
Estaba lurkeando en el blog de unos amiguetes culés cuando me he visto y no me he reconocido.
- "¿Cómorrllll?"
Sí, ahí estaba yo, "kufisto dijo...", y a continuación un comentario malmetedor, dedojero, de ésos que estilaba cuando vivía un perpetuo día de año nuevo, aquella época en la que vomitaba por los dedos, cuando me odiaba tanto que tenía que odiar a todo el mundo si quería seguir respirando, el niño loco alemán era Bill Crosby a mi lao, en fin, cosas del desamor...
Pues sí, ahí estaba el viejo kufisto, de vuelta a las andadas, uno tras otro aparecían ante mis ojos post provocadores, hirientes, sarcásticos, escritos durante la noche de ayer y el día de hoy, "¿qué coño hice ayer?", si no recordaba mal no bebí ni gota, es más, me dormí antes de la medianoche por primera vez en un cuarto de siglo, desde que empezó el otoño arrastro un resfriado un poco cabrón, no consigo curarlo, y ayer en mi día de descanso me venció de tal manera como para hacer algo tan inusual, tan imposible para mí, como dormirme antes de que acabara el día. Luego me desperté a las dos y media y estuve toda la noche en vela, pero en fin, eso es otra historia, malditos pulmones...
No sé, últimamente la memoria no es mi fuerte, océanos mentales provocan que a veces no recuerde ni siquiera donde he dejado las llaves del coche cuando las tengo en mis manos, pero esto también es otra historia; aunque con las cosas importantes, con aquello que realmente pueda afectarme, los oceános se transforman en charcos, a fin de cuentas la memoria no es sino tu interés: si notas que el fuego te está quemando las pelotas no es necesario que nadie te recuerde que tienes que correr. Creo firmemente que cuando uno no recuerda algo es que ya no merece la pena ser recordado. Y lo mejor sería dejarlo en el limbo. Pero lo conveniente para uno casi siempre se contrapone al deseo de tus otros, así que para no enfadar a quienes te quieren te esfuerzas en recordar y cumplir con tus obligaciones. Vivir para otros es vivir contra tí.
Así que enseguida me he dado cuenta de que ése no era yo. Ése era mi primer clón.
Debo reconocer que el tipo se lo ha currado, algunos daban el pego, pero otros...el periquito enseñaba el piquito...y lo he pillado. Sé quién es.
La verdad es que resulta halagador que un completo desconocido se haga pasar por tí con el deseo de dañarte, eso significa que le importas, y si le importas a alguien es que estás vivo, hay muertos que les siguen importando a millones de personas, pero tambien hay millones de seres vivos que no le importan a nadie. Y es preferible ser odiado a ser invisible. Más aún cuando quien mal te quiere tiene un cierto nivel, no es un moco crudo, así resulta más reconfortante.
Resumiendo...he hecho acto de aparición en el blog señalado, les he dicho que ése kufisto no era el Kufisto y las cosas han vuelto a su ser, quizás hubiera sido mejor dejarlo correr, a ver donde habría llegado, las prisas no son buenas para nada, casi siempre que encontramos algo bueno deberíamos esperar un poco más antes de tomarlo, como cuando eras un crío y te comías esos sandwiches de nocilla, que te dejabas el bocao más gordo, el del centro, el más lleno de chocolate, para el final. Jamás se es más sabio que cuando se es niño: sólo haces lo que más te gusta. No hay otros.
Mientras leía a mi clón estaban pasando por la Sexta3 "La Cosa". En una de sus últimas secuencias al Barbas se le inflan los cojones y decide que para comprobar quien tiene el monstruo dentro hay que poner la sangre de cada uno al contacto del fuego.
En el caso mío y de mi primer clón no será necesario: aparte de la foto que me acompaña allá donde voy, bastará con que me pinchéis, a mi alias, digo, y él os redirigirá a mi perfil en mi blog, cosa que, por el momento, no creo pueda lograr mi Cosa.
Aunque a mi chica puede que la encuentre.
Lástima.
La quería sólo para mí.



