En la primera viñeta Filemón reclama a Mortadelo, que aparece en la siguiente disfrazado de monstruo. El jefe cae rodado al suelo con el corazón escapando por la boca y entonces el calvo miserable dice:
martes, 8 de noviembre de 2022
NUNCA ROMPE A NADA
jueves, 3 de noviembre de 2022
VAGABLUNDER
King Diamond, ya maquillado en su sala privada del back stage, respondía divertido a las preguntas de su mujer. Un niño, su hijo, trasteaba una tablet sentado en un trono de aspecto tétrico que desentonaba en la habitación blanca y bien iluminada. El resto de miembros de la banda tocaban sus instrumentos desenchufados o hacían ejercicios de estiramiento o se miraban ante al espejo como la chica joven que ahora llevan con ellos, la bajista: era su noche de estreno y se la veía tensa y nerviosa. Mercyful Fate no será la banda más grande del mundo pero llevan cuarenta años girando con su música.
El chico dejó la tablet para tirarse sobre el alfombrado piso y dar vueltas sobre sí mismo, riendo. Su madre grabó algo más hasta que otro tipo de rudo aspecto entró para anunciar que faltaban quince minutos para salir a escena. Entonces salió afuera con la cámara para encontrarse con algunos espectadores VIP´S con derecho a pase en el back stage. A todos los saludó, reconoció a unos cuantos. Varias parejas tan adultas como ella, nada de locuras. Risas, abrazos, algunos besos...un ambiente casi familiar. Era el primer concierto de la gira en Estados Unidos y parecían encantados de volver a verse. Después de hablar un buen rato con ellos atendió a dos chavales de serio semblante con camisetas de símbolos satánicos. Les dio otras dos pulseras identificativas y, como a los otros, les indicó donde debían colocarse cuando el concierto diera comienzo, recordándoles igualmente que tras él también tendrían acceso al back stage. Mientras tanto una marabunta de operarios andaba de acá para allá con los últimos preparativos.
La mujer salió para enfilar el frontal del escenario todavía oculto por el telón. De fondo se podía oír el "Metal Gods" de Judas Priest. Los "pipas" ajustaban por última vez el sonido de los diferentes instrumentos. Y entre la valla de separación y el escenario se movían los seguratas y el personal encargado de recoger la inminente caída del telón. El clamoroso "Wrathchild" de los Maiden de DiAnno tomó el relevó como música de ambiente. Y la peña lo recibió con más aplausos.
Era el heavy de los ochenta en el 2022. Y la cámara lo dejó bien claro en su barrido por las primeras filas.
La mujer alcanzó la otra esquina del escenario y filmó el lugar. Era algo así como una nave grande, una de esas discotecas peladas y mondadas con un segundo piso para los reservados. Estaba lleno. Después de todo era el regreso a América de Mercyful Fate con la formación casi original.
Por un resquicio del telón filmó el interior del escenario. Una grande y blanca cruz invertida envuelta en una luz roja era el motivo central. Y cuando DiAnno estaba dando fin por los altavoces a su mítico "Wrathchild" el telón cayó, unas nubes de humo blanco inundaron el escenario y Mercyful Fate y King Diamond con su horrible voz asaltaron el escenario entre los vítores de la multitud. Y ahí fue cuando lo apagué. Tenía que regresar al bar. Aunque hubiese hecho lo mismo de no tener que hacerlo. Jamás en la vida me gustó Mercyful Fate. Ni King Diamond.
lunes, 31 de octubre de 2022
BUENAS TARDES
sábado, 29 de octubre de 2022
CAMBIO DE HORA
jueves, 27 de octubre de 2022
DE PRESIONES
martes, 25 de octubre de 2022
CAPABLANCA
Cualquiera puede hacer una "jugada de máquina" en una posición dada, incluso quien no sabe jugar al ajedrez. Como con todo, también aquí se miente desde el principio o, para ser más exactos, no se dice lo que en verdad es. Una jugada de máquina no es sino la primera de una serie de ellas, todas únicas entre el abanico que va extendiéndose con las excepciones forzadas de los obligados intercambios de piezas. Una jugada de máquina es una exacta combinación de movimientos que conducen a la ventaja decisiva. Una jugada de máquina son varias jugadas de máquina dentro de una combinación correcta de principio a fin. Una combinación de máquina no admite segundas opciones: o haces la mejor en cada movimiento o pierdes. Eso es una "jugada de máquina" Por esto son tan asombrosas y por ello sólo las máquinas son capaces de encontrarlas.
Muchas de las partidas más bonitas de la historia del ajedrez están llenas de errores por ambos bandos. Cualquier módulo de nuestros días las analizaría entre carcajadas si pudieran reír, pero se conforman con presentar ante nuestro ojos la pura verdad de las variantes correctas a tanto desatino. Para ellas, para las máquinas, las centenarias partidas de Morphy, Anderssen, Staunton, La Bourdonnais, Zukertort o el mismo Steinitz son un sindiós, algo así como un huevo frito en Fairy. Todas aquellas maravillosas partidas que tanto placer te causaron al reproducirlas sobre el tablero de madera eran mentira en su mayor parte. Mentira. Aquella belleza no era sino pura ilusión. Después de todo sólo eran hombres jugando al ajedrez y no máquinas creadas para jugar al ajedrez.
domingo, 23 de octubre de 2022
FRACTALFÓBICO
Todavía era noche cerrada cuando salí de casa. Los árboles agitaban sus grandes ramas como pidiendo clemencia. Por una vez tiré en dirección prohibida no sin ciertas precauciones aún tratándose de treinta metros escasos. En la otra calle vi un bulto tirado en la acera, un bulto grande. Aminoré la marcha y mirando hacia atrás comprobé que era alguien durmiendo en un saco junto a su perro despierto, que le olisqueaba. Allí, en mitad de la acera. Apenas quince, veinte metros atrás o adelante hubiera podido encontrar un refugio más adecuado a las puertas del colegio o en los aledaños del edificio de pisos de la esquina. Pero no, el hombre se había plantado allí, en mitad de la acera. Ya le dará igual.
Era la farmacia de guardia, Internet no me había engañado. Bajé del coche y un bofetón de viento fue el primero en darme los buenos días, mi arisca gata aparte. Llamé al timbre mirando al interior. Un letrerito anunciaba que se atendía por el otro lado, volviendo la esquina. Volví la esquina. El viento corría como un chaval que estrena zapatillas en su cumpleaños. No vi nada, todo estaba apagado, ni un hueco con acceso a algo. Regresé a la puerta y al fondo, tras el enrejado, vi a una mujer que parecía joven en la penumbra haciéndome señas para el otro lado. Volví al otro lado y ya estaba a punto de vocear cuando vi que quizá tras ese recodo enladrillado podría haber algo. Y había algo. Algo tipo carcelario. Oí una voz hosca. Pedí un jarabe para la tos. Del mismo modo preguntó si con expectoración o no. Se lo dije y al rato volvió. Yo no la veía. Pidió el dinero abriendo la bandeja. Introduje algunas monedas y el chisme se cerró. ¿Y el jarabe? ¡Y el puto jarabe! Por segunda vez estuve a punto de vocear. Entonces la compuerta se abrió, cogí el jarabe y me largué hacia el coche. Sabía a rayos.
Se hizo rara la ida hasta el bar. Nunca voy por ahí y se hizo rara. Era como si no fuera a trabajar. Pero la distancia seguía siendo corta y no tuve tiempo de pensar qué otra cosa podría ser. Aparqué y pasé para adentro. Una hora más tarde recibí a los primeros clientes.
Paco el Gato en la barra, la anciana en su mesa, yo en la cocina, preparando, y algo en la tele a un volumen moderado para no molestar a la vieja. Nunca está suficientemente bajo para ella.
Hacía más de veinte años que no veía al Gato, desde que nos fuimos del viejo bar. Verlo en ese sentido, claro, en el de bar. En estos últimos años, quizá dos o tres, quien sabe, en verano, solía verlo sentado en un banco a primera hora de la mañana, solo, viendo pasar los coches, los brazos cruzados sobre la panza, a un lado los contenedores de basura y tras él un jardín de arena con cuatro árboles. Nunca le he visto con nadie, ni con la deforme mujer que tuvo. Siempre solo, siempre callado, siempre rondando los bares, siempre mosca de bar una vez que salió de la cárcel por robar en las iglesias. Así lo conocí en el viejo bar, como recadero.
Tres semanas hará ya que empezó a venir por aquí. Más canoso, más renqueante de su pierna mala, apestando a sudor. Se toma el café pagando justo lo estipulado. Una mañana me dio un billete de cinco euros y un buen rato después voceó:
