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sábado, 28 de abril de 2012

HASTA EL BORDE



Tendrá mi edad, incluso un poco más joven, alto, delgado, grandes barbas...está pidiendo limosna cerca de mi casa, aunque sería más exacto decir que está recibiendo limosna, no pide, no da la tabarra, simplemente está ahí y algunos le damos pasta.

Suelo hacerlo, limosnear, quisir, aunque tengo mis normas, mis reglas: que no me cuenten historias (escritas o no) y que sean del terreno. No es que sea racista, eso es cosa de los USA como sabe todo el mundo, aquí en España somos muy estupendos, to el mundo e güeno y tal...veremos ahora que la vaca no tiene más leche. Veremos a ver, que decían los viejos.

Un euro, eso es lo que le suelto, el primer día me dió las gracias tres o cuatro a veces, acostumbrado como está a recibir la incómoda morralla que a casi todos nos sobra. Conocí a una vieja bruja que dejaba moneditas de esas tras las puertas de su casa, en el suelo, colocadas en forma de triángulo, su hija me contaba que eso daba suerte. No sé si será verdad, pero el caso es que a la vieja bruja siempre le ha ido bien en el tema económico, aunque pienso que más era por su maldad, su fiero egoísmo, que por cualquier otra consideración.  Hará un par de meses que me encontré unas cuantas monedas de esas tiradas por el suelo de la habitación, sin duda cosa de quitarse el pantalón cuando apenas te tienes de pie, me acordé de la vieja bruja y las coloqué como ella, tras la puerta. Mi racha con las diferentes loterías sigue llevando camino de convertirse en legendaria, pero he dejado de beber. Quizá el dios brujo sabe lo que conviene a cada cual. O quizá, simplemente, sea que ya tocaba. Los dioses siempre han vivido de la superstición. Los dioses siempre quisieron a los cobardes.

Un euro jamás ha sido dinero para mi, y el día que no pueda darle uno a un pobre es que habré pasado a ser uno de ellos. No me entendáis mal, no soy rico ni nada eso, mi cuenta bancaria siempre está lindando con el cero, mi número vital, después de veinte años trabajando no tengo nada: todo lo gordo, lo importante, continúo compartiéndolo con don Emilio, mi casa sigue siendo más suya que mía y lo será así por muchos años, ahora que no pienso dejar piedra sobre piedra como vengan peor dadas. Le prendo fuego antes de ser desahuciado por sus perros. Así al menos, como Homer, sabrá quien es Kufisto: otro ciclista subiendo y bajando las montañas alpinas mientras los jueces de meta esperan calentitos nuestra llegada a su estación de esquí con una de sus múltiples fulanas en las rodillas y la botella de Dom Perignon a la orden. Y todo por una jodida copa de hojalata y dos besitos de sus putas. Pero nada es para siempre; tal vez el día en el que nos saquemos una pipa de nuestras enormes hueveras está más cerca de lo que esos cabrones se imaginan.

Eso o hacen las etapas más llevaderas, porque ya no damos para más ni aunque sus mengeles en nómina nos inyecten sangre de Tyranosaurio en las venas. Cuidadín que el globo está a punto de explotar, hijos de puta.

Pues eso...que un euro al día puedo dárselo hasta a las ardillas del parque, no voy a hacerlo con una persona.

Y además es del Atleti, como no podría ser de otra forma. Me lo dijo la segunda vez que lo ví, después de mi segundo euro, se ve que el hombre quería devolverme algo, no sé, ser amable con su más esplendido mecenas; habla rápido, a trompicones, como todos aquellos para quienes el simple hecho de hablar con alguien ha pasado a ser algo así como el premio en una etiqueta de coca-cola, inesperado y bueno aunque sea una chuminá, se trata de la ilusión más que nada, porque cada día que pasa más cerca te encuentras de que nada pueda sacarte de ahí, del hoyo en el que nadie mira, del hoyo cuya voz es tan fea, tan amenazadoramente cercana, que huyes lo más lejos que puedas para olvidar siquiera su existencia.

Pero por mucho que te empeñes, por mucho que quieras olvidarlo, no podrás evitar su recuerdo, el temor de que quizá tu hoyo ya esté esperándote, que cualquier día de estos vayas caminando por la calle y la tierra se abra bajo tus pies, entonces serás tú quien grite pidiendo ayuda, o quizá no lo permita la dignidad con la que te educaron, pero el hecho, la realidad, es que estarás dentro. Y de esos hoyos no se puede escapar sin ayuda externa. Alguien tiene que echarte una escalera para que el cielo pueda esperarte un ratito más.

Porque de estos dijo Jesucristo que será el cielo, aunque también dijo que no tenemos que tener prisa, ser ansiosos, impacientes, todo llegará...


Ojalá tenga razón, ojalá sea real, ojalá haya Justicia en algún lugar.


Mientras tanto seguiré con el patronazgo mayoritario de otro hombre sin nombre, hablando del Atleti y la Reala, buenos tiempos para él y tampoco son malos para mi:


El Atleti a punto de ser campeón de la Europa de los pobres y nosotros nos mantenemos en Primera.


Pero también los pobres tenemos estómago, está feo que siempre ganen los mismos las copas de oro, sin posibilidad de cambio, ellos tienen todo el dinero y todas las armas gordas, así cualquiera, así es imposible, uno acaba hartándose del sucio brillo de la hojalata.


Algún día, en algún lugar, más allá de toda sucursal bancaria.




6 comentarios:

  1. Son estas entradas las que hacen que sonría y desee descubrir tu paisaje, entrar en tu bar, llamarte por tu nick, darte un beso y quedarme ahí un ratito sin hablar, para luego darre las gracias y marcharne con tus ojos en el recuerdo.

    Tan moñas como real.

    R

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    1. Gracias, preciosa, yo también soy un moñas. A ratos.

      Otro besazo.

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  2. Somos todos unos moñitas, si no las pipas no seguirían en las hueveras, jajaj.
    Buena entrada me ha gustado mucho.
    Saluditos Don Kufis.

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  3. Dejé de dar limosnas tras un asunto que pasó cuando vivía con mis padres. Llamaron a la puerta de casa unas gitanas, pidiendo para sus familias, etc. Mi madre, buena cristiana, de las de verdad, les dijo que esperaran: les pasó leche, un bocadillo, ropa que ya no usábamos, incluso aceite.

    Cuando llegó mi padre de partirse los lomos en el curro, casi se desnuca al entrar el portal y resbalarse en un charco de aceite. Habían derramado la botella entera (no estaba llena) por las escalera. Además tiraron algunas cosas que no les habian gustado, también por el suelo.

    Tras cagarnos en la madre, padre, abuelo y abuela que habían engendrado a esa estirpe de ratas de cloaca, ya nunca he visto de la misma forma a la gente que pide. No es que odie al pobre tipo que pide ayuda en la puerta de un super, pero supongo algo ha calado dentro de mi, y ya no me fio ni de la sombra que proyectan. Mi madre nunca mas dio limosna de esa forma: si queria dar algo, a la iglesia.

    Como colofón al respecto, comentar que hace poco salió en las noticias locales como se estaba investigando a un nutrido grupo de rumanos que se desplazaban no se cuantos dias de la semana a mi ciudad, desde otra donde si les pillan mendigando les quitan las ayudas.

    Ya, lo se, no todo el mundo es así, pero uno pierde la fe en la humanidad.

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    1. No me extraña, Ogro, no me extraña. Pero ya te digo yo que soy muy mirado con según A QUIÉN se la doy, que del guindo me caí hace tiempo.

      Habríamos de colgar del palo más alto a los hijos de mil perras que controlan a los abueletes para pillarlos solos en sus casas.

      Que atraquen un banco, coño, ¡hasta les aplaudiré!

      Saludos y gracias, amigazo.

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