domingo, 13 de noviembre de 2011

DE TÚ MEJÓN





Estaba paseando contra el viento, bajo un sol que parecía acabara de salir de una sesión de quimio, cuando ha empezado a sonar el fraseo inicial de "Sweet child o´mine" y, automáticamente, he recordado a las dos parejitas que ayer pusieron la coda en la sesión nocturna de nuestro bar.

La verdad es que fue curioso, porque poco después de entrar ellos pasaron dos críos que aún no tendrán 18 años, "un botellín y un red bull" me pidieron mirando como se mira cuando sabes que el camarero se está preguntando qué coño hacen estos dos mocosos aquí, hablándome de usted, cosa que me sorprendió, todavía algunos saben hacerlo, aunque no sé si me sentó bien o mal, a veces la educación está hermanada con la falta de tacto, pero en fin, bastante tienen ellos con capear el temporal de sus hormonas como para encima pedirles que calibren bien el tratamiento hacia alguien que podría ser su padre, aunque gracias a Dios no sea así. Me jode que me llamen de usted, pero sí un crío me trata de tú también me sienta como una patá en los cojones; no sé...supongo que lo mejor es no verlos.

Las dobles parejas hablaban a voces, más bien ellos, ambos con aspecto de tener menos luces que Orcasitas, uno el típico chulito y el otro el típico gordito fuertote, aquel fardando de coche y éste de su aguante bebiendo, las dos crías escuchaban y reían, "trina de limón y coca cola", delgadísimas, rubísimas, monísimas, ¿pero qué mujer no lo es cuando apenas hace dos telediarios que ha empezado a serlo?. Así que mientras mi colega Mortimer y yo veíamos el póker de la tele sin decir ni mú, ellos fanfarroneaban ante ellas, el juego de siempre, me parece que estaban en trámites, en caso contrario, y dada la hora y lo que llevaban encima, les hubieran metido mano allí mismo, un ejercicio de exhibición del amor al que éramos tan aficionados cuando queríamos que los demás dejaran de vernos como los críos de mierda que éramos. Porque sí, queríamos hacerlo, pero casi más que nos vieran hacerlo, o al menos que supieran que íbamos a hacerlo...como dijo aquel: "¿Qué gracia tiene si los demás no lo saben?".

El gordito me pidió su cuarto Cutty con naranja mientras el chulito mediaba su segundo con Red Bull, "te lo pongo pero nos vamos enseguida...", "es un momento, ¿qué le debo?", otra vez el jodido usted, ¿tan viejo soy?, mi amigo Mortimer apuraba su cuarto Ballantine, estaba empezando a emborracharse, "sólo heredé lo malo de mis padres...feo, calvo...y veo menos que una polla liá en una trapo...", ha tenido que dejar el reparto, no ve, no puede conducir, tuvo un susto hace unos meses y le ha cogido miedo, ahora está a media jornada, a la espera que le den su piso de nunca acabar, piso que pagó en mano, sobre plano, con los ahorros de toda su vida, el pobre no ha tenido oportunidad de gastarse el dinero, cuarenta años y viviendo con sus padres, él jodío de la cabeza y ella jodía del agotamiento, un cuadro expresionista, "me asusté, Kufis...me asusté mucho...no veo..."


Se fueron, nos fuímos, le dejé en casa de sus papás y me fuí a la mía.


Desperté como Murray en el pueblo de la marmota.


Solo que yo me cambio la canción.


"Dulce niña mía"


También yo fuí tú.


Eso de usted no acaba de convencerme.

viernes, 11 de noviembre de 2011

CRUELDAD INTOLERABLE





El circo de cachondeo ha llegado a la ciudad. Aunque llamarle circo a semejante cosa es una desmesura; "cirquito", "cirquiñín", "cirqui"...y me paso.

Normalmente, cuando un circo llega a la ciudad, las farolas y demás víctimas propiciatorias son vestidas con grandes y excitantes cartelones en los que la empresa publicita a base de sugerentes dibujos sus atracciones: colores llamativos, mujeres despampanantes, exóticos domadores (y domadatrix de pesadilla. O de sueño, según quién) y, claro está, bestias salvajes que hubieran hecho tentarse los machos al mismo Aragorn.

Pero la crisis también es para los circos. La hecatombe, en este caso.

En tamaño DIN A-4 aparece la fotografía de un chaval de no más de 11 años con dos leones dibujados a sus pies, "¡EL DOMADOR DE LEONES MÁS JOVEN DEL MUNDO!". Ésa es toda la propaganda, no hay más variantes: ni equilibristas, ni payasos, ni cocodrilos, ni osos, ni anacondas, ni leches...un crío con evidente sobrepeso y la griposa imagen de dos fieras. Punto.

Y es que viendo el continente se ve el contenido. Casi siempre.

Iba caminando, algo acalorado por el exceso de ropa en esta otoñal mañana, cuando a unos 150 metros del lugar me ha dado un pestazo a naturaleza que casi me echa para atrás; la Humanidad sin jabón deja de ser civilizada, pero la Naturaleza en la civilización es asquerosa, abominable, como una puya de "Devuélveme la vida" en mitad del preludio de "Tristán e Isolda", un horror.

Mientras me acercaba he visto la carpa y el consabido cinturón de camiones ("trailer", ponía en uno de ellos. Quizás en Nauru, aquí no pasas de camioncete). Aquella era la típica lona rojiblanca, pero su tamaño te daba todos los porqués a la cutrez de las cartulinas publicitarias: no más de 15 metros de diámetro. De verdad que no me explico que coño de bestias se pueden meter ahí,aunque al llegar a su altura he encontrado la explicación: un pony enano, gordo y feo, estaba atado junto a una especie de caballo igual de vomitivo que él mientras pastaban los hierbajos de las cercanías de tal forma que parecían haberse fumado un petardo de marihuana, somnolientos, aburridos, desganados, condenaos...tristes. Algo más alla una especie de cabra estaba haciendo lo mismo de la misma manera, al pasar junto a ella me ha enseñado el culo mostrándome su enorme vagina, ¡Dios, qué angustia!, he recordado un chiste clásico de Vulleimin en el que se ve a un tipo de caracteres simiescos mirando a una mona en el zoo, ésta se excita y le ofrece su chochito a través de las rejas, el tío se la queda mirando con un cigarrillo en los labios y en esto que aparece el veterinario y le dice: "¡SEÑOR, SEÑOR, NO SE VAYA, TENGO QUE DECIRLE ALGO...JAMÁS HABÍA VISTO A ESTA HEMBRA TAN RECEPTIVA,...! ESCUCHE...¿QUÉ LE PARECE SI LA MONTA POR 500 FRANCOS?". Se queda pensando un rato y le dice: "¿Podría ponerle unas medias de rejilla?", "¡CLARO!", y sale disparado a por ellas para ponérselas. "¿Y BIEN, CONFORME?", "ehhh...uhhh...sí...¿pero podría pagárselo en dos veces?".

En fin...que una pena. Pocas cosas tan deprimentes y anacrónicas como los circos.

Un zoo todavía tiene un pase si está en condiciones, pero un circo...eso sí que es maltrato animal, eso sí que debería estar prohibido, animales que en su hábitat serían poco menos que dioses yacen drogados a los pies de energúmenos, enjaulados en nichos, viajando de acá para allá a lomos de máquinas pestosas, anulados sus instintos, como muñecos con corazón, sin cuerda pero con látigos...se me ocurren muy pocas cosas más tristes que ver los ojos de esas fieras. Si hubiéramos visto los de Johnny en la icónica película de Dalton Trumbo no habrían desprendido más tristeza que los de ellos. Patético.

Y luego dicen de los toros...

Un toro bravo vive cinco años, que corresponden a 25 nuestros, muere en plenitud, como los dioses, la vejez no los alcanzará, se irá de la vida en lo más alto, no conocerá la decadencia, pero hasta entonces vivirá como un príncipe, en libertad, junto a sus semejantes, con un ejército de humanos sirviéndole, atendiéndole, pendiente de él las 24 horas del día, si está enfermo, si se ha lesionado, si está triste...¿qué otro animal puede decir lo mismo?. Todos son carne para la picadora, para nuestra picadora, pero mientras les llega el momento estoy convencido de que cualquier animal de la tierra desearía ser un toro, incluso muchos de nosotros nos cambiaríamos por ellos en algún momento.

Y después su muerte que puede no ser tal si es lo suficientemente bravo, entonces le perdonarán la vida y el resto de los años que le queden se dedicará única y exclusivamente a follar, a dejar su semilla en cientos de vacas, a descansar bajo una encina entre polvo y polvo, a comer fresca y rica hierba, a ser admirado por todos, "ése es Fulanito, el que indultó José Tomás en...", no lo indulta el torero se indulta él con su fiereza, con su bravura, con su nobleza, con su valentía, con su resistencia al castigo, y todo por veinte minutos de sufrimiento, extremo si se quiere, ¿pero qué es la vida cuando sales del regazo de mamá?, sufrimiento, competición descarnada, un sálvese quien pueda con efímeros momentos de placer que nos hacen seguir adelante aunque veamos las banderillas a la vuelta de la esquina, nuestro indulto es la muerte, excepto para la élite que nace indultada, el resto a seguir el juego y hacer el cabrón, ochenta años de esperanza de vida para que no dejen un sólo poro de nuestra piel sin hollar...

¿Quién no querría ser toro?

Que le pregunten al resto de animales, metidos en una cadena sin fin para recibir una estúpida descarga eléctrica que los deje secos después de haber pasado su triste existencia con la única misión de ser cebados hasta la naúsea, cagándose vivos ante el terror INAPLAZABLE que les espera, sin ninguna oportunidad, que les pregunten...¡Ay si los animales hablaran con palabras!


Los toros son las estrellas del rock del reino animal.


No quiero terminar sin dejaros el vídeo del zeppitauro más bravo que he visto en mi vida, un toro que no fue indultado porque Madrid es así, pero un toro cuyo nombre se recordará siempre con admiración y respeto...porque hasta nombre tienen los toros, ¿qué otro animal puede decir lo mismo? un animal no es más que un animal, otro más, pero cuando te ponen nombre dejas de ser rebaño para convertirte en singular, único e irrepetible.



PD. Antes de que lo preguntéis, el nombre de la diosa que ha mandado a galeras a Daria "la de las flechas" es Jessica. ¡Con ésa belleza que menos que tener un nombre!. Lo que os digo...¡ah!, y tiene novio, supongo que uno de los indultados al nacer, para eso nos tienen, para que engendremos mujeres así, una entre diez mil, y sacarlas del arroyo, como si fueran sus salvadores, valientes hijosdeputa, sino hace tiempo que todos seríamos pastillas de jabón. Para eso seguimos por aquí, para darles diosas y para que nos banderilleen entre polvo y polvo.


En algo se tienen que entretener mientras reponen fuerzas.


Al toro le basta con mirar a la luna.


La diferencia siempre estuvo en el estómago: nosotros no podemos vivir sin carnaza ni sangruza, a él le basta con pasto fresco para ser el más fuerte y el más benevolente.


Mientras no le toques las pelotas, eso es cosa de su harén, sino súbete a un árbol bien grande.


Aunque como lo hayas cabreado de más será capaz de tirarlo a base de embestidas, y entonces tú también podrás darte por follado.


El Toro:


jueves, 10 de noviembre de 2011

ESCAQUEÁNDOME





No es habitual que pase por allí, pero tampoco algo excepcional. No sé quien fue el "jenio" que ordenó embaldosar aquello de esa forma, pero fijo que lo hizo pensando más en las serpientes que en los seres humanos: las raíces de los grandes árboles que pueblan el lugar son tan fuertes que han transformado en un galernoso mar de cemento lo que se suponía un piso liso y firme para ver tranquilamente a tus hijos jugar en los toboganes y demás chismes, así que mejor llevarse un casco si decides darte una vuelta por la zona. Y si eres viejo...mejor no vayas.

Ví algo tirado en el suelo, cerca de la cosa estaba una joven pareja con su perro, él hablando por teléfono y ella tapándose la boca con una mano mientras con la otra sujetaba al animal. Al acercarme me dí cuenta de que lo que había tirado en el suelo era un tío, al pasar a su altura lo reconocí, un solitario borrachín casi sesentón, supuse que ya estaría pedo a las once de la mañana, ya se sabe que no hay que meterse en el agua si has bebido, aunque quizá no lo hubiera hecho, tal vez iba a hacerlo, la fama es lo que tiene, llega un momento en el que eres lo que has sido.

No se movía, alrededor de su cabeza la sangre había dibujado una extraña figura que rellenaba los surcos dibujados en las demoníacas baldosas, pero entonces, en los dos últimos segundos que mis ojos disponían para verlo, el hombre abrió el único que se le veía, me miró e hizo un movimiento con la mano, yo seguí caminando, pocos pasos después me volví y le grité al chaval que si estaba llamando a una ambulancia, me dijo que sí y ya no miré más atrás.

Apenas me quedaban cinco minutos para llegar a casa, durante el trayecto tuve la sensación de que no lo había hecho demasiado bien, quizá hube de coger esa mano temblorosa, hablarle, tranquilizarle, "ya viene la ambulancia, no te muevas...", por un instante estuve a punto de volver sobre mis pasos y hacerlo, pero lo pensé otra vez y lo dejé estar.


En la pantalla del ordenador ví que Paquirrín iba a ser padre, me olvidé de la persona que había abandonado a su suerte e hice un comentario sobre tan extraordinaria noticia.


Horas después recordé al ser humano que pedía algo de calor de un semejante en una situación difícil.


Y volví a pensar que lo había hecho mal.


Una vez más.


Puede que el diseñador tenga razón: cada vez somos más serpientes y menos personas.


Soy.

martes, 8 de noviembre de 2011

CUARENTA AÑOS SUBIENDO LA ESCALERA




Hoy, 8 de noviembre de 2011, se cumplen 40 años desde la publicación de la mejor canción de la historia del Rock. Cuarto corte, cara A, "Led Zeppelin IV"


Cuarenta años subiendo la Escalera al Cielo

Y bajándola

Muchas felicidades, preciosa

Por ti sí que no pasan los años...


Gracias




"Hay una dama que está segura
de que todo lo que reluce es oro
y va a comprar una escalera al cielo.
Cuando llegue allí ella sabe,
si las tiendas están cerradas,
que con una palabra puede conseguir a lo que venía.
Y va a comprar una escalera al cielo.

Hay un letrero en la pared,
pero quiere estar segura,
porque ya se sabe que a veces
las palabras tienen un doble significado.
En un árbol junto al arroyo
hay una pájaro que canta.
A veces nuestros pensamientos son dudosos.
Me hace pensar.

Siento una cierta sensación
cuando miro hacia el oeste
y mi espíritu grita por irse.
En mis pensamientos he visto
anillos de humo entre los árboles
y las voces de los que se quedan mirando.
Me hace pensar.
De verdad, me hace pensar.

Y se murmura que pronto,
si todos llevamos la batuta,
el flautista nos conducirá a la razón.
Y amanecerá un nuevo día
para los que resistan.
Y en los bosques resonarán las risas.

Si hay alboroto en tu cercado
no te inquietes,
sólo es una limpieza a fondo para la reina de mayo.
Sí, hay dos sendas que se pueden seguir,
pero a la larga
aún se está a tiempo de cambiar de camino.
Y eso me hace pensar.

Tienes la cabeza aturdida y no funcionará.
Por si no lo sabías,
el flautista te llama para que te unas a él.
Querida dama, ¿oyes soplar al viento?
¿Y sabías
que tu escalera está en el susurrante viento?

Y mientras serpenteamos por el camino,
nuestras sombras más altas que nuestra alma,
por ahí anda una dama a la que todos conocemos
que irradia luz blanca y quiere enseñar
cómo todo aún se convierte en oro.
Y si escuchas atentamente,
la melodía te llegará al final.
Cuando todo sea uno y uno sea todo.
Ser una roca y no rodar.

Y va a comprar una escalera al cielo."



martes, 1 de noviembre de 2011

AL HOYO





Noviembre siempre fue el peor mes para los bares: los días son más cortos y las noches más largas, se va el calor y llega el frío de verdad, la gente se desanima cuando la oscuridad reina, se encierra en sus casas con su calefacción, su frigorífico y su familia y deja las relaciones públicas para el fin de semana, cuando saben que el resto hará lo mismo, cuando quedarse en el hogar resulta algo poco menos que extravagante. Es una convención natural: si a las seis de la tarde es de noche y hace frío no existe otro sitio mejor que tu casa. Y no te digo nada si llueve...

Es ahora cuando las moscas no salen de los bares, las moscas de bar, se entiende, a las otras ya les irá dando matarile el general Invierno. Bendito sea.

Las moscas de bar son solitarias, como todas, con la diferencia de que en lugar de alimentarse de basura lo hacen con alcohol, pero beber con la sola compañía de tus cuatro paredes es como comerse una mierda para uno solo: no mola; por lo que salen al encuentro de otras como ellas, cosa que les resulta bastante fácil, únicamente hay que dar con un luminoso y una puerta abierta, hoy en día las únicas puertas que nunca están cerradas son las de los bares, ni las iglesias tienen más tiempo las suyas abiertas, muy mal tienes que estar para no ser bien recibido, cosas de la competencia y la crisis. Hoy las confesiones más sinceras se hacen en las barras de los bares. Los curas lo hacen en la penumbra, en silencio, con todos los santos del cielo mirándote, incluso Jesucristo dicen que anda por allí...es normal que la gente se acojone y suelte las cuatro obviedades imprescindibles para salir del paso cuanto antes, demasiada sobriedad para decir la verdad de lo que te pasa, mejor en el bar, con luz y ruido de fondo, a un tipo que conoces y con San Alcohol como Espíritu Santo, no hay otro como él para hacer soltar la lengua, no hay lengua de fuego más efectiva que la que vive en las botellas de colores de los bares.

Así que ahí volveremos a estar nosotros, escuchando los verdaderos problemas de la gente aunque no tengamos casilla en la declaración de la Renta, "mis orejas por tu hígado", y en algunas ocasiones, pocas, también el corazón. La mosca de bar adora noviembre porque después viene diciembre. Y ése es su frente ruso: nada puede acabar con ella, nada, menos la Navidad.

Una mosca de bar puede soportarlo todo, hasta un pepinazo atómico, hay estudios sobre ello, pero antes de pasar el frío Rubicón que vuelva a traerle algo de luz y calor a sus vidas debe enfrentarse con su más feroz enemigo, con ése que año tras año se empeña en hacerle ver espejos curvados en lugar de rostros, con ése al que sus cada vez más menguadas alas les resulta imposible superar ni aunque fueran capaces de elevarla a la cumbre más alta, un adversario tan formidable que provoca en la mosca de bar el deseo de ser un oso de la montaña para hibernar durante ese mes y no te enterarse de nada, aunque allí arriba sólo estuviera acompañado por la nieve y el frío, a fin de cuentas no sería tan diferente como aquí abajo...pero no hay frío más helador para la mosca de bar que ver su memoria en los ojos de los demás, les resulta casi pornográfico, se ven completamente desnudos, ni San Alcohol puede echarles una mano, es más, les arranca la piel de cuajo, abre sus costillas dejando a la intemperie su corazón, porque también gasta de eso la mosca de bar, de hecho es su órgano más grande, lleva tanto tiempo sin sentir el latido de otro que tiene sus cinco sentidos puestos ahí, pero no les sirve de nada. Cuando se es una mosca de bar se deja de ser todo lo demás.

Y cuando la mosca de bar se da cuenta de que ya no puede dejar de serlo, cuando abandona toda esperanza, cuando acepta que ya sólo será una mosca de bar hasta su muerte, le entra un ataque de dignidad y toma la decisión de comer su ración de mierda entre sus cuatro paredes, sin aceptar ayuda ni compañía, no hay camino más corto para llegar a la Soberbia que la Deseperanza.


Mi más querida mosca de bar, una mosca de bar con grandes barbas, terminó de comerse su ración de mierda hace algunos años. Y lo hizo sin que por más que lo inténtaramos cenara con nosotros algo diferente a su menú habitual en esa noche en la que hasta el mismo Lucifer busca compañía para no echarse a llorar.


Porque ni para ése hay lugar en el Universo donde esconderse y no darse por enterado.


Es lo malo de ser todos hijos de un mismo Dios: que no hay manera de serlo de otra forma.


Cosa que, más que ningún otro, sabe la mosca de bar.


Y con ella pasa Dios esa noche.


Porque de no ser así no la verás más.

domingo, 30 de octubre de 2011

LAS MUJERES CON CUATRO OJOS





...y cuando ellas terminaron de hablar apagué el televisor, encendí el brasero, me tumbé en el sofá y poco después dormí una larga y pesada siesta. Tan larga y pesada que al despertar no recordaba ni el día que era. Cosas del exceso de garbanzos, pensé, siempre he sido muy bestia comiendo. Tampoco aprenderé a hacer eso de otra forma. Hasta que me "aprendan". Así aprendemos la mayoría: cuando no queda más remedio.

Aún tenía tiempo de sobra antes de ir a trabajar, podría haber navegado por la Red, fumarme unos cuantos cigarrillos, ver la tele, leer algo...pero tenía tal nube en la cabeza que decidí darme una ducha y largarme con el coche a un sitio tranquilo, a fin de cuentas la tarde se veía espléndida a través de la ventana, estaría mejor fuera que dentro, y es que sólo somos tontos para lo que queremos, para lo que no queremos.

Aparqué el coche, apagué la música, me hice un pito, salí afuera y me senté en un banco mientras miraba la ciudad lo suficientemente lejos como para hacerlo con cierta indiferencia. La distancia hace que todo pierda importancia. Lo suficientemente lejos para que no te encuentren y lo suficientemente cerca para no perderte.

A lo lejos se oían trompetas, por un momento pensé que quizá fuera la pareja de perroflautas que me encontré al llegar, estaban con su camión de mierda y su perro de mierda, los portones abiertos, apestaba sólo imaginarlo, así que me aparté todo lo que pude, no quiero nada con esa gente, no quiero nada con nadie que no quiere saber nada más que como colocarse sin moverse y que sólo corren cuando necesitan quedarse quietos. Y en silencio. Estúpidos.

Poco después llegó un coche con una pareja joven dentro, él conducía y ella hablaba lo suficientemente alto como para que pudiera oírla a pesar de que me encontraba a 50 metros. Pararon. Me vieron. Al menos él. "Vámonos a mi casa", imagino que le dijo porque ella empezó a ametrallarle al instante, "¿PARA ESTO ME HACES SALIR?...¿PARA ÉSTO ME SACAS DE MI CASA?, ¿NO DECÍAS QUE NOS ÍBAMOS A FUMAR UN PORRO? ¡HÁZTELO! ¡YO NO ME VOY A TU CASA! ¡ESTOY HARTA DE ESTAR ENCERRADA! ¡SI TE VAS A TU CASA DÉJAME EN CASA DE MIS PADRES! ¡ESTOY HARTA!...". El chico arrancó el coche, puso el ruido discotequero y se fueron. Sonreí. Yo también tenía que irme, subí al mío y regresé por el mismo sitio, los perroflautas se habían ido, nunca sabré si las trompetas eran suyas porque ya iba con las mías, las que me gustan, además que tampoco sonaban tan estupendas como para buscarlas. Y menos aún cuando por delante te esperan diez horas de trombones solistas y tubas solistos, las buenas orquestas se escuchan en los buenos teatros, en los bares están las pachangas, cada una haciendo la guerra por su cuenta, así suenan, como si estuvieran afinando los instrumentos, pero el problema es que nunca arrancan a tocar, siempre están afinando, o al menos creyéndolo, aunque lo único que hacen es desafinarlos cada vez más por sus ansias de sobresalir sobre el resto, así que en el corral de comedias que son los bares sólo se oye a quienes lo hacen mal, aunque de vez en cuando escuches una bella nota perdida entre la vorágine de ruidos, cosa que tampoco te valdrá de mucho, tú eres el director de la función y no puedes abandonarla a no ser que quieras que destrocen tu pequeño retablo de las maravillas, debes seguir con lo tuyo, dándoles más para que se crean mejores, viendo, oyendo y callando, únicamente de esta manera es posible dirigir una orquesta de aspirantes a borrach@s: anulándote, dejándoles que trago a trago se dirijan por su cuenta, ya se cansarán y se marcharán a las últimas titiriterías abiertas, allí donde el violín se toca con los dientes y la flauta con los pies, allí donde la memoria se queda en la puerta...entonces será tu momento para sacar a escena a Herbert von Aspirina y dejar que haga su trabajo para que vuelva a colocar tus neuronas en su sitio. No hay otro como él.


Al llegar a casa recordé a las mujeres que tienen dos ojos en la frente (von Aspirina estaba haciendo bien su trabajo, como de costumbre), escuché sus quebradas voces, ví sus lágrimas, lágrimas que tienen más años que vida disfrutaron sus hij@s, lágrimas que aún caerán de sus ojos cuando sólo queden las cuencas, lágrimas que pudrirán prematuramente la madera de sus ataúdes, lágrimas que fertilizarán la tierra que las acoja en su último viaje, lágrimas que ojalá y hagan crecer buenos frutos...


porque esa es la Lluvia de la Justicia, de la Memoria y de la Dignidad, la Santa Lluvia que no cae de las nubes, la Sagrada Lluvia que nace de la tierra donde muchos inocentes dieron su sangre para que nosotros podamos seguir dejando nuestra memoria a las puertas del último garito de la noche.


Una noche tan oscura que dará asco cuando miremos para atrás.


Ahora sé que no fueron los garbanzos.

viernes, 28 de octubre de 2011

¡A LAS BICICLETAS!




Pocas cosas hay que me pongan tan triste como oír el tañido a muerto de las campanas en una tarde fría y lluviosa.

Es algo que viene conmigo desde la infancia, primer y único avituallamiento que tendremos en nuestro camino, aunque somos tantos, hacemos la carretera tan estrecha y vamos tan rápido que muchos se quedan sin él y luego pasa lo que pasa: no es que quieran el de los otros, quieren que los otros estén como estuvieron ellos; aunque no saben que eso es imposible: nunca conseguirán que olvidemos una felicidad pasada, es como la huella de un elefante, de un gigante, así de grandes y profundos son los recuerdos de la niñez, que por mucha mierda que vayamos echándole encima jamás será tanta como para borrarla.

Creo que aquel sentimiento me viene de cuando se murió mi abuelo materno.

Era el día de los Santos Inocentes, estábamos de vacaciones navideñas y nuestra madre nos despertó, "¡levantaos que os llama el abuelo!", fuimos al teléfono, "¡os he comprado unas bicis!", nos volvimos locos, pero cuando estaba despidiéndose dijo que era una broma, que era el 28 de Diciembre, que éramos unos inocentes, y se reía, se reía mucho, al principio nos enfadamos, le dijimos tonto y eso, pero luego nos dió por reír, a nuestra madre también, todos reíamos...

Dos horas después volvieron a llamar. Era la abuela, la "yaya": el abuelo había muerto de un infarto. Mi madre empezó a llorar, nosotros también, ella se fue y se quedo una tía con nosotros. Yo tenía 9 años, mi madre 30 y mi abuelo 60. Todos demasiado jóvenes. La muerte casi siempre es una metepatas, una aguafiestas, pero aquella mañana, además, fue un poco bastante hija de la gran puta.

Ése fue mi primer contacto con la muerte, ahí me dí cuenta de que no era una cosa de las novelas o de las películas, donde sólo morían los malos, donde la muerte era justa; no, no lo era, y también era mala, estaba haciendo llorar a gente que nunca la había visto llorar, tenía que ser muy mala para lograr eso, me dí cuenta de que nunca más volvería a ver a mi abuelo y me sofoqué mucho, quizá también, en ese momento, sin darme cuenta, supe que también yo tendría que morir. Tal vez sea necesario despertar a la muerte para despertar a la vida. A la verdadera vida, a la que tienes que escribir tú, no leer de otros. Tal vez no. Seguro.

A partir de entonces cada vez que oía el lúgubre y monótono canto de las campanas me embargaba una fuerte sensación de tristeza, recuerdo que en algunas ocasiones echaba a correr todo lo rápido que podía para dejarlas de oír, sabía lo que significaban y no podía soportarlo, pero no conseguía silenciarlas, aunque me encerrara en mi cuarto las malditas campanas seguían en mi cabeza, el tono agudo y después el grave, hasta el infinito, parecía que se iban pero no, otra vez volvían a empezar, una y otra vez, hasta que al final paraban. También ellas.


Hoy no las he oído, aunque sí he visto al resto del reparto: nubes bajas, frío intenso, lluvia fina, débil, vieja...


Hoy el badajo de la campana han sido las miradas de los pocos otros que han pasado al bar, el silencio de sus bocas en las copas, la mano en la mejilla, el codo en la barra, el pie en la chambrana del taburete, parecía como si cada miembro de sus cuerpos buscaran un punto de apoyo, un lugar donde aferrarse para no caer, para seguir en el camino, para continuar dando pedales, no hay que pararse, no puedes pararte, las caídas ya no son como antes, que más que de huesos estabas hecho de goma, cada vez cuesta más, cada vez son más peligrosas, cada vez eres menos de goma y más de huesos, cada vez tu airbag está menos inflado, cada vez está más cerca el día en que suene tu campana,


pero hasta entonces...


¡HAY QUE SEGUIR DANDO PEDALES!


Y si también nos quitan la bici...seguiremos andando, aunque sea arrastras, no os va a ser tan fácil desembarazaros de nosotros.


Podréis quitarnos todo el avituallamiento que nos quede, pero lo mejor ya nos lo comimos, así que hala, comeros las putas sobras.


Pero no olvidéis que seguimos enteros. De una pieza. Y todavía quedan reservas de todo aquello.


¡De pie, coño!