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viernes, 20 de abril de 2012

OTRO CAMBIO DE LUNA




Es una cincuentona, alta y delgada, tirando a fea, tirandísimo, vamos, pero tiene una nariz que me gusta, siempre me gustaron las mujeres de narices, a fin de cuentas, para bien o para mal, es lo que define un rostro, y como la Belleza no tiene nada que ver con el atractivo personal (sino aquí no follarían más que cuatro y el del tambor) personalmente la encuentro deseable, cosa que en el caso de ser pública entre la mayoría de mis conocidos les provocaría la risa y el cachondeo, cuando no el consejo de que ingrese en una institución psiquiátrica, que también puede ser.

Por lo que sé de ella, en su juventud, ya tan lejana, fue un poco jipi y golfa, pero aquí, en los pueblos de la España típica y tópica, esa calificación es algo normal en todas aquellas que se divorciaron en cuanto pudieron y vivieron su vida a su aire. Evidentemente el asunto no es visto de la misma forma por los hijos de nuestros Caifás, y ya no os cuento de sus nietos. Sí, típica y tópica, pero ya menos: no hay más que ver una procesión o pasar a una misa para darse cuenta de que las cosas llevan tiempo cambiando. O viejos o niños, de los del medio ni Blas. O casi. Por cierto que el otro día hice el amago de entrar a una Iglesia (cosas de escritor, más que nada) y salí disparado sin cruzar el umbral: eran las doce del mediodía y daba miedo el cuadro que había dentro. El Vacío con aroma a Flöyd.

Por esas casualidades que tiene la vida está compartiendo habitación de hospital con mi padre; bueno, ella no, el suyo, pero es la acompañante, hoy la he visto, "¿qué tal, cómo estás?", nos conocemos del bar y eso, café, tabaco y algo de charla, como toda mujer jipi y golfa que se precie ha leído historias, y a veces hablamos de algo diferente a la crisis y al fútbol, cosa que agradezco sobremanera, estoy hasta los cojones y más allá de esos temas, pero en fin, un bar es un bar, no sé qué sería de los mass-media sin los bares, de verdad...

La han llamado por teléfono y me he sentado un rato con el viejo y mi tío. Está mejor, pero sigue hinchado, "retención de líquidos", mi Supermán está rodeado de kryptonita desde hace años, pero ahí sigue el hombre, con un par y la yema del otro, nos hemos reído cuando se ha levantado para ir al baño dejándonos ver sus enormes calzoncillos, "¡qué erótico estás!", un restaurante podría hacer la compra diaria con ellos, en fin..."iros a tomar por culo".

Poco después ha pasado ella, la cara desencajada, lágrimas en sus grandes ojos azules: un chaval ("el hijo de tal, Kufisto, el del pelo largo...", "¿el de las rastas?", "sí...") se ha ahogado practicando submarinismo. Tenía treinta y tres años, amigo de sus hijos, se criaron juntos, ella lo tenía por uno más, las madres son así, todos somos sus hijos porque piensan que a los que parió puede pasarles lo mismo. Y una madre puede aceptarlo todo, hasta lo más jodido que pueda ocurrírsele a la mente más enferma, con tal de no enterrar al fruto de sus entrañas.

Lo conocí hace años, una noche que vino con un amigo mío y su chica de entonces, era tarde, cerré y mientras bebíamos y se fumaban unos canutos charlamos de esto y aquello, pensaba como aparentaba su aspecto, tenía muchas cosas claras, quienes eran los malos y quienes eran los buenos, suele ocurrir en aquellos que vienen de familia "bien", se pasan al otro lado y reniegan de su pasado, era demasiado joven, pero también educado y al menos oía las ideas ajenas, te dejaba hablar aunque no escuchara, cuando alguien está tan convencido de algo ni quiere convencer ni que le convenzan, ¡si lo sabré yo!. Fue una noche agradable, de esas que solo el alcohol y los canutos pueden permitir: sin estar colocados, ¿cómo íbamos a charlar gente tan dispar?. Las drogas son más buenas que malas cuando quienes las usan son más buenos que malos. Sencillo.


Me he levantado, me he despedido de mi tío, le he dado un beso a ella y un toque a la puerta del water donde mi padre seguía a lo suyo, "¡que me voy al banco!", "¡¡¡VAAALE!!!".


Y he ido al banco, y he pagado lo que he podido, y al salir todo estaba en su sitio, nada era diferente a cualquier otro día.


Nada ni nadie a quien hoy no visite la muerte, claro, esperada o no siempre lo cambia todo.


Aunque todo siga en el mismo sitio con el mismo aspecto.


Pero el espejo de hoy tendrá diferente forma para muchos. Y quienes lo vean añorarán el de ayer.

2 comentarios:

  1. La muerte de alguien joven a quien quieres es un zarpazo. Una injusticia, una estafa de la perra vida y una putada de la puta muerte. Esto es así.
    Vale, no son mejores las de nuestros ancianos, y nos dejaron de preparar para eso; evitándonos desde pequeños el contacto con la realidad, de la vida: el
    paseo ineludible con el cabronías de Caronte.
    Pero alguien joven, alguien bueno. Es insufrible.
    He vivido eso hace poco.
    Tienes razón en lo q dices de las madres. Quiero y cuido como a propias a las amistades de mi prole, igual q me derrito al ver a un bebé. Siempre son ellos, al final; les ves a ellos…
    Y una nariz es significativa; la mía me encanta, aunque se suelan fijar en otras cosas (¡!)…

    Un beso a tu señor padre y itro para ti.

    R

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  2. Don Kufis aunque este mal decirlo, la mujer igual necesitaba consuelo. Oportunidad perdida no vuelve, aunque me digas que soy un bestia.
    Que se mejore tu señor padre, yo me tengo que rajar en breve y antenoche estuve l4 horas gritando de dolor en un box de urgencias de un gran hospital, un horror.

    Saluditos.

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