jueves, 24 de abril de 2014
UN CLAVO SE QUITA CON OTRO CLAVO
Llevo unos días leyendo el Karamazov; no sé, puede que haga una semana, sí...Hoy es jueves, el anterior fue el Santo y creo recordar que intenté hacer algo durante la Pasión, ahora que por segunda ocasión no tenía que trabajarla de noche. De la primera no recuerdo nada. De esta, quizá, que leí ese libro. Y porque lo estoy escribiendo. Pero rememorar así es como jugar al ajedrez con la ayuda del ordenador. Y después de todo...¿qué más dará?
Ese algo, finalmente, consistió en escuchar la primera hora de La Pasión según San Mateo mientras veía con el volumen quitado el final de la una procesión vallisoletana y el comienzo del Via Crucis romano. De aquella lo único que recuerdo es que me fijé más en los coches que se veían pasar por detrás y en la gente que unos metros más allá parecía estar haciendo cualquier cosa antes que mirar al Cristo y a sus capuchinos. De la otra...que me pareció una producción realizada por el Ministerio de la Igualdad. Miré el ordenador para ver lo que estaba oyendo y me acordé de Mozart. Después lo apagué todo y me fui a acostar.
Hace más de viente años, cuando leí por primera vez Los Hermanos Karamazov, me bastaron dos días para darle fin. Hoy, ya ha pasado más de una semana y no he llegado a la mitad. ¿Que lo entiendo mejor? sí, pero dura menos. A lo mejor estoy una hora y hago una parada para asimilarlo mientras me fumo un pito frente al ordenador, mirando aquí y acá, no más lejos...Y me pasa como a Raskólnikov al salir de su zaquizamí a la calle, que a los diez pasos ya iba mirando el suelo. Y eso sin ver nada. Hace veinte años, cuando no tenía otra cosa que hacer, cuando era joven y no tenía ordenador, cuando fumaba Lucky Strike sin filtro en cualquier habitación, sin preocuparme por rulármelos con papel ecológico y boquilla de nosequé, cuando bebía agua del grifo de una botella de plástico mil veces rellenada, yo salía a la calle después de leer todo aquello como si el suelo lo hicieran mis pasos. Ahora bebo agua mineral que trasvaso a botellas de cristal y me siento en la mesa para fumar. Y tengo ordenador. Y plantillas en los talones de las zapatillas. Y cuando salgo a la calle me cuido muy mucho de pisar en la baldosil marejada o sobre una mierda de perro arrabalero. Hace veinte años no habían tantos perros como ahora. Hace veinte mis tobillos eran otros. Hace veinte años yo no era soy.
Ya el lunes desperté como si estuviera malo, que es estarlo. Me di un par de horas y vi que no era cosa de un mal sueño; tomé una medicina y no volví a salir de casa en mi día de descanso. El día siguiente lo empecé mejor, no bien, que de esto tampoco me acuerdo. Hice mi parte, me retiré a mis aposentos y al meterme en la cama fue como si
Pero antes de dormir el hoy que ya se va leí un poco más, hasta la muerte del stárets de Alioscha, cuando nos transcribe su vida como un fray Quijano de la estepa rusa, más cercana a los llanos de La Mancha que todo el resto del mundo. Y aún de España.
Fue algo especialmente hermoso, sobretodo algunas de sus partes, no recordaba haberlas leído...Quizá haya que vivir primero para leer después. Y quizá lo mejor sea que otro escriba tu vida muerta.
Y héte aquí, que justo acababa de entender todo aquello, al borde de las lágrimas, cuando me levanté del sofá para fumar ante el ordenador y no tardé cero coma en olvidarlo al ver que el Madrid estaba a punto de jugar con el Bayern. Y yo, que soy uno que fue de la Real, busqué a quien me llevara a ver esa cosa; y la encontré, mal pero la encontré; a saltos, interrupta, panchitos o chinos, me daba igual. Era fútbol, no literatura cirílica; se trataba de dar patadas a una pelota, no de explicarlo; además que ya tenía al vecino de abajo para enterarme, uno que es del Atleti hasta cantar el himno en su puta casa. Y desde ayer también del Madrid en Uropa, cosa que me dejó bastante loco, en fin...Puse a los Black Sabbath a toda hostia para que no me destripara el partido con su Perfecto y Bien Temperado Canal Champion League.
He despertado mal, peor de lo normal. Ya me había dado cuenta de que algo no iba bien a eso de las seis, de tan encogido como estaba, que era como si tuviera una camiseta demasiado pequeña, la que tenía puesta, la que llevo desde hace mucho tiempo, desde que empecé a leer porque me gustaba más que vivir.
Llega la noche de hoy. Todavía hay luz.
Y vino. Y whisky. Y música:
domingo, 30 de marzo de 2014
ERA DE ACUARIO...¿y DE CÁNCER, CUANDO?
Tengo un amigo (en verdad creo que no hay otro y puede que ya no haya ninguno más) que una tarde en la que estábamos "conversando", es decir, escuchando su ametralleo dialéctico, acabó por decirme algo que yo ya había sentido cuarenta mil veces antes: "Joer, Kufisto...Hay veces que no sé, que estás por ahí, no sé, pedaleando, o andando, o lo que sea...y es como si todo lo entendieras de golpe, como si todo estuviera claro, como si nunca pudiera ser de otra manera, aunque no puedas explicárselo a nadie"
Yo estaba hoy ahí, detrás de la barra, como siempre, y no podía darle respuesta al porqué de mi flojera. Anoche me dormí temprano (y más que lo hubiera hecho sin el concurso del furbolnazi del piso de abajo), he despertado bien, con mis horas de sueño bien cumplidas, y tampoco había llevado a ningún cabo nada tan extraordinario en lo que iba de día, sólo que me costó un poco más el traslado del mobiliario del bar. Pero eso había sido más por su ubicación de la noche anterior que por el peso en sí: no son tanto los kilos como la forma en que tienes que echarles mano.
Así que a eso de las cuatro me serví un gintonic sin muchas ganas, "al menos he comido algo" pensé. Lo dejé reposar mientras veía la última ronda del Torneo de Candidatos.
Pronto llegó una bien conocida pareja y su acompañante, un "rodríguez" por este fin de semana, gente normal, buen ambiente y trato agradable, que diría el satánico de Carabanchel, es decir, que jejeje, jijiji, jujuju. Me he salido con ellos para echar un pito mientras ella hacía como que leía el ABC, como si yo quisiera algo de sus arrugas, neuras e hijos de otro que no son con el que estaba. Afuera la cosa iba del cáncer, la tarde estaba nublada, y yo, por decir algo, he recordado a uno de nuestra quinta que ya se murió después que por tres años lo "curaran" hasta transformarlo en una especie de orco sin pelo que ni podía hablar, ni podía oler, ni podía saborear nada que no fueran Johnnies Walkers con agua y chocolatinas procesadas. Y Viagras para follarse a las putas que le permitía su exigüa pensión de autónomo, que la rumana tardó algo más de cero coma en desaparecer cuando lo vio sin cuello. No mucho más.
Apuré la ginebra y me serví un Johnnie con agua, que cuesta más. Beberlo.
El Feo hizo acto de aparición en busca de sus cervezas tras una dura mañana de trabajo, o eso quisiera su jefe, Ratatouille, un hijoputa, pero bueno, eso es lo de menos, basta con no verlo, más o menos como este, que ve menos que una polla liá en un trapo. Poco después llegó el ciego, "buenas tardeeees"; suelo dirigirlo desde la barra, si me da tiempo a verlo, que en ocasiones es jodido, como ayer, que estábamos llenos...Tuve que echarle mano al primero de la barra, un melenitas cuidadosamente barbado que estaba comiéndose a una zorra con pinta de anuncio de Evax: "haz el favor...este es ciego..." Noté que me miró mal, pero se apretó un poco más a aquella guarra descompuesta que ojalá deje de sangrar más o menos mensualmente. Y, de miligramo en miligramo, siguió mirándome el resto de la tarde, el muy gilipollas, tal que si hubiera osado a romper ese momento MTV... Bueno, el ciego es de diario y a ti no te había visto la careta en toda mi puta vida. Me importa una mierda que ella pensara que no eres lo suficientemente malote, tron-kito.
Tocaba el turno para el de los "concienciados", unos chavales jóvenes, bien educados, que hace algún tiempo vienen por aquí. Gente comprometida, ellos y ellas, sólo hay que oírles hablar a lo lejos, que se les oye aunque por encima esté el "Paranoid". Me sentía tan cansado, tan a deshora, tan invernal, que volví a echarle un vistazo a la fotografía de la chica del As; los domingos se salen del bote, pero esta tarde ya no era esta mañana: ya había cogido aspecto de imagen sobre un papel con el que limpiarse el culo en un momento de apuro.
Normalmente cago en el de tías, son más limpias, la necesidad hace virtud, pero ya era tarde para dejar el sello sin temor a ser descubierto, hasta ahí no llego, todavía, y espero que dure por el bien de mi cabeza. Pasé al nuestro, camaradas, compañeros, y dejé un aroma a ajo crudo que olía a gloria. Justo estaba cerrando la carta cuando se oyó la puerta, "este es este" pensé. Y al abrirla vi que era ese, esperando en la barra, el más concienciado de todos aquellos, uno que me recuerda a mi cuando tenía veinte años, aunque él ya peinará casi treinta en su cabellera. Curiosamente hoy, absolutamente sobrio en la mañana más resacosa del año, me he dado cuenta de que no utilizo el peine que yace en el armarito del lavabo casi que desde que me vine a vivir aquí. Y viéndolo he recordado las fotos que quemé la noche del viernes, al igual que el lanzamiento a la basura del último plato que no era mío, aunque sin antes romperlo, cosa de la que me arrepentí después, cuando ya no había más remedio, a no ser que bajaras abajo, volcaras el contenedor, encontraras tu puta bolsa y estamparas la cerámica de aquella bruja a las ocho de la tarde y a las puertas de un supermercado. No fue por nada en especial, estaba bien, sólo que las quemé y lo tiré. Y monté una zorrera en la cocina de aquí te espero. Pero quemadas y triturado, supongo, están. Ya sólo falta el nombre de usuario y la contraseña, pero no sé como hacerlo.
En esto llegó un concejal rojo, uno que cree que yo soy facha, ya sabéis, cosas de los pueblos, por menos se lió parda en Puerto Hurraco. Socialistas ellos, por cierto.
Nunca me mira a la cara. Tampoco es tan raro. Sólo lo hace quien me conoce. Y no son tantos.
Pidió de beber, un cubata y dos zumos para sus chicas, dos treintañeras de buen aspecto, delgadas y altas, pelo largo, descuidadamente bien cuidadas, serias, comprometidas, o lo que Dios quiera que signifique eso, pero eso es algo que se ve, que se siente, sobretodo cuando tú no tienes un puto duro y llevas toda tu maldita vida sin haber hecho poco más que el cabrón, cuando ya no te hace falta el peine, ni las cuatro mierdafotos, ni un puto cuenco que no sabes qué cojones pinta entre tus platos, los tuyos, tan hermosos.
Casi me descojoné vivo mientras le echaba el Brugal, puajj, recordando a un familiar mío cuando hace años le soltó un buen pedo a hurtadillas la primera vez que lo vio por allí.
- Que se joda -me lo contó al pedirme su JB
- ¡No me jodas!
- A la mierda. Por hijoputa
- La madre que te parió...No me hagas esto, coño.
Vino una camarera de la que me enamoré cuando más jodido estaba, cuando todavía comía en aquel plato, esperando un milagro. No es gran cosa, casi nada para una foto, pero tenía unos ojos, una juventud, y una forma de mirarte mientras te hundías...Mil pedos me agarraron allí. Ya no está tan bien para mi. Ya también me da igual.
Acabó entrando una vieja en chándal, como si hubiera dejado a medias el Sálvame, se fue a la tragaperras buscando la máquina del tabaco, "no, no...allí" le dije, "ahhh" Cinco minutos después todavía seguía mirando a los botones como yo a las variantes del final de la partida entre Aronian y Karjakin. Al final lo encontró y salió por la puerta equivocada, como el armenio una hora antes, aunque no dejó de joder al ruso hasta que ya no podía hacer más que el ridículo.
Anand será el Candidato por el Reino del Ajedrez. Ni Dios lo hubiera dicho. Yo tampoco. Pero me alegro, me alegro mucho, como en aquel saludo de Nicholson en "Batman" Que todos aprendan con quien se juegan los cuartos.
Salí del bar. Todavía era de día. Han cambiado la hora. Otra vez amanecerá más tarde. Otra vez anochecerá después.
El gato me miró raro al verme llegar a la misma hora de siempre.
Y es que el sol entraba por el ventanal como si todavía le quedara una hora.
Una puta hora.
Mi Corona por vuestros minutos.
miércoles, 26 de marzo de 2014
DE NARANJAS Y LIMONES
Hacía años que no le veía, tantos que...Es curioso como se difumina el tiempo si no te afecta su paso.
Acababa de salir del bar, estaba aparcando al lado de la frutería del moro, pensando en salir a pasear este extraño sol que sólo hemos visto al irse, cuando lo he reconocido de la mano de su mujer, supongo, una tía toda de negro, gordísima y fea de cojones, que miraba sin fijeza, como despistada, las naranjas que por centenares están apiladas de cualquier manera junto al gran ventanal de la tienda. Es lo bueno de tener ese hermoso color sobre esa henchida esfera, que no necesitas ni un nombre propio: te pongan como te pongan, siempre te admiran. Lo naturalmente bello no tiene porqué estar ordenado. Así como los gatos siempre caen de pie, así luce todo lo redondo de la vida, todo lo que fue creado con los pigmentos adecuados para regocijo del sol y de todo lo que tiene ojos, todo lo que jamás ha querido ser otra cosa que lo que es.
Efigenio, que así se llama aquel chico, no sólo tiene un nombre feo, sino que él también lo es. Siempre lo fue.
En el barrio donde nos criamos, en el corazón del pueblo, en su primera piedra, todos los chicos de entonces jugábamos en sus calles entre gritos, risas, discusiones y peleas. Unos más guapos, otros más feos, unos más ricos, otros más pobres; pero nadie se salía de la regla, tan ancha cuando todavía estás creciendo. Pero Efi sí: era extraordinariamente feo y pobre. Y tenía una hermana que todavía era más fea, casi deforme, tanto que la recordé cuando algunos años después vi El hombre Elefante, esa extraordinaria película de Lynch.
Apenas se les veía por el barrio; era como si, avergonzados, se escondieran de nosotros, los normales, los que nos llamábamos como cualquiera; pero Efigenio...¿qué coño es eso de Efigenio? y con esa cara. Y nos reíamos de él y de su hermana, de la que no recuerdo el nombre.
A veces, pocas, nos hacía frente de manera descompuesta, y entonces era peor, porque nos acercábamos a él, le rodeábamos insultándolo, empujándolo contra la pared hasta que el pobre se daba cuenta de su situación y era como si nos diera la razón con su silencio, con su mirada al suelo, como si viera justo que hiciéramos lo que estábamos haciendo...Entonces algún viejo nos decía algo y lo dejábamos allí, temblando, y volvíamos a darle patadas al balón bajo la atenta mirada de algunos abuelos.
A propósito de esto recuerdo algo con otro parecido, ya siendo un poco mayores, al principio de la pubertad.
Era un chaval alto y fuerte, algo mayor que nosotros, pero que tenía los pies tan planos que andaba como un pato, así que podéis imaginar como le llamábamos. De familia muy humilde, solíamos admitirlo cuando nos daba la gana, que no era muy a menudo. Ignorantón, buenazo, torpe...Una noche de verano estábamos jugando en la plaza del pueblo cuando vimos un tumulto de chavales en la fachada del Ayuntamiento. Eran los grandes, es decir, los que tenían tres o cuatro años más que nosotros, los que estaban empezando a fumar, a beber y a salir con chicas, algunos de ellos hermanos de algunos de los nuestros. Y oliendo la sangre, hacia ella fuimos.
Uno de estos, un hermano de uno de nuestra pandilla, apoyado por la suya, estaba cogiendo al Pato del cuello, estampado contra la pared, mientras le gritaba y amenazaba como si fuera a matarlo allí mismo. Este, el pegón, era el hijo mayor de uno de los tíos más acaudalados del pueblo, un nuevo rico, bruto como él solo, sin pizca de cultura, que se había hecho millonario con la llegada de los socialistas. Pronto aquello se convirtió en un pandemonium de chicos que, simplemente, querían ver sangre: treinta o cuarenta voces, a pleno pulmón, que sin saber porqué, gritábamos que lo machacara allí mismo. Puedo recordarme a mi mismo, sí...Esta es una de las cosas que más me avergüenzan.
El Pato, al principio, lo miraba todo un tanto como a guasa, como si estuvieran de cachondeo, como si sólo se tratara de otra broma pesada que tragar por ser quien era; después de todo, era un tío fuerte y no tenía miedo. Pero cuando se dio cuenta de aquella marabunta que pedía su cabeza con inexplicable furia, con un odio no ya animal, sino demoníaco...se le borró la sonrisa de la cara, se quedó blanco, como si de verdad fuera a morir allí mismo, como el soldado Patoso al darse cuenta de quien era su instructor, ese puto psicópata.
No sé, puede que lo exagere, pero no creo...Si no hubiera hecho acto de aparición un municipal que por allí andaba, de verdad que ese chico lo habría pasado bastante peor. Aquella noche vi la cara del terror, del pánico, de la sinrazón...y cuando se fue sólo sentí vergüenza.
Esa chica, esa muchacha gris sin nombre, la hermana de Efigenio...A veces la veo pasar mientras me fumo un cigarrillo en la puerta del bar. Está un poco mejor que antes, aunque siga sin andar bien ni levante la cabeza más que para cruzar los pasos de cebra. Se la ve más cuidada, más arreglada, con gafas modernas, o será que ya tiene los años suficientes como para pasar un poco más desapercibida, no como cuando era la niña fea entre niñas hermosas, niñas que no hacían más que sentir lo hermosas que eran mientras ella se escondía en el fondo del cajón.
Compré los limones al moro. Abrí la puerta de casa y vi un extraño chorro de luz que venía del salón, como si alguien hubiera corrido las cortinas amarillas del ventanal.
Pero no, nadie había corrido nada. Era la luz del sol que había salido de entre las nubes por primera vez durante el día.
Y ya se estaba acabando.
Es tan rara vista cuando no la esperas...
lunes, 24 de marzo de 2014
UNO QUE CARDÓ LA LANA Y TUVO LA FAMA
- He llorado cuando la Guardia Civil lo ha pasado al Congreso -ha dicho nuestra madre mientras ponía sobre la mesa la bandeja de garbanzos, carnes y verduras. Mi hermano y yo estábamos dando cuenta de la sopa, no tan sabrosa como otras veces, "¿le falta sal, Kufisto?, me había preguntado con el pañuelo en la nariz, se ha levantado mala, "no sé como ha sido, ayer me acosté bien...me lo habrá pegado tu padre, que anda un poco resfriado" Ha apartado la cara cuando he ido a besarla nada más llegar. Después recordaría que ella no hace lo mismo cuando se lo digo yo. Me ve poco, para lo que quisiera. "¿Te has pelado?", "hace una semana" Y a comer, que es a lo que voy; y si hablo poco, menos comiendo, pero una madre siempre tiene ganas de oír a su hijo. Aunque sea como si acabara de empezar las cartillas del Rubio aquel.
- No, no es la sal...es el sabor.
- Pero si lleva de todo...
- No sé...será que ha reposado poco tiempo.
- Sí...no está como otras veces -ha terciado mi hermano, aún en pijama tras la celebración de ayer; hoy le tocaba de noche en su trabajo.
- He llorado cuando la Guardia Civil...- Normalmente no me habla de nada de eso, me conoce como si me hubiera parido y sabe que no me gusta, por lo que se limita a cosas que no puedan molestarme demasiado mientras como, que así fueron muchas de las broncas que tuve con ella cuando todavía vivía con ellos, pero es que no me veía a otra hora, así que no le quedaban más. Recuerdo una vez que estuve dos meses sin hablarle, ya no recuerdo porqué, yo era muy joven y orgulloso, y extremadamente estúpido; alguien que se creía mejor por leer cosas que nadie leía, al menos nadie que yo conociera.
- ¿No dices adiós? -me dijo una tarde desde el salón, al verme bajar las escaleras. No respondí nada, como todos los demás días.
Se levantó del sofá donde estaba mirando la tele y fue hacia la barandilla.
- ¡¡¡ERES UN CACHO DE CARNE CON OJOS!!! -bramó entre otras cosas que no recuerdo.
Estaba temblando cuando abrí la puerta, pero no dije nada. Seguro que pegué un portazo. Esa misma noche, al regresar, le dije algo, "ya estoy aquí" o algo así. La miré y le di dos besos.
- He llorado cuando la Guardia Civil...- Me ha enseñado una foto de nuestro padre después de evitarme el beso y antes de irnos a la cocina, una de un antiguo pasquín de AP para las locales. "¿Esto era con el partido de Suárez, no?" me ha preguntado, "no". Ahí estaba el viejo con treinta años menos, tan sobrao como lo recuerdo, sus gafas de sol Ray-Ban, su alfiler de oro en la corbata, su chaqueta, su pelo negro, de hombre tranquilo, mirando a algún sitio que no era el objetivo, como si estuviera hasta los cojones de estar ahí, rodeado del resto de compañer@s, ya había algunas mujeres, he visto dos o tres, aunque tampoco me he fijado mucho; yo sólo tenía ojos para el único que no me miraba. Fue como diecisiete de una lista de dieciocho, con expectativas de cinco o seis concejales, para completarla, como favor a quien se presentaba como su cabeza, un hermano de un amigo, y todo esto mediando su maestro de escuela, el último alcalde franquista, un tipo que murió la pasada Navidad en su casa de toda la vida, con el dinero justo para tomarse unos chatos, no tenía más vicios, y eso porque llevaba veinte años viudo, triste, hundido, pero era tan católico que jamás se hubiera quitado de en medio. Era aquel tipo del que os escribí en alguna ocasión, alguien a quien estuve a punto de preguntar si podría hacerle una especie de entrevista en su casa, sin decirle que escribía, claro, sólo por curiosidad, por tener información de primera mano sobre todo aquello, de la de uno que siguió el camino de Fraga, no de Blas Piñar, como mi padre, como su alumno, pero lo dejé ir...y ya no podré cogerlo. Lástima.
- ¿Qué opinión tienes del Rey, Eugenio? -al final, por fin, me atrevía a llamarle de tú
- Alguien nefasto, nefasto, Kufisto...Ponme otro vino, pero no del que me has puesto, que es de féminas.
Era un buen tío.
- He llorado cuando la Guardia Civil...
- Ese era un hijoputa. Que tanto descanso deje como paz lleva -No me salen las palabras cuando me reboto, siempre he sido así, como esas gaseosas que se abren después de caerse al suelo.
- Joer, Kufisto...no hables así -ha dicho ella
- ...Y uno de los principales responsables de la situación actual de España. ¿O que te crees? ¿que fue como te lo cuenta la tele? ¡Joder! ¡que tú estabas allí! Ese tío era un fascista, presidente de la Diputación de Ávila en el 61, jefe del Movimiento en el 71, de la Televisión Española de Franco...¿y luego qué? ¡demócrata de toda la vida! Un cabrón, eso es lo que era.
- Lo hizo bien en aquellos años...
- ¿Bien? ¿dejando un paro de 16 % cuando entró con un 6? ¿con el IPC al 150 %? ¿con España vendida a los putos yanquis? -lo había leído por ahí. He mirado a mi silente hermano, que estaba haciéndolo a los de la casa de empeño de Las Vegas, sirviéndose sus garbanzos.
- Bueno...hizo lo que pudo...todo era muy difícil...
- ¡Claro, igual que el puto Rey! -y he empezado a echarme garbanzos-, ese cabrón, ese subnormal que os lleva engañando 40 años, como todos...Jodida televisión...Este era bueno, llora, este tal, tal...os tienen sorbío el seso...Has llorado porque tienes treinta años más, eso es todo...Dame el aceite y el vinagre.
Y ya. Pero no me he dado cuenta de lo que hoy estaban trapicheando en Sodoming y Gomorring.
- Los garbanzos están buenos
- Sí -me ha secundado mi hermano
- Menos mal -ha dicho mi madre
Me ha echado dos tarros de sopa para llevar.
- ¿No quieres postre? -me ha dicho como siempre
- No -he respondido como siempre
- Hijo mío, bebe un poco de agua antes de irte -le he obedecido- ¿te llevas la ropa? Yo no voy a tu casa hasta el domingo...
- Ehhh...venga, sí. Adiós, Iván
- Adiós, Kufisto -me ha respondido mientras daba cuenta de su postre
- Se os dio bien ayer, eh
- Sí...
- ¿Lo viste?
- Sí, en el M...
- Nido blanco...
- Que se jodan
Casi que se me han quitado las ganas de llevarme la ropa limpia, planchada y percheada, junto al bolsón con todo lo demás, toallas, sábanas y cosas así, nunca lo abro, ya lo hace ella los domingos cuando viene a limpiarme el piso.
- Venga, yo te bajo la comida -me ha dicho. También me había apartado un tupper de carne en salsa que hizo ayer, "para la cena" Está de muerte, pero la he congelado. Hoy tenía otro plan.
El coche estaba aparcado en la acera de enfrente, "quédate ahí, no salgas" le he dicho.
- ¿Y ese bollón? -la he oído mientras bregaba por colocar todo eso en el puto coche.
- Ehhh...no sé. Lleva tiempo...
- Ay, hijo mío
- Sí, ya -he recordado la primera vez que lo vio, hace siete u ocho años, mi primer coche nuevo, a estreno.
Me he acercado para recoger el papeo y darle los dos besos.
- ¡No, no!
Ah, sí, que está resfriada.
Y al subirme en el auto, que diría mi viejo, he recordado que ella no hace lo mismo cuando soy yo el que está malo.
He arrancado sabiendo que todavía estaba allí. Han saltado los Black Sabbath. He puesto el intermitente y he mirado por el retrovisor.
Si hubiera venido un trailer me lo habría comido. De postre.
Allí estaba.
Le he dado al claxon y casi me he pegado con uno de su acera.
Pero ya no la veía.
En fin...ella sí lo vio.
Descanse en paz, el duque falangista que no leyó ni las crónicas de Sarmiento Birba.
Después de todo...tampoco lo ha hecho mi madre.
Pero quien nace becerro, muere toro. A no ser que por falta de bravura te capen para buey: viven más tiempo, pero sin ser lo que debieron ser.
Hostia.
martes, 18 de marzo de 2014
HACIENDO UN KRAMNIK
Me revienta.
Bueno, no...me la suda.
Tampoco es eso...no sé...me molesta, sí, me incomoda, mejor...Hay que ser concretos; esto es la jungla y tú no eres ni hoja. Y ahí estás, cuatro líneas para una palabra, para abrir de clave, la que sea, la correspondiente; como en esta nuestra mañana ha hecho el ruso (¡Viva!) Kramnik en su tarde contra Aronian, ¡qué manera de jugar al ajedrez! Sólo que en el momento del Do sostenido, cuando el primer límite de tiempo estaba a la vuelta de unas miradas al reloj, no acertó a aprovecharse del primer y único gran error del armenio: él respondió con otro y un rato después, ya más tranquilo, tuvo que firmar las tablas sin más ejércitos que los reyes sobre el tablero. Uno sólo juega hasta el final si tiene la sensación de haber dejado pasar su gran oportunidad. No le cambio la noche en la que ya está, no. O puede, que a ver como acabo yo esto, so listo.
Pero en mi sueño no hay rivales. Soy yo contra mis días.
Yo contra mi.
De unas primaveras a estas, me jode un tanto oír como las ningunean quienes no deberían. "Aquí se pasa del frío al calor", "esto es un camilosesto", "el tiempo está más loco que Urízar Azpitarte" y tal. Y porque Al Gore les queda tan lejos como el Monolito, aunque no tanto su obra: se olvidan los nombres, no su significado.
Esto, queridos todos, que ya van unas cuantas que os lo digo a la cara, es la Primavera: LA PRI-MA-VE-RA, es decir, el final del jodido invierno.
La primavera entra el 21 de marzo y acaba el 21 de junio, con la llegada del verano, y entonces llegan las Ketchup y la tele acuática...Según, que hay años que dicen entra el 20 y se va el 20; o el 22 y se naja el 21. Más o menos como mi fecha de nacimiento, que a veces me siento como Damian en La Profecía:
- ¿22 o 23, Kufisto?
- Ehhh...nací en el ocaso del siguiente 22, con tó la chicharrera, pero según se ve resucité en la infernal madrugada del 23, como consta en mi documento nacional de identidad.
- ¿Entonces?
- El 22, que me fío más de una madre primeriza que de un funcionario tardo-franquista. Aunque sí, al parecer me sacaron como el culo; tanto que las monjas me bajaron a la capilla para hacerme unos primeros bautizos, no fuera a ser que me quedara en el limbo, como Fernando Ónega. Me vino bien, por lo que se sigue viendo. Estar vivo es estar bien. Ya van cuarenta años y no me arrepiento.
Pues sí, ya esta aquí la Primavera antes de abrirle la puerta, que ayer la sudé mientras subía los molinos por segunda vez desde el último verano. La primera fue el lunes anterior, todavía invernal, manchegamente hablando; pero ayer la sudé sin echar la mitad del bofe que me costó la del anterior. "¡Coño! ¡Sudo! JAJAJA!" Y me sequé lo que pude con un trozo del papel higiénico que siempre viene conmigo cuando salgo a andar, que hay que hacerlo cagao y meao. Sobretodo cagao, que eso es algo que puede hacerte perder un tiempo, como Kramnik con Aronian. Y sólo da risa cuando lo escribes, como en aquella historia que escribí creo que la pasada primavera. O la anterior.
La verdad es que todo da risa cuando tu reloj es Raphael con el mute a mano, sí.
Y ya no es el primer calor después del frío, no, sino el color del cielo, el olor, los primeros bichos, los reflejos de la luz sobre la tierra; sus árboles y sus primeras flores, esos almendros, tan prestos como yo y mi botella, echando rosas sobre blancos, como esas criaturas bien paridas que te miran como si fueras la luz del sol, ¡a ti!, mientras dan sus primeros pasos, y te sonríen, sacándote una sonrisa tan grande, tan natural, tan perdida, tan olvidada, que te duelen hasta las comisuras de la boca, esa vendedora de preferentes; pero no así en tu corazón, que es como si los ojos, los buenos, estuvieran en él y no en las cuencas de una maldita calavera, tan lejos de lo que te hace estar vivo: todo es cuestión de centímetros, de milímetros, de aire. Olvidaos de los años luz, de la estrella de Orión, del Big Bang y de sus putas madres para cometriskis: es el Aleph, idiotas.
Hoy, una vez abandonada la partida entablada, he dado en caer sobre los anuncios que una y otra vez repetía el televisor, anuncios que sin darme cuenta había oído cuarenta veces sin escucharlos mientras cocinaba arroces y miraba ajedreceses, siempre cambiantes, nunca como estaban dejando de ser, siendo lo que iban a ser, lo que tenían que ser, error arriba o error abajo, pero jamás una aberración...
Allí no, allí estaban esos putos anuncios de pijos, para proletarios que desean ser pijos, de hijos de puta, de estúpidos vendiendo perfumazos para el Día del Padre, cualquier cosa es buena para la Sinagoga (y más en tiempo de Purim, cuando el ganado anda de Cuaresma, como no) mientras se deje la pasta y el alma, aunque lo arrastremos por el fango todos los días del año.
Allí se veían a los carolinosherreros, jóvenes y "guapos", de fiest nocturning, disfrazados, delgadísimos, risas y cachondeo, polvos de cocaína, mira y desea ser como ellos; a Jon Pol Gotier y su jodido marinerito de los cojones reventando una ciudad a lomos de un portaaviones y de Casta Diva para encontrar a su zorra, una guarra cualquiera de 6000 pavos la noche.
¡Ohhh! ¡Ahhh!
Tengo cuarenta años, coño.
Y entendí el Quijote con dieciocho.
Y soy manchego de bien.
Y nací con los calores.
Y las monjas me salvaron.
Y...
que os follen.
Hijosputas.
Que ya está aquí la Primavera, demonios.
A joderse, fredismercuris.
¡Kramnik y Putin os están esperando, traidores!
¡RESURRECCIÓN!
domingo, 16 de marzo de 2014
LO QUE HAGA FALTA, MAJESTAD
- Ja ja ja...jajaja...¡jajaja!...¡JAJAJA!... - terminé por deshuevarme mientras me sacudía la primera meada del día por cuarta o quinta vez.
Eran más de las nueve de la mañana. Y me había despertado a la una y media de la madrugada. "Coño -pensé al hacerlo- las seis y media. Perfecto" Pero había tan poca claridad solar, tan ninguna, que por un momento creí haberme equivocado, aunque aguzando un poco la vista parecía verse algo semejante a los dorados primeros cabellos de la aurora a través de la persiana. Nunca la bajo del todo.
Me levanté, volví a mirar el reloj, "las seis y media" Perfectísimo. Me encontraba descansado, sólo un ligero malestar de cabeza producto de lo que bebí antes de cortar a tiempo, loado sea Dios, pero al haberlo mezclado con cocacola se nota que es findus cuando despiertas. Eché la primera de las meadas del nuevo día mientras miraba al ventanuco de ventilación. "Es raro" Fui al salón, subí la gran persiana y me encontré la noche cerrada. Cerradísima. "Pero qué coño..." regresé al dormitorio, cogí el reloj, la una y media. "pero qué cojones..." Lo había visto del revés. "Jodeeerrrrr..." Y de repente me sentí cansado y con necesidad de tomarme un ibuprofeno.
Puto reloj.
Pensé en ello mientras me rulaba un pito frente al ordenador. Lo encendí y me comí uno de 600 miligramos. "La cena todavía está reciente" me justifique por hacerlo a pelo. Los cuarenta, que no joden pero atormentan sin todavía avisar. Con veinticinco me desayunaba aspirinas de a dos. Y no me decía nada.
Apenas habían pasado las diez de la noche cuando decidí irme a la cama. Mozart estaba haciéndome llorar de gusto y había sido un día largo y tenso; otro día de trabajo, pero de los que al menos sirven para algo, monetariamente hablando. Un cumpleaños, un arroz especial (aparte del normal para el resto) y luego toda la tarde por delante para ver como esas chavalas tan estupendas, tan in, apenas te veían mientras te pedían sus copas. Me eché la primera a eso de las cuatro, con el previsor y fuerte almuerzo ya en los tobillos, y menos mal que no paré de moverme hasta las siete y media, que sino no sé...Con todo, cayeron cinco o seis. Uno más, y adiós muy buenas. Pero me fui a casa.
Cené bien, puse en el ordenador un conversación un tanto tensa entre fascistas de la tercera vía (o la trescientas treinta y tres), y viendo que no eran ni las nueve y ya estaba durmiéndome decidí aguantar un poco más, que luego es muy duro despertar en mitad de la noche. Y Mozart, según la batuta de Böhm y la Filarmónica de Viena, obró el milagro de hacerme llegar hasta la hora en la que el cuerpo volvió a pedirme un trago para soportar, ahora, aquello tan de mi gusto. Pero las riendas del hígado se llevan mejor cuando los demás se esconden y te dan un par de minutos para pensarlo. Y no habiendo ninguno es más fácil que triunfe la cabeza, esa gran tímida.
"La una y media...me cago en la puta"
A eso de las cinco, después de un par de levantamientos más, estuve a punto de vestirme e ir a fregar el bar; pero eché tiempos de ducha y desayuno y no me salía que ya estuviera cerrado, que la gente es muy cansina, mucho, ¿y qué coño haría yo a las seis de la mañana visillereando si mi hermano lograba echar a los últimos borrachos de la noche? "Venga, coño, que hace frío, joder, acabad ya..." Absurdo. Aún en ese estado mental. Intenté dormirme otra vez, fantaseando con empezar la carrera por el Campeonato Mundial de Ajedrez, desde abajo, destrozando a todo cristo, jugando el Candidatos y ganándolo, y el título después, y entre partida y partida follándome a tías buenas, elegantes y delgadas, dándoles lo suyo y lo de su madre, incluso lo de su abuela, "¡¡¡KUFISTOOOO...me mataaas!!!" Se me puso morcillona y pasé a imaginarme en plan Turturro en aquella película, un tanto autista, sólo ajedrez, nada más que ajedrez, quiero el título y lo demás me suda la polla, no me importa, no me interesa, quiero el título...Pero en los dos casos excepcionalmente vestido, de traje y corbata, caros, bien peinado, engominado, afeitado y perfumado, hecho un dandy, me fijé bien en los zapatos, brillantes, negros...
"Las seis..." Otra vez me levanté, pero ya en serio. Puse dos huevos a cocer, me hice otro pito, un té doble y me comí un ajo y una cucharada de aceite de oliva: si esto no te espabila, es que estás bien jodido.
Dejé los huevos bajo el chorrillo del agua fría y me fui a duchar. Me sorprendió mi aspecto al verme en el espejo, tan bien como lo pueda ver, y eso sin afeitarme: ojeras las justas y eternas, buena tez, semblante afilado. "Qué sabrán los relojes"
Completé el desayuno y salí a la calle con mi coche cuando ya empezaba a clarear, tan lleno de energía como el que nos estaba levantando. La de Radio Clásica amenazaba con música latinoamericana. No me importó y la dejé hablar.
A veces uno se duerme con un plan y luego despierta y no es el que pensaba. Y aunque sea mejor, le sienta peor.
Cuando llegué al bar ya estaba fregado. "No jodas" Me nublé, intenté hacer la segunda parte del mismo, apañar el sofrito de la paella del mediodía para adelantar trabajo y llegar un poco más tarde; había previsto dejarlo todo solucionado a eso de las ocho y media, darme un pequeño paseo con el buen sol, regresar a casa y dormir un par de horas, que no veas lo bien que te sientan, pero..."¿Y qué coño hago yo ahora?" Nada. Todo había perdido su comba. Había saltado una hora en el tiempo. Para atrás. Todavía estaba en el Open de Villarrobledo.
Y las nubecillas que empezaban a difuminar la espléndida aurora de la mañana me parecieron rusos de la escuela de Botvinnik.
Eché a andar calle abajo y cuando me quise dar cuenta vi que estaba a medio camino de regresar a por el coche olvidado justo enfrente de mis narices.
Volví a por él después de pensarlo treinta veces, mientras me cruzaba con los últimos borrachos de la noche y la primera poli de la mañana, con rubias adolescentes al hombro del alfa del grupo, protestando para que la bajaran y no la bajaran, rumanos buscavidas que mochila al hombro caminaban viendo como lo hacían los otros, tan pocos; basureros, cazadores, agricultores, autónomos, gente de mal vivir y la jodida zapateta y piruleta de la gran música latinoamericana..."Coño, coño, coño, Kufisto, joder...¡a por el coche! ¿y si te duermes y luego despiertas con el tiempo pegao?" Quité aquella puta mierda y puse a los Rolling Stones.
No eran las ocho cuando volví a meterme en la cama después de bajar la persiana hasta sus topes. Oí cantar sus extrañas canciones a la periquita. Me levanté e hice lo mismo con la del salón. Se calló. El gato callaba y miraba. Ya le había echado lo suyo antes de irme.
A la cama, a la cama...¡dos horas largas!, puede que dos, hora y media...Hay que dormir...
Y entonces apareció el Rey de España.
Sí: yo le hacía paellas al Rey de España.
Primero había sido a un gualtrapas, un villarrobledense y, poco a poco (o sea, a toda hostia), mi fama había llegado hasta los reales oídos del Rey.
- Por ahí hay uno que hace los mejores arroces de España, Majestad
- Llamadlo
Y para allá que iba, a gastos pagados.
- Majestad...
- Kufisto...
Yo le hacía un arroz de marisco ("carabineros, cigalas, mero, gamba blanca, calamar de Cádiz, un buen fumet...") y se volvía loco. "¡Hostia como está esto, Kufisto!" Después lo hacía para toda la Familia. El Príncipe me miraba receloso. Letizia creo que no se había dado cuenta de que yo estaba allí. La Reina me ignoraba. Los nietos mostraban interés en mi procedimiento, muy educados, muy majos...
- Nos vamos a Arabia, Kufisto
- ¿A Arabia, Majestad?
- A Arabia
- ¿Pero...y el bar?
- No te preocupes por él. Te compro. Pago vuestras deudas y que lo lleven tus hermanos...Además, así podrás viajar y escribir, ¿no dices que eres escritor?
- Sí, Majestad, lo soy
- Pues ya está
Y nos íbamos a Arabia en su avión y les preparaba mis arroces a todos esos reales moros multimillonarios, "¡0hhh...por Alá!" Después venían las chicas, danzantes, cubiertas por velos transparentes, azules y verdes, rojos y amarillos, tostadas como un triple sandwich de Nocilla...
- El moro dice que escojas a la que quieras, Kufisto...
Me dejaban elegir primero.
Pillé a la de verde y a la de amarillo...
Miré el reloj. Las nueve y diez. Quizá fuera cosa de mear otra vez.
Y entonces me reí.
Y después, al fin, me dormí sin darme cuenta.
Una horilla.
Lo supe porque recordaba no haber visto las diez.
Pero el día lo ha certificado, no lo soñé: dormí
Si no, ¿de qué?
jueves, 13 de marzo de 2014
TRÍO SIN PUJA
Hoy les ha tocado a los platos, esas cosas que sirven para contener la comida que nos hace funcionar.
No he sabido como se hacían hasta que esta tarde lo he visto en la tele. Cuarenta años utilizándolos durante todos sus días y jamás me había molestado en preguntarme como se hacen, no ya interesarme en ello. Ha sido magnífico, pero casi lo he olvidado. Sólo me acuerdo bien de las máquinas, metódicas e imparables, que con increíble precisión y velocidad transformaban la materia prima en el acabado producto final. Y sin más intervención humana que ponerlas en ON y probar si un plato cualquiera era capaz de superar la eugenesia de todos los demás: una caída de dos metros y un golpeo de un peso que se desplazaba noventa grados.
Sé para qué sirven, sé como se hacen, pero sigo sin saber hacerlos.
Después leí algo sobre Simbología, cosas de Indigo Merovingio, extraño nombre para un hombre que extraño escribe; pero como trata sobre cosas ocultas, cosas para iniciados, pues parece como si tuviera razón o, al menos, como si supiera algo. El resto de la gente lo celebraba y le preguntaba, algo que me ha hecho recordar a Número 13, otro que decía ser una entidad de no sé donde y que había venido a la Tierra para avisarnos de la que se avecinaba el 21-12-2012, como el mismo Indigo apuntó por otro lado tras confesarse descendiente de los merovingios e índigo, cosa esta última que no sé lo que significa, ni lo que sea, ni de que está hecha, aunque me suena a enfermedad, a negro cuando tenía que ser blanco, o blanco cuando nació como negro. No lo sé, es una aproximación, una proyección, no me interesa buscarlo, estoy cansado y aburrido.
Adelanté páginas, me sorprendió el abrupto corte con tantos meses de antelación; pasó la fecha y un mes más tarde regresó para continuar explicando los símbolos luciferinos que todo lo inundan. Uno de sus creyentes abrió otro hilo aún más grande. Y luego otro, otro. Y ahí siguen, viendo illuminatis hasta en los toblerones.
Agotado por el esfuerzo en algo que no había por donde cogerlo (que es como más pesan las cosas) regresé al televisor, ese aparato-profeta que rivalizará con Jesucristo como medidor del tiempo. Sólo dádselo hasta que llegue su Mesías en forma de realidad virtual, tipo Desafío total. Entonces será como aquellos fumadores de opio que preferían estar colgados a despiertos.
Ahora estaba emitiendo uno de mis programas preferidos en estas tardes donde no hay nada que hacer, que son todas. El asunto es que un calvo espídico subasta pequeños almacenes abandonados ante una audiencia compuesta por buscavidas, a cual más triste en su avaricia, pero basta con verlos para saber que tu opinión les importaría una puta mierda.
El procedimiento es siempre el mismo, que así no hay pérdidas ni déficits de atención que valgan. Sale el calvo gritando, gesticulando como si su maldita mujer le hubiera pillado haciéndose una buena paja, moteando graciosamente a todos los que tiene enfrente, chocando sus manos, sus puños, sus cabezas, joder..."¡ROMPE EL CANDADO, BIG JOE!" Y otro rápido y milimétrico movimiento de cámara te muestra a un negrazo armado con unos tremendos alicates que destrozan el candado del secreto de mierda que guardaban. "¡¡¡OHHHHHH!!!" es la respuesta que se oye al levantar el cierre metálico, aunque tú no veas dentro más que basura, a veces literalmente. Pero eso de romper un candado que perteneció a otro es algo irresistible en un primer momento.
- ¡VENGA, UN VISTAZO RÁPIDO SIN PASAR NI TOCAR NADA, VAMOS CHICOS!
Todos obedecen, nadie se pasa de la raya, mirando como si allí dentro, en esa jungla desordenada, se escondiera algo bueno, algo que valiera, algo para ganar lo suficiente como para gastarlo en otros algos bien presentados, no rodeados de jena y acompañados de capullos, como si el petróleo no fuera mierda de dinosaurio, como si el oro se comiera, como si el mundo contuviera algo de lo que tú careces, algo que necesites descubrir, algo que no te enseñaron.
Así pasé la última hora de la tarde.
Ya en casa me fijé en el gato que se encaramó a la mesa. Empezó a gruñirle a la periquita, resguardada en su jaula. Esta salió por la ventanilla que le rompí una mañana de esas y voló por encima de nuestras cabezas.
"Eso es que tiene hambre" pensé. Sólo lo hace por ese motivo. Miré el comedero y vi que estaba casi vacío.
Lo llené mientras ella se columpiaba a una prudente distancia. Tardó cero coma una vez que me vio sentado. Nunca le he hecho nada malo. Pero así son los pájaros. Aunque no sé porqué ni como se hacen.
El gato se hizo el ofendido y se fue a rasgar su parte del sofá, una de cuyas patas está casi en los huesos.
Esos tipos todavía le sacarían un buen pico.
Al sofá, no al gato, que este no vale ni para hacer caldo.
Pero es mi colega.
Y aunque sólo sea porque no tiene otro...yo, el suyo.
Voy a echarle de comer que la otra puta está dándole envidia otra vez.
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