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martes, 4 de enero de 2022

YA VINIERON LOS REYES MAGOS

 Llega un día en la vida que empiezas a pasarla como si condujeras con el sol de frente; un sol cada vez más pausado, más terco, más irritante. El placer de conducir se transforma poco a poco en la tortura de conducir. Lo que antes eran autopistas al mediodía pasar a ser carreteras con doble sentido y calles de colegios y asilos de ancianos. Hasta que, ya casi ciego y con los nervios deshechos, metes el coche en la cochera, lo aparcas de oído, subes al piso y tiras la llave por el retrete. 

Llega el frío y trae a los Reyes Magos. La gente parecía hasta molesta por el buen tiempo de estas últimas semanas. Debería haber hecho más frío y no lo hizo. Ahora llegará y se quejarán. Claro que la gente con la que trato ya lleva años con el sol de frente, como yo, pero al menos todavía nos quedan las gafas y el quitasol; otros hay, sin embargo, que ya viejos, muy enfermos y sin protección alguna lo único que le piden a los Reyes Magos es que les permitan ver el sol hasta el año que viene para seguir sintiendo a hijas y nietos. Y es que si el sol es tan molesto cuando nos mira como un gilipollas, el frío y la última noche dan miedo hasta a los que no están solos.

Llega el viento de invierno aullando entre los quicios de puertas y ventanas; un viento ya sin hojas muertas que arrastrar; un viento que necesita algo más; un viento helado que esta vez no viene como un  barrendero cualquiera a las órdenes de nadie.

Llegan Melchor, Gaspar y Baltasar llenos de regalos para todos los niños que se han portado bien. Pero antes, mañana al atardecer, pasearán en carroza al son de sus fanfarrias por las calles, saludándolos mientras sus pajes les lanzan caramelos. Y los niños les mirarán con la boca abierta, extasiados de felicidad al comprobar que son de verdad.


Vi un águila en el mediodía del Año Nuevo. Planeaba en amplios círculos bajo el templado cielo azul. Fue justo cuando caminaba junto a los blancos muros del cementerio. Me paré para observarla con la música que iba escuchando en ese momento bajo el sol que no me hirió. La miré hasta que se perdió de vista. Los Magos. Los Reyes Magos.


No creo que tenga quince minutos mejores en lo que queda de año.


Suficiente.




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