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miércoles, 22 de agosto de 2012

DUNHILLS Y GAULOISES




Una de las mejores partes de la última novela de Houellebecq es aquella en la que padre e hijo se reúnen en la casa de este para la cena de Nochebuena.

Habitualmente, nos cuenta Michel, era algo que hacían en algún buen restaurante, aunque no tanto como para que el viejo se olvidara de que lo era, no tanto como para que se sintiera lo suficientemente a gusto como para dar respuesta a algunas preguntas que habían torturado a su hijo durante toda su vida. Uno no puede hablar de nada importante, decisivo, si está rodeado de extraños, así que todas esas nochesbuenas terminaban como otra noche más.

Pero en esa que sería la última que pasarían juntos el hijo decide hacerla en casa ante la enfermedad de su padre: un cáncer que le ha traído un ano de plástico junto a la promesa de una muerte más que próxima.

Y allí, los dos solos, después de dar buena cuenta de una cena por encargo, el padre le pide cigarrillos a su hijo, "no tengo, voy a buscarlos", y sale corriendo a la nevada noche desierta y encuentra un sitio abierto, compra Gauloises y Dunhill, regresa a casa, se los da al viejo y este los va fumando entre copazo y copazo de coñac, "llevo treinta años sin fumar...no entiendo porqué la gente ha dejado de fumar...qué bueno está...". Y después, hasta las lágrimas, le cuenta a su hijo todo lo que quería saber. Y más.

Decía Cervantes en una de aquellas frases que deberían grabarse a fuego por las esquinas que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno. Cambia "libro" por "nada" y comprobarás lo que realmente quería decir.

El tabaco y el alcohol no son malos, ellos simplemente están ahí, como cualquiera. Eres tú, el uso que hagas de ellos, quien decidirá si son más malos que buenos o viceversa: si te fumas sesenta pitos y te bebes diez cubalibres normalmente dirás que son demonios, a no ser que seas de hierro, pero si calibras tu medida (algo que debe hacerse con todas las cosas) gritarás que son ángeles. Y de los que no se cayeron (o los cayeron)

La gente, el personal, está obsesionada con la muerte, una obsesión enfermiza, malsana, por la que, llegada cierta edad, la inmensa mayoría se aparta de ella todo lo que puede, tal vez con la esperanza de que así los olvide durante el mayor tiempo posible. Hacen ejercicio, comen cosas con nombre de medicinas pero que los que saben aseguran que son buenas, huyen del tabaco, del alcohol, de cualquier tipo de droga mala, y se echan en los brazos de los médicos, los sacerdotes de nuestro tiempo, este tiempo tomasino en el que todo aquello que no se puede ver con los ojos es, cuando menos, dudoso.

Y lo que te hace dudar es malo.

Sí, un fumador tiene más posibilidades en desarrollar un cáncer de pulmón que otro que no lo sea, y un bebedor lo mismo con el hígado, y un loquesea igual con un deloquesea, pero eso no asegura nada, no deja fuera del círculo a quien por narices tiene que estar dentro de él, porque si estás fuera es que estás muerto, y si estás dentro lo estarás fuera, más tarde o más temprano, porque aunque no quieras, aunque huyas, aunque te tapes los ojos, también a ti te tocará salir de la partida, que nadie tiene tantas fichas para seguir jugando eternamente. Aunque te llames Howard Hughes y vivas en una burbuja. También llegará allí.

El miedo a la muerte, el terror paralizante ante la sola idea de que vendrá a por nosotros, hace que sea la muerte quien gobierna la vida, nuestra vida, vivimos en función de ella y, paradójicamente, para ella. No deberíamos olvidar que quien huye de algo vive con ello más que con ninguna otra cosa.

No hay nada tan malo que no tenga algo bueno...yo también he leído por ahí que la nicotina activa partes del cerebro relacionadas con no sé qué historias pero que son buenas para la mente, que te hacen ver mejor con los ojos que no tienen nariz donde columpiarse, esos que tenemos dentro de la cabeza, los que están a lo que tienen que estar, pero esto es algo que jamás verás en los telediarios, esos sitios donde está clarísimo lo que es malo y lo que es bueno, quienes son los malos y quienes son los buenos. Aunque habría que preguntarse el porqué anatemizan ciertas cosas, ir a la esencia de ellas para ver lo que realmente son, que dijo aquel filósofo.

Nos cuenta Houellebecq que en ciertas culturas es una norma desenterrar a sus muertos una vez que lo llevan quince días, sentarlos a la mesa, y cenar en su presencia. Después otra vez al hoyo y a los dos meses otra vez fuera para la misma ceremonia, y a los seis...y hasta el año.

No sería muy divertido, al menos al principio, pero estoy seguro que si viéramos lo que seremos, y no solo una vez, si no varias y a cada cual peor, nos dejaríamos de muchas gilipolleces y viviríamos de otra manera, con más calma, creo yo...

Y es en la tranquilidad, y en ningún otro lugar, donde se encuentra aquello que llamamos felicidad.

Ninguna comida del mejor tres estrellas sienta mejor que la que haces en tu casa, a solas o con tu gente, sin miedo a nada.

Ni a encender veinte Marlboros y beberte una botella de whisky.

Ni a llorar si hace falta o a hablar de lo que hace falta.

Pero sin pasar ningún examen de desconocidos.

Donde hay confianza...da gusto.

Aunque termines llorando, quizá sea por eso.

¿Qué prueba mayor de amor que ver llorar a alguien y no salir corriendo?


15 comentarios:

  1. La gente tiene miedo a la muerte porque está dominada por su ego. El ego sabe que con la muerte desaparece para siempre, porque en el mejor de los casos lo que quede será algo muy distinto a ese conjunto de "formas de pensamiento" que es el ego.
    Con el tabaco pasa una cosa curiosa. Cuando alguien te advierte de los perjuicios de fumar -naturalmente ellos lo han dejado y (dicen) que se encuentran mejor- por ese corto espacio de tiempo están convencidos de que no se van a morir nunca... Luego si les recuerdas lo inevitable del asunto, para ellos también. Dicen que bueno, que por lo menos morirán más sanos -tócate la pera- o que disfrutarán de mayor calidad de vida.
    En parte es como los que rechazan cotas cada vez mayores de libertad, a costa de seguridad. Ya decía Benjamin Franklin que: "El hombre que intercambia libertad por seguridad no la merece ni tampoco la recibe jamás."

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    1. No hay mayor talibán que el renegado, Miguel Ángel, ese sí que es un problema de ego: "Si ahora pienso así...ahora tengo razón. Otra vez"

      Como Fedeguico, paradigma de lo que digo: él siempre ha tenido, tiene y tendrá la razón.

      Yo solo sé lo que me gusta, hace tiempo que dejé de intentar la conversión de los demás. Me da lo mismo.

      Un ejemplo: anoche estuvimos viendo (el verano está siendo pá mear y no echar gota...) "Cara a cara", esa enorme mierda protagonizada por esos dos vómitos con ojos apellidados Cage y Travolta, aún no me explico como fui capaz de verla entera, y no es la primera vez...yo creo que son los efluvios del bar, que te agilipollan. Y los mensajes subliminales, of course, ya sabes que soy todo un conspiranoico como tú, amigo mío...

      Pues bien, ahí estábamos, riéndonos de lo ridícula que es, cuando le dije a un colega: "seguro que hay alguien que piense que es la mejor película de la historia".

      A los cinco minutos llegaron dos clientas, dos cañones de mujer, y dice una: "¡¡¡ahhh, esa es Cara a Cara...NO ME CANSO DE VERLA!!!"

      ¿Entiendes lo que quiero decir?

      Un abrazo

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  2. ¿estar enganchado a una sustancia que adelanta tu muerte (en la mayoría de los casos), es lo que entiendes por libertad?

    salu2.

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    1. La muerte no se adelanta nunca. Ni se atrasa: llega cuando toca y se va contigo.

      Fumar me sienta bien, no fumar me pone nervioso, vivir pensando constantemente lo que me gustaría fumarme un pito no es vivir.

      No vivo para fumar, pero prefiero vivir fumando.

      Gracias. Un saludo.

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  3. Hola de nuevo,
    Científicamente está probado que el tabaco acorta la vida (estadísticamente hablando), claro que tu puedes ser la excepción que llegue a los 90 respirando una bombona de oxígeno.
    Fumar no le sienta bien a nadie, otra cosa es el alivio que te produce ser un yonky de una sustancia y quitar el mono de abstinencia.
    No prefieres fumar, prefieres no intentar dejar de fumar.
    Fumar no aporta nada positivo, dime sólo una cosa positiva.
    Con este comentario no pretendo aliarme con la liga antitabaco, cada uno se mata como quiere, es derecho de cada uno.
    Pero, por favor, no hagas apología de ese veneno.
    Dices: “Fumar me sienta bien, no fumar me pone nervioso, vivir pensando constantemente lo que me gustaría fumarme un pito no es vivir”.
    Esa frase es el resumen de tu esclavitud hacia la nicotina, eso no es libertad.
    Un saludo.

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  4. Puto calor Kufisto, puto calor manchego. Al próximo que me diga lo del paraíso en la planicie de La Mancha o me resuma las cualidades increíbles de la obra de Cervantes lo mando a donde fue el carro el cojo, mismamente a tomar por culo.
    He leído con interés, como siempre, tu entrada, y debo decirte, como ya te dije un día, que soy exfumador y no me arrepiento de ello, pero tampoco lo hago de mi época de pitillo y pipa. No soy un talibán de los que empiezan a toser como si fueran a expulsar los pulmones por la boca cada vez que alguien enciende un pitillo. Vivo rodeado de fumadores (toda mi familia carnal lo es) y de no fumadores (toda mi familia política lo es), y me gusta ese continuo nadar entre dos aguas. En serio, hay por ahí exfumadores que nos encontramos a gusto con haber dejado de fumar pero que os miramos a los que aún disfrutáis del vicio con una especie de reverencioso silencio. Un fumador lo es para toda la vida, y creo que cuando se acerque mi momento volveré a encenderme, al menos, un buen par de pipas por los viejos tiempos.
    Y por cierto, qué recuerdos me ha despertado tu referencia a los Gauloises, aún recuerdo esas cajetillas azules que se abrían como una caja de bombones y cuyos cigarros acompañaban de maravilla el ron casero de Canarias, no esa bazofia que venden embotellada al por mayor...
    Me hago mayor, Kufisto. Ya queda menos para volver a fumar, je, je.
    Un abrazo telepático, que uno de verdad es demasiado caluroso.

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  5. Buenas Kufisto, sobreponiendome al calor de mierda, te paso este enlace:

    http://www.escohotado.com/articles/losfumadoresentreelatracoylaestafa.htm

    Te dejo el ultimo párrafo:

    Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

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  6. http://vk-unhombredeapie.blogspot.com.es/
    Kufisto : ¿ Crees en las casualidades ?.
    Yo tampoco.
    No te preocupes, yo a veces también me inspiro en alguna de las tuyas y no passsa ná. Y no passando ná, no passa ná.
    Pero los fumadores empedernidos, seguramente no muramos del tabaco. ¿ Tú has visto a alguien que se muera del tabaco ?.
    Se puede morir de un infarto, o de un cáncer de pulmón, pero del tabaco, no conozco a nadie que haya muerto.

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  7. Gracias a todos, no estoy en condiciones de responderos, aunque lo estuve cuando os leí...cosas del tiempo. Cosas de las cosas.

    Muchísimas gracias, de verdad.

    Sin faltas ortográficas, ¿no?

    Con un par.

    Abrazos

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  8. Pues te leo fumando un Chesterfield, ambas cosas un placer.
    Saluditos.

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  9. Zorrete,
    me parece perfecto que te fumes un Chester mientras no nos apestes a los demás con el humo.
    Y permíteme que dude que sea un placer.
    Saluditos.

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  10. Que te jodan TEVEO y no te creo.
    Perdón no es mi costumbre a sido un repente. Cosas de las obstrucciones cerebrales por el alquitrán.

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  11. Dos frases a enmarcar:
    No hay nada tan malo q no tenga algo bueno

    ¿Q pueba mayor d amor q ver llorar a alguien y no salir corriendo?

    Me encantaría extenderme. Pero me pondría muy blandurri.

    Que sepas q me ha encantado, Kufis. Me voy a encender un cigarrito para celebrarlo…¿Quieres uno?

    Un beso!

    R

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  12. Te dejé a medias...las prisas por no llegar más tarde

    Veneno que me dieras, querida.

    Beso

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