"Oh, Dios...¡si es que tenía que ser así!", me digo nada más verlo salir del 24 horas, andando como si estuviera en el agua, camino de su todoterreno que está aparcado en mi sitio. Es plaza única, está pegada al paso de cebra y a la salida de un bloque de pisos. ¿Por qué tiene encendidas las luces de emergencia? Está bien aparcado, seguro que está comprando, espera...Siempre aparco ahí cuando a esa hora voy a comprar allí; siempre está libre. Diez segundos después, si llegan, la realidad verifica mi suposición. Se sube y cierra la puerta como si tuviera la edad que aparenta, acciono el intermitente derecho y me incorporo a la circulación, apenas diez metros; enseguida me echo a la derecha, justo detrás de él, está esperando que tiren los dos que tiene delante, me pego bien y me acuerdo de Zodiac. Tira y entro en mi sitio. ¿Por qué hay tanto tráfico? Y es que diez metros cuentan lo suyo si eres de pecho débil y acabas de darte cuenta del de sí que dan diez días, sólo diez. La última vez todavía podía ir sin luces Ya no. Y tampoco es muy recomendable apearse diez metros más allá: recuerda tu pecho. Los peores resfriados se agarran cuando no hace ni frío ni calor, cuando todo te sobra tanto como te falta.
"Es la primera prueba superada" le digo al padre que mira a su hijo trasteando fuera del carricoche, "sí...", es de los que se creen muy listos, va en su oficio, sé que me tiene por menos de lo que soy, puede que tenga razón, pero veo que se queda con la idea, no por nada soy todo un literato, decimonónico, por lo menos, pero de letras puras. Ellas sí. Poco después la madre nos dice que se ha cagado, "segunda prueba a superar" sentencio, estoy apurando mi segundo gintonic, ríen, "¡y las que nos quedan a nosotros!" replica la madre, una mujer que nació para serlo aunque ha estado a punto de pasársele el arroz...Estoy que lo tiro. A veces soy ingenioso; monotemático, pero con chispa. Va en el oficio. "Llévatelo -dice el padre- yo me quedo con estos chicos tan agradables, tan conversadores..." acaba de llegar mi hermano para relevarme. Son amigos. "Un café" escribo en el papel de las cuentas bajo su apodo, que es el nuestro. Y dos vasos de agua, pero eso no cuenta. Y eso que están de fiesta...
Estoy mirando cosas en el ordenador, cosas mías, ya está yéndoseme de la cabeza el borracho de afuera, un tipo despreciable que pasa a devolverme su cerveza de 1´43 cuando eran dos, acabo de cobrarle a su amigo que llegó después acompañado por su novia, o su puta, esta gente jamás conocerá a la mujer, esta gente sólo conoce lo que quiere.
- "Dos Ballantine´s con agua"
Es un hijoputa. Me fijo y veo que se sientan con el borracho.
- "Tu amigo me ha dejado a deber cincuenta céntimos" le digo.
- "No te preocupes, ahora te los pago"
Nos conocemos. Salgo y le pongo sus dos copas. Ella parece lo que me imaginaba.
- "¿Qué te debo?"
- "Ocho con cincuenta"
- "¿Le has dicho que te debo cincuenta céntimos?" me dice el borracho.
- "Sí"
- "Son cincuenta y siete, que te di cuarenta y tres"
- "Ya"
- "Eso no está bien"
- "Lo que no está bien es pedir como si tuvieras"
- "¡¿Cómo?!"
- "Eso"
Paso para dentro y apuro mi primer gintonic.
Cero coma después entra él y deja su cerveza sobre la barra.
- "Toma, muchachito, no la quiero"
- "No te equivoques..."
Estoy fumando en la puerta, mediando el primero junto a un amigo, hablando de ajedrez y de la muerte, y de la vida, y de la enfermedad y del Alzheimer, también de Raskólnikov, sí...es profesor y es inteligente: "el otro día se murió nuestra vecina, 73 años, de un día para otro, no nos lo podíamos creer" Él ya corre casi los cincuenta aunque aparenta menos que yo, tiene miedo, se ha quitado de fumar, lleva la muerte joven en los genes, está con una tía brava, valiente, más roja que un vómito de sangre, más que él, "yo no podría estar con un hombre de derechas, Kufisto" me dijo una vez que estábamos de borrachera, nosotros, claro, las chicas listas controlan...Pero me quedé con la forma que dijo hombre. Era lo que me faltaba para verla. Las orejas, amigo, las orejas...
Veo llegar al borracho. Se pone a nuestro lado y se equivoca al preguntar:
- "Hola, ¿eres tú el camarero?"
- "No, soy yo"
- "Pues vamos para dentro"
En diez días se va mucha luz, ¡no vas a irte tú! Pasamos y mi amigo se quita del medio.
- "Dime"
- "Una cerveza" dice mirando por lo bajo.
Voy a coger una copa del congelador y me dice que no, que mejor un tercio "frío".
- "¿De la Mahou?"
- "Vale"
No lo están mucho, los habrá cargado mi hermano pequeño esta mañana.
- "Mira a ver" le digo. Lo palpa y dice que sí. Retiro la copa y cuando estoy a punto de regresarla me dice que se la dé.
- "¿Qué te debo?" dice extendiendo el puño cerrado antes de oírme.
- "Dos euros" Vuelca su mano sobre la mía y veo que faltan. "En fin; bébetela"
Le da un trago de mujer y me siento delante del ordenador.
- "¿Tienes un pincho?"
- "No pretenderás que te dé uno, ¿verdad?" Y se sale a la terraza sin decir nada.
"Mira -le digo a mi compadre mientras hablamos del caluroso octubre-, las cosas no son de un día para otro, la vida no es así...La gente está como si viviera en un thriller donde todo pasa en dos horas...y no. Ahora mismo estamos con qué calor, esto no es normal y tal...Pues no sé, yo llevo toda la puta vida trabajando en esto y siempre hemos sacado la terraza en la mañana de los Santos, esto es la Mancha, granaíno...Lo que pasa es que no nos acordamos, que vamos perdiendo la memoria como tú mismo acabas de decir, sí...¿Que hace veinte, treinta años llegaba septiembre y tenías que ponerte el abrigo? sí, pero más por las madres que por ninguna otra cosa...éramos pequeños, yo más que tú, y tú estabas más abajo, casi en la sartén, y ahora estás aquí, sí...Yo...yo me acuerdo de la lluvia de septiembre, de su segunda quincena, poco después de volver al colegio, sí...yo tenía un anorak, uno azul con ribetes amarillos...me lo robaron, ¿sabes?, nunca lo olvidaré, ¡y lo mejor de todo es que poco después supimos quien fue!, pero nada podíamos hacer...nada que valiera un puto abrigo. Me compraron otro del que no me acuerdo. las cosas valen cuando las pierdes, amigo mío...Octubre es como es, la última semana del año pasado hizo un frío de tres pares de cojones, me acuerdo bien...luego llegaron los muertos...y respetaron su mañana, siempre lo hacen, es curioso...Creo que te voy a acompañar por lo bien que he hablao, jajaja...sólo uno, un gintonic, sin limón ni ná, sólo hielo, que esté frío...¿te acuerdas de lo que acabamos de hablar, de lo de quien se intenta convencer es porque no está convencido...? No tengo remedio, jajaja..."
Hablo con mis amigos y me preguntan por las vacaciones, ya casi ni se sorprenden de que no me haya ido de aquí, al menos tanto como fuerza hago yo para justificarme, me da igual, o casi, todavía me falta un poco. Me chispé el primer día y lo único que me llevé fue un resfriao, luego había que recuperarse, sí...es más fácil si no tienes que trabajar, claro, pero bueno...en fin...Me curé a mi manera y volví a ponerme malo a mi manera, y todo sin montar mi manera, la única que me da la vida, pero...pero yo soy así. Hasta hoy, hasta esta mañana.
- "¿Qué haces aquí?" le digo a mi hermano pequeño.
- "Ná...esperando a la Susi..."
- "¿Y eso?"
- "Unos análisis y tal..."
Sale riendo, me da dos besos y me pregunta por las vacaciones. Y nos subimos en el coche.
Y al bajarme en la esquina de mi casa no encuentro a la avispa que subió conmigo.
La chica de los grandes ojos claros me ve llegar tanto como yo estoy viéndola venir y me sonríe.
- "Toma"
- "¿Pero no empezaba hoy a trabajar?" Se lo dije ayer.
- "Sí, dentro de un rato" Y ese usted me suena a algo.
Dos horas después salgo de la cochera, con cuidado, pitando, así me enseñaron en la auto-escuela, un maestro más rojo que un vómito de tuberculosa, sí...Miro a la izquierda tal como mandan los cánones y veo que me mira. Saco la mano sonriendo y ella me sonríe desde el suelo.
Llego donde empecé
- "Hola, buenas noches"
- "Hola"
Una barra de pan, sí, apenas he comido hoy...
- "Una barra"
- "¿Más hecha o menos hecha?"
- "En la mitad"
¿Y una litrona?
- "Y un litro de cerveza"
- "¿Cuanto?"
- "Tanto"
- "Espera...dame una botella de Johnnie Walker"
- "¿Etiqueta roja?"
- "Claro"
Arranco el coche. Cuanto tráfico. ¡Qué coño pasa hoy! Tengo que escribir más. Sí...¡¡¡LOS PUROS!!!, oh, Dios...Hace cuatro días juré olvidarme de ellos, y del otro también, y de la otra...
- "¿Cuanto?"
- "Nueve euros"
Por ese precio me pillo veinte de los míos, y sólo vienen siete, pero ya es tarde, ya es de noche, ya todo está cerrado y he tenido que aparcar en cualquier esquina, sí...aunque he vuelto por otro lado.
Y justo al llegar a casa me doy cuenta del día que es cuando veo a reventar el super-mercado. ¡Doce de Octubre, Kufisto!
Lo peor, siempre, es la previa.
Que se lo digan a Raskólnikov.
¿Pero sabéis qué? A mi, ahora, el que me gusta es Svidrigáilov.
Escrito con la inestimable ayuda de mi gran amigo, PRIEDE.






