A finales del siglo pasado las series no eran lo que hoy son en cuestión de producción. Las grandes estrellas cinematográficas pasaban olímpicamente de comprometerse en proyectos dudosos, de larga duración y sin el dinero que proporcionaban los grandes estudios. Con todo, 1999 fue el pistoletazo de salida para series que con el tiempo fueron creciendo hasta alcanzar el éxito masivo. "El ala oeste de la Casa Blanca" y "Ley y Orden" fueron dos de ellas. Pero la que en verdad rompió el curso de los acontecimientos fue "Los Soprano"
Internet aún estaba en pañales y las redes sociales no existían. La televisión todavía permanecía intocable como gran medio de entretenimiento para las masas. Los llamados "actores de carácter", secundarios en las grandes producciones o viejas estrellas con el arroz pasado vieron en las series una buena vía de escape para ganarse la vida y, esto fue lo nuevo, alcanzar el reconocimiento artístico. Una nueva hornada de actores también se fogueaba en proyectos más o menos dudosos.
Lynch entró en negociaciones con productoras americanas para televisión. Estaba convencido de la necesidad de serie como formato para su proyecto. La ABC mostró interés y puso el dinero para la filmación del episodio piloto. Y Lynch, ya con el dinero disponible, y con todo su equipo habitual a plena disposición se volcó en encontrar al trío de protagonistas (dos mujeres y un hombre jóvenes) que iban a llevar el peso de la historia. Y puesto en contacto con Johanna Ray, directora de casting, le pidió fotografías de los candidatos posibles.
El proceso de selección en realidad fue rápido y sencillo: Ray le mostraba seis o siete fotografías para cada rol, Lynch las miraba en silencio y sin pedir ningún dato biográfico o laboral elegía una de ellas.
Justin Theroux era un joven actor estadounidense proveniente de una familia de artistas. Hasta el momento de entrar en contacto con Lynch su carrera transitaba entre papeles de secundario para comedias juveniles y alguna que otra participación en películas de mayor alcance como "American Psycho". En televisión había aparecido en algún episodio de series como "Ally McBeal", "Spin City" y "Sex and the City"
Laura Elena Harring había nacido en el seno de una acomodada familia mexicana. A los diez años se trasladaron a San Antonio (Texas) y a los dieciséis la enviaron a estudiar a Suiza. Después estudió teatro en Londres así como bailes latinos, tango incluido. Poco antes de cumplir veinte años regresó a Estados Unidos y empezó a competir en concursos de belleza. Finalmente se presentó a Miss USA 1985 y con apenas 21 años se convirtió en la primera ganadora hispana de la historia del certamen. Después de un año viajando a lo grande por el mundo, en 1987 conoció a un conde alemán tataranieto de von Bismarck y se casó con él. El matrimonio apenas duró dos años y no tuvieron descendencia. Ese fue el inicio de su carrera en el cine, compaginada con labores de modelaje y publicidad. Hasta su encuentro con Lynch no había trabajado más que en algunas películas de terror de serie B, un breve cameo en "Little Nicky" y, su mayor logro, "Lambada, el baile prohibido" (1990) como protagonista.
Naomi Watts nació en Inglaterra y creció en Gales con sus abuelos paternos. Su madre, "una hippie con tendencias pasivo-agresivas", pasaba tanto de ella como de su hermano, más centrada en sus ligues que en ellos. El padre ausente (divorciado cuando Naomi tenía 4 años) fue ingeniero de sonido en la primera etapa de Pink Floyd y murió por sobredosis de heroína en 1976. A los catorce años (1982) se trasladó a Australia junto a su neurótica madre y su hermano. Su abuela materna era de allí y no les resultó difícil conseguir la ciudadanía. Entre continuas amenazas maternales de quitárselos otra vez de encima Watts asistió a varios institutos, donde en uno de ellos conoció y se hizo amiga de Nicole Kidman, amistad que aún conservan a día de hoy.
En 1986, hizo un paréntesis y se marchó a Japón para trabajar como modelo, pero la experiencia, que duró unos cuatro meses, fue poco fructífera, ya que Watts no cumplía los requisitos físicos necesarios para ser una modelo de pasarela, y debía conformarse con trabajar en promociones, lo que no le agradaba mucho. Watts dice que fue una de las peores etapas de su vida. Tras regresar a Australia, se fue a trabajar a unos grandes almacenes, y después trabajó como asistente de moda para una revista australiana. Una invitación casual para trabajar en un taller de teatro reactivó su pasión por la actuación, y la motivó a dejar su trabajo y a dedicarse a la interpretación. Tras unas cuantas apariciones en series se trasladó a Estados Unidos en 1993 y bajo la protección de Kidman conoció gente del sector que sin embargo pronto olvidaban su nombre. Así pasó años, entre series de bajo impacto y papeles irrelevantes. Ocasionalmente consideró dejar el negocio, pero: "siempre había pequeños mordiscos. Siempre que sentía que estaba al final de mi cuerda, surgía algo. Algo malo. Pero para mí era 'el trabajo engendra trabajo'; ese era mi lema".
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