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jueves, 9 de junio de 2022

LA SOMBRA SOBRE LA MANCHA

 Cuando las ensoñaciones pasaron de eróticas a pornográficas decidí que lo mejor era levantarse de la cama e ir al mayorista para hacer la postergada compra del bar. No era mala idea, la verdad; mañana hará un calor del carajo y resultaba más conveniente quitarse la molestia de en medio cuanto antes. Después de todo, entre el calor y los tristes maullidos de la gata que no se cansaba de arañar la puerta cerrada del dormitorio, no había logrado dormir la siesta y estaba claro que con las imágenes que la mente iba pasando por mi cerebro iba a ser cosa imposible. Y ya no estoy para pajas.

El almacén está a las afueras, en pleno secarral manchego, pero dada mi situación antes tengo que transitar la principal arteria del pueblo. Y allí había chicas, mujeres, un montón de ellas. Y stops, y semáforos, y pasos de cebra, y Lovecraft, al igual que durante la abortada siesta, calentándome los cascos a través de los auriculares con su susurrador en la oscuridad, esa maravillosa comedia.

Tuve suerte, no choqué con nadie ni me subí a ningún bordillo y cuando llegué al almacén vi que había un sitio en el aparcamiento de sombra.

La compra fue tan rápida como siempre, sólo que al final añadí unos botes de cerveza para consumo propio a pesar del juramento realizado el pasado lunes. Esperando turno en la caja vi que había una chica nueva, una conocida que va por el bar, una mujerona de mi edad, una del tipo de las dos amigas a las que, puestas en pompa y esperando turno, estaba dándoles lo suyo en mi cama del piso, ya descartada mi joven y delicada francesita (¡Oh, Sonia!) y los dulces paseos bajo la luz de luna de Innsmouth.

- ¡Hola, Kufisto!
- Hola, Aurora, ¡qué sorpresa!

Estuvo muy simpática. Charlamos un poco mientras hacía su trabajo. Tiene contrato hasta septiembre y está contenta. Estupendo. Mi cama es grande. Cabrán tres tías a cuatro patas.

- ¿Estás segura? -le dije al oír la cuenta.
- Síii...Mira, pasa y la ves.

Pasé. Creí ver un error y se lo dije, pero ella me corrigió y tuve que darle la razón.

- La madre que me parió -acerté a decir a modo de disculpa.
- Sí, está todo muy caro.

Me despedí un tanto abochornado, cogí la factura y afuera repasé la cuenta. Sí, era eso. Todo correcto. Conduje hasta el bar, descargué el material y tiré para casa todavía con la pasta gastada en la cabeza, casi no lo podía creer, aunque no por ello dejé de tener espacio para un putón rubio, ya medio ajada por las drogas, que en minifalda roja y con negras medias de rejilla iba contorneándose calle abajo con el teléfono en la oreja y la mirada en modo Terminator.

"Cuatro, sí. Cuatro, Caben. Bien pegados caben los cuatro culos"


Metí todos los botes en el frigo y salí a andar un rato entre los desesperados lamentos de mi gata.


Acabaremos en el psicólogo.

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