Escena 17-B
Interpretación (continuación): Veamos ahora la escena tal cual nos es presentada en relación con la trama de la fantasía.
El inicio es exactamente el mismo de cuando Adam se dirige hacia su hogar sólo que ahora es de noche. Allí Adam conversaba con Cynthia acerca de lo que estaba pasando en el estudio; aquí Adam va conversando consigo mismo (como denota ese despectivo "el Vaquero") mientras se dirige a su encuentro. En ambos casos un coche va pegado a él de manera muy significativa. No hay más vehículos rodando. Allí vimos palmeras bajo un cielo azul (Adam todavía creía tener un hogar) y aquí vemos cubos de basura azules bajo una noche cerrada.
Al igual que en aquella escena con la furgoneta de Gene, Adam queda extrañado al ver el lugar de la reunión. Y tal y como allí quedó estupefacto al encontrarse con la infidelidad ahora se queda igual al ver la aparición del Vaquero, que le saluda de manera típicamente pueblerina a lo que Adam responde de la misma manera.
El diálogo se desarrolla de manera que Adam parece recuperar el control. Después de todo quien tiene delante es el típico paleto y Adam piensa que puede hacerse con él a la manera en que se trata con esta gente, es decir, dándoles la razón. Incluso tras el amenazante "¿Qué he dicho?" del Vaquero, Adam cree que lo tiene en la mano. Sólo cuando nota que el Vaquero se ha dado cuenta de su juego "deja de hacerte el gallito" y que no es ningún estúpido es que Adam empieza a preocuparse de verdad hasta desmoronarse y ponerse en sus manos, "¿qué quiere que haga?", quedando prácticamente como un niño travieso escuchando lo que tiene que hacer al día siguiente si quiere seguir disfrutando "la buena vida" Y cuando el Vaquero desaparece con la luz Adam está aterrado.
Durante el descubrimiento de la infidelidad que, como vimos, en realidad representó el descubrimiento del incesto por parte de la abuela, Adam permaneció callado durante todo el proceso porque, como Diane aquel día, no podía creerse que además lo consideraran culpable. Pero aquí Adam no se calla. Es más, hasta avanzada la conversación Adam cree tener la sartén por el mango, como si después de haber visto al temible Vaquero se hubiera convencido de que en realidad no era para tanto, de que sólo era un paleto. Pero el paleto es listo y sabe cual es el punto débil de Adam: la buena vida.
Ahora veamos el encuentro desde el otro lado del espejo.
Diane sufre abusos del abuelo desde la adolescencia. La abuela se entera, la culpa y la echa de casa. El abuelo, temeroso de las consecuencias, consigue hacer entrar en razón a la abuela y ese mismo día trae a Diane de vuelta a casa. La abuela habla con ella. Diane no entiende nada pero la abuela vuelve a ser cariñosa y más o menos le hace entender que "los hombres son así" y que la cosa no es tan grave sino normal pero que es mejor no hablar de ello con nadie. El abuelo la quiere mucho y la abuela la quiere mucho. Todos contentos. El abuelo le hace regalos, le da dinero para sus cosas y Diane va creciendo.
Pero Diane no es imbécil. Va al instituto, está con gente de su edad y se da cuenta de lo que está pasando. Como tantas víctimas de abusos va dejando los estudios a un lado, se junta con malas compañías, prueba las drogas, comete algunos pequeños delitos y al cumplir la mayoría de edad deja los estudios, pilla un trabajillo, alquila un piso con su pareja y le dice a los abuelos que se va. Pero pronto se queda sin pasta y concierta una cita con el abuelo para pedirle dinero y, llegado el caso, chantajearle. El abuelo acepta recibirla y quedan una noche que la abuela está jugando al bingo o visitando a su hermana, como en los viejos tiempos.
Diane va hacia el "hogar" convencida de su triunfo, "el Abuelo...se va a enterar" El abuelo la recibe, serio, y empieza su representación. El abuelo, como durante toda la vida de Diane, siempre fue un buen actor, un auténtico vaquero del viejo Hollywood clásico, un héroe solitario que va impartiendo justicia aquí y allá siempre con excelentes resultados sólo que con la pega de su nieta de puertas para adentro. Pero Diane lo conoce bien: no es más que un paleto ridículo al que le ha llegado su momento de claudicar aún en su propio terreno, en su casa, en su corral, en su zona de doma, allí donde marca y hace lo que quiere con sus bestias, esposa y nieta.
Pero el abuelo tampoco es tonto. Conoce a su nieta. Sabe de qué pie cojea. Y ya no es una menor de edad.
Diane le expone la situación negro sobre blanco: "Has abusado de mi durante años, te has aprovechado de mi y ahora vengo a cobrarme el precio" El abuelo, impertérrito, la escucha, la deja hablar como quien sabe por experiencia que la mejor opción es dejar hablar a quien ha estado callado durante mucho tiempo y cree llegado el momento. Y Diane habla, habla, habla...hasta que se calla.
- ¿Te gusta la buena vida? -dice el abuelo. Y se lo explica.
Diane es una joven problemática. Todo el pueblo conoce su situación y Diane ya no es una niña.







