
Uno de Lepe que se va al Tíbet (o donde coño sea) para aprender artes marciales.
Llega, lo admiten y tras cuatro duros años de entrenamiento el Maestro decide montar una competición entre sus alumnos.
Al lepero lo inflan a hostias.
- "Maestro...¿puede explicármelo?"
- "Pequeño lepero, debes esforzarte más."
Pasan otros cuatro años y el Gran Jefe monta otra.
Al lepero le vuelven a crujir.
- "Maestro...¿por qué sigo igual después de ocho años?"
- "Pequeño lepero mío...¿escuchas el grácil aleteo de las mariposas cuando llega la primavera y la Vida lo envuelve todo?"
- "Sí Maestro"
- "Pequeño lepero mío...¿oyes el discurrir del río cuando el abundantísimo sol primaveral derrite las nevadas cumbres para llenar de cristalina agua su cauce?"
- "Sí Maestro"
- "Pequeño lepero mío...¿percibes el alegre canto de las estrellas cuando la rosada Aurora viene a relevarlas?"
- "Sí Maestro...todo lo oigo."
El viejo maestro karateka se queda mirando a nuestro pequeño lepero durante 3 minutos.
- "¡¡¡PUES DÉJATE DE TONTERÍAS Y ESTATE EN LO QUE TIENES QUE ESTAR!!!"
Cinco millones de paraos, el país en quiebra técnica y aquí andamos con que si el balón de oro, los goles de Ronaldo o la última de la Esteban.
Otro día desastroso. Gracias ZP. De cabeza hacia la mierda...pero con el Marca en la mano.
Llevaba unos días chungo, me dolía la cabeza y eso, la nuca...ya me pasó otra vez, me dijeron que era cosa del colesterol y tal, tranquilidad, que no comiera esto, que no bebiera, que no fumara. La Santísima Trinidad. Así también yo soy médico. No curan una puta mierda.
Normal. Después de tres semanas de excesos y la tensión por la ruina que se nos viene encima era lo menos que me podía pasar; así que cero alcohol, cero grasas, menos tabaco y a cantar el OOOOMMMMMM cada vez que me acuerde de la Pajín. Y ya estoy mejor.
No conozco a mi médico de cabecera, no sé si es tío o tía, hace años que no piso su consulta. Cuando me encuentro mal compro las drogas. A veces veo al personal arramblar con media farmacia por menos de lo que a mí me cuestan los malditos chicles de nicotina. Tengo un buen amigo médico que me hace las recetas en las rarísimas ocasiones en las que son necesarias y un medio familiar, médico también, que de vez en cuando me pega un picotazo en el hombro cuando su tope es el saludo romano. Es muy divertido tirar las cañas de puntillas con una mueca de dolor en el rostro. Pero no me puedo quedar en casa; nosotros, los autónomos, no tenemos derecho a ponernos malos. Tenemos derecho a pagar para que unos cerdos se rasquen los cojones. A eso sí tenemos derecho.
Recuerdo a mi anterior médica; era una cuarentona seria, feúcha, con buen cuerpo, largas piernas, se calzaba unas botas de cuero así de grandes, era clienta mía, entonces sí que me pasaba por su consulta a la más mínima. Me ponía cachondo. Una mañana me contó que la trasladaban...oooohhh, qué pena...aunque creo que era lesbiana, siempre iba acompañada por otra tipa más fea, más seria, y con un cuerpo como un saco de patatas. Yo creo que se lo montaban en plan bondage, con parafernalia de látex y tal. Le perdí la pista. Lástima...
- "¡Kufisto!"
- "¡Qué, coño!"
- "¡¡¡ESTATE EN LO QUE TIENES QUE ESTAR!!!"





