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miércoles, 15 de febrero de 2012

¡OLVIDEMOS EL PASADO!, ¿VALE, COLEGA?





Nos vimos cuando estaban a punto de entrar al veterinario, le dí dos besos a ella (¡qué ojos sigues teniendo, por Dios!), y saludé a su padre. Me alegré de verlos, son de los pocos seres humanos que siempre me causan esa sensación, será por lo que pasamos juntos, porque son muy buena gente y, sobre todas las cosas, porque nos vemos poco. El roce no hace el cariño, sino el deseo, es su intermitencia la que da verdadero significado a la palabra. La fricción siempre causa chispas, y, si es continuada, incendios.

El fuego cerca, no dentro.

La verdad es que estaba de buen rollo, hacía una mañana espléndida, el sol ya estaba alto y el frío no era tanto como para pasear con el abrigo desabrochado y la bufanda a la cintura, además que iba escuchando el "Exile on Main Street" de los Stones, un disco cuya música no responde a su leyenda, es mucho más oscuro el "Sticky Fingers", las canciones de aquel son una celebración, una fiesta entre amigos, y "Tumbling Dice" debería ser de escucha obligada en cualquiera de las pequeñas derrotas que vayas encontrándote por tu camino. O "Sweet Virginia".

Iban a recoger al gato de ella, bueno, al medio gato, porque al igual que yo con el mío han pagado para que lo castren, te pintan tan mal las "marcas" que dejan cuando están excitados que no te queda otra sino atajar el problema en su raíz, en su base, en sus pelotas. En nuestro tiempo los cojones son una molestia, la testosterona tiene peor fama que Hitler, algo normal cuando nos sermonean con los beneficios de las eleicaseimunitas y los bífidus activos, esas cosas que van por millones en un dedal de plástico reciclable, tal vez dentro de algún tiempo nos vendan la testosterona en sobres, o en pastillas, primero te la quitan y después te la dan. No, de dar nada, te la vendemos, si pudieran nos quitarían el alma para vendérnosla después. Nos la quitarán. Ya inventarán algo. Seguramente ya esté inventado y ni nos hemos enterado. Fijo. No hay más que ver al personal comiendo mientras ve la televisión. La tele es Satanás.

Al decirme lo del capamiento gatuno les he contado mi trágica experiencia, entre risas, claro, que la tragedia se transforme en comedia es una cuestión de tiempo, así que he recordado con ellos la mañana en la que lo recogí después de que una Mengela con la pared llena de diplomas extrajera los huevecillos de mi tierno gatito, sólo tenía unos meses, no llegaba al año, se lo hicieron en cuanto fue posible, pobre gato mío...

La suerte fue que era mi día de descanso, hubiera sido incapaz de dejarlo solo en ese estado, pocas veces me he arrepentido de alguna decisión que haya tomado estando sobrio. Y esa fue una de ellas.

Al llegar a casa lo dejé en el suelo, el pobrecillo no podía tenerse en pie, ni maullar siquiera, intentaba levantarse, caminaba unos pasos como si estuviera completamente borracho y volvía a derrumbarse, así una y otra vez, recuerdo que lo dejé que alcanzara por sus propias fuerzas el sofá donde me encontraba, no por maldad, simplemente no lo podía creer, al despertar la mañana era capaz de encaramarse de un solo salto a la encimera de la cocina y dos horas después no podía con sus bigotes. Me dió una pena tan grande, se me puso tal nudo en el estómago, que maldije la hora en la que decidí que le hicieran eso.

Lo recogí cuando estuvo a mis pies, temblando como un flan recién hecho, y se acurrucó sobre mí mirándome con lágrimas en sus hermosos ojos del color de la miel, "¿qué me has hecho?", parecía preguntar...¡por Dios que se me partió el corazón!.

Estuvo así todo el día, derrotado, hundido, sin moverse, presa de un continuo temblequeo, sin comer ni beber ni maullar, se dejaba acariciar sin protestar, había sido domado, había dejado de ser un animal, un dios para los más inteligentes de los Antiguos, y se había (lo había) convertido en un muñeco, un muñeco sin pilas, un muñeco sin huevos, un muñeco inofensivo...


Un par de días después recuperó su actividad normal, su increíble agilidad, el apetito voraz, su feroz independencia, su sabio egoísmo, parecía como si nada hubiera pasado.


Nada más que ya nunca más tendría ganas de tirarse a una gata. Claro que no le dí tiempo ni para que se estrenara, quizá así sea más fácil, pero cuando muera y vaya al cielo de los gatos y los demás se cachondeen de él...sera mejor que su Mengela busque un buen escondite y se unte todo el cuerpo de aroma de ajo, porque como dé con ella...


¿Y yo? somos compañeros de piso y me encargo de que no le falte de nada. Bastante le quité...bueno, yo no, la Otra.


(Me mira desde la puerta) ¡Vamos a cantar lo de Jagger!


Ya ha pasado mucho tiempo, ¿vale?. Además, te juro que en cuanto salgan viagras para gatos compraré un camión para ti solo. Aunque tengamos que irnos a vivir debajo de un puente.


"Baby, I can't stay, you got to roll me,
And call me the tumblin' dice."



5 comentarios:

  1. Hay que tener muchos güevos p´a tener animales.
    De todas formas Kufis yo te propongo una solución: aumenta tú tu vida sexual y algún que otro lo echas a la salud del gato, puede que te lo agradezca. Es una ocurrencia.
    Saludos Kufis, llevaba tiempo sin visitarte, pero es que he tenido viajes, gripes y las siete plagas egiptológicas.
    Joanpi.

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  2. Me resulta forzado y demasiado disperso en algunos pasajes, pero seguiré leyéndola, parece usted interesante.

    Roquentin

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  3. Esa mengela como tú dices se ha pasado entre 5 o 7 años de su vida estudiando como una loca para poder curar al maricón de tu gatito... Espero que le quites valor también a su trabajo cuando te desesperes porque tu gato se está muriendo y solo un especialista como esta mengela te lo puede salvar....Estudiar veterinaria para esto? Qué decepción!

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  4. Los animales domesticos tienen pelo, orejas, cola y los de sexo masculino tienen COJONES.
    Si no puedes aceptar una mascota tal y como es no te comprometas.

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