sábado, 21 de febrero de 2026

MULHOLLAND DRIVE (XV): ANÁLISIS ESCENA POR ESCENA (5-A)


  

 

 

Escena 5-A

 

 Descripción: Una guapa joven camina con una sonrisa de oreja a oreja por las instalaciones de un aeropuerto cogida del brazo de una señora muy mayor que también sonríe. Detrás de ellas una mujer pelirroja con un pañuelo al cuello cruza en otra dirección. La chica rubia, maravillada ante lo que está viendo, exclama "¡Oh, no puedo creerlo!" Ahora las vemos bajar por las escaleras mecánicas. La chica rubia mira hacia arriba y en su entusiasmo llega a dar un pequeño saltito al ver un gran cartel con la leyenda "Bienvenido a Los Ángeles" sobre un amanecer dibujado en el que vemos las sombras de rascacielos y de una gran palmera. La chica rubia hace un gesto como de "¡por fin he llegado!" sonriendo abiertamente y con complicidad a la señora mayor, que le devuelve otra amplia sonrisa.

Las dos mujeres salen al exterior del aeropuerto. La chica rubia se ha quitado la chaqueta que ahora lleva arrollada sobre un gran bolso y porta dos maletas azules. Viste un corto suéter rosa con mucha pedrería y una camiseta blanca por debajo; los pantalones son negros. Tras ellas vemos a un anciano empujando un portaequipajes lleno de grandes maletas. Ambas mujeres caminan un poco más hasta la zona soleada y la joven rubia suelta las maletas para darle un gran abrazo a la anciana señora.

- Es hora de despedirse, Betty -dice la anciana sonriendo- Ha sido bonito viajar contigo.
- Gracias, Irene -responde Betty- Estoy tan excitada y nerviosa...
- ¡Recuerda avisarme cuando salgas en la gran pantalla! -dice Irene
- De acuerdo, Irene. ¡Ojalá llegue ese día!
- Buena suerte, cariño -dice Irene volviendo a abrazarla- Cuídate ¡y sé cauta!
- Lo haré -responde Betty- Gracias otra vez.
 
Y es entonces cuando brevemente vemos al anciano que tiraba del portaequipajes y que resulta ser el marido de la señora mayor.
 
- Betty -le dice sonriendo al tiempo que le coge las manos- Ha sido tan bonito conocerte. Te deseo toda la suerte del mundo. 

A lo que Betty responde con un simple gracias, aunque sigue sonriendo. Y mientras se despide de ellos agitando la mano vemos por detrás suya a otra mujer pelirroja con un pañuelo al cuello que pasa al lado de ella justo cuando Betty se da la vuelta, sin encontrarse. Betty mira hacia abajo y no ve sus maletas. "¡Mis maletas!" exclama temerosa de haber sido robada. Pero ha sido un diligente taxista quien las ha recogido para meterlas en el maletero de su taxi amarillo. Y alzando la voz pregunta "¿Adonde?" Y Betty, tranquilizada, responde "1612 Havenhurst" con una amplia sonrisa. Y así, contenta, sube al taxi amarillo.
 
Una limusina negra viaja por la autovía de salida del aeropuerto. En su interior viaja la pareja de ancianos que vimos con Betty. Llevan puesto el cinturón de seguridad. Van mirando al frente y sonríen de manera extraña, exagerada. Ahora vemos desde su posición y nos fijamos que delante de ellos circula un vehículo azul. El plano regresa con los ancianos. La señora busca la mirada de su marido y sin decirse nada le da tres leves golpecitos en la rodilla lo que provoca que ambos sonrían aún más e intercambien una mirada de complicidad. 

Interpretación: La fantasía de Diane ha comenzado de manera poco menos que catastrófica. Recordemos que su último pensamiento consciente antes de derrumbarse sobre la almohada fue el feliz triunfo en aquel baile que al final resulta empañado por el recuerdo de esos dos ancianos que entonces estaban con ella. Y precisamente es esa última imagen distorsionada dentro de un recuerdo feliz la que induce a Diane a comenzar su fantasía de forma tan dramática, primero con un intento de asesinato y un brutal accidente de tráfico, luego con el encuentro de un monstruo horrible y finalmente con la sucesión de una siniestra cadena de llamadas telefónicas. Todo esto ya se ha explicado pero es necesario traerlo a colación para ponerle contexto a la entrada en escena del personaje favorito de Diane en la fantasía, un personaje enterrado en su mente desde hacía mucho tiempo: Betty. Vamos a ver, pues, quien y qué representa Betty en la mente de Diane.
 
Lo primero que nos llama la atención de la joven y guapa rubia que vemos en el aeropuerto es que a pesar de aparentar ser una mujer completamente formada, sin embargo tiene tics de un infantilismo desbordante: la enorme sonrisa que no se le borra del rostro en ningún momento puede pasar perfectamente como la natural ilusión de una joven de pueblo que llega a una gran ciudad para lograr hacer realidad su sueño. No hay mucho problema con esto. ¿Pero qué diremos de, por ejemplo, ese saltito al ver el cartel de bienvenida, ese alegre mohín de complicidad con la anciana, ese suéter rosa evidentemente corto para ella repleto de brillantitos, esos grandes abrazos con la señora y esa despedida agitando la manita? ¿no es como si estuviéramos viendo el comportamiento de una niña, ni siquiera de una adolescente? Y exactamente eso es lo que estamos viendo: el comportamiento de una niña en el cuerpo de una joven adulta.
 
Intentemos explicarlo a la luz de lo expuesto en el primer párrafo. 
 
Diane es una mujer que está al límite de sus fuerzas, ahogada en sus penas. Hasta ese recuerdo del baile es agridulce para ella. Entonces, ¿qué hacer? Pues ir aún más atrás, al tiempo en el que esas dos figuras distorsionadas todavía no lo estaban, es decir, cuando Diane era una niña y se sentía amada por esa pareja de ancianos que fueron sus abuelos. Y así, retrotrayéndose a aquel tiempo feliz, es que puede dar entrada al personaje Betty en su fantasía sin que esta albergue ninguna miseria en su corazón. Y por esto aparece feliz junto a la anciana, aunque no tanto con el anciano al que despacha rápido y a quien en ningún momento abraza, algo muy notable: Diane teme que la dulce Betty se derrumbe nada más llegar a la fantasía.
 
Lo siguiente que hace Diane en su fantasía es sacar a sus abuelos de ella, a quienes mete en una limusina negra hacia alguna parte. Ya hemos hablado antes de lo siniestras que son todas las limusinas negras en Mulholland Drive y esta no es ninguna excepción. Vemos a los abuelos sentados en el asiento trasero con los cinturones de seguridad puestos, mirando al frente y sonriendo en silencio de forma muy extraña. ¿Qué nos trae a la cabeza esa sonrisa? ¿a qué nos recuerda? Ahora vemos lo que ellos están viendo: un vehículo azul que les precede. Volvemos con los abuelos y vemos como se miran sonriendo aún más mientras ella le da unos ligeros golpecitos a él en la rodilla. ¿Qué significa todo esto? Miremos con un poco más de detenimiento.
 
¿Os habéis fijado en el chófer cuyo rostro se ve parcialmente reflejado en el retrovisor interior? ¿qué veis? ¿veis lo mismo que yo? ¿veis como lleva la nariz aparatosamente vendada? ¿será que los viejos huelen mal? ¿veis las profundas y negras ojeras que prácticamente llegan hasta el pómulo? ¿veis una descuidada barba sin afeitar? ¿es este el aspecto del típico chófer de limusinas? ¿quien o qué es este chófer? ¿no es acaso un demonio que por orden de Diane los lleva directos al infierno cuya puerta abre el vehículo azul que les precede, el color azul que abre puertas entre dimensiones?
 
Los ancianos, los abuelos de Diane, sonríen como, como...calaveras, eso era. Los abuelos de Diane murieron hace tiempo pero ella los quita ahora de la circulación en su fantasía después de haber introducido a Betty en ella, introducción en la que necesariamente debían aparecer los abuelos porque entonces sí eran los abuelos amorosos como se supone deben ser todos los abuelos del mundo. Pero una vez que la niña Betty ha llegado a su destino los abuelos deben desaparecer de la fantasía de la adulta y deprimida Diane Selwyn que se despide de ellos de forma sarcástica, haciéndoles creer que con toda seguridad van a ir al cielo porque su nieta Betty no sabe lo que después hicieron con ella. Pero están muy equivocados pues como revela la nariz vendada del chófer están podridos por dentro y apestan, y para desgracia suya y al final también de Diane son conducidos al merecido infierno del que al final de la película saldrán brevemente a través de una caja azul.
 
Y así es que Betty, como Dorothy, llega a su mundo mágico después de que Diane, como Dorothy, haya hecho un repaso de los males que le atormentaban haciendo peligrar su mundo. Pero mientras Dorothy encontró aliados en su camino que le ayudaron a madurar, Betty no encontrará más que dificultades que intentará sobrellevar y que, como iremos viendo, la harán madurar para mal hasta desaparecer, pues mientras Dorothy contó con la imprescindible ayuda de la Bruja Buena del Norte tanto al llegar como al irse de Oz, Betty en ningún momento podrá conectarse con su adorada tía por más que Diane introduzca en la fantasía mujeres pelirrojas con un lazo al cuello: la tía Ruth, la Bruja Buena del Norte en la fantasía, se fue antes de que Betty llegara y sólo volverá cuando Betty se haya ido.
 
El sueño de Hollywood no podía acabar como el sueño de Oz. 

Color: El rosa es el color de Betty durante todas las escenas del primer día, el color de la inocencia en las mujeres. El negro de la limusina vuelve a señalar el carácter trágico o malvado que subyace en todas las limusinas negras que iremos viendo. El color azul vuelve aquí a representar un cambio para aquellos que se encuentran con él, tanto Betty con sus maletas azules entrando en una nueva realidad como los abuelos viendo el vehículo que les precede para llevarles al infierno. El amarillo del taxi señala el camino dorado que Betty espera recorrer con éxito.
 
Ecos visuales: -El vehículo azul se conecta con el que vio y "despertó" a Camilla al llegar a la primera avenida de Los Ángeles tras descender la colina después del accidente, así como con la furgoneta azul en la que se mete la prostituta al salir de Pink's en compañía del sicario y el chulo.
- Los brillantitos en el suéter rosa de Betty recuerdan los brillantitos en el traje de noche de "Camilla" al salir de la limusina tras el accidente.
 
Paralelos: La tía Ruth se va de 1612 Havenhurst para ir a Canadá y Betty se va de Canadá para ir a 1612 Havenhurst; Diane y de Rosa (su vecina) intercambian sus apartamentos 12 y 17.
 
 

 

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