Escena 19-D
Interpretación (continuación): Lo primero que hace Betty nada más entrar en el despacho de la mano de Wally es mirar hacia su izquierda, al "maravilloso" sofá de cuero marrón, justo donde luego veremos está sentada Linney-Ruth: su "tía" está allí. Wally le presenta a todos los reunidos pero Betty sólo tiene algunas palabras con Linney. Wally le pregunta si quiere tomar algo antes de la audición y Betty responde negativamente: sólo está allí para hacer lo suyo, nada más. Entonces Wally le sugiere que vaya con Woody para hacer la escena. Betty se quita la chaqueta gris y vemos que lleva una blusa sin mangas de color azul que la hace mucho más juvenil: Betty-Madeleine se transforma en Betty-Judy para hacer su papel. Y Woody, al ver esto, extiende los brazos hacia ella. Entramos en terrenos del trauma.
Bob, el director, parece estar absorto en el guion, ajeno a la actriz. Esto, que en primera lectura podría pasar como incompetencia, también puede entenderse como profesionalidad: Bob será el único de los cuatro hombres presentes que no muestre interés personal por Betty. Bob, como Betty, está allí para hacer su trabajo. Y Bob, como Lynch, sólo da instrucciones imprecisas, dejando margen para la interpretación de los actores. En la realidad Bob Brooker no quedó satisfecho con Diane pero al menos se comportó de manera profesional. Y Diane lo odió por el rechazo en tanto en cuanto fue algo puramente formal, sin lugar a malentendidos: simplemente, Diane no era una buena actriz.
Y aquí es cuando empiezan las "bromitas" de Woody, la vieja estrella hollywoodense, con ese "Dime donde te duele, nena". Desde su posición dominante Woody comienza el flirteo personal con ella. Betty reacciona confundida y no sabe qué decir. Ese viejo galán trasnochado la tiene en sus manos y ella debe tragar aún fuera de la misma audición. Woody se ríe de ella y le pide a Bob hacerlo igual que con "la chica morena" cuyo nombre no recuerda y que tanta impresión les causó; esa chica, evidentemente, fue Camilla. Y Betty tuerce el gesto al oírlo.
Bob está de acuerdo con la sugerencia pero le advierte que no se precipite en una línea concreta, a lo que Woody responde con "actuar es reaccionar" y que él sólo está reaccionando a ellas. ¿Pero qué pasa cuando su reacción es equivocada? ¿qué pasa cuando el viejo macho cree que de una u otra manera todas buscan lo mismo? La precipitación de la que habla Bob es el ansia de Woody por tener entre sus brazos a las actrices obligándolas a hacerlo a su estilo. Bob, en cierto sentido, le está diciendo a Woody que no se sobrepase como pronto veremos. Pero Woody es el reclamo de la película y Bob, a su pesar, debe concederle ciertas licencias.
Una vez más Woody no recuerda el nombre de la mujer que tiene delante; para él todas ellas son meros trozos de carne. Betty, obediente, se lo dice y Woody la coge de la cintura atrayéndola hasta él para "hacerlo como en las películas" Pero el caso es que estamos en una audición, no en un rodaje aunque esto sea algo indiferente para Woody y no así para Betty que no puede evitar que la incomodidad de la situación se trasluzca en su rostro: "el mejor amigo de papá va a trabajar" dice lascivo, frente a frente, con una Betty con gesto de verdadera angustia.
El trauma está servido. "El mejor amigo de papá" (su pene) entra en acción.
La representación comienza con una Betty contenida, muy alejada del furioso ensayo de líneas con Rita. Woody (ahora Chuck) no pierde un segundo en babosearle el rostro a lo que Betty responde desembarazándose de él pero Chuck no cesa en su empeño y consigue atraerla de nuevo para sí con cierta violencia. Chuck baja la mano hasta el muslo de Betty pero se da cuenta y la separa ostensiblemente; Betty se da cuenta y poniendo su mano sobre la de él vuelve a dejarla donde estaba. Y pasamos al célebre primer plano.
En la audición real de Diane podemos apostar que esto no fue así: Chuck la agarró del muslo y ahí quedó la mano. Ese primer plano tan significativo de la mano de Chuck evitando el contacto no es sino la idea de Diane acerca de como debían hacerse las cosas. Eso era algo que estaba totalmente fuera de lugar. Y su reacción fue muy diferente porque inevitablemente esa situación de abuso era un disparador del trauma con el abuelo. Diane se apartó de él y prosiguió su actuación tal y como la vimos con Rita, esto es, muy enfadada y amenazante que, después de todo, fue lo que ella sintió cuando pasó por tan nefasta experiencia. Pero la vida es la vida y las películas, películas.
Recordemos que en esos días Diane todavía no se prostituía para hombres mayores, algo que vino después de la mano de Camilla y que pudo más o menos manejar como condición sine qua non en su búsqueda del estrellato y de la aprobación de la mujer fatal sin escrúpulos de quien estaba tan enamorada.
En primerísimo plano asistimos a la transformación de Betty. Ahora es ella quien lleva las riendas ante un sorprendido y cada vez más excitado Chuck. Entre susurros entrecortados notamos que Betty también está excitándose. Besa levemente las mejillas de Chuck mientras dice sus amenazantes líneas con aquel cada vez más encendido por la pasión. Claramente, y tal y como aconsejó Bob, ahora lo están haciendo "real" aún sin darse cuenta. Y eso es lo que está pasando, que se ha vuelto tan real como lo fue el reencuentro con el abuelo que ya vimos: estamos viendo el polvo de bienvenida del "regreso al hogar" de Diane, la relación de amor-odio que hubo entre los dos pues no hay que olvidar que la figura del abusador en una adolescente genera ese tipo de equívocos en el ánimo de la abusada. Pero Betty no acaba la escena al modo en que seguramente lo hizo Camilla, esto es, añadiendo más leña al fuego con otro gran beso a modo de "grand finale" peliculero. No. Betty se separa de Chuck y con lágrimas "vivas", lágrimas desde lo más profundo de su corazón, le dice que le odia a él tanto como a ella misma. Y es esta sobrecogedora reacción final la que genera el irrefrenable entusiasmo de todos los presentes.
La soñadora Diane, con el abismo a sus pies y la fantasía a la deriva, no puede acabar la audición de la inocente Betty (la joven que nunca pudo ser) como si nada hubiera pasado.

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