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martes, 11 de mayo de 2010

HAN PASADO MUCHAS LUNAS





Recuerdo que en casa de mis padres siempre se escuchaba música: Elvis, The Rolling Stones, Bob Dylan, Santana, Barrabás, Triana...Mi hermano y yo éramos muy pequeños (7 u 8 años) y nos entreteníamos en poner clicks de famobil y otros juguetes en los vinilos de mi padre mientras el plato giraba a toda velocidad, con lo que estropeamos la mayor parte de la estupenda colección de discos que tenía mi padre. El magnífico armatoste que teníamos por equipo de música era una especie de armario horizontal de madera, compuesto de plato, casette, una radio estupenda y un ecualizador con muchas luces y agujas que se movían con la música; debajo de todo esto estaban los altavoces y entremedias una especie de trampilla donde se guardaban los discos. Las portadas eran chulísimas: "Elvis in person", "Sticky fingers" y ... el "Abraxas" de Santana, donde salía un dibujo de una negraza impresionante con dos tetas tremendas.

Unos años después (con 11 o 12) empezamos a oir música por nuestra cuenta; como la mayoría de los vinilos estaban rayados normalmente saltaba la aguja, por lo que teníamos que poner aquellos que no habían sufido nuestros inocentes ataques.

Uno de ellos era el doble album rojo de The Beatles (1962-1966). Nos gustó mucho: Michelle, Day tripper, Help, She loves you, A hard days night...y tal.

Poco después empezamos a ir a la casa de nuestro tío Silver (el marido de Cori, de quien he escrito aquí en varias ocasiones). Ahí vino lo bueno.

Por aquel entonces teníamos 13 o 14 años mientras que Silver andaría por los 30. Hacía poco que se le había muerto un hijo de 6 años en un desgraciado accidente y el pobre (los pobres) estaba como os lo podéis imaginar, pero bueno, íbamos nosotros, subíamos a la habitación de la música y nos tirábamos las tardes enteras escuchando mierda de la buena con él (siempre) y, a veces, con Cori. A ellos les hacía bien y nosotros disfrutábamos como enanos.



La sala de música era cojonuda: pequeñita (sería 2 metros y pico de ancho por 6 de largo), limpísima y con todas las cosas en su sitio. Era como otro planeta para Marcos y para mí. Centenares de vinilos en perfecto estado, centenares de cintas piratas rotuladas y maqueadas por Silver como un monje copista del medievo, guitarras, un ampli, un pedal que sacaba cada sonido que te morías...y un equipo de música absolutamente fantástico: un plato Pioneer de escándalo, un ampli Technics tipo profesional, una doble pletina Pioneer, unos altavoces increíbles...aquello sonaba de la muerte: el ampli tenía 10 puntos y no podíamos paar del uno y medio sin que te estallaran los oídos. Y la música se oía perfecta, sin distorsión. Una pasada. A veces pillaba alguna guitarra (eléctrica o acústica) y tocaba lo que escuchábamos. De oído. No sabía solfeo. Pero lo clavaba. Lo mirábamos alucinados, como a un dios. ¡Qué buenas tardes aquellas!: Deep Purple (sus favoritos. El "Made in Japan"), Credence Clearwater Revival, UFO, Boston, Black Sabbath, AC/DC, Judas Priest, Iron Maiden, Metallica...Todo era nuevo para nosotros. Lo absorvíamos como esponjas. Nos llevábamos cintas vírgenes y grabábamos a destajo.

Días buenos aquellos.

Después dejamos de ir, simplemente. Ya eramos hombrecitos, el tonteo con las chicas, el rock duro a un lado (no te comías un colín), U2 y su puta madre, después The Cure...ya te haces algo mayor y vienen los problemas, el dinero, la novia, esto, aquello, lo otro...y no disfrutas la música como antes.


Ahora soy yo el que le graba material a Silver. Me bajo los videos que me pide por la mula y se los voy pasando. Está sólo y disfruta con eso. A mí no me cuesta trabajo, y aunque así fuera...


Cada uno recoge lo que siembra.

2 comentarios:

  1. Tronco, una historia preciosa.
    Que grande es vivir momentos como los que acabas de compartir.

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  2. Gracias por el comentario Scott St. James.

    Un saludo.

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