jueves, 10 de noviembre de 2022

TREINTA AÑOS

 No podría decir el motivo de aquella silente y mutua hostilidad; todo lo más, que ambos éramos jóvenes. Y hablando por mi, demasiado joven. Pero la juventud es inestable, caótica como un problema de ajedrez de Lloyd: esas posiciones jamás se dan en una partida real. Esos problemas de fantástica solución son imaginarios. Un compositor de problemas de ajedrez, por muy bueno que sea, no es un gran jugador de ajedrez. El gran dolor del artista moderno está en la necesidad de extraer belleza del caos, porque del orden, de la verdadera belleza, ya está todo hecho. Pero el caos, el desorden, lo desnaturalizado deja un amplio margen de maniobra. Infinito.

En la juventud la gente se pierde de vista sin darse cuenta. Hoy estamos aquí jurándonos amor eterno bajo la luz de una pálida farola y mañana, tirando una caña de cerveza, nos sorprendemos intentando recordar el nombre de aquella chica. Quizá antes has visto pasar a alguna chica mientras fumabas en la puerta del bar. Y la memoria rebusca y encuentra y te lo trae y sonríes o no y cuando estás poniendo el pincho ya te has olvidado de todo.

¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿treinta años? En todo caso cerca. Treinta años...


Está de baja por depresión. También tiene algunos problemas físicos y anda de rehabilitación, de ahí su venida al bar. Divorciado con cuatro hijos ya mayores de edad y con cuatro o cinco años más que yo a sus espaldas entró al bar recordándome en su mirada. Y hablamos por primera vez. 

La barra de un bar es un gran cosa. Yo estoy dentro y tú estás fuera. Tú pides y yo te pongo. Pagas y te vas. En ese orden.

¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿Un año? 

Nos hemos hecho amigos. No hablamos más que de música. 

Llega al bar como una media hora antes de mi relevo. Le sirvo una copa y enseguida nos ponemos al tema. En mi bar siempre hay música, menos a la hora de los desayunos, claro.

- ¿Sabes qué? -le digo- Ayer puse el "Led Zeppelin IV" a las ocho y cuarto de la mañana. Me saltó una alerta en el móvil avisando que hacía cincuenta y un años de su publicación. 

Hablamos mientras trasiega una copa de Jameson. Hoy ha venido antes. Nos queda una hora por delante. Se beberá tres.

Controla muchísimo de música, me supera, lo reconozco. Ha vivido muchos conciertos que yo no viví, muchas escenas en las que no entré, muchos amigos que no llegué a conocer. 

- ¿Escuchaste el disco que te dije ayer?

No, no lo escuché. Ayer vi algunas cosas pero no esa.

- Pues no, la verdad. ¡Aunque espera, seguro está en el Soptyfi! ¡Coño, joder! ¿Por qué no escucharlo aquí?

Era un crooner americano cantando canciones hard con la compañía de una Big Band: Metallica, AC/DC, Ozzy Osbourne, Led Zeppelin, Guns n´Roses, Deep Purple...

¡Joder como sonaba! ¡Qué arreglistas! ¡qué artistazos!


Pasamos un rato estupendo mientras bebíamos hablando sobre la música.

- ¡Mira, mira, mira -decía excitado- como suena el "Holy Diver" de Dio!

Y empezó a sonar y era tan raro y al mismo tiempo tan bueno que aunque nunca me haya gustado Dio la celebré de corazón.

La hora de partida se acercaba y no tenía ganas de irme. Me eché otra cerveza.

- Joder, qué bien suena esto -dije.
- ¡Te lo dije, coño, Kufisto!
- Y tienes razón...¿Qué vi ayer? No me acuerdo


Llegó mi hermano y tras él una petarda amiga de juventud de mi colega, una de las tías más tontas que conozco. Y no tuvo más remedio que hablar con esa puta loca que esperaba al ignorante que ahora se la folla.

- ¿Y sabes qué? -decía la zorra riente- ¡Ahora mi madre se ha echao la manta a la cabeza! ¡Jajaja!


La tarde era fría, clara y despejada cuando salí del bar para meterme en el coche. 

- Hola, mama.
- Hola, Kufisto. En la cocina tienes el tupper con las judías.

Fui a la cocina. Volví al salón.

- ¿Qué tal?
- Bien...Pero el chico está malo.

El chico es su nieto.

- ¿Y eso?
- Hoy amaneció con fiebre...

Vive para su nieto. Y para sus hijos. Y vivió por su marido. Telecinco acompañaba al brasero eléctrico.

- Ahora voy a ponerme las vacunas -dijo-
- ¿Qué vacunas?
- Las dos. La cuarta del Covid y la de la gripe.
- Joder...Ponte una sola, ¿no?
- Ya, lo que me diga Carmen...Sabes que siempre ha estado muy pendiente de nosotros-
- Pero papa no eres tú...
- Ya...
- Joder...
- ¿Estás bien?
- Sí.
- Me han salido riquísimas. El chorizo que trajo tu hermano le ha dado un sabor...
- Mañana me las como.
- ¿Tú estás bien?...
- Sí 


Se levantó para acompañarme hasta la escalera.

- Oye, mama.
- Dime.
- Ponte sólo una, ¿vale? Y la otra para otro día.
- No sé...lo que me digan. Tu tía se puso las dos el otro día y no tuvo ninguna reacción.


Subí al coche.


En verdad ya ha pasado mucho tiempo.






martes, 8 de noviembre de 2022

NUNCA ROMPE A NADA

En la primera viñeta Filemón reclama a Mortadelo, que aparece en la siguiente disfrazado de monstruo. El jefe cae rodado al suelo con el corazón escapando por la boca y entonces el calvo miserable dice:

- ¡Rayos, jefe! ¡No creía que mi "pesadilla por indigestión de garbanzos" le causara tanta impresión!


Lo peor del día de descanso es ser un día de descanso, de lo que se deduce que lo peor de todo es ser algo.


Dios creó el mundo en seis días y al séptimo descansó; vio que todo era bueno, lo dejó correr y como todo creador se quitó de en medio para estar a otras cosas. Después de eso sólo reapareció cuando nuestros gritos fueron haciéndose tan fuertes y frecuentes como para desviar su atención de lo que estuviera haciendo. Y tanta era su frustración, tanto su odio, que pensó en ser padre de un hijo como última opción antes de acabar con todo. Y mandó al Buen Cordero al mundo para sacrificarlo en bien Suyo y nuestro. Y desde entonces, olvidado en la memoria de su Hijo, vive feliz pintando acuarelas, escribiendo cuentos y dibujando comics por toda la Eternidad. Todo ello sin pretensiones.


No es buena idea dormir al mediodía cuando uno no está acostumbrado a hacerlo nada más que una vez cada siete días. Pero uno se siente tan cansado y el sueño es tan bueno que no puede evitarlo aún sabiendo que pagará peaje nocturno. Con todo y con ello, y tras una tarde-noche lo más aburrida posible, estaba a punto de caer en hora al profundo sueño cuando los telefónicos gritos del vecino de abajo me desvelaron. Hijo de la gran puta. Y desde ese momento que no duró tanto como otras veces, el resto de la noche se transformó en un duermevela en el que vi todas las horas impares de la madrugada en el teléfono, hasta que la los lastimeros maullidos de la gata consiguieron que viera también las pares con sus minutos. Pero no la dejé pasar por muchas patadas que diera a la puerta del dormitorio. Recordaba haberle dejado todo dispuesto por la noche: bebedero, comedero y manta sobre el mullido sillón del salón. "Te jodes"

- ¡Te jodes!


Desperté del todo minutos antes de que sonara el despertador, encendí la luz y enseguida vi que el día ya estaba hecho. Salí de la habitación y no vi a la gata. Encendí un fuego y herví agua para el té. Por curiosidad di la luz del salón y vi a la gata enrollada sobre la manta de mi sillón. Abrió un ojo.

- Hija de puta.

Me lavé. Todavía era noche cerrada cuando bajé a la cochera y tiré para abrir el bar.


Regresé a casa a eso de las nueve y media y me puse a entrenar. A la primera serie me di cuenta de que no iba a ir bien. Por un momento pensé en dejarlo, pero como tantas otras veces me obligué. Tuve que alcanzar la quinta para convencerme de que podría llegar a la novena. Y acabé pletórico; no mi mejor entreno pero sí el mejor en esas condiciones. Y entonces fue cuando tras ducharme me comí una ensalada de garbanzos de bote.

Yo sé, lo sé desde hace tiempo, que los garbanzos cocidos de bote me sientan como una patada en los cojones, pero uno sale a comprar botes de lentejas cocidas y quieras que no también echa al carro alguno de judías o de infernales garbanzos por lo que pueda pasar. Puede pasar cualquier cosa en este mundo, está visto. Hasta que te comas un bote de garbanzos teniendo al lado otro de lentejas. Un día de descanso, un vecino de abajo medio loco, una gatita más puta que su madre, un sueño de discoteca setentera y ya te da igual lentejas que garbanzos. Y como no, el espíritu de la pesadez vino a por mi alma.


Hace años, tampoco tantos aunque no pocos, habría volcado buena parte de mi malestar sobre los clientes del bar. De hecho hoy, nada más volver a él, tuve la tentación al ver a uno de mis clientes, un buen cliente, un muy buen cliente, uno más o menos reciente, un tío muy bien educado y dicharachero, tal vez demasiado, no sé de qué coño va...

Pasó el mediodía, lánguido, para dejar paso a las primeras horas de la tarde. 


El bar estaba desierto. Abrí una cerveza y rulé un cigarrillo. Salí a la puerta.


Nubes bajas, pesadas, de esas que al verlas te dan frío.

- Hola, Kufisto.
- Hola.
- Dame algo.
- Ya te di el otro día.
- ¿Cuando?
- El otro día. No te acuerdas.
- Ah...¿Pero dame algo hoy, no?
- No
- ¡Te la chupo por cinco euros!
- No
- ¡Venga, Kufisto!
- ¿Quieres un bocadillo? ¿una botella de agua? ¡te la doy!
- No...quiero algo
- Pues algo no tengo hoy.


La vi subir calle arriba, errática.


Y me fui a mi rincón, me serví otra cerveza, rulé otro cigarrillo, busqué una canción en Spotyfi y le di volumen antes de salir a la puerta.


Quería oírla bien. Quería oírla bien fuerte mientras miraba a las amenazadoras negras nubes bajas.


Pero al final no rompieron a nada.

jueves, 3 de noviembre de 2022

VAGABLUNDER

 King Diamond, ya maquillado en su sala privada del back stage, respondía divertido a las preguntas de su mujer. Un niño, su hijo, trasteaba una tablet sentado en un trono de aspecto tétrico que desentonaba en la habitación blanca y bien iluminada. El resto de miembros de la banda tocaban sus instrumentos desenchufados o hacían ejercicios de estiramiento o se miraban ante al espejo como la chica joven que ahora llevan con ellos, la bajista: era su noche de estreno y se la veía tensa y nerviosa. Mercyful Fate no será la banda más grande del mundo pero llevan cuarenta años girando con su música.

El chico dejó la tablet para tirarse sobre el alfombrado piso y dar vueltas sobre sí mismo, riendo. Su madre grabó algo más hasta que otro tipo de rudo aspecto entró para anunciar que faltaban quince minutos para salir a escena. Entonces salió afuera con la cámara para encontrarse con algunos espectadores VIP´S con derecho a pase en el back stage. A todos los saludó, reconoció a unos cuantos. Varias parejas tan adultas como ella, nada de locuras. Risas, abrazos, algunos besos...un ambiente casi familiar. Era el primer concierto de la gira en Estados Unidos y parecían encantados de volver a verse. Después de hablar un buen rato con ellos atendió a dos chavales de serio semblante con camisetas de símbolos satánicos. Les dio otras dos pulseras identificativas y, como a los otros, les indicó donde debían colocarse cuando el concierto diera comienzo, recordándoles igualmente que tras él también tendrían acceso al back stage. Mientras tanto una marabunta de operarios andaba de acá para allá con los últimos preparativos.

La mujer salió para enfilar el frontal del escenario todavía oculto por el telón. De fondo se podía oír el "Metal Gods" de Judas Priest. Los "pipas" ajustaban por última vez el sonido de los diferentes instrumentos. Y entre la valla de separación y el escenario se movían los seguratas y el personal encargado de recoger la inminente caída del telón. El clamoroso "Wrathchild" de los Maiden de DiAnno tomó el relevó como música de ambiente. Y la peña lo recibió con más aplausos.

Era el heavy de los ochenta en el 2022. Y la cámara lo dejó bien claro en su barrido por las primeras filas.

La mujer alcanzó la otra esquina del escenario y filmó el lugar. Era algo así como una nave grande, una de esas discotecas peladas y mondadas con un segundo piso para los reservados. Estaba lleno. Después de todo era el regreso a América de Mercyful Fate con la formación casi original.

Por un resquicio del telón filmó el interior del escenario. Una grande y blanca cruz invertida envuelta en una luz roja era el motivo central. Y cuando DiAnno estaba dando fin por los altavoces a su mítico "Wrathchild" el telón cayó, unas nubes de humo blanco inundaron el escenario y Mercyful Fate y King Diamond con su horrible voz asaltaron el escenario entre los vítores de la multitud. Y ahí fue cuando lo apagué. Tenía que regresar al bar. Aunque hubiese hecho lo mismo de no tener que hacerlo. Jamás en la vida me gustó Mercyful Fate. Ni King Diamond.


Eran las tres de la tarde y no me sentía nada bien. Me serví un buen vino tinto que me entonó al tercer trago. "In vino veritas" pensé. Es increíble. 

Tenía por única compañía al abogado con su tercio y su teléfono sentado a su mesa. Yo estaba fumando afuera cuando salió a hacer lo mismo para contarme sus cosas. Menos mal que lo mío era una chusta y la acabé pronto. No me dio ninguna vergüenza pasar para adentro tras apurar la última calada. 

"Está bueno este vino" pensé. Y me eché otro.


Eran las cuatro y media cuando salí del bar en bastante mejor estado anímico que a las tres.

"Tengo que tenerlo por aquí, me cago en Dios..." Y lo tenía.




lunes, 31 de octubre de 2022

BUENAS TARDES

 - Buenos días, Dominga -dije al abrirle la puerta del bar.
- Buenos días, Kufisto -respondió y volví a echar la llave.

La señora de la limpieza semanal dejó el gran bolso sobre una de las mesas, se quitó el abrigo y sin más dilación que un breve comentario acerca del cambio del tiempo agarró el cubo y la fregona para darle a la zona donde apilamos las cajas con las botellas retornables. Es lo primero que limpia desde hace muchos años. 

- ¡Ah, no me había dado cuenta de que no las has quitado! -la oí decir. Yo estaba en la cocina preparando las pulgas del mediodía con el "Use your ilusion II" sonando por el teléfono.
- No -respondí- Ahora después te las quito.

Es cosa de poco para ella y no tanto para mi. Serán unas treintas cajas a mover y aún estando vacías de contenido pesan lo suyo. Más o menos como aquel cuádruple álbum de los Guns n´Roses.

Terminé con las pulgas, moví las cajas, presencié la recaudación de la tragaperras por el "maquinero" (así lo llama ella), envolví en papel film el bolsón de pan para tostadas que le había encargado al panadero (mañana no harán de este tipo) y un buen rato más tarde de lo acostumbrado y tras alguna que otra tarea accesoria me despedí de ella para regresar a casa.

Eran las diez menos cuarto, poco más de la hora de mi primera salida habitual del bar. Claro que en un día de excepción como hoy tendría que volver una hora antes para abrir, a las doce o así, por lo que la idea de entrenar y comer para llegar al bar con el último bocado entre los dientes resultaba un tanto estúpida teniendo toda la tarde a mi disposición. Pero no me había sentido bien ni al despertar tras un largo sueño sólo trastornado muy al final por los maullidos de la gata y sus pataditas en el infernal quicio de la puerta cerrada del dormitorio. 

"Lo tiene todo -pensé cuando me despertó- Recuerdo que anoche rellené el bebedero y el comedero...¡Qué cojones quiere esta hija de puta!"

Miré el teléfono; disponía de una larga hora más de sueño. "Hija de puta" Decidí ignorarla, ella insistía entre gritos y patadas a la puerta. "Ya se cansará -pensé- No es bueno ceder" Y cuando creías que lo había dejado por imposible, en mitad del último silencio previo a caer en la más profunda sordera, otra vez su terrible "¡Mau!", tan lastimero que dan ganas de levantarse sólo para cogerla del pescuezo y tirarla por la ventana.

Claro que ya estaba amaneciendo y los gatos no saben de cambios de hora. La pobre estaría extrañada de que yo todavía estuviera en la cama.

"¡Despierta, Kufisto, cabrón, hijo de la gran puta, borracho indecente, que vas a llegar tarde al bar!" Pero anoche no bebí a pesar de acabarla a eso de la diez y media viendo un vídeo sobre como se grabó el "Use your ilusion"

Y esta mañana entrené, claro que entrené. Cuando más me gusta entrenar es cuando más dolor siento. Sacrifiqué la comida que había preparado antes de la llegada de la Dominga y me fui al bar con el tupper en la bolsa de trabajo.

El entreno y la consiguiente ducha me sentaron bien. Los dolores musculares tras el brutal entrenamiento de ayer por la tarde habían aminorado sin necesidad de recurrir a los anti-inflamatorios a los que ni siquiera entonces, con una buena resaca, había accedido. Dolor. El dolor es bueno. 

De regreso al bar vi a Paco el Gato hurgando en el contenedor de basura de un chino. Ahora sé uno de los motivos por los qué huele tan mal el hijo de la gran puta. No sé como no no le digo que se vaya a la mierda cuando por la mañana temprano viene al bar a tomarse un café con leche. Es insufrible el hedor. Le salva que a esa hora no hay casi nadie, permanece callado y se va pronto. Por muchos años que haga que lo conozco, por mucha pena que cause su estado. Uno no puede heder así si quiere estar entre personas.

Mi hermano y la Dominga estaban esperándome con cierta impaciencia. Tenían que seguir haciendo cosas por ahí, nada más. Yo no soy un gunsanroses.

Todo estaba listo. Sólo faltaba subir las persianas del ventanal, abrir la puerta, descorrer su cortina, enchufar la tele y Spotyfi y esperar la reacción de la clientela en este extraño lunes de descanso caído este año en víspera de fiesta.

La primera en entrar fue Estela. 

- ¿Tienes ya zumo de piña? -preguntó con su delicioso acento portugués. 
- Creo que no -respondí al tiempo que, convencido, miraba por mirar en la zona de los zumos. Si no lo había ayer, ¡como iba a haberlo hoy!- No, no hay. Sólo de tomate.
- Pues una cocacola zero -Y se fue a la tragaperras.

Le gusta jugar a la tragaperras. Lleva un par de semanas viniendo por aquí para jugar a la tragaperras. Todavía es joven, tiene un buen par de tetas y un aire a Barbra Streissand. Ayer salimos a fumar un pito a la puerta del bar. No tenía fuego y salí con ella para dárselo.

- Yo me llamo Kufisto -y le di la mano.
- Yo Estela -y la cogió

Hablamos un poco  y volvimos para adentro.

- ¿Quieres una pulga? -le dije hoy al dejarle la cocacola
- Sí...¿de qué las tienes? -respondió sin dejar de mirar los displays de la máquina.
- Atún, chorizo, anchoas, salchichón...
- Salchichón.

Estela se fue a recoger su móvil averiado.


No estuvo mal. Hubo más de lo esperado para un mediodía tan raro. Hubo hasta brujitas a las puertas de la menopausia para beber cerveza como cosacas. Y un buen amigo también, un compadre, un animal, uno de los tíos que más saben de música y de drogas.

- Kufisto, me cago en Dios -dijo tras su quinta cerveza- Me vas a poner una buena tosta de jamón, ¡me cago en Dios y en la puta virgen! Una como las del sábado.

En ello andaba cuando desde la cocina oí la voz de la yonqui desquiciada, pidiendo.

- Te vas a tomar por culo -fue la respuesta de mi colega. 


En Soptyfi sonaba la radio de otra buena canción. Es la hostia. ¿Te gusta una canción? Aquí tienes una radio con temas relacionados. 

- Me voy a beber un buen whisky, Kufisto.
- Y yo contigo.


Y lo era. Tanto que al pagar, ya a punto de irme, le invité a otro.

- Joder como está esto, Kufisto...
- La madre que me parió...Un buen whisky arregla mucha cosas.
- ¡Y que lo digas! Dame que me rule un pito de esos tuyos.

Salimos a la puerta dejando solas a las brujitas chupando sus cervezas.

La tarde era muy gris, de nubes bajas y perezosas.

- Me encantan estos días -dijo.
- Sí, están bien.
- Un poco más de frío y lluvia no vendrían mal...
- Sí...Es un poco como el "Use your ilusion"
- ¿Qué?


Un tipo bajaba por la acera de enfrente apoyándose en unas muletas. Una de sus piernas, la derecha, era un muñón a la altura de la cadera.

- Joder.
- Hostia.

Enfiló el primer paso de cebra.

- Viene aquí -dijo mi compadre.
- Pues si llega...ole sus huevos.


Y llegó un poco después de hacerlo mi relevo.

Le aparté la cortina antes de irme a casa.

- Buenas tardes.
- Buenas tardes.




sábado, 29 de octubre de 2022

CAMBIO DE HORA

 ¿Como contar lo que sentí aquella noche?...

Era una noche oscura, despejada, sin luna y llena de estrellas. Era una fría noche de domingo, lo recuerdo bien. Era todavía de día cuando ella vino al bar para despedirse hasta el fin de semana siguiente. El tren hacia Madrid no esperaba a nadie, ni siquiera a ella. El maquinista del tren que va a Madrid no puede esperar a nadie.

Hablo de memoria, ¿pero qué es hablar desde la memoria? 

Salí de casa y caminé las bien iluminadas calles desiertas hasta alcanzar las últimas del pueblo, esas en las que ves la luz de las contadas farolas titilando por el frío. Yo iba escuchando el "Animals" de Pink Floyd, "Dogs" para ser más exactos, lo recuerdo bien...

Un poco más adelante, torciendo a la derecha, estaba la gran avenida salvajemente iluminada frente al cementerio.

Y antes de caminarla decidí dejar de andar para echar un vistazo a lo que había arriba.


Las estrellas brillaban como bombillas a punto de fallar. 








jueves, 27 de octubre de 2022

DE PRESIONES

 - ¿Qué tal, Kufisto? -preguntó el cliente.
- Bueno -respondí-, no estoy en uno de mis mejores días.
- ¿Pero tampoco será de los peores, no?
- No, tampoco tanto. ¿Una copa?
- Sí.

Y con ella en la mano, como tantas otras tardes, fue a sentarse en una de las mesas altas del ventanal. Está claro que prefiere que yo salga a hablar con él a quedarse en la barra hablando conmigo. 

Me salvó que acto seguido entraron dos paisanos del Toboso que hará un par de meses pasan por el bar algún que otro día a la semana tras su rutinaria visita al hospital. 

- ¿Pero con lo de Dulcinea y eso irán muchos chinos, no? -les pregunté la última tarde ante sus lamentos por la imparable muerte de su pueblo.
- ¡Qué va!...Bueno, de vez en cuando para algún autobús y hacen fotos de la Casa de Dulcinea.
- Bonito nombre.
- Ya no quedamos más que viejos allí. 

No sé qué pensarán de un tío con coleta. Claro que para ellos esto es poco menos que Madrid.

Un día más hablaron de los buenos tiempos trabajados aquí. Uno de ellos se sentía especialmente orgulloso por haber sido el único encargado en vallar todo el perímetro de la obra que luego sería el hospital.

- Yo solo. Pim, pam, pim, pam...Enterico. 

Cogí el teléfono y vi que en Forocoches se trataba una vez más sobre el mejor disco de Iron Maiden.

Se fueron poco después de apurar sus soles y sombras. 

Salí de la barra no sin antes abrir un tercio. Después de todo sólo me faltaba media hora escasa para largarme y sé que mi conversación le hace bien a su depresión.

- Es curioso -dije- He estado leyendo algo y con Maiden me pasa algo parecido a los Simpsons: he escuchado menos discos de los que han publicado.

Sonrió y una vez más empezamos a hablar de música.

Controla muchísimo de ese tema. Me supera, lo reconozco. Pero sólo podemos ir por ahí. En todo lo demás, y como tantos otros, es inabordable: dogmático de cajón, todavía cree fervientemente en todo lo que creyó por primera vez, a pesar de todas las durísimas hostias vitales que se ha llevado a causa de las leyes promulgadas por aquellos a quienes defiende. Toda su apertura musical, su sapiencia, se estremece ante las esqueléticas ideas de la sociedad en la que vivimos. Y ahí yo no entro. Capeo como a un toro recién salido de los corrales y poco a poco lo dejo en el centro con la música.

Oyendo su panegírico de Anthrax con el que en mi interior no estaba muy de acuerdo fue que Jorge entró al bar. Un buen tío algo más joven que nosotros, un currante por cuenta propia, un rockero que va a su marcha, una de esas personas que no necesita hablar para estar a gusto en un bar.

Venía hasta los cojones, todavía con la ropa de trabajo puesta.

- ¡Una Voll-Damm?
- No, Kufisto. Hoy me vas a poner un gintonic.
- Con dos huevos, di que sí.
- ¡Qué día!
- Jajaja...

Y fue que la conversación pasó de dos a tres bandas, pues tal era la situación de las bolas: yo en la barra, Jorge tras ella y Jose empeñado en no moverse de la mesa del ventanal. 

Jorge no tiene ni la mitad de la mitad de la mitad de idea del rock que yo; no digamos que de Jose. Pero Jorge ha aprendido. Sospecha. Y por eso me gusta hablar con él.

No, no hablamos de nada "profundo"; soy camarero y sé con quien hablo. Uno no va por ahí enseñando todas sus cartas a menos que sea imbécil o tenga veinte años. Pero sé ver en los modos de la gente. Y eso es algo que se ve casi al toque si tienes la suficiente experiencia.

Abrí otra cerveza. Jose cedió un tanto y quedó a medio camino entre el salón y la barra. La conversación sobre la música había retomado el vuelo. Jorge abominaba de la educación musical actual a cuenta de lo que oye de boca de sus sobrinos. Ni él ni yo tenemos hijos. Jose si, varios y desde hace tiempo mayores de edad. Apenas tuvo tiempo para verlos crecer. Ahora se va con ellos de conciertos masivos cuando puede.

Salí a fumar a la puerta del bar. Jorge callaba, escuchándonos. Hablé de un concierto del año que viene, una especie de festival con Def Leppard y Motley Crue. Jose removió en sus recuerdos para encontrar la vez que vio a los primeros en la gira del "Hysteria" Ha estado en más conciertos que yo de putas.

- Pues se hace en el auditorio "Miguel Ríos" -dije- ¿Donde coño queda eso?

Y entonces, ante el silencio, Jorge habló para decir donde quedaba. 

- Ahí vi yo a Extremoduro hará tres o cuatro años.


Llegó mi hermano para el relevo. Cogí mis cosas, el tercio y salí de la barra ya un tanto aligerado de la pesadez que me había embargado durante todo el mediodía. 


Jose estaba con los cascos puestos en la mesa del ventanal cuando me fui tras beberme la tercera cerveza con Jorge.


Ni miró cuando dije adiós.

martes, 25 de octubre de 2022

CAPABLANCA

 Cualquiera puede hacer una "jugada de máquina" en una posición dada, incluso quien no sabe jugar al ajedrez. Como con todo, también aquí se miente desde el principio o, para ser más exactos, no se dice lo que en verdad es. Una jugada de máquina no es sino la primera de una serie de ellas, todas únicas entre el abanico que va extendiéndose con las excepciones forzadas de los obligados intercambios de piezas. Una jugada de máquina es una exacta combinación de movimientos que conducen a la ventaja decisiva. Una jugada de máquina son varias jugadas de máquina dentro de una combinación correcta de principio a fin. Una combinación de máquina no admite segundas opciones: o haces la mejor en cada movimiento o pierdes. Eso es una "jugada de máquina" Por esto son tan asombrosas y por ello sólo las máquinas son capaces de encontrarlas.

Muchas de las partidas más bonitas de la historia del ajedrez están llenas de errores por ambos bandos. Cualquier módulo de nuestros días las analizaría entre carcajadas si pudieran reír, pero se conforman con presentar ante nuestro ojos la pura verdad de las variantes correctas a tanto desatino. Para ellas, para las máquinas, las centenarias partidas de Morphy, Anderssen, Staunton, La Bourdonnais, Zukertort o el mismo Steinitz son un sindiós, algo así como un huevo frito en Fairy. Todas aquellas maravillosas partidas que tanto placer te causaron al reproducirlas sobre el tablero de madera eran mentira en su mayor parte. Mentira. Aquella belleza no era sino pura ilusión. Después de todo sólo eran hombres jugando al ajedrez y no máquinas creadas para jugar al ajedrez.


Apenas había empezado a amanecer cuando la yonki rompió la cinta de entrada a un nuevo día en el bar. 

- ¡Kufisto!
- ¿Qué? 
- ¡Dame un mechero, por favor!

Un mechero. Hoy tocaba un mechero. Nunca la había visto tan temprano

- No tengo, hermosa.
- ¡Por favor! -dijo en ese tono plañidero- ¡por favor!...

Recordé que al ponerme la chaqueta había encontrado uno en el bolsillo aparte del que llevaba en la mano.

- Voy a ver
- Por favooorrr

Se lo di. La llama era floja pero quizá le sirviera para hacer base.

- ¡Gracias, gracias, gracias!

Un buen acto, una buena acción. "Da de comer al hambriento y de beber al sediento" Pues más o menos. Ella quería un mechero y yo se lo di. Un mechero, nada más. Yo no soy su padre ni su guardián, sólo soy otro al que le pide cosas y a veces se las da sin esperar nunca nada a cambio. 

"¿Y para qué quieres el mechero? ¿Quieres fuego, un cigarrillo? Yo te lo rulo de los míos y te doy fuego, salimos a la puerta y nos fumamos un pito ahora que está amaneciendo...¿Pero para qué quieres un mechero tan tirada y desesperada a estas horas de la mañana? ¿Tienes algún problema? ¿Quieres que hablemos?"

No, la cosa no funciona así. Ni para ella ni para mi.


- ¡Kufisto! -dijo un buen cliente
- ¿Qué?
- ¿Como te va la vida?

Sonriendo, serví los dos vinos blancos.

- No creo que esa sea la pregunta correcta -respondí un tanto anonadado al oírme.
- ¿Y eso? -dijo sorprendido.

Ya no había marcha atrás.

- Pues...Creo que es la vida quien se pregunta como le va conmigo...¡O con nosotros! -añadí riendo. Y ellos también rieron.


Algo más jóvenes que yo, en la edad donde las mujeres han dejado de sangrar o están a punto del cierre total de la escotilla, las dos buenas amigas vinieron a tomar las cervezas de su día de descanso. El mediodía estaba tranquilo, muy tranquilo, y me senté con ellas en una de las mesas altas del ventanal. Ninguna de las dos fue nunca una flor pero en una noche muy antigua me follé a la pequeña en los wateres de un garito después de meternos unos tiros de coca.

Siempre hablo un poco con ellas cuando vienen al bar; les digo algo mientras dejo los servicios y poco más. Pero hoy, cosa rara, necesitaba estar con alguien y como no había sino poca gente y de confianza me senté con ellas.

Poco a poco se fueron los restos y nos quedamos solos. Eran casi las tres de la tarde cuando abrí mi segunda cerveza por la tercera de ellas. La conversación fluía sin dificultad entre alguna que otra salida mía a la puerta para fumar. La otra se fue al water y quedé solo con la pequeña.

- ¿Como estás, Kufisto?
- Bien

Sonrió.

- Es raro -dijo.
- ¿Qué?
- Pues eso...Que estés aquí...con nosotras...
- Bueno, había poca gente...
- Ya...Pero eso no lo haces siempre.
- Sí...Será que hoy no quería estar solo sin necesidad...Es raro, sí.


La cosa cambia con Capablanca. Muchas máquinas le dan como el mejor jugador humano de la historia, aquel que cometió menos jugadas erróneas en su carrera. 


El juicio de la máquina no se basa en tus buenas jugadas.