Eran las ocho y veinte, todavía estaba amaneciendo, cuando he salido a la calle. Hacía fresquito, aún era más grande la sombra que la luz, al menos a ras de suelo, del edificado, que todo es ponerse, y fijándome en ello he dado en lo tarde que hacen salir al sol, no son horas, "dentro de tres semanas, justo antes de que cambien la hora, saldrá cerca de las nueve..." Recordé la última vez que salí tan temprano, poco antes del solsticio, cuando a las seis y media había la misma luz que hace un rato, "casi dos horas..." Después llegó el calor nocturno y me obligó a perder la costumbre, ya son varios los años que me pasa lo mismo en la misma fecha, como si empezara a ser tradición, ¡ah, las tradiciones...! He leído que quieren adecuar nuestro horario al de Europa, ¡qué obsesión!, la verdad es que no me enteré muy bien, no me importa, lo mío es con el sol, no con Greenwich, ¿quién coño es Greenwich?, ¿qué necesidad tengo de paralelos? casi ni me acuerdo de su significado. Greenwich...suena como a bruja, como a chicharra de verano...Greenwich...Parece el nombre de un broker del Dow Jones: empiezas jugando con el tiempo y acabas metiendo a las personas en colmenas. Como si tú fueras el sol. El sol negro.
Algunos empiezan a estar un poco hartos del buen tiempo, suelen ser gente amargada, deprimida, que ven la luz y el calor tal que el telediario del 22 de diciembre. Y sí, todo tiene su tiempo, el frío es necesario, sino te sale República Dominicana, y eso estará bien en la República Dominicana, pero aquí funcionamos de otra forma, aquí te das cuenta del paso de tu vida porque viene el frío y se va, viene el calor y se va, y regresa el frío y vuelve a irse, y hay días largos y noches cortas, y al revés, y así, de este modo, vividos los ciclos necesarios, vas dándote cuenta de que ya queda menos y algo hay que hacer. De la otra manera, si ni el tiempo ni la luz cambian, ¿por qué vas a hacerlo tú? es mejor dejarlo estar. La Historia del Hombre es la de la meteorología.
La muchachada iba de camino al instituto, todos con sus mochilas, me he fijado bien en ellas, yo también tuve una, creo recordar que luego me cambié a una especie de bolsa grande que llevaba colgada al hombro, sí, aunque lo primero de todo fue la cartera, me acuerdo que me gustaban especialmente sus cerrojos dorados, como encajaban, el sonido que hacían al acoplarse, a veces pasaba el rato abriéndolos y cerrándolos, oyéndolos, sí...por entonces te entretienes con cualquier cosa.
Poco después he empezado a estar de cara al sol, todavía muy bajo, a la altura de los ojos, he tenido que echar mano de las gafas, dentro de poco no me harán falta, pero estoy reiniciándome y eso al principio cuesta, que son tus ojos quienes deben acoplarse al sol, no al revés, aunque te alcancen en oblicuo. Pero llegará mayo y lo harán de frente y no te harán daño. Siempre que mires un poco más bajo.
He parado en el cementerio para la tradicional meada y limpieza de bajos, pero el baño estaba cerrado, cosa rara; he salido por la otra puerta, durante un momento, nada, he pensado en hacerlo contra un ciprés, quizá si hubiera estado más adentro...pero no. Los gatos apenas han reparado en mi presencia, ese es el único lugar en el que pueden estar tranquilos, seguros de que nadie va a molestarlos, sólo los viejos van allí y los viejos ya no quieren molestar a nadie. Me he parado a contemplar al más pequeño, estaba sentado sobre sus patas traseras, solo, tomando su primer rayo del sol, los ojillos entornados, me ha mirado un instante, tan quieto como una estatua, y ha vuelto a ignorarme. Un ratito después ha dejado de olerme.
Veinte minutos más tarde he llegado donde quería, casi junto a las vías del tren, allí puedes mear a gusto sin paredes que te escondan, casi todo se hace a gusto si no hay nadie alrededor que pueda juzgarte, esa es la verdad.
Resulta curioso, aunque bien pensado no lo es tanto. Iba caminando normal, sin prisas, la necesidad no era tan perentoria, pero en cuanto he visto a lo lejos el lugar me han entrado unas ganas tremendas de mear, tantas que he apretado bien el paso, y ya estando cerca he pensado que si no lo hubiera visto no me habría pasado y podría haber seguido caminando, no sé por cuanto tiempo. Quizá sea mejor no encontrar lo que buscas. ¿Estás seguro de saber lo que quieres?
He notado como si se me cayera algo al subirme el pantalón entre los matorrales, casi puedo decir que lo he visto, pero no le he hecho caso, enseguida me he dado cuenta de dos que venían por el otro lado, una pareja con una par de perrillos sueltos, y si uno se descoloca entre la gente, ni te digo si no la esperas y viene acompañada de sus perros. Sin lugar a dudas han tenido que darse cuenta a pesar de la distancia que nos separaba, me había entretenido un poco, finalmente la meada había sido de campeonato, sí, y después me he limpiado el sudor concienzudamente y me colocado bien los instrumentos, puede que haya tardado dos minutos, no más, pero los suficientes para que alguien entrara en escena.
Cien metros nos separaban, me he puesto las gafas de sol sin necesidad, y cuando ya nos íbamos definiendo he pensado en echar mano de la chusta de la primera cagada del día, no hay mejor laxante que ese, y no es que yo tenga necesidad, no, al contrario, pero si uno sale a andar tiene que hacerlo cagado, que para mear no es tanto el marrón. Me he echado mano al bolsillo, no la encontraba, apenas estaba a treinta metros de ellos, puede que treinta y seis, "¡¿coño?!", podría haber seguido así, hurgándome en los bolsillos como si los llevara llenos de ladillas, y pasar adelante como si tal cosa, además sin hacerme el loco, era en serio que estaba buscando algo, los perrillos estaban corriendo como locos de un lado a otro...Me he dado la vuelta y he regresado sobre mis pasos, "sí...seguro que ha sido eso que he visto..." ¿Pero como encontrarla? aquello estaba lleno de guijarros, y si era bastante más que una colilla (apenas me bastaron cuatro o cinco caladas para conseguir el objetivo) cualquiera la encontraba, y si no soy Rompetechos casi tengo lo mismo de águila, para todo, o casi...Pero no, ahí estaba, al primer golpe de vista. He pensado en quitar de una ramita el trozo de papel higiénico en la que se había quedado colgando, "bah, es igual, ¡¿pero qué cojones te pasa?! ESTO ES EL CAMPO" Y encendiendo el pito he salido a su encuentro. Parecían medio gilipollas.
Ya habían atado a los perros, Canela se llamaba el que me husmeó cuando di media vuelta, casi ni me di cuenta, yo iba con mis auriculares, pero no tanto como para no oír el grito de su amo.
- "Buenos días" les he dicho al cruzarme con ellos, creo que no he recibido contestación, es más, he sentido como si el tío me mirara raro, como con asco. Me ha dado tanto odio que he estado a punto de volverme y gritarle algo. "¡Me cago en la puta!, ¿será posible?, ¿de verdad me ha mirado como creo que me ha mirado? ¿ese sorbesopas? ME CAGO EN SU PUTA MADRE..."
No me ha dado tiempo a más, de frente se acercaba una tía con un perrazo enorme, negro, ella también iba de negro, con grandes gafas de sol, negras, todo negro...al menos llevaba atada a la bestia.
- "Buenos días" Lo mismo, nada, puta feminazi...Me he acordado de la primera vez que subí solo al metro de Madrid, hace muchos años, iba al trabajo, era muy temprano, "buenos días", ni Cristo me respondió, creo que uno de los seis o siete que iban en el vagón se dignó a levantar la mirada, "¿pero donde coño me he metido?"
Rumiando he llegado al cemento un par de minutos después. Y al primero que he visto ha sido a un tío odioso con su jodido puro, siempre está con el puro, no lo recuerdo de otra forma, creo que ya nació así. Un tío malo como él solo, un piojo, que diría aquel, por no hablar de su hijo, contemporáneo mío, un mal bicho, uno que siempre las mató por detrás, un hijoputa, vamos, un hijo de cabrón.
Y cuando ya no sabía donde mirar para no ponerme de mala leche he visto el coche de mi hermano pequeño aparcado junto al ambulatorio, él estaba dentro, "¿qué haces?", estaba esperando a su chica, los resultados de un análisis y tal. Y hablando estaba con él, diciéndole que nos veríamos al mediodía, cuando ella ha aparecido poco menos que dando saltos, riendo, es una muchacha encantadora, de veras...Todo estaba bien.
Le pido que me acerque a casa, no quiero caminar más. Me subo atrás y bajo la ventanilla, una avispa se acopla inopinadamente, la bajo más con la esperanza de que el aire se la lleve, pero no, se esconde detrás del reposacabezas, la muy puta, yo no les digo nada, están contentos, me echo hacia adelante, apoyándome en sus asientos y hablando con ellos, de seguro más que muchos de estos días que están a punto de acabar. Casi atropellamos a un viejo durante el trayecto, le pedimos disculpas y nos reímos al perderlo de vista, de seguro más que todos estos días que están a punto de acabar.
Me dejan en la esquina de mi casa, bajo mientras echo un vistazo atrás: no la veo.
Y ahora a trabajar.
Con todo el equipo.






