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sábado, 7 de julio de 2012

TODOS SOMOS YONQUIS




Sí, también yo me las tragaba enteras, aquellas etapas del Tour, digo, quizá alguna de la Vuelta, el Giro siempre estuvo un tanto de lado para nosotros, tal vez fuera por la suavidad de sus recorridos, hechos para que los ganara algún paisano, pero es que el ciclismo sin montaña es como una fantasía con Ana Siñeriz. Y las mayores montañas, las mujeres más excitantes, estaban en Francia. Cosas del beso francés, I guess...somos como niños.

Recuerdo al último Hinault y al primer Fignon, aquella etapa del Caimán por la serranía madrileña y los dos primeros Tours del antipático coletudo, a mi me gustaba, aunque quizá el primerísimo recuerdo de todos sea el que le ganó a uno que creo se llamaba Pascal Simon: el pobre se cayó y se rompió la clavícula cuando estaba a puntito de ganar la Gran Carrera. Fue una injusticia, una de las primeras ocasiones en las que tuve consciencia de que no siempre gana quien más lo merece, sino quien menos se equivoca. O más suerte tiene. No fue cosa agradable, pero al menos ganó uno que me gustaba.

Después llegó Delgado con su fiebre contagiosa, no había nadie en España más popular a nivel deportivo si exceptuamos a los futbolistas de los cojones, pero cuando a finales de abril llegaba la Vuelta y, sobre todo, a primeros de julio empezaba el Tour, no se hablaba de otra cosa entre la chavalería que del segoviano y sus agónicos ataques, siempre al final, siempre retorciéndose sobre la bicicleta, no hasta el extremo de Lejarreta que parecía ir borracho, pero cerca: Delgado corría como si estuviera pariendo. Delgado corría como si fuera español. La alegría por el Tour que ganó fue aún más grande que por los cinco de Miguelón; con éste todo parecía demasiado fácil, demasiado controlado, demasiado seguro...no parecía de los nuestros, se asemejaba a un alemán, era como si Villaba fuera una pedanía de Nuremberg, solo le faltaba haber sido rubio porque cuadriculez le sobraba a espuertas, casi tanta como frialdad, la misma gracia corriendo que el monstruo del jovencito Frankenstein bailando, no sé...a Miguelón nunca se le olvidó llegar tarde a la línea de salida. Madre de Dios lo que le dijimos al pobre Perico...pero estaba claro que era uno de los nuestros.

No me entendáis mal, ¡claro que disfruté de la dictadura indurainista!, aquí somos mucho del que manda aunque cuando cae renegamos no tres veces, sino mil quinientas si hacen falta, pero yo ya estaba en otras cosas. El mejor momento de Induráin fue cuando el Banco le obligó a disputar la Vuelta después de no haber podido ganar su sexto Tour, una de las primeras celebradas en septiembre, ese gravísimo error que prácticamente mató nuestra carrera. El navarro fue a regañadientes, y cuando vió que tenía la carrera perdida se bajó de la bici y se metió a un hotel: aquel gesto de rebeldía, de no arrastrarse por el buen nombre de un Banco de mierda, lo enalteció a ojos míos incluso más que sus victorias. Finalmente, y en la coda se su carrera, demostró que tenía sangre en las venas.

Y a partir de ahí, muy poco. Llegaron los líos, los follones de dopaje, nadie sabía si el que ganaba estaba limpio o no, y eso es algo que quieras o no te quita la ilusión, no porque te engañen, a fin de cuentas nadie con dos dedos de frente se cree que hagan lo que hacen a base de espaghettis, sino por la sensación de haber perdido el tiempo y el temor de que ocurriera lo mismo con el que estaba por venir. Uno puede perder con cierto gusto su tiempo presente, pero la idea de hacerlo con el futuro es, cuando menos, odiosa.

Yo creo que con el ciclismo, con el deporte profesional, deberían hacer como los yanquis: dopaje controlado, aunque esto es algo que también pienso debiera hacerse con las drogas en general, quien quiere colocarse...a la farmacia. Pero hay demasiado dinero por medio, olvidaros de la moral y demás polladas, es solo negocio que diría aquel, las drogas están por todas partes, no hay nadie que no se drogue de alguna u otra manera, vivimos en una sociedad drogada, el mundo entero es un enorme Proyecto Hombre, lo que sucede es que Sócrates hay pocos y pasa lo que pasa, que las cabezas se van como a HAL 9000 y después vienen las lágrimas. ¿Solución? la de siempre: drogas de calidad y educación, aunque no por ese orden.

Por ejemplo: ¿os acordáis de aquel etapón que hizo Landis después de haber sufrido un pajarón el día anterior?. Aquella tarde llegué al bar con un resacón de mil demonios, me molestaba el vuelo de un mosquito, pero poco a poco empecé a prestarle atención a lo que el personal veía en la tele, hice unas cuantas preguntas y me puse en situación: el tío se había escapado en solitario y estaba recuperando todo lo perdido. Pues bien, no sé porqué, pero a pesar de su condición de yanqui amenazador del triunfo de un compatriota me puse de su lado, comencé a animarle, a gritar: ¡¡¡VAMOS, CABRÓN, POR TU MADRE, AGUANTA...!!!, el tío continuaba dando pedales como un poseído, subiendo y bajando montañas, echándose cubos de agua por la cabeza, bajo aquel calor infernal, ¡¡¡VENGA, HIJOPUTA, SIGUE, SIGUE, SIGUE...!!!, la diferencia no bajaba, es más, seguía aumentando a pesar de que por detrás venía un grupo de varios corredores relevándose, era increíble, ¡¡¡DIOS BENDITO, ERES EL PUTO JOHN WAYNE, VAS A ACABAR CON TODOS, ME CAGO EN TÓ LO QUE SE MENEA, SIGUE, SIGUE, SIGUEEEEEE!!!", el yanqui loco consiguió llegar a línea de meta y aquella tarde se metió el Tour en el bolsillo. Fue lo más grande que he visto en el ciclismo, aunque luego te enteraras que lo hizo puesto hasta las trancas, ciego perdido, pero la excusa que dió, aquello de que la noche anterior se había soplado dos botellas de whisky para olvidar, fue tan cojonuda, tan surrealista, que hasta me lo hizo más simpático. Ese Tour se lo acabaron dando a un tal Perero, o Pereiro, un gallego creo, pero quién se llevó la gloria, las mieles y los laureles del triunfo, fue ese yanqui-yonqui solitario y resacoso. ¿De qué sirve ganar cuando todos creen que has perdido?. La victoria es como una botella de champán.

Conocí a un antiguo campeón, para mi lo era aunque no ganara una gran vuelta pero sí un montón de etapas, Fernando Manzaneque se llamaba, era un tío macho, orgulloso, cabezón y antipático al que una vez lo salvé sin que se diera cuenta de que le partieran la cara. Era todo un personaje, estaba trasplantado del hígado, la cosa viene de lejos, pero seguía a su marcha aunque con el freno de mano echaíto. Ganó dinero durante su carrera, lo suficiente como para haber vivido bien el resto de su vida, pero como era un golferas se arruinó a base de cartas y putas, y acabó sus días como la mayoría: más tieso que la mojama. A veces, si lo veía de buenas, le preguntaba cosas sobre su carrera, los puertos más duros que había subido y eso:

- "Ninguno como el Mont Ventoux, chico, aquello era un infierno...sin árboles, ese calor...ninguno como ése"
- "¿Y las italianas?"
- "Mu machorras...alguna se salvaba, claro, estaban mejor las francesas...¡¡¡PERO NINGUNAS COMO LAS ESPAÑOLAS!!!...te lo digo yo. Kufistín"

Y esta mañana, cuando he salido a pasear, he visto al marido de su hija con su mono verde-amarillo de operario de la limpieza y me he acordado del viejo campeón y de lo que hubiera pensado de ver al que se folla a la niña de sus ojos como un vulgar basurero...

Y lo demás ha venido solo.

Con la ayuda de la droga, claro, Nicotina es su dulce nombre.

Aunque la han obligado a juntarse con tantos basureros malignos que hay que andarse con ojo. Cosas del negocio del vicio.

"Los tengo todos, pero a todos los domino" que respondió al extranjero el más sabio de los hombres que en el mundo han sido.

12 comentarios:

  1. Me has hecho perder diez minutos con esta mierda pringado. No tienen NPI de lo que hablas.

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  3. Desde luego que de la droga no sabes una mierda.

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  4. Fernando Manzaneque era mi ídolo ciclista, lástima que acabase mal.

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    Respuestas
    1. Fue un buen tipo. Y tampoco acabó debajo de un puente.

      Un saludo.

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    2. Peor has acabado tú.

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  5. http://elblogdekufisto.blogspot.com.es/2012/06/ninguna-lastima.html#comment-form

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  6. el increible hombre menguante8 de julio de 2012, 14:42

    La victoria es como una botella de champán.

    Dios santo...que profundo

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  7. jJAJAJAJAJAJAJ que profundo y que subnormal..profundo...jajajajaj

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