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viernes, 19 de julio de 2019

SOME KIND OF MONSTER

- ¿Sabes? He estado cuatro días sin tomar nada. Nada de speed, ni hierba, ni alcohol...nada. Me levantaba temprano y me acostaba pronto. Hacía cosas durante el día, lo aprovechaba; arreglos en el piso más que nada. ¿Sabes donde estoy viviendo ahora? ¡Como lo vas a saber! Estoy en un piso viejo, muy viejo; uno que es de unos amigos de mis padres. Lo tenían deshabitado y ahí me he metido. Estoy bien allí, es perfecto para mi. Y lo estoy mejorando sólo con darle una utilidad a sus defectos. Por ejemplo con el calor. Tiene tantas corrientes de aire que he ideado un sistema para estar fresquito. Abro algunas puertas, cierro otras y lo mismo con las ventanas. Pongo bayetas húmedas en ciertas habitaciones del piso cuando me levanto. Y se está del copón. ¿Pero sabes qué, Kufisto? Cuatro días son más que suficientes para mi. Yo no valgo para eso, no es mi rollo. llevo drogándome desde los veinte años y ahora tengo 42. Me gustan las drogas, siempre me han gustado. El speed es lo mejor. Te mantiene alerta, concentrado, espabilado...Funciono de puta madre con él. Ahora tengo pasta de sobra para pasar un buen verano. Luego, en octubre o así, tendré que volver al curro. Ahora están todos los médicos de vacaciones y no hay nada que filmar. Pasaré unos días aquí, otros por ahí, follaré y me pondré hasta las trancas. Por cierto que he oído que van a dejar el garito de M y estoy pensándome si meterme en el negocio. Sería un garito de rock n´roll, de la música que nos gusta a ti y a mi. No hay ni uno en la ciudad desde hace tanto tiempo...Bueno, sí, está el d esos pringaos pero ya sabes, es tipo rollo familiar y todas esas mierdas. Yo lo que quiero es un garito macarra, canalla, uno de los nuestros...¿qué te parece?

Le dije algo sin quitarle ojo al vagabundo que estaba sentado en la terraza con Paco el ciego. Poco antes había llegado al bar. Yo estaba con la guardia baja tras una buena mañana y le puse una copa de sol y sombra que no debí habérsela puesto. El tío estaba hecho calderilla; no de borracho sino de enfermo. Delgado hasta el extremo, medio sordo, desdentado, sucio...Había dejado la copa en la barra y todavía la tenía entera veinte minutos después. Se había salido con Paco después de pedirle un cigarrillo que le dio. Y allí estaban los dos, mi amigo y el desconocido, fumando a voces, el uno ciego y el otro medio sordo aunque casi como estuviera en su casa...

Se me estaban empezando a hinchar los cojones.

Mi amigo drogadicto se fue. Cuando el vagabundo volvió a entrar le dije que me pagara.

- ¿Ya?
- Sí
- Pero si no me voy a ir
- Pero yo sí y tengo que cerrar la caja
- Bueno...¿cuanto es?
- Dos euros

Hurgó en sus bolsillos y sacó uno

- Pues sólo tengo uno

Le quité la copa.

- ¡Eh!
- Paga o tira de aquí

Volvió a meter la mano en el bolsillo sacando un puñado de monedas. Me dio otra de un euro. Cogí un vaso de plástico y vertí el contenido de la copa en él.

- ¿Por qué haces eso?
- Porque ya es tarde y tienes que irte a Cáritas. ¿No me has preguntado antes donde estaba?
- Ya, pero me dijeron que abría a las cinco
- Pues ya casi son.

- Como se te ocurra liársela a mi hermano -le dije al oído cuando me iba diez minutos más tarde- vuelvo aquí y te muelo a palos.

Llegué a casa y nadie me llamó al móvil. Y hoy ni mi hermano ni el ciego me han dicho nada de ese tipo.

La mañana de hoy no ha sido tan estupenda. Todo el mundo va estando de vacaciones y eso es algo que ya se va notando, aunque también me beneficio a la hora de las cañas por la multitud de bares que han cerrado. Hoy no ha sido tan descarado pero en fin, he hecho las cosas.

A eso de las tres y media, ya con todo recogido, ha venido el Loren, uno de los viejos borrachos friendly del pueblo. Lleno mierda (me ha dicho que está pintando no se qué nave) y ya bien borracho ha pedido su copa de anís con el vaso de agua aparte. Ha empezado a decir las mismas incongruencias que acostumbra y lo he dejado estar. No había nadie en el bar y él es buen tipo, uno que aún borracho sabe como funciona el tema. Lo dejé en la entrada de la barra y yo me fui a mi sitio en el otro extremo. Luego salimos a fumar mientras decía cosas. Me fijé que iba con zapatos, sin calcetines.

- ¿Como vas con zapatos, tío? Y encima sin calcetines...Tienes que ir destrozándote los pies

Volvió a la pintura de la nave espacial y viendo que desvariaba más de lo acostumbrado pasé para adentro. Al poco todos estábamos en el sitio, yo con el móvil y él con su copa de anís y el vaso de agua.

- ¿Va bien el reloj, Kufisto?
- Sí, Loren
- Está como parao...
- Es que no tiene segundero
- Ahhh...pero no. Está parao
- Que nooo

- Está parao -volvió a decir
- No, Loren. Han pasado diez minutos y los ha marcado. No tiene segundero, eso es todo lo que no tiene
- Está parao

El tiempo siguió pasando. Y sin darme cuenta empecé a oírle murmurar.

Al principio pensé que estaba hablando por teléfono. Siempre va con unos auriculares, le gusta el country, su sueño siempre fue montar un local del estilo, y bueno, pudiera darse la circunstancia de que estuviese hablando con alguien. Después de todo es un tío muy mañoso que pinta y colorea todo lo que haga falta y la verdad es que hay bares que lo tienen poco más o menos de chico para todo. Toda su vida la ha pasado en el negocio y sabe donde poner tiritas cuando hay una hemorragia. Otra cosa es que funcionen, pero eso no es culpa suya.

No. No estaba hablando con nadie. No tenía los auriculares puestos ni nada, que lo vi cuando hice como que salía a la puerta. Estaba hablando solo y en susurros mantenía una conversación violenta.

- Mátalo, quémalo y ya está, joder.

- ¿No ha venido nadie preguntando por mi, Kufisto? -dijo otra vez como al principio
- No, Loren

Traguito de anís, traguito de agua. Me fijé. Es un borracho profesional.

- Me voy, Kufisto
- Adiós, Loren
- Si vienen preguntando por mi, ese del BMW de enfrente que te he dicho, le dices que me he ido
- Vale

Cruzó los pasos de cebra como si sólo hubiera leones en la China. Al llegar a la otra acera, al edificio de enfrente, vi que paraba para echarle un vistazo a un coche que parecía un BMW. Y luego siguió andando hacia su cercana casa.

Salí del bar y fui a comprar para él y para mi. De regalo me eché seis botes de Voll Damm.

Cuarenta y dos grados marcaba el último termómetro que vi antes de dejar el coche en la cochera. Agarré las bolsas y pillé el ascensor. La gata, como siempre que hace calor, no salió a recibirme. Lo coloqué todo, cagué y me puse fresco. Eran las cinco y media de la tarde.

Hay muchas cosas imposibles a esa hora de un día de julio en La Mancha. Una de ellas es salir a andar y las otras ya las había hecho en el hipermercado. No había que salir a por fruta o verduras, o a echar las loterías del fin de semana (eso también está allí) o...¡coño! ¡un libro de la biblioteca para echar el finde! se me había pasado. El otro día un amigo mío, el concejal de cultura, volvió a recomendarme uno al que una vez intenté echarle mano pero no fue tal. Y no es que me asustara tanto su desmesurado tamaño como la procedencia de quien lo firmaba. En fin, también yo pronto estaré de vacaciones y será el momento propicio de darle una oportunidad.

Miré en Youtube y enlacé un vídeo documental de Metallica. Después de ver su primera parte recordé otro que habían hecho cuando Hetfield estuvo tan jodido. Lo busqué y no venían más que retazos. Y entonces recordé que estoy en Megadede y allí estaba.

En un descanso de la grabación de aquel disco grabado con la ayuda de un psicólogo, Hetfield se fue a cazar osos a Siberia y al volver se metió en un centro de desintoxicación para alcohólicos.

Se decían las verdades y todo eso que algunos dicen que hay que decir. Salían hasta los padres de alguno, incluso antiguos y legendarios componentes de la banda hablando como tú hablabas cuando tenías quince años y estabas borracho...


Era absurdo. Todo era absurdo. Ellos eran absurdos. Seguir haciendo esa música con cuarenta años era absurdo y yo estaba siendo todavía más absurdo por verlos.

Lo quité. Mi padre está muerto desde hace dos años y medio y yo no voy a ser una estrella del rock´roll. Estuve en los chiringuitos cuando tocaba y no pasé de beber y fumar mientras otros hacían lo mismo al tiempo que buscaban las claves que tampoco les llevaron a ningún sitio.


Eres una clase de monstruo. Estás a punto de cumplir 46 años y sólo te sientes bien estando solo. Ves lo que hay por ahí y te dices por qué no. Todavía hay un leve interés de tu parte que ahogan un tanto todas aquellas primitivas movidas que no te dejaron opción y en fin, que sí, que soy, que eres, uno de esa clase de pequeños monstruos que no pueden olvidar lo que pasó.


En el infierno te espero.

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