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domingo, 12 de febrero de 2012

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Hace un par de semanas mi padre me dió su viejo reloj; es un Viceroy de tres esferas sobre fondo negro, correa de cuero y cierre metálico, parecido al Omega de mi abuelo, aunque éste era más grande y la correa metálica. A mí me encantaba. Una vez le pregunté a mi tía qué había sido de él, no recuerdo lo que contestó.

El último que tuve fue un Lotus, regalo de mi madre, uno para mí y otro para mi hermano, el mío era verde oscuro, precioso, me lo robaron en la piscina antes de que cumpliera su primer mes, estoy seguro que hubo de ser uno de mis "amigos" pero nada más supe de él. Ni de ellos. Pillé tal cabreo que juré no volver a ponerme un reloj. Han pasado veinte años, ojalá algunos de mis juramentos durarán la centésima parte.

El primer problema surgió al ponérmelo en la muñeca: la de mi padre es bastante más grande, así que poco faltó para tener que ajustármelo en el codo, "esto es ridículo", "déjamelo y se lo llevo al relojero para que lo ajuste".

La verdad es que la cosa no mejoró mucho cuando me lo devolvió unas días después, seguía bailando valses con mi muñeca, definitivamente soy un peso mosca, pero en la tarde del día siguiente conseguí rebajarlo a mi tamaño con la ayuda de unas tijeras y un mondadientes, cosa que, debo confesar, me sumió en la más absoluta perplejidad, tal es mi valor como manitas, es decir, lindando con el cero absoluto.

Finalmente había conseguido que reloj y muñeca se fundieran un abrazo. A veces uno tiene que mutilarse para abrazar a alguien, aunque sea a una muñeca de la señorita Pepis.

Veinte años sin el tiempo en tus manos es más que suficiente como para dedicarle algo de atención en su regreso: lo miraba una y otra vez, me lo cambiaba de muñeca, "en la derecha mejor, así los botones no dan en la mano...", observaba el desigual y fascista avance de las desiguales agujas (llegará la noche en la que sólo estarán permitidos los relojes digitales)...en fin, todo un espectáculo para esos momentos de la vida en los que te dedicas a mirar la de un reloj.

Pronto caí en la cuenta de que el muy puñetero atrasaba su paso, unos diez minutos, una y otra vez todos los demás le llevaban la contraria, pero lo divertido era que no pasaba de ahí, tardaba 0´2 en irse de bareta pero aguantaba en ese margen, cosa rara, no sé, diez minutos menos, bueno, tampoco está tan mal, el reloj de mi coche sólo lo entiendo yo y con eso basta, además que mi vida tampoco depende de un segundo, ni siquiera de diez minutos, ya no sé si será cosa de años.


Estaba tumbado en el sofá, apurando los últimos minutos antes de irme a trabajar, aburrido y cansado, cuando he buscado la palabra "Tiempo" en la Wiki: no he entendido una jodida frase. Lo único que recuerdo es algo del Cesio, las veces que tienen que rebotar o no sé qué sus atomos, o sus partículas, o algo por el estilo en un segundo para que merezca tal nombre, creo recordar que el número era de centenares de millones, joder, una locura, un locurón, no entiendo nada, no sé nada y aunque lo supiera no creo que me hiciera algún bien, ¿a quién coño le importa lo que es un segundo?.


Lo único que sé es que desde hace unos días a veces los miro.


Si algo tienen las moscas son ojos.


Y algunas pierden las alas en las telas de algunas arañas.


Si pueden con decenas de elefantes qué no podrán con una mosca de mierda.



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