Básicamente, uno se hacía jevi en los años ochenta porque estaba cabreao.
Tenías trece años, estabas cabreao con tus padres y no sabías porqué, con los familiares besucones que te trataban como si fueras lo que eras, con los moñas de los amigos de siempre y su fútbol hasta con garbanzos y escudos, con los insoportables pijarracos del colegio que ya degustaban dorados bollycaos al aire de fresas salvajes mientras tú te comías el timo medio-relleno de sucedáneo de chocolate que te vendía la vieja Manola y después te manoleabas con las sumisas granjeras del "Interviú" que tu viejo guardaba donde creía que nunca lo sabrías, con los maestros inquisidores y su eterno "¿ya sabes lo que vas a hacer el año que viene?, es una decisión muy importante, piénsalo bien"...estabas despertando a la vida, y como con todo despertar abrupto e inesperado te sentías molesto, confundido, CABREADO.
No encajabas. Eras un triángulo del Tetris.
La otra noche, viendo aquel programa que os conté sobre el origen del Universo, escuché que una vez pasada la colosal explosión, toda la materia inició su baile espacial: se atraían y se juntaban creando algo mayor, planetas, satélites, cometas...todos bajo el manto protector de la galaxia correspondiente, siguiendo sus reglas. Pero también existían planetas solitarios, "vagabundos", que por alguna razón habían abandonado el baile y viajaban solos por el vacío interestelar, normalmente se debía a que su lejanía de la estrella les había hecho perder el rumbo, estaban perdidos y viajaban a la deriva, puede que encontraran cobijo en una nueva estrella, o tal vez vagaran eternamente en soledad, esperando el choque de algún meteorito que les provocara algo de calor en su helada corteza...
Pues igual era el tema. No sabías dónde coño estabas; sólo que la soledad era fría. Y con trece años uno tiene un mega-volcán a plena actividad en su núcleo.
Así que teníamos que encontrar una maldita estrella antes que se apagara y pasáramos de planeta "vagabunbo" a planeta "muerto".
Y esa estrella se llamaba Heavy Metal.
Un compañero de clase me pasó una cinta, "vas a flipar", era el "Piece of mind" de los Maiden, una grabación, claro, entonces los negros manteros todavía estaban corriendo su loca carrera con los leones en la que no se sabía quién quería comer a quién y los únicos chinos que conocíamos eran a Bruce Lee o al Fumanchú, así que las tostadas teníamos que hacerlas nosotros, que nunca un español necesito de nadie hasta que nos metieron en Uropa; algún completo desconocido se había comprado el vinilo y tueste tras tueste llegaba a tus manos. Y nunca estaba tan quemada como para no aprovecharla.
Cuando escuché "The trooper", su comienzo...no sé, me pregunté en qué cojones había estado utilizando mis orejas hasta ese momento, ¿padres, maestros, abuelos, amigos, los Beatles de papá?
Me quedé loco.
El viajero solitario del espacio había recibido la señal de su monolito. Y hacia allí que me fuí. A buena hostia.
Pasaba algo curioso con los jevis; lo que más deseaban era estar a su bola, a su marcha, a su aire, cosas todas que se pueden conseguir si pasas desapercibido, pero como eran tan pocos tenían que dar el cante visual para reconocerse entre ellos: el pelo tan largo como fuera posible para que se viera el parche de la perenne chupa imitación cuero, camisetas negras con unos monstruos que harían aceptable llevar una de Hitler, muñequeras sobre las que nuestro campechanísimo Rey se hubiera cuidado muy mucho de mostrar un afecto especial, pantalones de pitillo que dejarían al can Cerbero a la altura del Dioni para el asunto de las ventosidades, deportivas enfermas de alzheimer...algunos también unían el elemento auditivo, llevaban un "loraco" al hombro a todo lo que daba que se chupaba pilas como el puño de grandes tal que si fueran pipas peladas, las viejas los miraban y se santigüaban, pero es que de alguna manera tenían que comunicarse, no existía la Intenné, querid@s
Bueno, esto da para más y no es cosa de meterlo todo en un artículo, así que lo iré haciendo por partes, ya veremos las que salen.





