viernes, 11 de octubre de 2013

NINGÚN CRIMEN Y ALGUNA JODIENDA



"Oh, Dios...¡si es que tenía que ser así!", me digo nada más verlo salir del 24 horas, andando como si estuviera en el agua, camino de su todoterreno que está aparcado en mi sitio. Es plaza única, está pegada al paso de cebra y a la salida de un bloque de pisos. ¿Por qué tiene encendidas las  luces de emergencia? Está bien aparcado, seguro que está comprando, espera...Siempre aparco ahí cuando a esa hora voy a comprar allí; siempre está libre. Diez segundos después, si llegan, la realidad verifica mi suposición. Se sube y cierra la puerta como si tuviera la edad que aparenta, acciono el intermitente derecho y me incorporo a la circulación, apenas diez metros; enseguida me echo a la derecha, justo detrás de él, está esperando que tiren los dos que tiene delante, me pego bien y me acuerdo de Zodiac. Tira y entro en mi sitio. ¿Por qué hay tanto tráfico? Y es que diez metros cuentan lo suyo si eres de pecho débil y acabas de darte cuenta del de sí que dan diez días, sólo diez. La última vez todavía podía ir sin luces Ya no. Y tampoco es muy recomendable apearse diez metros más allá: recuerda tu pecho. Los peores resfriados se agarran cuando no hace ni frío ni calor, cuando todo te sobra tanto como te falta. 

"Es la primera prueba superada" le digo al padre que mira a su hijo trasteando fuera del carricoche, "sí...", es de los que se creen muy listos, va en su oficio, sé que me tiene por menos de lo que soy, puede que tenga razón, pero veo que se queda con la idea, no por nada soy todo un literato, decimonónico, por lo menos, pero de letras puras. Ellas sí. Poco después la madre nos dice que se ha cagado, "segunda prueba a superar" sentencio, estoy apurando mi segundo gintonic, ríen, "¡y las que nos quedan a nosotros!" replica la madre, una mujer que nació para serlo aunque ha estado a punto de pasársele el arroz...Estoy que lo tiro. A veces soy ingenioso; monotemático, pero con chispa. Va en el oficio. "Llévatelo -dice el padre- yo me quedo con estos chicos tan agradables, tan conversadores..." acaba de llegar mi hermano para relevarme. Son amigos. "Un café" escribo en el papel de las cuentas bajo su apodo, que es el nuestro. Y dos vasos de agua, pero eso no cuenta. Y eso que están de fiesta...

Estoy mirando cosas en el ordenador, cosas mías, ya está yéndoseme de la cabeza el borracho de afuera, un tipo despreciable que pasa a devolverme su cerveza de 1´43 cuando eran dos, acabo de cobrarle a su amigo que llegó después acompañado por su novia, o su puta, esta gente jamás conocerá a la mujer, esta gente sólo conoce lo que quiere.

- "Dos Ballantine´s con agua"

Es un hijoputa. Me fijo y veo que se sientan con el borracho.

- "Tu amigo me ha dejado a deber cincuenta céntimos" le digo.
- "No te preocupes, ahora te los pago"

Nos conocemos. Salgo y le pongo sus dos copas. Ella parece lo que me imaginaba.

- "¿Qué te debo?"
- "Ocho con cincuenta"
- "¿Le has dicho que te debo cincuenta céntimos?" me dice el borracho.
- "Sí"
- "Son cincuenta y siete, que te di cuarenta y tres"
- "Ya"
- "Eso no está bien"
- "Lo que no está bien es pedir como si tuvieras"
- "¡¿Cómo?!"
- "Eso"

Paso para dentro y apuro mi primer gintonic.

Cero coma después entra él y deja su cerveza sobre la barra.

- "Toma, muchachito, no la quiero"
- "No te equivoques..."

Estoy fumando en la puerta, mediando el primero junto a un amigo, hablando de ajedrez y de la muerte, y de la vida, y de la enfermedad y del Alzheimer, también de Raskólnikov, sí...es profesor y es inteligente: "el otro día se murió nuestra vecina, 73 años, de un día para otro, no nos lo podíamos creer" Él ya corre casi los cincuenta aunque aparenta menos que yo, tiene miedo, se ha quitado de fumar, lleva la muerte joven en los genes, está con una tía brava, valiente, más roja que un vómito de sangre, más que él, "yo no podría estar con un hombre de derechas, Kufisto" me dijo una vez que estábamos de borrachera, nosotros, claro, las chicas listas controlan...Pero me quedé con la forma que dijo hombre. Era lo que me faltaba para verla. Las orejas, amigo, las orejas...

Veo llegar al borracho. Se pone a nuestro lado y se equivoca al preguntar:

- "Hola, ¿eres tú el camarero?"
- "No, soy yo"
- "Pues vamos para dentro"

En diez días se va mucha luz, ¡no vas a irte tú! Pasamos y mi amigo se quita del medio.

- "Dime"
- "Una cerveza" dice mirando por lo bajo.

Voy a coger una copa del congelador y me dice que no, que mejor un tercio "frío".

- "¿De la Mahou?"
- "Vale"

No lo están mucho, los habrá cargado mi hermano pequeño esta mañana.

- "Mira a ver" le digo. Lo palpa y dice que sí. Retiro la copa y cuando estoy a punto de regresarla me dice que se la dé.
- "¿Qué te debo?" dice extendiendo el puño cerrado antes de oírme.
- "Dos euros" Vuelca su mano sobre la mía y veo que faltan. "En fin; bébetela"

Le da un trago de mujer y me siento delante del ordenador.

- "¿Tienes un pincho?"
- "No pretenderás que te dé uno, ¿verdad?" Y se sale a la terraza sin decir nada.

"Mira -le digo a mi compadre mientras hablamos del caluroso octubre-, las cosas no son de un día para otro, la vida no es así...La gente está como si viviera en un thriller donde todo pasa en dos horas...y no. Ahora mismo estamos con qué calor, esto no es normal y tal...Pues no sé, yo llevo toda la puta vida trabajando en esto y siempre hemos sacado la terraza en la mañana de los Santos, esto es la Mancha, granaíno...Lo que pasa es que no nos acordamos, que vamos perdiendo la memoria como tú mismo acabas de decir, sí...¿Que hace veinte, treinta años llegaba septiembre y tenías que ponerte el abrigo? sí, pero más por las madres que por ninguna otra cosa...éramos pequeños, yo más que tú, y tú estabas más abajo, casi en la sartén, y ahora estás aquí, sí...Yo...yo me acuerdo de la lluvia de septiembre, de su segunda quincena, poco después de volver al colegio, sí...yo tenía un anorak, uno azul con ribetes amarillos...me lo robaron, ¿sabes?, nunca lo olvidaré, ¡y lo mejor de todo es que poco después supimos quien fue!, pero nada podíamos hacer...nada que valiera un puto abrigo. Me compraron otro del que no me acuerdo. las cosas valen cuando las pierdes, amigo mío...Octubre es como es, la última semana del año pasado hizo un frío de tres pares de cojones, me acuerdo bien...luego llegaron los muertos...y respetaron su mañana, siempre lo hacen, es curioso...Creo que te voy a acompañar por lo bien que he hablao, jajaja...sólo uno, un gintonic, sin limón ni ná, sólo hielo, que esté frío...¿te acuerdas de lo que acabamos de hablar, de lo de quien se intenta convencer es porque no está convencido...? No tengo remedio, jajaja..."

Hablo con mis amigos y me preguntan por las vacaciones, ya casi ni se sorprenden de que no me haya ido de aquí, al menos tanto como fuerza hago yo para justificarme, me da igual, o casi, todavía me falta un poco. Me chispé el primer día y lo único que me llevé fue un resfriao, luego había que recuperarse, sí...es más fácil si no tienes que trabajar, claro, pero bueno...en fin...Me curé a mi manera y volví a ponerme malo a mi manera, y todo sin montar mi manera, la única que me da la vida, pero...pero yo soy así. Hasta hoy, hasta esta mañana.

- "¿Qué haces aquí?" le digo a mi hermano pequeño.
- "Ná...esperando a la Susi..."
- "¿Y eso?"
- "Unos análisis y tal..."

Sale riendo, me da dos besos y me pregunta por las vacaciones. Y nos subimos en el coche.

Y al bajarme en la esquina de mi casa no encuentro a la avispa que subió conmigo.

La chica de los grandes ojos claros me ve llegar tanto como yo estoy viéndola venir y me sonríe.

- "Toma"
- "¿Pero no empezaba hoy a trabajar?"  Se lo dije ayer.
- "Sí, dentro de un rato" Y ese usted me suena a algo.

Dos horas después salgo de la cochera, con cuidado, pitando, así me enseñaron en la auto-escuela, un maestro más rojo que un vómito de tuberculosa, sí...Miro a la izquierda tal como mandan los cánones y veo que me mira. Saco la mano sonriendo y ella me sonríe desde el suelo.

Llego donde empecé

- "Hola, buenas noches"
- "Hola"

Una barra de pan, sí, apenas he comido hoy...

- "Una barra"
- "¿Más hecha o menos hecha?"
- "En la mitad"

¿Y una litrona?

- "Y un litro de cerveza"
- "¿Cuanto?"
- "Tanto"
- "Espera...dame una botella de Johnnie Walker"
- "¿Etiqueta roja?"
- "Claro"

Arranco el coche. Cuanto tráfico. ¡Qué coño pasa hoy! Tengo que escribir más. Sí...¡¡¡LOS PUROS!!!, oh, Dios...Hace cuatro días juré olvidarme de ellos, y del otro también, y de la otra...

- "¿Cuanto?"
- "Nueve euros"

Por ese precio me pillo veinte de los míos, y sólo vienen siete, pero ya es tarde, ya es de noche, ya todo está cerrado y he tenido que aparcar en cualquier esquina, sí...aunque he vuelto por otro lado.

Y justo al llegar a casa me doy cuenta del día que es cuando veo a reventar el super-mercado. ¡Doce de Octubre, Kufisto!

Lo peor, siempre, es la previa.

Que se lo digan a Raskólnikov.

¿Pero sabéis qué? A mi, ahora, el que me gusta es Svidrigáilov.


Escrito con la inestimable ayuda de mi gran amigo, PRIEDE.

Y VUELTA A EMPEZAR




Y ha tenido que llegar la prórroga para cogerle el punto a las vacaciones...

Eran las ocho y veinte, todavía estaba amaneciendo, cuando he salido a la calle. Hacía fresquito, aún era más grande la sombra que la luz, al menos a ras de suelo, del edificado, que todo es ponerse, y fijándome en ello he dado en lo tarde que hacen salir al sol, no son horas, "dentro de tres semanas, justo antes de que cambien la hora, saldrá cerca de las nueve..." Recordé la última vez que salí tan temprano, poco antes del solsticio, cuando a las seis y media había la misma luz que hace un rato, "casi dos horas..." Después llegó el calor nocturno y me obligó a perder la costumbre, ya son varios los años que me pasa lo mismo en la misma fecha, como si empezara a ser tradición, ¡ah, las tradiciones...! He leído que quieren adecuar nuestro horario al de Europa, ¡qué obsesión!, la verdad es que no me enteré muy bien, no me importa, lo mío es con el sol, no con Greenwich, ¿quién coño es Greenwich?, ¿qué necesidad tengo de paralelos? casi ni me acuerdo de su significado. Greenwich...suena como a bruja, como a chicharra de verano...Greenwich...Parece el nombre de un broker del Dow Jones: empiezas jugando con el tiempo y acabas metiendo a las personas en colmenas. Como si tú fueras el sol. El sol negro.

Algunos empiezan a estar un poco hartos del buen tiempo, suelen ser gente amargada, deprimida, que ven la luz y el calor tal que el telediario del 22 de diciembre. Y sí, todo tiene su tiempo, el frío es necesario, sino te sale República Dominicana, y eso estará bien en la República Dominicana, pero aquí funcionamos de otra forma, aquí te das cuenta del paso de tu vida porque viene el frío y se va, viene el calor y se va, y regresa el frío y vuelve a irse, y hay días largos y noches cortas, y al revés, y así, de este modo, vividos los ciclos necesarios, vas dándote cuenta de que ya queda menos y algo hay que hacer. De la otra manera, si ni el tiempo ni la luz cambian, ¿por qué vas a hacerlo tú? es mejor dejarlo estar. La Historia del Hombre es la de la meteorología.

La muchachada iba de camino al instituto, todos con sus mochilas, me he fijado bien en ellas, yo también tuve una, creo recordar que luego me cambié a una especie de bolsa grande que llevaba colgada al hombro, sí, aunque lo primero de todo fue la cartera, me acuerdo que me gustaban especialmente sus cerrojos dorados, como encajaban, el sonido que hacían al acoplarse, a veces pasaba el rato abriéndolos y cerrándolos, oyéndolos, sí...por entonces te entretienes con cualquier cosa.

Poco después he empezado a estar de cara al sol, todavía muy bajo, a la altura de los ojos, he tenido que echar mano de las gafas, dentro de poco no me harán falta, pero estoy reiniciándome y eso al principio cuesta, que son tus ojos quienes deben acoplarse al sol, no al revés, aunque te alcancen en oblicuo. Pero llegará mayo y lo harán de frente y no te harán daño. Siempre que mires un poco más bajo.

He parado en el cementerio para la tradicional meada y limpieza de bajos, pero el baño estaba cerrado, cosa rara; he salido por la otra puerta, durante un momento, nada, he pensado en hacerlo contra un ciprés, quizá si hubiera estado más adentro...pero no. Los gatos apenas han reparado en mi presencia, ese es el único lugar en el que pueden estar tranquilos, seguros de que nadie va a molestarlos, sólo los viejos van allí y los viejos ya no quieren molestar a nadie. Me he parado a contemplar al más pequeño, estaba sentado sobre sus patas traseras, solo, tomando su primer rayo del sol, los ojillos entornados, me ha mirado un instante, tan quieto como una estatua, y ha vuelto a ignorarme. Un ratito después ha dejado de olerme.

Veinte minutos más tarde he llegado donde quería, casi junto a las vías del tren, allí puedes mear a gusto sin paredes que te escondan, casi todo se hace a gusto si no hay nadie alrededor que pueda juzgarte, esa es la verdad.

Resulta curioso, aunque bien pensado no lo es tanto. Iba caminando normal, sin prisas, la necesidad no era tan perentoria, pero en cuanto he visto a lo lejos el lugar me han entrado unas ganas tremendas de mear, tantas que he apretado bien el paso, y ya estando cerca he pensado que si no lo hubiera visto no me habría pasado y podría haber seguido caminando, no sé por cuanto tiempo. Quizá sea mejor no encontrar lo que buscas. ¿Estás seguro de saber lo que quieres?

He notado como si se me cayera algo al subirme el pantalón entre los matorrales, casi puedo decir que lo he visto, pero no le he hecho caso, enseguida me he dado cuenta de dos que venían por el otro lado, una pareja con una par de perrillos sueltos, y si uno se descoloca entre la gente, ni te digo si no la esperas y viene acompañada de sus perros. Sin lugar a dudas han tenido que darse cuenta a pesar de la distancia que nos separaba, me había entretenido un poco, finalmente la meada había sido de campeonato, sí, y después me he limpiado el sudor concienzudamente y me colocado bien los instrumentos, puede que haya tardado dos minutos, no más, pero los suficientes para que alguien entrara en escena.

Cien metros nos separaban, me he puesto las gafas de sol sin necesidad, y cuando ya nos íbamos definiendo he pensado en echar mano de la chusta de la primera cagada del día, no hay mejor laxante que ese, y no es que yo tenga necesidad, no, al contrario, pero si uno sale a andar tiene que hacerlo cagado, que para mear no es tanto el marrón. Me he echado mano al bolsillo, no la encontraba, apenas estaba a treinta metros de ellos, puede que treinta y seis, "¡¿coño?!", podría haber seguido así, hurgándome en los bolsillos como si los llevara llenos de ladillas, y pasar adelante como si tal cosa, además sin hacerme el loco, era en serio que estaba buscando algo, los perrillos estaban corriendo como locos de un lado a otro...Me he dado la vuelta y he regresado sobre mis pasos, "sí...seguro que ha sido eso que he visto..." ¿Pero como encontrarla? aquello estaba lleno de guijarros, y si era bastante más que una colilla (apenas me bastaron cuatro o cinco caladas para conseguir el objetivo) cualquiera la encontraba, y si no soy Rompetechos casi tengo lo mismo de águila, para todo, o casi...Pero no, ahí estaba, al primer golpe de vista. He pensado en quitar de una ramita el trozo de papel higiénico en la que se había quedado colgando, "bah, es igual, ¡¿pero qué cojones te pasa?! ESTO ES EL CAMPO" Y encendiendo el pito he salido a su encuentro. Parecían medio gilipollas.

Ya habían atado a los perros, Canela se llamaba el que me husmeó cuando di media vuelta, casi ni me di cuenta, yo iba con mis auriculares, pero no tanto como para no oír el grito de su amo.

- "Buenos días" les he dicho al cruzarme con ellos, creo que no he recibido contestación, es más, he sentido como si el tío me mirara raro, como con asco. Me ha dado tanto odio que he estado a punto de volverme y gritarle algo. "¡Me cago en la puta!, ¿será posible?, ¿de verdad me ha mirado como creo que me ha mirado? ¿ese sorbesopas? ME CAGO EN SU PUTA MADRE..."

No me ha dado tiempo a más, de frente se acercaba una tía con un perrazo enorme, negro, ella también iba de negro, con grandes gafas de sol, negras, todo negro...al menos llevaba atada a la bestia.

- "Buenos días" Lo mismo, nada, puta feminazi...Me he acordado de la primera vez que subí solo al metro de Madrid, hace muchos años, iba al trabajo, era muy temprano, "buenos días", ni Cristo me respondió, creo que uno de los seis o siete que iban en el vagón se dignó a levantar la mirada, "¿pero donde coño me he metido?"

Rumiando he llegado al cemento un par de minutos después. Y al primero que he visto ha sido a un tío odioso con su jodido puro, siempre está con el puro, no lo recuerdo de otra forma, creo que ya nació así. Un tío malo como él solo, un piojo, que diría aquel, por no hablar de su hijo, contemporáneo mío, un mal bicho, uno que siempre las mató por detrás, un hijoputa, vamos, un hijo de cabrón.

Y cuando ya no sabía donde mirar para no ponerme de mala leche he visto el coche de mi hermano pequeño aparcado junto al ambulatorio, él estaba dentro, "¿qué haces?", estaba esperando a su chica, los resultados de un análisis y tal. Y hablando estaba con él, diciéndole que nos veríamos al mediodía, cuando ella ha aparecido poco menos que dando saltos, riendo, es una muchacha encantadora, de veras...Todo estaba bien.

Le pido que me acerque a casa, no quiero caminar más. Me subo atrás y bajo la ventanilla, una avispa se acopla inopinadamente, la bajo más con la esperanza de que el aire se la lleve, pero no, se esconde detrás del reposacabezas, la muy puta, yo no les digo nada, están contentos, me echo hacia adelante, apoyándome en sus asientos y hablando con ellos, de seguro más que muchos de estos días que están a punto de acabar. Casi atropellamos a un viejo durante el trayecto, le pedimos disculpas y nos reímos al perderlo de vista, de seguro más que todos estos días que están a punto de acabar.

Me dejan en la esquina de mi casa, bajo mientras echo un vistazo atrás: no la veo. 

Y ahora a trabajar.

Con todo el equipo.

miércoles, 9 de octubre de 2013

DE EVA




La conocí a través de uno de esos chats que emitían las emisoras locales, no sé si todavía seguirán haciéndolo, hace años que no veo la televisión. Ni para eso.

Una vez acabado el parte nocturno llegaba la programación de madrugada, que no era otra sino imágenes de chicas con nombre exótico y apellido de nueve cifras bien grandes y coloreadas, no tanto lo que aparecía a pie de página a velocidad de zancada boltiana, eso no interesaba destacarlo mucho, hay cosas que mejor no verlas, no sea que equilibren la balanza hasta tal punto de volcarla por el lado incorrecto. Un negocio es un engaño, y quien vende debe saber lo que tiene que enseñar bien y lo que ocultar mejor para comerse un colín, como la Montiel cuando dejó de ser tan guapa y exigió que gasearan sus cámaras: el capitalismo es un engaño. Por eso funciona, aunque sea a trancas y barrancas, como la que le freía los huevos a Brando, que duró hasta el final, de una u otra forma, pero duró. Y también murió.

Pero a mi lo que me interesaba era lo de abajo, de hecho casi siempre ha sido así, o al menos ya hace tanto tiempo como para no recordar lo contrario. Quizá cuando estudiaba bien y quería ser algo importante, algo importante para mi, pero eso no llegó muy lejos, casi ni empezó en serio, enseguida me tentó el qué era eso tan bueno que tanto le gustaba a los triunfadores de entonces, aquellos para quienes lo mío era motivo de risa. Yo no me reía viéndoles, los envidiaba sin saber porqué: era muy joven para saber que los tontos eran ellos, o que yo no era tan listo como ellos. Y me hice uno de ellos. O lo intenté, que pronto me di cuenta de que aquello no era lo mío. Pero lo otro ya se había ido. Y me quedé en mitad de la tabla, sin posibilidad de ganar ni de descender, jugando porque había que hacerlo si querías seguir haciéndolo: la federación de la vida no te pide más que la voluntad. Nada menos.

Todavía estaba con mi ex cuando empecé a frecuentar a las putas de la tele, no a las diosas que enseñaban su cuerpo, no, qué va, esas no dejan de ser hologramas para todo quien no sea del Madrid o del Barcelona, sino a las de abajo, las que se anunciaban en la barra que sostenía los pósters, por debajo de ellas sólo estaba el precio de las de arriba. Y eso sin tocarlas un pelo.

Eran anuncios directos, rápidos, que si el tiempo es oro no lo es menos el espacio, y el rodillo de los anuncios no hacía más que girar como cuchilla de picadora, apenas eran segundos lo que permanecía en pantalla, y costaba una pasta, no te creas que lo regalaban, todo cuesta cuando sales en la tele, todo...Y lo que menos vale es tu dignidad.

Las letras mayúsculas eran más populares que los Beatles, casi tod@s escribían así, "¡¡¡EH, QUE ESTOY AQUÍ!!!", hasta para decir que no buscabas sexo ("sólo amistad") escribían de esa manera. Internet todavía estaba en pañales por aquí. Ya no.

Una puta nunca dice que es puta, eso son cosas de las películas de putas. La puta se presenta de otra forma, más sibilina, no por nada deja de ser la chica de su padre: "chica simpática" era lo más socorrido junto a "ayuda económica" o, directamente, un número seguido de la bestial marca uropea que por entonces acababa de salir a la luz.

Yo quería a mi chica, de verdad, pero no sé porqué comencé a engañarla poco después que acabara su carrera y se pusiera a trabajar. Y no por la distancia y tal, no...a fin de cuentas así habíamos estado durante sus cinco años de estudios en la capital de estepaís, nos bastaba el fin de semana, nunca fallaba, y cuando empecé a descansar un día entre semana me iba para allá con el bocao en la boca y echábamos bien echao el día y medio, sí, pero...comencé a ponerle los cuernos.

Cosa curiosa: para mi no lo era. Sí, si hubiera sido con otra tía, sin pasta por medio...pero eso era imposible. Nunca lo hubiera hecho, nunca, de verdad. Jamás la engañé de esa forma. Sólo era que yo...no sé...

Cerraba la noche del domingo, ella ya no estaba, miraba en la tele y me decía "¿porqué no...? nadie se va a enterar" Normalmente era cuando estaba de resaca, cansado de todo el día, ni Cristo por las calles, era como si estuvieras solo en el mundo, a nadie le importaba una mierda...

Nunca me han gustado los puti-clubs ni las casas de putas, ahí más que a follar vas a medirte, y yo soy demasiado pagado de mi mismo como para compararme con esa clase de gente. Anoche terminé de releer las Memorias del subsuelo de Dostoyevski, y el muy cabrón dice algo que es o que yo siempre he pensado de esos sitios: "no se puede ir sin estar borracho" Lo terminé y empecé Crimen y castigo, hasta que Raskólnikov lleva a Marmeladov a su casa...Eché un buen lagrimón al terminar de leer su perorata.

Pero el hombre propone y el nabo dispone, y el diablo mueve el hilo que queda entre medias.

Sólo con una repetí varias veces, una tipa gorda y fea, mayor que yo, de otro pueblo, que no hacía más que hablarte de que lo hacía para casarse con su novio, "un hombre que me mataría si supiera que estoy haciendo esto..." Yo la oía mientras me limpiaba la polla y me ponía los pantalones dentro del coche, del de ella, era una tía decente y tal...Creo que repetía para oírla.

Habían muchas chicas jóvenes, ninguna valía gran cosa, todas estaban pilladas por algún sitio, drogas normalmente, recuerdo a una ansiosa con la que no me pude ni correr, "déjalo", "¡¡¡EHHH!!!", "que no me corro, coño", estaba pasadísima, ella se obcecó, "¡¿QUE NO TE CORRES?!...¡¡¡ESPERA!!!",  y empezó a chupármela como si en lugar de semen echara cocaína: lo último que quiere una puta es no ser capaz siquiera de serlo. Volví a verla años después, hace poco, una vez que bajaba un cerro...estuve a punto de entrarle, sé que me reconoció, pero sólo llevaba lo justo para la cocacola del ambulatorio.

Hasta que di con Eva.

Recuerdo que era de noche, puede que octubre, como ahora, ya empezaba a hacer frío, el mismo que hará dentro de un par de semanas, cuando todo esté tan negro como el jodido Paint it black. Yo tendría el turno de mañana, sí, me acuerdo...A eso de las ocho miré la tele del alcalde y vi un número nuevo.

Llamé. Me sonó su voz. Quedamos. Cogí el coche.

Y cuando la vi no me lo pude creer: era la hija de un reciente muerto que había sido cliente nuestro.

Di una vuelta a la manzana para pensármelo, estaba seguro que me reconocería, tampoco hacía tanto tiempo de cuando yo le ponía un bocadillo de calamares, a su padre le encantaban. Y a ella también. Era la pequeña de muchas, todas hembras, todas estupendas, tenían fama por su belleza...

Y en lugar de irme a buscar otra...

Me reconoció tanto como yo a ella, nos miramos lo justo sin decirnos nada, tiré adelante e hice por hablar algo, ninguno nos llamamos por nuestro nombre, el frío es tan socorrido...Callamos mientras el cd hablaba por nosotros, creo que por entonces todavía estaban los U2.

Nos fuimos al polígono industrial y follamos en silencio. Después hablamos un rato y algo me contó.

- "¿Donde te dejo?"
- "Donde me recogiste"

Allí la dejé.

Y ya no hubo otra puta.

Hicimos una cierta amistad, quedábamos para lo que quedábamos pero no sólo para eso, aunque eso sí, siempre a escondidas, no por nada yo estaba "casado" y no podía dejarme ver con ella. Fue a la primera y última que llevé a mi casa; hasta a mi gato, más arisco que yo, le caía bien, y es que era una muchacha muy dulce, muy cariñosa, puede que un poco estúpida...aunque seguramente los estúpidos seamos nosotros.

Ya por entonces andaba bastante pasao, había días que no me hubiera aguantado ni mi santa, por no decir mi madre, y en una de esas, en una de las gordas, di en acordarme de ella aún estando con la mía, que no podía haber venido ese fin de semana y tal Y vuelvo a significar que sigo creyéndomelo como si no hubiera podido ser de otra forma: jamás me engañó. Pongo la mano en el infierno.

Yo estaba muy borracho cuando me llamó, "oye, que no voy a poder ir al pueblo" Vale.

La llamé, "¿donde estás, Eva?", en el peor tugurio de mi mundo, estupendo...

- "Oye, voy para allá, te pito cuando llegue"
- "Vale"

Llegué, pité y salió, estaba colocada, incluso más que yo. Pillamos unas litronas en el 24 horas y nos fuimos.

Nos pusimos bien, tanto que al final acabé por echarle el sermón que nunca le había nombrado, el de su padre, ella ya me había hablado de lo mala que era su madre, la viuda alegre, ella era una chiquilla que apenas tenía dieciocho años y ya la habían echado de casa.

Y al oír que hablaba de su padre se echó a llorar.

Dejamos de vernos, dejé de verla, estaba avergonzado por mi brutalidad, me dijo que se iba a Barcelona con unos colegas...

Volvió tiempo después, no mucho, yo ya no estaba con la otra, me la encontré caminando por ahí, mientras ella paseaba un perrazo, "¿qué tal?", seguía pareciendo inocente a pesar de todo...

Me la llevé a casa y vi que tenía costras en las tetas.

Y no la toqué.





domingo, 6 de octubre de 2013

NO QUARTER




No recuerdo el título, aunque puede que fuera aquella película en la que confundían a Fernán Gómez con una estrella del fútbol, sí...estoy casi seguro.

Dos tipos estaban comiendo sentados a la mesa de un bar de aquella España, aquella en la que no hablar alto era signo de ser poco menos que maricón, o mandilón, que era peor. Y en esto que el más viejo le vocea al más joven, que estoy convencido era Fernán Gómez:

- "¡COME Y BEBE, MUCHACHO...!"
- "Pero déjeme un momento que le explique..." musitaba el gran Fernando.
- "NO HAY NADA QUE EXPLICAR...Sí, ya sé, eres un deportista y tienes que cuidarte y todo eso, ¡PERO HAY QUE DARLE CERA AL CUERPO, QUE NO SE ATONTE...! sino, se echa a perder"

Claro está que me lo he inventado, pero por ahí iban los tiros y los tonos.

Ayer ya estaba bien de la intentona de resfriao que me asaltó en la mañana del miércoles, lo sabéis quienes me leéis, que esto no deja de ser un diario. Y de hecho sólo me sentí malo aquella noche, la sudé bien y el jueves amanecí casi normal, aunque sería mejor decir "salí de la ducha casi bien", que uno no es persona hasta que pasa por el agua: ya puedes sentirte como Sansón la noche anterior que hasta que no la limpias no llegas a presentador de telecinco. Tanto fue la cosa que pasé de seguir con el auto-tratamiento y ya no tomé ningún antibiótico, más recordando a mi amigo médico que a mis costumbres, "los antibióticos no sirven de nada en un resfriado..." Pero sí servían hasta hace cuatro días, "y durante cinco, no se te ocurra dejarlo", o eso decían, que no nos fiamos de nadie que no lleve una bata blanca, como antes de las sotanas negras, que uno no puede estar sin amo. Y así, cuando te sentías un poco tonto, tardabas cero coma en ir a la farmacia y pedir por algo que te curara el malestar. Y entonces el farmaceútico te vendía el "trapo" acordado con el médico que había sobornado el laboratorio correspondiente, "¿no tienes del otro?", "no, este es mejor" Amén.

Tampoco es que hiciera vida normal, pero bueno...llegó la noche y me clavé una botella de vino para escribir algo. Aunque lo mejor fue que fumé como si nada y mis pulmones no dijeron algo diferente, lo cual es el mejor síntoma: si no puedes fumar es que estás verdaderamente mal.

Pero uno ya lleva el 4 por delante, y si ahora no sé quién dijo no es eso, no es eso...no lo es tanto como para tomarlo a pito suelto, y en fin...que volví a acostarme con la manta, esa ansiosa. Y por no haberla dejado donde todavía tiene que estar no pude pegar ojo hasta las tantas, de los innecesarios sudores que pasé. Hasta que a eso de las cinco, harto de sudar como pollo de granja cuando ya era de corral, le pegué una patá y poco me faltó para liarme a mordiscos con la sábana, que esta sí, lleva conmigo desde la Virgen de Agosto. Aquí sigue sin fallar, Al Gorio.

Y despertando tarde dí por perdido el día: sólo salí a por el pan y los donuts y la cocacola de la chica de los grandes ojos claros.

Hoy me he despertado en el mismo "plan", que anoche me pasó lo mismo, o si no tanto, parecido, o más, que ya no me acuerdo, ¿qué cojones importa a qué hora te duermes cuando te levantas de la cama y el sol está durmiendo la siesta?

A por el pan.

- "¿Quieres un cojín?" le he preguntado a la chica de los grandes ojos claros después de darle un euro y darme cuenta de que está embarazada. Me daba tanta lástima que no me he enterado hasta hoy. Bueno, hasta ayer, que me lo dijo un vecino al que le comenté la jugada mientras abríamos la puerta del patio.

- "¡Oh, no... gracias!"

Y me ha sonado mal, como si así, con el culo en el suelo, provocara más pena.

He ido a Correos para pagar la electricidad y ya le había comprado el hato de hoy a la chica con el culo de hierro (hoy ha sido donnetes espolvoreados y cocacola) cuando me ha llamado mi madre:

- "Vas a venir a comer...tengo pollo asado?"
- "Ehhh...no...pero estoy cerca. Voy para allá y me lo echas en un tupper, ¿vale?"
- "Vaaaaleeee"

Por un momento he pensado en no comérmelo yo.

- "Toma"
- "Gracias"
- "¿Quieres un bocadillo de algo...de jamón...?"
- "Si usted quiere..."

También quería darte un cojín, pero no has querido y me has mosqueado, pero en fin...¿y por qué me llamas de usted, hostia puta? Aquí, sentada en el puto suelo con una panza que no es tuya, siempre con algún viejo verde revoloteando alrededor...¡qué coño te pasa!

He subido arriba y le he preparado uno de los dos bollos con mis últimas cuatro lonchas de jamón y un tomate troceado y aliñado con un aceite de oliva que un cliente de dinero me regaló la semana pasada, una botellita de medio litro...

- "Toma"
- "Muchas gracias"

El viejo del palillo seguía sentado en el ventanal de la tienda...

Estaba bueno el pollo, superior, he pensado en llamarla para felicitarla pero no lo he hecho, "luego, esta tarde que me sale gratis..."

Ya iba para tres días sin hacer ni el güevo, y si uno tuvo su explicación tres no tenían ninguna, que eso no lo solucionó ni San Agustín, voy a hacerlo yo...

"¡¿Pero qué coño...?!"

Eran las tres y cuarto, demasiado temprano, pero el tiempo lleva su marcha y tú la tuya, y a veces es como ese listo que de todo sabe y nada comprende, como aquel maestro del joven Nietzsche, el que contestó a su angustiada pregunta sobre los héroes con un "no han existido jamás", y entonces Mi Gran Bombilla se quemó la palma de la mano durante el recreo hasta que sus amigos la apartaron de la llama, "¡¡ESTÁS LOCO!!" Murió loco, pero vivió cuerdo. Vale.

Hacía meses que no me iba de cerros, mucho menos que de putas y níveas derivadas. Pero enseguida me he sentido bien, ya estaba hasta la polla, sudar es bueno, no sudar es malo, sobretodo cuando hay una razón, un motivo, no una horchata con tintes rojos.

He subido el par de dos como si lo hubiera hecho las mil veces que lo he hecho.

Dos horas y media después volvía a estar como al principio, bajo el agua, pero esta vez sólo me he echado jabón en los sobacos y en las pelotas.

Lo he recordado todo menos el euro, será porqué he recogido demasiado pronto la bolsa. Y cuando he aparcado el coche me he dado cuenta: "hostiaaaa..."

Bueno, sólo tenía que comprar la miel y un par de buenas botellas de vino. Y el jamón York del gato. Y papel higiénico y de cocina, sí...y las granadas...y el agua mineral...¡Oh, Diossss!

El caso ha sido que me he vestido bien, es decir, una camisa, los zapatos en lugar de las zapatillas, unos vaqueros limpios y un poco del perfume que me regaló por mi cuarenta cumpleaños la mujer de la eterna sonrisa poco antes de que su páncreas dijera que al hospital o al hoyo. Y ahí sigue, que el final de la decimotercera de Reykjavik sigue sin estar clara después de cuarenta y dos años...

Aparte de la miel, imprescindible, quería vino, vino bueno. Ya que no me voy a ir ni a la esquina...pues eso. Que me da igual mientras no sean las Pirámides. Y bien vistas.

Una chica que parecía bailarina me ha dejado el sitio, "pasa tú..."

Y han caído las dos mientras escribía esto.

Son las doce. Hay que cortar




jueves, 3 de octubre de 2013

EN EL MERENDERO AQUEL...




Hace muchos años, en el tiempo de nuestras primeras borracheras, aconteció que una tarde en la que andábamos tirados en el parque, bebiendo litronas y fumando canutos, mi hermano se puso malo, es decir, que le dio un bajón.

Había por entonces un merendero que no sé porqué cerró poco después, casi siempre tenía gente y quitando los cuatro o catorce yonquis que iban a picarse entre la espesura era gente normal, o así, aunque los chiquillos también dábamos nuestra guerra; pero el tipo que lo llevaba era uno duro, se le veía, eso lo ve hasta un chico de quince años y bueno...que había un horizonte de sucesos no muy lejano y poco estimulante, la verdad.

Nos conocía, a mi hermano y a mi, como casi todo el mundo, el nuestro, el que sobra, "vosotros sois los hijos de...", esa coletilla nos acompañó durante toda la pubertad. Y lo que para una parte es malo, para otra es bueno, como todo, lo que pasa es que nuestra visión adolece de profundidad, será cosa que se va curando cuando ves con la cabeza en lugar de los ojos, y si era un tanto corta-rollos al menos sabías que en caso de apuro sería difícil no encontrar a alguien que no te echara una mano. Y no al cuello, precisamente. No era asunto de dinero, sino de popularidad de la buena entre la mayoría. Y casi por unanimidad entre los buenos. O los menos malos.

El caso es que viéndole con tamaño bajón no se nos ocurrió otra cosa que lo acostumbrado, unas veces les tocaba a unos y otras a otros, y esta era que tenía que comer algo, lo que fuera, que no hay mal si puedes comer, eso es algo que si nosotros no llegamos a experimentarlo sí lo hicieron nuestros antepasados, y no los que ya eran polvo y huesos, que la gente trabajadora no tiene libros que graben sus nombres, sino nuestros abuelos, por entonces vivos, y su gusto, su pasión, porque comiéramos bien, porque nos alimentáramos como ellos no pudieron hacerlo cuando tenían nuestros años. Yo creo que disfrutaban más viéndonos comer que comiendo ellos. Era otra clase de gente. Mejor. Y gracias a que llevamos parte de sus genes que a veces hacemos correctamente algunas cosas. Miedo me da todo el rollo transhumanista y su "mejoramiento" del ser humano. Pavor. Cosas de conocer el percal.

El caso fue que no reuníamos ni para un puto bocadillo entre los diez o doce que formábamos la pandilla. Nada, cero, ni un duro. "¿Y qué hacemos? ¿lo llevamos al hospital?" dijo alguien, "de eso nada..." contesté atisbando otro horizonte de sucesos si llegara a enterarse mi padre. Cogí a un amigo y nos acercamos a la barra del merendero.

Le expliqué el tema lo mejor que pude, yo tampoco estaba muy acá, aún recuerdo como nos miraba, sus grandes manos sobre el mostrador, cuadrao, estaba bien fuerte el hijoputa..."Venga, de qué lo quieres", "de salchichas", las hacía cojonudas. Un rato después apareció con media barra de pan envuelta en papel de aluminio, "toma", "gracias...gracias...y por favor...no se lo digas a mi padre...", "ya..." No sé si se lo dijo, pero sí quien se comió la mayor parte del bocadillo. Mi hermano se conformó con potar al olerlo y eso le hizo bien. Y al día siguiente regresé para pagarle el favor.

Poco después de acabar mi paseo de esta mañana me he dado cuenta de que me había resfriado, y no parecía uno de esos que lo arreglas comiendo y con un ibuprofeno, no...En previsión, quizá adelantándome y por tanto haciéndolo crecer ("no le hagas caso al dolor, Kufistín, verás como se va" me dijo un viejo muy sabio), he cogido el coche para ir a la farmacia en busca de desenfrioles y amoxicilinas, la aspirina del desayuno no había dado resultado, y no me he dado tiempo a llegar a casa para comerme el primer antibiótico, a punto he estado de hacerlo con el segundo, eran de 750, lo que me ha aconsejado mi amigo farmaceútico, un tío muy singular del que algún día escribiré algo. "Sí -me he dicho mientras esperaba que se abriera la puerta de la cochera-, mucho renegar de los medicamentos y tal pero en cuanto te ves más jodío de lo normal...de cabeza" Es la costumbre, que nadie puede con ella. Ahí tenéis a la Iglesia.

No consigo acordarme de un sólo día en el que haya perdido el apetito, palabra. Ni cuando agarré aquella bronquitis que me tuvo tres días de baja en el trabajo por primera vez en mi vida. Y hoy no ha sido diferente. He salido a por el pan, le he comprado una palmera de chocolate a la chica de los grandes ojos claros y le he ofrecido la mitad del bote de cocacola que me iba bebiendo, "no, gracias", mejor así, estoy resfriao, sólo le faltaba ponerse mala, aunque la calle endurece. La desconfianza es buena. La desconfianza te salva. Y la cocacola será buena para oxidar tornillos, pero también para espabilarte cuando andas decaído, que eso es consejo que también se lo oí a un médico de los de antes, de los que iban a las casas a curar a los niños de las familias que podían permitírselo, bien pequeño era yo, "nada, no es nada, esto y esto y dale zumos con azúcar, fantas y cocacolas..." decía dándole una gran calada a su apestoso puro. Qué médico más cojonudo.

He comido como si nada, me he bebido un gran vaso de vino tinto y poco después me he echado la siesta no sin antes acordarme del consejo del tío Victoriano, "no le hagas caso..." Pero me he despertado peor.

"Joderrrr...lo cogí"

Y viendo la tarde que se presentaba he decidido salir a la calle. Aunque eso sí: con los pantalones del chándal y el abriguejo de deporte, que no sé como se llama. Seguro que no tiene traducción al español.

Al bar, a por leche y azúcar, y ya de paso unas infusiones, sí, ¿apenas queda té?, es igual, poleo-menta, la misma mierda es, jamás he entendido como nadie puede beber algo caliente estando bueno. Unos sobres de colacao y...hasta luego, que se dé bien. Al moro, necesito limones gordos, tan llenos de vitamina C, eso es bueno, también unas granadas, me están sentando bien, ¿me dirá otra vez que si las quiero de mano?, hoy le diré que sí, a ver qué dice, jajaja..."hola", "hola, señor", no, hoy no lo dice, será cosa de por las mañanas, los moros se acuestan pronto, eso dicen, a ver...sí, unas manzanas, de esas rojas, tu salud está en una manzana diaria, suelo hacerlo, pero no mucho, tomatesss...¿tendré dinero?, "oye, pésame esto a ver como voy, que ando corto de pasta", me sobra para los tomates, "¿son buenos?", "muy buenos, señor", jamás he escuchado a un vendedor decir lo contrario...bueno, sí, al pescadero del supermercado, lástima que haya dejado de comer cosas del mar por las cosas de Internet...salgo y cuento la calderilla, apenas han sobrado cuarenta céntimos, "se los daré a la chica de los grandes ojos claros...¿querrá un tomate, una manzana...?, no está, se habrá dormido, los pobres también tenemos estómago, y los que viven en la calle hasta sueño.

Llego a casa y lo dejo todo, me preparo un buen zumo y me rulo un pito, "queda mucha tarde...¿qué hago?...", no encuentro un libro que leer, todos están leídos y los que no, son por algo aunque ya no me acuerde bien, "¿y si?...", veo uno pequeñito de Lovecraft, uno que saqué hace meses, estará más pasao que Jesús Hermida, sanción y tal, "a lo mejor está la gorda, la amiga de mi tía la roja, me conoce desde siempre, desde los tiempos en que era manceba de Malaquías, de hecho yo llegué antes que ella...quizá levante la mano" En el camino me encuentro con una proveedora del bar, una comercial, una que te mira como si fueras un príncipe azul, que ya es mirar, no me da tiempo a decirle nada más que hola cuando me cuenta que la han despedido junto a otros cuatro, ya llevaban seis meses sin cobrar, "no le pagues lo que debes, pasa de él, es un cabrón", la idea me tienta pero recuerdo que se quedó con la papela, ya estuvo la semana pasada y sabe que le debo algo, y a mi no me gusta deber nada, y menos si saben que debo, no...Llego a la biblioteca cuando empieza una canción que no quiero escuchar, "mejor, así no tengo que pararla", me quito los auriculares y entro a la que fue mi segunda casa cuando debería haber estado en la universidad follando como un diablo, me fijo en uno de los anuncios que están pegados sobre la puerta de acceso a la sala de lectura, "curso para papás y mamás", algo pasa por mi mente pero no me da tiempo, tampoco hace falta, sé lo que es, miro adentro y está la que quería, uno tiene lo que quiere, sólo falta que ella también quiera.

- "Hola"
- "Hola"
- "Vengo a traerte esto...se me ha pasado...pero bien"

Coge el librito y teclea en su ordenador mientras le digo que me gustaría sacar un libro, que estoy malo y aburrido, de vacaciones...

- "Tienes sanción hasta el dos de noviembre"
- "¿Y no podrías...?
- "No, esto va todo por el ordenador"

Todo va por el ordenador...

- "Oye, y entre tú y yo, sin ordenador de por medio...de verdad que me haría bien leer algo"
- "No, eso no puede ser"

No he insistido, ¿para qué?

Esta gente, estos que se ganan los donuts con el sudor de los otros, estos que hablan de libertad retorciéndose sobre sus cadenas, son incapaces de ver quien sí y quien no.

No conozco a la chica de los grandes ojos claros, no sé si es una bruja, una loca, o una santa, pero me basta verla para hacer con ella lo que no hago con la mayoría.

¿Y tú, que me conoces de haber sacado más libros que lágrimas tiene una tormenta, no te fías de mi?

Malaquías me hubiera pasado hasta el Necronomicón.

Salgo de allí y me tapo los oídos, ya suenan los Stones, llegando al estanco vuelven a saltar, es Sister Morphine, una de mis favoritas, se me olvida pararla y espero a que termine de comprar una chiquilla con el pelo como si fuera Medusa, está esperando una recarga de su móvil, me corto de decirle a mi estanquera que me dé el papel de los fumetas de hoy, he leído por ahí que el Smoking es muy basto, no sé, es el que siempre he utilizado, la costumbre, ya sabes...

- "Hola, dame una chivata de Marlboro y papel de...no sé...¿cuales tienes?"
- "Smoking y OBC" donde lo leí aparecían cinco o seis, jodida Internet...no me acuerdo
- "Dame OCB...del normal"
- "Toma"
- "Pero este es corto, ¿no?" siempre me lo llevo así, pero ya iba pensando en escribir algo y no quería hacerlo fumando puros baratos. Me he fijado en unas brevas de Montecristo mientras ella alzaba su culo para enganchar mi pedido. A veces es bueno no llevar dinero de más.

Me rulo un buen pito y me acuerdo de aquel merendero.

Empiezo a escribir y lo apago poco después: "¿Tengo vino frío, no?

Tenía.

El secreto está en potar en el sitio correcto.

Aunque estés de bajón.


miércoles, 2 de octubre de 2013

LA CHICA MÁS GUAPA DE HOY




Desperté jodío, ayer me pasé, no tanto por el alcohol, que no fue poco, como por los dos puros baratos que me fumé mientras escribía: uno es más que suficiente, dos, claro síntoma de que estás borracho.

Podría haberme quedado tumbado todo el día, nadie me esperaba hoy, pero ese es mal arreglo, quizá el peor, porque así no se cura una resaca, la cueces y al día siguiente estás poco más o menos que igual. No hay mejor sistema que echar para fuera lo que metiste dentro. Y como ya no está en tu estómago sino en tu sangre no puedes recurrir al vómito, en el caso que se te dé bien, que no es el mío: has de sudarlo. Y entonces sí que te quedas nuevo sin necesidad de ninguna otra ayuda. Hace un tiempo lo conseguía dándole al saco durante media hora, al cabo de la cual había expulsado un gran charco de sudor sobre el parqué de la habitación. Después me duchaba y era como si no hubiera bebido en mi vida. Palabra. Ese es el sistema. Pero a veces no hacemos las cosas aunque sepamos que sea lo mejor, somos así, y siempre encuentras una excusa para hacer algo más cómodo, algo que te cueste menos, la comodidad es el gran cáncer de nuestras vidas. Y así, de esta manera, recurres a la química en forma de medicamentos, tan fáciles, ¡menudas las ganas que tienes de liarte a puñetazos recién levantao! Pues nada, majo, dale más caña a tu hígado en lugar de al del saco. Tooonto.

Hoy no ha habido mucha necesidad, nadie más que yo tendría que aguantarme, y duchándome he recordado que me había tomado un ibuprofeno a eso de las seis, cuando me levanté a por agua con la boca más seca que el ojo de un tuerto, "¡hostiaaa!", pirula pá dentro y medio litro largo de la botella de agua mineral que se ha venido a la cama conmigo en previsión de necesidad posterior, como así ha sido. Es curioso, como si el alcohol evaporara tu agua, como si le prendieras fuego a tus órganos para que hirvieran las tres cuartas partes de lo que estás hecho, hasta dejarte seco: beber para secarte.

Una ducha no hace milagros, pero tampoco males, y menos sí la acabas con agua fría, la suficiente para hacerte cantar, berrear, yo emito gritos salvajes, uno muy especialmente, uno de una película que vi siendo un niño, no recuerdo su título, era algo así como "¡¡¡OUUUU, OUUUU...WAKA, WAKAAAAA!!!", "mala noche tuvo el vecino, Pepe", "anda, déjalo, mejor eso que oír el puto saco, que parece como si se nos fuera a caer la casa encima" Ya estaba mejor cuando me miré en el espejo, tanto que decidí afeitarme. No, yo no soy de barbas.

Hice un desayuno ligero y salí a pasear un rato.

Y entonces la vi.

Estaba sentada donde los últimos tres o cuatro días, en el suelo, a la salida del súper que comparte muros con mi edificio, cruzadas las piernas y sujetando un chisme de plástico para recoger las limosnas. Es una chica joven, de grandes ojos claros, pelo rubio y sucio recogido en una coleta, piel muy blanca, delgada, labios finos en boca grande, nariz pequeña, se la ve alta aunque esté sentada, todavía no la he visto de pie, "mecagoenlaputa..." Miré en mis bolsillos, aparté el euro del pan y agarré la calderilla, sesenta o setenta céntimos. Regresé los siete u ocho pasos y sin quitarme los auriculares los solté en su limosnera, "toma", ni la miré y me fui.

Siempre he sentido compasión por la gente que sufre, puede que sea una proyección mía al ver en los demás mis penas o temores, no lo sé, pero así es. Si estoy normal el sentimiento no lo es tanto, está ahí pero como que es más llevadero, pero estando desequilibrao la cosa es diferente, se potencia, tanto por arriba como por abajo, y siento un odio indecible hacía quien parece tenerlo todo y algo parecido al amor cuando veo a los que apenas tienen nada o lo tienen mal, como los tarados o los retrasados. Tan tocado me ha dejado la chiquilla que sólo las hormigas me la han quitado del pensamiento, había auténticas riadas de ellas por las afueras, jugándose la vida a pecho descubierto, iba andando como si lo hiciera por un campo de minas. Y a tanto ha llegado la cosa que poco me ha faltado para recoger a las que caminaban por la carretera cuando la he cruzado para alejarme un poco más de la gente. "Van a morir aplastadas. Ya" He pasado a los wateres del cementerio, al de los minusválidos, suele estar más limpio, y mientras meaba he decidido volverme a casa. "Quizá esté allí todavía"

De vuelta he ido pensando en prepararle un bocadillo, o comprarle algo, una torta de chocolate de esas que hace la panadera, tan ricas, pero después de mucho dudar he creído que lo mejor era lo primero, así que he añadido un bollo a mi barra de todos los días. Y pensando en qué rellenarlo he llegado a casa.

Sí, todavía estaba allí, pero ella no me ha visto más que las espaldas. No así un grandísimo hijoputa que salía del súper comiéndose un trozo de pan, uno que conozco de toda la vida, otro, un tío con aspecto de haberlo tenido todo en su momento, de seguir teniéndolo, con esa cara de satisfacción que sólo tienen los que viven como si nadie supiera más que ellos. Ha pasado delante de ella como si nadie tuviera su culo sentado sobre los chicles secos que motean la sucia acera tal que las verrugas de los viejos. Y yo me he cagado en su puta madre.

Al final se lo he hecho de jamón y queso, era tremendo, un bollo que era más de media barra, lo he envuelto en papel de aluminio, he cogido una gran naranja del frigo, un plátano y una botellita de agua del grifo mientras me hacía películas ridículas, a veces soy muy peliculero.

- "Toma, para ti" le he dicho intentando no mirarla a los ojos
- "Muchas gracias" ha respondido como si fuera española. Las rumanas lo hablan casi perfecto, pero se enseñan con las cés.

Y he tenido que mirarla a los ojos, a esos grandes ojos claros, ha sido cosa de un segundo, "no puedes...no puedes estar así..." he terminado por decirle casi de espaldas, aunque me ha dado tiempo para ver en su rostro una mueca que intentaba ser sonrisa, no ha dicho nada, ha sido tan triste...

¿Porqué tiene que estar tirada por las calles una chica así? ¿estará loca? ¿no sabe que sólo le espera lo malo? ¿qué es esto, coño?

He pasado la tarde perreando, fumando de más para lo que tenía que haber fumado, y a eso de las ocho, después de un pegaíllo y viendo que el sol ya se había ido, me he determinado en salir un ratito, estaba abotargao, pero antes me he fumado un pito mientras leía cosas en la Red. Y he visto algo que me ha llamado la atención.

Una actriz porno, Aurora Snow, ha publicado una carta en la que se dirige al hijo que llevará dentro hasta diciembre, "para cuando seas mayor" rezaba el encabezamiento, y no he leído mucho más, me ha bastado con eso, "¿y para qué coño la publicas, so zorra?"

La chica de los grandes ojos claros ya no estaba cuando he salido a la noche, mejor, pero me he acordado de ella cuando iba pensando en esta otra, en esta tía tan egoísta que es capaz de hacer algo así escudándose en el hijo que aún no ha parido, porque si de verdad quieres hacer un bien no lo pregonas, eso se sabe desde los tiempos de Cristo, y si de verdad estás arrepentida por haber logrado lo que has logrado de la forma en la que lo has hecho no necesitas hacerlo más llevadero de esa manera. La comodidad, la jodida comodidad...Pero te espera buena, guapa, porque a pesar de todos los intentos para voltear todas las cosas hasta las putas saben que son unas putas. Y más que ninguna quien no lo hace por necesidad, sino por vicio. A ti no te hacía ninguna falta, sólo que querías más de todo y ese era el camino más fácil para conseguirlo. Has ganado mucho dinero, eres famosa e incluso respetada y puede que admirada por muchos de los estúpidos que pueblan este puto mundo, pero ahora te toca ser madre: y algún día tu hijo sabrá la verdad. Y te da miedo porque ahora te das cuenta de tu error. ¡Y qué no darías por borrar tu pasado, como otras tantas, como la que será nuestra primera si el Preparao llega a trabajar algún día...! Pero esta fue de las listas y tú de las tontas: de las que se dejan usar como un cacho de carne con ojos por unas cuantas monedas de más. Y encima, grabándolas, que da más. La balanza acaba volviendo a su nivel. Aunque sea de golpe y en el último minuto.

La vida, la verdadera, no es como la cuentan los de la tele.

La vida, la verdadera, está escrita a fuego en nuestros genes.

Y a nadie le gusta ver a su madre comiendo pollas mientras la petan por delante y por detrás.

Así que, mona, menuda te espera. Y lo sabes.

Y ya te digo yo que has empezado mal, Blancanievex.

El mundo seguirá siendo como siempre cuando tu hijo descubra el alias de mamá.

Porque esa es una de las cosas que nunca cambiarán.

Y si te miras bien, ni tú misma querrías que fuera de otra manera.

O puede que ya estés tan podrida como para desear que fuera diferente.

Pero va a ser que no.

Y la chica más guapa de hoy no eres tú.


NO ESTÁ TAN MAL




Alguien le preguntó a Dean Martin, insigne bebedor, por su método anti-resacas, cuestión tan manida como la de endurecer el nabo, que no parece sino que solucionando esos dos problemillas este mundo sería el paraíso, al menos para los hombres, y Dean (hay nombres mejores que sus apellidos) respondió:

"Permanezca borracho"

Hoy estreno vacaciones, no muy largas, o sí, según se mire. Cuando uno está acostumbrado a trabajar para sí y los suyos es como si estuviera haciendo algo mal, tanta es la obsesión, y esto lo dice uno que estuvo seis años sin descansar un sólo día; claro que entonces era más joven y me tomaba el asunto de una forma quijotesca, esa es la palabra y no otra. Imbuído por las historias de los viejos tiempos que oía a unos y a otros di en entregarme en cuerpo y alma a la causa, tan torcida en aquellos años, y sí, las cosas cambiaron poco a poco a base de mucha brega y tragamientos de orgullo, algo difícil en un chaval de veinte años, pero yo...yo quería ver aquellos tiempos tan escuchados. Y de esa manera, luchando contra molinos de viento a hombros de enanos disfrazados de gigantes, pasé aquellos años. Luego acabó como acabó, pero no me arrepiento. Es más, me siento orgulloso. No hay como comérselo cuando puedes soltarlo como un pollo sin cabeza, para que una vez hecha la digestión cagues una estupenda mierda.

Regresé a casa a eso de la una, técnicamente todavía no había comenzado mi período de descanso, al menos el de los últimos diez días, que la cosa ha sido escalonada, no puede ser de otra forma, somos autónomos, de esos que se caen si no dan pedales, y además sin pócimas milagrosas ni filetes de Irún, a pelo, así que de uno en uno y del menor al mayor, que uno siempre ha tenido muy en cuenta la primogenitura para ciertas cosas. Saqué del frigo la pipirrana que había preparado una hora antes y me la comí acompañada de un colón, un gran vaso de vino tinto y un solomillo que ayer le compré a una amiga. Y a dormir la siesta sin teléfono ni reloj.

Suele decirse que puedes engañar a cualquiera menos a tu cuerpo, y ahora que lo digo veo que no se lo he oído a nadie, al menos de esa manera, pero eso tampoco significa que sea nuevo, el desconocimiento de la Ley...En fin, que me he despertado a eso de las tres veinte, bien empalmao, y poco después he oído el cri-cri del teléfono en el salón, antes sonaba el "Sway" de los Stones, su primer minuto, pero no sé qué coño hice. "Ahora sí..." Semáforo en verde y pollazo al colchón: es como los toros bravos, se crece ante el castigo.

El espejo me devolvió una barba de tres días, hubiera tocado ayer pero era el de descanso, así que me ha chocado un tanto, más aún cuando no habían pasado veinticuatro horas (también soy mu mirao con las reiteraciones evitables) desde que me cortaron el pelo, fue muy curioso, sintomático:

Salí a andar a eso de las cinco, y viendo a un gitanillo me acordé que ya iba teniendo mucho pelo, es decir, del que me queda fuera de mis entradas, entradones, cortesía de la dermatitis seborreica que vino a mi en aquellos años quijotescos, cosas del stress, aunque como me dijo mi tía la semana pesada "y da gracias que se quedó ahí...", esta mañana he ido a verla y no estaba, le había comprado un Mortadelo y FILEMÓN, "¿cuatro euros?" le he dicho al sieso del colón, por ese precio casi tenías un Super-Humor hace treinta años, y ahora es una historia, Londres 2012, aunque puede que fuera London...Le he echado un vistazo mientras cagaba y me ha parecido la típica mierda que Ibáñez lleva execrando desde mediados de los ochenta. Lo he dejado sobre su cama después de llamar a mi padre y enterarme de que estarían haciéndole las últimas pruebas antes de mandarla a casa. Bendito sea Dios.

Pero a lo que iba, que empecé por ayer y me he vuelto a hoy en el mismo párrafo...

- "Peluquería Pepe, dígame"
- "Hola, Pepe, soy Kufisto..."
- "¡Ah, Kufis...dime!"
- "¿Cuando me paso?"
- "Vamos a veeeerr...¿dentro de una hora te viene bien?"

¡Coño!

- "Pues sí...claro"

Hace unos años te daba fecha para tres días, como mínimo, y eso siendo yo, pero ya la últimas veces me lo ha ido dando para el siguiente, aunque no habíamos llegado a esto, no...Pero sigue cobrando lo mismo: once euros. Volví a casa a por pasta e hice el cálculo del trayecto para llegar a tiempo, "sí, por ahí", el cielo estaba muy negro, "aguantará", no aguantó y llegué casi un cuarto de hora antes y a la carrera, de árbol en árbol, y no son tantos. Agarré un Muy Interesante y lo abrí como si fuera el código ético de Vasile.

No estaba del todo mal, mucha fotografía y poca letra, pero había un especial sobre los mejores guerreros y me lo leí entero, soy rápido, tanto que me dio tiempo a ver el consejo de comer granadas para la buena salud de la polla.

Un peluquero tiene que hablar, es normal, no por nada baila unas tijeras alrededor de tu cuello, y eso es un tanto amenazante, que Agamenón sólo ha habido uno, el de Estevill, precisamente ayer le di un vistazo y caí en la que se hace peluquero..."Porque esto, y esto, y tal..." sí, ah, eh...yo estaba con el Muy Interesante.

Granadas buenas, vale..."¿Oye, así que te has casao, no?", "¡Sí, estuvimos de despedida en tu bar, te lo estoy diciendo!", "¡Ah!" Me contó que se fueron a Thailandia, dejaron a sus dos hijas con los abuelos, no sé de quién, esto es un sindiós, a la previa la vi bailar sobre mi barra, un zorrón desorejao, más fin...Pero esta es una buena mujer. Supongo.

¿Thailandia?...pero si eso es...no sé...como hacerte una paja donde dan los Oscars.

Todavía llovía cuando acabó, demasiado, así que me esperé un poco mientras rapaba a otro pardillo por ¡once! euros, con un par, como si llovieran thailandias...Sino fuera porque la cabeza es una cosa de mucha confianza...

Salí de allí en cuanto vi que las nubes parecían sacudírsela, pero no fue tanto como para obligarme a parar un par de minutos después, a veces pasa, acordaos de Lee Strasberg en "El Padrino", serían nubes viejas, como esponjas: es cuestión del viento que te estruje.

Caía la de Dios cuando hice lo mismo en una frutería cercana a mi casa, "¿y si...?", abrí la puerta, me conocen, había un viejo comprando y otra esperando, "¿tienes granadas?", "no...ñana", "vale"

- "¿Te han venido ya?"
- "No..."
- "Adiós"

Y esta mañana he ido al moro de la esquina.

- "¿Tienes granadas?"
- "wsdrer"
- "¿Qué?" iba escuchando el entierro de Sigfrido
- "¿De mano?"
- "¡¿Quéeee?!"
- "Jajaja...¡claro que sí, señor! allí, al fondo"

Me fui al fondo, no las veía, de hecho no sabía ni como coño eran...

- "¿Las ves?"
- "¡No, joder!" me he sentido como cuando hace 25 años íbamos a pillar una peli porno.
- "¡AHÍ, AHÍ...DELANTE!"
- "Ah, sí...joder"

Exprimí dos, "¿un poco de miel?", le he echado un sorbo, no sabía muy mal, p´adentro. Y al hospital con el Mortadelo y FILEMÓN. En la bolsa de las granadas.

Regresando al espejo de la barba (que ya va siendo hora) decidí no afeitarme en todos los días que me quedan, además que tengo un poco de eccema y tal, nada raro después del palizón del fin de semana, que me cago en dios, que esto es como Rambo, que los autónomos sólo queremos que nuestro país nos quiera tanto como nosotros lo queremos a él, aunque sólo sea para que nos deje tranquilos, coño.

Fui a por un par de copias del Atom Heart Mother, dejé una en el bar y admiré el flequillo de mi hermano. Derrotado, regresé a casa y pillé un libro que encontré ayer mientras buscaba una caja con la que jugara mi gato, una de Villamassa, chiquitita, en la que dormían el sueño eterno dos pelis porno y dos cajas de condones, "¿y esto qué coño es?", creo que tendrán ocho años ambas dos, medio más que mi gato, "anda con dios..." He tirado las pelis a la basura y he dejado los condones encima del Cossío. Y es que vi un tanto triste a mi gato, y dicen que les gustan las cajas de cartón, hay vídeos muy graciosos en Youtube, pero este cabrón...Ná.

Me tumbé en el sofá y miré el chisme que soporta las cortinas, el sol estaba avisándome que se iba, so cabrón, que ya van dos días y te muestras cuando te vas...Y entonces recordé que aparte de porno y condones había un libro en aquella caja, una especie de homenaje a Lovecraft, una recopilación de historias de diferentes autores modernos que homenajeaban al maestro, que ya ves tú lo que alguien así puede gustar a alguien como yo, pero así es, será que me duerme, aunque aquella historia del brujo no estaba nada mal, de hecho me compré por Internet el primer volumen de sus obras completas y...efectivamente, estaba en el segundo. Esa fue mi primera y última compra a través de la Red.

El libro tiene una portada fantástica, quiero decir que es muy buena, creo que por ella he escrito todo esto, porque malditas las ganas que tenía, no sé, estoy como cansado de esta mierda que me cuesta puros, alcohol y resacas. Habíalo (jódete, corrector) leído casi entero cuando lo compré, salvo la última historia, la más larga, y viendo que no había nada mejor he dado en acabarlo unos cuantos años después.

Y era la buena: 24 vistas del Monte Fuji por Hokusai.

Terminé de leer lo de Zelezny casi cuando acababan las Variaciones Goldberg. Y me vine abajo: "Yo no puedo escribir algo así. No tengo imaginación alguna"

No. Ninguna.

Abrí una botella de vino. Y media de whisky. Y dos puros.

Y en fin...esto es lo que hay. Tampoco puedo ser Dean Martin, volveré a certificarlo mañana.

Y ahora me voy a dar una vuelta. O dos.

Que estoy de vacaciones.