i

i

jueves, 19 de abril de 2012

MI COCKTAIL MÁS LOGRADO




Una de las lecturas que más he disfrutado fue el "Fausto" de Goethe. Ahora bien, si me preguntáis mi opinión sobre él, poco os podré decir.

Era primavera, abril creo, cuando aquellos que vivimos en pueblos que algunos snobs vergonzantes se empeñan en llamar ciudades vemos nacer los colores y los olores primaverales. Al contrario que los ciudadanos que se dan cuenta de su llegada porque se les cae el moco y el sol aún no se ha ido al terminar su trabajo, nosotros, los pueblerinos, la vemos y olemos donde hay que hacerlo: en el campo.

Aún no había cumplido los veinte, cosa que recuerdo porque aquella tarde memorable la pasé bajo el cotidiano efecto del hachís, sustancia que abandoné al poco de iniciar mi segunda década por este valle de lágrimas, a veces, y encantado otras. Porque "como es sabido" (que diría el genial paisano manchego que clava José Mota), que algo te siente bien no quiere decir que siempre te siente bien. No existe tal cosa, y si pensamos lo contrario es que no hemos vivido lo suficiente.

Mi vida por entonces era la que más me gustaría llevar ahora, lo que pasa es que no lo sabía, era demasiado joven y no me conocía bien. Ahora sí, pero ahora, de momento, no puedo recuperar aquello. Será que me he vuelto más comodón. Y más cobarde. ¡Que San Bonoloto me eche una mano, Señor!. Otra, y a poder ser, mayor, no mucho más, lo justo para poder hacerlo a mi manera el resto que me quede de vida. Soy tan frugal...andaaaa

No estudiaba, no trabajaba a diario, tenía mucho tiempo libre, poco dinero y un coche de tercera mano que me llevaba a donde quería: allí donde corriera el aire sin bultos parlantes que te despistaran.

Me acostaba tarde y me levantaba tarde, daba una vuelta, comía algo y después me iba por ahí, a lomos de mi 3361 de la F, de color verde mierda, con un loro que no paraba de hablar lo que me gustaba: The Cure. Era cojonudo.

Normalmente echaba un buen libro y una botella de agua fresca, subía al cerro de los alrededores desde donde se divisaba la infinita y silenciosa llanura manchega, empapada por la indecible luz del Sol de abril, y me fumaba un canuto mientras leía. Y a veces, cuando el buen "globo" enseñoreaba mi cabeza, pillaba un destartalado cuaderno de los asientos de atrás y escribía algo, cosas que me parecían buenísimas en ese instante pero que, por norma general, se transformaban en malas ridiculeces al leerlas el día siguiente, pensamientos filosóficos...¡joder, eran tan malos que solía partirme la caja cuando los veía sin las gafas de míster Costo!.

Pero ninguno como aquel que escribí mientras aquella santa tarde leía el "Fausto".

Fue tal la cosa, me causó tal ataque de risa a la tarde siguiente, que a pesar de mi natural desconfianza para mostrar a nadie mi "material" terminé por enseñárselo a mis colegas de fumadas, provocándoles el mismo efecto que a mi. Nos reíamos tanto...

Y sin embargo recuerdo que justo al terminar de escribirlo, al releerlo una y otra vez, pensé que era maravilloso, fantástico, yo era todo un escritor, todo un filósofo...el Sol que había causado mi Revelación bailaba sus rayos festejándome, ¡Dios Santo, sólo por aquello ya merecía el Nobel, o el Cervantes, o que me hicieran Rey de algún sitio que me gustara!


Aquella fue una de las mejores tardes de mi vida, entre los sueños y las pesadillas del viejo doctor alemán también yo soñé que lo comprendía todo, también yo iba a tener lo que merecía, también yo, definitivamente, iba a ser feliz para siempre...


Después se mitigaron los efectos de la droga y bajé de allí. Y aunque volví a subir, y volví a fumar, y volví a leer ese mismo libro, jamás recuperé aquella sensación.


Buena "goma" aquella.


¿O fue la Primavera?, ¿o mis diecitantos años?


Y es que tu felicidad estará siempre en el mismo cocktail, sólo que con el paso de los años varían las proporciones.


Lo más importante para dar con tu cocktail es el vaso medidor, amigos.

4 comentarios:

  1. venga, anímate, el taller de escritura para pulir el estilo. te conviene y lo sabes. no publicites tanto el blog, que queda muy feo y con afán de un protagonismo que no te corrsponde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Y a ti que más te da, mi muy obstinado Rufufito?

      Puestos a aconsejar al personal, ya que no a algo más estimulante, el mío hacia ti es que dediques el tiempo a hacer quinielas.

      Saludus, mi más insistente mecánico.

      Eliminar
  2. Sé de q hablas.
    Hay momentos en los q se alinean los astros y zas! Ocurre…
    Claro q el coste ayudó, pero sin costo mediante a mi me ha pasado. Una escapada a solas, entre naranjos, un abril caluroso, azahar por doquier, verde y blanco, calorcillo, el estado del alma adecuado, la edad apropiada, el libro justo.

    Y luego más abriles, más azahares, más edad y el mismo libro…y nunca más podrá ser aquello: cuando sentiste que igual hasta era en serio lo de la perfección del cosmos y la música de las esferas!!!

    Hay momentos especiales, aunque a ojos de otros parezcan nimios.

    Y sí, yo sí necesito no un taller, sino lo tú tienes: voz propia.

    Bravo Kufis! Dale!

    Un beso,

    R

    ResponderEliminar
  3. No veas la de veces que me ha pasado a mi también eso de partirme la caja
    al día siguiente, releyendo la mierda que escribí estando puesto el anterior.
    Me has hecho sonreír al recordar.
    Soy otro que se piraba al campo a leer, con unos petas, el boli y la libreta.
    Buenos tiempos.
    Quizás debería volver a escribir....y a fumar.
    Salud.
    M.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.