martes, 17 de julio de 2012

OJALÁ Y TODOS FUERAN COMO ZOIDBERG



Acabo de cenarme dos huevos que no sé...se descascarillaron un tanto cuando los compré hace una semana, fue cosa mía, no venían así, soy de los que miran y remiran todo lo que compran en las grandes superficies, no me fío un pelo, pero es que estaba meándome vivo y dejé la bolsa de cualquier forma, no me acordé de los huevos...

Ha muerto Jon Lord, el teclista de los Purple, 71, cáncer de páncreas, como la Jurado, y es que los de las vísceras son temibles, casi definitivos; el tipo ese, el Jobs, creo que también la diñó por uno de esos, pero él nunca logró que nos creyéramos unas estrellas del rock en la habitación.

Claro que nadie se pedía a Lord, todos queríamos ser Blackmore, si acaso Paice, puede que Gillan, incluso Glover...pero Lord era el que no le quedaba otra: pillaba el tecladete de la comunión y hacía como que tocaba el "Perfect strangers". Eran unas performances cojonudas. O al menos nos lo parecían. Éramos colegas.

Estuvimos a punto de verlos en el 87 u 88, en Madrid, en el estadio del Rayo creo recordar...pero al final no sé qué pasó que lo suspendieron, tal vez poca venta de entradas, por entonces todo el mundo estaba colgado de los putos U2 y su Joshua tree, y los Purple eran considerados poco menos que dinosaurios, pero a nosotros nos gustó aquel LP, el "Perfect Strangers", tenía buenos temas, y a fin de cuantas eran la banda de cabecera de nuestro tío el rockero, el que nos pasaba el material, intentó metérnoslo a martillazos, pero preferíamos algo más duro, más moderno, algo como Maiden o Metallica, aunque también le dábamos lo suyo a aquel clásico eterno, el "Made in Japan", y de ahí a los demás...sí, la verdad es que los escuchamos bastante.

Setenta y uno no son muchos años, al menos según los estadísticos, esos pedazos de atún, pero tampoco son pocos. Veintiséis menos tenía mi amigo Enrique, os hable de él hace algún tiempo, al que le cortaron el pescuezo por un tumor, el mudo, con lo que él era...lo enterramos hará un par de semanas. Bueno, lo enterraron, yo no fui, tenía que trabajar, aunque no creo que hubiera ido, siento que sobro en esos momentos, al menos es lo que a mi me pasó cuando enterramos a nuestra tía, la mujer del rockero, 49 años tenía, también os escribí de ella, una de las personas más dulces y buenas que he conocido, también un cáncer, de pulmón, de vísceras...no por esperada dejó de ser menos dolorosa.

La última vez que la vi estaba borracho, tenía el turno de mañana que acababa a las cuatro de la tarde; mi vieja, su hermana mayor, me había llamado a mediodía para decirme que fuera verla a su casa, que le quedaba poco...recuerdo que se me puso un nudo en el estómago.

Y eso que durante el tiempo que estuvo en el hospital, dos o tres veces, no fallé ni un día, cinco minutos, no más, me muero en esos sitios, en serio, pero eran suficientes para verla a ella y su sonrisa, era una mujer tan delicadamente hermosa...Poe le hubiera escrito un cuento.

Pero ahí todavía había esperanza. Sí, la cosa estaba jodida, su médico, el mismo que en aquellos meses se enamoró de ella, no se cortó en decírnoslo, pero no podía ser tanto sufrimiento para una mujer que no había merecido más que besos y no se llevó más que hostias, no era JUSTO, iba a salir de esa, TENÍA que salir de esa...hasta que la mandaron a morir a su casa: no había solución. Era cuestión de semanas sin mes. Y yo no había podido ir a verla.

Total, que me bebí cinco o seis cubalibres en media hora, pillé unos dulces que alguien me había dado aquella mañana, cinco tercios de cerveza, y me fui para su casa.

Llamé a la puerta y me abrieron una vez que me vieron, "sube, Kufisto" me dijo su hija pequeña. Y subí.

Estaban en una pequeña habitación, los cuatro: mi tío el rockero, sus dos hijas, y ella sentada en la cama, supongo que se incorporó cuando le dijeron que era yo, las madres hablan con sus hermanas...le dí dos besos y me senté junto a ella, los otros estaban de pie, "he traído unos dulces...¿quieres?...", ella me dijo que no con una sonrisa, "seré gilipollas...", nadie quería comer, todos parecían tranquilos, muy emocionados, pero tranquilos, aquello era tan extraño...

Abrí una cerveza, le dije cosas, nos acariciamos, la besé, hablamos de algo, no recuerdo qué, como si no fuera a morirse mañana, o pasado, o al otro...nadie quería beber, nadie quería comer, nadie menos yo, comí y bebí por los cinco, me corté de fumar...estoy casi convencido de que le hablé de su primogénito, el que se le murió entre sus brazos aquella mañana, al recogerlo del colegio...sí, algo dije, recuerdo que su hija mayor se puso a llorar, ella solo me sonreía y me acariciaba la cara...

Murió y la enterramos con su hijo. No lloré. Yo no lloro.

Pero unos días después, quizá semanas, al principio de aquel otoño, mientras paseaba mi rutina solitaria cerca de su casa, con el cielo bajo y nublado hasta la asfixia, rompí a llorar tras mi gafas de sol, y paré mis pies y me quité las gafas, y me llevé la mano a la cabeza, y por más que intentaba parar, por más que secaba mis ojos, por más que intentaba calmarme, no podía, y tuve que sentarme en el suelo, y entonces vi que al sol no le quedaba mucho, y recordé aquella vez, poco antes de empezar su martirio, cuando por una tonta casualidad la vi sentada mirando como se ponía el sol, su marido detrás, de pie, cabizbajo...

Y no dejé de llorar hasta que de aquel solo quedó su luz.


Un poquito de "Hush" para el maldito Cangrejo...y pensar que soy de su último día...aunque algunos horóscopos me llaman Leo, ¡qué lío, coño!...pero no, soy un jodido Cáncer del Último Día:











lunes, 16 de julio de 2012

EL RELOJ ATÓMICO



La primera vez que lo vi en acción me asusté.

Eran las tres de la mañana de un viernes cualquiera, acababa de echar la llave y me disponía a terminar de recoger cuando, no sé porqué, le eché una mirada y lo vi correr hacia delante como el Urdanga tras la pasta,  "¡hostia...!", era como en aquellas viejas películas de viajes en el tiempo, miré la tele, seguían pasando a su velocidad normal la de una poseída, me dio un mal rollo que te jiñas vivo, el reloj seguía su loco viaje...hasta que dio una vuelta completa y se paró en las doce en punto. "¿Qué pasa ahora?". Volví a mirar mi reloj. Eran las tres y cinco. Apagué la televisión. Silencio. No oía ni las cámaras frigoríficas. Las agujas del reloj diabólico seguían fijas en las doce, como esperando a alguien. O algo...no le perdí de vista, no dejé la escoba a un lado...tensión...

Hasta que otra vez empezó su loco caminar, ganas tuve de pasar a la cocina por el cuchillo más grande, pero me quedé ahí, esperando, sin quitarle ojo, haciéndole frente...y a las tres y diez recuperó su ritmo normal. Volví a mirar mi reloj: las tres y doce. Todo medio en orden. Fregué entre continuas miradas al Reloj de la Pared y me fui a casa.

La tarde del sábado vi al cliente que me lo había regalado unos días atrás, el mismo que junto a mi presenció el suicidio del anterior, porque eso es lo que fue: un suicidio. Sin nadie que lo tocara, ni terremoto mediante, se tiró de su asidero para escoñarse en mil pedazos, nos dio un susto de muerte el muy hijoputa. Y es que está visto que trabajar en un bar es duro hasta para los relojes.

- "Oye...¿qué clase de reloj me diste?". Y le conté lo de antes.

El tío se echó a reír.

- "Es el reloj ATÓMICO..."

Por lo visto, y como he comprobado todas las noches que llego hasta la tres, al llegar esa hora recibe una señal de satélite que lo reprograma, corrigiendo las posibles y mínimas desviaciones que hayan podido producirse durante el día. Eso era todo: bajo su vulgar apariencia esconde un mecanismo que lo conecta con las estrellas. O casi.

Desde entonces es una broma habitual de viernes y sábados, "¡mecagoenlaputa! ¿qué le pasa al reloj?" le digo a alguien que va como Dios manda a esas horas, si vierais sus caras...

He tenido una semana laboral (vital, a fin de cuentas) de cágate lorito...no ha habido día en el que no haya habido algún problema con algún borracho o borracha, cosas de poco la mayoría, pero que te queman como una cerilla entre los dedos. Aunque el martes hubo una movida que pudo acabar como el rosario de la Aurora y lo que venga después...

Un mostrenco tamaño dos por dos de un pueblo cercano, estaba celebrando no se qué historia, a media tarde apareció con dos puretas, familiares suyos, estos iban bien y más o menos se controló, aunque respiré aliviado cuando le oí decir que se iba porque lo llamaba su madre, "¡dame un vaso de plástico!". Pero a la hora volvió a aparecer, solo. Y pasadísimo. Me pidió un cubata y pasó al water, "me la va a liar, me la va a liar...". Y las ocho y media de la tarde, cuando empieza a llegar la poca gente que osa salir de bares en estos días...quité de la barra todo lo que pudiera haber de lanzable, apagué el aire acondicionado y abrí las puertas.

Estuvo en el cagadero como unos diez minutos, "ojalá le haya dado un infarto" pensé. Pero no. Salió.

- "¿TE HE PAGAO?
- "No"
- "¿NO TE HA PAGAO ELLA?"

Había entrado solo.

- "No"

Me soltó un billete de 20, hecho un rulo, mirándome sin parar de moverse, tambaleándose

- "LLEVA COCA"

Le di el cambio y salió afuera, a la terraza, en la mesa de al lado a unos amigos míos, dos de ellos tipos duros, fuertes, pero es que había que ver a esa mala bestia.

Milagrosamente no pasó nada, se marchó un rato después, con el vaso, claro, tampoco salí tras él para pedírselo... pero le faltó el pelo de un calvo; un tío así, de esa forma, es una bomba con la espoleta activada, dispuesta a estallar en cualquier momento. Y generalmente terminan haciéndolo en los sitios donde hay botellas de colores.

Esta tarde he padecido a un cansino ejemplar, de catón, de esos que se cuelgan de cualquiera para darles la tabarra, reglamentariamente borracho, ¡cómo no!, pero no era de los peligrosos, lo he ignorado y se lo ha hecho con un chaval, un atleta que no sabe de la misa la media y que había salido a tomarse tranquilamente su gintonic dominical mientras lee el As, pero a veces el exceso de educación es malo para la salud, y en lugar de pasar de él o mandarlo a tomar por culo no se le ha ocurrido otra cosa que darle la razón a un comentario estúpido del otro...la perdición: se lo ha fumado durante quince minutos, hasta que no le ha quedado otra que marcharse por ser educado con quien no lo merece.

Al quedarme solo he mirado el reloj atómico y he pensado que hay horas, días, semanas, que no me importaría su loco correr, pero no solo verlo a él, sino al resto: todo a toda hostia.

La vida sería más agradable si todos tuviéramos un reloj atómico metido en nuestras cabezas, un reloj que hiciera correr las horas como minutos con solo meterte el dedo corazón en la oreja derecha.

Y que pasara lo que tuviera que pasar.

Pero rápido.






viernes, 13 de julio de 2012

AZÚCAR MORENO




Hasta que empecé a trabajar en serio, a eso de los 20 años, fui un gran consumidor de Cultura, esa niñata consentida: lo leía todo, lo veía todo y lo escuchaba todo...todo lo que pudiera gustarme, claro.

Por daros un ejemplo extremo: me leí "Los hermanos Karamazov" en dos días; dos días en los que no hice otra cosa aparte de lo absolutamente imprescindible. Hasta tal punto era el asunto (perdón) que mi familia más directa, la única a fin de cuentas, estaba empezando a preocuparse seriamente, como si estuviera metido en la heroína o algo así, y es que no era ni medio normal que un chico de 16 años se comportara de esa forma...Supuestamente tenía que estar haciendo otras cosas, pero ya había hecho unas cuantas y no me habían convencido demasiado, no podía dejar de ser quien era a menos que me colocara, y os juro que no quería otra cosa más que no ser yo, pero cuando el personal empezó a tocar la coca me aparté, me dio miedo, y durante un par de años o tres hice lo que siempre me había gustado y continuaba haciendo cuando no estaba liándola por ahí: leer.

Había dejado de ¿estudiar? Una mañana me levanté y le dije a mi vieja que lo dejaba, ella me miró y no me dijo nada, la evaluación de Navidad había sido definitiva: cinco muy deficientes, un insuficiente y un notable en Literatura, la nota más alta de la clase, aunque esté feo decirlo. Estaba en COU, el último peldaño. Y allí me quedé.

Finalmente, y cuando mis padres estaban pensando si no me había pasado lo que al Quijote, mi viejo se puso serio: "Kufisto, tienes que hacer algo, no puedes seguir así, hay que TRABAJAR".

Y desde entonces, salvo una breve intentona en la Renfe de la que ya os hablé, no he hecho otra cosa más que TRABAJAR. De camarero.

Nunca me gustó...es decir, sí, al principio, cuando era un juego, aquellos veranos en la terraza, yo me sacaba mi pasta sin demasiado esfuerzo y cero preocupaciones y después me iba por ahí, con los pichaflojas de mis amigos, yo era todo un tío que trabajaba y manejaba, no como ellos que todavía andaban chupándole las polla a papá por 500 pesetas para colocarse. Aquello era un juego, aquello estaba bien.

Pero el juego se acababa: ni astronauta, ni estrella del rock, ni novelista precoz. Aparte de unos saltos en el Aquapark de Benidorm, unos guitarrazos tan sentidos como ridículos en la soledad atronadora de mi habitación, y alguna que otra deyección diferida sobre el papel, nada salió. Las estrellas estaban demasiado verdes, las cuerdas demasiado juntas, y el boli demasiado lejos de mi: no hay que leer cuando quieres escribir, tienes que haber leído a los buenos. Primera regla.

La gente, el pueblo, the people, habla mucho de la cultura, de lo bueno que es ser culto (palabra que odio con todas mis fuerzas)...dejadme deciros algo: ser culto no significa ser bueno. Y lo pongo en cursiva porque esa es una palabra que hoy por hoy no tiene significado. Y si se lo dan no es el mío.

El verano no es el invierno, largo y ventoso que decían con razón los moñas de los Beatles, el frío es viejo, y de viejos se calentaba el bar. Y yo los escuchaba. No quedaba otra.

Ahí estaba yo, todo un culto de cojones, un sabido, ya había leído a Cervantes, a Dostoyevski, a Goethe, a Quevedo, a Mortadelo y Filemón, había visto todo Kubrick, mucho Ford, Hitchcock, las películas de los inigualables Marx, el lamparillas de Chaplin, el buen Keaton, los infantiloides Gordo y Flaco, el gran Harold Lloyd, el pestoso cine francés, "El centro del mundo" se llamaba una, era el coño, claro, recuerdo a una tipa chupando la mitad de una naranja en el tren, el buen italiano de Fellini y de Sica, el español de Berlanga y Buñuel, a Eisenstein y su jodido acorazado, a los mudos alemanes y sus vampiros varios que se fueron de ajos cuando llegó Adolfito...incluso el Requiem de Mozart entre jevi, blues, Hendrix, The Cure y U2...era todo un cultazo. Un mierdón.


Entonces fue cuando de verdad me di cuenta que todo eso, todo lo que me gustaba, no valía nada en la vida real. Y no valía nada porque para nada servía. La cultura, la Gran Cultura, es para los que no tienen otra cosa que hacer, para los seres superiores, que diría Butragueño: la Cultura es el pito de después. Y antes está todo lo demás.

Una persona puede pasar toda su vida sin conocer las glorias muertas de otros y saber más que ellos de lo esencial, de lo impepinable, el gran Cervantes lo supo ver bien cuando dijo aquello de es que no como.


También yo dejé de comer aire, ni me quedaba ni quería tiempo para más, tenía pasta y tenía veinte años, y los ojos se estaban curando las cataratas de la eterna y peligrosísima adolescencia, quizá las más difíciles de extirpar en estos días en los que la verdad es una abuela con toquilla sentada en el sofá y viendo telecinco: la verdad es fea e inútil, pero es verdad. Hitler siempre estará a la vuelta de la esquina para las vacas. Y vaqueros.

Mi lejano oeste quedó más atrás que su nombre, desde entonces nada más que muy esporádicamente. Aparte del cabrón de Nietzsche lo único que realmente me ha llamado la atención en estos años fue Sócrates y su Banquete por Platón (suena como lo de Benengeli), películas no veo más que en el bar cuando llega el invierno y tienes tiempo hasta para resolver un problema ajedrecístico de Sam Lloyd, y música...eso sí, desde que me obligaron a renovar la piel es lo que más hago, mis paseos y mis cascos, Radio Clásica si es temprano y si no los Stones, Zeppelin, y poco más...

Cuando esta noche un buen amigo ha empezado a hablar de una serie de moda me he quedado como si ellos me escucharan hablar del Zaratustra, igual, "¿de qué coño estás hablando?" que dijo Torrance en su hotel...

Yo me quedé en doña Beija y su Antonio Sampaiao, el Enano Rojo y algo de Mulder y Scully.

Y sigo siendo el mismo.

Y ya me da igual.


Para mi hermano del alma, que parece estar viendo la luz:








miércoles, 11 de julio de 2012

LOS OTROS




Hoy he visto a un viejo meando en mitad de la calle.

Ya era de noche, estaba en la puerta fumándome un pito y echando un vistazo al percal cuando he mirado a la acera de enfrente, "¡coño!...¿está meando?", el tipo andaba sacudiéndosela, y poco después, al retomar su camino, me he confirmado que sí, que había echado una buena en plena Castellana de nuestro pueblo, sin duda, con un par, ahí estaba la marca, igual que los perros, le he visto subir calle arriba, no puedo aseguraros si iba borracho o era un loco, ni iba de lao a lao ni era de los que lo parecen, y entonces he pensado en escribir algo sobre él, sobre la situación, sobre lo que se nos viene encima, al estilo de tantos vendidos que malgastan su talento escribiendo lo que el píterchota de turno espera de ellos, pero he pensado que mejor no, mejor lo dejo pá luego, no es mi historia, no es mi rollo...si hay una razón por la que me pondría en nómina de una de esos sería para vomitar pedo perdido sobre las faldas de su mujer en un Mariano de Cavia, ese hombre.

Y es que, la verdad,  me suda el nabo: lo del viejo meón, lo de los mineros millonarios y lo de cualquiera. Tengo casi 40 años. Eso es lo único que tengo.

Recuerdo que cuando éramos unos chicos, cuando íbamos de carabina de nuestro padre mientras madre se arreglaba, vimos a un pobre borracho meando la calzada que entonces era nuestra Castellana, y también vimos y (sorprendentemente) oímos a nuestro viejo cagarse en Dios al verlo, incluso frenó, como para bajarse, pero se ve que recordó quien llevaba atrás y se cortó de ir más allá; claro que esos eran días (y noches) en los que no hacía falta una columna de la Werhmacht para controlar un pueblo, bastaba con una decena de guardias y unos vecinos medio decentes, así que tiramos para el bar habitual, nuestro viejo se bebería un par de Gordon´s con coca-cola y nosotros porculeríamos por allí. Pero seguro que aquel guarro durmió caliente aquella noche.

Tengo una amiga italiana, una clienta, que es un verdadero sol, es profesora de inglés en un instiasnos, si la oyerais hablar español jamás pensaríais que no es de aquí, es increíble, admirable...no sé como fue la cosa pero me lo dijo una noche, "ni las rumanas hablan como tú", esas perras lo calcan, o casi. Recuerdo que una (era un mega-volcán a pesar de no levantar metro cincuenta del suelo) me dijo que el secreto eran los culebrones sudacas, por lo visto están colgados de ellos en Rumanolandia, y al pasarlos subtitulados, junto a la semejanza de las lenguas (¡qué os voy a contar!) hacían que al llegar aquí hablarán como si fueran más españolas que Agustina de Aragón, claro que siendo tan simpáticas y melosas resultaba imposible, ése era su fallo, bendito fallo...

La italiana...

Me ha traído pasta y vino de su pueblo a la vera de Nápoles, es de rompe y rasga, tiene novio, es un buen chico, hoy me ha dado la receta fetén, ella, claro: "cuece la pasta, pilla una sartén, echa abundante aceite, un sofrito con tomates cherry, hasta que estén blanditos, una guindilla, echa las almejas, y cuando se abran un chorrito de vino blanco, orégano, la pasta...¡y a comer", "tenías que verme comer almejas...soy una puta bestia", "lo imagino".

Después llegó un viejo socialista con su cochambrosa mujer, gin-tonic y bio-solan, he recordado que una vez me dijo "¿quienes son estos?" cuando el "Shine on your crazy diamond" andaba mitigando nuestra mediocridad, "Pink Floyd", "Ah...sí" dijo como si tuviera un millón de años, lo he puesto aposta, bien fuerte, que lo oyeran en la terraza, soy un cacho pan cuando bebo ginebra...hubiera podido ser un gran sacerdote a la manera de Iglesias, Julio, pero...

Pero solo tengo casi 40 años.


lunes, 9 de julio de 2012

JAPANESE WHISPERS




Me he robado dos Alhambras, no me van a llegar ni para cubrir la tercera parte de esto, pero bueno, tal y como están las cosas dos están a la altura del Calixtino para la Santa Madre Iglesia. Y seguro que me paso. De todas formas he metido la botella de vino al congelador, robada también, "Corpus del Muni", tiene un nombre horroroso pero es un buen vino, y aunque sea tinto me gusta frío, has de tomar las cosas como te gustan, no como digan que deben gustarte: alguien que no se beba el vino tinto frío en pleno mes de julio de la Mancha solo puede ser un imbécil. O un gracioso.

Me gusta beber cuando escribo de noche, hace tiempo que no lo hago y recuerdo que suelo terminar con la pinza más ida que las maracas de Machín, que decían nuestras abuelas...maracas...ma-ra-cas...mara-kás...marakás...

Dos veces empezando por me no está bien, ¿no?, ¿ni una?, en fin...

Con seguridad, son los clientes más antiguos de nuestro bar, no lo recuerdo abierto sin ellos, eran una pandilla inmensa, chicos y chicas, juntos y revueltos, fueron ordenándose poco a poco y salvo una pareja las demás continúan juntas diez años después, muchas casadas como Dios manda y con hijos o proyecto de ellos, son gente de orden, de la que te puedes fiar, de la que jamás te harán una jugarreta, gente sencilla, sin dobleces, trabajadora y sin más vicios que las copas del fin de semana, ahora que lo pienso estoy por asegurar que ni fuman, había uno que le dio por la coca, era el listo, el espabilao, hace tiempo que no le veo...

Una de estas ya son padres de una criatura tan angelical, tan imposible, que cada vez que la ves se te olvida todo lo que quieres olvidar, no tendrá ni tres años, rubita, mofletuda, con unos ojos tan grandes como esas lunas nacientes, naranjas, enormes, que no sabes cuando salen a escena pero cuando les toca te quedas mirándolas como si fuera a pasar cualquier cosa; es tan hermosa, tan inocente, que harías lo que fuera porque no sufra ningún daño, ningún dolor, ningún mal...creo que fue Camus quien dijo que lo único que de verdad le imposibilitaba la creencia en un dios bondadoso era el dolor de los niños. Pues eso.

Se acabó la cerveza...todavía no está bien frío, pero está bien.

Viene con su padre, la encarama al taburete, "dile a Kufisto lo que quieres", me mira un instante la gran sonrisa y se queda muda, "venga, díselo...", mira al suelo y musita algo, "¿qué?" dice el padre, y entonces lo abraza, "ponme una salobreña en vaso pequeño, Kufisto, sin hielo ni nada...". Me río, se la pongo con una pajita violeta que lleva una pequeña sombrillita arriba, "señorita...", ella me mira y coge el vaso, me vuelve a mirar y entonces su padre la baja del taburete, "espera...cógelo ahora", y se van hacia el ventanal donde están los demás.

Ahí estábamos, mis más antiguos clientes y un servidor, cuando ha llegado un notas de malas pintas, "pacharán con hielo", cobro y hago como que soy gilipollas, "¿me pones otro, por favor?", cuando uno de estos te dice por favor estáte al loro, aunque la culpa ha sido mía por no mandarlo a la puta calle conforme ha entrao. Se lo pongo y me paga menos que por la primera:

- "Uno ochenta"
- "¡Ah!...es que creía...como antes me devolviste...la confundí con una de cincuenta..."

Lo miro.

- "Está bien. Me debes 60 céntimos para la próxima"

Llega un moro con bigotes y se pone a hablar con él. Los dos son moros. No me había dado cuenta.

- "Dame un café. Con leshe. Dos asúcar, señor...y un vaso dagua"

Empiezo a cagarme en Alá.

- "¿Qué te debo, jefe?"
- "Uno diez"

Paga, se salen a la terraza y entonces me entra Cid por el cuerpo.

Salgo.

- "Dame veinte céntimos"
- "¿Qué?"
- "Dentro es uno diez, pero si sales fuera son veinte céntimos más"

Paga mirándome, me dan ganas de reventarle la cabeza.

Al rato llega otro moro.

- "Qué quieres"
- "Cáfé. Sólo. Dos asúcar. Vaso dagua"

Media hora más tarde entra pá dentro.

- "¿Qué te debo?"
- "Uno treinta"

Me suelta un billete de 50 euros.

Lo miro. También al billete. Le cobro uno noventa.

- "Te has equivocado, señor..."
- "No"
- "Dijite uno treinta"
- "Y sesenta céntimos que me debía tu amigo"
- "Pero..."
- "Largo. No os quiero ver más por aquí"

Me mira. Se larga.

El padre de la angelita me paga sus dos Martins Miller´s con Fever Tree, la tónica de su encantadora y embaradazísima mujer (como se descuide lo caga el mismo día que nací yo; pantojeando casi treintainueve años atrás), y el salobreñita con pajita sombreada de esa criatura, de esa última gran jugada de Dios, del único porqué ahora que todos están matándose a pajas con Higgis...ya está bien frío el vino. A rematar. ¿O renacer?.

Vienen mis amigos, son buenos chicos, ayer fue una noche larga y dura, durísima, empezaron cuando el Loren estaba en todo lo alto y terminaron con su salida, gloriosa siempre, lástima perder la de mañana...

Hablamos del tema, de la escena final, "sóis más feas que todo", "¡¡¡SEGURO QUE SE FOLLAN AL PRIMERO QUE PILLEN!!! me dijo tu hermano cuando se fueron...", "pues tenían un polvo...", "bah, que les den por culo...", "sí, tenía razón Juan, después de eso, de mandarlas a la mierda, era como ese anuncio de la pareja que se enfada y llega el vecino..."

Nos repartimos, están pasando "Chacal" en el Digital, la buena, no la mierda esa del mierdón de Gere y el gran Willis, la antigua, la de Zinnemann, la de la sandía...termina y nos acordamos del glorioso domingo pasado, de cuando España campeonó por tercera vez consecutiva, del puto baile a los italianos de los cojones...

Se van, me quedo con mi hermano pequeño, solo queda una mesa, ha sido otro domingo para cerrar, pero entre medias siempre pasan cosas, y entonces recuerdo que hay una canción de los Stones que me dijo le gustaba. Él, que siempre está con la broza del hip-hop y del reggae y su puta madre...esa canción le gusta.

Cuando terminamos de recoger la pongo otra vez

- "¿Cómo se llama?"
- "Time waits for no one"
- "¿De qué disco es?"
- "Tú me los bajaste...a ver...It´s only rock and roll...corte 5"
- "Es buenísima...¿qué dice el estribillo?"
- "Que el tiempo no espera a nadie y tampoco me esperará a mi"


Que se lo digan a Corpus del Muni.






sábado, 7 de julio de 2012

TODOS SOMOS YONQUIS




Sí, también yo me las tragaba enteras, aquellas etapas del Tour, digo, quizá alguna de la Vuelta, el Giro siempre estuvo un tanto de lado para nosotros, tal vez fuera por la suavidad de sus recorridos, hechos para que los ganara algún paisano, pero es que el ciclismo sin montaña es como una fantasía con Ana Siñeriz. Y las mayores montañas, las mujeres más excitantes, estaban en Francia. Cosas del beso francés, I guess...somos como niños.

Recuerdo al último Hinault y al primer Fignon, aquella etapa del Caimán por la serranía madrileña y los dos primeros Tours del antipático coletudo, a mi me gustaba, aunque quizá el primerísimo recuerdo de todos sea el que le ganó a uno que creo se llamaba Pascal Simon: el pobre se cayó y se rompió la clavícula cuando estaba a puntito de ganar la Gran Carrera. Fue una injusticia, una de las primeras ocasiones en las que tuve consciencia de que no siempre gana quien más lo merece, sino quien menos se equivoca. O más suerte tiene. No fue cosa agradable, pero al menos ganó uno que me gustaba.

Después llegó Delgado con su fiebre contagiosa, no había nadie en España más popular a nivel deportivo si exceptuamos a los futbolistas de los cojones, pero cuando a finales de abril llegaba la Vuelta y, sobre todo, a primeros de julio empezaba el Tour, no se hablaba de otra cosa entre la chavalería que del segoviano y sus agónicos ataques, siempre al final, siempre retorciéndose sobre la bicicleta, no hasta el extremo de Lejarreta que parecía ir borracho, pero cerca: Delgado corría como si estuviera pariendo. Delgado corría como si fuera español. La alegría por el Tour que ganó fue aún más grande que por los cinco de Miguelón; con éste todo parecía demasiado fácil, demasiado controlado, demasiado seguro...no parecía de los nuestros, se asemejaba a un alemán, era como si Villaba fuera una pedanía de Nuremberg, solo le faltaba haber sido rubio porque cuadriculez le sobraba a espuertas, casi tanta como frialdad, la misma gracia corriendo que el monstruo del jovencito Frankenstein bailando, no sé...a Miguelón nunca se le olvidó llegar tarde a la línea de salida. Madre de Dios lo que le dijimos al pobre Perico...pero estaba claro que era uno de los nuestros.

No me entendáis mal, ¡claro que disfruté de la dictadura indurainista!, aquí somos mucho del que manda aunque cuando cae renegamos no tres veces, sino mil quinientas si hacen falta, pero yo ya estaba en otras cosas. El mejor momento de Induráin fue cuando el Banco le obligó a disputar la Vuelta después de no haber podido ganar su sexto Tour, una de las primeras celebradas en septiembre, ese gravísimo error que prácticamente mató nuestra carrera. El navarro fue a regañadientes, y cuando vió que tenía la carrera perdida se bajó de la bici y se metió a un hotel: aquel gesto de rebeldía, de no arrastrarse por el buen nombre de un Banco de mierda, lo enalteció a ojos míos incluso más que sus victorias. Finalmente, y en la coda se su carrera, demostró que tenía sangre en las venas.

Y a partir de ahí, muy poco. Llegaron los líos, los follones de dopaje, nadie sabía si el que ganaba estaba limpio o no, y eso es algo que quieras o no te quita la ilusión, no porque te engañen, a fin de cuentas nadie con dos dedos de frente se cree que hagan lo que hacen a base de espaghettis, sino por la sensación de haber perdido el tiempo y el temor de que ocurriera lo mismo con el que estaba por venir. Uno puede perder con cierto gusto su tiempo presente, pero la idea de hacerlo con el futuro es, cuando menos, odiosa.

Yo creo que con el ciclismo, con el deporte profesional, deberían hacer como los yanquis: dopaje controlado, aunque esto es algo que también pienso debiera hacerse con las drogas en general, quien quiere colocarse...a la farmacia. Pero hay demasiado dinero por medio, olvidaros de la moral y demás polladas, es solo negocio que diría aquel, las drogas están por todas partes, no hay nadie que no se drogue de alguna u otra manera, vivimos en una sociedad drogada, el mundo entero es un enorme Proyecto Hombre, lo que sucede es que Sócrates hay pocos y pasa lo que pasa, que las cabezas se van como a HAL 9000 y después vienen las lágrimas. ¿Solución? la de siempre: drogas de calidad y educación, aunque no por ese orden.

Por ejemplo: ¿os acordáis de aquel etapón que hizo Landis después de haber sufrido un pajarón el día anterior?. Aquella tarde llegué al bar con un resacón de mil demonios, me molestaba el vuelo de un mosquito, pero poco a poco empecé a prestarle atención a lo que el personal veía en la tele, hice unas cuantas preguntas y me puse en situación: el tío se había escapado en solitario y estaba recuperando todo lo perdido. Pues bien, no sé porqué, pero a pesar de su condición de yanqui amenazador del triunfo de un compatriota me puse de su lado, comencé a animarle, a gritar: ¡¡¡VAMOS, CABRÓN, POR TU MADRE, AGUANTA...!!!, el tío continuaba dando pedales como un poseído, subiendo y bajando montañas, echándose cubos de agua por la cabeza, bajo aquel calor infernal, ¡¡¡VENGA, HIJOPUTA, SIGUE, SIGUE, SIGUE...!!!, la diferencia no bajaba, es más, seguía aumentando a pesar de que por detrás venía un grupo de varios corredores relevándose, era increíble, ¡¡¡DIOS BENDITO, ERES EL PUTO JOHN WAYNE, VAS A ACABAR CON TODOS, ME CAGO EN TÓ LO QUE SE MENEA, SIGUE, SIGUE, SIGUEEEEEE!!!", el yanqui loco consiguió llegar a línea de meta y aquella tarde se metió el Tour en el bolsillo. Fue lo más grande que he visto en el ciclismo, aunque luego te enteraras que lo hizo puesto hasta las trancas, ciego perdido, pero la excusa que dió, aquello de que la noche anterior se había soplado dos botellas de whisky para olvidar, fue tan cojonuda, tan surrealista, que hasta me lo hizo más simpático. Ese Tour se lo acabaron dando a un tal Perero, o Pereiro, un gallego creo, pero quién se llevó la gloria, las mieles y los laureles del triunfo, fue ese yanqui-yonqui solitario y resacoso. ¿De qué sirve ganar cuando todos creen que has perdido?. La victoria es como una botella de champán.

Conocí a un antiguo campeón, para mi lo era aunque no ganara una gran vuelta pero sí un montón de etapas, Fernando Manzaneque se llamaba, era un tío macho, orgulloso, cabezón y antipático al que una vez lo salvé sin que se diera cuenta de que le partieran la cara. Era todo un personaje, estaba trasplantado del hígado, la cosa viene de lejos, pero seguía a su marcha aunque con el freno de mano echaíto. Ganó dinero durante su carrera, lo suficiente como para haber vivido bien el resto de su vida, pero como era un golferas se arruinó a base de cartas y putas, y acabó sus días como la mayoría: más tieso que la mojama. A veces, si lo veía de buenas, le preguntaba cosas sobre su carrera, los puertos más duros que había subido y eso:

- "Ninguno como el Mont Ventoux, chico, aquello era un infierno...sin árboles, ese calor...ninguno como ése"
- "¿Y las italianas?"
- "Mu machorras...alguna se salvaba, claro, estaban mejor las francesas...¡¡¡PERO NINGUNAS COMO LAS ESPAÑOLAS!!!...te lo digo yo. Kufistín"

Y esta mañana, cuando he salido a pasear, he visto al marido de su hija con su mono verde-amarillo de operario de la limpieza y me he acordado del viejo campeón y de lo que hubiera pensado de ver al que se folla a la niña de sus ojos como un vulgar basurero...

Y lo demás ha venido solo.

Con la ayuda de la droga, claro, Nicotina es su dulce nombre.

Aunque la han obligado a juntarse con tantos basureros malignos que hay que andarse con ojo. Cosas del negocio del vicio.

"Los tengo todos, pero a todos los domino" que respondió al extranjero el más sabio de los hombres que en el mundo han sido.

viernes, 6 de julio de 2012

NO PUEDO VIVIR SIN MI BOSÓN




- "Ni tres, ni dos, ni uno...CE-RO. El tabaco es lo peor para la salud"

Y lo decía uno que para saber su peso tenía que utilizar una báscula parlante...

Aunque también era médico, no recuerdo su especialidad, pero ya se sabe que la palabra de un médico es palabra de Dios. O de Higgis, me gusta más así, como era en un principio, con la segunda i, suena a escocés con falda y mariconera, de esos que salían en Sir Tim O´Theo, aquel fantástico tebeo de Raf, ese genio del dibujo feísta, me pregunto como caricaturizaría a la simplona de la Quintana, seguro que ayer hablaron del bosón de los cojones en su "tertulia científica", imagino que llevaron a un científico de esos que no lo parecen, simpático y colegón, como aquel imbécil de las gafitas que parecía un extra de Woody Allen, ese plasta:

- "Doctor Jurujurufurur...¿qué es el bosón de Higgs?"

Y entonces el doctor explica con una gran sonrisa y en un lenguaje que "todos entiendan" algo que seguramente solo comprenda el 0´0002 % de la población mundial, por descontado la décima parte en España, y para hacerlo más accesible lo presenta con una parábola de la ballena y la sardina, cosa que desde El día de la Bestia sabemos es propia del demonio, es decir, imitar a Cristo, como cuando éramos pequeños y hacíamos lo mismo que el sujeto de nuestras burlas para sacarle de quicio; y una vez explicado entre grandes sonrisas lo de la sardina y la ballena los intrépidos compañeros de mesa-camilla de Ama Rosa le hacen algunas preguntas sobre el conocimiento recién adquirido que ya alberga su cerebro con la capacidad de un petisuis junto al problema y solución del Medio-Oriente, las tribus caníbales de Papua Nueva Guinea y la realidad de la situación en el avispero de las repúblicas ex-soviéticas...:

- "Entonces...¿Dios no existe?"

Y se frotan la entrepierna.

El médico aquel era anti-tabaco total, siempre estaba hablándole de lo mismo al sufrido oyente que le acompañaba...sí, creo que era el de los pulmones porque aquellos desgraciados eran sus pacientes, o al menos tenían toda la pinta, podías ver en sus ojos el dolor que el obeso mórbido causaba con sus advertencias, "NI UNO MÁS..." decía antes de atacarle sin piedad a la tortilla, o a la morcilla, o a la ensaladilla rusa, un buen trago de cerveza helada...ese cabrón tenía los pulmones en el estómago. Bueno, y el resto de órganos: allí había sitio para todos.

"NI UNO MÁS..."

Conozco gente que lleva años sin fumar y dicen que si llega el momento en el que sepan que su fin está tan cerca como para no pensar en otra cosa lo primero que harán será volver a fumar.

Llevo fumando desde los trece años, estoy cerca de los cuarenta, tres o cuatro veces lo dejé durante un par de semanas, y aquellos tres o cuatro pitos del regreso al vicio fueron de los momentos más placenteros de mi vida. A veces pienso en hacer otra intentona, pero no tanto para dejarlo definitivamente como para volver a tener esa sensación indescriptible.

Algunos dicen que es algo psicológico, otros que físico, yo solo sé que, aparte de por una emergencia que les ocurra a quienes quiero, por nada del mundo saldría de la cama a la calle de una madrugada de enero sino es a por tabaco, con el pijama puesto y el abrigo encima, a cualquier sitio, a donde sea.

Sí, la mayoría de los pitos que te fumas lo haces sin ganas, pero también pasa con la mayoría de los días que vives y no por eso te pegas un tiro. Uno no puede hacer nada si no puede hacer lo inevitable.

Dios seguirá siendo un misterio para mi, y el bosón de Higgis, y la mierda del Medio-Oriente, y los salvajes antropófagos, y los rusos locos...para mi es un misterio hasta el funcionamiento de un transistor. Y ya se me pasó el arroz para buscar explicaciones: no me interesan.

Fumo, sí, pero también estoy en mi peso y cada órgano ocupa su lugar, un tanto cascados, seguro, pero para eso están. Y si no que te metan en una cápsula como al demoníaco Walt Disney y que te despierten cuando el mundo sea feliz.

Yo estoy bien así.

Y aquella ballena anti-tabaco seguramente ya esté criando trompetas de la muerte por no repartir el tema.

El bosón de Higgis es el humo del cigarro de Dios.

Por el humo se sabe donde está el fuego.

Y me temo que Dios se está fumando la vitola y le está sentando mal: no es posible que haya otra explicación para esta Gilipocracia Mundial.

Hasta la breva más grande se termina.