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lunes, 23 de septiembre de 2013

PAQUIRRÍN 1




Jamás he pisado de motu proprio una iglesia, creo que la rama masculina de la familia lo lleva en los genes, no así la femenina, más bien escasa en la más directa; nuestras dos abuelas sí fueron miseras, una todavía lo es, pero no así sus maridos. Uno, el de vía materna, murió siendo yo muy niño, era un hombre alegre y jovial, ferroviario, de izquierdas, una buena persona según todos los que le conocieron y yo mismo en el tiempo que me dio a hacerlo...pero la iglesia cuando no quedaba más remedio: cosa curiosa, a su muerte mi yaya (la única que sigue viva) se convirtió en una fervorosa católica, tanto que acabó metiéndose a una de esas sectas, u organizaciones, o lo que sean, creo que es en la de Comunión y Liberación, y en fin...La otra, la abuela, era de misa diaria mañanera y rosario por la tarde, también de familia de izquierdas hasta que se casó con mi abuelo, otro que no pisaba suelo sagrado ni aunque se lo mandara el médico, aunque era creyente y veía por televisión la de los domingos; se apartó del mundo y no gustaba del contacto con la gente, y no es que fuera antipático con ellos, al contrario, yo solía acompañarle a comprar la fruta a un almacén que había en la carretera y era un sufrimiento hasta que llegábamos a ella, todos los que nos cruzábamos se paraban a saludarle, a preguntarle, y él le respondía con educación y cierta paciencia, brevemente, "bueno...me voy a por fruta con el chico...", quizá fuera su coartada cuando no le quedaba más remedio que salir de su casa. Pero a mi me gustaba. Y estoy seguro que no era por eso. Siempre dijeron que por carácter me parecía a él, a mi no me hacía gracia, pero ahora veo que era verdad.

Mi padre, como yo, al menos en este tema, y mi madre igual. Empezamos en las monjas y después a los curas, era lo mejor, según se decía, y allí nos dieron la educación para la ciudadanía, porque la de persona era dentro de la familia. No rezábamos para comer pero sí antes de dormirnos, venía nuestra madre y nos daba el beso de las buenas noches, "rezad un padrenuestro, chicos", ella apagaba la luz y se iba, y nosotros, los tres que éramos por entonces, la obedecíamos en voz alta. Después la oíamos desde el salón, "hasta mañana", "hasta mañana", "si Dioooos...", "quiiiieree..." Y a dormir. Es una mujer buena que no entiende porqué el mundo es tan injusto si Dios es bueno: la muerte le quitó demasiado pronto a su padre y a una de sus hermanas pequeñas, y no fue demasiado feliz en su casa hasta que se casó, pero esto quedará aquí.

Las misas de obligada asistencia en el colegio eran los miércoles por la mañana, comulgabas y después te confesabas, puede que fuera antes, no lo sé. No se estaba mal allí, tampoco es que fuera algo divertido pero había que hacerlo y no duraba mucho. Recuerdo lo fresquito que se estaba aunque afuera hiciera calor. Y el silencio, sí...y todo lo que había detrás del cura...Hicimos la comunión (apenas me llevo trece meses con el siguiente y nos hicieron el favor) y el abuelo que nos quedaba nos regaló un reloj, un Thermidor con nuestros nombres y la fecha serigrafiadas por detrás, fue nuestro primer reloj, eso ya era dejar un poco de ser niño, sí...el tiempo en tu muñeca ya es cosa de hombres, de hombrecitos, de niños que empiezan a necesitar la hora que es...Aquella noche la pasé mirándolo por delante y por detrás hasta que me dormí.

No tuvimos Confirmación, eso ya no era necesario para no parecer un extraterrestre, y así, cuando tuve que dejar el colegio para entrar en el instituto-lanzadera hacia la Universidad, dejé de ir a misa. Y de estudiar apenas tres meses después. Pero la cosa ya venía de atrás, sólo faltaba que me diera el último empujón.

Desde entonces sólo las cuatro bodas y los cuatro bautizos y comuniones, y de alguna me salvé, como aquella en la que tres días antes me hostié contra unas cepas con la vespino de un amigo, iba un poco borracho y me salí de la carretera, se me quedó la cara como al fantasma de la ópera: en carne viva una de sus mitades. Pero casi todo cicatrizó bien, sin dejar rastro, salvo un par o tres de pequeños cortes en la sien izquierda, casi no se ven, y tampoco soy George Clooney, así que pocas explicaciones he tenido que dar a nadie de aquello. Bien está lo que bien acaba. Y gracias a aquellas heridas evité ir a una boda pestosa: uno no está para bodas cuando tiene quince años. Ni para misas, ni banquetes, ni nada que no sea lo que te sale de los huevos en ebullición.

Por edad, mi Papa fue Juan Pablo II, pero esto es algo al mismo nivel que lo pueda estar Felipe González, o los Hombres G. Quiero decir que estaba ahí pero no me interesaba una mierda, aunque sí recuerdo el día que murió, me pilló en casa de los padres de mi ex, no estaban, claro, creo que era sábado, yo estaba con ella y su hermana, bastante más jóvenes, y me acuerdo que me quedé un poco como William Hurt en la secuencia que abre Fuego en el Cuerpo, "¡venga, vámonos ya...!", "sssí...voy..."

Seguí con interés la elección del nuevo, esta la vi en el bar, entre las chanzas y el cachondeo de rigor del personal. Acabó por salir el nazi que todos esperaban por los medios de comunicación y la cosa derivó en los previsibles pero qué hijoputas son. Yo no dije gran cosa, no soy más extraterrestre que lo justo y necesario, pero tiempo después me compré a través del Círculo de Lectores un libro-entrevista que me había aconsejado un maestro que venía por el bar hasta que murió de un ataque al corazón tomando su café en otro sitio. "Es muy bueno, Kufisto" Bueno, alguno tenía que comprar. Y lo leí, y lo he releído...y no recuerdo nada. Después cogía a Nietzsche y lo entendía todo.

Me quedé a cuadros con su renuncia, como un tablero de ajedrez monocolor y con fichas de dominó, "¡¿como?!" Leí por ahí lo de que se había bajado de la Cruz y me pareció insuperable, aunque enseguida saliera el equipo médico habitual para ponerse de su parte, que, cosa rara, fue algo que vino desde los dos bandos. Habían pasado siglos desde la última ocasión, también excepcional. Siglos. ¿Qué asunto humano puede decir que han pasado siglos desde la última vez si parece como si todo se hubiera creado en el XIX? Y a nadie pareció importarle demasiado. El gusto por lo nuevo hace que pronto olvidemos lo viejo. Y así nadie tiene que dar explicaciones que a nadie parecen interesar.

La elección de este me pilló entre dos aguas, como él, aunque cada día estoy más convencido de que sólo está en una, en la contraria. Empecé a verla en el bar, ya había salido la fumata blanca cuando llegó mi hermano para relevarme, y viendo el previsible pampaneo preferí terminarla en mi casa, solo, bueno, con el gato y la periquita, pero ellos están a lo suyo, sea lo que sea, y yo tengo poco de San Francisco. Tuve que sintonizar el abandonado televisor...

- "¿Y con qué nombre desea ser llamado?"
- "Francisco"

Ayer un amigo nos contó un detalle que define al personaje.

Al salir al balcón lo hizo con una cruz de plata, no la acostumbrada de oro...¿Como coño puede estar en eso una persona que acaba de recibir ese mandato? Pues teniéndolo preparado.

El humo de Satanás entró en el Concilio Vaticano II como Yoko Ono en los Beatles.

Y este es el Mark Chapman que algunos estaban esperando.

Que haga lo que quiera, lo mandado, yo seguiré sin entrar a sus iglesias.

Me temo que ya ni se estará tan fresquito en ellas.


martes, 17 de septiembre de 2013

KUFISTO IN ORANGE




Raro es quien hace rarezas, no el que no hace lo normal.

Llegó al bar cuando apenas habíamos abierto sus puertas, de hecho todavía estaba quitándole la piel al chorizo del arroz, oí movimiento y asomé la cabeza, "cambio" le dijo a mi padre, hace veinte años le hubiera enseñado el camino hacia la calle, pero ya es viejo, cada vez tiene más miedo y obedeció la solicitud de ese calvo tan claramente extraño. Raro.

Le conozco, tendrá unos diez años más que yo, en ocasiones me lo he cruzado bajando los molinos, o subiéndolos, siempre muy temprano, ya hace meses desde la última vez, los meses del calor, mi hora loca si fuera un gato, llevo comprobándolo desde hace un par de años: es llegar el solsticio, el calor en serio, y darle la vuelta a mis costumbres como si fueran un calcetín sudado. Y es que no puede ser de otra forma cuando las noches no bajan de los veinte grados hasta que llega la Virgen de Agosto. Resulta imposible madrugar si no puedes dormir y tienes que ir a trabajar al mediodía. Y entonces, con ese cambio de biorritmos, pasa algo curioso: aquello que más quieres, más daño te hace cuanto más cerca está. Y no queda otra que vivir como si fuera tu enemigo.

Cuando salgo a pasear el sol por ahí, por mis sitios, por donde me gusta, por donde no hay nada que desear o vender, si me encuentro con alguien siempre le saludo. Un buenos días bajo mis auriculares que te devuelven los labios del otro, o de la otra, que hay muchas mujeres madrugadoras, casi fifty-fifty, puede que más, recuerdo a una chavalilla feúcha y regordeta que salía a pasear su perrazo con el alba, hará tres o cuatro años de esto, y al tercer o cuarto día empecé a saludarla, "buenos días", sin parar el paso, claro, sólo un loco mu raro lo haría, y ella me respondía muy tímidamente, como si no estuviera acostumbrada, y a mi eso me gustó, no estoy acostumbrado al desacostumbramiento, y todas las mañanas que vinieron después nos saludábamos, me di cuenta de que cada vez se maqueaba más, inocentemente, que ya no iba tan desastrá, que era como si fuera una de esas violadas durante diez años que nos cuenta la tele. Llegó la Gran Corrida del Sol y la perdí de vista para los años que han ido viniendo.

Pero este nota, el calvo raro...no. No.

No devolvía el saludo: te lo apuntaba.

A la segunda vez que me lo hizo, a la segunda vez que me escupió con los ojos, decidí no volver a darle la oportunidad. Y muchas mañanas, muchos amaneceres, me lo he vuelto a cruzar y lo he hecho con mi sonrisa más sardónica, natural, nadie me da miedo cuando estamos cara a cara en terreno neutral. Nadie.

Pues este tío raro, malo, tiene un vicio, las tragaperras, y muy de vez en cuando viene a nuestro bar, pero mucho, y este mediodía ha sido uno de esos, y en una de las que ha ido a cambiarle billetes a mi padre me he asomado desde la cocina, y le he visto su puta cara y me he cagado en dios, y si no llega a ser porque ya andaba sofriendo el arroz le hubiera dicho cuatro cosas, que a mi viejo no le mira así ni el jodido ojo de los mandilones, y una vez que ya he tenido medio controlao el asunto (que no va más allá del minuto, cosas de cocinar en la de doña Pepis) no he hecho más que salir y entrar, para que me viera, para que supiera que era yo, el hijoputa que sonríe cuando se cruza con él en zona molinera, sí, ya vuelve mi tiempo, loco de mierda, mi sol vuelve a por mi...

En una de esas lo he visto hablar solo, que de oídas ya llevaba un rato, quejándose en voz alta, "esto no da ná", golpeando la máquina y tal...A la cuarta vez (puede que fuera la segunda) he respondido con un pues no juegues, coño que seguro ha escuchado perfectamente, pero no ha dicho nada, yo estaba dispuesto a que se me quemara el arroz con tal de arrancarle la nuez de un mordisco, hijoputa. ¿Tú vas a mirar así a mi padre? ¿a un tío que ha sido lo que él ha sido? ¿un mierdón como tú?...te mato. Te como.

A eso de las cinco llegó Gonzalo, un chaval que acabará de cumplir los treinta y tiene un semblante como tuvo que tenerlo Nietzsche a su edad, ya os he hablado de él y desde entonces he tomado alguna confianza, como esa tarde en la que hablamos algo más allá del hola, esto, vale de rigor mientras nos fumábamos un pito en la puerta, tanto que en la confianza le pregunté a qué se dedicaba, cosa rarísima en mi, pero a la que respondió porque se dio cuenta de que soy un buen tío, no un gracioso, que ya iban decenas de veces con hola, esto, vale...

- "Mantenimiento de un colegio"
- "¿Aquí?"
- "No, en la capital, ahora estoy de vacaciones"
- "¿Y qué tal?"
- "Bien...se anda mucho y eso..."
- "¿Y...?" me di cuenta de que ya era demasiado y me corté.

Este fue el que una noche regresó al bar para devolverme los diez euros que en un descuido le había dado de más.

- "Creo que te has equivocado al cobrarme" me dijo tan serio como él solo, yo apenas le conocía y engatillé mi rifle esperando cualquier cosa...
- "¿Como?"
- "Sí...me has dado diez euros de más. Toma"
- "Joderrr...muchas gracias. Tómate algo"
- "No, me voy, otro día..."
- "Es rarísimo esto que acabas de hacer...la próxima vez te invito a lo que quieras"
- "Un café"
- "Hecho"

Nunca le he visto hablar solo, ni perder ningún papel, ni dejar de saludar correctamente cada vez que entra a nuestro bar.

Y tampoco hablar a voces, beber alcohol con ningún amigo y abrazar a nadie...Él calla y mueve mucho su café descafeinado de máquina y lo mira fijamente. Y después lo va bebiendo.

- "Kufisto"
- "Dime, Gonzalo"
- "Ponme un martini"

Y cuando quiere, hablamos.

Y no dice ninguna tontería.

Sólo es el raro que nadie ha visto hacer una rareza.

Nada más que no hace lo que los demás.


UNA MALA OBERTURA Y UN BUEN EPÍLOGO




Pillé número, el 07, miré el marcador y vi que iba por el 97, "joder", no parecía tanto el personal, quizá se hubiera ido alguno, regresé a la puerta de entrada no sin antes responder sorprendido al tímido saludo del lotero, "¡ah, hola!", no lo había visto, estaba junto a un cincuentón, me pareció aún más pequeño y nervioso que detrás de su ventana. No sé porqué me mira con temor. Puede que lo haga con todos, pero...creo que no.

Me puse junto a un gordo enorme que llevaba una gran caja de cartón bajo su brazo izquierdo, "FRÁGIL" rezaba en azul la cinta blanca que la envolvía. Me sonreí y le di un poco de volumen a los Beatles, saqué la carta con el "último aviso" de Unión Fenosa y sonreí un poco más, la guardé y me puse con los brazos en jarras a mirar lo que había dentro de la oficina de Correos.

Una parejita de adolescentes reían nerviosamente mientras intentaban rellenar sus papeles con la ayuda de un empleado joven, uno que no conocía, sólo estaba este y la vieja cara-rana, una tía asquerosa como ella sola; de vez en cuando salía de los infiernos ese otro chico joven, ya os hablé de él, uno que acaba de entrar y ya tiene cara de llevar ahí cuarenta años, aparte que es un cerdo, porque eso es lo que es quien se presenta a trabajar con tó su pelo y toa su lana, como se dice por aquí: el pelo a lo Robert Smith, la barba de una semana, su camiseta negra con una calavera gigante (no le he visto con otra) y una expresión tal que dan ganas de pegarle una voz, una bien fuerte, "¡¡EEEHHH, COÑO!!", aunque sólo le pegues eso. Por ahí andaba arrastrando un carrillo con diferente correspondencia, o lo que coño fuera; dejaba algo sobre algunas mesas y recogía otras, y todo con una cara de indecible asco, tanto que te lo contagiaba. Jesucristo ve a este tío y se hace budista. Y yo, que apenas llevaba una hora despierto, he empezado a ponerme de mala leche.

En eso que ha llegado otro chaval, un gafillas escuchimizado que se ha puesto a mi lado, demasiado, hasta tocarme, no touch..., también iba de sobrazos, otro becario, parecía inquieto, cada vez había más gente, me he dado cuenta de que no cogía número y no le he dicho nada, "eso por tocarme", el gordo enorme se ha lanzado hacia el mostrador en cuanto ha visto un hueco, pero todavía no había acabado la riente parejita, más formularios, más sellos, más matasellos, he visto al gordo secarse el sudor junto a ellos, entre los dos no hacían la mitad que él y además estaba fuerte, "¡A VER, GILIPOLLAS, DEJADME SITIO, COÑO...!" Pero no lo ha dicho y ha esperado pacientemente su turno, mirando a la una que marcaban las manecillas del reloj.

Al poco de tocarle a él he visto que nadie entraba a la cara-rana y así, sin encomendarme a nadie, me he tirado a la charca.

- "¡UN MOMENTO...UN MOMENTO...TODAVÍA NO!" No sé, puede que fuera su hora de...lo que fuera. Pero me he quedado ahí. He mirado el marcador: el 02.

- "¿Qué número tiene?" me ha dicho una voz por detrás. Era el viejo con cara de viernes santo que estaba junto al lotero con cara de dibujo animado.
- "¿Como que qué número?"
- "Que me toca a mi, creo..."

"¡Y QUÉ COÑO HACES AHÍ PARADO SIN OCUPAR TU PUESTO, GILIPOLLAS!" Pero no se le he dicho y después de mirarle me he retirado a mi sitio con un "vete a hacer leches" entre los labios que han oído sus orejas. Pero tampoco él ha dicho nada.

Se fue el gordo, volvió la hijaputa y entró el subnormal, me fijé bien, llevaba un colgante de esos que guardan las llaves atado a una hebilla del pantalón, no soporto a la gente que lleva las llaves así, seguro que tiene hasta monedero, hay detalles que son definitivos. El jodido marcador llegó al 05, yo ya estaba a un metro del mostrador, noté como si el chaval que estaba a mi lado fuera a hacerme la pirula, "¡Eh, tronko...qué coño haces!", "es que como no adelantas...", "lo que tienes que hacer es coger un puto número", "¿número?", "sí...¡COMO SI ESTUVIERAS EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN!", "¡número!...oh, nooo" Y se ha ido corriendo hacia la ruleta roja. Me he vuelto y he visto tanta gente que me ha dado un poco de pena por él.

El demócrata cristiano continuaba pasándole cartas a la vieja puta, yo no le quitaba ojo esperando que se cruzara con los suyos, tenía ganas de reventarle la cabeza allí mismo, de verdad, no lo entiendo pero así ha sido, tengo muy mal despertar cuando estoy en un mal sitio, sí...no debería haber estado allí. Todavía me quedaban días en el ultimatum.

Gracias a Dios me ha ignorado. Y veinte minutos después de entrar me puse al día con la Compañía Eléctrica.

Llegué con el tiempo justo para comprarle el último colón al sieso, hoy comía judías de madre, anoche las saqué del congelador, fui a echar el euromillón y después a casa.

Nada más llegar me he acordado del chaval, "hubiera podido decirle que me diera lo suyo y yo se lo pasaba..." Me he comido las judías y he dormido una buena siesta.

A eso de las seis y cuarto he comenzado a vestirme para ir al hospital a ver a mi tía, el lunes pasado no pude hacerlo porque estaba en las garras de una resaca garrafonera, "si voy, acaban ingresándome", le conté una mentira a mi padre cuando llamó para quedar, no le dio importancia y me sentó bien; un par de días después se lo dije, "voy el próximo lunes...es que estaba cansao...", "ya, eso dijo tu madre" Ya.

Anoche estuve dándole vueltas al tema. No sé porqué imaginaba la UCI como un sitio oscuro, sin luz natural, casi un purgatorio, y como me enteré de que le han dejado una radio con auriculares para que se entretenga pensé si no sería mejor llevarle algo de buena música, como Mozart, Mozart cura, sin ir más lejos lo hizo conmigo durante el paseo nocturno, uno al que salí con menos ganas que el de la camiseta calavelera, pero saltó la obertura del Don Giovanni y casi eché a volar sin darme cuenta, la escuché cuatro veces seguidas, y ya iba de regreso a casa, pensando en volver a ponerla para terminar, cuando le presté un poco de atención a la siguiente música mozartiana...y ya no me acordé del don Juan. Ese tío es un puto brujo.

Pero no encontré el medio para que mi tía hiciera lo mismo, sólo lo tengo en el teléfono y apenas le queda autonomía, ya es demasiado viejo y encima se recarga con el ordenador. "Bueno, al menos le buscaré la emisora de Radio Clásica..."

Primero han pasado su hija pequeña y el novio, les he visto ponerse una gasa verde sobre las ropas, "¿y eso?" le he preguntado a mi madre, "hay que pasar así" Lo que me faltaba para imaginar aquello como el Nostromo...

Quince minutos después han salido ellos y hemos entrado nosotros...y, como suele pasarme, no era tan fiero el león como lo pintaba.

Una gran habitación todavía muy iluminada por el sol, en el centro el territorio del personal médico y alrededor, bajo las persianas levantadas, las camas de los enfermos separadas por biombos. Y en una de ellas, sentada en el sillón, mi tía.

Y no la he visto como la imaginé, ni mucho menos; está desmejorada, tiene un tubo en la garganta, cables pinchados a sus venas, no puede hablar y apenas tiene fuerzas para levantar las manos, ya son dieciocho días allí...pero es ella.

No la he besado, casi ni tocado, tal y como me había advertido su hija, "los microbios y eso" Y en fin, ha sido un poco extraño, pero así son las cosas allí, que todos los sitios tienen sus cosas, Kufisto, todos...Me he acordado de la radio, pero a nadie ha parecido importarle demasiado; he visto una cosa que se asemejaba y ni lo he intentado, no fuera a ser que no lo fuera y tocara mal cualquier cosa. Me he fijado bien en la pantalla que tiene sobre la cama, la que controla sus constantes vitales, cada una en su color, con sus líneas ondulantes...Definitivamente, está en muy buenas manos: en las de la Sanidad Pública Española.

He arrancado el coche, acababa de empezar el Adiós a la vida de Puccini, me he liado un cigarrillo y he puesto rumbo al centro comercial, que a uno no le publicita nadie que no sea él mismo.

De vuelta a casa me he preparado una cena estupenda, un gran vaso de gazpacho de madre y un buen filetaco de ternera. Y no sabía si salir o quedarme, si escribir algo o dejarlo durante algún tiempo, cuando me he dado cuenta de que el quinto pie del gato es su cola.

En la calle la luna estaba casi entera.

Como todo lo que no jodes completamente.

Tengo que empezar a madrugar otra vez.


domingo, 8 de septiembre de 2013

¡HU-HA!




Una de las películas modernas que más me gustan (entendiendo como tales las realizadas a partir de los ochenta, en aquel tiempo donde el poder económico tomó definitiva conciencia de que los mass-media son demasiado importantes como para dejarlos en las manos de los artistas) es Asesinato en 8 milímetros.

Decía Hitchcock que una película es mejor cuanto más lo son los malos; es decir, y como lo haría el mancheguito de Mota: en habiendo un buen malo, basta con que no desentone el bueno.

Y en esta hay tres que la convierten en memorable.

Empezando por el último en morir, por Máquina, por el matador, diré que la primera vez que la vi se me quedó la misma cara que a Cage al quitarle la máscara, "¿este es el sádico asesino?...¿este mierda?" Pero creo recordar que le di para atrás una vez escuchada su explicación al desquiciado por qué del sobrino de Coppola. Y si no fue entonces lo sería a la siguiente.

- "¿Por qué?" decía uno con cara de zampadonuts empapado por la lluvia mientras se colocaba las gafas inmovilizado por las piernas del detective, un nowhere man, uno que no podrías imaginar tras aquella careta de cuero y cremalleras metálicas..."Porque me gusta...sí, eso es, no hay otra razón...Me gusta. ¿Y sabes? no sufrí abusos de pequeño, fui un buen estudiante, tengo un buen trabajo y cuido de mi anciana madre...Nada ha habido en mi vida para tener una excusa que no quiero...¿Y sabes qué es lo que más me gusta? la mirada de la chica, sus pupilas, cuando le hundo el cuchillo y sabe que va a morir, que ya no hay salvación"

El segundo era el conseguidor, el mejor malo, el que luego supe que protagonizó Los Soprano, serie que no he visto ni tengo idea de ver. Este era el sumiller, el que examinaba a las chicas, coños desesperados de los Estados Unidos del Norte de América, que diría El Catoblepas, siempre buscando la verdad empezando por las palabras, como hay que hacerlo. Tiene una muerte hollywoodense, del estilo de Máquina, le da tiempo a explicarse, a morir primero con los hombres antes que con Dios, pero es el único que tiene un rasgo de humanidad, de arrepentimiento, y lo mejor de todo es que resulta creíble. Me acordé de aquellas palabras nietzschezianas cuando él mismo mete la boca en el cañón de la pistola que está apuntándole: No hay alegría en la lujuria.

El tercero y primero en morir era el director de las películas, uno que luego he visto en alguna de los Cohen, y está tan bien, tan soberbiamente sobreactuado en su papel, que sientes una cierta decepción cuando se lo cargan. Me pasó algo parecido con Richard Harris en Sin Perdón, aunque no lo mataran, pero ya no regresa a plano, que para el caso es lo mismo. Y también tiene sus frases antes de morir, esto es Hollywood, y la penúltima es especialmente lograda: "Oooh, nooo...así nooo..."

Pero la secuencia que me ha hecho recordarlos esta tarde no tiene como protagonista a ninguno de ellos.

Están los dos buenos buscando material en el inframundo de la pornografía para dar con alguien que les proporcione material snuff, ya sabéis, asesinatos reales para el disfrute de los ricachones, Alcasser y tal, aunque yo soy de los que piensan que lo de aquellas tres pobres chicas fue algo más que eso. Y en uno de esos basureros le preguntan a uno con pinta de indio.

- "Queremos algo fuerte...lo más fuerte que tengas, no hay problema de dinero"

El tipo les canta la comanda mientras la cámara hace un barrido que nos muestra a media luz que el infierno existe y está tan cerca como quieras.

No es suficiente, no es lo que buscan, "queremos material snuff" Y tienen que salir de allí cagando leches.

Poco antes, habiendo dado fin al menú y ante la insistencia de los buenos por algo todavía peor, les había dicho: "No hay nada más fuerte. Una vez que ves esta mierda se te queda en la cabeza aunque quieras olvidarla"

Finalmente, esta tarde he podido quitarme el tapón que ha estado atenazándome los últimos once días, ya es el tercero con buenas noticias, y si el primero es como una moneda que vuelve a rodar cuando estaba a punto de ser cruz, el segundo estás viendo la cara a punto de caer y es como si tuvieras aún más temor, como cuando jugabas aquellas partidas de pin-ball y tenías que empujar con tiento para no llegar a la falta, como cuando juegas una buena partida de ajedrez y sólo te falta encontrar las dos últimas jugadas de la línea para el jaque mate...Como Jesús y sus tres días, sí. Me he acordado de él. De Él.

La mañana ha ido bien, cada vez gustan más mis arroces, unos franceses se han vuelto medio locos, "¿puede hacegnos uno ahoga, Kufito?...¿media hoga?", "no, ahora no...pero sólo tiene que decírmelo el cabrón de Karim con un día de antelación" Mi amigo, un pied noir, un chaval que se dedica al mantenimiento de la maquinaria de las bodegas, cinco meses por aquí y otros cinco en Sudáfrica, se guarda dos para su país, es un tío grande, fuerte, muy majo, como suelen serlo los fuertes, y además generoso hasta decir basta, tenemos que pararlo, "¡NO, KARIM, YA...!", apenas tiene treinta años y lleva diez viajando el mundo, "mi vida es una mierda" le oí decir la otra tarde, pero no como derrota ni nada de eso, de pasada, para esas cosas estamos los que no salimos de la caja del gato cuántico y tal. Pero yo me di cuenta de que lo decía en serio.

El caso es que se fueron todos, como ayer, pero hoy me he venido arriba, y más releyendo la tristeza que escribí anoche. "¡VENGA, COÑO!"

Caña. Fría.

Volvieron unos clientes de aquellos, "Kufisto...¿te queda algo para comer?...es que han venido parientes y..." Está en el hospital, su mujer tiene un tumor, o tenía, creo que va saliendo, no se lo he preguntado, pero sí le he oído comentar la jugada con mi padre incluso antes que se enterara de la enfermedad de mi tía, se conocen de toda la vida, pero la nuestra era aún más límite que la suya. Y los he apañao con todo el gusto del mundo. Y han repetido.

Copa. Bien fría.

- "¡KUFITO!" Karim con su tropa de paso.

Y venga gin-tonics, de la London Gin, la más fuerte, es de hierro, pero ya he visto unos cuantos que ahora son de barro. Todavía es joven.

- "¡Tómate algo!"
- "No, que es muy pronto..."
- "Jodé, sempre es pronto paga ti"
- "Me sobra media hora, cabronazo..."
- "¿Una servesa?"
- "Venga"

Cerveza. Fría.

Otra vez se fueron todos, como ayer, pero hoy ya era otra cosa...Y además llegó un colega, tan asustao como yo lo estaba el jueves; bueno, no tanto, pero sé que sintió mis wasaps.

- "¿Como está?"
- "Mejor, coño"
- "Bien, joder"

Y bebimos jonis con sueps de limón.

Otra vez Karim, pero ahora con dos bajas, "¡KUFITO!", "¡KARIM!"

- "Te pago una copa"
- "Ahora sí"

El más viejo no hacía más que quejarse de la música, ya estaba borracho, "eto son mariconada...pon a Manolo Escobá...o a la Pantoja...", "y una polla" No tengo ningún problema con Manolo, pero sí con Isabel, y lo uno lleva a lo otro tanto como el hígado a la nariz. Por ese orden.

Dejé acabar el maravilloso punteo de Free Bird y puse a los Maiden, el Seventh Son...

Tres minutos.

- "Po favó...quita eso...me pone nevioso" dijo el viejo. Y en verdad que lo parecía. Hay gente que se pone mala con determinada música, como yo con la Pantoja, o este con el jevi o mi difunto tío Macario con el jazz.

Pasó alguna que otra mujer hermosa y se callaron, salió y se despidieron, poco después se fueron y entonces salí a la puerta para fumar un cigarro y charlar con dos amigos.

Y no me dio tiempo a encenderlo cuando vi venir a una gitanilla con dos tetas y una amiga.

Pasaron de largo.

Sí, nada se olvida...

Tampoco lo bueno.

Mañana a las siete. En la UCI.

Todavía.

Pero mucho menos.






sábado, 7 de septiembre de 2013

CUBALIBRES CUÁNTICOS




Abrí la nevera y escogí cuidadosamente un buen diente de ajo, los había más grandes, también menos, algunos casi como uña de meñique, no sabes lo que esconde una cabeza hasta que la abres, entonces te das cuenta que por regla general los más pequeños están junto al tallo, como si lo hubieran cortado cuando todavía estaba haciendo crecer, y así quedan sin desarrollarse por completo, inútiles en la práctica, dan más trabajo que beneficio, y de este modo, naciendo mal, mueren en cualquier sitio menos en el que debían. Sólo cuando no hay más, cuando no te queda otra, tiras de ellos para que te saquen del apuro.

Lo mastiqué diez o doce veces antes de pasarlo con medio vaso de agua, casi el último que seguía limpio, la cocina olía como a corteza de cerdo, es la primera vez que la huelo así, estoy hecho al agua estancada por pulpa de naranja y limón, trocitos de cebolla y cosas de similar tamaño, basta con levantar el tapón para que se desagüe, abrir la ventana y salir rápido antes de que el hedor se expanda con el movimiento, "esta noche no me quedan más cojones que limpiar todo esto"...Pero aquel nuevo aroma tiene una sencilla explicación, y no es otra que hace dos noches por fin me decidí a fregar los platos de los últimos cuatro o cinco días, puede que más, los últimos acontecimientos han transformado el tiempo de nuestra familia en una especie de Inception en 3D, era como si fuésemos en aquella furgoneta que va cayendo al río mientras las horas pasan a su alrededor, pero ayer casi que salimos de ese nivel para regresar al nuestro, casi, casi está fuera de peligro, "el 80 o el 90 % van p´alante..." Parece que ella va a estar en el otro %. Sí, somos fuertes.

En aquello estaba, ya con el grifo abierto, dándole tiempo mientras tiraba a la basura los restos de los platos, las medias naranjas secas sobre la encimera, los chuscos de pan en sus bolsas, como escondidos, las latillas casi vacías de paté, dantesco espectáculo, el exceso de tocino del jamón, tan tieso como un dardo...Y cuando fui a echar mano del estropajo no lo encontré. "¿Pero qué coño?...es igual", agarré la nana y la unté con fairy, pero aquello no era lo mismo, apenas hacía espuma, así no se pueden lavar platos con una semana de vida en su interior, aunque parezcan limpios, pero no, no...Eso es la cirugía estética de los platos. Y en el segundo lo dejé. Y por eso huele como huele, a corteza de cerdo. A nicho vaciado. De hoy no pasa.

Hay que masticar las cosas, sí, sólo engullen los patos, y así están, que son presas hasta de los bebés. Pero una cosa es masticar para tragar y otra hacerlo como si fueras una vaca, que cuando llega a su estómago ya no tiene nada que rascar, sino pasar, y así les ocurre, que están toda su puta vida rumiando y potando, y volviendo a rumiar y a potar hasta que al fin lo cagan. Y cuando no, las ordeñan. Un hombre no tiene que ser una vaca salvo para los frutos secos. Entonces sí, por la cuenta que le trae a tu culo, tan delicado, pero el estómago...a ese sí que no hay que mal acostumbrarlo. ¡Ay de quien lo mime demasiado! siempre le dolerá. y después, todo lo demás.

No recuerdo el motivo, pero ya hace un tiempo que es lo primero que hago al despertarme: comerme un ajo.

El primer día casi devolví, y eso es más raro en mi que ver la televisión en casa, por lo que a la mañana siguiente lo troceé en cinco o seis partes y las engullí con la ayuda de dos o tres vasos de agua. No me convenció, "hay que masticarlo", no sé porqué pensaba eso, pero tenía razón. Hay que masticar, hay que darse cuenta, hay que hacerlo así. Aunque no sea fácil. Quizá sea por eso.

Y poco a poco conseguí que desaparecieran las náuseas.

Algún tiempo después, y pasados unos minutos, le añadí una cucharada sopera de aceite de oliva. Y a la ducha.

Nada más llegar al bar pregunté a mi padre lo de estos últimos días, no les llamé anoche por no joder la buena e inesperada nueva del mediodía, pero me ha bastado con verle la cara cuando todavía no había alcanzado el , del habitual "¿qué tal está?" Estaba bien, se veía en los ojos de su hermano mayor. ¿Bien? ¿bien como parecían los de la tarde que llegaría después? no, aunque puede que más. Tal vez uno nunca está tan bien como cuando empieza a dejar de ver la luz del final del túnel para hacerlo con las caras de su marido y sus hijas, "dicen que abrió un poco los ojos y sonrió al verlos..." Sonrisas y lágrimas, a veces, van de la mano. Y esas son de las que se guardan en el corazón, por lo que pueda pasar con tu cabeza.

Las cañas fueron pocas, pero al menos no dejaron de serlo, esto no es una jungla, todavía, ya habrá tiempo para las lanzas si tiene que haberlo. Un rato después me quedé solo, y poco a poco, casi sin darme cuenta, me embargó una sensación como de melancolía.

Y así estaba, mirando sin interés cosas en el ordenador, cuando a eso de las cinco y media me llegaron en tropel varias cuadrillas de conocidos, todos sedientos, riendo, gritando, ya venían medio colocados; Kufisto por aquí y Kufisto por allá, tardé un poco más de lo normal en despejar mi nube, puede que fuera porque nadie era amigo, que no me sentía cómodo, pero volé de un lado a otro sin parar en ninguno, no tenía tiempo, aunque tampoco no lo hubiera hecho de haberlo tenido. Yo estoy en otro nivel, mi tiempo no va como el suyo. Jamás lo fue.

Pero esta vez me han dado el suficiente como para hacerme un cigarrillo e ir fumándolo a poquitos en la cocina. Y en una de esas, una en la que me he quedado mirando la agarradera del congelador del frigorífico, he recordado que esta mañana (ya duchado y mientras desayunaba más deprisa de lo que hubiese querido) he pinchado un enlace hacia una explicación de la física cuántica para lerdos comeajos como yo, es algo que me interesa desde que leí lo que puede significar en el caso de que sea cierta, pero este lo hacía como un poeta y aquel como un profesor más o menos enrollao. Y no me he enterado de nada.

Volví a salir, la gente quería seguir bebiendo, riendo y gritando, y yo estaba allí para darles de beber. Eso era lo único que quería de ahí.

Hasta que acabó mi turno y volví a perder de vista y de oídas las diferentes interferencias de mi órbita.

Sea la que sea y gire lo que gire...

Y si no es, parece como si fuera.




martes, 3 de septiembre de 2013

OTRO DÍA EN LA VIDA




-"Tranquiiilo, Kufistín..."
- "¡PERO ES QUE TENGO MUCHA HAMBRE!"
- "Hambre que espera hartura no es hambre"
- "Jo..."

Un ratito después, uno muy pequeño, aparecía la abuela con la cazuela de barro llena de cordero con patatas, lo tenían controlado, "¿a qué hora vienen los chicos?", a tal. Y justo para entonces estaba, minuto arriba o abajo.

Eso era algo que no les importaba mucho a mis dos hermanos y a mis dos primas, pero no así a mi. "¿Y la comida?", "enseguida, Kufistín...tranquilo" Siempre me decían tranquilo. Yo lo quería todo ya.

Todo lo que era cosa de los demás. Cuando estaba solo, con mis libros, era el niño más tranquilo del mundo.

Creo que ese es el mayor de mis pecados, la impaciencia. Sí, los toco todos desde que pude hacerlo, pero ese...Ese sigue siendo el mayor.

Como lo era entonces y sigo siéndolo ahora, que ninguno me falta, gracias a Dios, incluso después vinieron otros dos por parte de mi padre, con ellos trabajo ahora, a ambos tuve en mis brazos, acunándolos cuando alguna que otra rara noche de sábado se atrevían a salir nuestros padres...Y quien primero acuné ahora nos acuna a todos: no valgo para tratar con los mercaderes. Cosas de la ira. El segundo de mis pecados.

Aquel plato era cosa de fin de semana, y no de cualquiera: de cuando vinieran las chicas de Madrid. Con su madre, con su hija para ellos y con su marido para...En fin. Un padre de hija siempre será un padre de hija.

Nos sentábamos los cinco alrededor de la pequeña mesa del salón de los abuelos, saloncito, una cosa muy pequeña de forma pentagonal, muy irregular, a un lado el balconcillo con el canario y al fondo la cocina; pin y pon se las hubieran visto y deseado para hacerse un sandwich, de verdad, era una cosa ridícula, un cuadradito totalmente desangulado, toda aquella casa hubiera hecho las delicias de Murnau, sobretodo esa planta, la de arriba, la que alcanzabas subiendo una escalera de caracol...lo de abajo no contaba, era el trastero, por llamarlo de alguna forma, todo lleno de polvo...allí me hice mis primeras pajas, puede que las segundas, sí...Fui muy precoz. Casi me muero del susto cuando vi que salía una cosa blanca de mi polla...Pero eso fue en la otra casa, en la de mis padres, en el water para siete, dos aún demasiado pequeños. La primera vez pude aguantar el lechazo. Pero a la tercera o cuarta...creo que traspasó el techo.

Bendita Marcia del Interviú...

El caso es que aquel plato era el tres estrellas de los abuelos. No he vuelto a comer una cosa igual ni volveré a comerla...Y yo, devorado por la impaciencia, lo devoraba en cero coma, "despacio, Kufistín, que nadie te lo va a quitar..." Entonces miraba el de mis primas y les metía el tenedor. Mis hermanos, aunque más jóvenes y lentos, no se andaban con tonterías, cosa que por otra parte me importaba una mierda, alguna vez les rebañe, yo era el primogénito, y bien que lo sabía el abuelo...Pero era más sencillo con las niñas, no protestaban mucho, sólo se quedaban mirando, eran más pequeñas. Y la más de ellas era la que menos le gustaba que se lo hiciera, se echaba a llorar, "¡abueloooo...MIRA A KUFIIIISTO!", "veeeengaaa...." Estaba claro quien había sido el primero.

Y bien que me aproveché. Yo era el Amo del Mundo. Hitler a mi lao era Peces-Barba.

Esta tarde se me han hinchado bien rápido los cojones, de hecho apenas había pasado el mediodía cuando mi padre ha regresado al bar después de ver a su hermana, ha vuelto con una cara que...

Se fue un rato después de estabilizarse un poco con la ayuda de un par de vinos y amigos, pero yo me he quedao con esa derrota, me cago en dios...

Y veinte minutos después ha llegado Enrique, nuestro médico, el que le salvó la vida hace diecisiete años, el que es más rojo que Otegui, el que ha llegado a cenar con nosotros una Nochebuena..."No jodas que piensas eso" le dije al poco de conocerlo, tanteándolo, escuchando como defendía a la ETA, "tienen sus razones", casi pierdo la puta cabeza...Pero había salvado a mi padre. No he vuelto a hablar de política con él. Pero sí de libros, y de música, y de arte, y de todo lo que nos une aparte de esa mierda, que es todo lo demás.

- "Hank..." nunca me ha preguntado porqué suelo llamarle así. Está claro que hemos hablado de Bukowski, aunque se le parece como un bizcocho borracho a una rosquilla de San Antón. Pero es una de las mejores personas que he conocido en toda mi puta vida.
- "Qué tal, Kufis..."
- "Ahí vamos..."
- "Acabo de ver el último scanner de tu tía"
- "¿Y?"
- "Parece que está mejor...Tiene los niveles de..."

Bien, bieeen que diría Nicholson en el puto Resplandor...Y enseguida me ha venido a la cabeza el por qué coño tienen que entrar a verla, llena de tubos y máquinas que le ayudan hasta a respirar, me cago en Satán y en todos sus putos orcos. ¿Por qué? También yo hubiera entrado ayer...pero mejor por la tarde.

Pero esa tarde yo estaba mirando las esquinas del techo. No me llamaron. Mejor.

Se fue, me olvidé de invitarle, al rato recibí un wasap con la foto del nuevo, el hijo del amigo de ayer, siempre ayer...Me eché una cerveza, eran las tres y media, "¡qué pronto es!", y luego otra, y un gin tonic, "venga, coño..."

Acabo esto poniendo a los Beatles a toda hostia, en la calle están dando palmas, no las soporto ni estando bien, les he puesto "Hey Jude", "¡¡¡REVOLUTION!!!", "¡QUE NO, COÑO!"

Y he pinchado A day in the life.

Y ya estoy demasiado pedo para seguir escribiendo.



lunes, 2 de septiembre de 2013

CASA EN ESPERA




Llegué sin preguntar, siguiendo las indicaciones y las palabras que mi padre me había dicho un tanto liado apenas cinco minutos antes, primera planta...derecha, izquierda...Cirugía...abre puerta...largo pasillo...Unidad de Cuidados Intensivos...Sala de Espera 

Primera planta, Cirugía, UCI. Reteniendo eso te llevan los letreros, infinitos, casi ni me di cuenta de cuatro gitanos que estaban junto a la puerta de unos servicios, "aprovecho y meo, no sea que después...", el más joven de ellos estaba taconeando, flojito, y canturreando, igual. No puedo ni verlos. Ya no estaban cuando salí.

La sala de espera estaba casi vacía, dos viejas a un lado y un chico joven en el otro. Era lo suficientemente grande, o mejor aún, estaba lo suficientemente vacía como para sentirla grande; me senté en la sección juventud, o no viejos, en la misma fila que el otro pero a unos cuatro o cinco asientos, alcé la vista y vi la palabra Paritorios, también Monitores. Salió una embarazada a punto de reventar por una de las puertas, era la mujer del otro, se sentó frente a él y empezó a hablarle muy bajito, en un susurro, tanto que me levanté, parecía contenta. Vi a la izquierda una especie de separador, Sala de Espera UCI, y me fui para allá, no había nadie, me había adelantado, pronto llegarían. Tenía menos capacidad, ni la mitad de la otra parte, volví a sentarme y eché un rápido vistazo, me fijé en las puertas de los aseos, correderas, y en las de enfrente, normales, esas eran las de atención al paciente, o a sus familiares, supongo, es más lógico, no me acuerdo bien, pero sí de los agujeritos del respaldo de los asientos, catorce por veinticuatro, los conté varias veces para asegurarme, catorce por veinte, doscientos ochenta...catorce por cuatro, cincuenta seis...total, 336, reducido 12, y a un dígito 3...buenos números...¡Y también está el 36!, número perfecto...3 y 36...¿lo habrán hecho aposta?...¿o es que lo hagas como lo hagas no puede salir de otra manera...?

Así llevaba cinco minutos cuando vi salir a mi prima por la puerta prohibida, pero no para ella: es doctora y trabaja allí. Iba con la bata blanca, miró, me vio, se llevó la mano a la cara y se acercó. Yo iba a darle dos besos, pero ella abrió los brazos como para abrazarme, "ah, sí, claro, joder..." pensé. Nos abrazamos y empezó a llorar, "¡Ay, Kufisto...!", me apretó y apreté, hacía años desde la última vez que había abrazado a alguien sin estar chispao, cuatro va a hacer ahora, cuando murió mi otra tía. La besé en el pelo y así estuvimos un rato. Hasta que ella quiso.

Era la primera vez que nos veíamos desde que el jueves pasado le pasara eso a su madre, a mi tía, a la hermana pequeña de mi padre, a la única que ha tenido.

Nos sentamos, se calmó un poco mientras secaba sus lágrimas y le pregunté lo que no hacía falta preguntar por ya sabido, hay veces que tienes que hacerlo, hablándolo parece menos, el silencio de la mala espera es terrible, es como si se comiera el aire, como si te envasara al vacío.

Me contó lo del scanner de la una, apenas faltaba media hora, "sí, ya me lo dijeron ayer..." le dije acariciándola torpemente. Poco después llegaron mi padre y el suyo, no le había visto desde el viernes, está demacrado, también se llevó la mano a la cara cuando me vio, pero menos que su hija y sin llorar, el primogénito de un divisionario azul no puede hacer según qué cosas en público. Una vez me contó el día que murió su padre, le pilló en Madrid, ya estaba trabajando allí, todavía no tenía veinte años, "me fui a un parque y estuve toda la noche llorando, hasta que salió el tren..." Otra vez era yo el que no sabía qué hacer, "¿dos besos?...no, mejor el apretón de manos", lo he acompañado con una palmada en el hombro y nos hemos sentado todos. Y poco a poco se ha ido medio llenando la sala de espera. Era la hora para ello, no a la que había llegado yo.

Entre los recién llegados he visto a un antiguo amigo de mi padre, estuvo hace un par de días por el bar, hacía tiempo desde la última vez, nos preguntamos qué tal, le dije mi parte y respondió que ya la sabía, que estaba también allí con su mujer, algo bastante grave pero no tanto. Un rato después me he fijado en un chaval que estaba con él, evidentemente era uno de sus hijos, pero no he caído en cual hasta que sin saber como me ha venido a la cabeza que tenía que ser aquel bebé de hace doce o trece años, ese que llevaban mientras se tomaban una copa en el bar de su sobrino, el mismo al que íbamos cuando yo cerraba el bar. Echábamos unos tragos jugando a los dardos por parejas, a la mía le hacía mucha gracia el pequeñajo, era tan rechoncho y se reía tanto...Hoy ya es un chaval que podría partir una pared de ladrillos de un sólo puñetazo. Pero eso es cosa de circos y poco más. Allí estaba con la cabeza gacha, mirando el móvil con aspecto de estar muy enfadado.

Se me ha puesto dolor de cabeza y he dejado de mirar los cuerpos de mis familiares, a los ojos era imposible. He pensado en tomarme un ibuprofeno, me había llevado cuatro en previsión, "vamos a esperar un poco más...", odio las pastillas. Odio las jodidas pastillas. Pero también odio muchas otras cosas y tengo que tragármelas. "La pared, sí..." Azul, un tono bonito, tirando a oscuro, cercano al violeta, no sé...ahora que lo pienso no podría asegurar como es este color, ¿como la flor, no?...sí...no me sé bien los nombres de los colores que se parecen al azul, o al rojo, o al verde, o al marrón, o al negro...La verdad es que he olvidado casi todo lo que tuve que aprender.

Y dije que iba a salir a fumarme un cigarrillo después de haber estado mirando un buen rato el angulo inferior que creaban dos paredes.

Extrañamente salí como entré, sin preguntar; yo, que siempre me pierdo en esos pasillos, los he andado hoy como si fueran los de mi casa. En la calle perdí de vista a la rubia del vestido blanco que sin darse cuenta me había antecedido la mitad del camino. Encendí una chusta que llevaba en los pantalones y vi al padre de un amigo que va a ser padre por primera vez, pero ya, el sábado vi a su mujer y me quedé tramao, "¿estás segura que nos vas a parir un planeta, Cristina?", "jajaja..." rió. Ríe muy bien. Me dijeron que la ingresaban hoy para provocárselo, ya no se podía dilatar más, aunque las paredes de su útero siguen un tanto remisas, "todo va bien...para mañana, seguramente" me ha dicho su suegro, "ahora las cosas son...de otra manera. Antes no había tanta historia" Antes se empezaba a parir con veinte años, no con treinta y cinco he estado a punto de decir, pero me he callado, he terminado de fumar y le he dicho que le diera recuerdos a su hijo. "Seguro que lo ves antes por el bar" Espero que sí, eso seguiría siendo una buena noticia. No sabes cuanto. Aunque no por lo que te crees. No le he dicho nada de lo nuestro, tampoco ha preguntado, quizá lo sepa, pero lo malo es mejor no airearlo.

"Ya la han traído" me han dicho. Y hemos esperado un poco más entre llamadas de teléfono de su hija pequeña, esa que está a poco más de un mes de convertirla en abuela. Y entonces me he comido el anti-inflamatorio.

Hemos sido los últimos, "pasad", era una doctora joven, andaluza, morena y con bastante vello en los brazos, parecía simpática. Mi padre y mi tío se han sentado en las sillas y los demás nos hemos quedado de pie. "Como sabéis, la cosa está complicada..." ha empezado a decirle a los viejos, pero pronto ha repartido las miradas entre mi prima y su marido, también médico, y es que por mucho que se quiera hacerlo entender hay cosas y situaciones que no puedes entender.

Ganar tiempo, la buena noticia es que no haya noticia, poco a poco..."paciencia y tranquilidad" ha dicho mi padre, "y rezar" le añadió mi tío.

Estábamos esperando a mi prima en la puerta, había pasado la prohibida para volver a verla antes de irse, "¿quieres pasar tú?" me ha dicho mi padre, "vale" he respondido sin pensarlo, el ibuprofeno estaba haciendo bien su trabajo. "Mejor esta tarde, ahora la están colocando y todo eso...mejor esta tarde" casi que he respirado de alivio. No sé qué bien me hubiera hecho verla entubada y atada a las máquinas. Pero tu bien no es siempre lo correcto.

Casi salgo por el ventanal en la puerta de entrada, son idénticos, tan sólo los diferencia la situación y lo que les rodea: en el centro y plano, la salida, a los lados y en semi-círculo, las ventanas. Pero a la misma altura. A ninguna.

He acercado a mi padre a por su coche que apenas estaba doscientos metros más allá. "¿Te vienes a comer a casa?", "no, voy a casa...a mi casa" Quise decir al piso. Mi casa es la de ellos. Pero prefería estar solo.

Después de devorar dos filetes de buey me he quedado dormido en el sofá, con las ventanas abiertas y el aire acondicionado a tope, ya no hace tanto calor pero es la costumbre. Pronto llegará el invierno y tendré que cerrarlo todo.

Desperté y me quedé quieto, mirando el angulo superior del techo. Así estuve un rato.

Hasta que pensé si no sería mejor salir a la calle como si nada estuviera pasando, hacer como si no me diera cuenta de que nos ronda, continuar con la rutina, pasear y subir algún cerro, vivir como si no existiera, después de todo sólo es un saco de huesos con una capa negra y una guadaña, si lo piensas es un tanto ridícula: no tiene ojos, ni carne, ni nada...nada más que huesos que por alguna razón andan de aquí para allá, y quedándose uno quieto no va a dejar de hacerlo, creo que al contrario, que se aprovecha de eso, de que te quedes quieto pensando en ella, casi sin respirar, como si estuvieras jugando al escondite...¿pero como saber que no está guardando la puerta para salvarte y salvar a todos tus compañeros, como hacíamos entonces, cuando todo estaba vivo a nuestro alrededor...? Jugar siendo invisible es no jugar. Y eso hace, no jugar, sólo espera que vayamos hacia ella. Después de todo es lo que todo el mundo ha hecho desde que lo parieron. Todo el mundo cree en ella.

Salí y puse la radio, hubiera podido oír el Sálvame...

A la media hora ya estaba de vuelta en casa, en el piso.

Voy a llamar a casa.