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lunes, 18 de julio de 2011

UNA MAÑANA EN EL PARQUE




Anoche terminé realmente cansado, así que decidí que hoy mi día de descanso iba a ser merecedor de tal nombre: ni madrugón, ni maratoniano paseo, el cuerpo sabe cuando tiene que parar. Tú sólo has de hacerle caso.

He despertado algo más tarde, no mucho, sobre las siete, pero también me dormí antes, así que las cinco horas de sueño reglamentarias estaban cumplidas, he intentado dormir algo más pero no he podido, el cuerpo sabe, el cuerpo sabe...arriba.

Tenía pensado el plan de la mañana (ahora hasta hago planes) y a ello me he puesto: un buen desayuno, y por una vez las chancletas en lugar de las claustrofóbicas deportivas, he hecho acopio de todos los apichusques (no se me ha olvidado nada), los he metido en una bolsa, he pillado el coche (nada de andar, sólo lo estrictamente necesario) y me he ido al parque.

Eran las ocho, el sol comenzaba a calentar pero aún no había barrido el frescor de la noche, así que por un momento he dudado si sería mejor hacer tiempo hasta y media para recoger una carta certificada de correos, pero mejor no, las cartas que recibo únicamente quieren mi dinero y cuando son certificadas ya es que van en plan borde, avisos y eso, "TE AMENAZO...", otro día la recogeré, tengo quince y hoy no iba a ser, hoy es mi día libre, hoy nada me iba a cortar el rollo, asi que para dentro, hacia las desiertas gradas, en busca del calorcito...

Las rémoras de papito Estado estaban iniciando su trabajo habitual, es decir, ninguno. Van con unos petos verdes sobre sus ropas, en plan identificativo, para que se vean que son algo, para que no los confundas con lo que son, les ponen un chaleco verde para disfrazarlos, pero ni con esas, ahí estaban, charlando y sacándose mocos, aún era demasiado temprano para la birra y los canutos, quizá media hora más tarde, seguro que mientras escribo esto ya están colocad@s.

Me he detenido ante un cartelón donde te mostraban las diferentes clases de pájaros que echan el rato por allí, bien dibujados a mano y con su nombre debajo, sombreados de diferentes colores para que puedas saber si están de alquiler o es casa propia, algunos se distinguían por una rayita de diferente color sobre su cabeza, me he preguntado que de coño servirá eso, como si los pájaros estuvieran quietos, como si posaran para los paseantes y tal...pero bueno, todo tiene que tener un nombre, hasta el bichejo más pequeño lo tiene, para mí todos se llaman igual: pájaros, y solo puedo ponerles apellidos a dos, a los graciosos gorrioncillos y a los alegres vencejos; a estos últimos suelo verlos volar durante mis paseos, siempre por los mismos sitios y a la misma hora, volando rápidamente en círculos, haciendo cabriolas imposibles bajo el sol de la mañana, a veces me pregunto como es posible que no choquen entre ellos, son unos auténticos ases del vuelo, lo hacen con tanta alegría y naturalidad que llegas a pensar si no irán escuchando a Mozart con unos auriculares.

He llegado a las gradas, he plantado mi culo, he sacado una libreta con su bolígrafo por si se me ocurría algo y me he encendido un cigarrillo. Fuera de la verja podían verse a los currantes con sus máquinas, a los viejos solitarios paseando lentamente, algún cuarentón corriendo, grupos de marujas cotorreando y gesticulando sin parar (¡por Dios...que acaba de amanecer!), alguna jovencita con su perrito...pronto he levantado el ancla, estos días el sol no hace tarde, y me he ido en busca de las ardillas, para eso estaba allí, por eso llevaba unas cuantas nueces conmigo, así que hacia los árboles, a buscar un buen sitio donde sentarme y esperarlas.

Sentado en un viejo y húmedo banco de madera he puesto Radio Clásica, me he quitado las gafas de sol, el sombrero, y me he puesto a mirar las cosas, es muy hermoso ver despertar un parque por la mañana, cómo la luz va poco a poco iluminándolo, todo verde, vivo, en movimiento, hasta los árboles parecen que se van desperezando, despertados por el continúo ir y venir de pájaros y pájaras...suben a sus ramas, miran y remiran, bajan a la hierba, picotean algo, vuelven a subir, vuelven a mirar, a cantar, a aletear...¡cualquiera duerme con semejantes vecinos!.

Poco a poco ha comenzado a llegar la gente, algun@s haciendo footing, otr@s paseando a sus perros, aquell@s paseándose a sí mismos...es curioso, pero por la mañana todos parecemos normales, buenos chic@s, pero si los mismos que estábamos allí nos viésemos esta noche en el mismo sitio, haciendo lo mismo, pasaríamos a ser sospechosos de algo, a causar temor en lugar de indiferencia, es la noche y el día lo que marca nuestras vidas, lo demás son condimentos.

Al rato ha hecho su vertiginosa aparición mi objeto de deseo, ha sido un visto y no visto, corriendo sobre la hierba como alma que lleva el diablo, ni siquiera me ha dado tiempo a sacar una nuez, "¡pero será gilipollas!". Y es que para los animales siempre es de noche aunque el sol no pueda derramar más luz sobre todos nosotros, han de ser desconfiados, les va la vida en ello, "camarón que se duerme le lleva la corriente"...

En busca de la ardilla me he ido a un tercer y último sitio, algo más soleado, rodeado de árboles, junto al canal, y he quitado la música (el gran Bernard Herrmann y su prescindible "Moby Dick"); quería escuchar el concierto del parque mientras esperaba a la silenciosa solista de la función.

Pronto ha hecho aparición parte de la sección de viento, la más pesada, la más jevi, las jodidas moscas, moscardones y moscamierdas, ¡pero qué pesás que son las hijas de la gran puta, Dios!...y venga a mover el pie, y venga otra vez a la uña, una y otra vez, ni dos segundos de tregua. A un metro de mí volaban torpemente una nube de bichejos tan pequeños que no molestaban, también es cuestión de tamaño, las moscas son demasiado grandes, algo puede ser demasiado grande aún siendo pequeño, solo es necesario ser un pesado, un cansino...pero de la ardilla ni rastro.

Al final me he ido, la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes, otra vez será, he salido al camino principal y me he encontrado con un viejo colega de juergas, me he alegrado al verle y él también, hacía mucho tiempo...

A él lo abandonó su mujer por una tía, se quedó con el hijo, con la casa, con el coche y con un tanto por ciento del sueldo de su ex, mi colega cayó en una depresión y tuvieron que medicarle, aunque frecuentemente se medicaba él mismo a base de alcohol y coca, entonces se transformaba en una bomba de relojería defectuosa. Una noche que andábamos por ahí, llorándome sobre el hombro, me dijo que se iba a pillar un pollo de grama, una botella de whisky y se iba a meter en su casa en compañía de una soga, a ver si de esa forma tenía cojones para hacerlo. Evidentemente no lo hizo, con el paso de los marrones (a cual más oscuro) terminamos por distanciarnos, mi bar no es un sanatorio, lo siento tronko, no puedes estar así por aquí...

Me enteré que había dejado toda esa mierda; aunque de baja en el trabajo se estaba empezando a cuidar, a veces lo veía a lo lejos con la bici, o caminando con su hijo...no lo molestaba, cuando alguien sale de un mal viaje no le resulta agradable ver a sus compañeros de asiento, ¡si lo sabré yo!, pero esta mañana ha sido diferente, nos hemos topado, sí, pero ha sido agradable, nos hemos visto bien y siempre es bueno ver bien a un viejo amigo, ninguno somos malos, hemos pasado malas rachas, eso es todo. Afortunadamente yo iba con las chanclas, no podía seguir su paso y tampoco era plan de que él se enfriara hablando de nada con un antiguo amigo, porque es de eso de lo que hay que hablar cuando te reecuentras con alguien que aprecias después de mucho tiempo: de nada. Ya habrá tiempo si tiene que haberlo para contarnos cosas. "Me he alegrado de verte", "yo también".


Y ya está.


Otra buena mañana, no hay ninguna mala.


Esas son las noches.

3 comentarios:

  1. Si conozco la sensación, y según con que viejo tron te encuentres a veces es mejor hacerse el loco.

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  2. Kufisto me ha gusto lo de "ahora hasta hago planes" jejeje. Lo de los pájaros muy vivaldiano ciertamente, aquí en todos los parques han soltado periquitos, o no sé qué tipo de pájaro, y se reproducen de forma exagerada e invaden los cielos como si de una maniobra militar se tratara, a veces parece que Hitchcock se metió a zoólogo jajaja

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  3. La naturaleza a primera hora es tuya, solo para ti.
    Después llegan los demas, y pasa a un plano secundario, los otros lo han ocupado.
    Solo vuelve al anochecer, ellos se van y te quedas con ella. Pero media hora mas tarde ya ers un gato mas, y pardo, ya es noche.
    Cerrada.

    Juanitoj

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