domingo, 12 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (15)


 

 

Escena 15-A

 

Descripción: Volvemos a encontrarnos con un plano aéreo (ahora nocturno) de Los Ángeles aunque a menor altura. Ya no estamos en el centro financiero de la ciudad con sus grandes rascacielos de oficinas sino en lo que parece uno de los barrios con hoteles baratos. La cámara cambia a plano fijo de uno de ellos llamado Park Hotel. El luminoso es azul con la palabra Hotel iluminada de rojo. La fachada se ve deteriorada. Es un viejo edificio con escalera de incendios.

En su interior vemos a un hombre mayor subiendo apresuradamente las escaleras hasta llegar al rellano de la habitación 16 cuya puerta es roja. La pared está desconchada. El hombre viste una camiseta blanca y luce un gran y cuidado mostacho blanco, la descuidada barba es canosa pero sin embargo el cabello es totalmente moreno. Golpea la puerta por dos veces y al final se abre hacia afuera. Es Adam y lleva la misma ropa manchada de pintura rosa.

- ¿Qué pasa, Cookie? 
- Lo siento, señor Kesher, pero hay problemas con su tarjeta de crédito -responde Cookie con marcado acento hispano.
 
Ahora vemos claramente el rostro bien iluminado de Cookie y nos fijamos en sus ojeras hinchadas típicas del bebedor. Habla con mucha educación y cierta simpatía que no por ello logra mitigar la extraña fijeza con la que mira a Adam.
 
- ¿Qué? -contesta un sorprendido Adam- Te pagaré en metálico, Cookie.
- Escuche, han venido dos tíos de su banco.
- ¿De mi banco? ¿Como sabían que estaba aquí?
- No lo sé.
- ¿Qué han dicho?
- Me pidieron que le dijera que su cuenta está vacía y que le han cancelado las tarjetas de crédito.
- ¡Eso es increíble!...Bien, mira, no sé qué está pasando pero debe ser algún malentendido -dice Adam con sonrisa de compromiso- Tengo suficiente dinero en metálico...
- Lo sé, lo sé -responde Cookie tranquilizador- No se preocupe. Pero lo siento, es mi deber informarle que se esconda de quien se esconda saben donde está.
- Bien.
- Lo siento -dice Cookie cerrando la puerta.
 
Un travelling por fuera del decorado nos lleva al interior de una desastrada habitación. Adam, estupefacto, parece no saber qué hacer hasta que ve el teléfono y marca un número. Las paredes están aún más desconchadas que en el exterior. Al fondo vemos un cochambroso sofá rojo y un cuadro de la virgen de Guadalupe.
 
Una mujer joven levanta el teléfono. Es morena, de pelo corto, ojos claros, labios y uñas pintadas de rojo intenso y piel muy blanca. Lleva las manos llenas de anillos dorados y luce un gran collar de lo que asemejan perlas rojas con un medallón del mismo color.
 
- ¿Diga?
- Alguien me ha dejado sin dinero -responde Adam.
- Lo sé. ¿Donde estás, Adam?
- ¿Perdona? ¿Como que lo sabes?
- Alguien llamó y me dijo que estabas totalmente arruinado. No le creí e hice unas cuantas llamadas.
- ¿Y?
- Estás arruinado.
- ¡No estoy arruinado!
- Lo sé pero estás arruinado. ¿Donde estás?
- Estoy en el centro, en lo de Cookie.
- ¿Conoces a alguien llamado el Cowboy?
- ¿El Cowboy?
- Sí, el Cowboy...Pues este tío quiere verte. Jason piensa que sería una buena idea.
- ¡Ah! ¡Jason cree que sería una buena idea ir a ver al Cowboy!...¿Qué se supone que debo llevar? ¿sombrero de ala ancha y un revólver?
- Algo me dice que él está relacionado con todo lo que está pasando. Creo que deberías hacerlo y creo que deberías hacerlo ahora mismo.
- ¿Qué está pasando, Cynthia?
- Ha sido un día muy extraño.
- Y cada vez lo es más...¿Donde encuentro a ese Cowboy? ¿tengo que ir al rancho?
- Más o menos, graciosillo. Si le digo que vas a verlo...Tendrás que subir el Beachwood Canyon. Allí arriba hay un corral. Él estará allí.
- Me estas tomando el pelo.
- ¿Irás a verlo?
- Sí, claro. Es que llevo un día...¿Cuando?
- Lo llamo ahora mismo y te vuelvo a llamar...Oye, puedes quedarte en mi casa si quieres...
- No creo que sea una buena idea, Cynthia.
- ¡Sólo te ofrecía un sitio!
- Y te lo agradezco. Ya encontraré algo. Pégale un grito a ese Cowboy y llámame.
- Vale, pero no sabes lo que te pierdes.
- Adelante, pichoncita, y vuelve a llamarme. 
 
Adam cuelga el teléfono. 

Interpretación: "¿Adam Kesher?" volvía a preguntar el buen Kenny en la casa desmayada. Vamos a ver donde está Adam.
 
La introducción a la escena es exactamente igual a la primera aparición de Adam sólo que ahora es de noche y lo que se nos muestra desde los cielos ya no parece tan glamouroso, algo que queda meridianamente claro cuando vemos el luminoso del Park Hotel en contraposición con la magna y dorada placa de Ryan's Entertaiment. 

El luminoso es azul y como tal señala que vamos a asistir a otra transición, que vamos a obtener más información. El hecho de que "Hotel" esté iluminado por un rojo intenso ya debería indicarnos algo acerca de su interior. Como venimos diciendo el rojo en Mulholland Drive (y en toda la filmografía de Lynch) nos habla acerca del sexo en primer término y casi siempre acompañado por el peligro asociado a las luces rojas. 

Cookie, el nuevo personaje, se comporta de forma muy curiosa. Evidentemente se trata del casero del hotelucho y tiene un aspecto en consonancia a su entorno: viste en camiseta, tiene cara de borracho pero sin embargo trata a sus inquilinos como si fuesen de lo más distinguido. Y aunque esto podría tener sentido en lo tratante a Adam, "el director de cine que está muy por encima de los demás", no deja de resultar sorprendente. Y aquí es donde debemos hacernos la primera pregunta: ¿qué hace Adam en un sitio como ese cuando todavía creía disponer de todo su dinero? Adam no creyó que nadie le estuviera buscando cuando destrozó la limusina de los Castegliani porque se fue a casa con toda tranquilidad cuando de otra manera se hubiera ido a esconder en algún sitio. Es sólo tras su desastroso descubrimiento que él se va a buscarse otro sitio. Y entonces...¿por qué el Park Hotel? ¿por qué no un buen hotel? o, mejor aún ¿por qué no llamar a uno de los innumerables "amigos" que todo hombre exitoso tiene en una gran ciudad con el fin de no estar solo en unos momentos tan complicados? ¿Qué estamos viendo? ¿Qué estamos viendo de verdad?
 
Vayamos hacia atrás. En su primera aparición vimos a Adam en la cumbre, seguro de sí mismo y de su talento. ¿A quien nos recuerda esto? Luego vino la caída ante los hermanos Castegliani (provocada por los otros y no por él) y después el desastre en su hogar que ahora tendrá la culminación con la "increíble" noticia de su ruina financiera. 

Cuando Diane llegó a Los Ángeles lo hizo con el dinero del testamento de tía Ruth en el bolsillo y una inmensa confianza en sí misma y en sus posibilidades de llegar a ser una gran actriz y ¿por qué no? una gran estrella de Hollywood. Diane tenía el dinero suficiente como para dedicarse a tiempo completo a conseguir su sueño y al mismo tiempo vivir en una zona más o menos bien de una mega ciudad como Los Ángeles, por no hablar de los contactos que su tía le dio para iniciarse en el negocio pero...ni el dinero podía durar eternamente en una ciudad tan cara ni los contactos de su anciana tía tenían la chispa de los buenos tiempos como luego nos enteraremos en la audición por boca de Martha Johnson ("la mejor directora de casting") cuando dice que el tiempo de Wally Brown (el productor de la película amigo de tía Ruth) ya pasó y que ahora no es nadie. Entonces, ¿qué paso de verdad con Diane?
 
No es difícil de entender que una chica joven ilusionada y llena de esperanzas recién llegada a Hollywood pensara que todo no podía sino salir bien. Pero la realidad es tozuda y en algún momento se dio cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles: el dinero empezó a ser un problema, los deseados papeles en el cine no llegaban y Diane tuvo que dejar su apartamento para irse a una habitación del Park Hotel; y no sólo eso sino que también tuvo que empezar a trabajar como camarera en el Winkie's porque el dinero del testamento ya no le daba para pagar sus deudas. Y con todo y con eso llegó el día en el que no tuvo ni para pagarse la habitación. Entonces fue que Cookie (atentos al nombre) le dijo que la cosa no podía seguir así y que Diane tendría que pagarle de alguna manera. Y Diane pagó de la única manera que una mujer joven y bonita puede pagar llegado el momento de elegir entre eso o dormir en la calle. Entonces sí, entonces entendemos lo que estamos viendo con el errático comportamiento de Adam, su alter ego en la fantasía de lo que Diane deseaba conseguir.
 
¿Y Cookie? ¿quien es Cookie?...Cookie fue su casero pero también fue algo más. Cookie no deja de sonarnos a cocaína y este es el segundo indicio (el primero es cuando cae en el sueño) de que Diane consumía drogas y Cookie fue su proveedor en aquellos malos tiempos, otro motivo más para pagarle de alguna manera. Que Diane fue una consumidora de cocaína no debería extrañarnos conociendo el ambiente del que formaba parte y donde la cocaína corre como ríos. Es la absoluta inocencia de Betty al entrar en la fantasía lo que nos impele a rechazar esta idea pues resulta inimaginable que una chica así ande en esas "cosas" pero como pronto veremos ni aún siendo Betty la soñadora Diane puede evitar la memoria de otro hecho vergonzoso del que ahora, en su actual estado de desesperación, se arrepiente sumándose a tantas otras decisiones equivocadas que la han conducido a su actual estado mental.
 
Cookie, con su gran bigote blanco y su camiseta blanca fue el camello de Diane. Y por esto Cookie, un "brujo malo", será quien presente a Rebekah del Río en la escena del club Silencio para interpretar "Llorando" hasta caer muerta ante Betty y Rita. 
 
El modo en el que Cookie se conduce ante Adam es irreal porque no fue real. Esperar que el casero de un hotel como ese te hable de esa manera ante la falta de pago no tiene ningún sentido. Cookie, evidentemente, jamás le habló de usted ni con tanto respeto a Diane sino que fue completamente al revés, a modo de espejo como en tantas otras escenas de la fantasía. Cookie trataba a Diane como una tirada más y era Diane la que intentaba ser respetuosa con él ante las dificultades económicas por las que estaba atravesando. Pero Diane, en la fantasía, no puede evitar presentarnos a Cookie como un tipo de mirada inquietante que supera toda su pretendida educación.
 
 

MULHOLLAND DRIVE (XXXIV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (14)

 


 

Escena 14

 

Descripción: Kenny (uno de los guardaespaldas de los hermanos Castegliani) baja de la limusina dañada para dirigirse hacia la puerta de la casa de Adam. Toca el timbre pero se da cuenta de que la puerta está abierta y pasa adentro. En su interior se detiene junto a la bolsa de los palos de golf y exclama:

- ¿Adam Kesher?

Lorraine sale de la cocina y se dirige hacia Kenny muy enfadada. Todavía lleva puesto el vestido manchado que vimos en la escena anterior.

- ¡Piérdete! -grita lanzándose hacia él.
- ¡Es la casa de Adam Kesher! -responde Kenny.
- ¡Y una mierda! ¡Lárgate!
 
Lorraine golpea el pecho de Kenny con la intención de echarle y este se la quita de encima con un manotazo.
 
- ¿Adam Kesher? -insiste Kenny.
 
Lorraine se cuelga de la espalda de Kenny golpeándole la cara e intentando un mataleón.
 
- ¡Largo de aquí! -grita Lorraine- ¡Él no va a volver! ¡Nunca!
 
En ese momento aparece Gene.
 
- Creo que no entiendes su idioma -le dice a Kenny- ¡Ha dicho que te vayas! -y diciendo esto se acerca a Kenny para enfrentarle y recibe un fuerte puñetazo que lo deja ko en el suelo.
- ¡Gene! -grita Lorraine- ¡Fuera! ¡Fuera! -insiste mientras sigue intentando el mataleón.
 
Y Kenny cierra el puño y golpea a Lorraine que cae al suelo. 
 
- ¿Adam Kesher? -repite Kenny.
 
Interpretación: En la cinematografía de la película (y del mismo sueño) esta escena es necesaria para mostrarnos que Adam está siendo perseguido y que podamos entender lo que va a ir ocurriéndole. Ahora tenemos a dos personajes en busca y captura: una es Rita y el otro es Adam.
 
Lo primero a tener en cuenta es la canción que suena durante toda la escena al igual que antes consideramos "The Beast" durante el descubrimiento de Adam de la infidelidad de su esposa. El tema que oímos es un clásico del blues escrito por Willie Dixon titulado "Bring it on home", es decir, "llévalo a casa" ¿Y a quien lleva a casa la soñadora-justiciera? A Kenny, uno de los matones de los Castegliani.
 
Kenny, en la lógica del sueño, va en busca de Adam pero Diane, la soñadora, lo ha sacado del escenario para que Kenny no se encuentre con él y sí con Lorraine y Gene a quienes deja sin conocimiento con dos solos pero tremendos puñetazos. Entonces lo que estamos viendo no es una paliza a Adam (el hombre que le quitó la novia) sino una paliza a quienes se rieron de él (su esposa y el amante) En la lógica de la narrativa convencional esto es algo que tampoco encaja pues Adam se va de rositas y los supuestos "amigos" de la celosa Diane reciben su merecido. Y esto es así por todo lo que venimos diciendo acerca de quien es realmente Adam en la fantasía.
 
Diane introduce a Kenny como vengador, pero no de Adam sino de los infieles (sus abuelos) Esta es Diane ajustando cuentas a sus abusadores. ¿Y quien es Kenny? Bien, teniendo en cuenta la dualidad que recorre Mulholland Drive de principio a fin Kenny no puede ser sino "la bruja buena" en contraposición a "la bruja mala" representada por el camarero de la reunión en Ryan's Entertaiment. Allí vimos como Diane presentaba a otro de sus abusadores como un patán asustado ante el dominio de los hermanos Castegliani y dijimos que, claramente, ese tipo no pudo ser otra cosa en la vida real de Diane que un portero de club, un macarra que la maltrataba y así es que ella se venga en la fantasía dibujándolo como un tipo ridículo y cobarde. Pero con Kenny es diferente. Kenny nos cae bien. Kenny es un tipo al menos tan grandón como el otro pero Kenny imparte justicia y estamos con él cuando se quita de en medio a Lorraine y a Gene pues su comportamiento con Adam fue tan escandaloso que simpatizamos con que reciban un castigo. ¿Y entonces quien es Kenny? Kenny no pudo ser otra cosa que otro portero de club que al revés que el camarero sí la ayudó cuando Diane ejercía como prostituta en los clubes de alterne. Kenny es un hombre de pocas luces pero es bueno y por esto Diane lo trae a su fantasía, "lo lleva a casa", para que la defienda de quienes abusaron de ella tal y como Kenny la defendía cuando algún subnormal se propasaba con ella en los clubes de striptease donde trabajaba.
 
Por último es de notar que cuando Adam golpea la limusina de los Castegliani, Kenny no se baja del coche a pesar de estar sentado en el asiento del copiloto y ser el más cercano a Adam; es el conductor del otro lado quien sale de la limusina. Kenny es un aliado de Diane y no puede hacerle daño a Adam.
 

viernes, 10 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXIII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-C)


 

 

 Escena 13-C

 

Interpretación (continuación): Nada más entrar a casa de tía Ruth (no llegan ni a cerrar la puerta) Rita y Betty se cogen de los brazos y Rita, con una gran sonrisa de esperanza, exclama "¡Diane Selwyn! ¡Quizá sea mi nombre!" Si nos fijamos con atención vemos que Betty queda desconcertada. Betty, la personalidad principal de Diane en la fantasía, también parece recordar algo y ese "algo" le dice que eso no suena bien. Por otro lado el hecho de que la información se revele en el apartamento y no en el Winkie's nos cuenta del miedo de Diane a salir de su refugio: todas las cosas malas que les ocurrirán serán fuera de su nido de amor tanto en la salida hacia Sierra Bonita como poco después en la del club Silencio. Es en el apartamento de tía Ruth donde Betty conoce a Rita, es en el apartamento de tía Ruth donde mantienen el divertido ensayo de líneas, es en el apartamento de tía Ruth donde Betty transforma a Rita y es en el apartamento de tía Ruth que al final tendrán el deseado encuentro sexual: fuera de allí todo sale mal. Y esto es una revelación de como Diane ve desde la distancia la relación que mantuvo con Camilla: Diane, ahora, lo hubiera dado todo (hasta sus aspiraciones de convertirse en una estrella) por haber tenido a Camilla para ella sola porque finalmente se ha dado cuenta de qué era lo más necesario para ella. Pero eso es imposible en la vida real y también lo será en el sueño.

Rita no recuerda su nombre (Camilla) sino el de Diane porque, como venimos diciendo, Rita no es Camilla, al contrario: Rita es parte de Diane y por eso es que el nombre que recuerda es el de Diane, igual que antes recordó su viaje a Mulholland Drive, viaje que nunca hizo Camilla y sí Diane. Rita no recordará nada de Camilla durante toda la fantasía.

Ya en el sofá buscan el nombre de Diane Selwyn en la guía telefónica. Betty lo encuentra y dice que va a llamar. Y entonces se inicia un diálogo importante por revelador.

Lo primero a señalar es que Betty dice "Es extraño llamarse a sí misma" a lo que Rita responde "Quizá no sea yo". Es aquí donde empezamos a notar el desconcierto de Diane ante la deriva que está iniciándose en su sueño con el descubrimiento de su verdadero nombre, de su auténtico ser: las dos personalidades principales en la fantasía la están buscando para saber por donde seguir la aventura ante el peligro que se cierne sobre ellas. Ese "es extraño llamarse a sí misma" de Betty, su personalidad salvífica, resuena como si fuese la propia Betty quien está tratando de ponerse en contacto con Diane, la guapa camarera del Winkie's a quien acabamos de ver y que, decepcionada, se marchó tras saber que Betty no quería nada más que el café. Y al colocar el teléfono entre las dos cabezas se pierde toda privacidad porque Rita también va a oír la conversación y entonces salta el contestador automático. ¿Qué habría pasado si Betty hubiera hecho privada la llamada? ¿habría saltado el contestador o hubiera respondido la verdadera Diane avisándole del peligro que corría si seguía al lado de Rita? Recordemos que Diane no mira a Rita en ningún momento de la secuencia en el Winkie's, ignorándola mientras mira con ternura y cariño a Betty. Y si antes era Rita quien decía "quizá sea mi nombre" ahora es Betty quien dice estar llamándose a sí misma mientras Rita parece entender que quizá no sea ella.

"Hola, soy yo. Deja un mensaje" responde el contestador y Betty cuelga de inmediato. ¿Por qué no deja un mensaje? ¿por qué no concertar una cita? ¿por qué ese temor? porque Betty se da cuenta de que Diane no es Rita sino ella misma y de ahí la cierta ansiedad que notamos en Betty cuando Rita dice "esa no es mi voz, ¡pero la conozco!" a lo que Betty responde al momento mezclando mentira y verdad cuando dice que tal vez no sea la voz de Diane Selwyn sino la de su compañera de piso para desviar cualquier atisbo de memoria en Rita que pudiera dificultar la naciente relación entre las dos: Betty mintió antes al llamar a la policía y miente ahora al reconocerse en el teléfono. Su inocencia se está perdiendo y todo por el enamoramiento que, también en el sueño, empieza a sentir por Rita. Y cuando Rita asiente a la sugerencia de Betty de que quizá Diane pueda revelarle quien es vemos a Betty mirarla con alivio: Betty sigue al mando, Rita sigue a su lado y de momento todo parece controlado.

Otro punto importante es que aquí nos enteramos de que Diane y Camilla fueron compañeras de piso, algo que se recrea en la fantasía pues Betty y Rita viven como tales aunque con los papeles intercambiados: Betty manda y Rita obedece de la misma manera que Camilla mandaba y Diane obedecía.

Color: Las dos rosas azules en la mesa del Winkie's a modo de señal de la transición que se producirá con el conocimiento del nombre de Diane Selwyn al mismo tiempo que su imposibilidad (una rosa azul) nos habla del fracaso en la relación más el añadido que la rosa azul tiene en Lynch como conector de dos mundos, esto es, el mundo soñado y el mundo de quien sueña.

El rosa pálido de la camisa de la camarera es signo de como se veía Diane cuando trabajaba en Winkie's cuando aún estaba fuera de la prostitución. No es el rosa acusado de la inocente Betty pero todavía mantenía algo de la inocencia y la fe en el talento de su llegada a Hollywood.

Paralelos intertextuales: Betty es atendida por Diane y Diane será atendida por Betty, allí intentando ayudar a Rita y aquí pagando por matar a Camilla.

martes, 31 de marzo de 2026

¡GREGORIO! ¡GREGORIOOO!

 - ¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!
 
 
No fue un buen sueño. Desperté un par de veces y a la tercera, todavía con una hora de reloj hasta la diana del despertador, me levanté de la cama, desayuné, me aseé y me vestí tras dudar un tanto qué ponerme. Abrí la puerta del salón donde encierro a la escandalosa gata por las noches, salió disparada hacia la habitación en la que le tengo puesto el cagadero, encendí el ordenador y un cigarrillo, llené el bebedero y el comedero de la cabreada gata que ella atacó con fruición, puse "La Metamorfosis" de Kafka en el móvil y navegué un rato por la Red sin adentrarme mucho y dejándome llevar. El tabaco hizo su efecto de todos los días, fui al baño, solté un gran lastre que me dejó más liviano, cogí la citación y las llaves, me rulé otro cigarrillo para cuando terminara, me perfumé discretamente, eché un vistazo al espejo del recibidor y tras despedirme de la extrañada gata bajé a la cochera.
 
"Estaría bueno que no arrancara el coche" pensé al hacer contacto. Y así pasó que de primeras se caló, cosa rara. Pero no fue a más y subí la rampa de acceso a la calle.
 
Un gilipollas con un mini coche había aparcado de tal manera que se les había arreglado para ocupar dos plazas. "Hay que ser hijo de puta" En cualquier caso encontré una plaza libre algo más adelante junto a una iglesia moderna, la misma donde se celebró el funeral de mi padre.
 
Hacía fresco y caminé a buen paso hasta la puerta de entrada. Desde fuera parecía estar vacío pero al abrirse la puerta automática vi que dentro había gente. Recordé la escena de Betty y Rita en el Winkie's de Mulholland Drive. Un joven calvo, con barba y de baja estatura estaba en recepción junto a dos mostrencos de Seguridad. Saqué mi citación y se la di al solícito recepcionista que la pasó por una máquina que le devolvió un ticket. El chaval me devolvió los documentos indicándome por donde debía ir, se lo agradecí y le dije que de todas formas estaba esperando a alguien. Y allí quedé, esperando mientras miraba el cercano panel de anuncios y el deambular de personal y visitantes.
 
La cuidada barba del calvo y pequeño recepcionista trajo a mi memoria una sentencia de Schopenhauer leída hace un par de días en la que el lúcido filósofo alemán venía a decir que la policía debería perseguir y castigar a los barbudos pues asemejan enmascarados pretendiendo esconder algo. Los gorilas iban equipados con sendos chalecos de keviar, lo que no dejó de sorprenderme. Las jóvenes trabajadoras de mantenimiento que pasaban ante recepción eran obsequiadas con simpáticos comentarios del pequeño calvo barbudo que respondían de buen humor. "No te comes una rosca" pensé. Y entonces, por uno de los largos pasillos, apareció María.
 
Es mi prima y aún con sus casi cincuenta años sigue estando buena; es más, muy buena. Claro que yo soy su primo hermano y para mi no es una mujer ni nunca lo ha sido, entiéndaseme, pues entre mis incontables vicios y defectos no se encuentra el de desear follarme a mis familiares hembras aunque quizá esto también sea ya algo caduco por insano y de otro tiempo. En cualquier caso noté que el calvo y los robocops nos miraban, bueno más a ella que a mi, claro, aunque fui yo quien se llevó dos buenos besos. Y así echamos a andar por donde ella había venido.
 
Durante el trayecto le pregunté si no se iba de vacaciones y respondió que sí, que al día siguiente se iría con su marido y su hija a visitar a sus suegros. La niña tiene once años y ya se barrunta que será una mujer de quitar el hipo pues el padre tampoco es Quasimodo, lógicamente. Recordé aquella frase de Bukowski en la que decía que al caballo ganador se le ve en la línea de salida.
 
La sala de espera estaba casi llena pero pude encontrar un buen sitio desde donde ver la pantalla de información. María, enfundada en su bata blanca y envuelta por las miradas de todos los hombres no demasiado deteriorados, pasó adentro y luego salió para decirme que volvería cuando me llamaran. Y allí quedé con mi ticket y la citación.
 
"R5K3" Era como una notación de ajedrez. Pensé en el Torneo de Candidatos que está en marcha en Chipre. Ayer pasé la tarde viendo las partidas. El ruso estuvo a punto de ganar al odioso yanqui de origen japonés pero al final no pudo ser.
 
Un señor mayor que me recordaba a un cliente "especialito" del viejo bar estaba bregando en compañía de su silente esposa con una de las recepcionistas. Algo relativo a un error con las citaciones. El tío, un tanto soberbio, fue calentándose aunque la cosa no pasó de ahí y tras sus buenos quince o veinte minutos dejó sitio para el siguiente, que tampoco estaba allí por gusto.
 
Los códigos se sucedían en la pantalla anunciados por un sonoro toque de timbre, algo de agradecer pues pronto me di cuenta de que en esas circunstancias uno entra casi en estado de hipnosis de tanto mirar la pantalla por miedo a perder de vista su turno. De verdad tuve ganas de dormir y si hubiera cerrado los ojos creo que lo habría conseguido. No sé qué le echarán a las pantallas de los hospitales que adormecen hasta a los insomnes como yo. Supongo que serán del mismo palo en las cárceles.
 
Vi unas cuantas moras con el hiyab bien puesto, algunas en grupo y otras con los maridos pero ninguna sola. Junto a mi se sentó una señora mayor del terreno con su hijo adolescente en silla de ruedas, nada grave, es decir, nada permanente, algo de la rodilla que llevaba escayolada, tal vez un accidente con el monopatín porque los ciclomotores hoy casi no se ven entre los chavales. Recordé las locuras que hacíamos con las vespinos y se me erizaron los pelos del antebrazo y me toqué las pequeñas cicatrices que aún conservo en el bigote y la frente de un hostión que yendo pedo y sin casco me di contra unas cepas.
 
Con una hora y pico sobre el horario previsto apareció mi jugada en la pantalla y entré al pasillo interior, consulta 48. Allí me esperaban un doctor de edad avanzada y una enfermera algo menos vieja y de aspecto cansado. Me senté en la silla ofrecida con el pensamiento de contar toda la historia, algo para lo que me había preparado pero que, como tantas otras veces, no tuvo lugar: casi nunca las cosas salen como imaginas.
 
María apareció un par de minutos después. El doctor miraba más su monitor con la información del caso que a mi y tampoco es que hiciera muchos comentarios. De cualquier modo me dio buena impresión. Recordé aquel buen y sabio médico de "Serotonina" de Houellebecq que le aconsejaba irse de putas de lujo para superar su casi increíble depresión. Finalmente me ordenó tumbarme en la camilla tal y como estaba, flexionó la pierna afectada y acabó por decir lo esperado: hay que operar y colocar una prótesis en la cadera. Firmé algunos papeles, se hicieron algunos esperanzadores comentarios relativos a la tardanza, "estaremos pendientes" dijo mirando a María y nos fuimos, despidiéndonos en un cruce de pasillos con otros dos besos. 

Nada más salir encendí el cigarrillo guardado. La mañana era espléndida y el sol empezaba a calentar. Pensé en mis paseos por los molinos, aparcados desde noviembre. "Un año...dos, a lo mejor antes"
 
Arranqué el coche y puse "La Metamorfosis"
 
 
Y estando ya cerca de casa el gran Artur Mas, el mejor narrador de audiolibros de toda la Cristiandad, dijo aquello de "¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!" y me reí con ganas.
 
 
 

viernes, 27 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-B)

 


 

 

Escena 13-B

 

Interpretación (continuación): Esta escena es una de las pistas más claras de la irrealidad de la fantasía.

Desde el mismo inicio del sueño tenemos la sensación subconsciente de que algo no está bien: el brutal accidente del que Rita sale ilesa, la solitaria secuencia hasta que cae dormida tras los setos de los apartamentos donde vive la tía Ruth (no se ve ni un sólo ser humano salvo la pertinente pareja de borrachos que la asusta obligándola a esconderse; ¿de verdad? ¿no hay nadie, nadie, por las calles de una mega ciudad como Los Ángeles?), la incómoda escena de Dan y Herb dentro de un Winkie's que parece poco menos que un barco fantasma, sin ningún ruido ni signo de vida normal con el resto de clientes haciendo poco más que de maniquís, la total ausencia de secuencias de transición (que sí vemos en el piloto)...Lynch elimina todo lo superfluo, todo lo que no afecta al desarrollo de la fantasía dando a entender el proceso de como funcionan los sueños donde un momento estás aquí y otro allí sin por ello resultar extraño dentro del mundo onírico, tal que una realidad cuántica donde sólo se procesa lo absolutamente necesario.

Uno podría pensar al ver el inicio de la escena que Lynch está jugando a ser preciosista con ese plano de Betty y Rita reflejadas en la cristalera de Winkie's pero esto no tienen ningún sentido, entonces ¿qué nos está enseñando Lynch? ¿es otra secuencia del tipo que vimos con el armario? ¿pretende Lynch que fijemos la atención en el fondo del plano más que en el reflejo? Sí, esa es la idea. ¿Y qué vemos entonces? Vemos que el Winkie's está cerrado, que no hay nadie tras el cristal, que está oscuro y con las persianas del fondo bajadas. Sólo cuando Betty y Rita entran es que aparecen los figurantes tan fantasmales como en la anterior ocasión y como lo serán el resto de espectadores en el club Silencio. No oímos hablar a nadie, no hay radio ni televisión de fondo, no hay el ruido típico en una cafetería, no hay nada salvo Betty, Rita y la camarera.

Toda la fantasía está constreñida en sus personajes principales. La ciudad prácticamente no existe, es una ciudad muerta. Sólo vemos fugaces destellos de actividad desde los callejones de Winkie's y de Pink's, siempre detrás de los personajes. Esta misma secuencia, evitando mostrar a Betty y Rita de camino hacia Winkie's es un signo de esto: lo importante no es por donde van sino hacia donde van. Y por esto cuando las veamos montadas en el taxi hacia el club Silencio veremos calles oscuras, a medio hacer y vacías, por no hablar del desierto aparcamiento del club. O la misma escena de la matanza de Joe evita en todo momento enseñar siquiera algo del normal ajetreo diario en un edificio de oficinas y sus aledaños. Para la desesperada Diane no existe nada más en el mundo que lo que la ha conducido a ese estado.

Dentro de Winkie's, sobre la mesa de Betty y Rita, vemos un jarroncito con dos rosas azules. Esta imposibilidad (una rosa azul) que representa a las dos mujeres proyectadas en la mente de Diane nos revela su condición de personajes en un sueño, por no hablar del significado que la rosa azul tiene en, por ejemplo, Twin Peaks como contacto entre dos mundos, entre dos realidades. Las dos rosas azules que Diane coloca en este momento de su fantasía es una revelación de como veía ella a sus dos personajes más queridos por deseados pero imposibles de conseguir. Y es justo ahí donde Diane, entre las rosas azules, provoca la "llamada" que conecte a Betty y Rita con Diane cual hilo de Ariadna porque Diane está en una situación crítica y necesita la ayuda de sus dos mejores amigas para salir del pozo en el que se encuentra. Y así ella misma se presenta en la fantasía en la figura de la camarera con su nombre escrito sobre el corazón: "¡soy yo, estoy mal, ayudadme!". "¿Nada más?" pregunta la camarera un tanto decepcionada. Primero la vimos cambiar una mirada de complicidad con Betty al servirle el café, "soy yo", y Betty parece responder llamándola por su nombre pero ahí quedó la cosa tras el repentino acceso de memoria de Rita. ¿Quería la camarera contarle más cosas a Betty, tal vez que no siguiera en compañía de Rita, el camino secreto hacia la perdición? La camarera sólo llena la taza de café de Betty y apenas mira a Rita, tal que si no estuviera allí. En la mente de Diane todo el mundo intentará apartarla de Rita, la antigua protagonista de su "película" y a quien la inocente Betty debía sustituir. Pero Betty, como Diane, tampoco pudo escapar al influjo del glamour que Rita representa en el cuerpo de Camilla.

(continuará)

jueves, 26 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXI): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-A)


  

 

Escena 13-A

 

Descripción: Betty abre el armario del dormitorio y extrae una gran caja azulada. Rita está mirándola de pie con el bolso negro en sus manos, vestida ya con una camisa blanca y un pantalón plateado. 

- Vamos a esconderlo -dice Betty.

Betty deja la caja sobre la cama, abre la tapa y saca un sombrero de su interior; entonces mira a Rita que deposita el bolso en la sombrerera; Betty introduce el sombrero encima, coloca la tapa y devuelve la sombrerera al armario que cierra. Luego le ofrece su mano a Rita a modo de pacto y esta la estrecha tras dudarlo un poco.

Primer plano de la cristalera del mismo Winkie's de la escena anterior. Vemos el mismo cartel de "usar la otra puerta" con la flecha indicadora. Reflejadas en el cristal aparecen las figuras de Betty y Rita caminando hacia allí.

- Ahí hay uno -dice Betty evidentemente refiriéndose al teléfono público que miró Dan al salir de Winkie's. La cámara sigue fija en la cristalera hasta que Betty y Rita entran en plano. Betty abre el bolso y coge unas monedas para hacer una llamada. Mientras espera comunicación mira a Rita que parece aprobar lo que Betty está haciendo.

- Policía de Los Ángeles -dice una voz femenina.
- Quiero informarme sobre un accidente que ocurrió anoche en Mulholland Drive -dice Betty.
- Le paso con Tráfico.
 
Betty se muerde el labio inferior. 

- Sargento Baker.
- ¡Hola! Estoy informándome...(Betty se detiene, mira a Rita y le guiña el ojo izquierdo) Anoche oí un ruido y me pareció un accidente de coche y quiero saber si hubo un accidente de coche en Mulholland Drive.
- Sí, lo hubo.
- ¿Puede decirme qué ocurrió? -responde Betty excitada.
- No, no puedo.
- ¿Hubo algún herido?
- ¿Me dice su nombre, por favor?
 
Betty cuelga inmediatamente.
 
- Hubo un accidente -le dice a Rita- No ha querido decirme nada pero es tu accidente, Rita, ¡lo sé! -termina entusiasmada cogiendo las manos de Rita- Quizás salga algo en los periódicos. Vamos, te invito a un café y lo miramos.
 
Betty y Rita están sentadas aparentemente en la misma mesa en la que estuvieron Dan y Herb. Sobre la mesa hay dos tazas de café y un jarroncito con dos rosas azules. Betty lee el periódico buscando alguna noticia sobre el accidente. 

- Tal vez fue muy tarde y no ha salido hoy -dice consternada.
- ¿No hay nada? -pregunta Rita.
- Nada que yo vea.
- Está bien -responde Rita cogiéndole la mano.
 
Una camarera con una camisa rosada aparece para llenar la taza de Betty. Es rubia, de pelo corto y ojos azules. Está perfectamente peinada y maquillada. Es muy guapa y sonríe. 

- Gracias -dice Betty-...Diane
 
En ese momento Rita mira a la camarera para fijarse en la tarjeta identificativa que lleva en el pecho: dice "Diane" y Winkie's Sunset Boulevard. Esto provoca que Rita tenga lo que parece un recuerdo.
 
- ¿Eso es todo? ¿quieren la cuenta? -pregunta la solícita camarera.
- Rita, ¿quieres algo?
 
Rita sigue mirando fijamente la tarjeta con el nombre.
 
- No, sólo el café -responde pensando en otra cosa.
- Denos la cuenta.
- Vale -dice la camarera que deja la cuenta sobre la mesa mientras la vemos irse.
- ¿Qué pasa, Rita? -pregunta Betty que ya se ha dado cuenta de la inquietud de su amiga.
- Ssshhh...Recuerdo algo. ¡Recuerdo algo!
 
Volvemos al apartamento de la tía Ruth con Betty abriendo la puerta y Rita entrando apresuradamente tras ella. Y ya dentro se cogen de los brazos y Betty pregunta:
 
- ¿Qué?
- ¡Diane Selwyn! ¡Quizá sea mi nombre!
 
Ahora las vemos sentadas en el sofá repasando una guía telefónica de Los Ángeles.
 
- D. Selwyn -dice Betty- Es el único. Voy a llamar.
 
Betty marca el número y coloca el teléfono entre las dos.
 
- Es extraño llamarse a sí misma -dice Betty durante la espera.
- Quizás no soy yo -responde Rita.
 
La cámara hace un zoom hacia sus rostros cuando oímos el contestador automático.
 
- Hola, soy yo. Deja un mensaje.
 
Betty corta la llamada.
 
- Esa no es mi voz -dice Rita- ¡Pero la conozco!
- Quizá no sea la voz de Diane Selwyn. Quizá sea tu compañera de piso. O si es Diane Selwyn podría decirnos quien eres.
- ¡Quizás!...¡quizás, quizás!
 
Interpretación: La escena se inicia con Betty decidiendo esconder el bolso de Rita en el armario del dormitorio. Ya hablamos en otra entrada del significado de ese armario, o más concretamente de la descarada decoración de las puertas. Y el hecho de que deposite la sombrerera sobre la cama (como también hará al final de la fantasía con la caja azul) nos indica que el subconsciente de Diane relaciona el contenido del bolso (es decir, el dinero) con su actividad como prostituta, algo además potenciado al ser guardado en el siniestro armario.
 
Diane viste a Rita como si fuese una página en blanco. De hecho la duda que experimenta Rita al ver ofrecida la mano de Betty se debe más a que no sabe su significado que a cualquier duda que aún pudiera albergar. En este momento Rita es casi un zombi a merced de Betty. Y esta empieza a actuar y ya no sólo de palabra: dice que hay esconder el bolso y esto es algo que jamás haría una niña buena pues esconder cosas es algo malo. Betty está cambiando a pasos acelerados.
 
La secuencia en Winkie's es muy importante para desentrañar la narrativa oculta en la fantasía. Que sea el mismo Winkie's donde vimos a Herb y Dan debería decirnos algo. Y que sea también el mismo Winkie's donde Diane y Joe se reunirán para cerrar el trato del asesinato de Camilla no hace sino subrayar la importancia de la localización, pues claramente Diane escogió ese lugar para hacer la transacción con el sicario porque allí se sentía segura. ¿Y qué diremos de que la camarera, guapísima, se llame Diane? En la escena con Joe veremos que su nombre es Betty y ni mucho menos es tan atractiva como en la fantasía. Pero no nos adelantemos. Primero intentemos explicar qué significó Winkie's en la vida de Diane. 

No es ninguna chifladura pensar que el dinero de la herencia de tía Ruth no pudo durar eternamente, ni mucho menos. Con toda probabilidad pronto empezó a escasear y Diane tuvo que ganarse la vida de alguna manera mientras perseguía su sueño. Muy pronto veremos a Adam en una escena que nos dirá cosas sobre esto. Pero ahora ciñámonos a la posibilidad de que Diane se empleara como camarera en ese mismo Winkie's antes de decidirse a entrar en la prostitución.
 
Diane trabajó allí, en el Winkie's de Sunset Boulevard, y la forma en que nos presenta a la camarera vestida en tono rosado nos revela que Diane todavía estaba fuera del juego sucio de la prostitución: se ganaba la vida honradamente pero su situación económica era mala, como vemos en la parte de realidad al comprobar que tenía una taza del Winkie's en su apartamento de Sierra Bonita, probablemente "descuidada" de su lugar de trabajo. Y entonces, ¿qué mejor manera para que Rita recuerde algo que llevarla adonde Diane trabajó y así poderle chivar un nombre, su nombre, pues en verdad Rita es Diane?
 
La llamada desde el teléfono público también nos cuenta cosas. Lo primero es que Betty está mintiendo (guiño incluido) y lo segundo que por primera vez la vemos mirar con deseo a la imponente Rita. Aquí ya empezamos a vislumbrar lo que acabará sucediendo pues esas miradas ya no son tan infantiles como antes. Y también es de notar que en su fantasía Diane no puede desembarazarse de la imagen de Camilla, de quien estuvo tan enamorada: la maquilla igual que se maquillaba Camilla, al contrario que hace con la camarera que evidentemente es ella con su pelo rubio corto y sus claros ojos azules.
 
Otra cosa a destacar es que Betty y Rita no paran de cogerse las manos, incluso los brazos. El deseo de Diane de hacer una sola persona de esas dos mujeres es meridiano: durante toda la fantasía las veremos cogidas de las manos, agarradas del brazo o apoyando la una a la otra. 

Sigamos la flecha del letrero y entremos a Winkie's a ver qué pasa.
 
(continuará)

miércoles, 25 de marzo de 2026

CLARO QUE ME ACORDABA

Era una noche como tantas otras. Yo estaba tan cabreado como solía estarlo. Sentado sobre la valla de publicidad encendí un cigarrillo. Ya por entonces mi padre me dejaba fumar en su presencia. A fin de cuentas estaba trabajando en el bar y eso daba ciertas licencias. Al principio no era así; claro que él lo sabía pero yo fumaba sentado en los barriles, en la zona ciega para la barra. En aquellos días se podían dejar los barriles de cerveza en la calle; llenos, quiero decir. Y además se sabía porque los vacíos estaban de pie y los llenos boca abajo. Y en estos nos sentábamos por evidentes razones. 
 
Recuerdo conversaciones que no olvidaré en la compañía de un anciano muy querido y respetado por todos nosotros. Él encendía su apestoso caliqueño y divagaba entre sus recuerdos. Yo escuchaba y de vez en cuando me reía: "¡Pero tío Victoriano!" En aquellos tiempos los tíos no eran sólo los sanguíneos. Allí, sentado en un barril lleno de cerveza, escuché las mejores historias de mi vida. Y además me encantaba verlo fumar su baboso cigarro apestoso mientras hablaba con la mirada perdida. Tenía unos ojos claros y grandes como era él, casi un gigante para haber nacido a principios del siglo XX. Y todavía conservaba casi todo el pelo. Y ahí estaba yo, un crío de trece o catorce años, un nene criado entre algodones, escuchando la odisea de su vida: sus mujeres, sus aventuras, la vez que estuvo a punto de hacerse millonario con un barco lleno de negros o cuando, en plena guerra, se tiró a la mujer de su capitán, "una hembra de carnes prietas" porque este "no le hacía caso" y que estuvo a punto de costarle la vida...
 
Pero me he ido más atrás en el tiempo. También yo, a mis cincuenta y dos años, empiezo a divagar.
 
He parado de ver una serie por escribir esto. Y no por la serie en sí, la verdad, que no es mala, sino porque he empezado a beber y la verdad sea dicha a mis neuronas les gusta beber. Digan lo que digan.
 
También empecé a beber pronto. Mi primera borrachera, aún lo recuerdo, fue con catorce años. Pillé una botella de "Machaquito" del almacén que había debajo de casa y en compañía de un par de amigos nos la bebimos en una caseta de la electricidad. Luego nos fuimos a la misa del colegio (era obligada) y el cura se bajó del púlpito para sacarnos de allí.
 
- ¿Estás beodo, Kufisto?
- ¡Jajajaja...! 

Pasé tres días malo. Desde entonces no he vuelto a beber ni el anís ni nada que sea anisado.
 
Tampoco era tan terrible el colegio de los curas trinitarios. Estábamos a mediados de los ochenta y ya entonces las cosas estaban más relajadas, al menos en comparación con los tiempos de mi padre aunque esto fue algo que me contó muchos años después, ya cuando estaba al borde la muerte. 
 
Sí, había algún cura de esos de mano larga, aunque mejor sería decir de regleta larga. Sin ir más lejos este que os acabo de presentar era de esos, de hecho era su especialidad: cogía la regleta y a alguno que estaba enfollonando se la metía entre los huevos. Una vez se lo hizo a mi hermano y este se la quitó y la partió en sus narices. Pero yo el único problema que tuve fue con un externo, el maestro a quien más quería, de hecho al único que quería. 
 
La primera vez que me metió el dedo en el culo fue en su aula de las clases particulares. Era en su casa, en una habitación acondicionada para ello con diez pupitres o así. Yo tenía problemas con las Matemáticas y mis viejos me enviaron allí aquel verano. Yo tenía diez u once años y no podía entender algunas operaciones. Supongo que fue el momento de la regla de tres y todo eso. Entonces yo me acercaba a su mesa, le enseñaba el ejercicio y él me lo corregía explicándomelo. Hasta que una tarde noté que su mano hurgaba en mi culo. Y cuando, estupefacto, regresé a mi pupitre le vi olerse el dedo. Claro está que no dije nada en casa pero de cualquier manera dejé de ir allí una vez que aprobé y lo perdí de vista, pues en el siguiente curso quedaba fuera de su alcance. 
 
Sí...probablemente venga de allí mi descreimiento: ver a quien tú más querías fuera de tus padres oliéndose el dedo después de haberlo pasado por tu culo da para eso, aunque lo de los Reyes Magos tampoco fue poca cosa. 
 
Recuerdo escribir en el libro de Latín de 1º de BUP: "Si estos son los mejores años de mi vida...¿como serán los peores?" 

Aquella noche estaba sentado en la valla de publicidad. Bueno, la verdad es que no era ninguna valla de publicidad sino que era una valla que estaba allí puesta pues yo qué sé, porque estaba en curva y entonces la plaza del pueblo estaba abierta a la circulación; de hecho yo salía con mi bandeja para atender la terraza y tenía que mirar si venía algún coche, que ya ves tú a la velocidad que podían ir pero bueno...que ahí estaba la valla y ahí estaba sentado yo, ahí me sentaba yo a fumar entre llamada y llamada, con mi pantalón negro de pinza, mi camisa blanca y mis dieciocho años cabreados.
 
En aquel tiempo leía a Hesse. Me gustaba "Siddharta", por no hablar del "Lobo Estepario" Yo entonces ya andaba bien colgado. Bebía mucho y mi desayuno de camino al instituto era un canuto. Estaba haciendo COU (rama de Letras) y aquello fue un desastre. Lo dejé tras el primer trimestre con cinco muy deficientes, un insuficiente y la mejor nota en Literatura.
 
Me fui al bar de mi padre. 

- ¿Qué hay, Kufistín?
 
Era Ángel, "Pitena", un cliente del bar algo más viejo que mi padre.
 
- Ná, qué va a haber...
 
Encendió su faria, contento como siempre lo estaba en el bar, pues nadie lo quería en su casa. Y así estuvimos un buen rato, sin hablar. La noche manchega es así.
 
- No te enfades, Kufistín.
- ¿Enfadarme? ¡Me cago en Dios!
- Venga...
 
- ¡Ojalá el mierda ese no tuviera ni una puta mesa! -dije mirando a la terraza del bar de enfrente que tenía más gente que la nuestra.
- Venga, tranquilo...
- ¡Tranquilo! Me cago en Dios...
- Venga, venga...
 
Fumamos un rato más. Yo le tenía mucho respeto a Ángel. Lo quería mucho.
 
Y entonces me contó su desastrosa noche de bodas en un puticlub de Barcelona. 
 
- No jodas, ¿de verdad?
- Así fue
 
Y nos reímos tanto... 
 

El otro día, el del Padre, mi vieja me llamó para llevarla a ella y a mi más querida tía al cementerio. "Claro" dije yo, no tengo nada que hacer y qué menos que llevar a mis dos más queridas mujeres al cementerio. Me duché, me afeité, me vestí lo mejor que supe y cogí el coche para ir a por ellas.
 
- ¡Ay, hijo mío, como tienes el coche!
 
Tiré hacia el cementerio.
 
Era la una del mediodía. Una mañana espléndida, manchega. Aparqué en la entrada secundaria, la más cercana a nuestros más recientes muertos. Bajamos y entramos. 
 
Primero paramos en la tumba de un hermano de mi madre. Luego seguimos adelante y llegamos a la de mi padre. Y después fuimos a la del marido de mi tía, el último muerto. Y entonces fue que me enteré que era el día del Padre.
 
- Y ahora nos vamos a tomar unos calamares -dijo mi tía- Unos calamares de los buenos. Y no digas que no, Kufisto.
 
Y no dije que no. Hace mucho tiempo que Hesse me parece un John Wayne de la vida. Que lleve casi tres años sin pisar un bar no aguanta un no para mi tía más querida.
 
Llegamos al hotel-restaurante en el que tan bien lo pasamos todos cuando estábamos juntos, sólo que con cuarenta años de distancia. Entonces ellas eran unas leonas y yo un crío.
 
- ¿Donde nos quedamos, Kufisto? ¿Aquí en la terraza o dentro?
 
Yo tenía ganas de fumar y de primeras nos quedamos en la terraza pero como nadie apareció (estábamos solos) les dije que pasaran adentro mientras acababa el cigarro.
 
Pasé y estaban allí, en una mesa. Me quité el abrigo y me senté.
 
- ¿Te acuerdas cuando veníamos aquí?
 
Claro que me acordaba.
 
 
Claro que me acordaba.