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lunes, 27 de febrero de 2012

DESAYUNOS Y COMIDAS...ES MI OPINIÓN




En ocasiones nos suceden cosas extraordinarias y no le damos la importancia debida por su aparente insignificancia; es como lo si extraordinario fuera cosa del tamaño: si es algo pequeño, o un instante, no tiene importancia ni valor.

Como dice la zorra del coche en el anuncio de Jes-Extender: "¡A MÍ ME GUSTAN GRANDES!"

Sí, este es un mundo que cada vez está más miope, así que lo primero de todo para que algo merezca nuestra atención es que sea GRANDE. "Si es grande tiene que ser bueno".

Telecinco es GRANDE...y no es más que un montón de mierdas. Grandes, eso sí.

El miércoles por la mañana descubrí que tenía rotas las gafas de sol: la montura partida y el cristal izquierdo caído. Era tal y como si me hubieran soplado una hostia. Me quedé estupefacto.

Por más que lo intenté, por más que quise recordar, no pude dar con la razón del estropicio. El día anterior las había utilizado con normalidad, dejándolas en su sitio antes de irme a trabajar. Terminé temprano, sobrio y aburrido, así que no pudo tratarse de un delirio alcohólico, una laguna mental cortesía de Johnnie Walker, un arrebato de tútieneslaculpadetodo, no...la periquita estaba en su jaula, descartada, y el gato no llega ahí, está muy gordo el jodío, no llegaba antes va a llegar ahora...además que las gafas estaban en el mismo lugar donde las dejé. No había más sospechosos. El misterio estaba servido.

No le dí más vueltas al asunto, a fin de cuentas no valían dos duros, demasiado me duraron, se las compré a los negros hará casi un par de años, "Ray-Ban" a 10 neuros, pós claro...aquella vez sí había perdido las auténticas en una noche de esas, así que me castigué con unas de imitación. Y de paso me ahorré 100 pavos. Llega un momento de la vida en el que hasta los castigos parecen premios. Por lo bien que lo has hecho.

Esa misma tarde decidí renovar mi confianza en la comunidad de piratas senegaleses. No tardó mucho en aparecer el primero de la numerosa tripulación, hay tardes en las que entran más que clientes, pero no están coordinados, no están organizados, son peores que el ejército de Saddam, y así les va...que si yo vendo poco ellos no venden ná.

- "Hola jefe, ¿qué tá?"
- "Bien hombre, bien...oye, ¿llevas gafas?"
- "No jefe...música, película..."
- "No, no...gafas, gafas de sol"
- "En casa jefe...¿tú quiere una?"
- "Sí"
- "Okey, okey...voy y la traigo ahora...¿vale jefe?"
- "Vale, vale..."

Y se largó.

A los cinco minutos llego otro vendiendo pelucos, la misma historia, el mismo cuento, arañas bailando en el grifo de la cerveza, los cubitos de hielo muertos de frío...le dije lo mismo y el me respondió lo mismo, otro que fue para el piso patera en busca de las gafas de Kufisto.

Y luego otro vendiendo sudaderas, y otro con música, y otro con películas, y otro con jamones...bueno no, jamones no, estos chicos el jamón ni tocarlo, son demasiado religiosos, pero a todos les decía lo mismo y todos salían disparados, a por las Reiván del Kufisto, que es el jefe y de vez en cuando nos invita a un cafe y a un donuts. O a una fanta de naranja y un pincho de tortilla. "¿Lleva serdo eto jefe?" "que noooo...".

Finalmente llegó uno de ellos con la mercancía, no es de los habituales, se le veía muy nuevo, ha tenido que aterrizar hace poco, ¡ay si supieras como están ahora las vacas, amigo!, a lo mejor te lo hubieras pensado mejor, aunque habría que ver como están las de su tierra, qué vida esta, Señor...

Las llevaba en una bolsa de plástico, diez o doce, todas revueltas, todas Reiván, escogí las cuatro menos cantosas y me fui al baño con ellas, deseché otras dos rápidamente y terminé eligiendo unas con la montura de plástico granate oscuro, no estaban demasiado mal.

- "¿Qué te debo?"
- "Dié jefe, son dose pá lo demá..."
- "Vale, gracias, ¿quieres una cocacola, un café?"
- "Una fantanaranja"

Le puse un pincho de tortilla.

- "Grasias jefe...¿lleva serdo eto?"

La mañana del sábado desperté con dolor en los ojos, detrás del globo ocular, me tomé una aspirina y lo dejé estar.

Pero por la tarde seguía igual, y pensando, pensando dí con la razón: "¡LAS GAFAS, LAS PUTAS GAFAS!"

Que una jugada te salga bien no significa que siempre te vaya a salir bien, al contrario, lo peor que puede pasarte es que te salga bien. Esta regla la conocen todos los que continúan buscando su primera jugada buena entre un océano de jugadas fallidas.

Esta mañana he ido a la óptica, no he tardado en elegir unas auténticas "Ray-Ban" patanegra, preciosas, 140 créditos de doña VISA "menos el 20 % de descuento", he salido a la calle con ellas puestas, llevo tantos años mirando las cosas del día a través de los cristales ahumados que mis ojos no hacen más que llorar cuando se quedan sin su escolta, mariconazos...tanta protección terminará por hacernos adictos a la pastilla azul, con la roja tienes que vivir como una rata y obedecer a un consumado karateka negro.

- "¡PERO ESA ES LA VIDA REAL!"

Ya...eso es lo me diría el pirata que me vendió las Reiván, "te está curando jefe...pó eso te duele"


Morpheo me las rompió y un enviado suyo me dió las buenas, las auténticas, las que te quitan las telerañas de los ojos, Neo no está en lo que tiene que estar con tanta Trinity, y las Máquinas han recuperado el Control, como Piqué con la Shakira, la Cosa vuelve a su Cauce, el Madrid vuelve a ganar...ahora lo entiendo todo.


Que os den por el culo, queridos, tampoco yo soy el Nuevo Elegido.


Rica pirula azul.


Quisir...¡¡¡RICAS "RAY-BAN"!!!


Patanegra.

VEO, VEO...




Las ardillas dejan de ser admirables cuando pisan la tierra; se convierten en animalejos ridículos, torpes, temerosos. Enseguida regresan a sus árboles. Y allí vuelven a ser hermosas.

El sol del mediodía lo inunda todo con su luz, parece como si los árboles se pusieran en puntillas buscando su calor. Pero no: están quietos. Todo se mueve menos ellos. Están en su sitio y reciben a cualquiera, pero no se van con nadie, no necesitan pies que anden, sólo un lugar donde agarrarse.

Hay un pedazo de madera muerta en el suelo, lo recojo y acaricio por sus extremos, salgo al sendero con paso tranquilo, hay poca gente por el camino, estas mañanas son así, casi todos van de acá para allá, recreando sus mundos una vez más, con la esperanza de que llegue el domingo en el que puedan echar el ancla y plantarse solos con quienes quieren, apartándose de los demás, del peligro, de la envidia, del miedo...no aceptan la verdad. No aman la verdad.

Salgo afuera y me guardo el palo en el bolsillo interior del abrigo, mi paso se vuelve dubitativo, tengo que caminar más rápido, pararme, ¡ten cuidado con el piso!, es tan traicionero...

Soy el hombre invisible, a todos miro y nadie me ve.


He bajado del árbol. Regreso al hogar.


¿A que no me veis?



miércoles, 22 de febrero de 2012

¡VIVA PALESTINA LIBRE! (IN MEMORIAM)





- "Lo mejor para esto es sol, mar y relax."

Y el tío lo decía en serio...

Era mi doctor de cabecera, nuestro médico de toda la vida, un follarín compulsivo, putero y vividor, que ya andaba de retirada: guapo, educado, voz suave y melosa, peluco de oro, esclava de oro, alfiler de oro...pasaba consulta privada por las tardes en su casa a pesar de que estaba prohibido, también fumaba constantemente y, supongo, se tiraba a la que le apetecía. Como en esa escena de "El Gran Lebowski" donde el doctor le ordena al Nota que se baje los calzoncillos, "no tío; es aquí...en el ojo", "bájese los calzoncillos". Ya quisiera el curerío tener feligreses con tamaña fe. El personal ha cambiado los padresnuestros por las pirulas.

O los champús, como era mi caso.

Primero dijeron que era psoriasis del cuero cabelludo, aunque después lo dejaron en dermatitis seborreica, para el caso era lo mismo, para mí tenía el mismo nombre: Gran Putada.

El primer brote fuerte me apareció cuando tenía veintipocos años y, de verdad, resultaba insufrible; era como si te estuvieran clavando unas garras afiladas en la cabeza, ni más ni menos: grandes costras cubrían mi cabeza grapando las raíces del pelo a la quijotera. Un askazo. Un dolor. Una Gran Putada.

La receta del doctor era genial, cojonuda, paradisíaca, pero para mi desgracia tuve que recordarle que yo no era Julio Iglesias, ni siquiera uno de sus miles de hijos, y que me resultaba imposible, IM-PO-SI-BLE, hacer "lo mejor para esto...", él se río y me dió la receta B: un champú especial, tan especial que costaba un polvo decente, aparte de recetarme la consabida Trinidad Hipocrática: "no bebas, no fumes, no comas grasas".

Aquello no funcionó. O al menos no como debería. Pasé todo aquel loco verano con la cabeza como un residente de Molokai. Y para mitigar el dolor bebía a diario. Era lo único que funcionaba: beber hasta que tus células transportaran más alcohol que dolor. Después llegaba la mañana, su resaca, el dantesco calor y el infernal trabajo en la terraza. Cuando terminaba ya estaba con los ojos brillantitos. Y al irme a dormir, ciego. Ojos que no ven...

Llegó el otoño, el trabajo se relajó, yo también, y aquello se mitigó un tanto, realmente el doctor tenía razón, como después comprobé por propia experiencia: los peores brotes coincidían con las épocas de máximo estrés.

La cosa se puso igual de fea con la llegada del verano siguiente: mi nueva doctora me derivó al especialista del Hospital por vía de Urgencia (dos o tres semanas de espera) y cuando impuso sus manos latexeadas en mi mal decidió que lo mejor sería hacer un cultivo, así que extrajo con unas pinzas algo de la mierda que llevaba encima y, con mucho cuidado, la introdujo en un botecito para que la estudiaran en el Laboratorio. Me dió una nueva fecha, me recetó otro champú XXX y, por último, me madreó con sus consejos vitales. Esta vez al menos no me habían confundido con Julio. Normal, estaba empezando a perder pelo.

Llegaron los resultados del cultivo y su puta madre, todo continuaba igual, el Especialista era otro Tarugo, no sabía como curarme, otro champú, y otro, y otro, y otro...

Hasta que mi abuela paterna se hartó y convenció a mi madre para llevarme a una celebérrima curandera de la ciudad.

Tenía una casa grande, limpia, llena de Imágenes, la sala de espera estaba a la entrada, ahí nos reuníamos todos los desesperados de la vida mientras la bruja se trabajaba a otro. Yo era el último de la noche, "pasad", nos dijo una voz, y allá que fuímos mi abuela, mi madre y yo, en silencio, como si estuviéramos en la Iglesia...

Era una vieja enorme, con unas tetas que más parecían ubres, toda enlutada, un gran crucifijo ahorcado entre sus mamazas, voz potente, seria pero no antipática, "siéntate ahí, hermoso", habló un rato con ellas sobre lo mío, "hay que rezar mucho, hay que rezar mucho...¡y pedir a la Virgen!". Vino hacia mí, me tocó la cara mientras yo le miraba las cimas de sus montañas, "ponte detrás de él" le dijo a mi abuela, "ponle las manos en los hombros", mi madre nos miraba, aquello parecía un jodido exorcismo, ¿seguro que le habían explicado bien lo que me pasaba?...

Empezaron a rezar, "¿crees en la Virgen?", me untó aceites mientras gorigoreaban, estuvieron así un buen rato, creo recordar que ví a mi madre con lágrimas en los ojos. Cuando acabó con lo que fuera nos mandó que todas las noches debía embadurnarme el cabello con un champú de brea (aquello me sonó a asfalto, a alquitrán) y ponerme un gorro de baño para dormir, al despertar tenía que aclarármelo y pasarme una peineta por las costras, arrancarlas con cuidado, "¡Y REZA A LA VIRGEN, HIJO MÍO!".

Rezar no recuerdo si recé, pero sí que hice todo lo demás: aquello era asqueroso, deprimente...mi pelo, mi pobre pelo...Era mi abuela la que me afeitaba las costras todas las mañanas, la pobrecilla venía a casa y me pasaba aquel chisme por la cabeza mientras yo me cagaba en todo lo cagable a pesar de que ella lo hacía con todo el cariño y el amor del mundo, "no digas eso, Kufistín...", "¡¡¡ME CAGO EN...!!!".

Nada. No dió resultado. Quizá la solución era el Exorcismo.

Así estuve, envenenando mi cabello, durante dos o tres años, con rachas malas y rachas peores, pero siempre en racha. Siempre.

Hasta que una tarde de invierno un borrachín cliente mío me dijo que era amigo del nuevo Especialista del Hospital, que podía hablar con él y colarme en su consulta, que era un auténtico artista y tal...yo ya no sabía que cojones hacer, después de la Bruja fui a médicos privados, nos gastamos la pasta, y siempre era la misma historia, la misma película, la misma MIERDA.

Habló con él y me coló.

Dos días después pasé el último a consulta.

- "¿Qué te pasa?"
- "El pelo...dermatitis seborreica...estoy harto..."

Era moro, tenía una cara parecida a la del Felipe González de sus últimos años, hinchada, abotargada, grandes ojos negros, pelo negro y espeso, serio, muy serio, rozando la antipatía al primer vistazo. Se levantó de su silla y sin ponerse guantes ni hostias me tocó el pelo, sin delicadezas, moviéndome la cabeza con esas enormes manos peludas, regresó a su sitio...

- "Vas a ir a la farmacia con esta receta...es una pomada...que te la preparen...te la pones en la cabeza para dormir...al despertar te lavas con un champú neutro...una vez cada cuatro días..."

Y eso fue todo.

A las dos semanas aquello había desaparecido por completo. No me lo podía creer.


De vez en cuando se pasaba por el bar con nuestro común amigo el borrachín, yo no sabía como atenderle para agradarle, me desvivía, solía invitarle, pero se veía que él no estaba cómodo allí, tenía una cara trágica, había mucho dolor en su mirada, no sé, era raro, era...


Era palestino.


Un cáncer se lo llevó hace algunos años.


Estés donde estés y con quién estés:


GRACIAS ETERNAS

martes, 21 de febrero de 2012

FUI UNA ESTRELLA DEL ROCK (EN MI HABITACIÓN)




- "¿TÚ ERES HIJO DE NICOLÁS, EL DE LOS MUEBLES...?"
- "Pues no"
- "AH...ES QUE TE PARECES...¡IBA A PREGUNTARTE POR UN SILLÓN!"

¿Y qué le dices al tío gilipollas? nada, te largas mientras oyes como te grita adioses y gracias por comprarle una jodida barra de pan.

Es sordo, lleva un chisme de esos en la oreja, pero es igual que quien tiene una tía en Alcala: que ni tié tía ni tié ná. Hace años solíamos comprarle chucherías y bebida para las sesiones de cine en casa, sólo le faltaba chuparnos la polla. O dejarnos una vuelta con su mujer, un pedazo de mujerona con un culo del tamaño de Maracaná y un par de tetas fellinianas, de verdad, era un escándalo, toda tremenda, a veces te miraba entre los donettes y los phoskitos mientras el sordo sermoneaba a algún cliente, insufrible, el sordo, digo, un pesao de tres pares de cojones...y ella metiéndose gusanitos en esa bocaza roja. A veces la pillaba sola, entonces le pedía algún veneno de los que tenía por abajo, en el pasillete, y ponía todo el culo aquel en pompa, la muy puta se tiraba así un rato, hurgando, haciéndose la despistada, era para llegar por detrás y metérsela a muerte.

Tenían una hija que por aquel entonces estaba en flor, unos quince o dieciséis añitos, cañón, parecía como si fuera a explotar al rozarla, no estaba gorda como la zorra de su madre pero tenías donde agarrarte bien, miraba como ella, de tal puta tal putilla. Siempre estaba comiendo mierdas de esas, con cara de aburrida mientras su papá hablaba y hablaba...En el tiempo que llenaba una bolsita de veinte duros tenías para ver un capítulo de Expediente X. O dos.

Claro que, a veces, nos pitorreábamos de él, lo volviamos loco, "sordo...dame tres de estas, una de esas...", "¿QUÉ?", "sordo...que me dés...", hasta que en lugar de mirarlos con los ojos lo hacía con la oreja biónica, entonces le gritábamos, "¡VALE, VALE, YA TE HE OÍDO!", en ocasiones se daba cuenta del cachondeo, bueno, yo creo que siempre, pero pocas veces saltaba, le gustaba vender y hablar, era el precio que tenía que pagar, el primer contacto no obligado de la chiquillería con los adultos es con el tío que vende golosinas. Y es él quién paga por todos los demás. Normal.

La mayoría de los oficios son una mierda, es decir, la mayoría de nosotros hacemos tantos descartes durante nuestra vida que cuando la baraja se queda sin cartas tenemos menos juego que cuando empezamos la partida, y así pasa: que nos dejan limpios. "A mirar y a callar, en las cartas no se habla. Y sino te vas".

- "¿Y si me reengancho?"
- "Déjalo. Lo tuyo es vender tigretones"


Así que a vender pastelitos, tirar cañas y poner ladrillos.


O volcar la mesa y correrlos a hostias.



lunes, 20 de febrero de 2012

ESTÚPIDOS PAYAS@S




Hoy he ido por la carretera, en un minúsculo arcén, quería ver los coches de frente, sensaciones fuertes, hasta ahí llego, no me pidas que me tire de un puente agarrao a una cuerda, ese arroz se me pasó, mejor dicho, no llegó a cocer, no así el que hemos devorado para comer, estaba en su punto, "perdona y gracias", "no pasa nada, todos íbamos igual". Ya...lo que pasa es que no me acordaba. Y un hombre sin memoria es como el edificio 7 del WTC, el que cayeron a la vista de todos y a nadie le importó. Ahí estaba la bolita.

Todo ha cambiado al encontrar la mía, a fin de cuentas no es para tanto, casi nada nunca es para tanto, somos nosotros quienes pensamos que el mundo no nos quita ojo, y muchas veces "el mundo" se reduce a un par de capullos, o a algún desconocido, el mundo está a lo suyo, el mundo no se detiene para contemplar tus malos momentos, el mundo sigue y seguirá girando hagas lo que hagas. Es tu cabeza de vaca la que derrapa hasta ver por la nuca, es tu estómago de vaca el que necesita regurgitar lo comido hasta transformarlo en digerible, es tu cola de vaca la que espanta cuatro moscas mientras te roban la leche de las tetas.

No se puede tener el culo más sensible que los pezones.

Después de diez minutos sabía quien conducía el coche que se acercaba: si se echaba un poco hacia el carril contrario sólo podía ser una mujer o un viejo; si, por contra, seguía su veloz trayectoria aunque pasara a un metro de mí era un tío. He fallado pocas veces, dos o tres, la verdad es la de siempre, casi siempre. La verdad no sabe lo que es la cuota de mercado. La verdad no sabe lo que es el mercado. La verdad no sabe porqué la buscamos cuando siempre está delante de nuestras narices.

Me he quitado el tapón al llegar al camino, uno no puede ir tranquilo por el arcén de una carretera general, hay que buscar lo incómodo para estar cómodo, al menos los que somos como nosotros, entonces he caído en que estaba oyendo a los Pink Floyd, una mezcla de sus álbumes de los 70, los más famosos...son muy buenos cuando no desean cambiar el mundo, cuando dejan de filosofar con el martillo de pin y pón; no es la letra (que no me importa), es la música y los efectos de sonido, un tufillo grandilocuente, a lo Queen, que sigue sin decirme nada. Pero tienen cosas que me llegan mucho.

Al bajar y regresar a la civilización he visto a Eva, la chica que protagonizó una de mis primeras historias, la puta, vamos, para entendernos, no la he reconocido de primeras ya que me iba fijando en los dos perrazos que estaba paseando, uno de ellos, terrorífico, con el bozal puesto; "¡hostia puta!", he musitado al cruzarnos, entonces ella me ha saludado y yo me he dado cuenta de quién era, "¡adiós, hasta luego!", está mucho más delgada, no tiene mala pinta, he pensado que quizá siga ejerciendo, llevaba el dinero para echar las primitivas, pero cualquiera se lo insinuaba con esas dos bestias del Averno que la escoltaban, aunque si una que fue puta saluda a un antiguo cliente es que lo sigue siendo. Blanco y en botella.

Había poca gente en la Administración de Loterías, el personal es (somos) muy ansias y es por la mañana del lunes cuando se forma el tropel, todos a la misma hora, como si por mucho madrugar te aseguraran el premio, y eso que la inmensa mayoría ya han mirado y remirado sus boletos, pero estos son tiempos en los que nos fiamos más de las máquinas que de nosotros mismos, "hasta que la máquina diga que no, puede haber una posibilidad". La máquina no se equivoca nunca. Y la máquina siempre dice que no. Y con ella no hay manera de engañarla. Si lo es, Dios tiene que ser una máquina para soportarlo.

Me he fijado en la que esperaba turno, la que estaba delante de mí..."¿cómo?": llevaba unos pantalones que había que verlos, de payasa, pero de payasa de circo, no me lo podía creer. Al darse la vuelta para irse he visto que era una cincuentona, el pelo moreno con mechas rojas, sin maquillar, "¿pero qué coño pasa aquí?", he jugado lo mío y me he pirado pensando en ella.


Entonces he recordado que es Carnaval, o que ha sido Carnaval, y que la gente se disfraza para emborracharse a gusto.


Y algunos aprovechan para hacer la intentona con la Máquina, a ver si asín...


Aficionados...


Cuando llegaba a casa sonó esta canción:



UN BAÑO CALIENTE





Desperté sin querer, ví que todo seguía igual e intenté perder la consciencia y recuperar el sueño, un sueño sin imágenes ni sonido, un sueño negro, el mejor sueño. Cerré los ojos y sentí que ya no podría ser: retazos de imágenes que tal vez nunca sucedieron, palabras que quizá nunca se dijeron y la misma melodía de la misma canción, una y otra vez...pensé en cómo me hubiera gustado pasar todo el día en la cama.

Después de 72 horas había logrado dormir un sueño normal. Y ahora que el dolor se marchaba de mi cuerpo llegaba el perro del remordimiento, el más estúpido de todos y por ello el más fiero, agarraba mis pelotas con sus dientes mellados, ¿no te cansas?, ¿no te cansarás NUNCA?.

La habitación olía a perro moribundo, la calle sonaba su canción de todos los días y la luz del sol entraba miedosa a través de los ojos cerrados de la persiana, no hay manera de escapar a sus anoréxicos rayos, no hay escape, ni en una mañana como ésta, ¿qué buscas aquí?, ¿no ves que no quiero verte?.

Me levanté, llené el baño de agua caliente y le eché medio litro de gel de leche para pieles sensibles, zozobré en la Red mientras esperaba, diez minutos después aquello parecía un bol de claras de huevo a punto de nieve, había echado demasiada leche, el agua hervía, me metí poco a poco mientras mojaba mi cabeza con agua, templada primero, fría después, ya estaba dentro, cerré los ojos y cuando los abrí ví mis pies sobre la espuma, tan lejos que no parecían míos hasta que los moví, me quedé un rato mirándolos, ya se habían ido todos de mi cabeza, cogí aire, aguanté la respiración, me tapé los oídos y la nariz y me sumergí en el agua de leche.


Cuando emergí no pude recordar si alguna vez me había bañado al despertar.



miércoles, 15 de febrero de 2012

¡OLVIDEMOS EL PASADO!, ¿VALE, COLEGA?





Nos vimos cuando estaban a punto de entrar al veterinario, le dí dos besos a ella (¡qué ojos sigues teniendo, por Dios!), y saludé a su padre. Me alegré de verlos, son de los pocos seres humanos que siempre me causan esa sensación, será por lo que pasamos juntos, porque son muy buena gente y, sobre todas las cosas, porque nos vemos poco. El roce no hace el cariño, sino el deseo, es su intermitencia la que da verdadero significado a la palabra. La fricción siempre causa chispas, y, si es continuada, incendios.

El fuego cerca, no dentro.

La verdad es que estaba de buen rollo, hacía una mañana espléndida, el sol ya estaba alto y el frío no era tanto como para pasear con el abrigo desabrochado y la bufanda a la cintura, además que iba escuchando el "Exile on Main Street" de los Stones, un disco cuya música no responde a su leyenda, es mucho más oscuro el "Sticky Fingers", las canciones de aquel son una celebración, una fiesta entre amigos, y "Tumbling Dice" debería ser de escucha obligada en cualquiera de las pequeñas derrotas que vayas encontrándote por tu camino. O "Sweet Virginia".

Iban a recoger al gato de ella, bueno, al medio gato, porque al igual que yo con el mío han pagado para que lo castren, te pintan tan mal las "marcas" que dejan cuando están excitados que no te queda otra sino atajar el problema en su raíz, en su base, en sus pelotas. En nuestro tiempo los cojones son una molestia, la testosterona tiene peor fama que Hitler, algo normal cuando nos sermonean con los beneficios de las eleicaseimunitas y los bífidus activos, esas cosas que van por millones en un dedal de plástico reciclable, tal vez dentro de algún tiempo nos vendan la testosterona en sobres, o en pastillas, primero te la quitan y después te la dan. No, de dar nada, te la vendemos, si pudieran nos quitarían el alma para vendérnosla después. Nos la quitarán. Ya inventarán algo. Seguramente ya esté inventado y ni nos hemos enterado. Fijo. No hay más que ver al personal comiendo mientras ve la televisión. La tele es Satanás.

Al decirme lo del capamiento gatuno les he contado mi trágica experiencia, entre risas, claro, que la tragedia se transforme en comedia es una cuestión de tiempo, así que he recordado con ellos la mañana en la que lo recogí después de que una Mengela con la pared llena de diplomas extrajera los huevecillos de mi tierno gatito, sólo tenía unos meses, no llegaba al año, se lo hicieron en cuanto fue posible, pobre gato mío...

La suerte fue que era mi día de descanso, hubiera sido incapaz de dejarlo solo en ese estado, pocas veces me he arrepentido de alguna decisión que haya tomado estando sobrio. Y esa fue una de ellas.

Al llegar a casa lo dejé en el suelo, el pobrecillo no podía tenerse en pie, ni maullar siquiera, intentaba levantarse, caminaba unos pasos como si estuviera completamente borracho y volvía a derrumbarse, así una y otra vez, recuerdo que lo dejé que alcanzara por sus propias fuerzas el sofá donde me encontraba, no por maldad, simplemente no lo podía creer, al despertar la mañana era capaz de encaramarse de un solo salto a la encimera de la cocina y dos horas después no podía con sus bigotes. Me dió una pena tan grande, se me puso tal nudo en el estómago, que maldije la hora en la que decidí que le hicieran eso.

Lo recogí cuando estuvo a mis pies, temblando como un flan recién hecho, y se acurrucó sobre mí mirándome con lágrimas en sus hermosos ojos del color de la miel, "¿qué me has hecho?", parecía preguntar...¡por Dios que se me partió el corazón!.

Estuvo así todo el día, derrotado, hundido, sin moverse, presa de un continuo temblequeo, sin comer ni beber ni maullar, se dejaba acariciar sin protestar, había sido domado, había dejado de ser un animal, un dios para los más inteligentes de los Antiguos, y se había (lo había) convertido en un muñeco, un muñeco sin pilas, un muñeco sin huevos, un muñeco inofensivo...


Un par de días después recuperó su actividad normal, su increíble agilidad, el apetito voraz, su feroz independencia, su sabio egoísmo, parecía como si nada hubiera pasado.


Nada más que ya nunca más tendría ganas de tirarse a una gata. Claro que no le dí tiempo ni para que se estrenara, quizá así sea más fácil, pero cuando muera y vaya al cielo de los gatos y los demás se cachondeen de él...sera mejor que su Mengela busque un buen escondite y se unte todo el cuerpo de aroma de ajo, porque como dé con ella...


¿Y yo? somos compañeros de piso y me encargo de que no le falte de nada. Bastante le quité...bueno, yo no, la Otra.


(Me mira desde la puerta) ¡Vamos a cantar lo de Jagger!


Ya ha pasado mucho tiempo, ¿vale?. Además, te juro que en cuanto salgan viagras para gatos compraré un camión para ti solo. Aunque tengamos que irnos a vivir debajo de un puente.


"Baby, I can't stay, you got to roll me,
And call me the tumblin' dice."



domingo, 12 de febrero de 2012

1.095




Hace un par de semanas mi padre me dió su viejo reloj; es un Viceroy de tres esferas sobre fondo negro, correa de cuero y cierre metálico, parecido al Omega de mi abuelo, aunque éste era más grande y la correa metálica. A mí me encantaba. Una vez le pregunté a mi tía qué había sido de él, no recuerdo lo que contestó.

El último que tuve fue un Lotus, regalo de mi madre, uno para mí y otro para mi hermano, el mío era verde oscuro, precioso, me lo robaron en la piscina antes de que cumpliera su primer mes, estoy seguro que hubo de ser uno de mis "amigos" pero nada más supe de él. Ni de ellos. Pillé tal cabreo que juré no volver a ponerme un reloj. Han pasado veinte años, ojalá algunos de mis juramentos durarán la centésima parte.

El primer problema surgió al ponérmelo en la muñeca: la de mi padre es bastante más grande, así que poco faltó para tener que ajustármelo en el codo, "esto es ridículo", "déjamelo y se lo llevo al relojero para que lo ajuste".

La verdad es que la cosa no mejoró mucho cuando me lo devolvió unas días después, seguía bailando valses con mi muñeca, definitivamente soy un peso mosca, pero en la tarde del día siguiente conseguí rebajarlo a mi tamaño con la ayuda de unas tijeras y un mondadientes, cosa que, debo confesar, me sumió en la más absoluta perplejidad, tal es mi valor como manitas, es decir, lindando con el cero absoluto.

Finalmente había conseguido que reloj y muñeca se fundieran un abrazo. A veces uno tiene que mutilarse para abrazar a alguien, aunque sea a una muñeca de la señorita Pepis.

Veinte años sin el tiempo en tus manos es más que suficiente como para dedicarle algo de atención en su regreso: lo miraba una y otra vez, me lo cambiaba de muñeca, "en la derecha mejor, así los botones no dan en la mano...", observaba el desigual y fascista avance de las desiguales agujas (llegará la noche en la que sólo estarán permitidos los relojes digitales)...en fin, todo un espectáculo para esos momentos de la vida en los que te dedicas a mirar la de un reloj.

Pronto caí en la cuenta de que el muy puñetero atrasaba su paso, unos diez minutos, una y otra vez todos los demás le llevaban la contraria, pero lo divertido era que no pasaba de ahí, tardaba 0´2 en irse de bareta pero aguantaba en ese margen, cosa rara, no sé, diez minutos menos, bueno, tampoco está tan mal, el reloj de mi coche sólo lo entiendo yo y con eso basta, además que mi vida tampoco depende de un segundo, ni siquiera de diez minutos, ya no sé si será cosa de años.


Estaba tumbado en el sofá, apurando los últimos minutos antes de irme a trabajar, aburrido y cansado, cuando he buscado la palabra "Tiempo" en la Wiki: no he entendido una jodida frase. Lo único que recuerdo es algo del Cesio, las veces que tienen que rebotar o no sé qué sus atomos, o sus partículas, o algo por el estilo en un segundo para que merezca tal nombre, creo recordar que el número era de centenares de millones, joder, una locura, un locurón, no entiendo nada, no sé nada y aunque lo supiera no creo que me hiciera algún bien, ¿a quién coño le importa lo que es un segundo?.


Lo único que sé es que desde hace unos días a veces los miro.


Si algo tienen las moscas son ojos.


Y algunas pierden las alas en las telas de algunas arañas.


Si pueden con decenas de elefantes qué no podrán con una mosca de mierda.



viernes, 10 de febrero de 2012

¿DÓNDE OS FUISTEIS?




El chaval camina en silencio acomodando el paso al de la máquina eléctrica que lleva a su madre, mirando el suelo escondida tras unas enormes gafas de sol, abrazada por una piel de animal muerto, el guante derecho mueve su cuerpo y los ojos de su hijo miran mis cristales oscuros al cruzarnos.

Una pureta rubia teñida que ya no podría ser mi madre viene hacia mí igual que a la cagada de perro del suelo o a la papelera de la izquierda, el código de barras en los labios, los demás están convenientemente tapados, aún así me la follaría, la fecha de caducidad es orientativa, no definitiva, y nunca estuve para ir tirándolo, todavía más ahora, "señora...¿quieres follar?", lo más que puedes llevarte es una hostia. O, con suerte, un simple lavado de estómago. O nada.

Eres alguien cuando estás detrás de tu puerta, fuera nadie, vuelvo a comprobarlo cuando paso al lado del maletero de un coche en el paso de cebra, cinco segundos antes y hubieran tenido que reconocer haberme visto, cinco después ya no es necesario, a esas dos si que me las tiraba a gusto; bueno, a una de ellas.

Tengo tan visto al sol de esta calle a esta hora que a veces me hace dudar de si hoy es ayer o antesdeayer o mucho antes de antesdeayer.


Miro al suelo y veo que no hay tantas cagadas de perro.


No, es hoy, ayer no está ni se le espera. Se fue con sus mierdas a otra parte.


Y ahora yo voy a echar la mía donde siempre.



miércoles, 8 de febrero de 2012

UN CHISTE DE LOCOS




A eso de las cinco y pico recordé que vuelvo a tener en abierto los canales cinematográficos de pago en el Digital; no sé, es raro, suelen hacerlo durante las Navidades, no como un detalle, no, estos hijoputas no deben tener detalles ni con sus madres, sino como un modo de recaudar más a quienes se dan de alta: te ponen el caramelo delante y cuando empiezas a saborearlo te lo quitan, "¡devuélvemelo!", "paga más"...pero esas entrañables fechas ya están tan atrás como cercanas las siguientes, el tiempo vuela hacia delante, pero el que vamos dejando atrás se va a la velocidad de la luz.

En uno de ellos estaban pasando "Avaricia" de Erich von Stronheim. Es un tipo que me cae simpático aunque sólo haya visto de él "El crepúsculo de los dioses", y ni siquiera es suya, sale como actor, hace de mayordomo de una vieja estrella de cine (Gloria Swanson) enclaustrada en su mansión desde la irrupción del cine sonoro, pero es uno de las interpretaciones que me quedaron grabadas: ese hieratismo, la unión de tu destino al de la persona amada aunque ello suponga tu "anulación", tu "desdicha", tu "infelicidad"...no era para ella otra cosa que una muleta y aún así lo acepta, la quiere tanto, la ama tanto que aunque sepa que jamás será suya al menos podrá estar cerca de ella. El amor más fuerte es el que ya no espera ser correspondido, el que ya no quiere ser consumado por temor a ser consumido, don Quijote lo vió bien con Dulcinea: para amar hasta la muerte, para vivir amando, hay que huir de la realidad. El amor es una idea. El amor no existe. Aldonza Lorenzo puede ser de muchos. Dulcinea del Toboso sólo será tuya porque sólo la conocerás tú. Eros sólo tiene de plural la s. Jamás existió dictador que se le pueda comparar. Al principio lo llamamos amor cuando queremos decir sexo, después viene el temor y al final llega el miedo; tres sentimientos en busca de un dios desconocido por casi todos. No hay que pronunciar el nombre de un dios, decían los antiguos. Y decían bien: los dioses son celosos. Nosotros los soñamos y ellos nos sueñan. Los ojos y la boca poco tienen que hacer ahí, cuanto más busquemos gritando su nombre más se alejará. Jamás nadie oyó su eco en medio del mar. La vida es agua. Fría. Una estrella no hace un Universo por mucho que se llame sol. Y el muy cabrón se va con cualquiera y se queda con ninguno.


Joder...iba a escribir sobre la bruja de Blair y acabo con esto.


Tengo la cabeza como el tam-tam de un negro y los pies más helados que un frigopié defrese. O demente. Nos deshuevamos vivos cuando lo escuchamos la primera vez. Bueno, ella se desovaría, digo yo, en fin...


Así no hay manera de calentarse.


Mejor pongo el brasero mientras llega un número de teléfono.



lunes, 6 de febrero de 2012

"Y EL TIEMPO NO ESPERA POR NADIE..."





Jazmín de Grazia se ha suicidado a los 27 en la bañera de su novio. No sabía quién era, "una modelo argentina", bonito nombre, bonita mujer, más carne para el "club de los 27", yo los cumplí en el 2.000, te llevo 11 de ventaja, de Grazia...

"Y el tiempo no espera por nadie, y no espera por mi"

El viento lleva a las nubes ante el espejo de la luna llena, todos las ignoran menos yo, son tantas y van tan juntas que se la quedan para ellas solas, por un rato nada más, hasta que el viento las arrastre a la oscuridad...

"Y el tiempo no espera por nadie, y no espera por mi"

Ahí está otra vez, tampoco a ella la esperará el tiempo, también a ella le llegará la noche en la que se bañe en el fuego de la Tierra, polvo lésbico, polvo en el polvo, polvo inútil, polvo estéril, polvo mortal, el último polvo...

"Y el tiempo no espera por nadie, y no espera por mi"


Y el tiempo no espera por nadie, y no espera por mi, y llegará mi noche y llegará tu día, y llegará mi final y llegara tú principio del final, y tal vez cuando dentro de mucho tiempo leas esto comprenderás la única verdad:


Que el tiempo no espera por nadie, y tampoco te esperará a ti.


jueves, 2 de febrero de 2012

DOÑA ÚLCERA PRUDENTE




Estaba terminando mi paseo, con el pito tan encogido como si Pacquiao estuviera esperándome en la puerta del piso para cobrarse una deuda, cuando he visto a un amigo en su coche; ha parado y ha bajado la ventanilla, nos hemos saludado y casi se me ha escapado hacerle una broma con algo que me dijo anoche al marcharse del bar y que me sentó como una patada en los cojones, pero doña Prudencia, esa sapientísima mujerona, me ha tapado la boca con su manaza y lo he dejado estar. Además, él se acababa de despertar, ayer se colocó un tanto y seguro que ni se acordaba, aparte de que se trataba de una gilipollez, una tontería, pero a veces uno está tan sensible que parece como si tuviera el reglo, más aún si tienes una tarde con sobrecarga de imbéciles, en fin...ha pitado el de atrás y le he dado un manotazo al capó a modo de despedida, casi se me queda la mano pegá, joder qué frío.

En esa buena película llamada "Carlito´s way" hay una secuencia en la que Pacino le reprocha a Penn que aburra a los demás hablando de lo hijoputa que es ése o aquel cuando perfectamente podría levantarse y decírselo en su cara sin amargar la noche a quienes le rodean, "te saldrá una úlcera si te callas". Entonces el pasadísimo abogado judío se va hacia el objeto de su paranoia y la lía mal liada; es lo que pasa cuando uno hace lo que no puede hacer: que no sabe. Mejor la úlcera. Ya no son años.

En esas iba, pensando en eso, cuando al pasar junto a un bar he visto a un conocido mierdón que estaba sentado viendo la tele. Si yo tengo los años que tengo éste se arrastrará por los 45. Es un tío feo, escuchimizao, que no ha hecho otras cosa en toda su puta vida que ponerse, un absoluto deshecho, una rémora de la sociedad, un scoop de "La Noria" cuando Moonwatcher lanza el hueso al cielo, un corte de rollo con dos patas, un askazo, vamos, una hemorroide con demasiado calor...

Y ahí estaba, tranquilito, con su cafelito, las piernas cruzadas, el brazo apoyado, en posición interesante mientras veía "Saber vivir", porque esa clase de bares son de Primera Cadena, o La Uno que la llaman ahora. Medio segundo, un instante, no más, lo suficiente para corroborar una vez más de qué lado debo estar, cual es mi equipo y quienes mis compañeros. Sí, jugamos sin entrenador y hacemos la guerra por nuestra cuenta, así es imposible ascender de categoría, pero mejor jugar, aunque sea en Regional, que calentar banquillo en Champions League hasta hacer de tu culo y el asiento una misma cosa. Y entre partido y partido a criticar, a hacerse el jéroe, el garbanzo negro, "no me saca", para volver el domingo siguiente al mismo sitio, a tu sitio, encargado de la escupidera, pero mejor eso que irte, ¿verdad, patógeno andante?

Poco después me he topado con otro escombro con ojos, un ser lleno de odio hacia el que no ¿piensa? como él, poco más o menos de mi edad, íbamos por la misma acera y no había tiempo para otra cosa que no fuera encontrarnos, nos hemos saludado pensando en las respectivas madres del otro, más bilis, más úlcera, más Prudencia, no se puede ir por la vida como John Wayne, no podemos ir por la vida como John Wayne.

Última parada: a comprar el filete y el pan. Era la primera vez que lo hacía allí, no había casi nadie en la carnicería, tras el mostrador un tipo de unos cuarenta y pocos años, cara castigada, parecido a Steve Buscemi, con el gorrito reglamentario, un gran tatuaje en su brazo derecho, me ha caído bien. La encargada del súper estaba hablándole, me ha dado la sensación de que pasaba de ella, no la miraba, a su marcha, colocando el material, "sí...sí...sí..."

Hemos charlado del tiempo mientras elegía un buen corte, "¿te parece bien éste?", "uno que tú veas bien". Ha cortado un buen filete con un gran, hermoso cuchillo, me gusta ver a los carniceros partiendo la carne, "¿algo más?", "no", he agradecido que no me vendiera la moto, "llévate esto, o aquello, o un kilo de chorizos...", algunos carniceros son peores que los vendedores de enciclopedias, "adiós, gracias", "adiós, gracias a tí".


Salsilla de patatas y filete de ternera.


Todavía tengo un estómago que lo puede todo.


A comer.