miércoles, 11 de febrero de 2026

MULHOLLAND DRIVE (IV): LAURA Y NAOMI LLEGAN A MULHOLLAND DRIVE

 Creo de cierta importancia añadir algunas consideraciones previas al inicio del rodaje que aportarán claves para entender lo que vino después. Y para ello, y habiendo hecho las breves semblanzas biográficas en la entrada previa a esta, voy a atenerme a quienes a la postre fueron las auténticas protagonistas de la película: Laura Elena Harring y Naomi Watts.

Laura Elena Harring no era una desconocida para Lynch. Una mujer pública (en el buen sentido) de semejante belleza, ganadora de Miss USA y asidua de portadas de revista, programas de televisión y en el modelaje no podía serlo para un esteta del bello sexo como siempre lo fue Lynch. No es raro pensar que al ver su fotografía entre las candidatas que le presentaron como posibles Camilas tardara cero coma dos en decidirse por ella: con su exuberante belleza latina, melena negra, elegancia y latente fatalidad de mujer la vio perfecta para el papel sin importarle mucho su valor como actriz: Laura iba a ser Camilla.

El primer encuentro entre ellos fue, como no podía ser de otra manera, lynchiano. 

El agente de Harring la informó de que había sido elegida para el nuevo proyecto de serie de Lynch y le dio la citación para la entrevista y algunas indicaciones: no ir muy maquillada y llevar un vestuario normal, ni de ir al súper ni de salir de fiesta. 

Llegado el día y conduciendo, nerviosa, a la entrevista tuvo un leve accidente de tráfico que la retrasó un tanto provocándole casi un ataque de ansiedad ante la idea de que Lynch diera carpetazo al tema de pura informalidad. Por fortuna para ella no fue así y tras un breve saludo y disculpas por la tardanza debida al accidente Lynch guardó completo silencio y empezó a mirarla desde varios ángulos. Harring, evidentemente, comenzó a ponerse aún más nerviosa ante una situación que con toda seguridad no le hubiera permitido a ningún otro pero claro, era David Lynch quien la estaba mirando de esa manera tan inquietante y a Lynch se le debían ciertas licencias.

- Bien, muy bien...-dijo él como hablando para sí mismo- Ahora quiero que mires a esa pared mientras escuchas esta música.

Y puso el tema del inicio, cuando Camilla viaja en la limusina negra por la carretera de Mulholland Drive. Y cuenta Harring que tal fue entonces como luego salió en la película.

- Estás contratada -dijo Lynch- Y que sepas que tu primera escena será en un accidente de automóvil. 

Y ambos estallaron en carcajadas.
 
 
Con Naomi Watts el asunto funcionó de otra manera. En aquel tiempo Watts vivía en Nueva York y recibió el aviso de su agente apenas con el tiempo justo para volar a Los Ángeles y presentarse en las oficinas de Lynch. Cuando este la vio llegar con un aspecto descuidado le dijo decepcionado que lo mejor era dejarlo para el día siguiente y que se presentara en condiciones. A Watts se le cayó el mundo a los pies: cuando por fin le había llegado la oportunidad de hacer algo importante, cuando estaba a punto de dejar la actuación y regresar a Australia cansada de tantas decepciones y sinsabores, llega el momento soñado y ella aparece poco menos que como una zarrapastrosa. Echando pestes del descuido de su agente fue a un salón de belleza, compró algo de ropa y pasó la noche apenas sin dormir esperando la entrevista del día siguiente. ¿Seguiría en pie lo de la entrevista o Lynch, como tantos otros antes, ya se habría olvidado de ella? Pero sí, la entrevista siguió en pie.
 
Lynch no miró en silencio a Watts desde varios ángulos. Lynch no le pidió que mirara a una pared mientras sonaba la música. Muy al contrario, con ella habló, y habló y habló...Y la contrató. Naomi iba a ser Diane.
 
 
Sin duda alguna uno de los triunfos de la película es la elección de la pareja femenina: tanto la una como la otra eran las adecuadas para los roles que iban a desempeñar. Una, la Harring, la femme fatale, había llevado una vida de ensueño, la clase de vida con la que sueñan todas las adolescentes; otra, la Watts, la víctima, llevaba escrito en el rostro todo por lo que había pasado y la mutua conversación terminó de convencer a Lynch de que ella, y no ninguna otra, iba a ser la desdichada Diane Selwyn, esa mujer con la que ninguna adolescente sueña si no es en pesadillas.
 
Todas las piezas estaban en su sitio.
 
 
Por fin había llegado el momento de iniciar el viaje hacia Mulholland Drive.
 

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