i

i

sábado, 20 de agosto de 2011

LA MUJER Y EL LIMONERO





Llevo siguiéndola desde hace meses pero ha sido hoy cuando me ha dejado parado.

La descubrí una tarde mientras le estaba echando el habitual vistazo al problema de ajedrez; a la izquierda, en el margen y junto a una pequeña fotografía suya, unas breves líneas sobre la Naturaleza, los bichos y su entorno, todo ese rollo...me gustó. Desde entonces, y siempre que me acuerdo, es lo único que leo de los articulistas del ABC (aunque últimamente me ha dado por seguir a De Prada, ¡gulps!). Busqué en San Google, ví que tenía un blog y miré algunas fotos de ella: una madurita de muy buen ver con una mirada que parece un mar en calma. Mejor; era la cara de alguien capaz de escribir así.

Uno puede escribir muy bien, académicamente, cada palabra en su lugar y no decirte nada, los periódicos están llenos de gente así, gente que parece como si escribiera con el maestro de gramática en sus espaldas. Yo pienso que uno debe escribir para decir algo, para contar con palabras lo que le pasa por dentro, porque una cosa es sentirlo y otra expresarlo, sientes y no sabes por qué, pero una vez escrito lo ves de otra manera, te calmas, no obtienes respuestas pero al menos le has dado forma, el contenido sigue vacío, pero el continente le da cierto sentido, modela tu inquietud, y siempre es reconfortante conocer los límites, lo único incomprensible es el infinito, por algo llevamos milenios fostiándonos con la idea de Dios, porque no hay dios que entienda algo sin medidas, simplemente eso.

Cuando esta tarde he leído lo de Mónica (nombre de mujer "bien cuidada" como le dice Hurt a la Turner en esa maravilla llamada "Fuego en el cuerpo") he sentido cierta envidia, he pensado que ojalá pudiera escribir algún día algo parecido, algo tan bueno, breve y colorido; al leerlo me ha llevado a ese momento, a ese instante, he visto esos colores y he sentido lo que ella quería que sintiéramos, a fin de cuentas eso es lo que un buen escritor busca: que quienes lo lean sientan una vivencia ajena y no bostezen.


Bueno, ya es suficiente, a fin de cuentas he escrito esto para fusilar ese extraordinario...¿como lo llamaría? ¿poema?...lo que sea de Mónica Fernandez Aceytuno, la culpable de que durante toda la tarde-noche de hoy sólo haya tenido limones en mi cabeza mientras despachaba cañas y cubalibres hablando de las gilipolleces de rigor.


Ahí va. Con toda mi admiración:


DEPENDIENTES


"Estaban tan alto que pedí a Mari que bajara todos los limones. Sobre una mesa, junto al limonero, llenan tres fruteros. Como hacia la luz del sol, se te van allí los ojos.

Pero se estropean con los días. Nada les sale bien sin su árbol."

2 comentarios:

  1. Pero Kufisto! envidia de qué? el escrito es suave, limpio y agradable, estamos de acuerdo, pero tú escribes de maravilla; a cada uno lo suyo, cada uno con su voz y su estilo.
    Un abrazo,
    R

    ResponderEliminar
  2. Acabo de leer el comentario en mi página. Muchísimas gracias por tu amabilidad y un saludo muy cordial y mucha suerte,

    Mónica Fernández-Aceytuno

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.