domingo, 18 de septiembre de 2011

EL ASAZ (II)




Acontece en quienes desayunan, comen, cenan y roncan con la palabra Patria en la boca que suelen ser quienes menos hacen por ella, muy al contrario, por regla general, son los más perniciosos para la buena marcha del país.

La tierra que te vió nacer, o que te acogió porque buscabas un futuro mejor, se mantiene sana si cumples la Ley, fuerte si creas riqueza, y eternamente joven si formas una familia; todo lo cual puede realizarse sin llevar su bandera en los calzoncillos, su himno en el móvil y su escudo en el maletero, cosas que no son excluyentes para ser un buen patriota pero en ningún caso resultan imprescindibles para serlo.

Los símbolos de la Patria son la corteza del árbol, pero si por dentro está hueco, carcomido, el futuro que le espera es más negro que el culo de un grillo. Por contra, y dando por descontado que los primeros anillos del tronco son los más macizos, duros y fuertes ya que de otra manera no sería posible una vida duradera, quienes vamos añadiéndole marcas a ese troco común debemos hacerlo como lo hicieron nuestros mayores: trabajando para que aquellos que vienen por detrás de nosotros encuentren un país mejor que el que recibimos.

La Patria no quiere individuos aislados, egoístas, quiere comunidades de personas donde todos miren por el bienestar de todos, ya que de esa forma le será mucho más díficil a la cizaña plantar su semilla; un solitario no ve más allá de sus narices, y el camino a seguir en la eterna llanura del futuro jamás debe ser encabezado por un Rompetechos renacido y pagadísimo de sí mismo que haya cambiado sus gafapastas por lentillas y el traje de funerario por uno de Armani: seguirá siendo el mismo idiota.

Y, como reza el dicho, un idiota jodío un pueblo.

Rogelio Palmírez nació un tormentoso 29 de febrero en el seno de una familia adinerada. Tuvo una infancia en la que no le faltó de nada, sus padres le amaban y le propocionaron la mejor educación que el dinero podía comprar, cosa que él, como se atisba en el primer capítulo de esta historia, no supo aprovechar.

Barruntábase algo de ello su padre cuando a pesar de haberlo podido evitar no hizo nada porque su hijo cumpliera el servicio militar; el buen hombre pensaba, y no se le puede negar la razón, que al joven Gelito le vendría bien una temporada lejos de su madre, dizque asaz protectora para con la criatura; nada mejor que la rígida disciplina de un cuartel y la compañía de jóvenes provenientes de todas las clases sociales, para que su primogénito diérase cuenta de que no todos podían permitirse ir las noches de los sábados con su flamante ocho y medio al piso que madame Geneviève tenía en pleno paseo de Gracia para tirarse a Rocíito la cordobesa, hembra de poderosas nalgas y hartas tetas que hacíale perder el melón al jovencito Ro en menos tiempo del que Usain Bolt necesita para correr 200 metros.

Como podréis imaginar fue algo que no le entusiasmó; por todos los medios y zalamerías propias de un redomado ególatra como él, intentó que su madre consiguiera la revocación de la sentencia, ya había pasado otras veces, no había cosa que mamá no consiguiera, pero en esta ocasión su padre se cerró en banda y no hubo nada que hacer. Estaba sentenciado: los próximos dieciocho meses de su vida los iba a pasar en Cáceres rodeado de gente a la que despreciaba con toda su almita.

Se sumió en un profundo silencio y esperó la llegada del fatídico día.

Una semana antes de su partida le despertaron con la terrible noticia: don Rogelio Palmírez García había amanecido muerto.

En la autopsia se dedujo que la causa había sido envenenamiento por Amanita phalloides, una seta muy tóxica propia de la zona, y aunque la cocinera juró y perjuró que no había ninguna de ellas en la cesta que su hermano le había traído para que diera gusto al señor, no pudo evitar su detención y la de su hermano, acusación por la que poco tiempo después fueron juzgados y condenados.

De esta manera Rogelio fue liberado de hacer la mili, a fin de cuentas era el primogénito y debía hacerse cargo de los negocios familiares.


La noche del día que enterraron a su padre se durmió pensando en lo gilipollas y lo descuidada que era la gente corriente.


Y más que ninguna otra las cocineras que salen a abrir la puerta a un amigo del señorito cuando tienen la comida a medio guisar.



FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO

sábado, 17 de septiembre de 2011

EL ASAZ (I)




Cuando Rogelio Palmirez tenía cincuenta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a la montaña de Montjuich. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así:

- "Oh, astro dorado que todo lo inundas con tu superabundancia, que sería de tí sino me tuvieras a mí...¿por qué me persigues? ¿asaz tú?"

Hay que tener en cuenta que llevaba quince años sin hablar con nadie: los diez que estuvo en la cueva más los cinco anteriores que pasó recluído en una celda cartujana sita en Vélez-Málaga, de donde lo expulsaron porque durante una cena, y mientras paladeaba una cucharada de sopa, exclamó a grandes voces: "¡¡¡A ESTO LE FALTA ASAZ!!!". El padre superior que presidía la mesa, se levantó solemnemente de la silla, con una seña indicó a su monje de confianza que le trajera la pizarra de mano y escribió lo siguiente en caractéres cirílicos:

- "HERMANO ROGELIO...LARGO DE AQUÍ"

El murmullo fue generalizado, aún mayor que cuando Iniesta marcó su gol ante los heréticos holandeses, entonces la cosa se celebró con un "¡¡¡mmmmmmmmmm!!!", pero la visión de esa frase provocó que el resto de monjes lo festejara con sonoras exhalaciones y palmadas en la espalda, alguna lágrima se vió correr por las pálidas mejillas de esos hombres santos. Y es que puede decirse sin temor a equivocarnos que el señor Palmírez, "el hermano Roger" como lo llamaban ellos haciéndose cruces, no era muy popular entre la Congregación, más bien todo lo contrario, muy al contrario, harto contrario...Intenté que me explicaran la causa de su inquina hacia él, a fin de cuentas era un hermano en la fe, estaban a punto de escribírmelo cuando a la pregunta de si quería pocas o muchas patatas con la pechuga de pollo que nos íbamos a comer contesté que "Asaz", no sé, me salió así, jamás en mi vida habia escrito esa palabra, ni siquiera estaba seguro de su significado, pero algo (o alguien) me obligó a hacerlo.

Me pusieron la pechuga por sombrero y me echaron a la puta calle.

En fin...habíamos dejado a nuestro hombre regañando al sol, hora es de recogerlo.

Bajó la montaña portando en su hombro izquierdo al hámster que habíale acompañado durante todos aquellos años de retiro, y con paso firme, diríase que furioso, tomó el desvió hacia la ciudad que tenía por nombre Barcelona hasta que dizque la rebautizó como Valdezorras 2´01, nombre sonoro, significativo y que en su opinión le cuadraba como anillo al dedo al lugar que acogiólo por última vez antes de partir hacia la montaña.

Llegado que fué a los pies de V2´01 (la llamaremos así para no herir susceptibilidades) bajó a su hámster del hombro, se lo metió en el bolsillo derecho del pantalón que habíale quitado a un espantapájaros que cuidaba un campo de escarolas, y llevándose ambas manos a los riñones y a voces harto sonoras exclamó:

- "¡Oh pretérita Barcelona, rebautizada como Valdezorras 2´01 por éste que en otro tiempo orgulloso contóse entre tus hijos, ante tu quicio pídote lo recobres, antes que yo definitivamente pierda el mío...quién te vió y quién te ha visto, presa del furibundo caganalismo, lánguida yaces ora con Jordi, ora con Arturito, esos dos pajaslargas sin idea de utilizar el pito; asaz el clero, otrora harto pío, diabólicas carantoñas hácele al nazionanista impío. Mira a tu hijo más ilustre cómo regresa de su forzoso retiro, con un ratón por toda compañía y unos apestosos Lee´s que prestados tomé de un amable y silencioso payés; pobre vengo, que no mísero, fuíme rico y mira como vuelvo, bien sabes que quién así te habla para señor nació, y a señorear volveré cuando las estrellas del firmamento hágate ver con mi poderosa tranca española, pues todavía está por nacer la mujer que no recobré el buen sentido, ante el empuje fiero, asaz que tierno y decidido, de una verga como Dios manda, de unos cojones como los míos."

Acabado que hubo su sentidísima exhortación, sobresaltóse en extremo al notar una creciente humedad en la pernera derecha, "no es posible" díjose alarmado...

- "No, Maestro...soy yo...no Usted...éste humildísimo ratón, como tiene a bien llamarme, no ha podido contener la emoción...son mis lágrimas las que se derraman por su pierna, aunque otro nombre habría de inventarse para éstas que tienen la inmensa fortuna de portar y hacer partir a alguien de su magnifecencia...no soy digno de Usted, Maestro...será mejor que acabe conmigo...es mi opinión"

- "Noble y leal Gominolito (tal era como habíale bautizado a su compañero de cueva durante aquellas largas y frías noches en la Montaña) tu chupapollez háte salvado una vez más. Anda, trepa a mi hombro, tranqulízate y límpiame la cera de las orejas, siéntome algo mareado, aunque asaz pueda ser el hambre..."


Y tal que así, con una comida de oreja, Rogelio Palmírez y Gominolito entraron en V2´56 (su cómplice silencio habíale subido la nota) en loor de DDT


FIN DE LA PRIMERA PARTE

viernes, 16 de septiembre de 2011

NI LOS GATOS TIENEN SUFICIENTES





Siempre pasa lo mismo: cuando uno se encuentra bien cree que todo el mundo también lo está.

Y no. Dura poco, lo que tardas en ver las caras de aquellos que van a trabajar, o a llevar a los hijos al colegio, o están barriendo las calles, o subidos a un andamio...

Me dirigía al habitual puesto de observación en el parque cuando he tenido un apretón, por un momento he pensado en hacerlo tras un árbol, era temprano, había poca gente y a fin de cuentas sólo se trataba de una meada, no iba a jiñar, bastante fue aquella vez en el mirador...pero bueno, me sentía bien y no era lo correcto, así que me he encaminado hacia los servicios públicos, tampoco estabán tan lejos ni era tan urgente el asunto, más que ninguna otra cosa la educación consiste en ser paciente y esperar.

En el trayecto me he cruzado con una madurita de buen ver: rubia, jamona, de buen culo, iba haciendo footing, con los cascos puestos y las gafas de sol, he tenido la tentación de hacerle una galantería, quitarme el sombrero y darle los buenos días con la mejor de mis sonrisas, pero lo he dejado correr, casi siempre dejas pasar las cosas cuando tienes tiempo para pensarlas, cuando balanceas las posibles opciones. Generalmente uno acaba tomando el platillo de menos peso, el más cómodo de sobrellevar...el paso de los años no te hace más sabio, sólo más precavido.

Mientras me acercaba al meadero he visto a un tipo en la puerta, un chaval joven, no sé, me ha mosqueao, "¿qué coño hace ése tío ahí?", por un momento he pensado que aquello estaría completo, pero no era posible, no puede ser que a las diez de la mañana de un día laborable esté a reventar un sitio como ése; pero en fin, cosas más raras se han visto.

- "¿Se puede pasar?" le he preguntado. Me ha respondido con una especie de gruñido, parecía rumano o algo así, y con un movimiento de brazo me ha dado vía libre. Dentro estaba una tipa fregando, fea y escuchimizada, ni la he saludado de la cara que tenía, no debe ser muy divertido limpiar la mierda de desconocidos, hay que tener cuidado con según a quién y cuando das los buenos días, más aún en un lugar así, puede tomárselo como un insulto...en este caso el instinto me ha hecho ser precavido. El instinto acierta siempre.

Total, que por fin me he puesto a mear, o al menos a intentarlo, la muy puta se me ha puesto a fregar por donde yo estaba, a un par de metros, sino llega a ser por el tipo que había en la puerta le hubiera mostrado 10 neuros que llevaba en la mariconera, fijo que los hubiera cogido, a fin de cuentas es una limpiadora, una matinal limpieza de bajos suele ser muy agradable y estimulante, y no creo que gane ese dinero por cinco minutos de trabajo, pero mejor no, quizá el otro era su novio y tampoco ella valía una discusión. Ni siquiera media.

Ahora estoy en mi banco, en mi mesa, viendo a las ardillas en los árboles, haciendo mil cabriolas imposibles, jugando entre ellas, estoy seguro que si pudieran pensar lo que hacen no lo harían, se tomarían las cosas con más calma, sentadas en una rama, esperando a los capullos que les llevamos las nueces que nunca comen delante de nosotros, el instinto es lo que las obliga a permanecer en el árbol, por muchas veces que te vean llevarles comida nunca bajarán hasta que te vayas, sólo hay una vida y no te la puedes jugar con un desconocido aunque te lleve comida desde hace meses, y si te la jugaras es más que probable que terminara mal, no por tí, sino por el que venga después, quizá sea un ardillicida y la rapte para freírla en aceite, hay que tener cuidado, mejor ser maleducado que confiado, solamente tenemos una vida y no es cuestión de ponerla en peligro por un qué dirán, si tuviéramos siete como los gatos quizá pudiéramos plantearnoslo...


Aunque no sé si sabéis que un gato es el animal más desconfiado que pisa la Tierra.


Si tuviéramos mil vidas continuaríamos comportándonos igual: con cuidado.


Y es que estar vivo es tan cojonudo que nadie tiene prisa por no estarlo.


Ni las ardillas.


Ni mucho menos los gatos.

lunes, 29 de agosto de 2011

PAR DE CABRONES





Nunca me ha gustado que me fotografíen; mejor dicho: posar para ser fotografiado. Eso de que ALGUIEN te MANDE, "ven...ponte delante...mejor detrás...¡sonríe!...que serio estás...", y tú mirando como un imbécil a ese tío con esa cosa delante de los ojos, tú, que no le has hecho caso ni a tu madre, obedeciendo a un desconocido, o a un conocido, o a quien coño sea quien esté detrás de la escrutadora máquina...imposible, "no sales bien en las fotos". No salgo bien porque no sé mentir y tampoco me entusiasma decirle mi verdad a cualquiera, ni a mí, hay noches en las que la muy puta no me deja dormir, aunque intente engañarla con música o leyendo. Y es que no sé mentir. Un gran fallo.

Jamás entenderé esa afición del personal por la fotografía preparada de un instante, de un momento, ¿para qué?, ¿acaso crees que te sentirás igual de feliz cuando la mires unos años después?. Me recuerda a la hormiga que se afana en verano para sobrevivir al invierno; pero lo que en ellas es natural, lógico, cuestión de supervivencia, en nosotros se convierte en artificial, estúpido, infantil, en otro vano intento de atrapar algo tan efímero como todo para que actúe como bálsamo en los malos momentos que vendrán, o como noriesco narcótico que nos haga sobrellevar con media sonrisa otra de las muchas noches aburridas que nos reserva el futuro, o como memoria de un pasado tan feliz que necesitaba ser fotografiado para recordarlo y no olvidarlo con la llegada de la tristeza y el dolor, dos monstruos de mucho cuidado.

En algunas ocasiones me he encontrado a mi madre viendo viejas fotos, álbumes de cuando éramos críos, y he tenido que sentarme con ella para verlas; ella pasa las fotos, habla y me mira, yo la escucho y respondo con monosílabos, incómodo, veo demasiada gente que ya no me gusta, que ya no son importantes para mí, algun@s hasta me resultan odios@s, ella se da cuenta pero no me lo dice, la sonrisa en la boca, "no te gustaba que te hiciéramos fotos...¡mira que cara de enfadao!...¡ay, hijo mío, que tuyo eres!". Y es la verdad, no podía soportarlo, yo andaba en el agua, o jugando, o leyendo aquellas estupendas novelas infantiles, o riéndome con Mortadelo y Filemón, cuando siempre aparecía alguna mujer y nos pedía a toda la chiquillería que posáramos, a mí eso me sacaba de quicio, de verdad, no os lo podéis ni imaginar, ¡con lo a gusto que estaba!...normal que sacara esos caretos, parezco un jodido idiota, todos los demás riendo y yo con cara de amargado, si decían de hacer más los mandaba a la mierda y me iba a lo mío, poco después aparecía mi padre y me daba unos azotes, entonces lloraba y odiaba al mundo entero por ser tan estúpido, todavía no sabía que el estúpido era yo, en la vida no siempre puedes hacer lo que te gusta, aunque creas que la alternativa es una mierda será la mayoría quien tenga la razón, y si no quieres irte a vivir debajo de un puente has de seguir la corriente. Aunque de vez en cuando salgas a la orilla para ver el show desde fuera.

Uno de las tardes más surrealistas de mi vida fue cuando mi madre decidió que debíamos hacernos la foto de familia. El quinto hijo la había llevado a las puertas de la muerte y ya que hubo quedado claro que no iba a poder tener más pensó que sería buena idea hacerse una foto todos juntos, supongo que por lo que pudiera pasar, las madres siempre miran con un ojo a lo que hay y con el otro a lo que vendrá. Y no se les escapa nada, me río de las águilas.

Bueno, pues nada, la familia al completo en dirección al estudio del fotógrafo profesional (un cojo coñón amigo de mi padre), todos limpitos, bien vestidos, los mayores con corbatita, mi padre con su mejor traje, mi madre perfecta...pero había un problema: ninguno, excepto ella, queríamos estar allí, así que mientras llegábamos al sitio íbamos discutiendo, un auténtico pandemonium, mi madre regañando, mi padre mandando callar sin mucho éxito y nosotros malmetiendo todo lo que podíamos...sí, en éste caso la mayoría quería hacer otra cosa, pero en una familia numerosa no hay mayoría más absoluta que lo que diga madre, para algo nos parió a los cinco, así que a joderse, a vestirse como un capullo y caminito...

Llegamos, cerramos el coche dando portazos, hubo alguna que otra sota voladora, pasamos para dentro...

La cosa era que teníamos que colocarnos delante de un fondo blanco iluminado por un montón de focos que desprendían un calor de la leche; había una especie de banco donde ,por supuesto, no cabíamos todos, y el cojo decidió que lo mejor era que mis padres se sentaran uno en cada extremo del banco mientras padre sujetaba al cuarto (apenas tenía tres años) y madre al recién nacido, entre ambos el tercero y de pie tras ellos nosotros dos.

Bien, estupendo...y una polla.

Entre la mala leche que llevábamos, el infernal calor y los nervios por la situación pasó lo que tenía que pasar: que mi hermano y yo empezamos a descojonarnos vivos. "Por favor chicos...un poquito de seriedad...". No podíamos, no podíamos...justo cuando el cojo se decidía a inmortalizarnos para la posteridad volvía la risa, "JAAAAAAAAAA", y otra vez a empezar, el pequeño llorando, mi padre con cara de mala hostia, mi madre lanzándonos unas miradas que juraban una noche caliente...pero no podíamos evitarlo, era superior a nuestras fuerzas.

Tal fue la cosa que hasta el cojo tuvo un atisbo de perder la paciencia, llevaba media hora intentando hacer una maldita foto que dos mequetrefes le impedían realizar, él, todo un profesional del rollo, seguro que se consideraba un artista, sacado de sus casillas por dos mocosos con las hormonas en pie de guerra perpetua.

Al final la hizo, nos fuímos y, efectivamente, dormimos bien calenticos.


Cuando voy a la casa de mis padres y veo esa enorme fotografía presidiendo el salón no puedo evitar una sonrisa, aunque las cosas ya no sean como eran al menos hay constancia de que fueron de otra manera.


¿Y?

sábado, 27 de agosto de 2011

MALA MEMORIA





Estoy fumándome un pito en la cocina, no me apetece salir a la puerta, están borrachos y yo no, alfiles de distinto color, pillo el botecito de la pimienta y leo la etiqueta, recuerdo que el otro día mientras hacia la compra me dí cuenta de lo caras que son las especias, no tanto como la farlopa que ya va corriendo por las venas de los de afuera, pero sí más que cualquier jamón que puedas llevarte a la boca. Curioso.

Salgo y me encuentro a uno de ellos con los pantalones por los tobillos, haciendo el tonto, los demás se ríen, yo no, "subételos y deja de hacer el gilipollas, son las diez de la noche y ya estás desfasao", me pide perdón, los demás me dan la razón, ojalá se vayan pronto, nunca se sabe cuando el personal va así...

Se marchan un rato después, llega "el topo", vemos la tele, callados, están pasando un combate grabado de los pesos pesados, Lewis-Holyfield, algunas hostias son tan poderosas que me sacan del sopor en el que me encuentro, hostias voladoras, hostias que viajan en el tiempo, gana el inglés y paso otra vez a la cocina, enciendo otro, nada de calle, tampoco me gustan los que tengo ahora, hoy no me gusta nadie, me leo el del perejil. Curioso.

Al salir entra la mujer del perfume, con la carabina, me alegro de verla pero menos que ninguna otra vez, ella está preciosa y me sonríe, ¿por qué me sonríes hoy?, me parece que lleva otro perfume, quizá esté equivocado, últimamente mi olfato no anda demasiado recto, no le digo nada, de todas formas huele como siempre, huele a lo que nunca volveré a tener, quizá esté equivocado, últimamente mi cabeza está como la canción, "dazed and confused"...

El Tyson de los buenos tiempos está reventando a todo el que se le pone por delante, pegaba con toda su alma, no era un boxeador, era un guerrero, cuando sacaba los puños éstos llevaban en los nudillos toda la fuerza de su cuerpo, hasta del talón, es hermoso de ver, hay cosas que son hermosas a pesar de que una de las partes sufra lo indecible, bien pensado, para ver algo hermoso alguien tiene que sufrir, como en los toros. Curioso.

Llegan cuatro putillas aficionadas, una de ellas es una auténtica borracha, una golfa descompuesta, se cree muy lista, me la jugó una vez pero hoy no va a ser, hay otra que está bien, tiene un par de polvos pero ella se cree que tiene un adosado en el coño, quizá lo consiga, el mundo está lleno de imbéciles que no reconocerían la mirada de una zorra ni aunque le vieran el amarillo en los ojos, las otras dos son simples deshechos de tientos, a escarbar en el fondo del cubo nenas...

Adentro, otro, ahora el del ajo molido, los ajos no tienen ojos, sólo dientes, y éste ni eso, es en los ojos donde está el peligro, una Humanidad sin ojos sería el ideal de Dios, nadie le podría echar en cara nada nunca más, dejaríamos de causarle dolores de cabeza, podría abandonar su adicción a las aspirinas, pero la jodida serpiente nos quitó las legañas y lo estropeó todo, tuvo que elegir a un bicho listo, no a un topo ni a un ornitorrinco, y es que a todos nos gusta jugárnosla de vez en cuando, poder perder, ¿sino dónde está la sal de la cosa?, sólo los viejos deben vivir sin sal, se transforma en veneno con el paso de los años, por eso a la vejez ya no le gusta jugar. Pero siempre recordará que le gustó.

Llegan los pijos, se unen a la chica del perfume, empiezan a hablar de morcillas y chorizos, durante las próximas dos horas chorizearán y morcillearán sin pensar en ninguna otra cosa mientras Tyson continúa repartiendo chuletas como si no costaran, miro la botella, el tiempo pasa tan lento como a los rivales del Ogro de Brooklyn, quizá un trago fuera capaz de darle un empujón, un taburete donde sentarme y tomar aire, quizá la chica del perfume me recogiera con su chisme volador como hizo Moe con Homer, nos largaríamos por ahí, yo ya he recibido bastante, que se ponga otro...

Mejor no, el alcohol es una buena cagada sin papel con el que limpiarte, tienes que andar con la mierda en el culo para buscar otro rollo, no es muy agradable, y cada borrachera pasada más largo se hace el pasillo, mejor adentro leyendo lo del colorante, ese veneno, napalm en la paella, el azafrán es tan caro, y a fin de cuentas ya tenemos el gusto tan perdido que cada día que pasa menos sabemos apreciar lo bueno, Melendi canta "Angie" y no lo meten a la cárcel, nada es mejor, todo es igual, pós bueno, pós fale, pós malegro...

Una pareja de cuarentones, feos, acabados, él la mira como pensando en el por qué alguien que amó se ha convertido en esa cosa, y ella le mira como pidiéndole perdón mientras no para de hablar estupideces, ella tiene miedo, miedo de quedarse sola, él también tiene miedo, miedo de ser culpable de su estado, beben y beben, ella habla y fuma sin parar, él hace como que la escucha, tienen dos criaturas pequeñas, a veces es más fácil seguir sufriendo que intentar ser feliz otra vez. A veces no, casi siempre.

A última hora llega un amigo, le pongo una copa y miramos una peli, una ciega y un poli, al final acaban juntos, no decimos nada, es tan tarde y todos estamos tan cansados...


Cierro y me voy, llego a casa, el gato me da las "dame jamón york" de costumbre, se lo doy y voy al water, echo una buena cagada...


y por quinta vez en los últimos días tengo que ir a por papel de cocina con la mierda pegada al culo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

WALTER ESTÁ CON LA DUNCAN





Tengo un amigo que cuando bebe no hace más que repetir una y otra vez la misma expresión:

- "¡MALDITA SEA!"

Normalmente la suelta como un ráfaga, como Walter al enterarse del precio de la urna más barata de la funeraria, aunque cuando se cansa de oírse la dice en diferente tono, o más despacio, o más bronco...según le dé.

Tenía un garito y una chica; ahora no tiene ninguna de esas dos cosas: se las cambiaron por un cuartucho y una bomba de aire que cualquier día de éstos explotará o se autodestruirá.

Mi amigo odia el calor; normal en un tío de metro noventa que hasta hace cuatro días pesaba 120 kilos. No sale de su chamizo hasta el atardecer, entonces lo recogen sus colegas y vienen a beber, charlamos y tal, se van y eso es todo.

Él siempre se queda en la barra, sentado en su taburete, haciendo autodefinidos, en un rincón como toda mosca de bar que se precie, "¡BUENAS TARDES, KUFISTO...UNA CERVEZA BIEN FRÍA, POR FAVOR!". Y empieza a soplar.

En muy pocas ocasiones bebe cubalibres, no le sientan bien, se le va la pinza, cerveza y más cerveza, litros de espumosa, helada y bien tirada cerveza, zumo de cebada, natural, con su gas carbónico, en su medida, todo tiene su medida...

No le gusta la mayoría de la gente, los sitios demasiado concurridos, los listos que hablan demasiado; es uno de los tipos que más sabe de rock n´roll de todos los que he conocido en mi vida, a menudo me pasa material tan desconocido como bueno, le gusta hablar de la dieta Duncan o como coño se llame que está siguiendo, ha bajado quince kilos, tiene que hacerlo así porque no puede hacer deporte, un accidente de moto le destrozó la rodilla...hablamos de música, de cine, de motos, de su bomba de aire, de comida, no demasiado de las tías, nada de política, él sabe cual es mi mano y yo sé cual es la suya, ¿para qué?...nadie cambia.

Tiene una extraña habilidad: a veces alguien dice una palabra, o una frase hecha, y él la repite en diferente tono, o acentuándola de otra forma, o marcando espacios entre ciertas sílabas...resulta brillante, alguien que juega con las palabras suele ser alguien interesante.

El otro día estábamos fumándonos un pito en la puerta, con algunos de sus colegas, y salió el tema de la JMJ:

- "La semana que viene me voy a Madrid a ver al Papa"

Todos rieron, yo también, son unos ateazos del copón...

No ha ido, pero tuve la sensación de que no lo dijo de cachondeo, aunque los demás se lo tomarán a tal y después comentaran las barbaridades habituales.


A veces estamos tan metidos en el papel que nos toca representar en esta comedia que parece imposible que se pueda actuar de otra forma.


Tal vez de ahí venga su afición a jugar con las palabras: con ellas puede hacer lo que quiere sin tener que aguantar al plasta del apuntador que todos llevamos dentro.


Y es que, definitivamente, nadie ha nacido para compartir su vida con una bomba de aire...


hasta que te metan en una caja de galletas del Seven Eleven.

lunes, 22 de agosto de 2011

R




Para R:

http://www.youtube.com/watch?v=xjlkZkZ8F28

Ojalá estuvieras aquí.