantidad de cada cosa lo que marca la norma, es decir, lo natural. Y seguro que nadie, o pocos, quisiera salirse de ella cuando toma consciencia. Luego sí, luego viene la aceptación, y de la proporción de bien y mal que hayas recibido a cuenta de tu tara dependerá tu comportamiento futuro, aunque esto sea más por exceso que por defecto, evidentemente. Amo del Mundo o Benefactor de la Humanidad.

Hace tiempo que me di cuenta del llamativo porcentaje de famosos, actuales o pasados, que tuvieron una infancia desgraciada, ya fuera por la pérdida de algún progenitor (A o B, especialmente B, aunque no tengo muy claro cual es cual) o por la mala vida que le daban, o por causas de extrema escasez, o algún otro asunto especialmente grave. Es como si perdido el miedo por mantener algo de lo que careces se lo perdieras a la vida entera, y de este modo, lanzándote a ella sin importarte su pérdida lo hicieras de tal modo que no encontraras obstáculo lo suficientemente grande como para detenerte en tu propósito, el que fuere, ya sea para bien o para mal: no tanto yendo hacia delante como para olvidar lo de atrás.

Básicamente uno es una mezcla de quienes lo engendraron y de donde lo criaron, eso está claro, aunque raro será quien tenga por igual de las dos partes, me temo que la balanza es el más humano de los inventos, pues sigo sin ver claro que un kilo de hierro pese igual que uno de paja, y de ser así no lo parece, y siendo este un mundo tan aparente, un mundo para los ojos (más de los otros que los propios), no basta con ser, es más, no sé sí será más conveniente parecer: menos es más.

Hará cosa de un mes que me decidí a comprar una miel que costaba el doble siendo la mitad que la habitual, la blanca, aquella era de la Alcarria, lugar conocido por la excelencia de sus abejas, cosa que no dice mucho del resto de quienes la habitan, y como cada día me preocupo más por lo que como o dejo de comer y por lo que bebo o dejo de beber, la compré sin reparar mucho en la diferencia de precio que, en proporción, era de cuatro a uno, según creo, que aunque fui bueno en las matemáticas las abandoné por las letras en cuanto empezaban a ponerse complicadas, más porque prefería aquellas que por temor, y como uno no necesita saber el teorema de nosequién para contar una historia allí se quedaron con los otros, muchos más, que en esta sociedad importan más los números que las letras. Y si las hay, que sean incógnitas.

Era más oscura, aunque no tanto como densa, algo que me amohinó un poco, que no es que yo sea un broker para al que un segundo tiene su valor, es curioso como los más materialistas tienen la misma concepción del tiempo que los espiritualistas orientales, los de la nada y el nirvana, resulta paradójico como los extremos se tocan en la línea de la vida que no cree en otra, que vive esta como el hámster en su rueda o como el que hace la estatua en el metro.

Nadie ni nada me espera tanto que no pueda hacerlo un poco más, al menos durante el tiempo suficiente para poner la cucharada de miel al baño maría y poder ligarla bien con el zumo de naranjas y limón. Pero soy impaciente con las cosas del cuerpo, por lo que no lo hacía y más que beberla la lamía de la cuchara, demasiado dulce, no es para tomarla sola. No para mi.

Recuerdo que hace unos años, estando de carabina con mi ex, entablé una cierta amistad con un viejo apicultor de un pueblo cercano a Cabañeros, un tipo al que conocí echando la Primitiva en el único bar del lugar, uno donde te miraban como si fueras un aborígen de Samoa, pero no así este, no parecía de allí y de hecho no lo era, creo que me dijo ser del norte, pero había vivido en Brasil durante muchos años y la mala fortuna y las malas mujeres le habían poco menos que obligado a terminar sus días en ese pueblo perdido de La Mancha, cosa que no está tan mal si no buscas más que estar solo. En fin, que al oírle hablar de su miel con tanta pasión como lo hace cualquiera que haga algo que le guste a poca gente le dije si podría venderme una poca, a lo que me respondió que no, que me la regalaba, y yendo a su casa me enseñó donde la tenía almacenada, había un montón y de mil diferentes sabores, "¿cual quieres?", "no sé...ni idea, yo la tomo para desayunar, mezclada con el zumo de naranja" Y aunque nada dijo si pude ver que se quedó un tanto a cuadros al oír que mezclaba semejante néctar con cualquier cosa. ¡Ah, la pureza que nos agrada...!

Era realmente buena, y como ya hacía calor se desliaba sin dificultad alguna. La última tarde que estuve allí le  compré siete u ocho tarros de a kilo y no lo he vuelto a ver.

Pillé otro tarrito de miel alcarrense cuando todavía no había terminado el primero, me sorprendí a mi mismo siendo tan previsor, pero la cosa fue que no le di ocasión de permanecer tres o cuatro días en el banquillo porque a la mañana siguiente, asqueado de chupar cucharas, puse el primero sobre un plato en la vitrocerámica, al dos, mientras me duchaba, "así gano tiempo", pero ella tuvo el suficiente para ponerse a hervir, no mucho, aunque pensé que si hubiera llegado a afeitarme me la habría encontrado en el techo, que los accidentes ocurren nada más que por desconocimiento; con todo, me eché una poca en el zumo. Ni tanto, ni tan calvo...

Amaneció la siguiente y comprobé que se había caramelizado, "¿ah, es así...?", abrí el otro y repetí la operación, pero esta vez echándola en un gran vaso y sin irme a ningún otro sitio, exprimiendo las frutas y mirándola de reojo, "hoy lo voy a hacer bien", tuve que esperar un poquito, no mucho, el suficiente como para ver que casi no se quedaba pegada a la cuchara, "ahora".

Por tercera vez consecutiva he hecho la misma operación, ya iba dándole el punto, pero al coger el vaso con la mezcla he sentido como si estuviera abriéndose por debajo, y no me ha dado tiempo nada más que a eso, porque inmediatamente se le ha roto el culo y con él todo su contenido, quedándome yo con el resto del vaso en la mano y mirando todo aquel desparrame casi en estado de shock, como mi gato, que nos hemos intercambiado las miradas como diciéndonos ¿qué coño ha pasado aquí?

He cogido la fregona, el cubo, un poco de lejía y lo he limpiado no tan enfadado como sería de esperar, es más, con una cierta tranquilidad, que los shocks lo son menos cuando es por algo así.

Y me he ido a desayunar un chocolate con dos porras a la churrería de la esquina.

Volveré a la blanca y dejaré la buena, aunque ya el calor esté llamando a nuestras puertas.

Yo a mi marcha, aunque no sea la mejor, pero es la que conozco.

La miel no se hizo para mi boca si no llega en compañía de otros: prefiero ser asno que burro.

Puro, el chocolate. Desde siempre.

¡Joder, qué rico estaba!


6 comentarios:

  1. Pues entre el chocolate puro y las cuatro nueces de desayuno vas por el buen camino para combatir las enfermedades cardiovasculares, pena que sigas fumando y contrarrestando los efectos de esas dos cosas. Es más con tabaco por medio, jodes todos los inventos. Te aconsejo encarecidamente que dejes la nicotina. Un abrazo.

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    1. Sería bueno, sí, porque malo es aquello sin lo que no puedes pasar ni un sólo día normal.

      Un abrazo, amigo mío.

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  2. "Me temo que la balanza es el más humano de los inventos..."

    Me quedo con ese párrafo.

    ¡Qué ganas de churros y porras con chocolate!

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    1. Estoy por repetir dentro de un rato...Ya no es época de naranjas.

      Gracias

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