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miércoles, 3 de octubre de 2012

MOSCAS TRES




Recordé el clásico de terror moderno al cogerla con las yemas de los dedos. Estoy seguro que si hubiera tenido los ojos de Goldblum me habría pedido que la aplastara, pero la dejé caer al suelo, regresó poco después, aún más molesta, todavía más despistada, era como si estuviera borracha, era como si estuviera pidiéndome que la matara.

Lo que más desea la mosca del otoño es que llegue pronto el invierno.

Pero todavía es temprano, o no demasiado tarde, aunque a veces las prórrogas son más un fastidio que un favor, que no está bien terminar esperando a alguien que te asesine, eso es algo tan triste como para desear no haber nacido: si ni tu peor enemigo quiere ya matarte...¿qué has hecho mal?  Demasiado débil como para merecer un matador.

Cambié de canal en cuanto llegué al bar, no soporto la actualidad, deberían colgar del palo más alto a todos los hermidas del mundo, puse el de Historia, "Cómo se formó el valle de Yosemite", no me gustó el nombre, tal que lo hubiera bautizado un border-line, los nombres de las cosas son demasiado importantes como para dejarlos en las manos del primero que se las encuentra.

Hablaban de millones de años como si no costaran, como haríamos nosotros si en lugar de años lo hiciéramos en nanosegundos, o nanomilésimas, o nanocasicero, supongo que el asunto es que cuanto más sepas, más mierda te sientas. A veces dan ganas de darle la razón a Millán-Astray. La Tierra como un grano de arena de todos los desiertos de ella y aún te quedas más corto que el del gato al agua, ese que se ve cuando habla. Y cuando no, también.

Después vinieron los extraterrestres, los que siempre hemos creído dioses, pero que nosotros hablemos de siempre no deja de ser un sarcasmo, al menos desde que a alguno le dio por escribir y dejar escrito que dos por dos siempre son cuatro, como si dos mil quinientos años fueran lo mismo que dos mil quinientos millones de años, como si el 4% del mileurista fuera igual que el 4% del puto Rey, como si ese tiempo no fuera el suficiente como para transformar el dos por dos en ciento treinta mil billones de billones, que aquí la única Ley es la del Tiempo, ¿y va a medirlo una mosca que ni siquiera sabe si sobrevivirá a su invierno?

No veo a la mía, ¿estará durmiendo?, ¿duermen las moscas?

A lo mejor ya está muerta.

De aburrimiento.

Eso te pasa por haber nacido tarde.

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