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jueves, 14 de junio de 2012

DE UN AMOR PASADO Y UN IMBÉCIL CONTEMPORÁNEO




No he sabido su nombre hasta hoy, aunque sí donde estaba y por eso, al volver a verlo esta mañana, he  recordado que allí fue la primera vez que le metí mano a una tía.

Begoña se llamaba ella, teníamos catorce añitos y ella un ligero problema de halitosis, cosa que no me importaba demasiado porque entonces yo respiraba por la polla, además que era una chica muy mona aunque no vivía en Barcelona (perdonadme, no he podido evitarlo): bajita, morenita, larga y rizada cabellera, labios carnosos aunque un tanto secos y con un ligero sobrepeso que a mi nunca me ha supuesto carga alguna. Al contrario.

No sé como llegamos al callejón aquel, oscuro y maloliente, pero a mediados de los ochenta en un pueblo de La Mancha tenías que esconderte poco menos que entre la basura para hacer con un poquito de intimidad las cosas que había que hacer, aparte que todo fue bastante inocente, nos besamos abrazados e intenté tocar un poco de culo que ella, con suavidad, me impidió; luego una tetita y lo mismo, las tenía casi tan duras como yo el nabo, que no hacía más que restregárselo por su entrepierna amenazando con torpedear mi pantalón y el suyo, pero al intentarlo con el coño se sofocó un tanto y lo dejé por imposible. Total, al menos nos estábamos besando, eso era bueno aunque estuviéramos rodeados de porquería y tinieblas, tan bueno que al salir de allí a la luz de las farolas no nos importó que alguien nos viera caminar abrazados, aunque no tanto como para no mirar de reojo por si...la dejé en casa de sus padres y me fui corriendo a la mía para meterme en el water. Esa vez no hizo falta ni el Interviú de padre. No duramos demasiado, yo quería estar con mis amigos y un rato con ella, al contrario que Bego. Días después me dijo que se enamoró de mi una tarde que llegué con retraso a clase, estudiábamos en los curas, dijo que le gustó mi chulería, mi vena de macarrilla, ¡ya ves tú!, ¡ni camisetas negras me dejaba llevar mi madre!, pero ya era jevi, fumaba y bebía, y todo eso, en un colegio religioso de un pueblo La Mancha a mediados de los ochenta, te convertía en una especie de James Dean para algunas chicas. Luego me enteré que inició la carrera de monja y no he vuelto a saber nada de ella. ¿Cómo será ahora?.

El que sí ha cambiado de cojones es el callejón, ahora está limpio y asfaltado, hay cocheras y farolas, viviendas y arbolitos, lo único que permanece es su nombre. Es curioso que solo sobreviva lo que no recordaba. Y verlo me ha traído a la cabeza una noticia aparecida la semana pasada en el infame periódico local: habían tirado una esquina emblemática del pueblo y algunos viejos lloraban con letras el hecho de tal forma y manera como si se tratara de la Pirámide de Keops, cuando su último inquilino del bajo fue la maldita Telefónica. Que si debía haberse conservado, que si la memoria se estaba perdiendo, que si es vergonzoso el poder del dinero, que si era un ¡monumento! nuestro a restaurar...todo muy cañí, muy hortera y, lo peor de todo, horrorosamente escrito. Leo ese periodicucho subvencionado y me creo Cervantes, de verdad, es para verlo: auténticos ceporros cuasi analfabetos escribiendo en el Boletín Oficial del Pueblo. Claro que como paga papito Comunidad, o Diputación, o quien coño sea, no hay problema: con el dinero de los otros juegan hasta los monos, basta con regalarlo por los bares para decir que tiene una difusión tal o cual. Mentira. Todo mentira: ad maiorem gloriam partitum.

A mi que tiren una esquina, un barrio, o un pueblo entero me la trae flojísima, "dejad que los muertos entierren a los muertos" que dijo aquel. Y tenía más razón que su padre. ¿O acaso ese ridículo viejo se cree Ramsés, como si todo aquel lugar por donde se haya arrastrado merezca ser recordado y celebrado por la posteridad?. Solo permanece lo que merece la pena, lo verdaderamente grande para los que son grandes, y no creo que una jodida esquina de un pueblo manchego merezca ser preservada para las futuras meadas de los gatos, únicos seres vivos que de verdad tendrían razones para su derribo, ahora andarán perdidos, los pobres, se pierden sin sus marcas; pero no eternamente, enseguida encuentran otro rodal, son listos, ¡por algo eran sagrados para los que dicen que construyeron esas absurdas maravillas que miran de frente a la Osa Mayor!.

No como el viejo gilipollas que llora su inconmensurable e irremediable estupidez.

Tampoco me he puesto a gemir cuando he visto ese luminoso y limpio callejón: no fue él de quien creí estar enamorado.

Y la verdad sea dicha...me importa una mierda lo que haya sido de ella, ahí yo ya no tengo nada que ver.

Dejé mi marca y encontré otros rodales.

Después de todo es de lo que se trata: marcar los territorios que te vayas encontrando sabiendo que jamás lo serán para siempre.


No quiero morirme sin ver y marcar la Pirámide de Keops.



Post scriptum:

No tiene nada ver con el texto que escribí anoche, pero durante el paseo de la mañana me he encontrado con una música muy bella y quisiera compartirla con vosotr@s, más que nada para tenerla en sitio seguro y no perderla. Ni olvidarla

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, egarense. ¡Y dale caña al tema de las Familias Iluminati! ¡Que te veo muy parao!

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  2. Pues me parece muy bien, pero ten cuidado cuando te saques la chorra en Keops que por esos lares son muuuu burros, mas que camellos.
    Saluditos.

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    1. No creo que pudiera mear algo así, Zorro, como dice Harris en "Sin Perdón": "¿Quien puede disparar a un Rey? pero a un Presidente...¿por qué no?". Me hubiera cagado en esa esquinita que no llegaba a concejal de poblado manchego...pero ante la Gran Pirámide...seguro que no te sale el chorro ni aunque hagas fuerza.

      Saludos, amigo.

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