domingo, 19 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXVII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (15-C)

  


 

Escena 15-C

 

Interpretación (continuación): Las paredes de la habitación están aún más desconchadas y sucias que la vista en el exterior. Junto a una de ellas, la de enfrente, vemos un miserable sofá rojo y encima de él un cuadro con la icónica imagen de la virgen de Guadalupe.

Como ya dijimos acerca del significado del cuadro de Beatrice Cenci en el apartamento de tía Ruth ahora volvemos a encontrarnos con otra pintura de una imagen aún mucho más célebre. Aquí debemos preguntarnos qué significado pudo tener en la vida de Diane para que ella la introduzca en su fantasía pues la pintura permanecerá dentro del encuadre incluso cuando el plano se cierre sobre Adam al empezar a hablar por teléfono.

Recapitulemos. Diane llega a Los Ángeles con toda la ilusión del mundo. Los Ángeles es la mega ciudad más hispana de todos los Estados Unidos. A día de hoy la población de origen hispano representa la mitad del total siendo los de procedencia mexicana el grupo más numeroso con muchísima diferencia. Para ellos representa lo que para nosotros pueda representar la virgen del Pilar: es un símbolo nacional. Y entonces, ¿qué hace este icono en la habitación a la que tuvo que mudarse Diane cuando se quedó sin el dinero del testamento de su tía? ¿qué pinta la Patrona de México en la habitación de una joven canadiense? Continuemos recapitulando.

Resulta chocante una habitación tan miserable, más propia de yonkis en las últimas que de una joven que después de todo sólo había cambiado de vivienda por motivos económicos. Pero una cosa es dejar de vivir en un barrio más o menos bien y otra es meterse en las Tres Mil viviendas. No, no es un cambio razonable porque por entonces Diane no estaba ni mucho menos tan perdida. El hecho de que Diane nos presente una habitación así en la fantasía es debido a que, como ya hemos dicho, fue allí, en el Park Hotel, donde se inició en la prostitución y esto es lo que hace que Diane, en su actual estado crítico, represente aquella habitación como un sitio inmundo al igual que por la otra parte idealiza su primer apartamento en recuerdo al estado de ánimo en el que aterrizó en la ciudad de los sueños. Entonces no estamos viendo la habitación real sino lo que su estancia en ella provocó en la vida de Diane.   

Pero seguimos sin responder la pregunta acerca del significado de la virgen de Guadalupe. No es ninguna locura elucubrar que, como luego le sucedería con Camilla, en algún momento posterior a su llegada al Park Hotel, Diane buscara una compañera de habitación para compartir los gastos. Pensemos un momento en el plano aéreo previo que nos sitúa la zona donde se encuentra el hotel; no parece que sea una zona especialmente depauperada (algo que sí veremos en su trayecto en taxi al club Silencio) pero esto es algo que cambia al enseñarnos la fachada del hotel por las razones ya expuestas.

Los Ángeles es una ciudad de jóvenes aspirantes a artistas, no sólo relativos a las películas sino también a la música de manera muy principal. Y aquí es donde encaja la figura de una compañera de piso hispana que se dedicaba a cantar. ¿Y qué hispana canta en Mulholland Drive? Rebekah del Río.

Cuando Rebekah del Río aparezca en la película será tras ser presentada por Cookie (el casero del Park Hotel) como La Dama Llorona de Los Ángeles, nombre por el que es conocida una legendaria mujer mexicana que después de ser abandonada por su marido en beneficio de otra mató a sus dos hijos en común a modo de venganza y luego se suicidó. Esta leyenda, este cuento popular acerca de los celos y sus consecuencias para las dos partes implicadas, actúa como detonante final en el sueño de Diane pues sólo cuando oye cantar "Llorando" a Rebekah del Río es que Betty empezará a darse cuenta de que está viviendo en un sueño, que ella no es real y que su final está escrito tanto para ella como para su soñadora.

Diane conoció a Rebekah del Río en el mismo hotel, se hicieron amigas y acabaron juntas y compartiendo piso. Rebekah fue quien llevó consigo la imagen de la virgen de Guadalupe cuya célebre y controvertida aureola veremos representada más tarde en forma del arco de piedra que conduce al tablero de apartamentos en Sierra Bonita con el destacado número 16 de "A. Gonzales", apartamento que durante el laberíntico trayecto de Betty y Rita veremos abandonado con todos los signos de estar deshabitado.

Diane y Rebekah fueron amantes. Diane y Rebekah se marcharon del Park Hotel a Sierra Bonita después de que ambas fueran introducidas en la prostitución por Cookie, su casero y camello que, llegado el momento, se aprovechó de la situación para cobrarse en carne. Pero cuando ambas entraron en la prostitución de pago y consiguieron el dinero suficiente para irse a un lugar mejor lo hicieron en apartamentos separados porque su historia ya no iba a ningún sitio, más que probablemente a causa de la ambiciosa personalidad de Diane, de aquí que nos presente a Rebekah cantando "Llorando" (la versión en español del famoso "Crying" de Roy Orbison) hasta caer muerta. Y entonces fue cuando Diane, durante las audiciones para "The Sylvia North Story" conoció a Camilla, quien acabaría ejerciendo sobre ella la misma influencia que Diane causó en Rebekah. 

Cuando Rebekah del Río aparece en escena tras ser presentada por Cookie como la Dama Llorona de Los Ángeles la vemos entrar en el escenario exactamente igual que lo haría una persona drogada. No es normal (y volvemos a tantos "no normales" sucedidos durante la fantasía) una aparición así. Y este puede ser otro de los motivos por los que Diane abandonó a Rebekah, una mujer que la quería pero que, como enseguida vamos a ver, no tenía el suficiente glamour para una chica traumada de "Deep River, Ontario" obsesionada con convertirse en una estrella de cine para que todo el mundo (y no sólo Rebekah) la amara. 

Pero en su último sueño Diane no puede olvidarse de Rebekah, la mujer que tanto la quiso, la que ella abandonó y la que le despertará del precavido sueño de amor con su adorada Camilla.

sábado, 18 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXVI): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (15-B)

  


 

Escena 15-B

 

Interpretación (continuación): Cookie "cierra la puerta" antes abierta por Adam y pasamos a la habitación...pero antes detengámonos un momento en el umbral.

La puerta es roja y se abre para afuera sin necesidad alguna a cuenta de problemas de espacio. Esto ya de por sí es otra pista acerca de lo que estamos viendo. Una puerta que se abre hacia afuera es una puerta propia de comercios y salidas de emergencias, no de habitaciones de hotel, y si a esto se le añade el color rojo ya entramos en el terreno de la certeza: tras esa puerta roja abierta al exterior fue donde Diane empezó su actividad como prostituta. Y el número de la habitación es el 16 cuyo seis más parece un 9 del revés que otra cosa. Entonces estamos en la primera planta habitación 6(9) ante la puerta roja que se abre hacia afuera. Y como colofón a todo esto señalemos que más adelante, en el tablero con la lista de inquilinos de Sierra Bonita, encontraremos destacado en otro color el nombre de quien vive en el número 16, un nombre hispano (A. Gonzales), con la añadidura del arco de entrada al interior de Sierra Bonita que nos recordará algo que muy pronto veremos en el interior de la habitación.

Que sea Cookie y no Adam quien "cierra la puerta" también debería decirnos algo. No es normal que quien llame a una puerta para un diálogo formal sea quien la cierre ante las narices del inquilino: tú te vas y el de dentro cierra; si eres tú el que cierra la puerta es porque tienes un poder sobre quien está dentro pues a ningún cartero con carta certificada o a ningún repartidor, por ejemplo, se le ocurriría tomarse tal libertad. En Mulholland Drive las puertas juegan un papel importante tanto en sí mismas como por lo que representan, ya sea por su forma o por quienes las abren o cierran. Las puertas de Mulholland Drive constantemente nos retrotraen a una especie de juego por pantallas en las que se nos da acceso a un nuevo escenario con misterios por resolver y miedos latentes. Por ejemplo: la presentación de las dos actrices veteranas de la fantasía (Coco Lanoix y Louise Bonner) se hacen a través de puertas mosquiteras a modo del velo que en el Hollywood clásico solía situarse ante el objetivo para atenuar las arrugas de las actrices, es decir, para disimular su auténtica realidad; Cookie nos es presentado ante una puerta roja y cuando volvamos a verlo será saliendo a través de una cortina roja; Betty y su abuela se despiden en el aeropuerto sólo después de que las hayamos visto salir por la puerta de salidas; Rita es "invitada" a bajarse de la limusina durante el intento de asesinato (en el Piloto se llega a ver que baja el seguro de su puerta) y sólo cuando el otro sicario se baja por su puerta para abrir la de Rita es que se produce el accidente; Rita entra por la puerta abierta del apartamento de tía Ruth sólo cuando se da cuenta de que el taxista está ocupado en llenar el espacio de la gran "puerta" de su auto con las maletas y baúles de una tía Ruth que parece emprender un muy largo viaje, mucho más largo que un simple viaje "a Canadá a rodar una película"; Betty esconderá el bolso de Rita con el dinero y la llave azul tras la puerta del inquietante armario del dormitorio; en el corral del encuentro entre Adam y el Cowboy una luz se encenderá en el momento en el que Adam cruce la imaginaria puerta y se apagará cuando el Cowboy desaparezca por ella ante la estupefacción de Adam; Kenny el matón cruzará la puerta de la casa de Adam avisando de su llegada con el timbrazo, sin esconderse, como lo haría cualquier jugador que ya sabe lo que se va a encontrar pero ahora va con súper poderes; Herb se aterroriza al ver una flecha señalando la entrada por la otra puerta y morirá al no seguir el consejo a pesar de su intuición, algo que Betty y Rita (las nuevas jugadoras de Diane) evitarán la segunda vez que veamos el cartel con la flecha; la puerta número 16 de Sierra Bonita (la resaltada en el tablero de entrada tal que la flecha en el Winkie's) por la que Betty y Rita pasan de largo guarda un apartamento descuidado; de Rosa (la inquilina del apartamento número 12 en Sierra Bonita) sólo saldrá por la puerta cuando Betty se haya alejado de ella tras llamar por segunda vez para reunirse con una aliviada Rita a la que de Rosa deseaba enfrentar cara a cara por el bien de la que más tarde veremos fue su amiga; cuando Betty y Rita entren por la puerta del club Silencio las veremos hacerlo bajo un intenso luminoso de color azul en un vertiginoso travelling a modo de cambio de realidad e incluso de dimensión propio de todo "Final Boss" que se precie...Todo es una sensación de juego previamente jugado y perdido y esta vez llevado al extremo con una Betty tan inocente y cambiada que ni su amiga y vecina de Rosa puede reconocer y una Rita que simplemente no recuerda ser Camilla aunque Diane sigue sin poder evitar presentarla externamente tal cual era a causa del extremado deseo que sentía por su figura, algo que "solucionará" en la escena siguiente para volver a quitarle el reciente disfraz en el momento cumbre de acostarse con ella previo al desastre final en el club Silencio donde una vez más volverá a perder la partida.

Lynch (Diane) no cambia de plano cuando Cookie cierra la puerta; sin importarle la evidente imposibilidad de la acción hace un travelling por detrás del decorado para volvernos a encontrar con Adam ya dentro de la habitación. Esto, aparte de ser otra pista más sobre lo que en verdad estamos viendo (y una de las más evidentes) es una solución de continuidad en la que tanto la soñadora como quienes somos mirones de su sueño vemos al protagonista de la escena en el mismo instante en que él se encuentra, algo que queda claro con el gesto de absoluta incredulidad que hace Adam al ver donde está, como si en un primer momento él mismo se diera cuenta de la imposibilidad de que algo así pudiera ocurrir, estado del que sale sólo después de ver el teléfono, otro de los símbolos más potentes en Mulholland Drive.

domingo, 12 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (15-A)


 

 

Escena 15-A

 

Descripción: Volvemos a encontrarnos con un plano aéreo (ahora nocturno) de Los Ángeles aunque a menor altura. Ya no estamos en el centro financiero de la ciudad con sus grandes rascacielos de oficinas sino en lo que parece uno de los barrios con hoteles baratos. La cámara cambia a plano fijo de uno de ellos llamado Park Hotel. El luminoso es azul con la palabra Hotel iluminada de rojo. La fachada se ve deteriorada. Es un viejo edificio con escalera de incendios.

En su interior vemos a un hombre mayor subiendo apresuradamente las escaleras hasta llegar al rellano de la habitación 16 cuya puerta es roja. La pared está desconchada. El hombre viste una camiseta blanca y luce un gran y cuidado mostacho blanco, la descuidada barba es canosa pero sin embargo el cabello es totalmente moreno. Golpea la puerta por dos veces y al final se abre hacia afuera. Es Adam y lleva la misma ropa manchada de pintura rosa.

- ¿Qué pasa, Cookie? 
- Lo siento, señor Kesher, pero hay problemas con su tarjeta de crédito -responde Cookie con marcado acento hispano.
 
Ahora vemos claramente el rostro bien iluminado de Cookie y nos fijamos en sus ojeras hinchadas típicas del bebedor. Habla con mucha educación y cierta simpatía que no por ello logra mitigar la extraña fijeza con la que mira a Adam.
 
- ¿Qué? -contesta un sorprendido Adam- Te pagaré en metálico, Cookie.
- Escuche, han venido dos tíos de su banco.
- ¿De mi banco? ¿Como sabían que estaba aquí?
- No lo sé.
- ¿Qué han dicho?
- Me pidieron que le dijera que su cuenta está vacía y que le han cancelado las tarjetas de crédito.
- ¡Eso es increíble!...Bien, mira, no sé qué está pasando pero debe ser algún malentendido -dice Adam con sonrisa de compromiso- Tengo suficiente dinero en metálico...
- Lo sé, lo sé -responde Cookie tranquilizador- No se preocupe. Pero lo siento, es mi deber informarle que se esconda de quien se esconda saben donde está.
- Bien.
- Lo siento -dice Cookie cerrando la puerta.
 
Un travelling por fuera del decorado nos lleva al interior de una desastrada habitación. Adam, estupefacto, parece no saber qué hacer hasta que ve el teléfono y marca un número. Las paredes están aún más desconchadas que en el exterior. Al fondo vemos un cochambroso sofá rojo y un cuadro de la virgen de Guadalupe.
 
Una mujer joven levanta el teléfono. Es morena, de pelo corto, ojos claros, labios y uñas pintadas de rojo intenso y piel muy blanca. Lleva las manos llenas de anillos dorados y luce un gran collar de lo que asemejan perlas rojas con un medallón del mismo color.
 
- ¿Diga?
- Alguien me ha dejado sin dinero -responde Adam.
- Lo sé. ¿Donde estás, Adam?
- ¿Perdona? ¿Como que lo sabes?
- Alguien llamó y me dijo que estabas totalmente arruinado. No le creí e hice unas cuantas llamadas.
- ¿Y?
- Estás arruinado.
- ¡No estoy arruinado!
- Lo sé pero estás arruinado. ¿Donde estás?
- Estoy en el centro, en lo de Cookie.
- ¿Conoces a alguien llamado el Cowboy?
- ¿El Cowboy?
- Sí, el Cowboy...Pues este tío quiere verte. Jason piensa que sería una buena idea.
- ¡Ah! ¡Jason cree que sería una buena idea ir a ver al Cowboy!...¿Qué se supone que debo llevar? ¿sombrero de ala ancha y un revólver?
- Algo me dice que él está relacionado con todo lo que está pasando. Creo que deberías hacerlo y creo que deberías hacerlo ahora mismo.
- ¿Qué está pasando, Cynthia?
- Ha sido un día muy extraño.
- Y cada vez lo es más...¿Donde encuentro a ese Cowboy? ¿tengo que ir al rancho?
- Más o menos, graciosillo. Si le digo que vas a verlo...Tendrás que subir el Beachwood Canyon. Allí arriba hay un corral. Él estará allí.
- Me estas tomando el pelo.
- ¿Irás a verlo?
- Sí, claro. Es que llevo un día...¿Cuando?
- Lo llamo ahora mismo y te vuelvo a llamar...Oye, puedes quedarte en mi casa si quieres...
- No creo que sea una buena idea, Cynthia.
- ¡Sólo te ofrecía un sitio!
- Y te lo agradezco. Ya encontraré algo. Pégale un grito a ese Cowboy y llámame.
- Vale, pero no sabes lo que te pierdes.
- Adelante, pichoncita, y vuelve a llamarme. 
 
Adam cuelga el teléfono. 

Interpretación: "¿Adam Kesher?" volvía a preguntar el buen Kenny en la casa desmayada. Vamos a ver donde está Adam.
 
La introducción a la escena es exactamente igual a la primera aparición de Adam sólo que ahora es de noche y lo que se nos muestra desde los cielos ya no parece tan glamouroso, algo que queda meridianamente claro cuando vemos el luminoso del Park Hotel en contraposición con la magna y dorada placa de Ryan's Entertaiment. 

El luminoso es azul y como tal señala que vamos a asistir a otra transición, que vamos a obtener más información. El hecho de que "Hotel" esté iluminado por un rojo intenso ya debería indicarnos algo acerca de su interior. Como venimos diciendo el rojo en Mulholland Drive (y en toda la filmografía de Lynch) nos habla acerca del sexo en primer término y casi siempre acompañado por el peligro asociado a las luces rojas. 

Cookie, el nuevo personaje, se comporta de forma muy curiosa. Evidentemente se trata del casero del hotelucho y tiene un aspecto en consonancia a su entorno: viste en camiseta, tiene cara de borracho pero sin embargo trata a sus inquilinos como si fuesen de lo más distinguido. Y aunque esto podría tener sentido en lo tratante a Adam, "el director de cine que está muy por encima de los demás", no deja de resultar sorprendente. Y aquí es donde debemos hacernos la primera pregunta: ¿qué hace Adam en un sitio como ese cuando todavía creía disponer de todo su dinero? Adam no creyó que nadie le estuviera buscando cuando destrozó la limusina de los Castegliani porque se fue a casa con toda tranquilidad cuando de otra manera se hubiera ido a esconder en algún sitio. Es sólo tras su desastroso descubrimiento que él se va a buscarse otro sitio. Y entonces...¿por qué el Park Hotel? ¿por qué no un buen hotel? o, mejor aún ¿por qué no llamar a uno de los innumerables "amigos" que todo hombre exitoso tiene en una gran ciudad con el fin de no estar solo en unos momentos tan complicados? ¿Qué estamos viendo? ¿Qué estamos viendo de verdad?
 
Vayamos hacia atrás. En su primera aparición vimos a Adam en la cumbre, seguro de sí mismo y de su talento. ¿A quien nos recuerda esto? Luego vino la caída ante los hermanos Castegliani (provocada por los otros y no por él) y después el desastre en su hogar que ahora tendrá la culminación con la "increíble" noticia de su ruina financiera. 

Cuando Diane llegó a Los Ángeles lo hizo con el dinero del testamento de tía Ruth en el bolsillo y una inmensa confianza en sí misma y en sus posibilidades de llegar a ser una gran actriz y ¿por qué no? una gran estrella de Hollywood. Diane tenía el dinero suficiente como para dedicarse a tiempo completo a conseguir su sueño y al mismo tiempo vivir en una zona más o menos bien de una mega ciudad como Los Ángeles, por no hablar de los contactos que su tía le dio para iniciarse en el negocio pero...ni el dinero podía durar eternamente en una ciudad tan cara ni los contactos de su anciana tía tenían la chispa de los buenos tiempos como luego nos enteraremos en la audición por boca de Martha Johnson ("la mejor directora de casting") cuando dice que el tiempo de Wally Brown (el productor de la película amigo de tía Ruth) ya pasó y que ahora no es nadie. Entonces, ¿qué paso de verdad con Diane?
 
No es difícil de entender que una chica joven ilusionada y llena de esperanzas recién llegada a Hollywood pensara que todo no podía sino salir bien. Pero la realidad es tozuda y en algún momento se dio cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles: el dinero empezó a ser un problema, los deseados papeles en el cine no llegaban y Diane tuvo que dejar su apartamento para irse a una habitación del Park Hotel; y no sólo eso sino que también tuvo que empezar a trabajar como camarera en el Winkie's porque el dinero del testamento ya no le daba para pagar sus deudas. Y con todo y con eso llegó el día en el que no tuvo ni para pagarse la habitación. Entonces fue que Cookie (atentos al nombre) le dijo que la cosa no podía seguir así y que Diane tendría que pagarle de alguna manera. Y Diane pagó de la única manera que una mujer joven y bonita puede pagar llegado el momento de elegir entre eso o dormir en la calle. Entonces sí, entonces entendemos lo que estamos viendo con el errático comportamiento de Adam, su alter ego en la fantasía de lo que Diane deseaba conseguir.
 
¿Y Cookie? ¿quien es Cookie?...Cookie fue su casero pero también fue algo más. Cookie no deja de sonarnos a cocaína y este es el segundo indicio (el primero es cuando cae en el sueño) de que Diane consumía drogas y Cookie fue su proveedor en aquellos malos tiempos, otro motivo más para pagarle de alguna manera. Que Diane fue una consumidora de cocaína no debería extrañarnos conociendo el ambiente del que formaba parte y donde la cocaína corre como ríos. Es la absoluta inocencia de Betty al entrar en la fantasía lo que nos impele a rechazar esta idea pues resulta inimaginable que una chica así ande en esas "cosas" pero como pronto veremos ni aún siendo Betty la soñadora Diane puede evitar la memoria de otro hecho vergonzoso del que ahora, en su actual estado de desesperación, se arrepiente sumándose a tantas otras decisiones equivocadas que la han conducido a su actual estado mental.
 
Cookie, con su gran bigote blanco y su camiseta blanca fue el camello de Diane. Y por esto Cookie, un "brujo malo", será quien presente a Rebekah del Río en la escena del club Silencio para interpretar "Llorando" hasta caer muerta ante Betty y Rita. 
 
El modo en el que Cookie se conduce ante Adam es irreal porque no fue real. Esperar que el casero de un hotel como ese te hable de esa manera ante la falta de pago no tiene ningún sentido. Cookie, evidentemente, jamás le habló de usted ni con tanto respeto a Diane sino que fue completamente al revés, a modo de espejo como en tantas otras escenas de la fantasía. Cookie trataba a Diane como una tirada más y era Diane la que intentaba ser respetuosa con él ante las dificultades económicas por las que estaba atravesando. Pero Diane, en la fantasía, no puede evitar presentarnos a Cookie como un tipo de mirada inquietante que supera toda su pretendida educación.
 
 

MULHOLLAND DRIVE (XXXIV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (14)

 


 

Escena 14

 

Descripción: Kenny (uno de los guardaespaldas de los hermanos Castegliani) baja de la limusina dañada para dirigirse hacia la puerta de la casa de Adam. Toca el timbre pero se da cuenta de que la puerta está abierta y pasa adentro. En su interior se detiene junto a la bolsa de los palos de golf y exclama:

- ¿Adam Kesher?

Lorraine sale de la cocina y se dirige hacia Kenny muy enfadada. Todavía lleva puesto el vestido manchado que vimos en la escena anterior.

- ¡Piérdete! -grita lanzándose hacia él.
- ¡Es la casa de Adam Kesher! -responde Kenny.
- ¡Y una mierda! ¡Lárgate!
 
Lorraine golpea el pecho de Kenny con la intención de echarle y este se la quita de encima con un manotazo.
 
- ¿Adam Kesher? -insiste Kenny.
 
Lorraine se cuelga de la espalda de Kenny golpeándole la cara e intentando un mataleón.
 
- ¡Largo de aquí! -grita Lorraine- ¡Él no va a volver! ¡Nunca!
 
En ese momento aparece Gene.
 
- Creo que no entiendes su idioma -le dice a Kenny- ¡Ha dicho que te vayas! -y diciendo esto se acerca a Kenny para enfrentarle y recibe un fuerte puñetazo que lo deja ko en el suelo.
- ¡Gene! -grita Lorraine- ¡Fuera! ¡Fuera! -insiste mientras sigue intentando el mataleón.
 
Y Kenny cierra el puño y golpea a Lorraine que cae al suelo. 
 
- ¿Adam Kesher? -repite Kenny.
 
Interpretación: En la cinematografía de la película (y del mismo sueño) esta escena es necesaria para mostrarnos que Adam está siendo perseguido y que podamos entender lo que va a ir ocurriéndole. Ahora tenemos a dos personajes en busca y captura: una es Rita y el otro es Adam.
 
Lo primero a tener en cuenta es la canción que suena durante toda la escena al igual que antes consideramos "The Beast" durante el descubrimiento de Adam de la infidelidad de su esposa. El tema que oímos es un clásico del blues escrito por Willie Dixon titulado "Bring it on home", es decir, "llévalo a casa" ¿Y a quien lleva a casa la soñadora-justiciera? A Kenny, uno de los matones de los Castegliani.
 
Kenny, en la lógica del sueño, va en busca de Adam pero Diane, la soñadora, lo ha sacado del escenario para que Kenny no se encuentre con él y sí con Lorraine y Gene a quienes deja sin conocimiento con dos solos pero tremendos puñetazos. Entonces lo que estamos viendo no es una paliza a Adam (el hombre que le quitó la novia) sino una paliza a quienes se rieron de él (su esposa y el amante) En la lógica de la narrativa convencional esto es algo que tampoco encaja pues Adam se va de rositas y los supuestos "amigos" de la celosa Diane reciben su merecido. Y esto es así por todo lo que venimos diciendo acerca de quien es realmente Adam en la fantasía.
 
Diane introduce a Kenny como vengador, pero no de Adam sino de los infieles (sus abuelos) Esta es Diane ajustando cuentas a sus abusadores. ¿Y quien es Kenny? Bien, teniendo en cuenta la dualidad que recorre Mulholland Drive de principio a fin Kenny no puede ser sino "la bruja buena" en contraposición a "la bruja mala" representada por el camarero de la reunión en Ryan's Entertaiment. Allí vimos como Diane presentaba a otro de sus abusadores como un patán asustado ante el dominio de los hermanos Castegliani y dijimos que, claramente, ese tipo no pudo ser otra cosa en la vida real de Diane que un portero de club, un macarra que la maltrataba y así es que ella se venga en la fantasía dibujándolo como un tipo ridículo y cobarde. Pero con Kenny es diferente. Kenny nos cae bien. Kenny es un tipo al menos tan grandón como el otro pero Kenny imparte justicia y estamos con él cuando se quita de en medio a Lorraine y a Gene pues su comportamiento con Adam fue tan escandaloso que simpatizamos con que reciban un castigo. ¿Y entonces quien es Kenny? Kenny no pudo ser otra cosa que otro portero de club que al revés que el camarero sí la ayudó cuando Diane ejercía como prostituta en los clubes de alterne. Kenny es un hombre de pocas luces pero es bueno y por esto Diane lo trae a su fantasía, "lo lleva a casa", para que la defienda de quienes abusaron de ella tal y como Kenny la defendía cuando algún subnormal se propasaba con ella en los clubes de striptease donde trabajaba.
 
Por último es de notar que cuando Adam golpea la limusina de los Castegliani, Kenny no se baja del coche a pesar de estar sentado en el asiento del copiloto y ser el más cercano a Adam; es el conductor del otro lado quien sale de la limusina. Kenny es un aliado de Diane y no puede hacerle daño a Adam.
 

viernes, 10 de abril de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXIII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-C)


 

 

 Escena 13-C

 

Interpretación (continuación): Nada más entrar a casa de tía Ruth (no llegan ni a cerrar la puerta) Rita y Betty se cogen de los brazos y Rita, con una gran sonrisa de esperanza, exclama "¡Diane Selwyn! ¡Quizá sea mi nombre!" Si nos fijamos con atención vemos que Betty queda desconcertada. Betty, la personalidad principal de Diane en la fantasía, también parece recordar algo y ese "algo" le dice que eso no suena bien. Por otro lado el hecho de que la información se revele en el apartamento y no en el Winkie's nos cuenta del miedo de Diane a salir de su refugio: todas las cosas malas que les ocurrirán serán fuera de su nido de amor tanto en la salida hacia Sierra Bonita como poco después en la del club Silencio. Es en el apartamento de tía Ruth donde Betty conoce a Rita, es en el apartamento de tía Ruth donde mantienen el divertido ensayo de líneas, es en el apartamento de tía Ruth donde Betty transforma a Rita y es en el apartamento de tía Ruth que al final tendrán el deseado encuentro sexual: fuera de allí todo sale mal. Y esto es una revelación de como Diane ve desde la distancia la relación que mantuvo con Camilla: Diane, ahora, lo hubiera dado todo (hasta sus aspiraciones de convertirse en una estrella) por haber tenido a Camilla para ella sola porque finalmente se ha dado cuenta de qué era lo más necesario para ella. Pero eso es imposible en la vida real y también lo será en el sueño.

Rita no recuerda su nombre (Camilla) sino el de Diane porque, como venimos diciendo, Rita no es Camilla, al contrario: Rita es parte de Diane y por eso es que el nombre que recuerda es el de Diane, igual que antes recordó su viaje a Mulholland Drive, viaje que nunca hizo Camilla y sí Diane. Rita no recordará nada de Camilla durante toda la fantasía.

Ya en el sofá buscan el nombre de Diane Selwyn en la guía telefónica. Betty lo encuentra y dice que va a llamar. Y entonces se inicia un diálogo importante por revelador.

Lo primero a señalar es que Betty dice "Es extraño llamarse a sí misma" a lo que Rita responde "Quizá no sea yo". Es aquí donde empezamos a notar el desconcierto de Diane ante la deriva que está iniciándose en su sueño con el descubrimiento de su verdadero nombre, de su auténtico ser: las dos personalidades principales en la fantasía la están buscando para saber por donde seguir la aventura ante el peligro que se cierne sobre ellas. Ese "es extraño llamarse a sí misma" de Betty, su personalidad salvífica, resuena como si fuese la propia Betty quien está tratando de ponerse en contacto con Diane, la guapa camarera del Winkie's a quien acabamos de ver y que, decepcionada, se marchó tras saber que Betty no quería nada más que el café. Y al colocar el teléfono entre las dos cabezas se pierde toda privacidad porque Rita también va a oír la conversación y entonces salta el contestador automático. ¿Qué habría pasado si Betty hubiera hecho privada la llamada? ¿habría saltado el contestador o hubiera respondido la verdadera Diane avisándole del peligro que corría si seguía al lado de Rita? Recordemos que Diane no mira a Rita en ningún momento de la secuencia en el Winkie's, ignorándola mientras mira con ternura y cariño a Betty. Y si antes era Rita quien decía "quizá sea mi nombre" ahora es Betty quien dice estar llamándose a sí misma mientras Rita parece entender que quizá no sea ella.

"Hola, soy yo. Deja un mensaje" responde el contestador y Betty cuelga de inmediato. ¿Por qué no deja un mensaje? ¿por qué no concertar una cita? ¿por qué ese temor? porque Betty se da cuenta de que Diane no es Rita sino ella misma y de ahí la cierta ansiedad que notamos en Betty cuando Rita dice "esa no es mi voz, ¡pero la conozco!" a lo que Betty responde al momento mezclando mentira y verdad cuando dice que tal vez no sea la voz de Diane Selwyn sino la de su compañera de piso para desviar cualquier atisbo de memoria en Rita que pudiera dificultar la naciente relación entre las dos: Betty mintió antes al llamar a la policía y miente ahora al reconocerse en el teléfono. Su inocencia se está perdiendo y todo por el enamoramiento que, también en el sueño, empieza a sentir por Rita. Y cuando Rita asiente a la sugerencia de Betty de que quizá Diane pueda revelarle quien es vemos a Betty mirarla con alivio: Betty sigue al mando, Rita sigue a su lado y de momento todo parece controlado.

Otro punto importante es que aquí nos enteramos de que Diane y Camilla fueron compañeras de piso, algo que se recrea en la fantasía pues Betty y Rita viven como tales aunque con los papeles intercambiados: Betty manda y Rita obedece de la misma manera que Camilla mandaba y Diane obedecía.

Color: Las dos rosas azules en la mesa del Winkie's a modo de señal de la transición que se producirá con el conocimiento del nombre de Diane Selwyn al mismo tiempo que su imposibilidad (una rosa azul) nos habla del fracaso en la relación más el añadido que la rosa azul tiene en Lynch como conector de dos mundos, esto es, el mundo soñado y el mundo de quien sueña.

El rosa pálido de la camisa de la camarera es signo de como se veía Diane cuando trabajaba en Winkie's cuando aún estaba fuera de la prostitución. No es el rosa acusado de la inocente Betty pero todavía mantenía algo de la inocencia y la fe en el talento de su llegada a Hollywood.

Paralelos intertextuales: Betty es atendida por Diane y Diane será atendida por Betty, allí intentando ayudar a Rita y aquí pagando por matar a Camilla.

martes, 31 de marzo de 2026

¡GREGORIO! ¡GREGORIOOO!

 - ¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!
 
 
No fue un buen sueño. Desperté un par de veces y a la tercera, todavía con una hora de reloj hasta la diana del despertador, me levanté de la cama, desayuné, me aseé y me vestí tras dudar un tanto qué ponerme. Abrí la puerta del salón donde encierro a la escandalosa gata por las noches, salió disparada hacia la habitación en la que le tengo puesto el cagadero, encendí el ordenador y un cigarrillo, llené el bebedero y el comedero de la cabreada gata que ella atacó con fruición, puse "La Metamorfosis" de Kafka en el móvil y navegué un rato por la Red sin adentrarme mucho y dejándome llevar. El tabaco hizo su efecto de todos los días, fui al baño, solté un gran lastre que me dejó más liviano, cogí la citación y las llaves, me rulé otro cigarrillo para cuando terminara, me perfumé discretamente, eché un vistazo al espejo del recibidor y tras despedirme de la extrañada gata bajé a la cochera.
 
"Estaría bueno que no arrancara el coche" pensé al hacer contacto. Y así pasó que de primeras se caló, cosa rara. Pero no fue a más y subí la rampa de acceso a la calle.
 
Un gilipollas con un mini coche había aparcado de tal manera que se les había arreglado para ocupar dos plazas. "Hay que ser hijo de puta" En cualquier caso encontré una plaza libre algo más adelante junto a una iglesia moderna, la misma donde se celebró el funeral de mi padre.
 
Hacía fresco y caminé a buen paso hasta la puerta de entrada. Desde fuera parecía estar vacío pero al abrirse la puerta automática vi que dentro había gente. Recordé la escena de Betty y Rita en el Winkie's de Mulholland Drive. Un joven calvo, con barba y de baja estatura estaba en recepción junto a dos mostrencos de Seguridad. Saqué mi citación y se la di al solícito recepcionista que la pasó por una máquina que le devolvió un ticket. El chaval me devolvió los documentos indicándome por donde debía ir, se lo agradecí y le dije que de todas formas estaba esperando a alguien. Y allí quedé, esperando mientras miraba el cercano panel de anuncios y el deambular de personal y visitantes.
 
La cuidada barba del calvo y pequeño recepcionista trajo a mi memoria una sentencia de Schopenhauer leída hace un par de días en la que el lúcido filósofo alemán venía a decir que la policía debería perseguir y castigar a los barbudos pues asemejan enmascarados pretendiendo esconder algo. Los gorilas iban equipados con sendos chalecos de keviar, lo que no dejó de sorprenderme. Las jóvenes trabajadoras de mantenimiento que pasaban ante recepción eran obsequiadas con simpáticos comentarios del pequeño calvo barbudo que respondían de buen humor. "No te comes una rosca" pensé. Y entonces, por uno de los largos pasillos, apareció María.
 
Es mi prima y aún con sus casi cincuenta años sigue estando buena; es más, muy buena. Claro que yo soy su primo hermano y para mi no es una mujer ni nunca lo ha sido, entiéndaseme, pues entre mis incontables vicios y defectos no se encuentra el de desear follarme a mis familiares hembras aunque quizá esto también sea ya algo caduco por insano y de otro tiempo. En cualquier caso noté que el calvo y los robocops nos miraban, bueno más a ella que a mi, claro, aunque fui yo quien se llevó dos buenos besos. Y así echamos a andar por donde ella había venido.
 
Durante el trayecto le pregunté si no se iba de vacaciones y respondió que sí, que al día siguiente se iría con su marido y su hija a visitar a sus suegros. La niña tiene once años y ya se barrunta que será una mujer de quitar el hipo pues el padre tampoco es Quasimodo, lógicamente. Recordé aquella frase de Bukowski en la que decía que al caballo ganador se le ve en la línea de salida.
 
La sala de espera estaba casi llena pero pude encontrar un buen sitio desde donde ver la pantalla de información. María, enfundada en su bata blanca y envuelta por las miradas de todos los hombres no demasiado deteriorados, pasó adentro y luego salió para decirme que volvería cuando me llamaran. Y allí quedé con mi ticket y la citación.
 
"R5K3" Era como una notación de ajedrez. Pensé en el Torneo de Candidatos que está en marcha en Chipre. Ayer pasé la tarde viendo las partidas. El ruso estuvo a punto de ganar al odioso yanqui de origen japonés pero al final no pudo ser.
 
Un señor mayor que me recordaba a un cliente "especialito" del viejo bar estaba bregando en compañía de su silente esposa con una de las recepcionistas. Algo relativo a un error con las citaciones. El tío, un tanto soberbio, fue calentándose aunque la cosa no pasó de ahí y tras sus buenos quince o veinte minutos dejó sitio para el siguiente, que tampoco estaba allí por gusto.
 
Los códigos se sucedían en la pantalla anunciados por un sonoro toque de timbre, algo de agradecer pues pronto me di cuenta de que en esas circunstancias uno entra casi en estado de hipnosis de tanto mirar la pantalla por miedo a perder de vista su turno. De verdad tuve ganas de dormir y si hubiera cerrado los ojos creo que lo habría conseguido. No sé qué le echarán a las pantallas de los hospitales que adormecen hasta a los insomnes como yo. Supongo que serán del mismo palo en las cárceles.
 
Vi unas cuantas moras con el hiyab bien puesto, algunas en grupo y otras con los maridos pero ninguna sola. Junto a mi se sentó una señora mayor del terreno con su hijo adolescente en silla de ruedas, nada grave, es decir, nada permanente, algo de la rodilla que llevaba escayolada, tal vez un accidente con el monopatín porque los ciclomotores hoy casi no se ven entre los chavales. Recordé las locuras que hacíamos con las vespinos y se me erizaron los pelos del antebrazo y me toqué las pequeñas cicatrices que aún conservo en el bigote y la frente de un hostión que yendo pedo y sin casco me di contra unas cepas.
 
Con una hora y pico sobre el horario previsto apareció mi jugada en la pantalla y entré al pasillo interior, consulta 48. Allí me esperaban un doctor de edad avanzada y una enfermera algo menos vieja y de aspecto cansado. Me senté en la silla ofrecida con el pensamiento de contar toda la historia, algo para lo que me había preparado pero que, como tantas otras veces, no tuvo lugar: casi nunca las cosas salen como imaginas.
 
María apareció un par de minutos después. El doctor miraba más su monitor con la información del caso que a mi y tampoco es que hiciera muchos comentarios. De cualquier modo me dio buena impresión. Recordé aquel buen y sabio médico de "Serotonina" de Houellebecq que le aconsejaba irse de putas de lujo para superar su casi increíble depresión. Finalmente me ordenó tumbarme en la camilla tal y como estaba, flexionó la pierna afectada y acabó por decir lo esperado: hay que operar y colocar una prótesis en la cadera. Firmé algunos papeles, se hicieron algunos esperanzadores comentarios relativos a la tardanza, "estaremos pendientes" dijo mirando a María y nos fuimos, despidiéndonos en un cruce de pasillos con otros dos besos. 

Nada más salir encendí el cigarrillo guardado. La mañana era espléndida y el sol empezaba a calentar. Pensé en mis paseos por los molinos, aparcados desde noviembre. "Un año...dos, a lo mejor antes"
 
Arranqué el coche y puse "La Metamorfosis"
 
 
Y estando ya cerca de casa el gran Artur Mas, el mejor narrador de audiolibros de toda la Cristiandad, dijo aquello de "¡Pero Gregorio ya estaba mucho más tranquilo!" y me reí con ganas.
 
 
 

viernes, 27 de marzo de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XXXII): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (13-B)

 


 

 

Escena 13-B

 

Interpretación (continuación): Esta escena es una de las pistas más claras de la irrealidad de la fantasía.

Desde el mismo inicio del sueño tenemos la sensación subconsciente de que algo no está bien: el brutal accidente del que Rita sale ilesa, la solitaria secuencia hasta que cae dormida tras los setos de los apartamentos donde vive la tía Ruth (no se ve ni un sólo ser humano salvo la pertinente pareja de borrachos que la asusta obligándola a esconderse; ¿de verdad? ¿no hay nadie, nadie, por las calles de una mega ciudad como Los Ángeles?), la incómoda escena de Dan y Herb dentro de un Winkie's que parece poco menos que un barco fantasma, sin ningún ruido ni signo de vida normal con el resto de clientes haciendo poco más que de maniquís, la total ausencia de secuencias de transición (que sí vemos en el piloto)...Lynch elimina todo lo superfluo, todo lo que no afecta al desarrollo de la fantasía dando a entender el proceso de como funcionan los sueños donde un momento estás aquí y otro allí sin por ello resultar extraño dentro del mundo onírico, tal que una realidad cuántica donde sólo se procesa lo absolutamente necesario.

Uno podría pensar al ver el inicio de la escena que Lynch está jugando a ser preciosista con ese plano de Betty y Rita reflejadas en la cristalera de Winkie's pero esto no tienen ningún sentido, entonces ¿qué nos está enseñando Lynch? ¿es otra secuencia del tipo que vimos con el armario? ¿pretende Lynch que fijemos la atención en el fondo del plano más que en el reflejo? Sí, esa es la idea. ¿Y qué vemos entonces? Vemos que el Winkie's está cerrado, que no hay nadie tras el cristal, que está oscuro y con las persianas del fondo bajadas. Sólo cuando Betty y Rita entran es que aparecen los figurantes tan fantasmales como en la anterior ocasión y como lo serán el resto de espectadores en el club Silencio. No oímos hablar a nadie, no hay radio ni televisión de fondo, no hay el ruido típico en una cafetería, no hay nada salvo Betty, Rita y la camarera.

Toda la fantasía está constreñida en sus personajes principales. La ciudad prácticamente no existe, es una ciudad muerta. Sólo vemos fugaces destellos de actividad desde los callejones de Winkie's y de Pink's, siempre detrás de los personajes. Esta misma secuencia, evitando mostrar a Betty y Rita de camino hacia Winkie's es un signo de esto: lo importante no es por donde van sino hacia donde van. Y por esto cuando las veamos montadas en el taxi hacia el club Silencio veremos calles oscuras, a medio hacer y vacías, por no hablar del desierto aparcamiento del club. O la misma escena de la matanza de Joe evita en todo momento enseñar siquiera algo del normal ajetreo diario en un edificio de oficinas y sus aledaños. Para la desesperada Diane no existe nada más en el mundo que lo que la ha conducido a ese estado.

Dentro de Winkie's, sobre la mesa de Betty y Rita, vemos un jarroncito con dos rosas azules. Esta imposibilidad (una rosa azul) que representa a las dos mujeres proyectadas en la mente de Diane nos revela su condición de personajes en un sueño, por no hablar del significado que la rosa azul tiene en, por ejemplo, Twin Peaks como contacto entre dos mundos, entre dos realidades. Las dos rosas azules que Diane coloca en este momento de su fantasía es una revelación de como veía ella a sus dos personajes más queridos por deseados pero imposibles de conseguir. Y es justo ahí donde Diane, entre las rosas azules, provoca la "llamada" que conecte a Betty y Rita con Diane cual hilo de Ariadna porque Diane está en una situación crítica y necesita la ayuda de sus dos mejores amigas para salir del pozo en el que se encuentra. Y así ella misma se presenta en la fantasía en la figura de la camarera con su nombre escrito sobre el corazón: "¡soy yo, estoy mal, ayudadme!". "¿Nada más?" pregunta la camarera un tanto decepcionada. Primero la vimos cambiar una mirada de complicidad con Betty al servirle el café, "soy yo", y Betty parece responder llamándola por su nombre pero ahí quedó la cosa tras el repentino acceso de memoria de Rita. ¿Quería la camarera contarle más cosas a Betty, tal vez que no siguiera en compañía de Rita, el camino secreto hacia la perdición? La camarera sólo llena la taza de café de Betty y apenas mira a Rita, tal que si no estuviera allí. En la mente de Diane todo el mundo intentará apartarla de Rita, la antigua protagonista de su "película" y a quien la inocente Betty debía sustituir. Pero Betty, como Diane, tampoco pudo escapar al influjo del glamour que Rita representa en el cuerpo de Camilla.

(continuará)