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jueves, 31 de enero de 2019

FIN DE MES

Una tarde gris, descolorida, vieja, despide al primer mes del año. No se ven nubes; todo el cielo es una que difumina los efectos del viento hasta hacerte pensar que está fijo, inmóvil y perenne tras la ventana. Las primeras gotas de lluvia caen oblicuas sobre los cristales de mi ventana; lo hacen dividiéndose en puntitos apenas perceptibles; un leve vistazo a otra parte del cuadro y al volver a mirar ya no puedes saber quienes llegaron en la gota que estabas viendo. Pero pronto llega otra y la olvidas.

Poco a poco van llegando más al sucio cristal de mi ventana. Lo hacen como a modo de prueba, semejante al pintor que mancha al aire un lienzo cansado de verlo en blanco; así, poco a poco, va llenándolo como si fuese un limpio y claro firmamento tanto más brillante cuanto menos rastro queda del sol. La diferencia es que aquí, desde mi ventana, sí se ve lo que hay detrás.

Hay árboles, edificios y gente paseando que ignora mi presencia. Aquí, tras la ventana y un poco más allá, yo estoy fuera del alcance de todos. Habrá quienes piensen que alguien debe vivir donde yo lo hago, pero no pueden verme. Bien pudiera ser que esta, mi casa, estuviera vacía como tantas otras. De hecho lo está cuando yo no estoy, que es buena parte del tiempo. Si ahora que estoy llamasen a mi puerta podría no abrirles con toda tranquilidad. Si subieran a mi puerta y tocaran su timbre bastaría con hacerme el sordo para hacerles dudar. Y si sabiéndolo me llamaran por mi nombre yo podría jugar a que lo cambié por otro que todavía nadie conoce.

El viento trae campanas a muerto. Hay días en los que hace cualquier cosa con tal de que sepa que está ahí. Hay tardes que parece un chico pequeño en medio de otros muchos chicos pequeños.


Llaman a mi puerta y abro. Es el administrador, un jubilado que necesita mi firma de aceptación a las decisiones que haya tomado la comunidad. Me entrega unos papeles que no leo ni ya me explica y firmo en otra hoja. Ahora estoy conforme con lo que sea que hayan decidido, como tantas otras veces, como siempre.


Y al irse de mi puerta dice que no creía que estuviera aquí.

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