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miércoles, 11 de mayo de 2011

INVIERNO ROJO





El sueño del enfermo es como el del moribundo: todo lo que ve se acepta como normal.

Ves un muerto, "¿pero tú no estabas muerto?", "no", y al momento te olvidas y charlas con él como si nada hubiera pasado, "¡qué tontería!", es como si la consciencia del enfermo que duerme quedara enjaulada en el último rincón de nuestro cerebro, tan escondida que ni la oímos, nos deslizamos entre imágenes estrambóticas, imposibles, como si estuviéramos comprando el pan; es como si la enfermedad, combinada con las drogas para salir de ella, nos abriera el tercer ojo sin necesidad de ser dados por el culo.

Recuerdo que mi abuela, en los últimos días de su vida, nos decía que su padre, su madre, sus hermanos...estaban con ella, con nosotros, en esa misma habitación; lo decía tranquilamente, sin temor, como algo normal. Hablaba con ellos mientras nosotros la mirábamos, su hija lloraba y todos teníamos un nudo en la garganta. De tan segura que lo decía yo miraba y remiraba donde ella señalaba, "¿los ves?", "no abuela", ella me miraba y sonreía; de vez en cuando "veía" a alguien "malo", "ese es malo" y agitaba su manita sin hacerle mucho caso. Según su hija, por las noches, cuando dormía, no hacía más que hablar en sueños con personas que estaban muertas, así que los últimos días de su vida, de su enfermedad, los pasó hablando con los muertos.

Para ver más allá de esta vida tienes que estar cerca de la muerte. Es lógico.

Cuando uno está sano y duerme sin problemas, tranquilamente, apenas recuerda nada de lo soñado, es despertarse y quitar el tapón; pero si estás enfermo el sueño permanece durante horas, puedes recordarlo con nitídez, es más, lo tienes más presente que la misma realidad que te rodea, es como si la falta de salud, un cuerpo debilitado, dejara salir nuestro espíritu de su celda, triunfante sobre los sentidos que nos tiranizan, que nos revelan qué es y qué no; y a veces, en casos de enfermedades graves, estoy seguro que quienes los tienen desean vivir más en ellos que en su vigilia, como esa maravillosa secuencia de "Origen" donde unos tipos se drogan durante días para vivir en el sueño, no quieren realidad, ésta necesita de cuerpos sanos, en el sueño no son necesarios: un cuerpo sano es una rémora imposible para el sueño.


Desde niño tengo un sueño que no he olvidado, lo tengo marcado a fuego en mi cabeza, sé que cuando lo vea habrá llegado mi fin. Por eso, en algunas ocasiones en las que me he visto apurado, no he sentido pavor al daño, a la muerte, sabía que no era mi momento...


Lo será cuando vea lo que ví mientras ¿soñaba?.

7 comentarios:

  1. No solo los enfermos tienen alta y precisa actividad onírica.

    Creo que es otro plano, que te enseña con extrañas imágenes (o no tan extrañas, que a veces son claras, ilustrativas y clarividentes) muchísimas cosas; sea porque trabaja el inconsciente intuitivo o porque la realidad vivida se reconfigura.

    Hay sueños redundantes, o sueños aparentemente diferentes que vienen a darte información sobre un mismo tema. Y hay pesadillas, los miedos más arraigados que aterran, o sueños agradables, como de premiarse aunque sea oníricamente...

    Lo que más fastidia de la química como remedio al insominio es la ausencia de sueños.

    Espero que ese sueño que tuviste de niño tarde mucho en manifestarse!

    Un abrazo,

    R

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  2. Hola R.

    Durante un tiempo tuve que tomar pastillas para dormir, más bien un relajante muscular, "Myolastan", tenía el hombro derecho hecho polvo, no llegaba al saludo romano, tiraba las cañas de puntillas, un dolor insoportable que no me dejaba dormir...hasta que me recetaron esas pirulas que me dejaban frito en cinco minutos: al despertar no recordaba ni donde estaba, una pesadez de cabeza, todo el día agilipollao, ful de Estambul.

    Terminaron por infiltrarme...¡bendito sea Dios!, "esto deteriora...", me suda la polla, me quitó el dolor, no se puede vivir con ese dolor, "deteriora"...¡vivir deteriora!, el dolor te vuelve loco.

    Y prefiero estar deteriorado que loco.

    Un abrazo.

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  3. Si quieres confundir realidad y ensueño, y de paso la historia de un pueblo perdido, "Pedro Páramo", de Rulfo.

    Aunque mucho mejor abordar a Rulfo empezando por "El llano en llamas": México en estado puro. Violento, fascinante. Y triste, como Juan Rulfo.

    Tu abuela entraría en ese mundo. O mejor en el de "Cien años de soledad."

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  4. Hola Kufisto, la verdad es que casi nunca recuerdo mis sueños, y cuando lo hago son medio sueños, manejables digamos. En fin que los sueños sueños son, una parte más de la "realidad" que elimina el concepto de la misma. La REALIDAD no existe. Un concepto que carece de contenido. Nolan y otros lo saben. Caras diferentes de un mismo dado.

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  5. - Hola Pedro.
    Me pasa una cosa con la lietratura sudamericana: que no la trago; no sé, será una neura, otro prejuicio, algo parecido me pasaba con la francesa, lo poco de ellas que he leído siempre me parecío vacío, presuntuoso, lunar...ahora apenas leo nada, hace mucho tiempo que leer dejó de ser esencial para mí, y ahora, desde que escribo, mucho menos.
    Se lo leí a Bukowski, venía a decir algo así como que "si quieres escribir quema los libros que tengas a mano, lo único y más importante que se le puede pedir a alguien que quiera escribir es que sea honesto". Creo que es una gran verdad. Y eso es lo que intento: ser honesto cuando soy invisible. La honestidad es prima hermana del salvajismo, es, por definición, anti-social. Es por eso que en la vida real resulta mucho más complicado, hay demasiado ruido y demasiado humo; aquí también, pero solo el necesario.
    Un saludo.

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  6. - Hola mrsambo.
    Eres un hombre equilibrado. Se lee.
    Con respecto a Nolan: pienso que es el director más interesante de su generación, ya he escrito sobre él en otros comentarios. Es profundo sin pretenciosidad, es arriesgado sin paroxismos, entiende el primer y único mandamiento cinematográfico: no importa lo que tengas que contar, sino como lo hagas. "Origen" me dejó "parado", hacía mucho tiempo que no sentía algo así viendo una película contemporánea. Ya lo conocía de antes, he visto casi toda su corta filmografía, pero su última creación aguantará el tiempo. Y eso es lo principal. Solo la he visto una vez, cosa rara para alguien tan obsesivo como yo, pero seguramente que no será la última. Te identificas, te crees más el mundo onírico de Nolan que toda la ladrillada freudiana. Es el poder de la imagen. Nolan lo posee y sabe utilizarlo, aparte de su oído musical: "Origen" no sería ni la mitad sin su banda sonora.
    Un saludo.

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  7. Gracias Kufisto. Origen es extraordinaria, por la banda sonora, el montaje, la dirección, la fotografía...y la profundidad. Una maravilla ciertamente.

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