miércoles, 4 de enero de 2012

LA SIRENA Y EL TONTO DE LOS COJONES





- "Bueno...me voy al parque con Belén a pasear a la perra...¿a qué hora lo cierran?"
- "A las once...¡no, espera!...ahora en invierno creo que es a las diez, de todas formas suena la sirena cuando van a cerrar"
- "Vale, te llamo y me recoges"

Durante años visité el cementerio casi a diario, si exceptuamos la semana previa y la posterior al día de los difuntos rara era la ocasión en la que fallaba, y no por especial devoción, nada de eso, simplemente me hice una ruta con mis paseos y ese lugar quedaba dentro de ella por una sencilla razón: los aseos. Llegaba, meaba, me limpiaba los bajos, me refrescaba si hacía calor, rellenaba la botellita de agua y ya de paso visitaba a mis muertos para rezarles un padrenuestro, mecánicamente, como el que ficha al entrar en la fábrica, pocas veces he sentido algo ante las tumbas de aquell@s a los que tanto quise, a fin de cuentas dentro sólo hay huesos, ell@s no están allí, únicamente cuando el decorado era apropiado (lluvia fina, un atardecer primaveral) sentía algo, lo que no hace sino reafirmarme en mi convicción, casi la única que tengo, de la superioridad del continente sobre el contenido.

Los aseos del cementerio suelen estar limpios aunque sean públicos, y las razones de ello son muy simples: horario diurno, poca actividad y usuarios respetuosos, hasta los vagabundos que allí se lavan y hacen sus necesidades son cuidadosos, a fin de cuentas en ningún otro lugar van a cagar sin tener problemas de acceso: hay papel higiénico, agua, jabón y hasta espejo por si quieres echarte un vistazo, los cerrojos de los cagaderos no están rotos y, cosa extraña, la cara interior de la puerta está virgen, nada de frases gilipollescas o dibujitos, teléfonos ofertando mamadas a 10 pavos, o amenazas de asesinato. Ningún lugar más civilizado que la casa de los muertos.

El encargado es un tipo fuerte, cuarentón, coloradote de cara, con gafas y cara de pocas luces. En todo este tiempo no habré cruzado con él ni una sola palabra aparte del saludo de cortesía, aunque peor era con la pareja de gitanas, con ésas ni hola, llevaban tal cara que se te quitaban las ganas, caminando a buena marcha, la vieja delante y la madurita detrás, de luto riguroso, aquella con una cola de rata y ésta con una melenaza rizada como alambre de prisión, terminé por descubrir a su muerto, un hombre joven, imaginé que era el hijo de una y el marido de la otra, la tumba entera era una flor, tenías que apartar los tiestos para leer el nombre, allí olía a gloria bendita, pero a veces pensaba en su viuda, con esa cara y ese pelo, y esa mirada llameante, y veia un coño como una boina en un bebedero de patos: gitana, joven, viuda y con la madre del finado por carabina...arde mississippi, Bernarda Alba 2.0

Aparte de est@s tres no tengo recuerdos de nadie más...bueno sí, un viejo como una montaña de grande que iba a ver a su hijo, estaba justo enfrente de mi abuelo paterno, el gigante limpiaba la lápida, colocaba las flores, se quedaba de pie mirándola en silencio, a veces se sentaba sobre ella y se sujetaba la frente con la mano, jamás le saludé ni le dije nada, no creo ni que reparara en mí.

A veces, muy pocas, si la mañana o la tarde eran agradables la echaba entera ahí, curioseando nombres, fotografías, edades, leyendas (había algunas realmente estremecedoras), contemplando los cristos y las vírgenes, los arcángeles...otras tenían muñecos encima, o juguetes, cosas de la criatura que había disfrutado en su corta vida, a través de los cristales miraba el interior de los mausoleos, restos de generaciones enteras yacían aparte de todos, bajo siete llaves, con sus cirios encendidos, otros estaban más descuidados y me interesaban más, parecían abandonados, sin indicios que delataran alguna visita reciente, flores más que muertas tras el cristal roto, polvo y bichejos por el agrietado suelo, apenas podían adivinarse las fechas, en algún caso su último inquilino llevaba más de cincuenta años, olía a olvido, ni la muerte quedaba allí, no había nada, estaba lleno de vacío, las últimas lágrimas ya estarían en la China, o en Júpiter, o más allá...entonces me ponía los cascos, le daba a todo volumen y me iba con la música a otra parte.

Una de esas tardes oí una lejana sirena. Una vez, dos, tres...no sabía lo que significaba hasta que vislumbré la verja y ví que estaba cerrada.

Me entraron los siete males.

Eché a correr, ví como el encargado se alejaba con su bicicletilla, "¡Eh! ¡EHHH! ¡¡¡EEEHHHHHHHH!!!"...el nota iba por la carretera y no me oyó, creí que iba a volverme loco, por supuesto estaba sin el móvil, pero tuve la suerte de que una pareja de quinceañeros estaban metiéndose mano en un banco de la glorieta de entrada: "¡¡¡EH, CHAVAL, VEN UN MOMENTO POR FAVOR!!!", el crío se acercó con una cara de susto que ni os cuento, "¡¡¡por favor, rápido, pilla la moto y dile a ese de la bicicleta, al que se acaba de ir, que vuelva, que me he quedao dentro!!!", el chico salió como un rayo con su moto mientras su novia me miraba desde el banco como si estuviera viendo al de "Sé lo que hicisteis el último verano", poco después fuí liberado. Después de farfullar mil disculpas y darles las gracias a todos salí disparado, al perderlos de vista me dió un ataque de risa imaginando lo que pudo haber sido y no fue...


Cuando esta noche he escuchado la conversación de la pareja me ha venido a la cabeza la que pudo ser mi Kufistea en el Cementerio.


Y es que la cosa es muy sencilla: si oyes una sirena busca la puerta de salida.


¡¡¡Y NO ESCUCHES A LOS ZEPPELIN EN LA CASA DE LOS MUERTOS!!!


No, si al final va a ser verdad que son satánicos...


Laus Deo

DEL DOM PERIGNON AL GAITERO (SI ESO)





Estuvo hace una semana, le conozco desde hace años, pero no fue hasta hace unos días cuando un ex-amigo suyo me contó cosas que desconocia de él.

Se casó en los ochenta con una de familia "bien", el viejo tenía negocios y lo metió en el ajo, pero a él lo que le gustaba era la noche y sus criaturas, las luces de colores y las copas llenas de burbujas: calientes y frías. Era otro equilibrista.

Un día la del papel le dió puerta, tampoco era tan grave, había conocido mucha gente, era un tío con mucha labia, y trampeando aquí y allá montó su propia empresa. Al principio le fue bien, después no tanto y al final tuvo que largarse por piernas.

Vino aquí, se lió con una divorciada, hijos por medio, de ella, claro, chapuceó donde pudo, entonces fue cuando lo conocí, al poco volvieron a darle la patada y se quedó más sólo que la una, sin un duro y con cincuenta y pico añazos en las espaldas.

Me caía bien. Era un tipo educado, sabía estar en los bares, alguna vez nos emborrachamos por ahí, en fin, nada del otro mundo, no hay nada del otro mundo para nosotros, pero no estaba mal...con los años se pasa de buscar lo extraordinario a conformarte con lo que vaya saliendo.

Empezó a beber malamente, dejó de trabajar y durante un tiempo vivió sableando a los cada vez más escasos amigos que le quedaban. Hasta que se quedó sin ninguno, todos le evitaban, nadie quiere beber con un borracho, nadie quiere beber con un borracho sin un clavel.

Cuatro o cinco años atrás lo ingresaron en el hospital, decían que no saldría pero salió, parecía un muerto viviente, le perdí la pista durante algún tiempo, luego volvió, siempre vuelven, pero más esporádicamente.

Hace unos meses volvió a visitarme, un vinito rápido y fuera, las mismas preguntas, las mismas obsesiones, "¿viene ella por aquí?", y hasta la semana siguiente.

Una tarde de estas navidades me dijo que si le ponía un vino, que no tenía dinero porque el cajero no se qué y no se cuantos, "sin problema", "mañana te lo pago", "vale", vió la bandeja de polvorones que estaba sobre la barra, "¿puedo coger uno?", "claro", "no sé qué me pasa hoy...me he comido una paletilla de cordero y un conejo al ajillo y todavía tengo hambre", "ya...".

Se comió nueve, que conté los papelitos del suelo cuando se marchó. Lo que más me sorprendió no fue la cantidad, sino que pudiera trasegarlos con un puto chato.

- "¿Te lo puedes creer?" le dije a un colega que estaba por allí.
- "¡¡¡Ja, ja, ja...!!!"

Cordero y conejo...ya.

No volvió al día siguiente, pero sí esta tarde.

Tenía la barra llena y he visto que se dirigía directo al water, "cojonudo", he cogido la bandeja de los polvorones y la he guardado. Al salir de mear me ha contado la misma historia de la otra vez, no me ha hecho gracia, pero me he apiadado de él al ver el moratón bajo su ojo izquierdo y los puntos de sutura en la ceja: una buena hostia.

Me ha preguntado lo de siempre mientras se lo ponía, estoy seguro que esperaba mi pregunta pero no se la he hecho, estaba claro lo que le había pasado, ¿para qué preguntar?. Me he quitado de en medio y al rato se ha ido.


Es mejor no saber nada del pasado de nadie, así, al menos, hay una oportunidad.


La Biblia dice que hay que dar de comer al hambriento y de beber al sediento; pero, ¡coño!, si tienes que pedir hazlo con conocimiento.


Se te acabó el chollo, nuevepolvorones

martes, 3 de enero de 2012

UNO DE ENERO





Había tenido un día tonto, raro, uno de ésos en los que ves las cosas claras, demasiado, por lo que pasé la mayor parte del tiempo dormitando junto al gato en el sofá, sólo interrumpido por breves períodos de vigilia durante los cuales daba vueltas a los sueños, especialmente a uno de ellos: aparecía una desconocida que era absolutamente imposible que estuviese allí, entonces pensé "esto no puede ser...esto es un sueño..." y automáticamente desperté recordando una anécdota muy parecida que le ocurrió a Hitchcock, "esto no puede ser, esto es imposible, esto es solo un sueño...". Y te despiertas.

Después me levantaba, rulaba un cigarrillo, miraba el ordenador y otra vez la tristeza, la melancolía, otra vez al sofá, quizá fuera mejor recuperar el sueño de la desconocida, a ver cómo terminaba, ya ni soñando somos capaces de quitarnos las cadenas de lo posible.

Así estuve, de sueño en sueño y del sofá a la silla del ordenador, hasta que recordé que echaban la segunda parte del Padrino, y como no tenía nada mejor que hacer y no quería pensar, volví a verla después de un montón de años. Sí, continúa gustándome, en especial el episodio del joven Vito y la secuencia del asesinato de Fanucci...pero no pude terminarla, me fui a la cama con la esperanza de dormirme enseguida, cosa difícil, pues entre el exceso de sueño durante el día y el atracón que me dí para cenar las posibilidades de desconectar el maldito ordenador central eran más bien escasas, prácticamente nulas...como así fue.

Una vez que me dí por vencido, a eso de las tres, pillé el teléfono y me fui a la Wiki. Recordando la escena donde Pentangeli le habla a Hagen de cuando los Corleone eran el Imperio Romano tecleé el nombre de Nerón, luego Calígula, Mesalina, Locusta, Agripina, Marco Antonio, Cleopatra...también Alejandro Magno, Pericles, Atila, Genghis Khan, vidas impresionantes, turbadoras, no lo leía todo, claro está, lo de menos eran sus campañas militares y demás historias, no me interesan, sino sus vidas, infancias, amores, odios, vicios, muertes...de la gente me interesa lo que son, no sus éxitos o fracasos.

El reloj del teléfono ya corría con el cinco por dorsal, casi no podía ni sostenerlo, me picaban los ojos, "ya está aquí", apagué la luz y esperé que abriera la puerta...pero no, el cuerpo quería, ya no podía más, pero si horas antes había sobrealimentado al estómago ahora quien estaba hasta las cejas era la cabeza. A ella acudían todos aquellos asesinos, putas, conquistadores, brujas, genocidas, veía caballos salvajes, orgías desenfrenadas, reinos legendarios, espadas sangrantes, muchedumbres batallando, "coño..."

Encendí la luz y el teléfono, otra vez la Wiki, en portada la Tierra, esa preciosa bola azul tapizada por enormes mantos de nubes blancas, suaves, blandas...el Sistema Solar, sus colosales dimensiones, estúpidas, irreales, el Sol, los planetas, sus satélites, lunas, cometas, púlsares, Titán, Io, Europa, Ganímedes, Tetis, Ariel, Tritón, Caronte...nombres rotundos, divinos, mitológicos, casi tan imponentes como sus fantasmales reinos de roca.

No podía más, eran casi las siete, lo apagué todo y cerré los ojos, veía aquellas fotografías desoladoras, mundos tan alejados del Sol que hacen de éste dios una simple linterna, espacios infinitos moteados por minúsculos puntos de luz que serán gigantescos pero se quedan en nada formando parte del Universo, todos están allí, no se esconden, únicamente estamos demasiado lejos para verlos, existen, son, tal vez dentro de mil millones de años nos llegue su luz, como un guiño, como un saludo, mientras tanto el tiempo sigue su loca carrera hacia delante y por más que la luz quiera alcanzarlo no puede, siempre por detrás, siempre buscándolo, un eterno juego del escondite, como Aquiles y la tortuga, una carrera contra el tiempo es una carrera contra la derrota, ¿pero alguien conoció alguna vez la Victoria?


Me arropé bien, abrí los ojos y no ví nada, pensé si en verdad era verdad todo aquello, si existieron aquellos titanes, si existen esos mundos, si puede existir algo infinito...demasiado arroz para tan poco pollo


Y, con todo, éste que os escribe seguía sin poder dormirse, piando por su monolito...


Eché mano de la gallina llamada Myolastan...


y mientras me dormía pensé que cuatro horas de falso sueño harían conmigo un día de embotamiento


pero cuando me despertaron canté una vieja canción.

jueves, 22 de diciembre de 2011

SUERTE PARA TODOS...DE LA BUENA





Se llamaba Ildefonso, había sido ferroviario, era un hombre de estatura normal para su época aunque a ojos nuestros podríamos decir que baja, cara redonda, abotargada, la tez violácea, profundas ojeras que casi escondían sus ojillos, manos grandes, más bien gordas, con las que solía divertirnos haciendo juegos de ilusionista, también era bueno con los números y sus paradojas, problemas que parecían de imposible solución pero que en su interior guardaban una sencillísima explicación, a mi ex le maravillaba. Y a él ni os cuento.

El hombre vivía con su mujer en los pisos de arriba, ella no gozaba de buena salud, la verdad es que estaba bien jodida...bueno, eso quizá antes, ahora simplemente las piernas casi no podían sostenerla, lo que unido a la diabetes que padecía la tenía poco más o menos que encerrada en casa, así que, extrañamente, era su septuagenario marido quien debía cuidar de ella cuando por norma general es al revés.

Ildefonso se tomaba un par de descansos al día: uno a media mañana y otro por la tarde. Entonces bajaba al bar, pedía una cerveza sin alcohol o un café, empalmaba un ducados con otro ("en casa no me dejan") y estaba conmigo, con mis hermanos o con los clientes que por allí estuvieran.

Como no era un viejo pesado, un abuelo Cebolleta, sino que al contrario era más bien callado, nadie le daba la espalda. No se va a los bares para hablar como cotorras. Eso es cosa de aficionados y mujeres.

Era un hombre risueño, siempre tenía la media sonrisa en la boca, andaluz de origen, a veces costaba entender lo que decía, pues entre lo bajito que lo hacía por causa de su tabaquismo y el fuerte acento que no había perdido a pesar de haber vivido muchos años fuera de su tierra era complicado escucharle bien.

Su principal afición era el coleccionismo, de las más diversas cosas que os podáis imaginar, tenía enormes carpetas perfectamente cuidadas y catalogadas que nos enseñaba alguna que otra tarde de invierno, tardes de ésas en las que entran menos clientes que a un recital de poesía uzbeka, pero que gracias a él se hacían bastante más llevaderas: era un auténtico deleite observar aquello. Y más aún escuchar el gusto con el que hablaba de cada una de ellas. Cuando supo de mi pasión por el ajedrez me regaló una colección de vitolas de puros con motivos ajedrecísticos, aún debo tenerla por ahí. Yo nunca tiro nada.

Una tarde, no recuerdo porqué, me contó que tenía tres hijos que no se llevaban nada bien; al parecer sus respectivas parejas no se dedicaban más que a malmeter con el tema del dinero y hacía muchos años que no se juntaban todos. El pobre hombre se emocionó mientras me lo contaba, supongo que habría tenido un día duro con su mujer, y encima si sabes que estás cerca de irte y vas a dejar a la carne de tu carne renegando los unos de los otros...

No sé si fue antes o después de esto cuando conocí a su hijo mayor. No me gustó. Pero era digna de ver la cara de felicidad que tenía Ildefonso, hasta se animó a beber cerveza con alcohol, habían venido a visitarle con sus nietos, tal vez todavía fuera posible un arreglo, tal vez aún tendrían tiempo de volver a ver reunida su más amada colección, tal vez...


Una fría mañana de enero, muy tempranito, Ildefonso salió de su casa y se fue al parque.


Se colgó de un árbol cercano al lugar donde jugaba a la petanca con sus amigos


No me lo podía creer


A ver si dentro de unas horas los huerfanitos de su santo me echan una mano


Aunque, a veces, lo que te echa el dinero es una soga al cuello


Suerte para todos; ya sabéis: en algunas ocasiones lo imposible, pasa.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

CON LA MÚSICA A OTRA PARTE





Como con casi todo lo demás, lo importante es la forma.

Resulta sintomático que el mismo día en el que Rajoy toma las riendas de este conejo mixomatósico llamado España, los autoproclamados liberales "fetén" del Reino hagan el mayor ejercicio de censura que uno recuerda haber visto en la Red.

"Contradicción es equilibrio" que decía Bono durante el Zoo Tv Tour.

Sólo si eres un poeta. Y ni el irlandés ni el protestón lo son.

Lo de Pío Moa estaba claro desde el verano del año pasado, a raíz de la polémica surgida como consecuencia del tema homosexual; no entro aquí en dar la razón a los unos o al otro, eso es lo de menos, sino en lo desproporcionado del enfrentamiento: todos a una contra el viejo loco franquista, cuando he escuchado a César Texas Ranger vomitar las mayores barbaridades sobre los gays y nadie de la empresa salió a la palestra para llevarle la contraria. Nadie que yo sepa, pero son tantas y tan significadas las "desapariciones" en LD durante los últimos dos años (básicamente, desde que echaron al Trío de la Porra de COPE) que no me extrañaría nada que la causa de alguna de ellas fuera la insufrible y jupiteriana figura del Shivá literario, de ese figurante en los vídeos de Alice Cooper, "School´s out" que gritaba el showman ante las aterrorizadas orejas del PMRC, organización de la que no dudo será miembro de pago (como la inmensa mayoría de sus "titulaciones") nuestro insigne traductor de griego, arameo, norvietnamita y cualquier otra lengua con alguna Tradición en su Garganta, Linda Lovelace es Pitita Ridruejo al lado de Éste. Bueno...de ÉSTE.

A Moa le han hecho "mobbing", o para que me entienda, han ido a por él, esto lo sabemos todos los que fuímos habituales de LD, no es una paranoia, no son imaginaciones, es un hecho.

Como también es un hecho (un Hechón, dado el volumen de la otra parte contratante) que ha barrido del tablero al Gran Acotador sin siquiera desarrollar la Apertura, pues no hubo partida, quisir: sentaron al GA, sentóse Pío y allí no hubo manera de que el blanco hiciera su segunda jugada a la defensa siciliana que le planteó el gallego, una defensa para atacar, para ganar, cuando alguien ha recibido tantas hostias en la vida y ya se encuentra en la recta de llegada puede permitirse esos lujos, esas licencias, esas provocaciones, "¿COMO OSA?", pues osó, GA, y el osamiento dejó tan adormecida tu lengua como si hubieras lamido un pollo de farla, sólo atinabas a decir "tska, tska...no era esto, no era esto...". ¿Acaso esperabas una Petroff?. "Ya no tengo edad para aguantar las tonterías de nadie" oigo últimamente. Y Píoff ya no la tiene, fijo.


"CV disparata" leí hace poco. Ahí supe que no llegaba a las Navidades: un tipo tan soberbio, tan engreído, tan pagado de sí mismo no podía consentirlo, y menos con una solitaria mosca cojonera, una vieja y kamikaze mosca cojonera que se ha comido tantos fli-flís que ya es inmune a ellos.


Otra cosa es que le abras la ventana y después eches siete llaves.


La perderás de vista, pero no la habrás vencido, Gran Acotador.

jueves, 15 de diciembre de 2011

LAS DURAS REGLAS DE DULCINEA





- "Échale un poco má..."

No me gusta un pelo cuando un desconocido me dice eso con su primera copa, pero bueno, estoy de buen rollo, así que le eché un poco más.

- "Vale...y má yelo, hajta arriba, sino no ejtá bueno..."
- "(Éste tío es gilipollas)"

Salí a echarme un pito; cinco segundos después lo tenía a mi vera. Lo sabía.

Metro sesenta, treinta y pico años, cara de gañán y dos lupas por gafas, más feo que pegar a una madre, llevaba un parca color mierda de vegano, ya estaban pasados de moda cuando yo era un crío, así que ahora ni te cuento, quizá veamos próximamente a Ladylla Gagá con uno, pero hasta entonces quien lleve eso puesto sólo podrá ser una cosa: un paleto.

Empezó cagándose en Zapatero, "ejto e la ruina...ha ruinao a la juventú", y después me preguntó si conocía a Juan.

No sé...si me hubiera preguntado por Heriberto, o Dioscórides, o Pancreator, quizá tuviera sentido...¿pero Juan?. "Éste tío es gilipollas".

- "¿Que Juan?"
- "Uno que tié un bar má abajo...el "M...", é de mi pueblo..."
- "Ah, sí...lo conozco. ¿De dónde eres?"
- "Del Toboso"

No pregunté por Dulcinea.

Sin yo preguntarle comenzó a contarme su vida, estos tipos son así, como Rompetechos cuando va buscando policías por las sastrerías, no saben hacer otra cosa que hablar de sí mismos, de lo que les ha pasado, lo que les pasa, nadie les entiende, todos están en su contra. Pero como les gusta beber más que a un tonto una tiza, en lugar de ir al señor cura y pedirle su absolución y consejo van a los bares a tabarrear a los camareros. Desde aquí abogo por la introducción de bebidas alcohólicas en los templos, seguro que así recuperarían los viejos buenos tiempos. Otra cosa es que quieran.

Había sido pastor, ahora ganadero, había ganado mucha pasta, para corroborarlo me enseñó un buen fajo de billetes arrugados que llevaba en el bolsillo, me acordé de Jesucristo al verlo, estaba "arrejuntao" con una tía que andaba haciéndole unos análisis "a su hijo...no é mala mujé, pero su familia...". Me contó que le gustaban las putas con locura, que le tenía "sorbío el seso" una colombiana de un puticlú cercano, lo conozco, fue el primero al que fuímos cuando teníamos diecisiete años: ni follamos ni volvimos más. Años después, un verano, unos borrachuzos hijos de la Gran Bretaña me preguntaron si conocía algún sitio con chicas, allí los mandé con la esperanza de que pillaran una buena sífilis, al día siguiente aparecieron no muy contentos. Los echamos. Aprended español, hijos de la gran fruta.

Saturnino (que así se llamaba el mozo...igual que el gitano hijoputa que quiso rajarme -ver "¿A quién vas a rajar tú?"-. ¿Qué coño pasará con Saturno?) me habló de la cuarentona a la que se follaba antes de estar con la actual, una tipa con un culazo enorme y unas tetazas como sandías a la que visitaba los fines de semana, "tenía un chocho...con una pelambrera...como una boina doblá, unoj peloj así de grandej, un agujero así (lo calibró con su pulgar e índice, éstos seres son como los monos, sin manos no serían más que el Johnny de la peli de Trumbo), le gujtaba tó, TÓ (y diciendo esto me miró a los ojos creo que por primera vez. Pensé en preguntarle si le había cagado encima, pero me corté)...". Rememoró sus reglas, bestiales, oceánicas, estaba siete días hecha un trapo, entonces se conformaba con comerle el nabo, "me tuve que quedar con ésa...pero la dejé...un día se presentó en mi casa...llorando...a grito pelao...".

Pensé que la inmensa mayoría de los asesinatos pasionales deben cometerse entre desgraciad@s, no me imagino a la "high society" matándose a estacazos, en todo caso contratando a sicarios para que hagan el trabajo, pero "¿joder mi vida por esta puta o este cabrón?...¡nanay!...". ¡Pues no hay mercado cuando tienes pasta!, otra cosa es cuando tu cartera está como la de San Francisco de Asís y ya sólo te mira el espejo, entonces la desesperación, el sentimiento de no valer nada y un futuro lleno de soledad hace que el espíritu de Puerto Hurraco acuda a tu cabeza. "También eso era mentira, todo es una mentira, todo es una mierda, yo soy una mierda...me mato, pero tú te vienes conmigo"

Después me habló de sus problemas con el alcohol, había tenido que hacerse unos análisis ("¡maldita la hora en la que fuí") y el hígado cantó la gallina. Su madre y su mujer le obligaron a entrar en un centro de desintoxicación. Duró dos días. Cuando apareció por su casa para coger el camión tuvo una bien gorda, las dejó llorando y se fue con sus ovejas, "yo no bebo cuando trabajo...pero al terminá me gujta echáme mis copitaj, tranquilo, a mi marcha...". No sé porqué me contó que una vez se tomó una aspirina y casi se murió, creí entender que culpaba a su madre y a su mujer, él no se había tomado una maldita pastilla en su vida, "no hay mejó médico que uno mijmo".

Empezó a cansarme, no me gusta alguien que hable mal de San Aspirina, puedo olvidarme las llaves pero no a ellas, puse el modo "pasando del tema" ON y poco después terminó su primera y última copa, "me voy...a lo mejó vengo luego", "(mejor no) adiós, hombre, adiós...".


Volvió.


Pero "pasando del tema" continuaba ON.


En esta vida no se puede ser bueno: todos los infelices se pegarán a tí como garrapatas.


¡Qué jodío, don Miguel! sólo a un genio puede ocurrírsele acunar el ideal femenino en un sitio así.


También él sabía que todo es una jodida mentira.

martes, 13 de diciembre de 2011

YO, BIEN...¿Y TÚ?





Poco después he encontrado la razón.

Era el tipo del extremo izquierdo del banco de enfrente, un barbas de rostro duro, con menos canas en su abundante, recio y corto pelo de las que tengo yo con quince años menos, aunque eso sí, las arrugas y el color de su piel revelaban dos cosas importantes: que era el padre de la joven virgen del hiyab.

No tendría más de quince años, estaba sentada a tres butacas de su viejo, las pequeñas manos entrelazadas, mirando con timidez a su alrededor, en una de ésas sus ojos se han cruzado con los míos, ha mantenido la mirada al darse cuenta que estaba mirándola, he sido yo el primero en mirar a otro lado, poco después se ha levantado y se ha puesto de pie junto a él, ahí me he dado cuenta, tampoco era tan difícil, pero en esos sitios uno no tiene la cabeza nada más que en su nombre. Y en los negros ojos de una joven virgen mora.

Iba por la segunda escucha del Cuarto Movimiento de la Novena de Beethoven cuando he empezado a sentirme incómodo; llevaba casi cuarenta minutos de pie, apoyado contra la pared, rodeado de viejos y no tan viejos que estaban esperando lo mismo que yo, todos envueltos por el manto del silencio ante la amenazante duda, sólo roto por el inevitable cuchicheo de algunas telecinqueras, he pensado que estaba ultrajando a Ludwig Van y su eterna composición, utilizándolo como aquel que pone el televisor para dormir, intentaba concentrarme en la música, olvidarme del lugar donde estaba, pero era estúpido, no podía hacerlo, aún no hay luminosos en los que aparezca tu nombre con la puerta que debes pasar, tienes que oírlo, cosa rara en estos tiempos, recuerdo que me he acordado de los sordos, "¿y ellos?". No sé, supongo que tendrán que ir acompañados. O ponerse un cartel en el caso de que estén solos: "soy Fulano de Tal". Han dejado un sitio libre y me he sentado sin mirar a nadie, la educación termina cuando la cabeza empieza a darte vueltas, a los dos minutos ha dicho mi nombre y apellidos una metálica voz de mujer, algo va mal cuando uno oye sus apellidos.

Una gorda me ha ordenado que abrazara una fría máquina, ella se ha ido detrás, tras el cristal, he vuelto a sentirme ridículo, "coge todo el aire que puedas y contén la respiración", he obedecido lo mejor que he podido, lo cual no era mucho según me ha dicho al salir, "ahora ponte de lado...así...e intenta hacerlo mejor...", "puedes irte", he pillado el abrigo y la bufanda, casi tengo que tirar abajo la puerta de salida, "¿el cerrojo...a la derecha...a la izquierda...? ¡mecagoenmiputavida!". De reojo he visto como el resto de patibulari@s me miraban al salir, ni me he fijado en Sherezade aunque he pasado junto a ella, tales son los efectos que provocan estos lugares: ni la belleza es suficiente para retenerte.

A pesar de que una amiga me había indicado el camino hacía menos de una hora he sido incapaz de dar a la primera con mi segunda parada: "oiga, ¿esto donde es?". Un hospital siempre será un laberinto para mí, es como si al pasar me arrancaran los ojos o me pusieran una venda, si fuera algo bueno lo que me esperara seguro que lo haría sin fallo, pero ahí no hay nada bueno, es como si tu cabeza desconectara, "vete, vete, vete...", más quisiera. Pero a veces hay que ir. Escapar no soluciona algunos problemas.

Un oceáno de despistad@s iban de acá para allá, preguntando a enfermeras, celadores, a todo lo que se moviera y fuera de blanco, por tu salud mental jamás lleves ese color cuando vayas ahí, la verdad es que también tienen lo suyo éstos, aguantar las mismas preguntas, las mismas prisas, las primas quejas, como si ell@s tuvieran la culpa del mal que aqueja al pesado inquisidor...la verdad es que cada uno tenemos lo nuestro. Sólo es necesario dejar de mirarte por un momento para ver que no estás tan mal.

Al final he conseguido dar con mi amigo Enrique:

- "¿Dónde te has metido? me han dicho hace un rato que estabas esperando..."
- "Ya...pero me he despistao...he ido arriba...no sé...siempre me pierdo cuando vengo aquí..."
- "Bueeeeno..."

Estábamos solos, en silencio, él mirando su máquina y yo mirándole a él, por fin lejos del tumulto, aunque únicamente te separen diez metros de él, a veces una simple puerta supone millones de años luz, a veces una puerta es la diferencia entre la nada y el todo...

- "Pues...estás igual que la otra vez...¡qué radiografía más pobre que te han hecho!...tranquilo, no tienes nada malo...pulmón de fumador...¿te duele constantemente?"
- "No, a veces...no sé si ya es algo psicológico...estuve dos semanas tomando el anti-inflamatorio que me dijiste...bueno, entre medias me pillé dos o tres de las gordas..."
- "Por qué dices eso de psicológico?"
- "Me acuerdo de mi tía...cómo empezó...el dolor ahí..."
- "Bueno, bueno, tu tía era diez años mayor. No te emparonies, no tienes nada malo, al menos nada apreciable con una radiografía. Voy a recetarte algo más fuerte, lo tomas unos días, dejas de hacer el imbécil durante un tiempo y verás como se te pasa...¡y no tengas esa cara, capullo!"


Lo primero que he hecho al salir ha sido un cigarrillo, pero tan malamente que se me ha caído la boquilla, "mejor en el coche", la mañana estaba fría, nublada, pesada...más o menos como yo durante estos últimos días; he ido a la farmacia, he comprado el material y me he venido para acá. Había decidido salir a dar un paseo pero he pensado que mejor escribía algo antes. Y eso es lo que he hecho con la ayuda de cuatro cigarrillos más y una botella de agua.


El sol está entrando por mi ventana, tímidamente, las nubes son demasiadas, siguen bajas, hace frío, voy a dar una vuelta y a comprar el pan.


Sí, tengo frío, pero estoy en mi casa y anoche pensaba que quizá hoy comería caldo de avecrem en la cama de un hospital, sin más abrigo que el pijama reglamentario, para algo tienen al infierno en las calderas, calor para cuerpos que se van enfriando, apagando, muriendo...


Ensalada de primero y filetón de ternera como segundo.


Y un Marlboro de postre.