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domingo, 13 de octubre de 2013

PRESTUPLENIE I NAKAZANIE




Me acosté temprano, poco después de no encontrar en Youtube la segunda parte de Crimen y Castigo en adaptación británica del 2002. Fue la que elegí al no encontrar la soviética del 69, una que vi hace más de veinte años y todavía me acuerdo lo suficiente como para desearla. Era en blanco y negro. Y Raskólnikov parecía Raskólnikov. O quizá era yo quien se parecía a él.

No estuvo mal, podría haber sido peor, al menos tenía una buena banda sonora, su motivo, un compás de violines que me cuadró; no así el protagonista, me bastaron cinco segundos para expulsarlo de mi cuadro mental, "Lisa necesita un aparato" Siempre me acuerdo de Homer cuando veo algo que no me gusta.

Reconozco que ha de ser muy complicado adaptar una obra hecha para un medio a otro totalmente diferente, y más si es famosa en el buen sentido, en el de los siglos, el que da y quita razones, como decía aquel: me pasa con Mortadelo y Filemón, no me a va a pasar con Kufisnikov...

Cosa rara (homenajeando, que es gerundio): de las tres novelas dostoyevskianas que releí durante las vacaciones solamente me acordaba de la última, de esta, pero algo bárbaro, tipo El Quijote. Desde el inicio, desde ese "A principios de julio, con un tiempo sumamente caluroso..." era como si mi cabeza me hablara antes que mis ojos leyeran las líneas, igual que con el ingenioso hidalgo, igual...Sí, verdaderamente son los dos libros que siempre han estado conmigo. Y eso que me encantó las Memorias del subsuelo, no lo cogí de chaval, pero hay libros que son como las medicinas, que deberían llevar un prospecto: "leer a partir de la edad con que la escribió el autor" por ejemplo. La que yo ya tengo. Así me sentó. También disfruté Memorias de la casa muerta, libro del cual creía recordar algo pero que luego no fue tal, ahí no viene lo de esos dos hermanos tan brutotes que se declaran cómplices del crimen del pequeño (el más joven y débil) para no dejarlo solo. Sí, salen tres hermanos con la misma características pero no se cuenta la historia. Ahora que recuerdo...sí, puede que lo leyera en el tomo IV, en el que viene todo lo accesorio fuera de la opera omnia publicada por el genio ruso, sí, allí tiene que estar, donde las colaboraciones para los periódicos, las cartas, y tal, sí...También hay capítulos inéditos de sus grandes novelas, ¡incluso una Confesión de Raskólnikov escrita en primera persona, tal y como era la idea original! Por no hablar del capítulo inédito de Demonios, ese en el que Stavroguin (¡qué nombre!) rememora su violación a una niña: tremendo, pero demasiado fuerte para aquel tiempo. ¿O para quien lo escribió? Publicar bajo tu nombre real debe tener sus límites. Por esto ya nada sorprende en los desvergonzados tiempos que corren, en los que no habiendo vergüenza no hay porqué hacer un arte de ella, cuando si algo tiene el hombre que piensa es vergüenza. Sin ella todo está permitido, que diría Crowley. Y así le pasó a Jimmy Page por tomárselo en serio.

Eso de la opera omnia...Já, ¡qué latinajo, eh! Yo de latín muy poco, apenas nada, frases comunes y tal, para quedar bien y todo eso. Y lo estudié dos años, bueno, tres, que repetí segundo de BUP, creo que una de las culpables fue ella, ya escribí de aquello al principio de todo esto, cuando le di un repaso a mis maestros de entonces, apenas tuve uno, pero este, el de latín, sin merecer tal nombre superaba de largo el de santo varón: era un niño de sesenta años. Una buena persona, que se dice. Pero aparte del rosa, ae y los diferentes ritmos de la noche, nada. Jodidas catilinarias...Yo tenía catorce años y era 1988: ¿qué coño esperabas?

Pero cuando me compré las obras completas de Dostoyevsky ya tenía casi los veinte. Y aquellos años van a diferente velocidad que los que vienen después.

Era la feria del pueblo, mi hermano y yo acabábamos de salir de trabajar y nos fuimos para allá en compañía de un colega, un chico que luego se volvió medio loco cuando fue destinado a la guerra de Irak, la de soldados del amor. Paramos en los puestos de los libros antes de ir a los del alcohol y cuando estábamos a punto de irnos con la misma cara de quien ve un telediario de antes de ayer me fijé en unos que no estaban al alcance del manoseo general, unos de alto standing, de los que necesitan intermediario, vamos, que bastante es caer en manos de cualquiera que pueda permitírselo como para no pasar un pequeño filtro, el que sea, que la rana está a media vuelta, puede que a un cuarto, siquiera un cuartillo mal cortao...Grandes Clásicos (filigrana dorada) Fiodor Dostoyevski. "¡Hostia!" Cuatro tomos...

- Oye, ¿cuanto cuesta eso?
- Dieciséis mil

Me eché mano y sólo llevaba doce talegos, de sobra para hacer lo que me saliera de los cojones pero no tanto como para lo que me saliera de la cabeza. Y era la última noche.

- Tíos, dejadme dinero...

Entre los dos pusieron lo que me faltaba. Pagué y me fui a casa como si tuviera trece años y una peli porno entre los calzoncillos y el pantalón. Yo leía mucho. Y ya hacía algún tiempo que Fiodor había reemplazado a Traci Lords. Y ahí seguía.

Recuerdo la emoción que me embargó al abrir el primer tomo tumbado en el sofá de nuestra habitación. Y no digo "recuerdo" para ponerme en situación, no...es que lo recuerdo. Había leído todo lo que había en la biblioteca municipal, que no era poco. Por poneros un ejemplo diré que me leí los Karamazov en dos días. Dos. Y eso repasando tres o cuatro veces El Gran Inquisidor. Claro que por entonces yo no hacía nada, es decir, había dejado de estudiar y todavía no había empezado a trabajar, aquella fue una buena época, siempre lo es cuando haces lo que tienes que hacer solo y sin compañía de otros.

De todas las novelas que me faltaban por leer (básicamente las menos famosas, las primeras) de la única que me acuerdo bien es de La Patrona. Y no porque fuera la que más me gustara, Noches Blancas me llegó mucho, pero fue allí donde leí una de las tres o cuatro frases que se me han quedado grabadas.

El protagonista está recuperándose de uno de sus ataques epilépticos cuando por fin abre los ojos y ve a la mujer que ha estado cuidándolo, que como no podía ser de otra forma es su amada no correspondida.

- ¿Por qué me mira usted así? -le dice ella asustada-
- Te miro como si fueras el sol

Te miro como si fueras el sol...

Te miro como si fueras el sol.

Aquella Opera Omnia continúa conmigo, y es cosa que ha sido punto menos que milagrosa, pues dejé a alguien que no debía algún tomo que me costó recuperar, que uno dejaba las cosas por amistad como si esta fuera a durar más que aquellas...Y no. El prospecto de la amistad lo escribes tú con los años que van pasando. Y es más intimidante que...el de la aspirina. Tampoco hay que pensar más.

Pero a mi la que me gustaba era Crimen y Castigo, aunque algún tiempo después me hiciera de Demonios, su novela más cervantina, tan trágica como graciosa, con pocos libros libros me he reído más, sobretodo en aquella sesión revolucionaria, cuando los tontos útiles se reúnen para discutir muy democráticamente mientras esperan y esperan a los cabecillas...Se me caían las lágrimas. Y con intervalos de años. No hay mejor prueba del 9.

Prestuplenie i nakazanie...Confieso que lo he mirado en Google para asegurarme, aunque sólo tenía la duda de la i intermedia, estúpido...Hay ocasiones en las que estoy por ahí, no sé, en cualquier sitio, haciendo cualquier cosa, y sin buscarlas me salen ciertas "coletillas", tanto que a veces las digo en voz alta, entiéndaseme, no a gritos ni nada de eso, no, sólo por oír como suenan, sólo para mi, "para mi solo...". Y esta es una de ellas.

¡Y cuanto la he disfrutado esta vez! ¡Más que la última que leí el Quijote, apenas hace cuatro o cinco meses...! Esta obra sí que es para todas las edades, pero al igual que la de Cervantes: los chicos ríen...y tal. Aunque de humor hay muy poco. Nada. Y por eso es aún más raro que siga gustándome tanto.

De ahí que anoche me decidiera a ver alguna adaptación cinematográfica, estaba tan cansado por la noche anterior y el día siguiente que ni me apetecía abrir un libro, sólo tumbarme en el sofá con un bocadillo y ver la teleburra, como Súper López, pero la mía, la elegida por mi, no la de los otros, por ahí ya sí que no paso.

Y vi cada aberración hasta que di con la menos hiriente...Joder.

Si de algo vale haber visto mucho es para discriminar mucho mejor, que no somos ctulhus, que lo nuestro es cosa de años, y hace muchos que perdí la vergüenza de darle más de media oportunidad a cualquier cosa que pueda dársela:  los gitanos no quieren buenos principios. Yo sí.

Una de aquellas se iniciaba con una especie de desfile real, como si fuera una boda. La aristocrática pareja salía de una iglesia, se subía en una lujosa carroza y saludaba en plan perdonavidas a la famélica multitud que los vitoreaba. En esto que suena una explosión y se lía la de Dios es Cristo: tumultos, palos, detenciones y...ahí está un Raskólnikov con aspecto de quaterback. "¿Pero esto qué coño es?"

Un Estudio 1, del sesentaitantos, no aguanto ni los títulos de crédito, son tan patéticos...

Abro otra y ya escamado la pincho un poco más arriba de la muñeca, en su primera visita a la comisaría, en la falsa alarma...y aparece un energúmeno sobrealimentado aporreando la mesa del interrogatorio tal que si fuera un yonki de bajada.

"Me cago en la puta..." Miro en Google por versiones soviéticas y me sale el enlace que buscaba, pero...en ruso sin subtítulos. Por un momento tengo la tentación de verla, son cuatro horas y media y el diálogo casi que no es problema...Pero no. Estoy muy cansado.

Finalmente doy con una producción británica del 2002, casi que tiemblo al ver la fecha, pero en fin, vamos a ver...

No, no es él. Ese tío parece el cantante de cualquier banda de ahora, de esas que hacen canciones para que te sientas mal. No, gracias, para eso ya me tengo a mi cuando me sale de los cojones.

Pero ya no hay más que no sean del año la nana, ¡hasta Peter Lorré haciendo el papel! ¿estáis de cachondeo? No, no, no...¡Oh, Dios!

Me venzo y la dejo, "total, ya son casi las diez y desperté a las seis..." Me anima un tanto el motivo musical del que os hablé, le va bien, pero él anda tan mal, tan acelerado, tan como si estuviera haciendo Trainspotting 2...No.

La vieja no está mal, es más, está bastante bien, pero cual no es mi sorpresa cuando veo una especie de flirteo ojeril entre Lizaveta y Raskólnikov, "Oh, no..." Y ya la cosa pasa de castaño oscuro con la aparición de Marmeládov, que no es más que un borracho estúpido al que sólo le sacan lo de un hombre tiene que tener un sitio donde ir. Y entre medias de la turba, Sonia, ¡Sonia!, tal que si fuera Miley Cyrus en uno de sus vídeos. Casi me pongo a hacer el pino. Hasta mi gato se bajó del sofá para irse a su habitación.

"Bueno, va, es igual...me cago en la puta..."

Y desatino tras desatino, haciendo un Ayax Pino a estas alturas, llegamos a la salvación, que no es otra que ver como se follan a Sonia en un sucio callejón.

"Sí, mira, esto está bien, es el contrapunto necesario para nuestro tiempo...tenemos que verla en acción, sí. Es poderoso, necesario, justo...Esto es el siglo XXI, ya hemos visto mucha tele y no nos creemos ná"

Por esa escena aguanté la hora restante de la primera parte, absolutamente desastrosa.

Por supuesto no había ni rastro de Dios, tan sólo cuando Raskólnikov le da todo el dinero que tiene a la viuda de Marmeládov y baja la niña tras él para pedirle su nombre y dirección, lo único pasable. Claro que con ese material es difícil hacerlo mal.

O sea, una novela en donde Dios es el supra starring pasa a ser un ochocientas balas en el celuloide, tal que de tan negro como tiene que estar no haya sitio para su luz, estupendo...

Aparece Svidrigáilov (eso es un nombre para tal personaje) y me animo un tanto, lo veo, pero justo en ese momento acaba la primera parte. Busco la segunda y los subtítulos están en portugués. "Estupendo"

Me voy a la cama y empiezo El Idiota, otra que no cogí. Sólo leo cuando él está por medio. Y lo dejo con la generala y sus tres hijas.

He despertado como si me fuera a dormir, no sé donde habré pasado la madrugada, sólo que me he tirado media hora quitándome legañas, sin levantarme. El espejo me ha devuelto unas ojeras tamaño me cago en mi puta vida. Me he dado una buena ducha fría y me he ido a trabajar.

Y estaba ahí, sin saber porqué cojones estaba así, cuando a eso de las cinco de una tarde de octubre, con un tiempo que ya va cambiando, han llegado unos colegas.

Y entre pitos, flautas y gaitas han conseguido lo que no pudo ni la aspirina, ni la comida, ni la cocacola, ni el ibuprofeno.

Loado sea...

El que es.

Aunque hagamos como si esto fuera una producción del siglo XXI.




57 comentarios:

  1. Kufisto, te ganó Vargas Llosa: dice que, siendo muy joven, se metió entre pecho y espalda a los Karamazov en una noche.

    A mí me encantó Memorias del subsuelo. Todo un hallazgo el del Dostoyevsky humorista. También El doble tiene mucho de novela humorística.

    Pedro, me llamaron mucho la atención -para mal, claro- esos adosados cuando antes de ayer, desde la torre del alcázar miré hacia Zamarramala.

    "Zamarramala", ¡qué nombre!

    La estación del AVE de Segovia -como la de Cuenca- está donde Cristo dio las tres voces; desde ella se ve en la lejanía la torre de la catedral. Yo creo que tarda más el taxi de la estación de Segovia a Segovia que el AVE de Madrid a Segovia.

    He leído el email que me has mandado, Pedro. Qué Cacho capullo. Por lo visto los catalanes la tienen más larga que los riojanos.

    Oswald.

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  2. Me había equivocado y había contestado a Oswald. Lo repito:

    Pedro, estoy leyendo por encima lo del hilo ese de la burbuja del mito de los emigrantes, y la gente es la repera. Entre los ideologizados que ya van convencidos, los que no leen porque también están convencidos o los que leen mal, madre mía. Se ha creado una sociedad de psicópatas-egocéntricos-charlatanes que no hay manera oyes...

    Aunque insistas con ellos no te desesperes mucho, que la gente es gilipollas, no hay otra.

    Un saludo.

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  3. Estos estos últimos días me he entretenido con el cine español de antes. El del franqusimo, qué coño. No soy un experto pero es un gran cine, contiene muchos valores, un bonito mensaje y una calidad que ahora mismo no se encuentra por muy simples que sean sus historias y limitados sus recursos. Ayer ví a la espléndida Lola Flores con Fernando Fernán Gomez. Increíble la rapidez de palabra y su entonación. Sublime Fernando. Y hoy me despacho con una de Paco Martínez Soria y las bellezas de aquellos años 60, María José Goyanes, Irán Eory, etc.... Lo de hoy no me inspira nada, que lo voy a hacer y eso que creo que existe talento, pero desperdiciado en la mediocridad y el capricho. También existe belleza en las actrices españolas de hoy, clase y saber estar desperdediciados en tanta tonteria progre. En fín.....

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  4. Dos fotos bien bonitas. O dos lugares casi soñados, como queráis:

    una y dos

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    1. No, son fotografías. La segunda seguro que muy trabajada.

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  6. Teófilo Gautier:

    «Nada es más bello que lo que no sirve para nada; todo lo útil es feo, porque es expresión de alguna necesidad y las del hombre son innobles y desagradables como su pobre y enfermiza naturaleza. El lugar más útil de una casa son las letrinas… Yo soy de aquellos para quienes lo superfluo es necesario, y me gustan más las cosas y la gente en razon inversa de los servicios que me prestan»

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    1. "Pasó por delante de la vida tímidamente, como si le dijese el presentimiento que el menor contacto de esos dos mundos, el suyo y el de otros, sólo podía engendrar dolor".

      "Todo parece más encantador cuando lo vemos a distancia, y las cosas toman un relieve singular cuando se observa en la cámara oscura del recuerdo".

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  7. Baudelaire:

    ¿Visteis alguna vez en esos bancos solitarios viudas pobres? Enlutadas o no, fácil es conocerlas. Además, siempre hay en el luto del pobre algo a faltar, una ausencia de armonía que le infunde mayor desconsuelo. Se ve obligado a escatimar en su dolor. El rico lleva el suyo de bote en bote.

    ¿Qué viuda es más triste y entristecedora, la que tira de la mano de un niño, con el que no puede compartir su divagación, o la que está sola del todo? No sé... Una vez llegué a seguir durante largas horas a una vieja afligida de tal especie; tiesa, erguida, con un corto chal gastado, llevaba en todo su ser una altanería de estoica.

    Estaba evidentemente condenada por una soledad absoluta a los hábitos de un solterón, y el carácter masculino de sus costumbres ponía una sazón misteriosa en su austeridad. No sé en qué café miserable ni de qué manera almorzó. La seguí al gabinete de lectura y la espié mucho tiempo, mientras que buscaba en las gacetas con ojos activos, quemados tiempo atrás por las lágrimas, noticias de interés poderoso y personal.

    Al cabo, por la tarde, bajo un cielo de otoño encantador, uno de esos cielos de que bajan en muchedumbre pesares y recuerdos, sentose aparte en un jardín, para escuchar, lejos del gentío, un concierto de esos con que la música de los regimientos regala al pueblo parisiense.

    Aquel era, sin duda, el exceso de la vieja inocente -o de la vieja purificada-, el bien ganado consuelo de uno de esos pesados días sin amigo, sin charla, sin alegría, sin confidente, que Dios dejaba caer sobre ella, quizá desde muchos años antes, trescientas sesenta y cinco veces al año.

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  8. (I)

    Una sensación parecida la tiene un personaje de Nabokov. Vive en Berlín, y cerca de la puerta de Brandeburgo espera a una mujer de la que está enamorado, o encoñado, y que sabe que no le es fiel, ni a él ni a nadie, solo a su ambición y soberbia. Lleva largo rato esperando; mucho más de hora fijada. Se va sintiendo solo, abandonado:

    Junto a una de las columnas, cerca de la ventana de la casa del guarda, había un puesto con postales, mapas, series en abanico de fotos de colores y a su lado, sentada en un taburete, una mujer menuda, anciana, y parda, de piernas cortas, más bien gruesa y con una cara redonda y llena de pecas. También ella esperaba.

    Me pregunté cuál de los dos esperaría más, y quién ven­dría antes, un cliente, o tú. El semblante de la anciana parecía de­cir algo así: «Me encuentro aquí de casualidad... No he hecho más que sentarme un minuto... Sí, es verdad que hay un puesto aquí cerca, con excelentes y curiosas chucherías... Pero yo no tengo nada que ver con él...».

    La gente pasaba despreocupada entre las columnas, evi­tando el rincón de la casa del guarda; algunos miraban las postales. La anciana tensaba cada uno de sus músculos y fijaba sus diminu­tos y vivos ojos en el transeúnte como si le estuviera transmitiendo un solo pensamiento: cómpralo, cómpralo... Pero el otro, después de examinar brevemente las postales de colores y también las gri­ses, seguía su camino y ella bajaba los ojos con aparente indiferen­cia y volvía a un libro rojo que tenía en el regazo.

    Yo no llegaba a creerme que tú vinieras. Pero te esperaba como nunca antes había esperado nada, sin dejar de fumar, mirando a hurtadillas más allá de la puerta hacia la plaza abierta que inicia­ba el bulevar; y luego me retiraba de nuevo a mi escondrijo, in­tentando que no se me notara que estaba esperando a alguien, inten­tando imaginarme que tú caminabas hacia mí, que te acercabas mientras yo miraba a otro lado, que si echaba una ojeada más en aquella dirección vería tu abrigo de foca y el encaje negro que des­de el ala de tu sombrero caía cubriendo tu rostro y, deliberada­mente, no miraba, empecinándome en mi querido engaño.

    Hubo un golpe de viento frío. La mujer se levantó y empezó a empujar con firmeza las postales para encajarlas en sus correspon­dientes ranuras. Llevaba una especie de chaqueta de terciopelo ama­rillo recogida en la cintura. El dobladillo de su falda marrón le col­gaba por detrás, lo que la hacía parecer como si caminara levantando la barriga. Yo distinguía sin dificultad una serie de arrugas ama­bles en su pequeño sombrero redondo y también en sus botines gas­tados. Ordenaba afanosamente su mercancía. Su libro, una guía de Berlín, estaba abandonado en el taburete y el viento de otoño dis­traído hacía girar las páginas y arrugaba el mapa que se había des­prendido del grueso del libro como si fuera un tramo de escaleras.

    Yo empezaba a tener frío. Mi cigarrillo ardía amargo en la comisura de la boca. Sentí las olas de un frío hostil en el pecho. No había aparecido ningún cliente.


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  9. (II)
    Mientras tanto, la mujer de las chucherías había vuelto a su lugar y, como el taburete estaba demasiado alto para ella, tuvo que hacer juegos malabares, evitando que las suelas de sus burdos botines despegaran de la acera al mismo tiempo. Tiré el cigarrillo y lo apagué con la punta de mi bastón, provocando una espuma de fuego.

    Ya había pasado una hora, quizá más. ¿Cómo podía seguir pensando que tú acudirías? El cielo se había transformado imperceptiblemente en una sola nube tormentosa continua, los transeúntes caminaban más deprisa, todos encogidos, sujetándose los sombreros, una señora que cruzaba la plaza abrió el paraguas. Habría sido un verdadero milagro que hubieras llegado en ese momento.

    La anciana había colocado meticulosamente una señal en su libro y se detuvo como si estuviera abstraída en sus pensamientos. Mi intuición me decía que estaba tratando de conjurar la presencia de un extranjero rico procedente del Hotel Adlon que comprara su mercancía, que le pagara generosamente, y que además le pidiera más, más postales y más guías de todo tipo. Y probablemente tampoco tendría demasiado calor con aquella chaqueta de tercio­pelo. Tú habías prometido que vendrías. Recordé la conversación telefónica, y la sombra fugaz de tu voz. Dios, cómo deseaba verte. El viento infame empezó a rachear de nuevo. Me subí el cuello.

    De repente, la ventana de la casa del guarda se abrió, y un soldado verde saludó a la anciana. Rápidamente se revolvió en su taburete y, con su vientre prominente, se acercó rauda a la ventana. Con ademán tranquilo, el soldado le alcanzó un tazón humeante y cerró la ventana. Su espalda verde se volvió y se alejó en las profun­idades oscuras.

    La mujer volvió a su sitio cuidando de que el tazón no se le derramara. Era café con leche a juzgar por el marrón de nata que se le pegaba al borde.

    Y entonces empezó a beber. Nunca he visto a una persona que bebiera con semejante y concentrado placer, puro, profundo. Se olvidó de su puesto, de las postales, del viento helado, de su clien­te americano: se limitaba a beber, sorber, chupar, desapareció com­pletamente en su café, y de igual modo, yo olvidé mi vigilia y sólo veía la chaqueta de terciopelo, los ojos ciegos de dicha, las manos ca­llosas agarrando el tazón en sus mitones de lana. Bebió durante mu­cho tiempo, bebía a sorbos lentos, chupando con reverencia el borde con su nata pegada, calentándose las manos con la hojalata caliente. Y un calor oscuro y dulce se derramó en mi alma. Mi alma tambien bebía y se calentaba, y la anciana parda y menuda sabía a café con leche.


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  10. (III)

    Terminó. Durante un momento se quedó inmóvil. Luego se levantó y se encaminó a la ventana a devolver el tazón.

    Pero se detuvo a medio camino y sus labios se rompieron en una leve sonrisa. Volvió rápidamente a su puesto, agarró dos pos­tales de colores y, corriendo hasta la reja de hierro de la ventana golpeó con suavidad el cristal con su diminuto puño de lana. La verja se abrió, dando paso a una manga verde con un botón reluciente en el puño, y la anciana lanzó tazón y postales a la oscuridad de la ventana sin dejar de mover la cabeza apresurada. El soldado se puso a examinar las postales y volvió al interior, cerrando suavemen­te la ventana tras él.

    Y entonces me di cuenta de la ternura del mundo, de la be­neficencia profunda de todo lo que me rodeaba, del dichoso lazo existente entre mi ser y toda la creación, y me di cuenta de que la alegría que había buscado en ti no era algo que se produjera den­tro de ti, sino que respiraba a mi alrededor y por todas partes, en los ruidos veloces de la calle, en el dobladillo de una falda que se al­zaba cómicamente, en el tierno ronroneo del viento, en las nubes de otoño hinchadas con el viento. Me di cuenta de que el mundo no re­presenta para nada una lucha, ni tampoco una secuencia de ávidos acontecimientos casuales, sino una dicha trémula, una inquietud turbada y benéfica, una dádiva que nos ha sido concedida e ignorada.

    En aquel mismo instante llegaste, por fin o, mejor di­cho, no llegaste tú, sino una pareja alemana, él con gabardina y con las piernas enfundadas en unas medias largas que parecían botellas verdes; ella, alta y esbelta, con un abrigo de piel de pantera. Se acer­caron al puesto, el hombre se dispuso a seleccionar algo, y mi que­rida anciana jadeaba ruborizada, levantando los ojos hasta él para después fijarlos en las postales, sin dejar de moverse de aquí para allá, enarcando las cejas como si fuera uno de esos viejos cocheros que tra­taban de espolear al caballo con todo su cuerpo. Pero apenas había tenido tiempo el alemán para decidirse por alguna de aquellas chu­cherías cuando su mujer, encogiendo los hombros, le tiró de la man­ga y se lo llevó de allí. Fue entonces cuando me di cuenta de que se parecía a ti. La semejanza no estaba en sus rasgos físicos ni tam­poco en la ropa, sino en aquel gesto remilgado y cruel, en aquella mirada indiferente, superficial. Los dos se fueron de allí sin comprar nada, y la anciana se limitó a sonreír, volviendo a poner las postales en sus correspondientes ranuras, y en seguida volvió a perderse en su libro rojo.


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  11. (y IV)

    No tenía sentido alguno seguir allí esperando. Me mar­ché caminando por calles que ya empezaban a oscurecerse, escrutan­do los rostros de los pasajeros, captando ciertas sonrisas y también algunos movimientos ciertamente curiosos: el meneo de la trenza de una joven que lanzaba una pelota contra la pared, la melanco­lía celeste reflejada en los ojos violetas y ovales de un caballo. Cap­té todo aquello y lo guardé. Las oblicuas gotas de lluvia se hicieron más frecuentes, y me hicieron pensar en la comodidad fresca de mi estudio, en los músculos, las frentes, los mechones y guedejas de cabello que había modelado y sentí en mis dedos el sutil hormigueo de mi pensamiento que ya empezaba a esculpir.

    Se hizo la noche. Llovía a ráfagas racheadas. El viento me saludaba turbulento en cada esquina. Y entonces un tranvía pasó re­chinando, sus ventanas brillo de ámbar, su interior siluetas negras. Subí de un salto y me dispuse a secarme las manos empapadas de lluvia.

    La gente del tranvía estaba taciturna y se mecía soñolienta con su movimiento. Los cristales negros de las ventanas estaban salpicados con una multitud de diminutas gotas de lluvia, como un cielo nocturno cubierto por un rosario de estrellas. Traqueteába­mos a lo largo de una calle surcada por una hilera de castaños rui­dosos, y yo me imaginaba sus ramas húmedas sacudiendo las venta­nas como con latigazos. Y cuando el tranvía se detuvo pude oír, por encima, cómo los castaños arrastrados por el viento golpeteaban contra el techo del tranvía. Ploc —y de nuevo, inmutable y tam­bién suavemente: ploc, ploc. El tranvía entonces repicaba y se po­nía en marcha, los destellos de las farolas estallaban en los cristales mojados y yo, con una sensación de intensa y aguda felicidad, es­peraba la repetición de aquellos ruidos mansos y nobles. Chirriaron los frenos en una parada. Y de nuevo, un castaño solitario se ven­ció y, tras un momento, otro castaño chocó contra el tranvía en un ruido sordo para después arrastrarse por el techo: ploc, ploc...

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  12. La pérdida o el anhelo como fundamento espiritual del sentimiento y del arte.

    1- No hay nada más bello que lo que nunca he tenido
    nada más amado que lo que perdí
    (Serrat)

    2- ¡Triste "hoy" que anhela el "mañana" para trocarlo en "ayer"! (Pedro Antonio de Alarcón)

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  13. SÓLO DE LO NEGADO CANTA EL HOMBRE


    Sólo de lo negado canta el hombre,
    sólo de lo perdido,
    sólo de la añoranza,
    siempre de lo mismo.

    Cuando cerró para siempre el huerto,
    la cancela de espinos,
    entonces se inventó la queja de la lira,
    la flauta del suspiro.

    Y desde entonces sólo canta
    en su torre el cautivo,
    en su rueca la esclava,
    el desterrado en el navío.

    En su jaula aletea y sangra
    el pájaro desconocido;
    salir quiere y no puede,
    su jaula es él mismo.

    Y por eso el minero canta,
    por un sol de oro limpio.
    Canta el pobre, la pena canta,
    no canta el rico.

    Entre las piernas de la amiga,
    vida busca el amigo,
    y se encuentra con un tesoro
    de verdes ojos fríos.

    Y así es como canta el hombre,
    por su niño antiguo,
    la boca, sin pan y sin besos
    y el cielo vacío.

    Siempre de la añoranza,
    de lo negado, de lo perdido.
    Siempre de lo de otro,
    nunca de lo mío.

    http://youtu.be/qEdbGVBI1Zg

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  14. El poema es de Agustín García Calvo.

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  15. ¿Nunca habéis disfrutado de ese escaso minuto que separa la vigilia del sueño? Qué pena que no dure más, ¿verdad? Vuelven a uno recuerdos que no sabía que estaban ahí, con esa luz, ese color. Por venir, a veces parece que viene hasta el olor de ese instante que el cerebro coloca en nuestra semiinconsciencia.

    Baudelaire: "(...) es una especie de muerte sabrosa en que el dormido, despierto a medias, saborea los placeres de su aniquilamiento"

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  16. Baudelaire

    La soledad

    Un gacetillero filántropo me dice que la soledad es mala para el hombre; y en apoyo de su tesis cita, como todos los incrédulos, palabras de los padres de la Iglesia.

    Sé que el Demonio frecuenta gustoso los lugares áridos, y que el espíritu del asesinato y de la lubricidad se inflama maravillosamente en las soledades. Pero sería posible que esta soledad sólo fuese peligrosa para el alma ociosa y divagadora, que la puebla con sus pasiones y con sus quimeras.

    Cierto que un charlatán, cuyo placer supremo consiste en hablar desde lo alto de una cátedra o de una tribuna, correría fuerte peligro al volverse loco furioso en la isla de Robinsón. No exigiré a mi gacetillero las animosas virtudes de Crusoe; pero le pido que no entable acusación contra los enamorados de la soledad y del misterio.

    Hay en nuestras razas parlanchinas individuos que aceptarían con menor repugnancia el suplicio supremo si se les permitiera lanzar desde lo alto del patíbulo una copiosa arenga, sin miedo de que los tambores de Santerre les cortasen intempestivamente la palabra.

    No los compadezco, porque adivino que sus efusiones oratorias les procuran placeres iguales a los que otros sacan del silencio y del recogimiento; pero los desprecio.

    Deseo, ante todo, que mi gacetillero maldito me dejo divertirme a mi gusto. «Pero ¿no siente usted nunca -me dice, en tono nasal archiapostólico- necesidad de compartir sus goces?» ¡Miren el sutil envidioso! ¡Sabe que desdeño los suyos y viene a insinuarse en los míos, el horrible aguafiestas!

    «¡La desgracia grande de no poder estar solo!...» -dice en algún lado La Bruyère, como para avergonzar a todos los que corren a olvidarse entre la muchedumbre, temerosos, sin duda, de no poder soportarse a sí mismos.

    «Casi todas nuestras desgracias provienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación» -dice otro sabio, creo que Pascal, llamando así a la celda del recogimiento a todos los alocados que buscan la dicha en el movimiento y en una prostitución que llamaría yo fraternitaria , si quisiera hablar la hermosa lengua de mi siglo.


    No es coherente Baudelaire. Si lo fuera no escribiría. Pero en fin, algo de verdad lleva en lo que dice y además lo dice bien

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  17. Os hará gracia lo que os envío. Creo que sí. A la mayor parte de vosotros el nombre de Danny Daniel no os dirá nada. Si no es así, poco importa que en su día os gustase o no. Lo que sí es cierto --para quienes seáis de mi edad-- es que agradeceréis volver por un instante a tener doce años y veros en las fiestas de vuestro pueblo, o en la sala de juegos de vuestro barrio. A mí me trae recuerdos de tómbolas y coches de choque.

    Tiene unas baladas bonitas; no para comprarlas pero sí para escucharlas donde corresponde, o correspondía. Siempre me lo imaginé cursi; no tanto como Perales, pero sí a tono con lo que escribía. Sus fotos eran todas así:

    http://www.mamchile.com/tag/danny-daniel/

    Los años le sientan bien:

    http://s.libertaddigital.com/fotos/galerias/danny-daniel-esradio/danny-daniel-3.jpg

    ¿Cursi? ¿Siquiera entrañablemente cursi? ¡Ca! ¡Ye de Gijón! Ha cumplido 71 años y lleva 20 en Miami. Cuatro o cinco hijos y varios nietos. Y parece que nunca salió de su barrio, de una sidrería de Gijón.

    Dios, qué poco glamour. Grandonismo a raudales. Fantasmón como él solo. La verdad es que tiene gracia. Sí que la tiene. Y mucha.

    Es verdad que los dioses están más cerca del Arte que del artista, al que solo usan como mero transmisor. No os lo pierdáis:

    http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2013-04-19/entrevista-de-cesar-a-danny-daniel-57740.html

    Si queréis dar una vuelta por el pasado lo tenéis aquí abajo. Me ha hecho recordar los estertores de mi infancia, mi primera juventud. Hará más de treinta años, seguro que más, que no escuchaba a Danny Daniel

    Su preferida, Viento de Otoño:

    http://www.goear.com/listen/8020a55/viento-de-otono-danny-daniel

    Una de las más famosas, si no la que más, Por el amor de una mujer:

    http://www.goear.com/listen/f171cbc/por-el-amor-de-una-mujer-danny-daniel

    Y cómo no, probablemente la que más fama le dio, y que cantó con quien creo que también era su pareja, Donna Hightower. Entonces, y todavía durante diez o doce años más, los chicos sacaban a bailar a las chicas (a veces al revés, pero muy pocas), y se bailaba agarrado. Esta era una canción bastante frecuente en los repertorios de las verbenas de pueblo

    Cómo pasa el tiempo, Dios. Bueno, también es verdad que da la impresión de que ha pasado ya un siglo.

    http://www.goear.com/listen/3bf618b/el-vals-de-las-mariposas-danny-y-donna

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  18. Sí, hombre, Por el amor de una mujer y El vals de las mariposas son muy conocidas, aunque es verdad que yo no sabía quién era el cantante.

    Sobre lo de Baudelaire, es curioso la gran cantidad de gente que le tiene pánico a la soledad, y no a la gran soledad, la soledad de quien está y se siente solo en la vida, sino al simple hecho de estar solo media hora.

    Leído ayer en unos subtítulos que traducían las declaraciones de unos actores americanos en La Sexta 3: "capáz" (dos veces) y "veráz". Hulega en todos los niveles educativos el próximo jueves; no contra el desastre de la enseñanza en España sino contra la LOMCE. Claro que ¿cómo van a hacer huelga contra el desastre de la enseñanza los culpables del mismo?

    Oswald.

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  19. Luis, lo que dices de la soledad es así. Es más, con el hecho de conversar he visto que pasa lo mismo, y es que hay gente que no puede estar dos, tres o cinco minutos callada y necesitan rellenar cada segundo con una palabra (como si fuera la radio) o tontería porque si no se "aburre" y la culpa encima es tuya. Así que, imagina lo que me consideran a mi, que me dicen que soy "muy callado" porque cierro el pico más de lo habitual. Otra cosa más en mi lista de rarito jaja.

    Lo de la enseñanza es brutal. Pero bueno, ellos, los progres, son la enseñanza, como la cultura, y facha el que diga lo contrario.

    Saludos.

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  20. Qué, ¿os han gustado los textos que os he seleccionado? Decid algo, jodíos. Encima de que me molesto en daros lectura

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  21. Anda el jodío, puse hace yo poco un soneto de los míos, no dijistéis ni mu de él ni para decir que era una mierda y no me quejé. Ahí tienes dos comentarios de Sergio y un servidor sobre la soledad a cuento de lo que has puesto de Baudelaire.

    Lo tengo simpatía a Baudelaire desde que leí que en una carta a su madre decía que "Los miserables" es una novela repugnante, cosa que es verdad. Es incomprensible el prestigio de ese bodrio.

    Ya que pones a Nabokov, ¿habéis leído Lolita? Es una gran novela, una gran y extraña novela.

    Oswald.

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    1. Pues no; y es curioso porque la tengo. La sombra (mala) de Kubrick es alargada...No me gustó, aunque la vi hace mucho tiempo.

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    2. Yo sin embargo no he visto la película. Bueno, he visto algún trozo y me pareció que refleba bien la rareza de la novela.

      ¿Qué tal sigue tu tía?

      Saludos.
      Oswald.

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    3. No sé...Yo es que creo que al cine de Kubrick no le van los buenos actores, los que dejan huella, no sé si me explico...Y creo que él se dio cuenta.

      Mi tía está a punto de salir. Es abuela desde el viernes ;)

      3 kilos 200 grms de macho ibérico.

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    4. ¡Enhorabuena, tío Kufis!

      Oswald.

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    5. Jajaja...

      Gracias, amigo mío.

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  22. Pedro, no he leído esos textos todavía porque pensaba hacerlo por la noche cuando vuelva a tener internet en el móvil y lo pueda leer tranquilamente, que en la pantalla del ordenador me dan pereza los textos largos.

    Enhorabuena por el niño, kufis.

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  23. Oswald

    Hombre, pero los textos no eran míos, eran de escritores grandes de verdad.

    --------------------------------------------------

    "Lolita" es una novela maravillosa; las memorias de una persona inteligente, sensible, degenerada y despreciable. La leí hará seis o siete años.

    Qué talento cuando describe a su "nínfula". Y la parte final, cuando la nínfula ya no lo es y vive en una casa medio chabola del extrarradio; y fuma, bebe y usa gafas de pasta. No había pasado tanto tiempo, pero todo su encanto se había ido para siempre, como si hubiesen transcurrido siglos. Nada que ver con aquella pubescente un poquito andrógina que él contemplaba jugando al tenis, golpeando la pelota en el saque como si fuese una pequeña deidad usando un látigo en el aire. Inolvidable cuando se aleja de ella por última vez dejándola en esa chabola del extrarradio y mira por el retrovisor cómo ella, indiferente, se mete de nuevo en casa y solo el perro le sigue observando, en apariencia agresivo, con la panza llena de pegotes de barro.

    También recuerdo la descripción del primer encuentro que tuvo de adolescente con una chica, en una playa, de noche. Decía algo así como que a lo lejos, las ventanas de las casas con la luz interior encendida, parecían naipes de luz en el firmamento. Lo recuerdo porque eso mismo lo tenía yo delante de mí en el lugar donde hacía guardia. En noches oscuras esas ventanas que trepaban por la pendiente de la loma que tenía enfrente, a tiro de piedra, parecían eso, naipes colgados o posados en la oscuridad, porque no había alumbrado público y solo había noche y ventanas.

    La película la vi hace muchos años. Por el recuerdo que tengo desmerece mucho, porque la belleza de Lolita está en las descripciones del narrador, y eso es imposible trasladarlo al cine. Los actores pueden ser muy buenos, sin embargo el protagonista, Peter Sellers, no va más allá de la imagen que deja entrever: un personaje retorcido, siniestro y torturado, y solo eso. Nada en ese personaje nos transmite la otra parte de su alma y que explicaría su tortura: la de ser consciente de que su perversión era incurable, dado que su ideal de belleza lo tenía al alcance de la mano. Por ella mató y se dejó matar.

    "Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula. Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables - el diseño ligeramente felino de un pómulo, la delicadeza de un miembro aterciopelado y otros indicios que la desesperación, la vergüenza y las lágrimas me prohiben enumerar- al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder."

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  24. Como se están poniendo las cosas, no se si darte la enhorabuena o compadecerme del nuevo ser. Seré optimista. Todo lo nuevo trae esperanza. Así que enhorabuena, Kufisto.

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  25. Enhorabuena, Kufisto, por lo de ser tío y por tu tía.

    Ahora eres doblemente un buen tío.

    Saludos.

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  26. Priede

    Baudelaire me aburre. Tengo en casa las obra poética completa de él, como las de Rimbaud y Verlaine, pero el malditismo nunca me ha atraído. Era un buen poeta, esto es evidente, pero su fascinación por la corrupción propia y ajena no me dice nada. Esto no quiere decir que, a pesar de ello, haga juicios o valoraciones interesantes sobre la hipocresía social de la burguesía, por ejemplo.

    Otra cosa es el dolor genuino de quien no abandonándose a sus tendencias más innobles, sufre por no hallar una salida noble a su sufrimiento. Fíjate que esto es algo muy distinto, aunque no lo parezca. Una cosa es caer por agotamiento que caer porque te gusta y por desprecio al mundo falsamente alzado. Son dos caídas muy distintas.

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  27. Kufisto

    Verás lo que disfrutas siendo tío. No tienes las obligaciones de ser padre, así que habrá relajo en vuestra relación. Es como ser abuelo, que son la perdición de los nietos, ya que hacen con ellos lo que jamás hicieron con sus hijos. Los abuelos --más ellos que ellas, puesto que ellas siempre son más cabales, sobre todo en la crianza de niños-- son una perdición para los nietos. Lo hacen así como dándole en cara a su propio hijo: "ahora te jodes como yo me tuve que joder contigo; tú eres el que tiene que hacer de padre, yo de abuelete enrollao". De ahí el ¿quieres más caramelos?, ¡toma caramelos! ¿Quieres un helado?; uno para ti y otro para mí, aunque tenga el colesterol por las nubes. ¿Un tebeo?, mejor tres, ya estudiarás el domingo por la noche. En tu caso será "Tío Kufis me ha dicho que..." "Esta tarde quiero ir con tío Kufis al cine, que me ha dicho que me llevará a ver una película". Y como eres un poco extravagante, mejor. De padre no le iría bien, porque lo confundirías un poco, pero de tío va casi perfecto, sobre todo cuando no tienes hijos que rivalicen con él en la atención que le prestes. Un tío medio chiflado mola muchísimo, incluso para presumir de él por ahí.

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    1. Esperemos que puedan regresar a España dentro de algún tiempo...Al menos ha nacido aquí.

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  28. Doiraje

    Coincido totalmente con lo que dices de Baudelaire. Pero siempre hay un párrafo o un cuento o unos versos que merecen la pena. Con eso vale. Como novelista sería insufrible. O no. Como Houellebecq. Sartre sí era insufrible. La náusea es eso, una náusea de lectura.

    Oye, qué pelmazos existencialistas son los franceses. Abunda muchísimo la misantropía y el nihilismo, pero nihilismo ramplón. En Quevedo también abunda la mala leche y el disgusto ("un hombre de una extraña violencia", decía Borges de él, y que por otra parte tanto admiraba), pero a cambio se compensa con la dulzura de sus versos (no todos, claro) o los esperpentos que construyó. Además los franceses son muy frívolos, enseguida generalizan. Gustavo Bueno dice que los franceses son un pueblo muy poco dotado para la filosofía, contrariamente a lo que ellos creen: Voltaire, el mismo Descartes, son muy superficiales. Sartre era un literato agitador.

    Tengo pendiente a Montaigne. Mira por dónde a ver si ahora busco algo

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    1. Después de leer a Voltaire hace unos meses, su "Cándido", me quedé con cara de "como es posible que goce de tan buena fama"

      Y entonces caí en la cuenta de que está en el bando "correto"

      Para mi no vale ni el papel en el que está impreso. En serio.

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  29. Y gracias a todos por vuestras felicitaciones, sé que son de verdad.

    Muchas gracias

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  30. Por cierto que mi tía ha salido hace media hora. Dos meses menos dos días.

    Bien está lo que bien acaba.

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  31. Sí, Pedro, los franceses intelectualmente son tan presuntuosos como superficiales. Los ingleses son romos hasta decir basta por su excesiva tendencia a ser prácticos. En filosofía los anglosajones confunden el horizonte como meta con la horizontalidad, el límite del conocimiento como una línea tumbada.

    No así los alemanes o incluso los rusos, intensamente profundos cuando especulan. Italia y España, aun contando con muy notables pensadores, somos más creativos en el terreno del arte y de la literatura. Los griegos en su época dorada tocaron todos los palillos con inhumana perfección.

    Los nórdicos, los pobres, han empleado toda su inteligencia para sobrevivir al frío. Encogidos por tan hostil clima, no han dado más de sí.

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  32. Yo no pasé de la mitad de Cándido. Nada más fácil que ridiculizar cualquier cosa que te propongas tomando una parte del todo y haciendo de ella un ejercicio esperpéntico. Voltaire pretendía ridiculizar la Monadología de Leibniz, un ensayo filosófico de mucha altura y que requiere un gran conocimiento de filosofía. Decía Leibniz (y eso es lo que provocaba las burlas de Voltaire) que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, sin darse cuenta el francés de que su crítica también formaba parte de ese mundo. De cuál iba a formar parte si no, ¿del mundo de los marcianos?

    Doiraje

    Yo creo que los ingleses sí que han dado buenos filósofos. Bacon es uno de los grandes. Y Hume. También Hobbes. No lo creo de los rusos, que van más por la mística. Creo que acierta un historiador del que leí ayer una entrevista, al decir que los rusos son muy parecidos a los portugueses, apasionados y melancólicos, más que a los españoles, tal y como sostenía Dostoyevski

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  33. Pedro

    Los ingleses han dado buenos empiristas, que es una de las escuelas más pobres en filosofía. Así los que citas.

    La creatividad alemana, la rusa y la española son profundas por diversas y a la vez parecidas razones. El alemán es de espíritu sistemático, implacable; el ruso, místico y apasionado, sí; el español, sistemática e implacablemente apasionado y místico.

    En fin, valgan estas generalizaciones como divertimento para charlar entre amigos, aunque sea por la red, en una tarde otoñal de octubre.

    Kufisto

    No estaría mal que escribieras de todo aquello que te fascina de la obra de Dostoyevsky. Tú la conoces mucho mejor que yo. Sería bueno que describieras con serenidad aquellas cosas, personajes, situaciones que más te han llegado. Sería enriquecedor para todos.

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    1. Pues sí, porque ahora mismo no me apetece escribir de mi, al menos directamente...pero todo es uno, vaya.

      Quizá esta noche. La primera verdaderamente de otoño.

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    2. Se te da bien Dostoyevski. Como dicen los petardos, se nota que te llega. La literatura es un pozo sin fin, y además a los otros debemos todo. Cuántísimo se dispara nuestra imaginación gracias a lo que otros escriben. Así que es muy recomendable escribir hablando de lo que lees y además no te ves en la obligación de escribir de tus cosas cada día, como te dice Doiraje.

      Hablando de la entrada del otoño: esta mañana me levanté pronto, a las seis (de 11 a 12.30 dormí la siesta). Al ir a secarme después de pasar por el lavabo, me di cuenta de que había dejado las toallas en el porche de entrada (el porche es de uralita, eh, no vayáis a pensar que esto es Falcon Crest, y además está lleno de macetas con acelgas y espinacas que trasplanté anteayer, porque estoy arreglando el sitio donde estaban para meter antes la leña), así que salí afuera y me quedé un buen rato la mar de feliz saboreando el aire fresco y húmedo y la luz de la Luna. Lástima que no me funcione la máquina de fotos, porque con esa luz exterior, y la interior saliendo por la ventana, habría hecho un foto magnífica.

      Ah, no os lo conté: hace quince días llevé la gata a operar. Un manitas, el tío: una cicatriz de dos centímetros. Tenía un cierto temor porque se de gatas que pasaron por manos de aficionados y era para lincharlos, no menos. Auténticas carnicerías. Y la gata, silvestre como ninguna, la tuve que dejar en el transportín hasta las siete de la mañana, para que no bebiera ni comiera. Pobrina, maullaba cuando no me veía, así que la puse delante de la cama toda la noche. Y ni se quejó.

      Joder, cómo se recuperan; increíble. Cuando la solté salió disparada por la ventana y pidió de comer. Comió como un cavador. Imagínate en uno de nosotros/as, que te quiten los ovarios o la apéndice (no digo los güevos porque eso solo hay que cortar y cerrar el escroto; no hay que hurgar por allá dentro) y doce horas después de la operación (y porque la enjaulé durante ese tiempo) saltas de la cama, bajas los escalera del hospital saltando los escalones de tres en tres y luego te metes en el bar y te agarras un atracón de albóndigas. Y como nuevo. Por ahí anda, con la cicatriz totalmente cerrada. Le puse Betadine, pero como picaba un poco se lamía y se comía el yodo, total que al final la dejé. Dentro de un mes ya tendrá pelo y no se le verá.

      Son la hostia, los animales.

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  34. Pero, Pedro, ¿cómo se puede dormir la siesta a las once de la mañana? Eres más raro que un perro verde. ;)

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    1. Como vivo solo duermo cuando tengo sueño y como cuando tengo hambre. Hoy comí poco, por ejemplo. Mañana tendré un hambre canina y seguro que comeré más.

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    2. Caramba, Pedro, yo necesito orden para vivir. El orden me estructura, me ordena, valga la redundancia.

      Más aún cuando uno carece de otra estimulación, motivación u obligación, dada mi situación de parado y de cierre de horizontes vitales. No podría dejar que mi vida se rigiese por los impulsos de mi cuerpo. Para mí resultaría devastador.

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    3. Más o menos haces lo mismo: si te levantas antes, te dará el sueño antes; si desayunas poco, comerás más. No creas que es un caos. Lo sería si viviese acompañado o tuviese un horario de trabajo, pero si no, no importa.

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  35. Me alegro mucho por lo de tu tía. Kufisto. Ojalá que se encuentre bien. Buena racha, parece.

    Pedro, lo de los abuelos con los nietos es uno de los grandes males de nuestro tiempo.

    A mí lo que más me llamó la atención de Lolita, a parte de su humor, es su tono onírico, irreal. Por ejemplo, ¿Quilty existe o es que el protagonista está como una puta cabra y se inventa a su antagonista? El hecho de que Humbert se llame Humbert Humbert podría sugerir ese desdoblamiento (esto último lo acabo de leer en la wiki).

    Oswald.

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  36. Oswald

    No recuerdo quién es Quilty. ¿Quién es?

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  37. Quilty es el otro, el pervertido que le acaba quitando a Lolita a Humbert después de perseguir fantasmalmente a la pareja por todo el país. O sea, Peter Sellers en la película de Kubrick.

    Oswald.

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  38. Y está claro que no es casual que Quilty sea casi igual que "guilty", que significa "culpable".

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  39. Coño, es verdad, que había uno que los perseguía, y que fue el que los separó. Joder, pero no recuerdo que fuera un pervertido, al menos en la novela. Y de la película aun menos. La vi hace en los ochenta, en la tele. Con decirte que pensaba que Peter Sellers era Humbert Humbert

    Tengo que ponerme al día

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