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sábado, 8 de enero de 2022

ABRUPTO

 - ¿Qué es abrupto, Kufisto? -preguntó Gonzalo.

Se lo expliqué añadiendo un ejemplo.

- ¡Ostras! -exclamó- ¡Ahora entiendo lo que me dijo la psiquiatra!

Eran las ocho de la mañana y acababa de llegar al bar. Todavía estaban apagadas casi todas las luces y si no había cerrado la puerta para colocar con tranquilidad lo necesario para los desayunos era porque esperaba la venida del churrero, el panadero y el de la prensa. De hecho estaba en la cocina repartiendo el contenido de mi bolsa de trabajo, fumando unas caladas con el extractor puesto, algo que en un primer momento me impidió oír con claridad el saludo matinal de quien había entrado. Salí y casi con el "está cerrado" en los labios vi que era Gonzalo y le puse un café descafeinado que como siempre pasó por café normal. 

No lo es verlo tan temprano, aunque sea un gran madrugador, pero tampoco resulta inaudito. Hace algún tiempo, quizá un mes, vino muy alterado porque el churrero le había llamado loco. "¡Soy un enfermo mental! -me dijo- ¡No un loco! ¡No voy a volver más allí!" Hablé un poco con él pero estaba muy dolido y no escuchaba, sólo hablaba, hablaba y hablaba hasta que diez minutos después se fue poco menos que igual que como llegó. No sé si habrá encontrado otra churrería o ha dejado de desayunar, cada día está más demacrado, pero aquí no lo hace a diario. 

Una de las últimas veces que vino a esas horas, ya con el bar abierto de par en par, me vio pelando uno de los dos huevos duros que tomo todas las mañanas. Aquel día estaba tranquilo y sonrió ante lo que estaba viendo. Tiene una sonrisa muy franca, infantil.

- Qué rico, un huevo...-dijo
- ¿Quieres uno?
- Pues sí...Hace mucho que no como uno.

Se lo di y me pidió sal.

- ¿Lo comes sin sal? -preguntó
- Sí -dije yo. Y se río al vérmelo comer de un sólo bocado.

Entonces me explicó como se los comía, echando un poquito de sal a cada bocado. Me habló de su abuelo, que lo enseñó.

- Creo que lo comeré después, Kufisto -dijo guardándolo en su bolsito junto al sobre de sal- Cuando esté en el campo.

Le encanta el campo. Una vez me fui con él. Estuvimos en un paraje lleno de piedras, arbustos, viejas construcciones abandonadas y montículos de rocas a las que le encontraba un significado oculto, iniciático, pues esta es otra de sus grandes pasiones. Resultaba sorprendente verlo desplazarse con indecible agilidad por aquel terreno inhóspito. Él, tan parsimonioso, tan reconcentrado, tan absorto como es entre la gente que por eso mismo lo evita como a un loco, se transfiguraba en el espacio abierto, bajo el frío cielo azul, entre piedras, rocas superpuestas y animalillos muertos que por un instante lo apenaban profundamente. Recogía objetos que yo no había visto y a los que no les veía ningún uso; en una bolsa echaba la basura que iba encontrando; algunas piedrecillas se las guardaba en los bolsillos; un cierto musgo naciente le provocó una enorme alegría por su significado, que no llegué a entender; una liebre que escapó como una exhalación ante la proximidad de nuestros pasos le hizo reír a carcajadas, "¿has visto sus orejas? ¿el corte que tenía en la izquierda? Eso es buen augurio" Sí, ese era su reino. No su casa, la de sus cansados padres; no las churrerías donde a uno lo llaman loco; no la consulta de la doctora que todo lo soluciona con pastillas y amenazas de ingresos; ni siquiera el bar de su amigo Kufisto, no...


- ¿Qué es abrupto, Kufisto?
- Abrupto es un cambio brusco de algo. Como por ejemplo el frío de cojones que hace hoy. Ha sido un cambio abrupto de la temperatura.

Y después de charlar un rato y dejar caer otra vez sus ideas suicidas se largó. Supongo que hacia el reino que todavía le incita a seguir en el juego. Pero no tardó en llamarme. Una llamada que no cogí pues ya andaba liado. Y me envió mensajes de voz que fui oyendo mientras preparaba las pulgas. Le respondí con un par de wasaps mientras iba colocando el chorizo sobre el tomate. Al menos así sabría que no estaba solo.


Abrupto, Gonzalo, es abrir el bar en tu compañía e irme de él ocho horas más tarde con el ruido en mi cabeza de tres idiotas adaptados voceando sus estupìdeces.


Eso sí que es abrupto.

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