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miércoles, 2 de octubre de 2013

LA CHICA MÁS GUAPA DE HOY




Desperté jodío, ayer me pasé, no tanto por el alcohol, que no fue poco, como por los dos puros baratos que me fumé mientras escribía: uno es más que suficiente, dos, claro síntoma de que estás borracho.

Podría haberme quedado tumbado todo el día, nadie me esperaba hoy, pero ese es mal arreglo, quizá el peor, porque así no se cura una resaca, la cueces y al día siguiente estás poco más o menos que igual. No hay mejor sistema que echar para fuera lo que metiste dentro. Y como ya no está en tu estómago sino en tu sangre no puedes recurrir al vómito, en el caso que se te dé bien, que no es el mío: has de sudarlo. Y entonces sí que te quedas nuevo sin necesidad de ninguna otra ayuda. Hace un tiempo lo conseguía dándole al saco durante media hora, al cabo de la cual había expulsado un gran charco de sudor sobre el parqué de la habitación. Después me duchaba y era como si no hubiera bebido en mi vida. Palabra. Ese es el sistema. Pero a veces no hacemos las cosas aunque sepamos que sea lo mejor, somos así, y siempre encuentras una excusa para hacer algo más cómodo, algo que te cueste menos, la comodidad es el gran cáncer de nuestras vidas. Y así, de esta manera, recurres a la química en forma de medicamentos, tan fáciles, ¡menudas las ganas que tienes de liarte a puñetazos recién levantao! Pues nada, majo, dale más caña a tu hígado en lugar de al del saco. Tooonto.

Hoy no ha habido mucha necesidad, nadie más que yo tendría que aguantarme, y duchándome he recordado que me había tomado un ibuprofeno a eso de las seis, cuando me levanté a por agua con la boca más seca que el ojo de un tuerto, "¡hostiaaa!", pirula pá dentro y medio litro largo de la botella de agua mineral que se ha venido a la cama conmigo en previsión de necesidad posterior, como así ha sido. Es curioso, como si el alcohol evaporara tu agua, como si le prendieras fuego a tus órganos para que hirvieran las tres cuartas partes de lo que estás hecho, hasta dejarte seco: beber para secarte.

Una ducha no hace milagros, pero tampoco males, y menos sí la acabas con agua fría, la suficiente para hacerte cantar, berrear, yo emito gritos salvajes, uno muy especialmente, uno de una película que vi siendo un niño, no recuerdo su título, era algo así como "¡¡¡OUUUU, OUUUU...WAKA, WAKAAAAA!!!", "mala noche tuvo el vecino, Pepe", "anda, déjalo, mejor eso que oír el puto saco, que parece como si se nos fuera a caer la casa encima" Ya estaba mejor cuando me miré en el espejo, tanto que decidí afeitarme. No, yo no soy de barbas.

Hice un desayuno ligero y salí a pasear un rato.

Y entonces la vi.

Estaba sentada donde los últimos tres o cuatro días, en el suelo, a la salida del súper que comparte muros con mi edificio, cruzadas las piernas y sujetando un chisme de plástico para recoger las limosnas. Es una chica joven, de grandes ojos claros, pelo rubio y sucio recogido en una coleta, piel muy blanca, delgada, labios finos en boca grande, nariz pequeña, se la ve alta aunque esté sentada, todavía no la he visto de pie, "mecagoenlaputa..." Miré en mis bolsillos, aparté el euro del pan y agarré la calderilla, sesenta o setenta céntimos. Regresé los siete u ocho pasos y sin quitarme los auriculares los solté en su limosnera, "toma", ni la miré y me fui.

Siempre he sentido compasión por la gente que sufre, puede que sea una proyección mía al ver en los demás mis penas o temores, no lo sé, pero así es. Si estoy normal el sentimiento no lo es tanto, está ahí pero como que es más llevadero, pero estando desequilibrao la cosa es diferente, se potencia, tanto por arriba como por abajo, y siento un odio indecible hacía quien parece tenerlo todo y algo parecido al amor cuando veo a los que apenas tienen nada o lo tienen mal, como los tarados o los retrasados. Tan tocado me ha dejado la chiquilla que sólo las hormigas me la han quitado del pensamiento, había auténticas riadas de ellas por las afueras, jugándose la vida a pecho descubierto, iba andando como si lo hiciera por un campo de minas. Y a tanto ha llegado la cosa que poco me ha faltado para recoger a las que caminaban por la carretera cuando la he cruzado para alejarme un poco más de la gente. "Van a morir aplastadas. Ya" He pasado a los wateres del cementerio, al de los minusválidos, suele estar más limpio, y mientras meaba he decidido volverme a casa. "Quizá esté allí todavía"

De vuelta he ido pensando en prepararle un bocadillo, o comprarle algo, una torta de chocolate de esas que hace la panadera, tan ricas, pero después de mucho dudar he creído que lo mejor era lo primero, así que he añadido un bollo a mi barra de todos los días. Y pensando en qué rellenarlo he llegado a casa.

Sí, todavía estaba allí, pero ella no me ha visto más que las espaldas. No así un grandísimo hijoputa que salía del súper comiéndose un trozo de pan, uno que conozco de toda la vida, otro, un tío con aspecto de haberlo tenido todo en su momento, de seguir teniéndolo, con esa cara de satisfacción que sólo tienen los que viven como si nadie supiera más que ellos. Ha pasado delante de ella como si nadie tuviera su culo sentado sobre los chicles secos que motean la sucia acera tal que las verrugas de los viejos. Y yo me he cagado en su puta madre.

Al final se lo he hecho de jamón y queso, era tremendo, un bollo que era más de media barra, lo he envuelto en papel de aluminio, he cogido una gran naranja del frigo, un plátano y una botellita de agua del grifo mientras me hacía películas ridículas, a veces soy muy peliculero.

- "Toma, para ti" le he dicho intentando no mirarla a los ojos
- "Muchas gracias" ha respondido como si fuera española. Las rumanas lo hablan casi perfecto, pero se enseñan con las cés.

Y he tenido que mirarla a los ojos, a esos grandes ojos claros, ha sido cosa de un segundo, "no puedes...no puedes estar así..." he terminado por decirle casi de espaldas, aunque me ha dado tiempo para ver en su rostro una mueca que intentaba ser sonrisa, no ha dicho nada, ha sido tan triste...

¿Porqué tiene que estar tirada por las calles una chica así? ¿estará loca? ¿no sabe que sólo le espera lo malo? ¿qué es esto, coño?

He pasado la tarde perreando, fumando de más para lo que tenía que haber fumado, y a eso de las ocho, después de un pegaíllo y viendo que el sol ya se había ido, me he determinado en salir un ratito, estaba abotargao, pero antes me he fumado un pito mientras leía cosas en la Red. Y he visto algo que me ha llamado la atención.

Una actriz porno, Aurora Snow, ha publicado una carta en la que se dirige al hijo que llevará dentro hasta diciembre, "para cuando seas mayor" rezaba el encabezamiento, y no he leído mucho más, me ha bastado con eso, "¿y para qué coño la publicas, so zorra?"

La chica de los grandes ojos claros ya no estaba cuando he salido a la noche, mejor, pero me he acordado de ella cuando iba pensando en esta otra, en esta tía tan egoísta que es capaz de hacer algo así escudándose en el hijo que aún no ha parido, porque si de verdad quieres hacer un bien no lo pregonas, eso se sabe desde los tiempos de Cristo, y si de verdad estás arrepentida por haber logrado lo que has logrado de la forma en la que lo has hecho no necesitas hacerlo más llevadero de esa manera. La comodidad, la jodida comodidad...Pero te espera buena, guapa, porque a pesar de todos los intentos para voltear todas las cosas hasta las putas saben que son unas putas. Y más que ninguna quien no lo hace por necesidad, sino por vicio. A ti no te hacía ninguna falta, sólo que querías más de todo y ese era el camino más fácil para conseguirlo. Has ganado mucho dinero, eres famosa e incluso respetada y puede que admirada por muchos de los estúpidos que pueblan este puto mundo, pero ahora te toca ser madre: y algún día tu hijo sabrá la verdad. Y te da miedo porque ahora te das cuenta de tu error. ¡Y qué no darías por borrar tu pasado, como otras tantas, como la que será nuestra primera si el Preparao llega a trabajar algún día...! Pero esta fue de las listas y tú de las tontas: de las que se dejan usar como un cacho de carne con ojos por unas cuantas monedas de más. Y encima, grabándolas, que da más. La balanza acaba volviendo a su nivel. Aunque sea de golpe y en el último minuto.

La vida, la verdadera, no es como la cuentan los de la tele.

La vida, la verdadera, está escrita a fuego en nuestros genes.

Y a nadie le gusta ver a su madre comiendo pollas mientras la petan por delante y por detrás.

Así que, mona, menuda te espera. Y lo sabes.

Y ya te digo yo que has empezado mal, Blancanievex.

El mundo seguirá siendo como siempre cuando tu hijo descubra el alias de mamá.

Porque esa es una de las cosas que nunca cambiarán.

Y si te miras bien, ni tú misma querrías que fuera de otra manera.

O puede que ya estés tan podrida como para desear que fuera diferente.

Pero va a ser que no.

Y la chica más guapa de hoy no eres tú.


28 comentarios:

  1. La verdad es que no sé por qué hay tantos rumanos por las calles. ¿Estarán peor todavía en su país que al menos es su tierra? Es que con ese nombre... Ru-ma-ní-a. A la vuelta de mi trabajo a eso de las ocho de la mañana he estado viendo durante todo el verano a una mujer española de unos treinta y cinco a la salida del metro y muchas veces le daba algunas monedas que tuviera sueltas en el bolsillo, y nunca se me ocurría qué decirle más allá de "hola". Me paraba un segundo y le soltaba la moneda o monedas.

    Lo de la actriz porno lo peor será para el chaval o chavala que tenga cuando vaya al colegio, aunque igual en ese momento ya habrá tantas madres trabajando en "lo mismo" que igual tienen que callar todos.

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  2. Joder, acabo de darme cuenta de que hoy ha sido miércoles y no jueves...la madre que me parió

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  3. Qué gran verdad:

    ....porque si de verdad quieres hacer un bien no lo pregonas, eso se sabe desde los tiempos de Cristo....

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  4. La chica de los ojos claros y el pelo rubio y que además a lo mejor está buena, seguro que tiene dos manos para trabajar en lugar de para pedir. Está bien que te dé pena de una persona mayor que pida para comer, pero que señoritas o señoritos de poca edad se dediquen a mendigar es por comodidad. Ganar 20 euros diarios sentado sin mover el higo para nada no es precisamente una virtud.
    Tú mismo lo has dicho "la comodidad es el cáncer de esta sociedad".

    Pos eso.

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    1. Puede ser, pero eso es lo bueno de no saber nada de una persona: que puede ser como tú la imagines. A lo don Quijote, "píntola a mi gusto..."

      Y más si no es fea

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  5. Cuando viví en Madrid pude observar que los mendigos no pedían porque no tuvieran trabajo, sino por la incapacidad de adaptarse a una vida de exigencia, aunque fuese mínima. Era notorio que gran cantidad de ellos, la mayoría, padecían problemas psicológicos. No hablemos de alcoholismo o drogadicción. Llevaba bien a los de la calle; no así a los que te entraban en el metro, y menos aun a los yonkis del Retiro, que era imposible sentarse un rato sin que media docena de ellos se te acercaran a pedirte tabaco, dinero o lo que fuera.

    Me daba mucha pena ver a los locos por las aceras buscando restos de comida en los cubos de basura, hoy práctica habitual también de okupas e incluso niños bien jugando a jipis, al menos en los años de bonanza. Pensaba en aquel entonces que con tanto dinero como se gastaba en bobadas, cómo no había una brigada municipal encargada de llevarles periódicamente una bolsa con alimento, por poco que fuera. No se trataba de ningún dispendio, y además, el hecho de no tenerlos encerrados significaba ya un ahorro para el erario. Seguramente que tendrían plaza en alguna institución, pero también que los obligarían a guardar un régimen de horarios, como en los albergues, algo inasumible para ellos.

    Pensemos que si nosotros no vivimos así no es por que seamos más esforzados, ni tampoco, en caso de vernos apurados, por esa dichosa palabrita llamada 'dignidad'. No nos engañemos: no lo hacemos, ni lo haríamos, por simple comodidad. ¿Qué bienestar nos reportaría estar todo el día tirados en un banco o pidiendo con un chusco de pan en la mano, o durmiendo en una acera tapado con cartones?

    Recuerdo a muchos mendigos habituales del barrio: una mulata esquizofrénica que hablaba a gritos por la calle "¡sal de mi mente, maldito demonio!". Otro, joven, deambulaba por Recoletos y Colón; siempre iba girando sobre sí mismo con una mano en alto, a la altura del hombro. Otro al que encontramos un día muerto; alcohólico, y que no era muy mayor. "Mendi" le decíamos en el barrio para referirnos a él. Se quedó sentado en la acera apoyado en una pared y con la gorra bisera bajada. Pensábamos que estaba dormido. Un vecino que a lo largo de la mañana se asomó varias veces a la ventana, advirtió que el Mendi llevaba horas sin moverse. Bajó a la calle, y sí, ya estaba frió. Pero de todos ellos recuerdo especialmente a una vieja vestida de negro, con pañoleta también negra, igual que una anciana de pueblo de hace cincuenta años. Pasaba la noche sentada en un silla; sola, completamente sola, en un soportal de la Calle Mayor, casi pegado a La Mallorquina, muy cerca de Sol. Llevaba sus enseres en dos maletas grandes, que colocaba cerca de sí, una a cada a lado. Nunca supe cómo se arreglaba para trasladarlas hasta allí. ¿Qué mundo repetitivo, obsesivo, seguramente más imaginario que real, pasaría por su mente noche tras noche?

    Nada de eso me empujaba a un sentimiento de caridad, por eso jamás di limosna, pero sí de compasión; una mezcla de admiración y de pena, uno porque nadie vive así por placer, y otro porque no me veía capaz de enfrentar la vida con ese empeño, con ese oficio de vivir que solo los mendigos le ponen; ni tampoco con ese descaro, con ese desdén y esa falta de respeto que la vida, por contra, nos parece exigir a los demás.

    Un ejemplo vale más que mil palabras. Mirad esto:

    http://actualidad.rt.com/sociedad/view/107357-argentina-indigente-pechito-buenos-aires

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    1. Nuevo ovillo.

      Ahora te leo y te respondo aquí, Pedro, que acabo de liarlo.

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  6. Pero qué bien escribes, jodío.

    No digo más.

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  7. Lo releí, vi que quedó bien y lo he colgado en la Burbuja, en el principal. Seguramente que lo quiten de allí.

    Me he levantado de la siesta muy lúcido. Aun me dura. A ver si para esta noche cuelgo algo que seguramente os va a gustar. Quizá para mañana.

    ¿Os gusta el jazz? A mí no. Pero ayer leí algo que me dejó muy pensativo. El que lo escribió es un apasionado. Tipo muy inteligente y culto. Joven, que acabó ingeniería pero no dejaba de hacerse preguntas y de husmear. Total que abandonó todo y se dedicó a la filosofía y la historia.

    Ha escrito algo que me ha dejado muy pensativo. Un poco como si me indicara un mundo que siempre tuve delante y en el que no quise o no supe entrar. Echo en falta un mínimo conocimiento de música. Para mí la música se traduce solo en pura emoción, y no, no es solo eso. Es eso y mucho más.

    A ver qué me sale. Va para un poco largo. Mañana lo colgaré, seguramente.

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    1. Nunca he escuchado tanto jazz como cuando peor he estado, de hecho lo "descubrí" entonces, a Billie sobre todas, y todos...Ahora muy poco.

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  8. Kufisto

    Conste que fue lo que escribiste lo que me inspiró. Me trajo a la memoria la historia de ese mendigo argentino que leí esta mañana.

    Ni apruebas ni repruebas la mendicidad. Hay algo en ella que al mismo tiempo admiras y lamentas, ¿verdad? Me di cuenta de eso leyéndote.

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    1. Yo veo a las personas, en serio, las veo...aunque me equivoque.

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  9. Bueno, queda en la conciencia de cada uno, del que pide y del que da limosna o la niega, las razones de sus actos. Nada sabemos de la vida de esa chica; pero es muy loable tu actitud, no solo por la ayuda material, sino por la sinceridad de tus sentimientos. Acercarse a la debilidad ajena porque uno observa en ella la propia, es una de las reacciones del alma más noble.

    En cuanto a la ex-actriz porno, nunca es tarde si el arrepentimiento es bueno. Más allá de las razones que le condujeran al porno, lo cierto es que parece que ha sabido enderezar su vida, y esto no es criticable. Que haya pecado, ¿y quién no? Lo importante es que ha encontrado el camino verdadero: sentirse esposa de su marido y madre de su futuro hijo. Si lo sabe amar de corazón, este superará el pasado de su madre como la maldad que proceda de los demás recordándoselo una y otra vez. Con todo, es cierto que será una fuente de sufrimiento cuando lo descubra.

    Mi relación con las personas que piden se ha enfriado con los años. Me siguen dando pena, y entiendo que es deber humano (no ya cristiano) ayudarles en lo posible, pero lo cierto es que he sido engañado no pocas veces.

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    1. No, si lo que me molestó es que lo publicara. Conozco historias de chicas como ella, de su mismo nivel, que rehicieron sus vidas sin escudarse tan abyectamente, porque no me negarás que lo es.

      Lo primero que recordé al leer su inicio (porque no fui mucho más allá, luego la he leído entera y puede que me haya excedido, pero sigue sin ser procedente) fue la que Capablanca le escribió a su hijo para cuando fuera mayor de edad.

      El gran maestro cubano, quizá el talento más puro de la historia del ajedrez, murió joven, apenas con cincuenta años, puede que lo viera venir...Es curioso lo temprano que han muerto muchos grandes campeones del juego, la mayoría, sí...Y es una carta que ame emocionó mucho la primera vez que la leí, no tanto después, pero nada lo hace por segunda. O casi.

      Te la paso. Imagina lo que sintió su hijo al leer el primero en el tiempo correcto lo que su padre dejó mandado

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    2. “Para mi hijo José Raúl cuando cumpla los diez años y después para el resto de su vida.”

      Unión Club Habana Octubre 7, 1925

      Mi queridísimo hijo:

      Esta carta debes guardarla para leerla cuando tengas 21 años pues cosas que ahora no sabes y no comprendes, sabrás y comprenderás entonces –En primer lugar debes siempre respetar y querer a tu madre por encima de todo. Procura no decirle nunca mentiras; dile siempre la verdad. Tu padre que te escribe estas líneas, tiene en el mundo entero la reputación de ser un hombre muy recto; -muy honrado y verídico. Procura imitarme en todo esto. –Se estudioso y fuerte para que puedas defender a tu madre y a tu hermana lo mismo con tu cabeza que con tus brazos. Cualquiera que sea tu inclinación para estudiar alguna cosa determinada, acuérdate que de todos modos debes hacerte abogado primero que nada para poder defender tus intereses y los de tu familia. Después que seas abogado puedes si prefieres otra cosa dedicarte a lo que te guste. Ten presente que la mejor época del hombre es la de estudiante. Eso no te parecerá así de muchacho pero cuando hayas pasado esa época y llegado a los 40 años te darás cuenta de la verdad de lo que te digo.

      En lo físico las dos cosas que debes saber bien: nadar y boxear para poder defenderte lo mismo en el mar que en tierra. –Esto no quiere decir que debas pelear a menudo, pero sí que debes estar preparado para hacerlo en caso de necesidad.

      Procura ser un hombre de gran cultura. No hay nada en el mundo que entretenga tanto como los libros. Además es preciso ser útil a la humanidad. –Si puedes evitarlo, no juegues nunca a las cartas, ni fumes, ni tomes bebidas alcohólicas de ninguna clase y debilitan al hombre tanto en lo físico como en lo intelectual y moral.

      Se un hombre recto y bueno.

      Tu padre que te abraza con todo cariño.

      J. R. Capablanca

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    3. Sí, es una bella y sencilla carta de un padre a su hijo. El amor del padre es distinto del de la madre. Aquí se ve el deseo del padre de que su hijo sea fuerte, digno y sepa valerse. El amor maternal es menos exigente; la fortaleza que da una madre es otra: la de ser aceptado, la del contacto.

      Es muy duro en el caso de la ex-actriz porno que deba luchar como madre por que no pierda la estima de su hijo.

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  10. Parte I

    Tu historia me ha recordado una que tuve hace 22-23 años con una mendiga que se ponía a la puerta de unos famosos cines de Madrid, las salas Alphaville en Martín de los Heros.Yo solía ir a ese cine con cierta frecuencia. Entonces, como el joven solitario, introvertido, culto y depresivo que era, solía gustarme el cine de autor, pues en aquellas salas ese era el cine que se proyectaba, siempre subtitulado. De aquella época he olvidado casi todas esas películas que hoy no volvería a ver aunque me dieran dinero por ello. Y allí siempre estaba ella, presta a remover mi culpa y mi enorme incapacidad de entonces para decir no. Y los mendigos detectan como nadie a quien le cuesta decir no.

    Era una mujer de unos cuarenta, delgada, consumida, desastrada, sucia. No hacía falta ser una gran actriz para sentirse conmovido de presenciar hasta qué punto puede llegar un ser humano cuando lleva años cayendo por el abismo. Por si fuera poco se llamaba Piedad. Iniciamos cierto trato en cuanto que me paraba a escucharla para que se desahogara y también por respeto y por mi aprensión neurótica a dañarla si no le mostraba interés. Dirás que caí en sus garras. Es verdad, pero también me impactó de ella su enorme educación al dirigirse a mí, su expuesta fragilidad aún muy femenina, su genuina dulzura: verdaderamente me conmovió. Entonces yo era muy sensible a estas cosas; todavía lo sigo siendo, como buen tímido: una mirada de afecto, del tipo que sea, tiene la capacidad de dejar aun en mi alma de cincuentón grandes huellas.

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  11. Parte II

    Me contó su vida y con ella mil peripecias. Desconozco hasta qué punto eran ciertas o no. Posiblemente sería una mezcla de verdades y de mentiras. Lo de menos son los detalles de aquella narración (que si había tenido una tienda y se arruinó, que si se había dedicado a la artesanía, que si su marido la abandonó, que si padecía de tuberculosis, etc., etc.). Así, nos vimos, creo, tres veces. En la última, le dí el dinero que llevaba y me quedé sin ver la película. En esa ocasión quedé con ella para otro día, pues tenía la intención de dejarla el dinero suficiente para que al menos estuviese recogida durante un mes en una pensión. Me había contado que llevaba no sé cuantísimo tiempo en la calle y que habían tratado de abusar de ella o que la habían echado de multitud de lugares, incluso de forma violenta. Esto sí podía ser cierto (aunque muy estropeada cuando la conocí, Piedad, menos dañada en su aspecto, debió de ser una mujer notablemente atractiva). Ella me dijo que quería agradecerme esta atención con un regalo que llevaba guardado como oro en paño, recuerdo de su vida pasada, de su plenitud aún no olvidada. Me lo daría cuando volviera a verla.

    Y nos volvimos a ver como quedamos. Así, la dejé una cantidad importante (para mí importantísima, pues no tenía un duro), los gastos de pensión y comida durante al menos un mes, envuelto en una servilleta de papel, que ella se guardó en el último recoveco de su escuálido cuerpo, sin mirarlo siquiera. Ella, emocionada, literalmente llorando, me quiso acompañar, que paseáramos un poco. Y así lo hicimos. Fuímos desde Plaza de España por la Gran Vía, dirección Callao. Era mediodía; la invité a un refresco y a un bocadillo de lo que quisiera en un Mesón del Jamón en el que había entrado muchas veces, así me aseguraba de que la atenderían. El local era amplio; nos fuímos a un rincón de la barra para que la visión de aquella mendiga no molestara a la clientela del lugar y para hacer menos violenta la situación a los camareros. Ella parecía feliz, dentro de lo que se puede estar en sus circunstancias. Con mi inseguridad, mi timidez y la enorme confusión en la que me hallaba sumido por entonces, había conseguido hacer un poco feliz a aquella pobre mujer, no mucho más insegura y confusa que yo.

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  12. Parte III

    Después de conversar largo y tendido, salimos del mesón, y sentados en un banco en plena Gran Vía, ella se puso a rebuscar entre el caos de bolsas que portaba como equipaje de su vida, y sacó de entre aquellos trapos uno especialmente limpio que envolvía un pequeño bulto cuadrangular. Lo fue desdoblando con sumo cuidado como si fuera un tesoro: se trataba de un joyero nacarado de estilo japonés color madera, en cuya tapa, protegido tras un cristal, en fondo negro, aparecía un paisaje oriental con una pagoda rodeada de árboles y juncos, un par de flamencos y una montaña al fondo; todo ello realizado con sensibilidad y sencillez, hecho con un material como de corcho. El interior estaba forrado de tela roja con relieves florales al modo oriental. Para que oliera bien, protegió su interior de la corrupción con una bolitas de naftalina envueltas en papel cebolla. No me lo dió, no: me lo ofreció; esa era su ofrenda. Estos eran los artículos que ella vendía en los tiempos en que fue feliz. Guardó este joyero como recuerdo de la mujer que llegó a ser, de aquella sensibilidad perdida, de aquella ilusión: era el objeto que más le gustaba, y el único que le quedaba de entonces. Me regaló su tesoro.

    Debo decir que me costó mucho disimular mi emoción, confundido por tanta amabilidad, por la ternura de aquella mujer que todos miraban como un desecho. Nos despedimos. Le dejé mi número de teléfono y le insté a que ese mismo día se pusiera a buscar habitación para que no pasara ya esa noche en la calle.

    Diez o quince días después me llaman del Instituto Anatómico Forense. Piedad había sido encontrada muerta por sobredosis de heroína en mitad de una acera. Me llamaban porque entre sus bolsillos encontraron mi número. Cuando me preguntaron de qué la conocía, me dí cuenta que apenas sabía nada de ella. No sé con quién hablé, si con alguna autoridad médica o policial; les conté todo y ellos comprendieron.

    Desde entonces, soy más frío con los mendigos.

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  13. Y parte IV

    Seis o siete años después, en marzo de 1997, escribí este poema en su recuerdo, recuerdo que no he podido olvidar:

    PIEDAD

    Han pasado varios años desde que te encontré,
    y hoy te recuerdo traída a mi memoria por una
    conversación incidental. No sé si tras algún
    rincón de mi conciencia, habrá pesado no haber
    sabido, no haber podido ayudarte.

    Estabas sola, tú, Piedad, a las puertas de un mundo
    de imágenes traducidas en palabras ajenas,
    en historias que ya no dicen nada.
    estaba solo yo, Piedad, como tú, perdido
    en un silencio espeso de deseos sin nombre.
    Saliste a mi encuentro y me paré a escucharte;
    me contaste que ya no te querían -¿te quisieron algún día?-,
    que te habían olvidado, abandonada, tú, que tanto
    habías amado.
    Enferma, desnuda, miserable, sucia,
    saliste a mi encuentro con una dignidad desconocida,
    humildemente bella, inolvidable, mujer,
    amante e hija, vejada, pero aún con esperanza.

    No supe, no pude ayudarte. Apenas yo sabía
    con quién hablabas. Ingenuo y niño, pensé en protegerte
    como me habían enseñado, estúpida ayuda que usaste
    del mejor modo. A cambio me donaste tú
    tu más bello tesoro, tu recóndita feminidad simbolizada
    en un joyerito. Qué sabiduría infinita la de tu dolor
    de mujer sin amor, y amante. Una cajita
    nacarada, forrada de rojo, con motivos orientales,
    aire de fragilidad y delicadeza concentrada de tu ser,
    ignorada tú, humillada tú, vejada tú. En su interior,
    como tierna metáfora de tu afán contra la muerte,
    unas bolitas de naftalina: que al menos la cavidad profunda
    de tu alma de diamante, pudiera guardar, incorruptible,
    la belleza de otra alma.

    Piedad, mi piedad, la piedad, hoy te recuerdo.
    Creí que te marchaste, que te había olvidado. Un
    médico me dijo que habías muerto tirada en una calle,
    enferma, desnuda, miserable, sucia. Nadie te conocía.
    Le dije cuanto sabía de ti, muy poco, apenas nada.
    Fingí que no me dolió, pobre mendiga mentirosa.
    ...Años, muchos años después,
    apiádate de mí, dulce paloma.

    ------------------------------

    Mi mujer, a la que conocí un par de años después, guarda sus pocas joyas en la ofrenda, perdón, joyero de Piedad.

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  14. Muy buena historia Doiraje, se nota que te dejó huella.

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    1. Sí, Sergio, la dejó. Que Dios la haya perdonado y a mí por haber colaborado a su fin. Aunque como me dijo un sacerdote en confesión, yo fui el instrumento del designio de Dios para Piedad.

      Aunque lo fuera, la huella sigue allí. Realmente, más allá de cierto resto de culpa, sigo muy agradecido por todo lo que ella me supo dar. Deseo de corazón que Piedad esté gozando de la gloria de Dios.

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    2. Joderrrr...de verdad que mientras estéis aquí conmigo me importará un güevo morir sin haber tirado más que cañas de cerveza.

      Qué historia y qué poema, por Dios...

      Leeros hace que me tome en serio.

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    3. Yo puedo decir lo mismo, Kufisto: leerte, leeros, hace que esta vida sea más vivible.

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    4. Pues sigamos en ello, ya que nos hemos encontrado.

      ;)

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  15. Pues yo estaba en el otro hilo.

    Creo que esa chica necesitaba redimirse, y lo ha hecho tratando de no hacer un dramón de lo que sí puede serlo, o al menos eso pueden entender muchos. Unos tienen arte para transferir y simular esas preocupaciones, pero otros tienen que valerse de una confesión directa.

    No es tan grave. Damos mucha importancia, demasiada, al qué dirán. Para ese niño será mucho más importante tener una madre buena, y esa chica puede serlo, haya o no haya sido un chocholoco.

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    1. No, si a mi lo que me chirría es que escriba una carta tan íntima e importante y la publique. Sólo eso.

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