miércoles, 11 de febrero de 2026

MULHOLLAND DRIVE (IV): LAURA Y NAOMI LLEGAN A MULHOLLAND DRIVE

 Creo de cierta importancia añadir algunas consideraciones previas al inicio del rodaje que aportarán claves para entender lo que vino después. Y para ello, y habiendo hecho las breves semblanzas biográficas en la entrada previa a esta, voy a atenerme a quienes a la postre fueron las auténticas protagonistas de la película: Laura Elena Harring y Naomi Watts.

Laura Elena Harring no era una desconocida para Lynch. Una mujer pública (en el buen sentido) de semejante belleza, ganadora de Miss USA y asidua de portadas de revista, programas de televisión y en el modelaje no podía serlo para un esteta del bello sexo como siempre lo fue Lynch. No es raro pensar que al ver su fotografía entre las candidatas que le presentaron como posibles Camilas tardara cero coma dos en decidirse por ella: con su exuberante belleza latina, melena negra, elegancia natural y latente fatalidad de mujer la vio perfecta para el papel sin importarle mucho su valor como actriz: Laura iba a ser Camilla.

El primer encuentro entre ellos fue, como no podía ser de otra manera, lynchiano. 

El agente de Harring la informó de que había sido elegida para el nuevo proyecto de serie de Lynch y le dio la citación para la entrevista y algunas indicaciones: no ir muy maquillada y llevar un vestuario normal, ni de ir al súper ni de salir de fiesta. 

Llegado el día y conduciendo, nerviosa, a la entrevista tuvo un leve accidente de tráfico que la retrasó un tanto provocándole casi un ataque de ansiedad ante la idea de que Lynch diera carpetazo al tema de pura informalidad. Por fortuna para ella no fue así y tras un breve saludo y disculpas por la tardanza debida al accidente Lynch guardó completo silencio y empezó a mirarla desde varios ángulos. Harring, evidentemente, comenzó a ponerse aún más nerviosa ante una situación que con toda seguridad no le hubiera permitido a ningún otro pero claro, era David Lynch quien la estaba mirando de esa manera tan inquietante y a Lynch se le debían ciertas licencias.

- Bien, muy bien...-dijo él como hablando para sí mismo- Ahora quiero que mires a esa pared mientras escuchas esta música.

Y puso el tema del inicio, cuando Camilla viaja en la limusina negra por la carretera de Mulholland Drive. Y cuenta Harring que tal fue entonces como luego salió en la película.

- Estás contratada -dijo Lynch- Y que sepas que tu primera escena será en un accidente de automóvil. 

Y ambos estallaron en carcajadas.
 
 
Con Naomi Watts el asunto funcionó de otra manera. En aquel tiempo Watts vivía en Nueva York y recibió el aviso de su agente apenas con el tiempo justo para volar a Los Ángeles y presentarse en las oficinas de Lynch. Cuando este la vio llegar con un aspecto descuidado le dijo decepcionado que lo mejor era dejarlo para el día siguiente y que se presentara en condiciones. A Watts se le cayó el mundo a los pies: cuando por fin le había llegado la oportunidad de hacer algo importante, cuando estaba a punto de dejar la actuación y regresar a Australia cansada de tantas decepciones y sinsabores, llega el momento soñado y ella aparece poco menos que como una zarrapastrosa. Echando pestes del descuido de su agente fue a un salón de belleza, compró algo de ropa y pasó la noche sin apenas dormir esperando la entrevista del día siguiente. ¿Seguiría en pie lo de la entrevista o Lynch, como tantos otros antes, ya se habría olvidado de ella? Pero sí, la entrevista siguió en pie.
 
Lynch no miró en silencio a Watts desde varios ángulos. Lynch no le pidió que mirara a una pared mientras sonaba la música. Muy al contrario, con ella habló, y habló y habló...Y la contrató. Naomi iba a ser Diane.
 
 
Sin duda alguna uno de los triunfos de la película es la elección de la pareja femenina: tanto la una como la otra eran las adecuadas para los roles que iban a desempeñar. Una, la Harring, la femme fatale, había llevado una vida de ensueño, la clase de vida con la que sueñan todas las adolescentes; otra, la Watts, la víctima, llevaba escrito en el rostro todo por lo que había pasado y la mutua conversación terminó de convencer a Lynch de que ella, y no ninguna otra, iba a ser la desdichada Diane Selwyn, esa mujer con la que ninguna adolescente sueña si no es en pesadillas.
 
Todas las piezas estaban en su sitio.
 
 
Por fin había llegado el momento de iniciar la partida hacia Mulholland Drive.
 

MULHOLLAND DRIVE (III): COLABORADORES Y REPARTO (y 2)

 A finales del siglo pasado las series no eran lo que hoy son en cuestión de producción. Las grandes estrellas cinematográficas pasaban olímpicamente de comprometerse en proyectos dudosos, de larga duración y sin el dinero que proporcionaban los grandes estudios. Con todo, 1999 fue el pistoletazo de salida para series que con el tiempo fueron creciendo hasta alcanzar el éxito masivo. "El ala oeste de la Casa Blanca" y "Ley y Orden" fueron dos de ellas. Pero la que en verdad rompió el curso de los acontecimientos fue "Los Soprano"

Internet aún estaba en pañales y las redes sociales no existían. La televisión todavía permanecía intocable como gran medio de entretenimiento para las masas. Los llamados "actores de carácter", secundarios en las grandes producciones o viejas estrellas con el arroz pasado vieron en las series una buena vía de escape para ganarse la vida y, esto fue lo nuevo, alcanzar el reconocimiento artístico. Una nueva hornada de actores también se fogueaba en proyectos más o menos dudosos.

 Lynch entró en negociaciones con productoras americanas para televisión. Estaba convencido de la necesidad de serie como formato para su proyecto. La ABC mostró interés y puso el dinero para la filmación del episodio piloto. Y Lynch, ya con el dinero disponible, y con todo su equipo habitual a plena disposición se volcó en encontrar al trío de protagonistas (dos mujeres y un hombre jóvenes) que iban a llevar el peso de la historia. Y puesto en contacto con Johanna Ray, directora de casting, le pidió fotografías de los candidatos posibles.

El proceso de selección en realidad fue rápido y sencillo: Ray le mostraba seis o siete fotografías para cada rol, Lynch las miraba en silencio y sin pedir ningún dato biográfico o laboral elegía una de ellas. 

Justin Theroux era un joven actor estadounidense proveniente de una familia de artistas. Hasta el momento de entrar en contacto con Lynch su carrera transitaba entre papeles de secundario para comedias juveniles y alguna que otra participación en películas de mayor alcance como "American Psycho". En televisión había aparecido en algún episodio de series como "Ally McBeal", "Spin City" y "Sex and the City"

Laura Elena Harring había nacido en el seno de una acomodada familia mexicana. A los diez años se trasladaron a San Antonio (Texas) y a los dieciséis la enviaron a estudiar a Suiza. Después estudió teatro en Londres así como bailes latinos, tango incluido. Poco antes de cumplir veinte años regresó a Estados Unidos y empezó a competir en concursos de belleza. Finalmente se presentó a Miss USA 1985 y con apenas 21 años se convirtió en la primera ganadora hispana de la historia del certamen. Después de un año viajando a lo grande por el mundo, en 1987 conoció a un conde alemán tataranieto de von Bismarck y se casó con él. El matrimonio apenas duró dos años y no tuvieron descendencia. Ese fue el inicio de su carrera en el cine, compaginada con labores de modelaje y publicidad. Hasta su encuentro con Lynch no había trabajado más que en algunas películas de terror de serie B, un breve cameo en "Little Nicky" y, su mayor logro, "Lambada, el baile prohibido" (1990) como protagonista.

Naomi Watts nació en Inglaterra y creció en Gales con sus abuelos paternos. Su madre, "una hippie con tendencias pasivo-agresivas", pasaba tanto de ella como de su hermano, más centrada en sus ligues que en ellos. El padre ausente (divorciado cuando Naomi tenía 4 años) fue ingeniero de sonido en la primera etapa de Pink Floyd y murió por sobredosis de heroína en 1976. A los catorce años (1982) se trasladó a Australia junto a su neurótica madre y su hermano. Su abuela materna era de allí y no les resultó difícil conseguir la ciudadanía. Entre continuas amenazas maternales de quitárselos otra vez de encima Watts asistió a varios institutos, donde en uno de ellos conoció y se hizo amiga de Nicole Kidman, amistad que aún conservan a día de hoy.

En 1986, hizo un paréntesis y se marchó a Japón para trabajar como modelo, pero la experiencia, que duró unos cuatro meses, fue poco fructífera, ya que Watts no cumplía los requisitos físicos necesarios para ser una modelo de pasarela, y debía conformarse con trabajar en promociones, lo que no le agradaba mucho. Watts dice que fue una de las peores etapas de su vida. Tras regresar a Australia, se fue a trabajar a unos grandes almacenes, y después trabajó como asistente de moda para una revista australiana. Una invitación casual para trabajar en un taller de teatro reactivó su pasión por la  actuación, y la motivó a dejar su trabajo y a dedicarse a la interpretación. Tras unas cuantas apariciones en series se trasladó a Estados Unidos en 1993 y bajo la protección de Kidman conoció gente del sector que sin embargo pronto olvidaban su nombre. Así pasó años, entre series de bajo impacto y papeles irrelevantes. Ocasionalmente consideró dejar el negocio, pero: "siempre había pequeños mordiscos. Siempre que sentía que estaba al final de mi cuerda, surgía algo. Algo malo. Pero para mí era 'el trabajo engendra trabajo'; ese era mi lema".

 

Creo que con estas breves reseñas biográficas podemos hacernos una buena idea de la relación establecida entre Diane y Camilla en Mulholland Drive.
 
 
Y Lynch lo supo ver con tan sólo mirar unas fotos.
 

martes, 10 de febrero de 2026

MULHOLLAND DRIVE (II): COLABORADORES Y REPARTO (1)

 Tras la presentación de "Una historia verdadera" en Cannes en mayo de 1999, sin esperar al estreno mundial en octubre y en vista de la muy buena acogida recibida por la película Lynch se puso manos a la obra en el proyecto que tenía en mente desde hacía años. Desechando, con buena visión, la idea de un spin-off sobre Audrey Horne, Lynch remodeló el argumento para hacerlo original: "Mulholland Drive" iba a ser su primer guion en solitario desde "Terciopelo Azul"

Para el apartado musical eligió, como no podía ser de otra forma, a Angelo Badalamenti, fiel colaborador suyo desde "Terciopelo Azul" y que acababa de firmar una magistral banda sonora para "Una historia verdadera", quizás (y sin el quizás) una de las partituras más emotivas creadas para la gran pantalla.

En una entrevista concedida algún tiempo después del estreno de la película Badalamenti habló sobre el proceso de creación que hubo de enfrentar. Algo tal vez poco conocido de la relación músico-director es que las líneas generales de la música se concebían antes de la realización de la película. El tema principal con el que se abren los créditos de Mulholland Drive fue compuesto incluso antes de la elección del casting (de hecho hay una anécdota muy sabrosa que comentaré cuando llegue el turno de Laura Elena Harring) Para el famoso tema de amor Lynch le pidió un tono romántico a lo música rusa del XIX, muy apreciable en el tercer movimiento de la suite que no se incluyó en la versión final pero sí en la banda sonora publicada más tarde. Lo último que Badalamenti compuso, ya con el proyecto retomado como película, fue la movida canción del prólogo y la música ambiental para ciertos momentos oscuros en los que Lynch le pidió bajos prolongados y distorsionados. El propio Lynch colaboró con su parte sobretodo en la sección de realidad de la película en colaboración con el ingeniero de sonido, John Neff.

Peter Deming fue el encargado de la fotografía al igual que lo había sido en "Carretera perdida" Para Mulholland Drive, cuenta Deming, Lynch tenía muy claros los colores y su utilización pero dejaba manga ancha en la iluminación llegado el momento de rodar. Así hay escenas que empiezan en un tono para acabar en otro según va cambiando el ánimo del protagonista; por ejemplo en la escena del sofá en la que Rita intenta recordar adonde se dirigía la luz que ilumina su rostro va haciéndose más tenue a medida que avanza la escena mientras la de Betty permanece estable y natural, como indicando que Rita está entrando en un estado de ensoñación.

A cargo del montaje estuvo Mary Sweeney, fiel colaboradora de Lynch que acabó covirtiéndose en su tercera esposa después de años siendo amantes en un matrimonio que apenas duró unos meses.
 
 
En cuanto al casting se refiere Lynch contrató a viejas estrellas de Hollywood para los papeles indicados. 
 
Robert Forster como el detective del inicio vio como su papel quedaba anulado tras la conversión a película aunque fue rescatado para interpretar al sheriff en la tercera y última temporada de Twin Peaks. 

Dan Hedaya como uno de los hermanos Castigliani, Lee Grant como Louise Bonner, Chad Everett como Jimmy Katz, el propio Michael J. Anderson como el señor Roque y algunos otros también tuvieron sus escenas. Pero hay que hablar sobretodo de Ann Miller y su maravillosa interpretación de Coco.
 
La participación de Miller en Mulholland Drive fue un empeño personal de Lynch. Miller, prácticamente retirada del cine desde 1956, aceptó la propuesta con la única condición de que no fuera una película "guarra" Gran estrella de los musicales clásicos de Hollywood en los años 40 y 50 declaró haber dejado la actuación en películas porque no soportaba la deriva que estaba tomando el cine americano. Niña prodigio del baile, se casó tres veces por breve tiempo y el único hijo que concibió durante su primer matrimonio lo perdió en el último trimestre de gestación después de que su marido la tirara por la escalera fracturándole la espalda. Estos malos tratos continuaron con su segundo esposo y tras el tercer divorcio (1962) decidió que ya había tenido suficiente y desde entonces vivió con la compañía de su fiel secretaria hasta la muerte acontecida en 2004 a la edad de 80 años.
 
Resulta conmovedor como Lynch escribió el papel para ella, haciéndola andar en casi todas sus escenas con esa gracia natural que todavía conservaba a tan avanzada edad.
 
En una de las entrevistas concedidas tras la presentación de la película Miller comentó que no había entendido nada al mismo tiempo que confesaba haber sido una de las mejores experiencias de su vida como actriz y se deshacía en elogios para con el "tierno y gentil" David Lynch.

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

MULHOLLAND DRIVE (I)

 La idea germinal era hacer un spin-off de Twin Peaks centrado en el personaje de Audrey Horne (Sherilyn Fenn) donde veríamos su viaje a Los Ángeles para convertirse en una estrella de cine tras recuperarse (o no, con Lynch todo era posible) de las lesiones causadas por la explosión en el banco. 

No es ningún secreto que Lynch acabó muy decepcionado con el desarrollo de la serie. En un intento de arreglar un poco las cosas (y con el recuerdo de TP todavía caliente) realizó "Fire walk with me" que fue un fracaso tanto de crítica como de público, tal vez el mayor de su carrera. Y por esta razón tampoco fue ninguna sorpresa que no encontrara productora interesada en el nuevo proyecto: simplemente la gente había acabado hasta las narices del universo TP. Y David Lynch tuvo que dejar correr la historia del que sin duda era su personaje femenino favorito de la serie.

Uno de los grandes errores de la segunda temporada de Twin Peaks fue desperdiciar la historia de amor entre el agente Cooper y Audrey. Y ello fue por un motivo tan estúpido que cuesta creerlo. Lara Flynn Boyle (Donna) estaba saliendo con Kyle MacLachlan y se negó en redondo a que su novio en la vida real tuviera esa relación con Audrey Horne, bajo amenaza de dejar la serie. Y así fue como por una tonta rabieta Sherilyn Fenn (que por entonces era pareja de Johnny Depp) vio como su personaje quedaba de lado cuando todo parecía indicar que iba a ser clave. Luego vino lo que vino y en fin...pasó lo que pasó.

Pero volvamos al inicio. Es 1992 y David Lynch presenta "Fire walk with me" en Cannes entre abucheos cuando apenas dos años antes se había llevado la Palma de Oro por "Corazón Salvaje" El niño mimado de la crítica gafapasta europea de la época puesto en la picota por los mismos que le habían encumbrado. Los productores no quieren saber nada más del jodido pueblo de 51.201 enfermos mentales y Lynch, triste y solitario en su cadillac, se retira a meditar a sus aposentos angelinos tras divorciarse de Isabella Rossellini y prácticamente desaparece de la circulación durante cinco años: el mundo, sí, estaba claro desde el principio, era una basura.

El regreso en 1997 a los mandos de "Carretera Perdida" (¡y ahora más perdida que nunca!) fue una golosina para sus detractores pero no tanto para el público y la crítica joven, modernilla, que vio en ella y en su banda sonora una razón para joder por joder, algo siempre muy sano cuando a uno, sin saber como ni porqué, le echan al ruedo para que reciba a la fiera que va a salir por los toriles entre gritos del irrespetable de "¡Nosotros vimos torear a Manolete!"

Y llegamos a 1998 y sucede lo Inexplicable: Lynch va a filmar una película distribuida por Disney.

En la historia del mundo, a veces, han ocurrido cosas que por muchas vueltas que les des no encuentras explicación: la construcción de las pirámides, el pintor austríaco dejando escapar a los ingleses en 1940 y la victoria del Depor ante los galácticos en la final de Copa de su Centenario y en su propio estadio son algunas de ellas. Y "Una historia verdadera", sin duda, está entre las más señaladas. Resultado: la crítica cayó rendida ("así toreaba Manolete, ¡perdón!, así filmaba John Ford") y la película tuvo una recaudación muy superior a las precedentes. Lynch, haciéndose pasar por el Gran Tuerto, había logrado coger un poco de aire para seguir exhalando sus ommms al mundo-basura en el que había encarnado.

Y entonces fue que el rarito nacido en Missoula (esa Ciudad Real yanqui), ese frustrado pintor que se metió en la Meditación para no subir a una azotea en compañía del siempre fiable don AK-47 pensó que, ahora o nunca, era llegado el momento de darle forma a su sueño, el sueño para el que había nacido en este mundo-basura lleno de malos padres blanquitos estupendillos, bichos asquerosos nacidos de la desesperación sexual, hordas de desarrapados siempre dispuestas para el linchamiento de todo lo que puedan linchar, negros asesinos merecedores de ser apalizados hasta la muerte, zorras sin alma que no pierden la calma ni con la cocaína y productores de sueños con el mismo gusto que Dani Güiza.

El sueño en el que había estado trabajando desde "La Abuela", pasando por "Cabeza Enfermadora", "Ciertopelo Azul", "Pueblo pequeño, infierno grande", "Carretera Socialista", "Una historia para taurinos" y demás borradores: 

Mulholland Drive.

sábado, 7 de febrero de 2026

UN MILLÓN DE GOTERAS

 Era una torrencial tarde de invierno, tan fría y gris como esta, en un pueblucho extraño y hostil. Refugiados en el piso alquilado la semana anterior, tumbados en el viejo sofá y arropados por una manta, en silencio, te abrazaba por detrás como tantas otras veces en tantos otros sofás. Era mi último día allí. En la tele, en uno de esos programas de cotilleos que tanto te gustaban, alguien dijo algo que me recordó otra cosa. Y dije algo que, a pesar de toda tu tristeza, te hizo gracia.

- Qué tonto eres.

Redoblé la apuesta y tu sonrisa se transformó en risa. Y entraste al juego con una memoria cuyo recuerdo me hizo carcajear. Y así fue que respondí al hilo abierto por ti con una respuesta que nos llevó a la carcajada común. Y entre alocadas risas surfeadas de lágrimas, retorciendo el argumento hasta el paroxismo, empezamos a besarnos como si en lugar de cinco días fueran cinco años los que íbamos a estar sin vernos. 

- Espera -dijiste- Quiero hacerle una foto.

Y con mi polla dura cogiste tu teléfono para fotografiarla. 
 
 
El día amaneció frío, gris y lluvioso. Desayuné, tomé las pastillas contra el dolor, me vestí y jugué al ajedrez mientras preparaba la comida. Nada especial: unas salchichas cocidas en vino blanco junto a un resto del guiso de patatas con costillas de cerdo que hice antes de ayer.
 
Mi compañero de piso robó un par de botellitas de aceite "Oro de Bailén" el otro día y me dio una. Es extraordinario. Es tan bueno que haría decente a una mierda de otro. Eché un buen chorreón sobre el plato de patatas con salchichas y lo devoré mirando el foro.
 
Dos pitos más tarde apagué el ordenador para regresar a la cama. Volví a ponerme el doble pijama e intenté conciliar un sueño que no pude lograr. Una hora después, muerto de frío, me levanté y volví a jugar al ajedrez.
 
Era la una y media de un frío mediodía que no se veía por ningún lado. Con las sayas de la mesa sobre mis piernas calentadas por el brasero eléctrico me zambullí en Sicilianas con c3 en la tercera jugada e Indias de Rey con Ce8 en la quinta. La gata, tan contenta como siempre de verme en tal estado, se acurrucó entre mis piernas, ronroneante.
 
Dos horas pasaron y tras una derrota bastante tonta y dolorosa vi que era llegado el momento para ir a casa de mi madre. Volví a cambiarme de ropa y me fui.
 
Llovía cuando salí con el coche. Apenas doscientos metros separan las dos casas pero ahora tengo que cogerlo: doscientos metros de ida y doscientos metros de vuelta son cuatrocientos metros. Y yo, que hasta hace nada podía hacerme 40 kilómetros en un día bueno ahora no puedo hacer 400 metros sin que me cueste el sueño de la noche. 

Subí las escaleras. En la parte final vi dos cubos recogiendo las goteras que evité con cuidado. En el recibidor había otros dos. Ella estaba en la cocina. No me oyó llegar. El largo pasillo que la separa de la escalera, Telecinco a toda hostia y su vejez...
 
- ¡Hombre, Kufisto, hijo mío! ¡Ya creía que no venías!
- Pues aquí estoy. Es imposible aparcar por la mañana.
 
Nos besamos.
 
- ¿Has visto como está la casa?
- Sí
 
Sí.
 
Joder.
 
Acabó de fregar los restos de la comida apenas terminada junto al último de sus cinco hijos que todavía viven con ella. Maravillado una vez más por la limpieza nos fuimos al salón tras recoger la comida que ella y mi tía me habían comprado para la semana. Dejé la bolsa los pies del perchero. No quería irme tan pronto. La calefacción de gasoil ya estaba puesta y el brasero del salón también. Mi madre siempre ha sido muy friolera
 
- Tus hermanos dicen que venda la casa y nos vayamos a un piso pero yo no quiero. Esta es mi casa y para lo que me queda...
- Venga, mama...
 
Cogí el mando para poner cualquier canal que no fuera la telebasura a la que está enganchada mientras, entusiasmada, me contaba las visitas que esa mañana le habían hecho sus dos nietos pequeños. Y fue que viendo a un par de maricas remodelando casas que mi tía, mi querida tía, la llamó.
 
Y hablaron. Y hablaron con el altavoz encendido. Y siguieron hablando. Y mi tía le dijo que su hija mayor había abortado el programado encuentro en Madrid con sus amigas y las de su hermana pequeña por el mal tiempo...
 
Y entonces dijeron tu nombre. Y entonces escuché.
 
 Me fui poco después, cuando empezaron a hablar de otra cosa.
 
- Me voy, mama.
- Venga, hijo 
- Un beso, tía -voceé
- ¡Un beso, hijo!
- ¡Adiós! 

Seguía lloviendo. Tiré la bolsa de basura y arranqué el coche.
 
 
Y un millón de goteras cayeron sobre mi cabeza.
 
 


 

domingo, 1 de febrero de 2026

ESTESO Y POIROT

Pongamos que era el otoño de 1984. Arconada, a pesar de todo, todavía era el portero de la selección. El "Live is life" de Opus inundaba las cuatro ondas que entonces sólo le hacían cosquillas a nuestras glándulas pineales. "¡Leif is leif!" berreabas entusiasmado ante el nuevo descubrimiento de la música entre paradas a lo Arconada jugando en las calles. La portería eran los bordillos de las aceras, el campo de césped el duro alquitrán y el larguero...bueno, el larguero entraba dentro del imaginario colectivo, con todo lo que ello conllevaba: 

- ¡Alto! -gritaba yo.
- ¿Alto? Mis cojones. Es gol -respondía el goleador.
- ¡Ha sido alto, gilipollas!
 
Hablar a tacos te hacía hombre. Nuestros padres decían tacos y nosotros estábamos hasta los huevos de ser niños, muy a pesar de nuestras madres.
 
- ¡A que te meto una hostia!
- ¡Me vas a dar dos!
 
Y quizá llegabas a engancharte y enseguida venían los amigos a separarnos y seguíamos jugando toda la tarde, hasta el anochecer, con algunas breves interrupciones de los coches que pasaban por allí.
 
Recuerdo ir con mi padre en el coche escuchando el "Satisfaction" de los Rolling Stones y el "Black is black" de los Bravos.
 
- ¡Ponla otra vez! -le decíamos mi hermano y yo mientras dábamos una vuelta haciendo tiempo hasta que mi madre se arreglaba y apañaba a los pequeños para salir. Y nuestro padre volvía a ponerlas entre caladas de Winstons y yo, que iba en el asiento delantero, veía que se sonreía y me excitaba aún más. 

Así descubrimos el "Thriller" de Michael Jackson, que fue un auténtico petardazo en nuestras cabezas. Y cuando vimos el vídeo en la tele...no había nada mejor, a no ser una parada a lo Arconada.
 
Y nuestro padre llegó un día y trajo un vídeo.
 
Era un VHS. Había tres opciones: el beta (el que iba a hacerse con el mercado, decían), el 2000 (poco menos que para sibaritas) y el nuestro. Pero mi padre también tenía amigos que sabían del tema y le aconsejaron la carta a primera vista perdedora. Y luego ganó, como siempre. Mi padre no fallaba nunca. Era Superman.
 
Todas las noches veíamos una película con él. Nuestro madre acostaba a los tres pequeños y se venía con nosotros pero pronto nos mandaba a la cama y allí se quedaban ellos dos, solos, viendo el resto de la peli junto a él no sin antes decirnos a voces que rezáramos el padrenuestro de rigor en voz alta. Y después de eso nos dormíamos como los críos que todavía éramos y ellos quedaban tranquilos por un día más siendo padres de cinco hijos varones.
 
Los fines de semana se reunía toda la enorme familia. Tíos y tías, primas y primos, todos juntos delante del televisor, ¡incluso hasta los abuelos llegaron a venir en alguna rara ocasión! Los chicos nos sentábamos de cualquier manera y los mayores fumaban y bebían una copichuela.
 
Y ponían una peli.
 
Y una tarde de sábado vimos "Los energéticos" de Esteso y Pajares.
 
- ¡No miréis, niños! -decían las madres.
 
Y mirábamos, claro que mirábamos; mi hermano y yo estábamos a punto de explosión.
 
- ¡Vaya películas que traes!...¡Que no miréis!
- Déjalos...
- ¡Como qué déjalos! ¡Tú eres todo déjalos! 

Y pasaba la escena y venía otro chiste y todos nos reíamos, ellos por la escena y nosotros por lo que no entendíamos. Pero todo el mundo estaba tan contento que te reías de pura excitación.
 
Esteso y Pajares salían baldados tras una orgía preparada por el taimado moro de Ozores. 
 
- Joder con Azofaifa -decía el maño a su derrengado compadre- Yo no hacía más que decirle que parara, que no podía más...
- ¿Y por qué no paró? -respondía Pajares
- ¡Porque era sorda!
 
Y aquello fue el sindiós de la risa. 


Ahora, a mis cincuenta y pocos años, prácticamente inválido, termino de escribir esto tras haber visto "Los bingueros" y algunos capítulos de Poirot con la compañía de mi gata. Pongo el brasero y ella viene a mi regazo. 
 
La acaricio mientras el detective belga (y no francés) va resolviendo misteriosos asesinatos.  

En uno de ellos, en las mismas vías del tren, un enamorado Poirot se despide de la otoñal condesa Rosakoff a sabiendas de que ella era la ladrona.
 
Y la también enamorada condesa saca la cabeza por la ventanilla del tren que se va para no volver y Poirot alza la mano enfundada en uno de sus guantes de una manera que parece ser el adiós a todo.
 
 
A todo.
 
 
Hasta el siguiente capítulo.

miércoles, 28 de enero de 2026

JODER

En el sueño yo vivía una auténtica aventura. Era tan raro que yo viviese una aventura aún en sueños que tanto me entusiasmé que desperté.

Una mala noche. Otra. El dolor en la cadera no me dejó dormir hasta casi las seis. Poco antes, desesperado, pensé en tomar el relajante muscular recetado pero lo dejé correr in memoriam de experiencias anteriores. Además, tampoco era como otras veces y por fuerza pronto tendría que dormir.

El ulular de un viento huracanado filtrado por la ventana me dio los buenos días a eso de las diez y media. Todavía imbuido en la bruma del sueño recordé que me había levantado a las ocho y pico con los lastimeros maullidos de la gata: anoche olvidé encerrarla en el salón y hoy, ya despierta ella, la muy puta, andaba junto a la puerta de mi dormitorio clamando por los desconocidos motivos por los que siempre clama cuando sólo una puerta nos separa.

- Hija de la grandísima puta
- ¡Miau!
 
Bastó con el amago de una patada para hacerla correr hacia el salón. Entonces la encerré y volví a la cama.
 
 
Otro día en la vida. Pero el último sueño había sido tan...
 
Levanté la persiana del salón. Otro día gris. Casi mejor así: cuando uno está varado prefiere que todo esté varado.
 
Los árboles de enfrente se movían como atacados por aquel color que cayó del cielo. "¿Pero qué coño?"
 
- ¡Miau!
- ¡Qué, joder!
 
Desayuné y, todavía con la pasada aventura en la cabeza, me puse a jugar al ajedrez en el ordenador. La gata, tranquilizada por mi tranquilidad, se arrulló en la manta de su sillón a pesar del fiero monstruo ululante que amenazaba tirar abajo nuestro puto piso.
 
Hora y media más tarde preparé la comida. Unos filetes de hígado muy mal fileteados con un revuelto de cebollas, ajos y huevos. Lo dejé casi entero y tras fumarme un par de pitos volví a la cama. Después de todo no había dormido una mierda y quizá, sólo quizá, pudiera retomar la extraordinaria aventura soñada y abortada en su mejor momento.
 
Que suene el timbre del llamador es muy raro. Pero más raro es que me levante y lo coja. Sólo mi estado actual, casi impedido, me animó a ello pues prefiero la entrega de las malditas cartas certificadas en mano antes que tener que salir dos veces a Correos para saber de qué cojones me están hablando.
 
- ¿Sí?
- Bomberos. ¿Puede abrirnos la puerta?
- Sí.
 
No pregunté nada. Pulsé el botón, abrí la puerta del edificio y volví a la cama.
 
"Joder. Bomberos. En fin ..." 

Dos minutos después oí que llamaban al timbre. Y esto sí que es raro. Rarísimo. Inaudito. 

- ¿Sí?
 
Dos bomberos con todo el equipo.
 
Por lo visto habían estado cayendo tejas como si no costara mientras yo andaba jugando sicilianas e indias de rey de doble filo.
 
- Hoy no damos a basto.
- ¿Qué?
- Hemos recibido el aviso hace un rato...
- ¿Aviso de qué? ¿de quien?
- Están cayendo tejas de su edificio, señor, y necesitamos acceder al tejado.
- Bueno -dije yo, en pijama y chanclas- pero ahí tenéis la trampilla de acceso...Además, ¿veis? no tiene el candado echado.
- Ah, sí...¿tiene un potro, una escalera?
 
"¿Pero qué coño -pensé- eso no tenéis que tenerlo vosotros?"
 
- Pues sí.
- Déjenosla, por favor. 

Pasé a la habitación adyacente donde caga la gata y se la saqué. Uno de ellos se encaramó y accedió al tejado. Luego bajó.
 
- ¿Es suya la buhardilla?
- ¿Qué buhardilla?
- Sí, la ventana que da a la calle, no al patio interior.
- Sí
- Pues hay que entrar por ahí.
 
"¿Pero qué cojones? ¿por la ventana de mi dormitorio?
 
- Pues nada, venga, pasad, pasad...
 
-¡Miau!
 
Show.
 
- Será mejor que encierre a la gata, señor.
- Sí, no me digas ná, llevo siete años encerrándola y no hay manera
- ¿Qué?
- Nada
 
Agarré a la gata, la expulsé al salón y todos los tres entramos a mi dormitorio.
 
- ¿Os molesta el saco? 
- No, no...no pasa nada
 
Y allí fue que uno de ellos subió la persiana hasta los topes, "ay", y encaramado en mi escalera y enganchado a una soga amarrada al compañero salió tras la ventana.
 
- Cuidao -le dijo al otro- que no tengo pie y medio
 
 
Diez minutos lanzando tejas al suelo.
 
 
- Bueno, pues muchas gracias.
- Nada, nada...buen día llevaréis hoy.
- Pues sí. Es un no parar.
- Venga, hasta luego.
 
Volví al dormitorio y como pude bajé la persiana atascada.
 
 
Ni tenía sueño, ni tenía hambre, ni tenía ganas de jugar con la puta gata ni mucho menos tenía fuerzas para salir a andar a mis añorados molinos.
 
 
Joder. 


Joder.